Everything Except Fate

Advertencias: Lenguaje maduro. Slash o relación Hombre/Hombre. Spirk de fondo

Referencias/Extractos:

Whatsername – Green Day

[…]Thought I ran into you down on the street,
Then it turned out to only be a dream,
I made a point to burn all of the photographs,
She went away and then I took a different path,
I remember the face,
But I can't recall the name,
Now I wonder how whatsername has beenSeems that she disappeared without a trace,
Did she every marry old? What's his face? […]

N/A: Está historia participa en el evento:

"San Valentín Spirk 2014"

*Sin embargo la dedicatoria principal es la siguiente:

Para mi Primer Oficial y Comandante Vulcana….Que se enamoró de la relación Kirk/Spock desde la primera vez que supo de su existencia.

N/A: Bien, este es el segundo capítulo pero antes de que comiences a leer quiero que sepas que me disculpo enormemente por la falta de diálogos, no soy buena para ellos y los evito. No es necesario que escuches la canción (si es que no la has oído antes) para que entiendas la historia pero te la recomiendo de cualquier forma. Y al grupo también.


Capítulo 2

Destino

Percibía perfectamente el sonido que producía el agua de la ducha al correr. Esos sonidos que acostumbraba hacer Bones cuando se bañaba, cantaba bajito casi sin dejarse escuchar, pero el leve rumor de las notas le llegaban a Jim a pesar de la considerable distancia entre un cuarto y otro. Después de todo, el medico no cantaba tan mal, incluso se podría decir que hubiera sido un gran cantante si este no fuera mejor en una sala médica. Algo que Jim agradecía infinitamente era el hecho de haber conocido al sureño. Le dolía un poco en el orgullo admitirlo pero Bones le había salvado el trasero a Jim más veces de las que recordaba. Y a pesar de eso, el mismo médico no le pedía nada más al rubio.

Su amigo era una de esas personas con las que podían confiar cuando piensas que ya no se puede confiar en nadie más. Una de esas personas que ya no encuentras fácilmente. De esos que realmente no quieres perder. Su compañero de apartamento había demostrado en todas esas diversas ocasiones en las que lo hubiera salvado de una pelea o de alguna situación incómoda con algún novio enfadado. Si, Bones era un gran amigo.

El último par de semanas no habían sido miel sobre hojuelas, en realidad todo lo contrario. Aun así el médico estaba con él, apoyándolo y siendo un sostén dentro de lo caótica que se estaba convirtiendo su vida. Jim lo negaría si alguien se lo preguntaba directamente, pero él reconocía el esfuerzo de Bones para con él.

McCoy estaba pasando por un divorcio. Algo duro para el médico no por el hecho de perder a la mujer que amó sino por perder a su hija. La cual no tenía idea de porque se separaban sus padres. La pequeña Johanna McCoy incluso a su corta edad (unos tiernos 4 años) demostraba más madurez de la que Kirk mostró en su momento.

Jim la admiraba por ello. Se parecía tanto a su padre en ese sentido que el rubio no pudo evitar quedar encantado en el mismo instante que la conoció. Hace ya casi un año atrás. Su corazón era tan noble como el del médico y rubio odiaba no poder hacer nada por protegerla de la situación que pasaban ambos, tanto padre como hija.

Jim los amaba a los dos.

Le hubiera encantado que alguien se preocupara por él cuando lo trataron mal y lo excluían por tener un padre muerto y una madre la mayor parte del tiempo en el espacio, a la cual solo veía un par de veces al año. Si, podía entender a lo que se sometería la pequeña McCoy…

En ese momento el ruido que hacia Bones (terminada su ducha o eso suponía Jim) en la sala/comedor/cocina lo saco de sus pensamientos. Jim se disponía (muy a su pesar, si se lo preguntaban) a levantarse de la cama (también muy cómoda), mientras agudizo el oído, pretendiendo escuchar mejor lo que hablaba el medico tras la puerta.

-…mientras que él se larga a ese maldito bar-murmuraba un malhumorado hombre en otra habitación sin ser consciente (y si lo fuera, ni le importaría) de que su mejor amigo lo podía oír con claridad al estar despierto ahora.-Ya le dije yo que debería superarlo. Han pasado unas malditas tres semanas y él idiota de Jim ni siquiera recuerda nada. Maldito duende de orejas puntiagudas COMOSELLAME-maldecía Bones procurando ser el único en oírse.

El medico vertía granos de café dentro de la cafetera esperando que esta le preparara su tan ansiada bebida mañanera, la cual podía despertarlo y mantenerlo de pie durante varias horas consecutivas. No reparo en el hecho de que su compañero de apartamento se encontraba en ese momento en la entrada de la cocina. Jim estaba estático al escuchar la última afirmación del mayor.

El rubio miraba la espalda de su amigo. Paralizado. Había llegado en el momento que el sureño llamaba a su vulcano "maldito duende de orejas puntiagudas". Este solo quería una taza de ese inconfundible aroma a café que llegaba hasta su habitación. Así que dejo la cama para acercarse a la cocina, sin embargo, el comentario de su amigo lo sorprendía.

Es cierto que el médico (incluso su hermano Sam, aunque el mayor de los Kirk era un tema aparte) se quejaba de la actitud que estaba tomando Jim.

El rubio se la pasaba de bar en bar divirtiéndose (casi todas las noches acudía a uno o varios bares). Sin embargo el más frecuentado por él era el que lo había llevado a conocer al vulcano del que quedó prendado, Bones lo reprendía muchas veces al día por dejarse llevar solamente con la impresión de un desconocido en él. Jim era consciente de que su amigo únicamente se preocupaba por él, excepto que no era necesario. El sureño ya tenía bastante con sus propios problemas familiares como para cargar con los problemas (si es que así se le podía decir lo que él sintió cuando vio al vulcano) de Kirk.

Jim tenía la necesidad de encontrar a su desconocido vulcano (¡¿Cómo demonios se llama?!), y no descansaría hasta hallarlo. Aunque, si era sincero con él mismo, la búsqueda era cansada. Las últimas semanas se estaban convirtiendo en tediosas para el rubio, no solo por el hecho de buscar al hombre sino también porque su madre al final se había puesto en contacto con él.

Winona Kirk le llamaba cada dos días para saber sobre su salud, si se estaba cuidando, si se había metido en una pelea de bar… Jim maldecía a su hermano por ir a contarle a su madre de su paradero. Él no odiaba a ninguno de los dos pero tampoco le agradaba demasiado la idea de tener a ambos al pendiente de cada paso que daba, sobre todo teniendo en cuenta que no se habían preocupado antes.

-¿Jim?-Bones se giró con una taza de café en la mano y un gesto de desconcierto en el rostro-¿Qué haces ahí parado niño?

-Yo…-comenzó a responder Kirk. Quería decirle que lo había escuchado. Quería que supiera y dejara de preocuparse por él, que mejor se preocupara de sus propios asuntos. Quería gritarle a Bones tantas cosas. Miro los gestos que hacia el médico-Nada-termino de contestar luego de un rato.

El rubio pasó junto a un cauteloso Bones para servirse una taza de café. La sirvió y tomo una manzana roja encaminándose a la sala del departamento. El mayor ignoro al rubio mientras replicaba su desayuno.

El ruido de la televisión lleno la silenciosa sala, ahogando los sonidos externos de una ciudad en pleno despertar. Jim se dedicaba a pasar los canales con un mando a distancia desde su asiento en el sofá, frente al televisor. Era muy temprano y su día libre por lo que no haría nada hasta la noche, momento en el cual se iria a sentar en la barra, platicaría un par de cosas con Larry (el barman) intentando sacarle el nombre del vulcano que tanto esperaba encontrar Jim.

Suspiro con cansancio y pesar. Tal vez Bones estaba en lo correcto al decirle que olvidara al vulcano. Quizá solo era una fantasía más de su mente.

Kirk no creía en el destino, pero ¡maldita sea! Probablemente debería comenzar a creer en ello. Tal parece que mientras más buscaba Jim a ese maldito vulcano sexy, el destino se empeñaba en que no lo encontrara. Demonios, ni un nombre tenía. Jim estaba jodidamente perdido.

Él, realmente quería volver a ver el ligero rubor verde del vulcano y esa profunda mirada por eso iba a los bares. Confiando en toparse otra vez al tipo. Ver nuevamente esas sexys orejas puntiagudas.

Se imaginaba el por qué no recordaba mucho de esa noche. Bones se encargó de confirmárselo la mañana siguiente.

[...]

-¡Te desmayaste porque tu sistema no aguanto todo ese alcohol!-McCoy comenzaba a exaltarse más de lo normal en él.

-Oh vamos Bones, tú sabes perfectamente que eso es mentira…yo puedo…-respondía Jim engreídamente.

-Mira niño-interrumpió el médico más calmado-Si crees que tengo tiempo para discutir contigo estas muy equivocado. A diferencia de ti, yo si tengo trabajo y ya voy retrasado-Bones tomo su maletín, saliendo por la puerta de la entrada con un leve murmullo al deslizarse cerrada esta y dejando a un estupefacto Jim a mitad de la sala.

[...]

Bien, dejaría que el destino decidiera.


En la cocina, Leonard miraba al rubio ver el televisor sin verlo realmente. Parecía que el niño estaba teniendo una especie de epifanía. McCoy se contuvo de acercarse al menor y escanearlo. Él dejaría que Jim arreglara lo que tuviera que arreglar. Ya estaba grande para eso.

Tomo sus cosas y con un "hasta luego" sin ser respondido, dejo el departamento. Sería un día ocupado en el hospital.


-…papá dijo que lo veríamos ahí, tío Jim-Johanna McCoy caminaba de la mano de Jim Kirk parloteando sobre sus muñecas y demás juguetes recién adquiridos. Estos se dirigían al lugar donde ya los esperaba el padre de la niña. Habían quedado de ir a cenar los tres al restaurante cercano al hospital en el que trabajaba el médico. Era la última semana de Jim en Georgia por lo que la ex de Bones había accedido a dejar a la niña con ellos hasta que el rubio se fuera, después de todo, la pequeña le tenía un gran cariño a Kirk como para considerarlo su tío a pesar de no compartir sangre o algún vínculo familiar.

Terminando la semana Jim partiría rumbo a Deneva. Sam se casaba con una hermosa mujer llamada Aurelan y el menor de los Kirk seria el padrino de la boda. No lo negaría, era feliz al saber que su hermano por fin encontró a la persona que lo complementaba.

Observo a la pequeña que caminaba a su lado. Esta se dedicaba a mirar los lugares que pasaban, ya no hablaba de sus muñecas. Solo miraba.

Jim dirigió la vista al mismo punto que la de su sobrina.

Su corazón dio un brinco.

Ahí, al otro lado de la calle dándoles la espalda estaba un vulcano. El rubio podía jurar que era un vulcano, la curva de las orejas lo delataban, aun estando de espaldas. Jim ansiaba cruzar la calle, pero no iba solo. Johanna estaba con él y no sabía que decirle. ¿Qué lo esperara? No, eso era más que estúpido de su parte. Dejar a la niña solo por saciar su curiosidad estaba fuera de sus planes. Podría llevarla con él…Únicamente debían atravesar esa calle.

El desconocido volteo.

Y las esperanzas de Jim se quebraron.

Ese vulcano, no era SU vulcano. Emprendió nuevamente la marcha junto a la pequeña (ni quiera noto que se habían detenido), la cual solo veía al rubio con extrañeza pero increíblemente sin preguntar, mientras el adulto maldecía en su interior al que determino que ese corte de cabello en los vulcanos les quedaba bien. ¡Por Dios! Solo hacía que tuvieran un parecido estético.

Pero Jim reconocería al vulcano del bar. Solo debía esperar un poco más, su instinto le decía que las cosas cambiarían pronto.


N:A: Agradezco el tiempo que se toman en leer y pido disculpas por las faltas de ortografía. Esta por demás decir que esta obra es posible debido a la pagina de Facebook "Kirk/Spock: La teoría de una gran conspiración Slash" deberían confiar en su instinto así como Jim y entrar a la pagina.

P.D: Mujer, no vuelvas a espantarme como en el primer capítulo U.u

Ad astra per aspera