No tengo mucho tiempo!!

Lamento la tardanza, pero el capítulo es para Nat (quien, a pesar de todo -incluyendo los ataques que ha intentado en mi contra-, es paciente conmigo, jaja) y un agradecimiento muy especial a Narchi, quien tuvo la amabilidad de encontrar la historia entre el montón que se ha ido acumulando con el paso del tiempo, haberle gustado y ponerlo en favoritos :); muchas gracias, chica!!

Para que vean, que saber algo de ustedes me sube muchísimo el ánimo. Espero sus opiniones!! A partir del tercer capítulo, comienza lu mueno ;).

-Procer in oriens.


2.- RECUERDOS

El libro grueso de pastas duras, ya con las hojas un poco maltratadas por su uso constante, se quedó sobre la cama de hierro forjado; abierto en su totalidad en la siguiente página…

10 de julio del 2004.

¡Maldita sea! No he sabido nada de Malfoy; incluso Dendra ya no se pasa mucho tiempo conmigo… dice que porque está muy ocupada… Y yo cada vez más desesperada por el encierro en que me tienen (sí, ahora sí cierran la puerta con llave). He intentado salir de mil maneras; incluso una noche no dormí por pasarme todo el tiempo gritando y golpeando la puerta para que abrieran… nadie llegó. Es más que obvio que ya no tengo "libre acceso" por la mansión.

Necesito salir de aquí y lo más pronto posible… o me volveré loca con tanto misterio.

15 de julio del 2004.

Sigo igual…

Ahora resulta que me cambiaron a Dendra. El nuevo elfo doméstico que está conmigo se llama Blasto; dice que Dendra "se encuentra indispuesta"; yo más bien creo que se asustó de cuidarme. Blasto es amable (como todo elfo doméstico con un Malfoy de amo…); le pregunté por el rubio y no me respondió; de hecho, cada vez que le menciono algo concerniente con "Malfoy" (la Mansión, su amo, la familia… o lo que sea que suceda allá afuera) me ignora; pareciera que nunca digo nada de eso.

18 de julio del 2004.

Anoche tuve una pesadilla. Fue sobre aquél día que Malfoy me encontró… y de nuevo vi al monstruo… ¡¿Esa maldita cosa será propiedad del tonto rubicundo?! …algo me dice que sí. Lloré por mucho tiempo, asustada, nerviosa, dolida… ¿Qué estarán haciendo mis papás ahora? me encantaría verlos… ¿Y Harry y Ron? Los extraño; extraño mucho mi vida… ¡¿yo qué hice para merecer esto?! En serio que estoy confundida; no logro entender de qué le sirvo a Malfoy encerrada aquí, qué gana él con esto… y menos puedo pensar con claridad si me embargan los recuerdos (como ahora…). Pero ya, basta de sentimentalismos, ya llevo un mes aquí y debo hallar una solución.

-¡Dendra, Blasto!

-Llamó la señori… ¡Amo Malfoy! -la pequeña elfina se alejó un poco al notar la situación, asustada, con la mente en blanco.

-¡Dendra, cálmate y mejor ayúdenme a llevarlo dentro!

-Pero no entiendo…

-¡¡Ahora!!

Los elfos domésticos levantaron a Draco y lo colocaron en una de las habitaciones del primer piso.

-Draco, Draco… responde, Draco, háblame… -susurraba Hermione con la voz ahogada por las lágrimas; con aspecto frágil, mordiéndose el labio inferior, manteniendo su boca en una mueca de cobardía, de desaliento.

-Señorita, debe dejarlo descansar. Él… se recuperará en unas horas… -la chica levantó el rostro del pecho del rubio y observó con atención a ambos elfos domésticos; tenía la mandíbula apretada y agarraba con fuerza una parte de la camisa del chico salpicada con sangre.

-¿Qué está sucediendo, Blasto? Dime ¡¿qué rayos pasa en esta casa?!

-Señorita…

-Los dos me van a explicar todo, AHORA.

-Pe-perdóneme, señorita, en serio lo siento… -mencionó la elfina en un tono tembloroso- pero no-no podemos.

-¡Creo que a estas alturas ya no importan las órdenes de Draco; por Merlín, Dendra, esto es de vida o muerte!

-No obedecemos una orden del Amo Malfoy, señorita… es algo más fuerte -le contestó Blasto con su voz ronca.

-¿De qué hablan?

-Señorita -prosiguió el elfo-, la familia Malfoy tiene su historia, sujeta a algo más que la sangre… si supiera los secretos que portar el apellido conlleva, se daría cuenta que mantener la pureza de su sangre es algo banal, sin interés…

-¡Gggghhhmmm! -la pausada respiración del rubio se vio interrumpida por un escupitajo de sangre. En seguida Hermione lo levantó un poco para que no se siguiera ahogando, mientras que las otras dos criaturas limpiaban el desastre, procurando dejar en las mejores condiciones la habitación. El chico presentaba una fiebre alta; abrió los ojos con pesadez, intentando enfocar lo que pasaba a su alrededor, pero la calentura lo obligaba a permanecer en un estado semiinconsciente, saltando de la realidad a sus pensamientos, confundiendo ambos mundos.

-Por favor… –volvió a dirigirse la chica a las pequeñas criaturas- se los ruego… -la mandíbula le temblaba- Explíquenme por qué Draco está en peligro.

28 de julio del 2004.

No puedo aguantar más… desde la última vez que escribí me siento muy débil y no he podido salir de mi cuarto. Blasto dice que estoy decaída, pero que pronto se me pasará, sólo que lo único que siento son ganas de querer morirme para acabar de una vez por todas con este dolor… y es algo que Blasto no entiende; el sufrimiento viene de adentro, de mi alma… y creo haber descubierto por fin la razón de mi depresión: son esos sollozos; hay una persona a la que cada noche escucho llorar, percibiendo apenas el sonido, aunque sintiendo con fuerza su sentimiento. Antier se le olvidó a Blasto cerrarme la puerta, y en la madrugada salí para encontrar al pequeño (o es lo que yo presiento, que sea un niño); sólo que, cada vez que me sentía más cerca, el murmullo de las lágrimas volvía a alejarse, clamando con más fuerza. No sé cuántas horas estuve así, pero el sonido me devolvió a mi habitación, y yo… Dios, tengo miedo, de verdad tengo miedo… Al momento de entrar a mi cuarto, la puerta se trabó; seguía escuchando al infante… pero ahora era en mi habitación. Bajito, gimoteando apenas, sentía su presencia en una esquina. Intenté llamarlo, aunque nunca se acercó ni me respondió más que con sus lágrimas; traté de acercarme yo, sólo que… no sé, "algo" me desviaba y siempre terminaba en otra parte del cuarto. Estuve al menos otras dos horas despierta; ese gimoteo me estaba volviendo loca. Grité, le hablé a Blasto, a Dendra… ¡a Malfoy!; también lloré, azoté la puerta una y otra vez… Nada.

Aún tiemblo con sólo recordar que, al momento de arrebujarme entre las cobijas de la cama, ese alguien se acercó a mí con pequeños pasitos de sus pies descalzos (se escuchaba el sordo golpe contra las frías baldosas); y ahí, en la otra mitad de la cama, siguió llorando.


La oscuridad siempre significó una grata compañía desde que podía recordar. El perderse entre el infinito de la negra noche, incapaz de distinguir las formas que nuestra realidad nos imponía… imaginar un "más allá", lejos de todo, tan lejos como se pudiese llegar. Que la luna te abrazase en una luz falsamente acogedora, más bien difusa y ajena; sin ser capaz de evocar un pasado, pues los recuerdos del ayer ya habían sido vaciados con anterioridad… ultrajados desde tierna edad para convertirlo en un monstruo, una bestia.

Odiaba recordarlo, con la misma fuerza con la que amaba las titilantes lucecitas del manto estrellado… no, él no amaba, nunca sería capaz de hacerlo; un simple animal, eso era.

Fue consciente de su realidad… ya demasiado tarde; aún podía sentir el cuerpo pesado y herido, con la sangre fresca recorriendo su abdomen, rumbo al piso; cómo olvidar el aroma picante de canela y café escociéndole las fosas nasales, con los ojos llorosos y a punto de perder el conocimiento. Acababa de contender otra pelea, una en la que, como pocas veces, le fue difícil ganar… qué importaba en aquel momento: nada; lo único relevante fue obtener las ganancias de una doble apuesta para su amo, su dueño.

El sucio suelo de un pequeño sótano. La mancha grande de aceite cubierta por una brumosa capa de sangre azulosa, "sangre pura". De apenas 16 años, había sido sacado de la escuela para esto, para volver a lo que ya se iba convirtiendo en su destino: servir al Señor Oscuro; mas no como soldado puesto frente a la batalla, no… aquello representaba algo irrelevante a su lado; con un rango del que muy pocos tenían conocimiento. Y a pesar de ello, las comodidades y riquezas no abundaban en su vida al momento de comenzar con su servicio al Lord, siendo así la vida en el lado oscuro; criado en un nido de ratas, escondiéndose de la luz del sol cual vil cucaracha… Las condiciones eran muy distintas al momento de querer dedicarse en serio a este trabajo, y muy pocas veces uno lograba pasearse como rey… si realmente se estaba en el núcleo de este hosco movimiento era porque la satisfacción esperada sería dolor y sufrimiento ajeno, traiciones y mera desazón… El detalle, en su caso en particular, era que él no ingresó por convicción ni mucho menos.

Pero Draco Malfoy ya no era capaz de reflexionar lo anterior; difícilmente podría conectar algunas ideas, enajenado con el reflejo ligeramente brilloso de la sangre seca en el suelo. Con sus dedos alargados y raquíticos, y la mano en un ligero temblor, apenas se atrevía a rozar la superficie surcada de la mancha. Sus largos y sucios cabellos caían desordenadamente, cubriendo por completo su espeluznante rostro; los grandes ojos negros abiertos de par en par sin parpadear, su delgado cuerpo vestido por unos pantalones negros de mezclilla rotos y una larga playera de manga corta rayada horizontalmente en blanco y negro.

-Daimen, ven.

Y al recibir la orden se acercó en seguida a quien lo llamaba, siempre con la cabeza gacha, impidiendo ver sus ojos azabaches, apagados, turbios.

Una mano negra acarició su cabeza, encajándole un poco las largas uñas. La espalda encorvada de él temblaba. Ahora esa mano pasó en trance por esa larga escalinata de vértebras casi puntiagudas que se asomaban, estirándole más la delgada piel.

-S-señor…

-Has hecho un buen trabajo, Daimen –murmuró el Lord-. Te has ganado un premio.

Draco no se atrevió a decir más.

-¡Rodolphus! –llamó su señor, y el mortífago apareció en seguida- Lleva a Daimen a su refugio y dile a Severus que le duplique su dosis del brebaje.

-Pero señor –gimió Draco al reconocer el significado de esas palabras.

-¡No me hables a menos que yo lo ordene! –le gritó, golpeándole- Toma –se dirigió a Lestrange, alcanzándole la correa de cuero negro que apresaba al chico. El mortífago sólo hizo una reverencia y comenzó a jalonear al moribundo.

Durante dos años, su vida se vio reducida al maltrato, la agresión y el odio. Él era un animal, fenómeno de la torpe naturaleza y ansiosas manos del hombre por la fortuna… y nada ni nadie podrían cambiarlo.

-¡¡BESTIA!!

Todo negro.