Enserio espero que les guste el primer capítulo y por más pequeña que sea la idea díganmelo. Gracias por leer
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-Princesa Midna- suena desde la puerta y la llamada solo agarra la almohada y se tapa con ella. No quiere volver a la realidad, quiere volver a ese recuerdo de hace más de 2 años. Dos largos años. Cuando conoció la felicidad, a manos de aquel lobito el cual se transformó en un príncipe, el príncipe perfecto para Zelda. Bufa un poco y se levanta con esfuerzos sobrehumanos caminando perezosamente hacia su bañera donde se relaja un instante y queda con su mente en blanco, después se seca el cabello y con una bata camina al armario real, donde guarda el especial vestido de hoy. Un hermoso y largo vestido ceremonial negro con varias runas de buena suerte y amor. Una bobería para ella, la cual hoy se casaba por el bien del reino. Los seres del crepúsculo querían un rey y ella se los daría. Aunque por dentro doliera.
Al salir de su habitación varias sirvientas le ayudaran con el cabello y, todas con gran felicidad, le desean suerte y amor, agarra su ramo de flores silvestres naranjas y negras y, deseando que terminara esta tortura con rapidez, camina al altar. Allí la esperaban los dos reinos que se unirían al casarse ella con el príncipe Altair. El chico era tan dulce, su mirada no daba más que paz. Pero ella no podía quererle, no, porque al ver esos ojos rojizos que tenía ella solo veía otros ojos.
La música empezó a sonar y ella camina con la elegancia que debía representarla, cierra un momento sus ojos y suspira para evitar llorar. No, eso no debía pasar. Por su bien y el de su reino debía ser fuerte y con toda la fuerza de voluntad que junta, termina el largo tramo.
-Estamos aquí reunidos para presenciar la unión de dos herederos….- Midna ignora completamente lo que dice la sacerdotisa de su reino y decide perderse entre sus pensamientos. En recordar las lluvias y las noches estrelladas de Hyrule, en el campo abierto, en el fuerte sol de verano o las frías tormentas en el Pico Nevado.
-Princesa...- susurra Altair- los votos- el ríe ligeramente, acostumbrado a que, si a la Princesa no le interesaba algo, se ponía a divagar.
-Yo, Midna, princesa y heredera del reino del Sur, te ofrezco a ti mi amor y mi reino. Para que juntos sean uno solo. Y que esto permanezca hasta aún después de mi muert….- pero, a punto de decir la última palabra, la tierra tiembla, empezando a quebrarse, la gente se altera y comienzan a correr hacía algún punto seguro. Midna solo piensa en salvarse, su instinto le decía que huyera, que no se muriera.
Pero un grito la detuvo, una niña estaba a punto de caer, y sin poder evitarlo, se regresó hacia ella, ayuda a la niña a levantarse y cierra sus ojos, concentrando su energía en unir el suelo nuevamente, siente su magia moverse por el suelo y deja de sentir el suelo temblar, logra mirar a la niña alejarse con miedo. Pero ella no tiene tanta magia como antes, como consecuencia el pedazo de tierra donde está ella se desborona y cae al vacío.
Cierra sus ojos, por lo menos su tortura acabaría allí. No más dolor, solo la muerte cercana bajo esas nubes. Su pueblo, y todo el crepúsculo realmente, estaban en los cielos. Y nadie sabía que había bajo esas nubes. Lo que nunca esperó fue sentir un frío. Pero no era el de la muerte, si no uno que nunca esperaba volver a recordar tan vívidamente. Y al abrir sus ojos vuelve a ver ese paisaje, era de noche, pero no había estrellas, estaba lloviendo. Era curioso como las diosas se burlaban de ella. Moriría en el lugar al que había deseado regresar desde hace dos largos años.
-Link- gritó Ilia y el llamado sale rápidamente antes de que ella entrara, mientras se pregunta que hace Ilia a estas horas de la noche mientras afuera llovía a cantaros- Ya era hora – le regaña- ¿Es que no lo has visto? ha caído un meteorito en la fuente de Ordon. Hay que verlo- Link la mira pero no dice nada, nunca lo hace. Perdió las ganas de hacerlo hace mucho tiempo. Caminan hacia la fuente cubiertos por un par una sombrilla e Ilia no para de hablar de lo que hará con ese meteorito, él solo la ignora y recuerda algo. A Midna le gustaba la lluvia. Pasa su mano por el cuello sintiendo el cuero del collar que se hizo con dedicación. Poseía el pedazo más grande del espejo que encontró. El cual apenas lograba medir unos 5 centímetros.
-Mira Link- Ilia señala algo en el agua, pero no es una roca, incluso parecía respirar. Hace a un lado a Ilia y le hace señas de que se quede en la entrada, saca su espada y se acerca al ser. Primero nota su cabello; de un naranja casi imposible de encontrar en Hyrule, porque su pelo parecía estar en llamas; luego ve su ropa, un vestido con algunos puntos más cortos que otros, lleno de runas en un idioma que no entiende; luego ve su piel, azul, y no tiene escamas, no era un zora. Contiene la respiración, no podía ser ella, pero para confirmar sus sospechas retira el cabello que tiene en la cara. Era ella. No había ninguna duda, jamás olvidaría ese rostro, siente algo cálido recorrer una de sus mejillas pero lo ignora, porque encontró lo que había perdido hace tanto. Y abre su boca. Dejando salir su voz, rasposa y casi ni se escucha, pero lo vuelve a hacer y sale más clara. Lo único que dice es su nombre. Y la alza con algo de brusquedad, pero necesita tocarla. Saber que de verdad está ahí y que no es una tonta ilusión, porque estaba cansado de esas pesadillas.
-¿La conoces?- se acerca Ilia algo insegura, nunca había visto un ser tan raro como ese. Link solo la ignora y se concentra en entender por qué ella está así. Tenía varios golpes en el cuerpo pero se notaba que el guardián de Ordon había ayudado a sanarla, y ella respiraba tranquilamente. Solo dormía.- ¿Link?- la chica de pelo corto vuelve a insistir pero el rubio solo le sonríe.
-¿Podrías conseguirme una ropa para ella?- Ilia no entiende nada, pero sabe algo, esa persona es tan importante para Link que logró que su sola presencia acabara con ese voto de silencio que tenía encima desde el final de la batalla contra ese ser oscuro. Asiente y se va hacia su casa, sabiendo que Link llevaría a la chica a la de él.
El héroe, sin tener ninguna idea de cómo subir a la princesa del crepúsculo a su hogar, se queda en un árbol cercano que ayuda a cubrirlos un poco a él y a la chica de la tenue lluvia que aún caía desde esas nubes tan grises. Y aunque el clima no mostrara sus mejores esplendores, para el rubio de tan solo 19 años, era el día más perfecto. El rubio acarició su cabello, era más fino y suave de lo que él creía y pasó lentamente su mano por esa dulce y detallada cara. La chica comienza a reaccionar, así que solo la mira intensamente mientras la chica abría sus ojos, color sangre, lentamente, intentando enfocar su vista.
-¿Link?- los ojos de la chica se vuelven acuosos, y un par de lágrimas se deslizan por sus pálidas y delgadas mejillas azules. El chico solo le sonríe, como era casual en él desde que la había conocido. Y Midna, aún sin poder creer su suerte, se incorpora un poco solo para abrazar con fuerza al chico que le robaba el sueño cada noche, el rubio corresponde el gesto, y ambos se dejan llevar por el momento. Olvidando todo.
Y mientras esa bella escena sucedía a la vista de la pequeña Ilia, esta solo podía pensar en odio y maldad. Era claro el amor que Link le profesaba a ese ser extraño, y era lo que más le dolía. Dejando la ropa en un árbol cercano se fue a su hogar. Pensando en que sería de ella sin el amor de su querido Link.
