Disclaimer:
InuYasha ni sus personajes me pertenecen, son propiedad exclusiva de su creadora Rumiko Takahashi.
Un acuerdo inevitable 1
-¡Oye!... ¿Piensas quedarte hay toda la mañana? ¿O qué?- esa voz retumbaba en mis oídos, -Arrrggg, ¡Sota ya déjame dormir!- Dije molesta.
-¿Sota?- Escuche, luego empecé a procesarlo un momento… No era mi pequeño hermano Sota quien me llamaba, no estaba en la comodidad de mi cama, en mi habitación, en mi casa, es más ni siquiera estaba en mi época… No, estaba en un saco de dormir, en la tierra, en la era feudal, quinientos años atrás de donde se supone que debería estar, y quien me llamaba era una grosera y mal educada persona que al parecer, no conocía de modales, y de respetar el sueño de los demás.
Abrí un poco los ojos para decirle unas cuantas verdades, pero al enfocar la vista, entonces me di cuenta de que todos estaban ya despiertos y el campamento estaba prácticamente recogido. Me desperté completamente de un sobre salto, ¿Cuánto tiempo había dormido?
-Buenos días Señorita Kagome- escuche a Miroku decir, mientras terminaba de empacar algunas cosas.
-Ah, Buenos Días Miroku- dije levantándome de mi lugar y comenzando a recoger mis cosas -¿Por qué no me despertaron para ayudar a recoger el campamento y preparar el desayuno?-
-Es que te veías dormir tan cómoda, que decidimos dejarte descansar un poco Kagome- Dijo mi amiga Sango acercándose y extendiéndome una cazuela con el desayuno- Además, tu siempre te ocupas de nosotros, no está de más que nos encarguemos de vez en cuando- dijo sonriéndome mientras yo tomaba asiento para desayunar.
-Ja, Ya dejen de consentirla. Si siguen así van a volverla una floja, y una inut- comenzó a decir el Hanyou cuando su cara se estampo bruscamente en el suelo.
¡Plót! Se escuchó en todo el campamento después de un -¡Siéntate!- que salió de los labios de la joven que esta tranquilamente tomando su desayuno.
Una vez que pudo ponerse de pie, el Hanyou se levantó y empezó a dirigirse a la joven
-¡Kagome!- fue lo único que logro decir antes de estamparse nuevamente en el suelo.
¡Plót! ¡Plót! ¡Plót!... -¡Siéntate!, ¡Siéntate!, ¡Siéntate!- Dijo la joven Miko sin levantar la mirada de su tazón.
-El tonto de Inuyasha ya debería saber que a Kagome no le gusta que diga ese tipo de cosas cuando se queda dormida- dijo el pequeño kitsune desviando la mirada y continuando con sus tareas.
-Pobre Inuyasha, nunca aprenderá- dijo el monje cruzando los brazos.
-Pues yo creo que se lo tiene bien merecido- dijo la exterminadora-después de la noche que le hizo pasar a la pobre Kagome, es lógico que estuviera cansada y se quedara dormida-
-Sango ya basta- le susurro el monje acercándose a su oído –Sabes muy bien que a la señorita Kagome no le gusta que toquemos ese tema-
Era verdad, la joven Miko se deprimía cada vez que decían algo así, pero la exterminadora estaba visiblemente molesta. A pesar de que había pasado un muy largo tiempo desde la última vez que él se había marchado detrás de "ella" pero anoche, anoche se había ido tras ella, solo faltaba un día, ¿no podía esperar un mísero día? La pobre Kagome estaba tan triste, había estado tan ilusionada cuando el dejo de marchase, ¿porque tenía que arruinarlo? Era un tonto. Pero al menos había regresado,
La exterminadora no tuvo más remedio que calmarse un poco y continuar con sus actividades.
Una vez que todos estuvieron listos, continuaron su camino.
Ese día, irían a la aldea de la anciana Kaede, ya que Kagome debía regresar a su hogar, a reunir provisiones y asistir unos días a la escuela.
-Bah- no se para que insistir en volver a la escuela Kagome, no te enseñan a pelear con los monstros hay- dijo el Hanyou visiblemente fastidiado por el receso en su viaje.
-Ya te lo he dicho mil veces Inuyasha, ir al colegio es muy importante en mi época, además no olvides que fue lo que acordaste- dijo la joven cansada de tener la misma discusión cada vez que volvía a casa.
-Hay Inuyasha no sé cómo hiciste un acuerdo tan tonto, voy a extrañar mucho a Kagome- dijo sollozando el pequeño kitsune.
-Descuida Shippo, Miroku y yo nos encargaremos de todo- dijo la exterminadora- yo también la extrañare mucho pero me parece un trato justo-
-Así es- dijo el monje- es su familia después de todo-
-Pero Miroku, nosotros también somos su familia- protesto el pequeño zorro.
-Exactamente Shippo, nosotros somos su familia y la echamos mucho de menos cuando se va unos días, imagínate cuanto la extrañara su madre, su hermano y su abuelo- dijo la exterminadora tratando de hacerlo entrar en razón- ponte en sus zapatos un momento, ¿qué pasaría si el tiempo que pasa con nosotros y con ellos fuera al revés?
-¡No!- dijo el pequeño con los ojos húmedos- es demasiado, la extrañaría muchísimo-
-Entonces debes comprender lo que siente su familia, y lo que siente la señorita Kagome también- dijo el monje dándole una sonrisa al niño.
-Si Miroku, tienen razón tú y Sango-dijo sonriendo el pequeño kitsune- te voy a extrañar Kagome, pero te esperare.
La Miko le dio una tierna sonrisa al niño y continuaron su camino.
Llegaron a la aldea de la anciana Kaede, y después de almorzar juntos, la joven se despidió de sus amigos, y se fue con dirección al pozo acompañada del Hanyou.
-Inuyasha espero que seas paciente y no te aparezcas antes de tiempo- dijo la Miko asomándose al pozo.
Y tan solo escucho un -bah- como respuesta mientras saltaba.
Una vez del otro lado del pozo, la joven se dirigió rápidamente al interior de su casa acompañada del Hanyou, quien había saltado justo detrás de ella.
Llegaron a la puerta de la sala donde su familia ya los esperaba.
-¡Bienvenidos!- los recibieron los familiares de la joven al entrar.
-Mama- dijo la Miko mientras corría al regazo de su madre, te eche tanto de menos-
-Mi pequeña- le dijo su madre, con ternura en sus palabras –Me alegra tanto que estés aquí, te he preparado el baño y esta noche cenaremos tu platillo favorito- dijo con una calmada sonrisa como siempre –Inuyasha, te puedes quedar a cenar si gustas- dijo dirigiéndole la mirada a el Hanyou quien se encontraba aun en la entrada.
-Eh, no gracias, me marcho- dijo el Hanyou saliendo por la puerta y dirigiéndose al pozo.
-Kagome querida, ¿le pasa algo a Inuyasha? ¿Acaso se pelearon de nuevo?- escuche a mi madre decir, mientras subía las escaleras, el tono de preocupación en sus palabras me hizo regresar mi camino.
-Claro que no mama-dije tratando de sonar lo más tranquila posible-Sabes bien que a Inuyasha no le gusta que me quede tanto tiempo aquí-
-Ah es eso- escuche como suavizo su tono- querida él debe de entender que también perteneces aquí, además el acepto el acuerdo- pude ver como esbozaba una gran sonrisa.
-Claro mama, ¿Cómo olvidar ese día?- dije.
Flashback
-¡Estaba esperando a que llegaran, tardaron mucho en volver esta vez!- dijo mi madre con un notable tono de angustia y enojo en la puerta de la entrada.
-¿Sabes lo preocupada que estuve todo este tiempo? ¡Fueron 4 meses Kagome! 4 meses sin saber de ti, si estabas bien, si algo te había pasado… por un momento incluso pensé que en que… en que…- dijo mi madre mientras comenzaba a sollozar, sabía muy bien que al regresar después de todo este tiempo encontraría algo como esto. Lo sabía.
Pero una cosa era saberlo y otra muy diferente era ver a mi pobre mama llorar de esa manera mientras me abrazaba como si su vida dependiera de eso.
-Lo siento mama, yo… nosotros… es que…- ¿Cómo podía explicarle?, ¿Cuáles serían las palabras correctas para este momento? "ah hola mama, disculpa que me desapareciera por 4 meses, pero estaba muy ocupada arriesgando mi vida, mientras perseguíamos a un escurridizo monstro devora personas, de 3 cabezas, que lanzaba fuego por una boca, veneno por otra, y acido por la tercera, que se escabullo durante un largo tiempo tomando la forma de un humano común y corriente, y tuvimos que perseguirlo en varias aldeas, quinientos años en el pasado, y no te pude llamar, tu sabes, lo normal"
No, claro que no podría decirle algo como eso. Estaba claro que tanto mi mama como el resto de mi familia que con Sota y el abuelo, estaban al tanto de lo que hacía en el pasado, pero no podía darles ese tipo de detalles.
-¡No hay escusas Kagome!- dijo mi madre molesta- ¿Sabes las noches de angustias que pase preguntándome si estabas herida? ¿O si le había pasado algo al pozo y no podrías regresar nunca? Pensé que después de derrotar a ese tal Naraku, las cosas serían diferentes, pero nada ha cambiado, aun te vas por largos periodos de tiempo hija, y yo me quedo aquí pregúntenme si estás bien, si Inuyasha ha podido protegerte como lo prometió… sin poder hacer nada más que esperarte - dijo volviendo a llorar.
Sentí un fuerte apretón en mi pecho, sabía que mi familia se preocupara por mí, pero no sabía que mi mama tuviera esos temores.
-Mama- no pude decir nada, solo abrazarme más a ella y llorar juntas.
Nos separamos después de un rato, entonces entramos a la sala, Inuyasha nos siguió a la entrada, se había mantenido todo el tiempo en silencio. Es más dudaba que en algún momento nos hubiera mirado tan siquiera, pero claro, ver a madre e hija llorar abrazadas en el piso, no era una escena que nadie moriría por ver.
Al entrar, mama me dijo al oído que el baño estaba listo, lo había preparado hacia tan solo un momento para Sota, pero sabía que yo lo necesitaba más.
Me emocione mucho, no es que no me gustara bañarme en el rio, o cuando teníamos la suerte den encontrar aguas termales, pero no se comparaban a un delicioso baño caliente de burbujas en la tranquilidad de mi hogar, sin preocuparme por ser atacada en cualquier momento.
Subí rápidamente las escaleras, tomaría un largo baño, arreglaría mis cosas, regresaríamos esa misma noche, o al amanecer, todo dependería de que tan apresurado estuviera Inuyasha al bajar.
Cuando por fin baje a la sala, todos estaban sentados ya en la mesa ya lista para cenar.
Le di un beso a Sota y uno al abuelo a quienes no había visto al llegar. Entonces tome mi lugar en la mesa y vi a Inuyasha que tenía la mirada en el piso. No quise preguntar nada y simplemente empezamos a cenar.
Al terminar la cena, Sota y el abuelo se fueron a ver televisión, Inuyasha, mama y yo nos quedamos en la mesa, comiendo un poco de pastel.
-Oye Inuyasha, sé que acordamos que solo vendríamos a avisarle a mi mama que estábamos bien, pero… ¿te importa si me quedo unos días?- dije temiendo la respuesta, esperaba que se sobresaltara y comenzara con sus quejas.
Pero me sorprendió no escuchar ninguna respuesta. Por un momento creí que estaba extremadamente molesto, sin embargo luego de un minuto de silencio, al fin respondió.
-Te quedaras más que eso Kagome- dijo en un tono frio.
-¿Eh?- dije confundida-¿De qué hablas?-pero no recibí respuestas, simplemente hizo algo parecido a un gruñido y señalo a mi mama. -¿Mama?- Pregunte, ya me estaba empezando a poner nerviosa.
-Kagome hija- dijo mi madre, viendo mi expresión y tratando de tranquilizarme –Inuyasha y yo hemos estado conversando un rato mientras te bañabas-
No entendía nada, pero decidí simplemente guardar silencio y escuchar la explicación de mi madre.
-Inuyasha entiende que también tienes una vida aquí mi pequeña- dijo mi madre con la voz más dulce y relajante que solo ella podría tener- sabe que tienes una familia que te ama y te extraña mucho, que tienes responsabilidades en la escuela, y que tienes amigos los cuales no vez más que las pocas ocasiones que asistes a clases-
A pesar del tono calmado de mi madre me estaba poniendo un poco tensa a donde iba dirigida la conversación, no sabía que decir así que solo asentí en señal de que entendía.
-Así que Inuyasha y yo hemos hecho un Pacto- dijo con toda calma.
-¿Un pacto? ¿Qué pacto?- pregunte esperando respuestas.
-Pues es algo que debí haber hecho hace mucho tiempo- dijo firmemente- a partir de ahora mi pequeña cada dos meses en el tiempo de Inuyasha, pasaras dos semanas enteras aquí con nosotros- dijo finalmente.
La verdad no lo podía creer, mire atónita por un momento a Inuyasha esperando que fuera algún tipo de broma, pero no fue así, el solo asintió en señal que era cierto.
Los ojos se me llenaron de lágrimas, y no pude evitar gritar de emoción, y agrazar con cariño a mi madre.
-¡Dos semanas!, ¿De verdad?- dije como niña chiquita- ¡Hace mucho que no paso tanto tiempo en casa!
-¿Estas feliz cariño?-me pregunto mi madre.
-¡Claro que si mama!, no es que no me guste estar en el pasado, pero te extraño mucho, extraño la escala, y todo lo que hacía en este tiempo. Dije con lágrimas de felicidad.
Estaba tan contenta que me olvide de los ojos dorados que me observaban en silencio, no considere ni por un momento su opinión, simplemente había saltado de la felicidad.
-¿Estás de acuerdo con esto Inuyasha?- pregunte algo preocupada.
-¡Bah! ¡Puedes hacer lo que quieras!- dijo desviando la mirada- quédate aquí, nos vemos en dos semanas, pero óyeme bien Kagome, ¡ni un minuto más!- Dijo saliendo molesto, por un momento me preocupe, pero al traspasar la puerta, se detuvo y miro hacia atrás, me miro por un momento, no parecía molesto en absoluto. Más bien parecían un tono de tristeza.
Iba a seguirlo cuando mi madre me detuvo, me miro, sonrió y me abrazo. Entonces supe que todo estaría bien y que esa era la decisión correcta. Respire hondo y me fundí mas en el abrazo. Estaba en casa.
Fin del Flashback
-Tienes razón mama, eso debe ser- me relaje y subí a mi habitación a retomar mis deberes hasta la hora de la cena, ahora que asistía mas regularmente a clases, me estaba poniéndome al día.
Me agradaba estar en casa, pero esperaba que un día el llegara antes de que se cumpliera el tiempo acordado y me dijera que me quería de regreso. Pero sabía que eso era mucho pedir.
Suspire y continúe mis deberes. Después de todo, estaba en mi hogar.
