Estimados lectores lamento no haber podido actualizar esta historia en la fecha que prometí, en un principio era el 14 de Marzo, White Day en Japón, pero mi office estaba funcionando mal, después intenté el 5 de Abril para el cumpleaños de Miho, pero la cosa no funcionó pero al fin listo para el Día del Trabajador ¡Vivan los obreros, viva la clase trabajadora que es la que mantiene funcionando a los Estados y a las elites llenas de riqueza y poder! aunque es lamentable que deba celebrarse este día por la atrocidad cometida contra los Mártires de Chicago :(

Los personajes pertenecen a Masami Kurumada y su franquicia de Saint Seiya, yo sólo los tomo prestados para que prueben otras posibles realidades salidas de mi imaginación. No lucro de ninguna forma con esta y ninguna de mis otras historias, sólo escribo por amor al arte.

Este fic no es apto para heterofóbicos (una escritora por ahí puso en su summary que sus fics no son aptos para homofóbicos u.u eso me parece discriminación, simplemente debía poner que era yaoi y punto) tampoco es apto para quienes no disfrutan del romance, del color rosa, padecen de diabetes o no les gusta el dulce.

Chocolates para ti

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Preludio de tu agonía

"Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos"

(Dalai Lama)

- ¡Detente! Si das un paso más, si pisas el primer peldaño de este templo dándole la espalda ten por seguro que no habrá regreso- la voz de Saori se escuchaba con una mezcla de tristeza y súplica, pero Seiya no hizo el menor caso a su advertencia.

Tras la muerte de Seika había decidido marcharse del Santuario para siempre e iniciar una nueva vida como un hombre normal. Cuando manifestó esta idea a la diosa ella supuso que se trataba de un momento de duda debido al fallecimiento de la joven y al hecho de que por diversas guerras santas Seiya no pudo estar junto a su hermana ni durante su enfermedad ni el día de su deceso. Saori jamás imaginó cuan sincera era la petición del Caballero de Pegaso de dejarlo ir libremente para que pudiera vivir en paz, y ahora él había dejado su caja de Pandora con la armadura y una carta con su renuncia junto al trono de Athena en el templo principal en vista de que ella se negaba a escucharlo.

Saori, decidida a no dejarlo partir, logró llegar hasta el templo de Aries y tan rápido como pudo alcanzó al joven en los últimos peldaños que le faltaban para salir definitivamente de ese lugar y al fin ser libre después de tanto sufrimiento por el que había pasado.

- Escucha Seiya, tú eres mi Caballero de Pegaso, me perteneces desde la mitología no puedes renunciar, hemos pasado y superado tantas cosas juntos, entiendo que ya no quieras pelear, es por eso que al fin he logrado restablecer la paz entre los humanos y el Olimpo, pero no podemos confiarnos, la traición es algo que habita entre las divinidades y los mortales por igual, te necesito- Saori observaba la espalda de Seiya esperando a que recapacitara, siempre había estado enamorada de él y ahora que el ciclo de guerras santas había concluido no estaba dispuesta a perderlo.

- Tienes a tus otros caballeros- fue la respuesta que Seiya le dio.

- Pero tú eres mío, Athena y su Caballero de Pegaso se han amado desde la eternidad y siempre renacen en cada era para proteger a la humanidad y volver a estar juntos- al escuchar los argumentos de la joven, Seiya dio media vuelta y la observó directamente a sus hermosos ojos azules viendo en ellos una profunda tristeza, hubiera deseado quedarse, hubiera deseado mentir y decirle que estarían juntos por siempre, pero no podía, jugar con los sentimientos de una mujer era algo que no tenía nombre y mucho menos con aquella diosa por la cual había arriesgado su vida innumerables veces.

- Es Pegaso quien ama a Athena, no Seiya a Saori- dijo con una mezcla de sinceridad y dolor por terminar las cosas de esa manera.

- ¡Pero no te das cuenta que Athena y Pegaso han reencarnado en nosotros, ellos son tú y yo, aquí en el presente!- insistió Saori apretando a Niké con fuerza, no quería llorar, jamás quiso escuchar aquellas palabras del hombre que ella amaba desde niña.

- Saori, no confundas las cosas, yo he peleado por ti todos estos años porque eres la diosa a quién juré proteger aún sin saber que eras tú, seré sincero, desde que éramos niños jamás me agradaste, incluso cuando regresé para pelear en ese tonto torneo galáctico, si me quedé en ese entonces fue para buscar a mi hermana, pero con el tiempo y viendo tu propio sacrificio como Athena logré cambiar mi opinión sobre ti, te admiro, eres grandiosa, pero más allá de todo lo bello en ti, jamás he podido verte como una mujer para amar de la forma en que los mortales lo hacen, eres una diosa, tu naturaleza es distinta a la de todos nosotros quienes te servimos, eres pura y perfecta, pero no estás hecha para un sólo hombre, el amor de Athena le pertenece a toda la humanidad, yo no tomaré ese amor sólo para mi, sería demasiado egoísmo, además, tú misma has dicho que el amor entre nosotros es porque Athena y Pegaso han estado unidos desde la eternidad, yo no quiero cargar más con reencarnaciones ni karmas de vidas pasadas, deseo ser libre, libre de todo y de todos y decidir por mi mismo la vida que deseo vivir- Seiya tenía un semblante que Saori desconoció por completo, se veía como un hombre completamente adulto, seguro de sí mismo, y con toda la sabiduría y experiencia acumulada a través de las batallas que había vivido, pero su corazón se negaba a dejarlo ir.

- Pero Seika quien era tu única familia está muerta, este santuario es tu único hogar ahora junto a Shiryu, Hyoga, Shun e Ikki, tus medio hermanos y amigos de batallas y junto a mi o acaso…- la joven se detuvo por unos instantes, no había querido usar la facultad que como diosa poseía para leer la mente de los mortales, pero dudaba de que Seiya se marchara sólo porque lo deseaba, y mientras intentaba detenerlo rápidamente entró en sus pensamientos y vio algo que no le gustó- ¿Es por ella? Esa chica que trabaja en el orfanato, por ella te vas de mi lado ¿Por qué? Ella jamás ha hecho algo por ti ¡No la has visto en años, quizás ya ni siquiera te recuerde!

- ¡Estás equivocada! Miho aún sin ser una diosa ha hecho mucho por mí, rezando cada noche para que nada malo me sucediera y regresara con vida de cada batalla, sufriendo mi ausencia en silencio día tras día, negándose a amar a otro hombre hasta que yo regrese, y a pesar de todos estos años de ausencia estoy seguro que ella sigue sintiendo lo mismo por mí-

- ¿Cómo lo sabes? Eso podría ser producto de tu imaginación, de una idealización del amor ¿Acaso no entiendes que tú y yo debemos estar juntos para siempre?- Saori abrazó a Seiya, pero él acarició sus cabellos con ternura y la apartó con suavidad.

- Lo siento, pero me rebelo contra ese destino, me gusta decidir por cuenta propia mi vida, no quiero que los dioses, las constelaciones o las reencarnaciones decidan por mí, es cierto que no he querido siquiera escribirle o llamarla, cuando entendí cómo era mi vida de caballero pensé que sólo la haría sufrir y por ello decidí desaparecer sin darle explicaciones, que pensara que había muerto cumpliendo mi deber, protegiéndola y también a los niños del orfanato, pero, a pesar de todo, no puedo olvidarla, y cada día que pasa siento que la necesito y que deseo volver a verla y entonces- el rostro de Seiya ensombreció repentinamente- hace una semana recibí la visita de una mujer con alas doradas que llevaba un jarrón consigo, dijo venir de parte de la diosa Hera, y me entregó un montón de cartas rotas, cartas enviadas a la Fundación Graude preguntando por mí y cuyo remitente era Miho…

- ¿Iris? Seiya, no debes creer eso, Hera e Iris están en mi contra, siempre me han odiado por ser la hija preferida de Zeus, yo jamás te escondería algo tan importante como esas cartas- se defendió Saori.

- También pensé eso al comienzo, por eso mismo aproveché la visita de Tatsumi de hace dos días y le pregunté por ello-

- ¿Qué le hiciste a Tatsumi?- Saori retrocedió asustada.

- Él está bien, no le hice nada, no es mi estilo, como siempre te fue leal y no dijo cosa alguna, pero dejé a propósito las cartas donde él pudiera verlas y mi sorpresa fue enorme cuando las tomó para quemarlas murmurando que "debían desaparecer para que no se enterara la señorita"- Seiya miró fijamente a Saori, en el fondo deseaba que ella desmintiera todo lo que él había descubierto, pero la joven apretó los labios y su báculo con fuerza y bajó la mirada- Tu silencio me deja en claro que todo aquello es verdad, no entiendo, te serví con lealtad todos estos años, arriesgué mi vida por la humanidad y por ti ¿Por qué lo hiciste?

- Lo hice por tu bien Seiya, yo te amo, tú me amas, debemos estar juntos para siempre, por el resto de la eternidad en cada reencarnación, ese es el destino de Athena y su Caballero de Pegaso, una mujer común y corriente como esa chica del orfanato no podrá nunca entregarte todo lo que necesitas, no conoce ni comprende nuestro mundo, y aunque pudieras estar junto a ella, sólo sería por placer, siempre regresarás a mí, quieras o no, entiéndelo- insistió Saori acariciando el rostro de Seiya con ternura, hablando con voz melosa, mirándolo con intensidad para que no escapara de ella, pero el joven tomó una de sus manos esta vez con brusquedad.

- Me extraña oírte hablar así, dices que una mujer común y corriente no podría entenderme porque no forma parte de mi mundo, pero una diosa egoísta que ha perdido la cordura tampoco podría hacerlo mejor ¿Qué sucede contigo Saori, no, quiero decir Athena? ¿Desde cuándo has cambiado tu bella forma de amar al mundo por el capricho de tener a uno sólo de tus caballeros? lo siento, pero si las cosas serán desde ahora así, entonces con mayor razón me voy- El joven dio la espalda a la diosa, y decidido, bajó por el último peldaño rumbo a la libertad, al fin después de tantas penurias haría una vida como él la deseaba, para honrar la memoria de su hermana Seika, pero por sobre todo para honrarse a si mismo eligiendo y sobreviviendo a través de su propia fuerza de voluntad.

Caminar por primera vez sin el peso de la armadura sobre su espalda y su corazón se sintió bien ¿Cuánto tiempo llevaba sólo viviendo para luchar? No lo recordaba y no quería realizar cálculos, lo que había hecho fue para salvar a la humanidad, era el sacrificio que sólo él y unos pocos más debían ofrendar para la paz de otros, no recriminaba esa vida pero ahora se venía otro desafío y esperaba tener la fortaleza para seguir adelante, en esto pensaba Seiya cuando sintió que el cosmos de Saori se elevaba al infinito, pero esta vez era diferente, no irradiaba paz y calma, era un cosmos totalmente agresivo, a tales extremos que el joven al voltear para ver qué sucedía vio en la joven una mirada dura y glacial.

- ¿Qué tiene de especial esa sucia mortal para que te hayas atrevido a rechazar a la mismísima Athena?- aquella voz encolerizada era difícil de reconocer para Seiya, esa no era Saori, esa ni siquiera podía ser Athena, aún así armándose de valor decidió responder aquella pregunta.

- Ella no es una sucia mortal, es una dulce mujer como todas las que habitan en la tierra, las mismas que crearon ustedes los dioses, que lucha todos los días para sobrevivir por su propia cuenta, sin poseer ningún don especial más que su humildad, es eso y su ternura, su calor maternal el que yo amo, sólo a través de eso me siento realmente vivo, sólo a través del cariño de Miho soy capaz de sentir que soy real-

Enormes ráfagas levantaban polvo y escombros por todos lados, el suelo áspero y rocoso estaba haciéndose trizas como si de un terremoto se tratara y algunas pesadas rocas se elevaban con lentitud, alertados por todo aquello los caballeros que quedaban vivos en la orden de Athena, comenzaron a descender velozmente por las doce casas para proteger a su diosa.

- ¡Entonces, ya que estás tan decidido, sentirás el castigo por rechazarme, jamás será feliz a tu lado, sólo le traerás sufrimiento y desdicha, y mientras más la ames y seas correspondido tu cuerpo más se deteriorará hasta que mueras, la verás llorar hasta el último segundo en que respires y entonces te convertirás en polvo, y ella continuará sufriendo día a día junto a tu tumba hasta que se marchite y desaparezca por haberse interpuesto entre el amor de una diosa y el mortal que ella ha elegido, así aprenderás que el destino impuesto por los dioses y el círculo de las reencarnaciones jamás podrá cambiarse!- Un haz de luz de un extraño color oscuro salió de Niké y envolvió a Seiya por completo.

Cuando los caballeros llegaron a las escaleras del templo de Aries encontraron a su diosa apuntando su báculo hacia Seiya, y este se encontraba inconsciente en el suelo, Shun intentó ir en su auxilio pero Saori lo detuvo.

- Este hombre ha decidido marcharse, desde hoy ha dado la espalda a Athena y vivirá como un simple mortal, dejen que se vaya-

Lentamente la diosa caminó en dirección a su templo, Shun, Ban, Ichi, Nachi, Geki y Jabu se miraron entre sí sin comprender lo sucedido, y el caballero de Andrómeda a escondidas de los demás ayudó a Seiya a regresar a Japón…

- ¡Seiya! ¿Estás bien? Reacciona- Hyoga alarmado intentaba despertar a su amigo quien yacía inconsciente en su cama y con compresas con agua fría en la frente.

- ¿Qué sucede?- preguntó este abriendo los ojos con lentitud, su cuerpo le dolía y lo sentía muy pesado.

- ¿No lo recuerdas? Olvidaste tu bufanda cuando íbamos camino a tu trabajo, volviste por ella a la pensión, tardaste demasiado y regresé, estabas tirado aquí en el suelo con algo de fiebre y mucha tos, te traje hasta tu cama mientras llega un médico- por la expresión de gravedad en el rostro del joven ruso Seiya se dio cuenta de que no era una broma o que se había quedado dormido- Ya es hora de que te vea un especialista, desde que llegué a Japón tu resfriado empeora cada día más.

- No es nada, ya se me quitará-

- De todas formas llamé a tu trabajo, dije que no te sentías bien y que por hoy no irías, hablé con tu jefe, le expliqué todo y el aceptó darte el día libre siempre y cuando veas a un médico y que hagas reposo en cama- dijo Hyoga mientras buscaba algún medicamento para su amigo en el botiquín del baño.

- ¿Estás loco? ¡No puedo faltar a mi trabajo, me costó mucho conseguirlo!- Seiya se puso rápidamente de pie y cogió su chaqueta y su bufanda- debo cuidar mi empleo si lo pierdo ni siquiera podré pagar el alquiler de estas habitaciones.

Pese a los reclamos de Hyoga, el joven salió rumbo a su trabajo, en el camino encontró al médico que había mandado a llamar su amigo, y tras decirle que se sentía mejor y pagarle la consulta sólo por las molestias de venir desde su consulta, se fue trotando al Parque Ueno.

Hyoga lo alcanzó como pudo, no dejaría sólo al obstinado Seiya, mientras pasaban por las calles de la ciudad hacia el parque lo observaba con atención, se veía algo pálido, y al perecer tenía algo de frío, pese a que el sol de invierno daba algo de calor aquella mañana.

- ¡Qué día tan fresco! ¿No es genial? Pronto llegará la primavera y el parque Ueno estará lleno de flores, creo que llevaré a Miho de paseo, sé que le gustará- el joven moreno se detuvo a inhalar el aire de la mañana muy alegre como si lo anterior hubiera sido un sueño. De sólo pensar en hacer feliz a su novia y la cara que ella pondría al salir al parque con él le llenaban de felicidad e incluso le hacían olvidar que Saori lo había maldito antes de irse definitivamente del Santuario.

Seiya sospechaba que ese extraño resfriado no provenía de ningún virus en particular, había comenzado justo el catorce de Febrero, después de que Miho le obsequiara el Honmei-choco, para él recibir ese chocolate significaba mucho, ella correspondía a sus sentimientos y mientras pasaban los días y más feliz se sentía a su lado el resfriado parecía empeorar, por ello decidió bajar el perfil al asunto después de tomar un sinfín de medicamentos que no lograron curarle de nada.

- No es mala idea, quizás venga con Eris al parque antes de regresar al Santuario, y tú deberías hablar con Miho de ello, debes venir conmigo, es una orden de Athena- le recordó Hyoga poniéndose muy serio, Seiya lo miró con un rostro un poco confundido.

- ¿Otra vez con eso? ¿No sabes que Athena no quiere verme?-

- ¿Cómo se te ocurre decir eso? Ella misma me pidió que te llevara de regreso, ya es hora Seiya-

- ¡No volveré! Así que no pierdas el tiempo, haz tus maletas cuando quieras y te vas, Miho no podría venir conmigo así que me quedaré con ella aquí en Tokyo- el joven se había dado cuenta que su amigo aún no se había enterado de lo sucedido en el Santuario, era lógico, después de todo él estaba en Siberia cuando eso ocurrió-Me extraña que Shun no le haya dicho nada, y Saori ¿Después de todo aún espera que vuelva?- pensó inquieto.

- Si tanto quieres a esa muchacha, Saori lo entenderá, aceptó la unión de Shunrei y Shiryu, ambos viven muy felices y van al Santuario de vez en cuando, incluso me atrevería a decir que si le pido que me deje llevar a Eris, ella aceptaría- intentó convencerlo Hyoga.

- ¿Hablas en serio? ¿Estarías dispuesto a vivir con la mujer que amas sabiendo que en cualquier momento te irás a pelear y posiblemente no regresarás con vida?-

- Seiya, nuestra vida es así, lo único que podemos hacer es aprovechar la paz para vivir plenamente con quienes amamos, y si llegara a morir, Eris siempre podrá volver a enamorarse de otro hombre, y si tenemos hijos en el futuro ella tendrá de alguien más por quién preocuparse- las palabras de Hyoga, tan frías, no fueron del agrado de Seiya.

- Ese es un argumento egoísta, Eris no es una muñeca ¿Crees que ella se enamoraría tan fácilmente de otro hombre? o incluso si tuvieran hijos ¿crees que ella no sufriría al perder al padre de sus pequeños? Me extraña que hables de ese modo, jamás has podido olvidar a tu madre, y el dolor de haberla perdido, y aún así deseas una suerte similar para tu novia, yo no podría hacerle algo así a Miho, me di cuenta que aunque quise dejarla ir para no compartir el destino cruel de un Caballero de Athena, no sería capaz de verla con otro hombre, quiero ser yo quién le de felicidad y una nueva familia, y ella había decidido renunciar a esa posibilidad sólo para esperarme, por eso es que quiero que nos demos una oportunidad juntos, y sólo lo lograremos lejos del Santuario viviendo como gente normal…- mientras Seiya hablaba le vino un fuerte ataque de tos.

- ¡Seiya!- Hyoga trató de ayudarle pero el obstinado chico lo apartó con la mano.

- Tranquilo, sólo fue algo del momento, iré a trabajar, compraré una mascarilla por el camino, así no contagiaré a los otros jardineros del parque, nos vemos en la noche en el orfanato- sin darle tiempo de nada a Hyoga, Seiya se fue trotando en dirección a su trabajo. Por un lado estaba tranquilo, si el Caballero del Cisne no sabía nada de su maldición Miho tampoco, el joven moreno sólo deseaba que ella no se enterara.

Mientras tanto Hyoga pensaba en todo lo que había conversado con Seiya ese último tiempo, tenía un mal presentimiento, algo malo sucedería y estaba relacionado con su amigo, y Saori tenía que ver en ello, incluso sospechaba que las explicaciones que le había dado la diosa sobre la partida de Seiya podían ser falsas.

- Ella me dijo que le había dado vacaciones a Seiya para que se recuperara de la pérdida de su hermana, y que sólo estaría alejado del Santuario por un tiempo, pero veo que él tiene planes muy distintos, me ha hablado en varias ocasiones de que renunció a la armadura, hasta encontró un empleo como si quisiera formar una nueva vida aquí en Tokyo con Miho, nada de esto tiene sentido-


- ¡Al fin ha llegado mi revista!- Eris estaba feliz abrazando un paquete que le había llegado por correo esa mañana, la joven era una adicta a las compras por internet y como tenía estrictamente prohibido acercarse a la oficina de correos le llegaban encomiendas de distintas cosas al orfanato.

- ¿Revista? ¿De qué se trata? – preguntó Miho sacando cuentas que esa era la quinta encomienda que recibía su amiga esa semana mientras cocía pantalones y botones de la ropa de los niños del orfanato. Las mañanas eran muy calmadas para ellas, la mayoría de los niños y niñas estaban en la escuela, y los más pequeños estaban sentados frente al televisor o jugando con cubos de madera, el frío era una muy buena razón para quedarse dentro del orfanato, Miho, Eris y Ritsu aprovechaban esos momentos para avanzar con sus labores.

- Con esto solucionaremos todos nuestros problemas del corazón, mira, me la recomendó la hija del dueño de la pescadería "Cómo conquistar a tu amor según su signo del zodíaco"- Eris dio un suspiro apretando la revista contra su pecho y sonrió animada mientras se sentaba junto a sus amigas.

- ¿Crees que eso funcione?- preguntó Ritsu curiosa con sus enormes ojos marrón clavados en la rubia y su solución a los problemas del corazón.

- ¡Claro que sí! La hija del señor de la pescadería se casará en un mes y siguió al pie de la letra los consejos de esta revista- comentó con entusiasmo Eris.

- No creo que el amor y una relación de pareja se construyan siguiendo los consejos de una revista ni mucho menos con eso de los signos zodiacales- comentó Miho algo escéptica a esos temas, su vida de huérfana había sido tan dura que de muy temprana edad tuvo que acostumbrarse a la realidad, dándose muy pequeños y aislados espacios para soñar, de hecho Seiya constituía una parte de su sueño y tenerlo junta a ella era más que suficiente, por el momento, no deseaba ninguna otra cosa.

- ¡No digas eso! El amor debe mantenerse siempre vivo y esta revista tiene varios trucos que bajo la manga pueden ser de mucha utilidad, tanto como saber cuál es su comida favorita, su color o su música ¿O acaso no quieres casarte con Seiya?- se defendió Eris ante la mirada sorprendida de Miho quien se había puesto de todos los colores al oír esa pregunta, y Ritsu que no paraba de mirarla por lo bajo riendo ante su reacción y ante las locuras de la rubia.

- Creo que es muy pronto para eso, sólo llevamos tres meses saliendo…-

- ¡Tres meses es más que suficiente, sobre todo ustedes dos que llevan un trágico amor frustrado y reprimido por tantos años! Pobre niña, tranquila tu fiel amiga y paño de lágrimas está aquí para ayudarte- Eris dio una palmadita de consuelo en la espalda de Miho y luego abrió rápidamente la revista para empezar a poner en práctica todo lo que en ella le fuera de utilidad-" lo primero es ver si el signo de tu amor y el tuyo son compatibles"- leyó en voz alta.

- El amor entre Seiya y yo no es frustrado ni reprimido…- intentó explicar Miho pero fue interrumpida por su amiga.

- ¿Cuál es el signo de Seiya?-

- Sagitario- repitió automáticamente la joven algo avergonzada, pese a que no creía en los horóscopos aún así sabía de memoria el signo de su novio.

- ¡Mira esto! Seiya y tú son compatibles, él es Sagitario, es un signo de elemento fuego al igual que tú, que eres Aries- sonrió triunfal Eris, su revista estaba acertando tal como ella imaginaba que lo haría.

- ¿Qué sucede entre Tauro y Libra?- se apresuró Ritsu en preguntar.

- ¿Lo dices por el chico que trabaja de repartidor en la pizzería?- Eris era muy observadora, desde hace tiempo había notado que la joven siempre pedía pizzas al mismo lugar, y su pregunta sólo logró sonrojar a Ritsu- veamos, aquí dice "al ser Tauro del elemento tierra y Libra del elemento aire la compatibilidad no es muy alta, se recomienda mucho esfuerzo y comprensión por parte de los dos para que la relación resulte".

- Deja de decirle esas cosas a Ritsu, el amor funciona cuando dos personas tienen un sentimiento común y están dispuestas a estar juntas- se quejó Miho dejando su costura de lado para consolar a la pobre chica a quien se le humedecieron los ojos ante el pronóstico fatal de Eris y su revista- ¿Qué dice esa cosa sobre Hyoga y tú?

- Hyoga y yo somos compatibles, él es Acuario y yo Géminis, nuestro elemento es el aire, nos complementamos como un enorme monzón de pasión, somos como la brisa de primavera con toques cálidos y fríos- Eris estaba en las nubes imaginando a Hyoga con alas blancas y ella en sus brazos volando por el cielo, sus ojos brillaban de alegría- si tengo mucha suerte y me ama tanto como yo a él ¡quizás me pida matrimonio este catorce de Marzo!

- ¡Qué cosas dices! Recién cumplirán un mes juntos- Miho no quería arruinarle su ilusión a Eris, pero ella acostumbraba a volar demasiado alto, y siempre se metía en problemas o terminaba decepcionándose cuando sus expectativas no se cumplían, pero la rubia seguía volando sin rumbo en los brazos de su Hyoga imaginario quien sabe a qué sitio, sin siquiera tomarla en cuenta- ¿Qué más dice esa revista? Tal vez tenga algún consejo para que Ritsu conquiste al chico de la pizzería- dijo para que Eris regresara de su cursi fantasía.

- Veamos…mmmm…- Tan pronto como aterrizó, la joven comenzó a revisar la revista- amuletos, pociones de amor, afrodisíacos ¿Hechizos y conjuros?-

- ¡No me refería a eso! ¿Podrías buscar algo más normal? ¡No quiero sapos y culebras disecados en el orfanato!- Miho puso una de esas caras que llenaban de temor a Seiya y cualquiera que la conociera bien a fondo.

- Lo siento, sólo estaba bromeando- rio nerviosa Eris buscando en su revista, mientras que a Ritsu le estaba dando asco de sólo imaginar las culebras y sapos saltando por todos lados, o con ojos saltones, moribundos y sanguinolentos en la cocina- Aquí dice "Cómo conquistar a un Libra: El hombre libra ama profundamente la belleza. Si deseas seducirle procura parecer distinguida y guapa".

- Eso es obvio, cualquier chica que desee conquistar a alguien procurará verse guapa- dijo Miho no muy convencida.

- No me contradigas, veamos, "Cómo conquistar a un Sagitario"- se burló Eris mientras Miho intentaba quitarle la revista- "A los Sagitario les gusta ser directos. Quizás puede funcionar una mujer que con ellos tenga un estilo directo y sea algo impulsiva".

- ¿Por eso Seiya quiere a Miho? Desde que recuerdo, vivían peleando y ella le gritaba todo el tiempo, además de preocuparse por él- comentó divertida Ritsu.

- No me ayudes ¿Quieres?- se quejó Miho.

- Tienes toda la razón Ritsu… ¡Oye, devuélveme eso!- gritó Eris, en su descuido Miho había logrado arrebatarle la revista.

- A ver ¿Qué dice aquí? "Cómo conquistar a un Acuario: Son almas muy libres y altruistas, pero tardan mucho tiempo en asumir compromisos como el matrimonio, si quieres tenerlo seguro deberás poseer mucha paciencia y ser siempre su mejor amiga antes que su novia- leyó en voz alta Miho, pero Eris no muy contenta con lo que decía la revista se la quitó y trató de confirmar si eso era verdad.

- ¡No puede ser! Mejor amiga, mejor amiga, MEJOR AMIGA…- dijo con dramatismo mientras se le salía el alma del cuerpo- esto debe ser un error…

- Te dije que esas cosas sólo sirven para entretenerse, no para creerlas al pie de la letra- Miho puso su mano en el hombro de Eris para confortarla.

- Pe…pero ¡yo no puedo ser una eterna mejor amiga, quiero casarme con un bonito vestido de novia y ser una linda y joven esposa para mi guapo y joven príncipe cisne azul!- comenzó a sollozar Eris como una Magdalena.

- Tienes veintiún años, tiempo y toda una vida por delante- intentó alegrarla Miho pero sin lograr muy buenos resultados.

- ¡No, después de los veinticinco seré una solterona para siempre!-

- No exageres-

- "Lado negativo de un Géminis: Superficialidad e inconstancia, tienen tendencia a estar a veces nerviosos y tensos, pueden llegar a ser calculadores y exigentes"- leyó Ritsu en voz alta el signo de Eris. En ese instante apareció Hyoga de visita, cuando quiso saludar a su novia con un tierno beso y entregarle la flor que había cortado en un jardín ajeno para ella, sintió una mirada glacial y furiosa.

- ¡Mientras no me digas cuáles son tus intenciones conmigo no habrá nada besos, mimos ni de mi tarta de frambuesas!- y molesta se retiró a su habitación cerrando la puerta de golpe, dejando a Hyoga con un enorme signo de interrogación en la cabeza.

El Caballero del Cisne no había entendido exactamente qué le había hecho a Eris para que estuviera tan molesta, por más que insistió, ella se negó a salir y Miho no tuvo más remedio que explicarle todo el asunto del horóscopo, matrimonio y Acuarios esquivos al compromiso.

- ¡Matrimonio!- dijo Hyoga antes de atorarse con unas galletas de miel que Ritsu le había traído junto a un poco de té.

- No malinterpretes a Eris, no quiere presionarte pero el sueño de muchas chicas es casarse vestida de novia, en una enorme iglesia y formar una adorable familia- explicó Miho cruzando los dedos para que el joven no saliera corriendo ante la palabra boda, no porque Hyoga fuera Acuario, sino porque la mayoría de los hombres huían en esa situación.

- Entiendo, pero…es demasiado pronto para considerar algo así- Hyoga se rascaba la cabeza, nunca se le había cruzado la idea del "juntos para toda la vida", lo cierto era que le gustaba Eris, había conocido otras chicas a lo largo de todas sus batallas, pero sólo ella le recordaba la calidez de su madre, además era divertida, soñadora e ingenua y adoraba sus tartas de frambuesas, por eso le había pedido que fuera su novia.

- También le dije eso, pero creo que ella sólo quiere saber si estarías dispuesto a tener una relación seria- explicó Miho recordando que Eris hizo algo similar con Seiya cuando le confesaron que estaban saliendo juntos y que eran oficialmente novios.

- No podría responder de inmediato a eso- Hyoga seguía pensando en el asunto, justo había conversado con Seiya de algo parecido esa mañana, no podía dar una respuesta a la ligera, sin embargo su visita al orfanato era por otra razón además de Eris y no tuvo reparos en cambiar radicalmente el tema de conversación- Por cierto Miho ¿Seiya te dijo por cuánto tiempo vino de vacaciones?

- ¿Vacaciones?- la joven miró extrañada a Hyoga, su novio no había mencionado nada sobre vacaciones, y el Caballero del Cisne se dio cuenta de ello.

- ¿Qué fue lo que te dijo cuando regresó de Grecia?-

- Dijo que sus días de caballero habían terminado porque habían logrado la paz con los dioses y que al fin podría tener una vida normal- contestó Miho viendo la extraña expresión del ruso al oírla, un mal presentimiento se apoderó de su corazón y no dudó en preguntar a Hyoga algo que le estaba inquietando desde hace algún tiempo- ¿Acaso no es verdad? Seiya no me mentiría con algo así…¿Viniste para llevarlo de regreso a otra pelea? ¿Esa señorita Athena o Saori lo necesita nuevamente?

Hyoga en su afán por llevar a Seiya de vuelta al santuario tal como Athena se lo había pedido, decidió llevar a Miho hasta el límite, si ella rompía con su amigo el retorno sería mucho más fácil.

- Así es ¿Qué harás al respecto? Ahora que la relación que tienes con él es algo más seria, imagino que estás consciente de cuáles son sus obligaciones de caballero, también debes saber que siempre existirá la posibilidad de que él no regrese con vida ¿Serías capaz de soportar todo ese dolor? Lo mejor sería que lo olvidaras y le dejaras ser libre, así evitarías que ambos tuvieran que enfrentar tanto sufrimiento-

Al escuchar a Hyoga, Miho bajó la mirada con lentitud, pensó por un instante con calma todo aquello, todo lo que había pasado ella esperando su regreso, la enorme felicidad que experimentó al verlo con vida diciéndole que había vuelto por ella. Por otro lado, Hyoga creía que la ruptura era lo mejor, incluso bajo esos términos, él mismo estaba pensando seriamente en su situación con Eris, no deseaba que ni ella ni Miho se ilusionaran y terminaran viviendo con tanta tristeza, él recordaba perfectamente a su madre y la ausencia de su padre en su niñez, ella siempre le hacía creer que todo estaba bien, que eran muy felices, pero él sabía cuántos sacrificios había hecho ella para su bienestar, y luego conoció a su decepcionante padre, Mitsumasa Kido, él no quería transformarse en él, ni mucho menos dejar a Eris como él abandonó a su madre.

Miho después de reflexionar bastante la situación, alzó la mirada y sus oscuros ojos humedecidos revelaron la profunda determinación que había en sus palabras y con ello la valentía que había en su corazón.

- Seiya no miente, el dijo que sus días de caballero habían terminado. Creo en él. Pero a pesar de todo, incluso si debe volver a pelear no lo detendré, desde siempre he entendido que él no me pertenece, es dueño de sí mismo y siempre irá a cumplir con su deber de caballero mientras tenga fuerzas para seguir luchando, también sé que una chica común y corriente como yo no puede hacer mucho por Seiya, no tengo poderes de ningún tipo y tampoco soy una diosa joven y atractiva con el poder para sanar sus heridas o darle la victoria en combate, pero lo amo, y por eso para mí es suficiente con ver que está bien y que es feliz en la manera en que él decida, si da su vida en el campo de batalla por protegernos o incluso si vive y elige a otra mujer, Seiya es Seiya con eso me basta para ser feliz, y no me importa el dolor con tal de ver su sonrisa o tenerlo junto a mi aunque sea una sola vez más-

- Miho- Hyoga al escucharla entendió cuán profundo era su amor, debía existir alguna manera de que el cumpliera su deber de llevar a Seiya al santuario sin destruir la relación que tenía con aquella muchacha, pero el mismo Seiya había dicho que no deseaba llevarla con él a vivir a Grecia, eso reducía las alternativas para el Caballero del Cisne- Olvida lo que te dije, sólo estaba probando hasta dónde serias capaz de seguir a Seiya, veo que en verdad lo amas, como su amigo me preocupa que sea tan impulsivo y no estaba muy convencido de su relación contigo, lo siento.

- ¿En serio? ¿Seiya no tiene que irse?- La joven quedó desconcertada con la actitud de Hyoga, sin embargo, esa sensación de que las cosas no andaban bien no desapareció y ella prefirió guardar silencio por el momento- Gracias Hyoga, me alegra que Seiya tenga un amigo que se preocupe por él como tú.

- ¡Hola a todos, tengo el resto del día libre y vine de visita!-

- ¡Seiya!- gritaron los pequeños que estaban jugando y viendo televisión en la sala y corrieron a saludarlo, Hyoga también fue a ver por qué él estaba ahí si había dicho que quería trabajar, y Miho rápidamente secó sus lágrimas para ir a ver a su novio.

- ¿Qué haces a esta hora?- preguntó el Caballero del Cisne cruzándose de brazos.

- Por tu culpa mi jefe quedó preocupado y cuando me vio llegar me mandó de regreso a hacer reposo en cama, no me quejo, gracias a ti tengo un día libre y no me lo descontarán- explicó sonriente Seiya quien había comprado un canasto con frutas de camino al orfanato y las estaba repartiendo a los niños.

- ¿Es por lo de tu resfriado?- preguntó Miho preocupada poniendo una de sus manos en la frente de su novio- no tienes fiebre pero de todas maneras iré por un termómetro.

- Esta mañana se desmayó en su habitación, intenté que viera un médico pero no me hizo caso- reclamó Hyoga.

- ¡Qué! Seiya eres un irresponsable, llamaré un médico ahora mismo- Miho iba a buscar el teléfono, pero Seiya la detuvo abrazándola por la cintura.

- No es necesario, Hyoga es un exagerado, me siento bien, sólo necesito dormir y comer uno de tus pasteles de arroz- sonrió el joven para calmar a su novia- ¿Qué tienes en los ojos? ¿Estuviste llorando?

- Sólo me pinché el dedo con la aguja mientras cocía pantalones, no cambies el tema, debes ver un médico ese resfriado ha durado demasiado tiempo no es normal- insistió Miho.

- Deberías hacerle caso a tu novia- le apoyó Hyoga, Seiya lo mataría si se enteraba que había hecho llorar a Miho.

- Tú no te metas, preocúpate de la tuya que de Miho me hago cargo yo- se quejó el joven jardinero- Por cierto ¿Dónde está Eris? Me extraña que no esté hostigándote con mimos o que sus fantasías se escuchen desde la otra calle.

- Se encerró en su habitación porque Hyoga no quiere casarse con ella- dijo uno de los niños mientras comía una manzana inocentemente.

- ¿Casarse?- Seiya miró a un pálido Hyoga de soslayo y comenzó a reír a carcajadas burlonamente.

- Ryuji, te hemos dicho muchas veces que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas- reprendió Miho al pequeño.

- Pero es la verdad, Ritsu y tú me dijeron que mentir es malo- se defendió Ryuji poniendo una expresión de niñito bueno con una aureola sobre la cabeza.

- ¡Oye Eris, sal de ahí!- después de su ataque de risa, Seiya, quien disfrutaba molestando a la rubia fue a golpear la puerta de su habitación.

- ¡Seiya no la molestes!- intentó detenerlo Miho.

- Pero no permitiré que mi pobre amigo sufra por su culpa, Eris es una mala mujer- rio mientras seguía golpeando la puerta- ¡Eris, Hyoga está muy triste por tu actitud, se irá hoy a Siberia y no volverá nunca más!

- ¡No digas eso!- esta vez Hyoga trató de taparle la boca a Seiya, pero Eris, al oír la terrible noticia disipó su enojo y corrió para impedir que su novio se marchara abriendo con fuerza la puerta- ¡Ay! ¡Mi nariz!

- ¡Hyoga no te vayas! Pobre, lo siento no me enfadaré más contigo, y no te golpearé nunca más con la puerta, déjame ver ¡te sale sangre de la nariz! ¡Yo te salvaré!- Eris corrió por el botiquín, mientras que Miho le tiraba las orejas a Seiya por sus tonterías. El día transcurrió con rapidez, Seiya no fue a dormir, se quedó en el orfanato jugando un partido de futbol con los niños mientras que Hyoga trató de hacerle entender de mil formas a Eris que no se iría a Siberia todavía y mucho menos para siempre. Después de la cena y de disfrutar de la tarta de frambuesas que hizo la rubia para agasajar a su novio, ambos amigos regresaron a la pensión donde alojaba Seiya.

- Oye, este no es el camino de regreso- se quejó Hyoga al ver que su amigo tomaba una ruta diferente.

- Quiero ir a comprar un Gyaku-choco para Miho, el White Day será en tres días y quiero darle un presente- dijo Seiya muy sonriente y despreocupado- deberías irte a Grecia después del catorce de Marzo y pasar ese día con Eris.

- Yo no celebro estas cosas, no tienen nada que ver con mi cultura- comentó Hyoga.

- Yo tampoco, pero es el primer catorce de Marzo en el que de verdad tengo a alguien con quien celebrar, además, Miho se esforzó mucho en hacer un Honmei-choco para mi, estaba delicioso-

- No tienes remedio, las golosinas son tu debilidad- Hyoga se cruzó de brazos.

- Un Honmei-choco es sólo para aquella persona que amas, debo darle mi respuesta a Miho, es lo más lógico, como yo también la amo le regalaré un Gyaku-choco, es lo que se acostumbra en esta fecha, y tu deberías pensarlo un poco después de todo Eris también te obsequió un Honmei-choco "futuro marido"- se burló Seiya pellizcando la mejilla de Hyoga.

- ¡No te rías no le veo la gracia!-

- Ahora que lo pienso, la idea de casarme con Miho suena genial, tener una linda esposa que me prepare comida deliciosa después de un día agotador en el parque y que me haga cariño y me cuide después de tanta guerra santa, si, definitivamente le pediré matrimonio en cuanto tenga un hogar fijo y no viva en esa pensión…

- ¡Ya basta Seiya! Recuerda que debemos regresar al santuario, no deberías ilusionar a Miho- Hyoga se detuvo y miró a su amigo con enfado- veo que estás muy calmado haciendo una vida feliz, pero sabes de sobra que si Athena nos llama debemos ir en su auxilio.

- ¡No la estoy ilusionando! ¿Por qué no entiendes que renuncié a mi vida de caballero para poder estar con ella? Además, Athena no me necesita, dudo que me llame si está en problemas, los tiene a ustedes.

- ¡No puedes renunciar a tu destino Seiya!- Hyoga, esta vez enfadado cogió a su amigo de la chaqueta- ¡Deja de engañarte a ti mismo, le perteneces a Athena al igual que todos nosotros, ella misma es quien me envió por ti!

- Renuncié a mi armadura y a mi vida de Caballero, ya no creo en Athena, no me interesa protegerla, ni tampoco las razones por las que me quiere de regreso, ¡mi destino lo construyo yo mismo!- se defendió el joven- Quiero tener una vida normal, quiero ser feliz al fin y ahora que lo estoy logrando nada me importa.

- Saori dijo que todos los seres humanos debíamos vivir bajo el destino de su constelación ¿Ya lo olvidaste?-

- ¡Pegaso es indomable! Incluso para los propios dioses, yo tengo claro el destino que quiero vivir, déjame en paz y preocúpate del tuyo, Eris de verdad está muy enamorada de ti, dices que ilusiono a Miho, tu también lo haces con ella pero la gran diferencia es que yo si haré lo que sea para estar con la mujer que amo, ponte a pensar de verdad hasta dónde quieres llegar con ella, si no le ves un futuro, déjala en paz para que haga su vida con alguien que de verdad se arriesgue por ella-

Hyoga molesto por las palabras de Seiya, lo empujó y se fue sin decir dónde, mientras que el joven jardinero tuvo otro ataque de tos , esta vez fue inevitable vomitar sangre, agotado, apoyó su frente en un poste del alumbrado público para recobrar el aliento, estaba sudando frío, pero sabía que todo era inútil, no quería ver a escondidas más médicos que dijeran que estaba sano, y que en los exámenes apareciera todo bien, sabía que su enfermedad era por culpa de la maldición que su propia diosa arrojó en su contra, ese era su secreto, nadie más debía saberlo en esa ciudad en especial Miho, luego retomó su camino a la ciudad para comprar el Gyaku-choco para su novia, no le daría en el gusto a Saori, prefería morir amando que regresar a ella y pedir clemencia.


Dos días pasaron desde el altercado entre Seiya y Hyoga, el White Day se celebraría al día siguiente. Esta curiosa tradición que se festejaba en Japón se había iniciado en 1965 cuando un vendedor de malvaviscos comenzó a decir que los hombres debían devolver la atención de los chocolates que les obsequiaban las mujeres el catorce de febrero, originalmente el nombre de ese día era Marshmallow Day pero los comerciantes sacaron provecho de ello y se indujo a que los varones regalaran bombones de chocolate blanco, de leche o del normal. Actualmente no sólo se trataba de chocolates, también se regalan joyas o cualquier tipo de detalle fino. Las calles de Tokyo estaban completamente saturadas de gente buscando regalos, algunos llenos de alegría y felices de tener a alguien especial a su lado, otros de mala gana, pero era una falta de respeto no responder al obsequio de una dulce chica, por ello todos se sentían con el deber de llevar algo.

Otro aire era el que se respiraba en el Parque Ueno, cada día que pasaba la primavera estaba más cerca, los rayos del sol daban un agradable calor acompañado de una suave brisa helada que recordaba que el invierno aún estaba presente. La naturaleza parecía estar despertando de un largo sueño, por todos lados se apreciaban pequeños y hermosos detalles para quién tuviera el tiempo y paciencia de verlos, las hojas de los árboles perennes brillaban con intensidad al igual que los brotes de aquellos árboles que quedaban completamente desnudos en la temporada más fría y algunas flores prematuramente abrían sus coloridos pétalos con timidez para despedir al frío y dar la bienvenida al calor.

Hyoga observaba maravillado aquel enorme lugar. La razón de su visita era porque iba a buscar a Seiya para llevarlo al santuario por las buenas o por las malas, Athena deseaba su presencia, y aunque no entendía bien qué había sucedido entre él y Saori, su deber como el Caballero del Cisne era cumplir con las órdenes de su diosa.

- Este lugar es realmente hermoso, hubiera sido divertido venir con Eris, pero ya decidí que terminaría con ella, mi vida y deberes de caballero son más importantes- pensó no muy convencido de su decisión. Lo cierto era que esos días se había dedicado a meditar arduamente en ello, le dio miles de vueltas a la idea de estar junto a Eris, su primera alternativa era que Saori aceptara que la chica viviera con él en Siberia o en el Santuario, pero las palabras de Seiya no dejaban de tener razón, no quería que Eris sufriera por su culpa, otra alternativa que pasó por su mente era visitarla de vez en cuando como Shiryu a Shunrei, para Hyoga no era mala idea, de hecho le agradaba bastante pero de seguro a Eris no, de hecho ella era demasiado posesiva, una tercera alternativa era ser honesto, plantearle su particular situación, que debido a ser un caballero de Athena no podía tener una relación formal como ella lo deseaba y quizás encontrar una solución entre los dos, el problema es que Eris era de ideas fijas y no cedería ni un solo milímetro, por último estaba la última alternativa, terminar con ella y desaparecer de su vida, se marcharía a Grecia a entregar a Seiya y después partiría a Siberia a olvidarla.

- ¡Qué difícil es tener una novia!- dijo llevándose las manos a la cabeza. En ese momento a lo lejos escuchó el ruido de la sirena de una ambulancia que parecía acercarse al parque, de inmediato corrió en dirección hacia un lugar donde había mucha gente curiosa rodeando a alguien, ese alguien era un jardinero que estaba haciendo su trabajo como todos los días, ese alguien disminuía su cosmos poco a poco como la débil llama del fuego cuando se apaga, ese alguien era uno de sus mejores amigos y compañero de muchas batallas- ¡Seiya!

Continuará…

Espero les haya gustado el capitulo, el próximo sí que será el final.

Agradecimientos como siempre a mis lectores silenciosos y a mis queridas amigas Alyshaluz, Fabiola Brambila e InatZiggy Stardust, gracias por sus reviews y por apreciar el Seiya/Miho.

Nos leemos en el próximo capítulo :)