Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa¡¡¡
Yo de nuevo ^^. Después de mucho tiempo u.u, lo siento, problemas con le pc ¬¬, yo siempre he dicho que me odia.
Bueno allí vamos ^^, espero que les guste, y que entiendan ^^, es que esta medio enredado ^^U, espero tener buena redacción para esto. Antes de empezar, quisiera dar agradecimientos a: Mello Alyson RozaKauLiitz .-xD
Todos por dejarme review ^^, y darme motivación para cotinuar =D Grax. Y también a todos lo que siguen el fic, sin dejar review ^^, me alegra saber que lo leen ^^.
2. Capitulo
Infracciones prohibidas y dulces beneficios
Se acercó al mayor, y juntó de nuevo sus labios, sellando así el pacto. Estaba decidido, ese día oficialmente el juego comenzaba.
Muchas veces se había preguntado porque las personas llegaban a vivir de un beso, así fuera el más simple y casto, nunca había entendido a la perfección la magnitud de aquel gesto, pero ahora, lo comprendía completamente, y apoyaba totalmente la respuesta, porque hasta él en ese momento, estaba en el paraíso, comprendiendo que la realidad con su rubio hermano era un infierno.
Un sabor metálico invadió los sentidos de ambos chicos, provocando la división instantánea de aquella caricia pasional.
El pelinegro sintió un ardor endemoniado apoderarse de su labio inferior. Llevó una mano al lugar de dolor, manchándose de la sangre que salía libremente de nuevo por la herida. Abrió los ojos con susto, y de golpe, como si de un recuerdo traumático se tratara, llegó a él, recuerdos de lo que minutos antes se disponía a hacer, y con estos, también la rabia interior que se suponía "olvidada" hacia el rubio enfrente suyo.
Frunció el ceño por un acto de reflejo, y volvió a poner la bolsa de hielo en la herida sangrante de su labio. Maldijo por lo bajo su suerte. En un momento todo había sido perfecto; una hermosa e incomparable fantasía, un juego fascinante, y al otro instante, la jodida realidad golpeaba fuertemente su conciencia.
Vio como su hermano sonreía confiado, y esto hizo que la furia creciera más. ¿Qué creía Tom? ¿Qué todo se olvidaba así de fácil? Pues estaba equivocado.
-Tom, ahora, por lo que más quieras, ¡vete! – Rompió el silencio el menor, girándose para quedar frente al espejo, desde donde podía ver la cara de total confusión de su gemelo.
-Pero... ¿de que diablos hablas? – Preguntó atónito –
-Quiero estar solo Tom, ¿es mucho pedir en esta miserable vida? – Respondió haciendo un poco más de opresión a la bola de hielo contra su labio, provocando un ardor más agudo.
-Pero si acabamos de acordar que... – Intentó replicar, mirando a su gemelo por el reflejo de aquel espejo del frente.
-Que me darías lo que necesito, y yo te daría lo que quieres; un simple juego, pero, en este momento no necesito nada - ¿Pero que diablos pensaba? Acababa de jugar lo más divertido y satisfactorio de su vida, y ahora venía con esas, ni él mismo se entendía.
-¡Maldita sea! ¿Sigues enojado?, ¿es eso? – Interrogó alzando un poco la voz. No le molestaba tanto que Bill estuviera enfadado, pues sabía que tenía razones para estarlo, pero el solo pensar que su hermano aún sintiera ese vacío que sin querer había descubierto con aquel beso, lo hacía sentirse ¿miserable?
Había dado en el punto. Si, aún estaba enojado, dolido, decepcionado. Era cierto que el juego había sido una solución casi perfecta, pero su maldito orgullo, aquel que había sido pisoteado y humillado por aquel matón, hacía que todas las respuestas a sus dudas se fueran a la basura.
-¡CONTESTAME! – Gritó el mayor, ocasionando el aumento de la furia de su gemelo.
-SI, RAYOS, ¡AHORA VETE! – Explotó por fin el pelinegro, volteando y mirando a su hermano con un profundo odio.
Miedo, ese era un sentimiento que muy pocas veces había sentido, pero ahora, al ver esa mirada de rencor que le brindaba su igual, volvía a él con tanta intensidad, que invadió todos y cada uno de sus sentidos.
-Lo siento...- Bajó la voz, mientras se acercaba al pelinegro por atrás, y lo abrazaba- Pero Bill...si tu no necesitas nada ahora, yo si quiero algo...-
El menor se quedo en la misma posición por unos minutos, para luego voltear entre los brazos del mayor, y suavizar la mirada un poco, sin dejar cierta frivolidad que se había apoderado de él.
-¿Qué quieres? – Preguntó sin más, mirando directamente lo avellanas iguales a los suyos.
-Tu perdón – Respondió sonriendo.
-Tommy...- Susurró acercándose peligrosamente al de rastas. Su hermano quería jugar, y eso haría. Sonrió, y al mismo tiempo mordió su labio inferior sutilmente. Sus rostros quedaron frente a frente, provocando una exquisita sensación, que se intensificó al instante que juntaron sus labios con suavidad.
Suspiró en lo labios del menor, mientras este aprovechaba ese descuido, y tomando el control de aquel contacto, invadió la cavidad de su igual con su lengua. Exploró aquel territorio nuevo, provocando mil sensaciones con el piercing que hacia poco se había hecho.
Muchas veces imaginó al pelinegro besándose con alguna chica, y siempre llegaba a la conclusión de fracaso seguro, pero una cosa es sacar hipótesis, y otra comprobar con experiencia propia. Nunca creyó que su "hermanito" llegara a ser tan...experto.
Pasaron varios minutos en aquella caricia, hasta que le menor dio por terminado el contacto. Se alejó unos pasos de su gemelo, y volteó nuevamente hacia el espejo.
-Ahora Tommy... ¡lárgate de aquí! – Añadió con simpleza, logrando que el rubio lo mirara con asombro.
-¿Qué diablos haces? – Preguntó casi en un grito.
-Tú querías jugar Tommy, yo te lo concedí. Solo juego a perdonarte – Finalizó ante la mirada de odio por parte de su igual - ¿Todo esto es nuestro juego no es cierto? -
-Imbécil – Escupió con veneno en su voz al pelinegro que en ese momento, lucía aún aquella expresión frívola.
Se alejó unos pasos del menor y caminó hacia la puerta, reflejando la rabia en cada uno de sus pasos.
Bill era un idiota, lo acababa de comprobar, siempre se aprovechaba de lo que tuviera a disposición, y por desgracia, ese día, él había caído.
Dio una última mirada al pelinegro, y salió dando un sonoro portazo, rompiendo así, el ambiente sereno de aquella noche. Maldijo mil veces a su igual, mientras pateaba la puerta del cuarto de este, sin percatarse de alguien atrás suyo, que lo miraba con reproche.
-Tom Kaulitz Trümper – Llamó la atención del mayor una voz muy conocida, para su desgracia - ¿Se puede saber porque azotas y pateas las puertas así jovencito? -
-¡Mamá! – Se sobresaltó un poco. Su ira había provocado que no la notara – No llegues así, asustas -
-Te pregunté algo Tom – Respondió con el ceño fruncido. Algo que hizo recordarle la expresión de su gemelo, minutos antes.
-No me regañes a mi, todo es culpa de ese imbécil que tengo de gemelo – Se defendió señalando la habitación del menor.
-Eso crees tú Tom. Tienes que aprender que no todo en la vida es según tu propio bienestar – Añadió mirando a su hijo de una forma incomprensible para este. El de rastas hubiera podido jurar, que los ojos de su madre, en ese momento reflejaban incertidumbre, culpabilidad, y ¿comprensión?
-¿Qué quieres decir con eso? – Preguntó confundido ante las palabras de su progenitora.
-Nada en especial Tom – Se apresuró a responder, dejando más confundido al mayor de los gemelos. La mujer volvió a fruncir el ceño – No te permitiré que llames así a tu hermano – Sermoneó Simone – Llego a casa un poco más tarde, y mira con lo que me encuentro: Mi hijo mayor tratando de tumbar las puertas-
-¡Contigo no hay quien hable! – Sentenció más enfadado aún. Con un rápido movimiento, se alejó unos pasos de su madre, y de igual manera abrió la habitación del frente – Buenas noches – Finalizó, cerrando de golpe la puerta.
-¡Tom ábreme ya! – Ordenó vanamente la mujer, tocando varias veces la puerta por donde segundos antes había entrado su hijo. Intentó girar la perilla, pero esta ya tenía seguro – Tom, es en serio – Advirtió con un tonó autoritario en la voz. No se escuchó respuesta alguna. Suspiró frustrada, dirigiéndose a la habitación del menor de sus hijos.
Escuchó como su madre le ordenaba abrirle, pero prefirió ignorarla, era mejor hacer eso en el estado en el que se encontraba, no estaba de ánimo para nada. Luego de unos segundos, notó como los gritos de su progenitora acallaban al tiempo que dejaba de forzar la perilla de la puerta, y como esta misma, llamaba a su hermano en susurros. No le abriría, lo sabía, no como se encontraba.
Sintió un nudo en la garganta al pensar eso último. Con cuidado se tiró en la cama, quitándose toda la ropa de paso, quedando solo en bóxer como acostumbraba dormir. Se quedó en silencio, dejándose cubrir por la oscuridad total, aquella que servía de fiel compañera en su infinita soledad, ¿Qué ironía no? Suspiró cansado al notar como los llamados de su madre cesaban. Lo sabía, nunca le abriría, no a ella, porque él único con derecho a cuidarlo era él. Solo él mismo era el único que podía jugar con el pelinegro.
Se quedó mirando un punto fijo en el amplio techo de la habitación. No distinguía nada, pero eso no era necesario en ese momento, porque todo lo que hacía, era reflexionar, al inusual en él, pero que esa noche, era necesario, porque desde ese día su vida cambiaría; ahora, lo emocionante empezaría.
Bufó frustrado ante tales pensamientos. ¿Cómo iba a sobrellevar todo, si su hermano ni soportaba su presencia?, ¿Cómo jugar con aquel compañero que te detesta? Todo era algo irracional, y por más que intentara formular salidas, todo llevaba a la misma solución: disculpas sinceras. De todas formas él había tenido parte de la culpa. No había querido ayudarlo por estarse divirtiendo, siendo capaz, de abandonarlo a su suerte, y decepcionarlo fríamente como si no le importase en lo más mínimo el menor. Él había sido un miserable canalla, al haber permitido que lastimasen a su gemelo a tal grado.
-"Ya está decidido" – Pensó, dando por terminado aquellos reproches internos, que lo único que lograban era mortificar más su existencia.
Había tomado una decisión, lograría el perdón "real" de su igual, porque ahora tenía motivos para seguir su camino. La conexión que ya se había deteriorado, volvía a funcionar, gracias a los nuevos lazos; gracias al nuevo juego.
Cerró los ojos con pesadez, dejándose vencer por los hechizos de Morfeo, al mismo tiempo que su gemelo, en la otra habitación lo imitaba. Solo quedó el silencio divino, acompañado de la oscura capa nocturna.
El manto de la noche que albergaba aquella paz inexplicable y celestial, fue sustituido lentamente por unos tenues rayos de luz, que se colaron por la habitación del mayor de los Kaulitz, provocando así, que un rubio muchacho fuera abandonando el sueño en el que se encontraba, y empezara a abrir los ojos con desgano.
Se frotó los parpados con pesadez, al tiempo que miraba el reloj encima de la mesa de noche con desinterés.
-Apenas con las siete – Susurró volteando su cabeza hacia la ventana que daba paso a los finos rayos dorados. Se quedó en silencio unos segundos en la misma posición, disfrutando de la escena, hasta que de golpe, se dio cuenta de su error - ¡YA SON LAS SIETE RAYOS! – Gritó levantándose de la cama de un salto, y metiéndose al baño.
Minutos después, salió colgándose la mochila en la espalda, mientras llamaba a la puerta de su hermano. Luego de ser ignorado olímpicamente, bajó las escaleras, y entró a la cocina velozmente, topándose con su madre de paso.
-Buenos días mamá – Saludó con algo de arrepentimiento por la pelea de la noche anterior. Simone notó esto, y sonrió, dando a entender que ya todo era pasado.
-Buenos días cariño – Respondió al saludo, pasándole una taza con café a su hijo. El rubio la recibió y de un sorbo acabó su contenido – Vas tarde -
-No dormí bien – Se defendió al instante. Era la verdad, toda la noche había soñado con su hermano siendo golpeado insistentemente, mientras él no hacía nada. Se sentía horrible verlo con sus propios ojos; notar las miradas de súplica del menor, y la indiferencia ante estas, de él mismo- ¿Y Gordon?, ¿Por qué no ha bajado a desayunar? – Cambió de tema, al notar como un sentimiento melancólico volvía a él.
-Se fue temprano. Ya sabes cosas de la banda – Respondió tranquila.
Un silencio invadió la cocina, desesperando al de rastas al máximo. ¿Su hermano no pensaba salir o que?
-Espero que Bill no demore – Susurró más para si, lo necesitaba, pero siendo escuchado por la mujer.
-Sobre eso Tom, Bill ya se fue – Añadió mirando preocupada a su hijo, era raro que no se fueran juntos, pero creyó que habían quedado de acuerdo. Ahora se enteraba que su hijo mayor, ni idea tenía – Dijo que tenía cosas importantes que hacer, y que por eso iba más temprano – Volteó hacía el fregadero – Llevaba puesta una gorra, ¿algo raro no?, quizá ya este cambiando de nuevo de estilo, ¿no crees Tom?... ¿Tom? –
Giró en sus talones al no escuchar respuesta por parte del rubio, y se sorprendió al ver como este salía de la cocina rápidamente.
-¡TOM NO OLVIDES QUE HOY VOY A HABLAR CON EL DIRECTOR DEL COLEGIO! – Gritó para que su hijo la escuchara, al tiempo que un portazo retumbaba por toda la casa.
Corrió tan rápido como pudo por la calle. ¿Qué diablos pensaba Bill? Irse sin él era algo inconcebible, llegar juntos a la parada del autobús, era como una costumbre más de ambos, lo último que les quedaba de la conexión. Definitivamente, Bill estaba muy enfadado con él.
Siguió su camino con rapidez por varios minutos, hasta que distinguió a lo lejos la parada. Frenó un poco su andar, y siguió el trayecto caminando. Buscó con la mirada al menor por todo el lugar, suspirando cansado al no verlo. Iba a resignarse, cuando de pronto, pudo a ver a su hermano en la lejanía, cerca de unos árboles. Sonrió por inercia, y a paso seguro empezó a acercarse al pelinegro, hasta que notó, que su hermano no estaba solo.
Con sigilo cambió de rumbo antes de ser descubierto, y se escondió detrás de uno de los árboles cercanos, pudiendo reconocer al instante, a una chica rubia, oji verde, al lado de su igual. Cierta curiosidad lo invadió, por saber que decían. Puso mucha atención tratando de entender algo.
-Lo siento de nuevo – Al fin pudo escuchar lo que la rubia decía. Vio como la joven le quitaba la gorra a su hermano, dejando a relucir unos golpes perfectamente disimulados por maquillaje. De nuevo, ese sentimiento de culpa volvió a él, pero esta vez con algo de dolor – Todo es culpa mía – Añadió la oji verde bajando la mirada.
-"Y mía" – Pensó el de rastas, mirando la escena con algo de tristeza.
-No te disculpes, en serio ya no es necesario – Esta vez escuchó a su hermano responderle. Frunció un poco el ceño, esperaba que acabaran rápido de hablar, necesitaba disculparse él.
-No puedo evitarlo, te hicieron daño – Replicó la joven con notable preocupación, acercando su mano a la mejilla aporreada del menor, pero arrepintiéndose y bajándola al instante.
-Tranquila, además, él también sufrió – Sonrió abiertamente, provocando el sonrojo de la rubia. El mayor fruncía cada vez más el ceño.
-Escuche que no volverá en unos días por el golpe que recibió en la cabeza. Se merecía eso por andar dándote problemas – Respondió más animada la joven.
¿De quien hablaban en ese momento?, ¿de Anton, el matón, el busca pleitos? Ahogó un gemido de asombro ante lo descubierto. Así que a lo último ese idiota había recibido lo que merecía.
Sonrió orgulloso ante esto, mientras volvía su atención a los chicos en frente suyo, notando que ambos habían caído en un silencio total.
Luego de algunos minutos en la misma posición, suspiró cansado. Con sigilo empezó salir de su escondite. Iba dispuesto a interrumpir, y a hablar con su gemelo, pero en ese preciso instante, escuchó como hablaban nuevamente.
-Bill... ¿sabes porque te confesé todo ahora, no? – Preguntó la rubia, ante el desconcierto del mayor, quien ya hacía de vuelta en su antiguo escondite.
-Si...- Respondió el menor bajando la mirada – y lo entiendo -
-Entonces...quisiera que me hicieras un favor...-
-¿Qué? – Interrogó dudoso el pelinegro. Tom solo estaba expectante a las palabras de la joven, pero algo dentro de él le decía que no vendría nada bueno.
-Quisiera...quisiera...- La rubia se veía dubitativa ante lo que diría. Luego de unos segundos, vio como tomaba aire, y suspiraba, hallando fuerzas – Quisiera que me besaras -
Se quedó quieto por unos minutos procesando las palabras de la rubia. Era algo normal, lo sabía, siempre y cuando se supiera manejar como habían acordado. Miró a su gemelo, y notó un cierto tono carmesí en las mejillas. Sonrió confiado al ver el estado de su hermano.
-"No lo hará, aún es un niñato" –Pensó al momento que ensanchaba la sonrisa, sin embargo, una vez le habían dicho que tentar al futuro era algo que no debía hacer, y en ese preciso instante, había descubierto porque. Aquel gesto de confianza, ahora moría en sus labios al ver como su hermano sonreía, y sujetaba las mejillas de la chica.
-Solo por hoy... juguemos a querernos – Añadió sin más el pelinegro, juntando los labios con los de la oji verde.
Muchas veces había sentido dolor; cuando se golpeaba o cuando se lastimaba algún lugar de su cuerpo, pero definitivamente, aquel que provenía de una opresión del corazón, no era comparable con ninguno de los anteriores. Sintió como el mundo se le venía a los pies. Su hermano, su compañero de diversión, acababa de romper la primera regla de SU juego. Ahora, toda la culpa, y arrepentimiento que invadía su ser, se convirtió completamente en ira; en furia verdadera.
Con rapidez salió de su refugio, caminando hacía el autobús que en ese momento, acababa de llegar.
Sin mirar, ni saludar a nadie, se sentó en el último puesto. Minutos después, vio como su gemelo se subía también al bus. De nuevo levaba la gorra. Se extrañó un poco al no ver a la joven rubia subir con su hermano, pero le resto importancia, ¿Qué diablos importaba ella ahora?
-Hola – Escuchó como Bill llegaba donde él, y se sentaba a su lado. ¿Quién rayos lo entendía? Primero estaba enfadado con él, luego feliz por saber lo del juego, para al otro instante sacarlo literalmente de su habitación, y finalmente estaba allí hablándole como si nada de lo anterior hubiera ocurrido.
-¡Vete idiota! - Respondió el rubio de mala gana al momento que el bus arrancaba.
-¿Qué te pasa? – Preguntó confundido. Luego de unos minutos de silencio por parte de ambos, una idea cruzó su mente – Oh, es por lo de anoche ¿verdad? –
-Solo déjame en paz ¿quieres? – No estaba enojado por eso, ni siquiera le pasaba por la cabeza enfadarse por aquello. Lo que lo ponía iracundo era lo que acababa de ver, no el beso, porque eso era comprensible, sino lo que él le había dicho a la chica.
-Lo siento Tom, pero estaba muy enojado, no medí palabras...-
-Solo cállate – Añadió mirando por la ventana del lado opuesto de Bill.
Se quedaron en silencio el resto del camino a su colegio, hasta que sintieron como el bus frenaba.
-Tom, yo...- Intentó entablar una conversación el menor.
-Vete a la mierda maldito traidor – Interrumpió cortante, bajándose del bus, dejando a su gemelo atónito y dolido.
¿Qué como se sentía? Fácil, se sentía horrible, traicionado y furioso. Toda la mañana había estado de un genio de los mil demonios. Milagrosamente había escuchado una que otra clase. Ni siquiera le había puesto mínimo cuidado a Kat, la pelirroja del día anterior. Todo lo que pasaba por su mente eran las palabras de su gemelo.
Bufó con molestia, al tiempo que la campana sonaba, avisando la hora del almuerzo. Con lentitud se paró del puesto, y de igual manera salió del salón, mientras caminaba como zombie por los pasillos. Suspiró cansado, dirigiéndose hacia el baño. Al llegar a el, se cercioró que estuviera vacío, y se encerró en este. Paró al frente del espejo, mirando su reflejo, y frunciendo el ceño al instante.
-Eres un traidor ¿lo sabías? – Susurró en la soledad al su reflejo.
-¿Quién?, ¿yo? – Escuchó como hablaban detrás de uno de los cubículos atrás suyo. Se giró sorprendido, y vio a su hermano saliendo de uno de estos.
-¿Podrías tener la decencia de dejarme en paz?, ¿Cómo quieres que te lo diga?, ¿acaso el alemán es tan difícil? – Interrogó con ironía mientras posaba de nuevo su mirada en su reflejo.
-Tom, si estas así por lo de anoche, ya te pedí disculpas, ¿Qué más quieres? – Respondió frunciendo el ceño, imitando a su gemelo.
-¿Eres idiota o te haces? – Habló con ofensa a su igual. El solo recordar que él pensaba pedirle disculpas por lo pasado la noche anterior, mientras Bill rompía una de las reglas, lo hacía sentirse estúpido
-Me hago el idiota, ¡imbécil! – Respondió con furia, apretando los puños con fuerza.
-Oh, vamos, golpéame, eso es lo que quieres – Incitó el rubio a su gemelo, frunciendo más el ceño.
Bufó exasperado ante estas palabras. Suavizó su semblante, y abrió los puños, agarrando su propia camisa con fuerza.
-No te detengas solo por ser mi hermano, cobarde, quítate esa gorra y mírame. Hazme lo mismo que a Anton – Empezó a acercarse al menor, al notar la reacción anterior de este. El pelinegro ante esto, retrocedió unos pasos.
-¿Cómo te enteraste? – Preguntó dudoso, mientras se reñía interiormente. Había sido una pregunta estúpida, era obvio que se enteraría allí mismo.
-Se lo que piensas Bill, y tranquilo, nadie me contó, bueno, nadie externo a nuestro juego – Respondió acercándose más al menor, y acorralándolo entre su cuerpo y un cubículo cerrado.
-¿De que hablas? No entiendo – Refutó confundido ante la actitud del mayor. Esa bipolaridad por parte de Tom era nueva.
-¿Quieres saber como me enteré? – Recibió como respuesta un asentimiento tímido con la cabeza – Lo hice de la misma forma que me di cuenta que cometiste una infracción prohibida Billy...-
-¿Qué...?-
-Te vi Bill, los vi, y también te escuche – Advirtió al menor.
Un gemido ahogado salió de la garganta del pelinegro. No estaba en sus planes aquello. Su hermano lo había visto todo. Se maldijo interiormente al notar la rabia y el odio en la mirada de su igual.
-Tommy, ella me lo pidió porque...-
-¡Ya se que ella te lo pidió! Yo lo vi TODO – Estalló sin contenerse. Estaba dolido, si, esa era la palabra. Se sentía acuchillado por la espalda – Pero tú idiota, tú la invitaste a NUESTRO juego –
-¡Déjame explicarte! – Trató de razonar el menor. Su gemelo reflejaba un sentimiento muy raro en la mirada, uno que a cada segundo le daba más miedo.
-¡No! – Se acercó a tal punto de chocar sus alientos – Solo necesito probar algo – Añadió agarrando la cara de su igual con algo de brusquedad.
-Puede venir alguien – Susurró con su rostro entre las manos de su gemelo.
-No importa – Respondió mirándolo con furia.
Cerró los ojos con fuerza esperando el golpe del rubio, uno que nunca recibió, al contrario, abrió mucho los ojos, al sentir como unos labios se posaban en los suyos con rudeza. Sintió como le quitaban la gorra, y como el mayor empezaba a jugar con su lengua, tomando el control de la situación.
El de rastas cogió al menor por el cuello profundizando más el beso, mientras degustaba a su hermano. Con la lengua empezó a jugar con el piercing de su gemelo.
Fue una caricia extremadamente placentera, pero que terminó con la campana del final del almuerzo, provocando que el mayor moridera con firmeza el labio de su igual.
Bill quedó unos segundos con la mirada perdida en el espejo del baño, mientras trataba de recuperarse de la falta de aire. Luego de lograrlo, miró a su hermano, quien se encontraba en la misma condición, pero con una sonrisa plena.
-¿Qué deseabas probar? – Se atrevió a preguntar el menor.
-¿Con quien te divertiste más Billy? – Su contestación fue otra duda más para el pelinegro, que aunque sabía perfectamente la respuesta, se negaba a darla.
-Tom...-
-Hablamos en casa Bill – Interrumpió a su gemelo antes que este pudiera decir algo – He tomado una decisión –
Sin mirar atrás, salió por la puerta del baño, dejando al pelinegro con las palabras en la boca, y la duda en su cabeza.
Las últimas horas pasaron lentamente, o quizá así lo sintió el menor de los Kaulitz, que se había pasado lo último de la jornada con la mirada perdida en el reloj.
Había estropeado todo solo por jugar con dos a la vez, por meter a la joven rubia en su juego. Lo habían dejado claro, podía besar, coquetear, hasta ilusionar a terceros si se quería, pero nunca involucrarlo en su lazo, porque eso era algo especial entre ambos, era su entretenimiento.
El timbre de la salida sonó, sacando al joven de sus pensamientos. A diferencia del día anterior, esta vez, tomó su mochila con total rapidez, al tiempo que salía corriendo del salón.
Buscó por todos lados al mayor, sin éxito, no se encontraba en ningún lugar. Luego de varios minutos, suspiró frustrado, dándose por vencido, y regulando el paso, se dirigió a la salida del colegio. Con cansancio caminó por algunos minutos, pensando en lo ocurrido, hasta que vio a su rubio amigo correr hacia él. Maldijo por lo bajo. No es que lo molestara la presencia de Andreas, solo que no estaba para hablar con nadie ahora.
-¡Hey Bill! – Llamó el joven llegando donde este –
-¿Qué tal Andreas? – Preguntó con desinterés, lo único que necesitaba era irse rápido de allí.
-Bien amigo. Y tú... ¿Cómo seguiste? – Interrogó sonriendo. Desde allí podía notar como el pelinegro traía maquillaje que disimulaba los golpes, los grandes golpes.
-Bien supongo – Respondió con resignación.
-¿Ibas a hacer algo? –
-¿Por qué lo dices? - ¿Tan obvio era? Genial, era lo único que le faltaba, ser un libro abierto con sus amigos.
-No se, te noto raro – Respondió con preocupación el rubio.
-No pasa nada Andreas, solo discutí con Tom – Era parte de la verdad. Por su culpa él estaba enfadado, y le daba la razón.
-Yo creo que es mejor que me vaya, necesitaras hablar con Tom – Comenzó a decir el joven.
-"Ni te lo imaginas"- Pensó con amargura, mientras se despedía con la mano.
-Ah, por cierto Bill, sobre Tom, te mandó a decir que te necesitaba en casa temprano. Se me había olvidado decírtelo – Añadió volteando hacia su amigo, al momento que este pasaba por un lado corriendo.
-¡Maldición es tarde! – Se riñó internamente, y por allí derecho a su amigo – ADIOS ANDREAS –
El rubio se quedó en el mismo lugar, observando como el pelinegro se alejaba velozmente. Cuando ya no lo divisó, suspiró resignado. Nunca cambiarían.
Corrió y corrió lo más que pudo, ocasionando que la gorra que llevaba puesta, cayera al suelo, sin que el menor se inmutara en recogerla. Tenía cosas mucho más importantes que hacer que estar preocupándose por una estúpida gorra, por esa estúpida máscara que muchas veces cubría su dolor.
Divisó su casa a lo lejos, y aligeró su paso llegando en poco tiempo a esta. Como si alguien lo estuviera persiguiendo, entró en su hogar de golpe, cerrando la puerta de un portazo, y dirigiéndose a su habitación al instante. Puso las manos en sus rodillas, mientras descargaba su mochila, tratando de retomar el aire. Con esfuerzo se incorporó, divagando con su mirada por toda la habitación en penumbras, sabía que no estaba solo, y la figura que se divisaba sobre su cama confirmaba sus sospechas.
Dudoso encendió la luz, encontrándose con la mirada penetrante del mayor, clavados en sus avellanas.
-Al fin te dignaste a venir – Dijo el de rastas fríamente, ocasionando el escalofrío de su gemelo.
-Lo siento. Te busque por todo el colegio, Andreas olvidó decírmelo – Se defendió casi en un susurro bajando la mirada.
-Ya no importa. Ahora solo mírame – Respondió frunciendo el ceño. No tendría porque regañar a su hermano por una idiotez de tal grado, sabía que Andreas lo olvidaría, solo quería que Bill se retrasara, para meditar bien las cosas. Si bien era cierto que la decisión la había tomado desde su encuentro en el baño, saber si aquella decisión era la correcta, también era importante.
-Tom, en serio déjame explicarte – Lo miró con arrepentimiento reflejado.
-No necesito ninguna excusa Bill, ahora solo debemos saber que pasará con el juego – Respondió firmemente.
-¿Cómo así?, ¿Qué es eso de "que pasará con el juego"? – Interrogó confundido y asustado. No le había gustado el tono con el que lo había mencionado. No creía que Tom fuera capaz o ¿si?
-Como lo escuchaste. He tomado una decisión sobre NUESTRO juego – Respondió con seriedad. Se acercó al menor con lentitud - ¿Qué piensas al respecto? –
-Que te estas tomando todo muy a pecho. ¡SOLO FUE UN MALDITO BESO! –
-AMBOS SABEMOS PERFECTAMENTE QUE NO FUE POR EL BESO, IDIOTA – Gritó enfadado. Sintió como un aire de tristeza se posaba en la parte del corazón que aún ya no estaba invadida por este sentimiento, y como ahora era su alma la que dolía. Sus ojos se cristalizaron, mientras apretaba sus labios con fuerza – Le dijiste que jugaran a quererse...-
-Tommy, por un día, solo un jodido día – Respondió sin notar el estado de su gemelo, sin sentir el gran peso que ya cargaba.
Ambos se quedaron mirando mutuamente, tratando de leer la mente de su igual, hasta que el menor notó como algo brilloso bajaba por la mejilla derecha de su gemelo.
-Tommy... no... no lo hagas por mi...- Intentó acercar su mano a la mejilla que ya tenía un rastro mojado de aquella intrusa, pero el mayor lo detuvo.
-Lo mejor sería... terminar con esto, no jugar más – Añadió de repente, provocando que Bill abriera los ojos, atónito.
-¡NO!, no lo termines – Replicó al instante, sintiendo como entraba en la exasperación –
-Seria lo más recomendable...-
-DIABLOS TOM, SOLO LE DIJE ESO PORQUE SE IBA HOY DE LA CIUDAD. JODER, NUNCA LA VOLVERÉ A VER – Gritó nervioso. Había entrado en un estado de desesperación. Y ver la segunda lágrima de Tom bajar no le ayudaba, no le gustaba que él hiciera eso, porque tal cosa significaba, que lo que pasaba era algo serio.
-No llores por mí, por favor – Susurró a su hermano, mientras este secaba su propio dolor.
-Lo hago porque siento tu dolor ¿no lo recuerdas? El que quiere llorar eres tú, y él que lo demuestra ahora soy yo – Respondió bajando un poco la mirada, hacía el pecho – Te duele allí ¿no es verdad? – Preguntó señalando donde se encontraba el corazón del menor.
-Si, y dolerá más, cuando digas que este juego se acabó – Respondió apretando la camisa en el lugar donde dolía.
-No he terminado de hablar Bill – Dijo volviendo mirar al menor a los ojos – dije que sería lo más recomendable, pero sabes que soy cabezota la igual que tú, y que lo más recomendable no va conmigo, y menos contigo... –
El menor miró con sorpresa al mayor, expectante de lo que vendría. Solo esperaba que no doliera tanto.
-Así que he decidido, seguir jugando – Respondió, notando la sonrisa que surcaba ahora el rostro del menor. Vio como este se acercaba para abrazarlo, pero lo detuvo al instante.
-¿Qué pasa? –
-No lo terminaré Bill, pero...hay cambio de la primera regla – Avisó suavizando la mirada – Si quieres jugar con otras personas Bill, podrás hacerlo, pero no la meterás entre nosotros, y me tendrás que avisar quien es, al igual que yo lo haré contigo, porque somos los líderes de este juego, y entre los líderes no hay ningún novato en medio, y así mismo, tendremos derecho a decidir, quien sale, y quien entra a esto.
Asintió con la cabeza conforme, no le agradaba del todo la idea, pero su juego estaba en riesgo, así que era mejor aceptar los cambios que él mismo había provocado.
-Y escúchame bien Bill, con una infracción más, una sola más, el juego se acabará, porque solo hay dos oportunidades en cada uno – Advirtió al momento que dejaba a relucir una sonrisa.
El pelinegro se tiró a los brazos del mayor, y abrazó a este con efusividad, sonriendo de igual manera, al momento que Tom correspondía el abrazo.
-Te quiero Tommy...- Añadió contra este mismo.
-Billy... la segunda regla – Respondió tratando de separarse del pelinegro, pero este lo evitó aferrándose más a él.
-Tommy, te quiero hermano – Acentuó la última palabra separándose un poco del rubio, para mirarlo a los ojos.
-"Solo por ahora Bill, se fuerte hermano, no rompas la segunda regla" – Pensó con preocupación ante las palabras de su gemelo. Sonrió abiertamente, como muy pocas veces lo hacía, haciendo sentir al menor orgulloso de sí mismo, porque él era el único que había visto ese gesto verdadero de Tom.
Cogió el rostro de su igual, y acarició las mejillas de este. Con suavidad se acercó al joven, y posó sus labios encima de los suyos. A diferencia que el de esa mañana, este contacto había tenido algo especial, algo que en ese momento apenas surgía en uno de los gemelos.
Nunca se cansaría de aquel juego, porque besar al pelinegro, a su hermano, a su igual, era uno de los más dulces beneficios de este.
Holaaaaaaaaaaaaaaaaa¡¡¡ Bueno espero no aburrirlos xD, pero comprendan, estos capitulos son necesarios, así empieza el juego. Próximo capitulo: Los gemelos con 15 años, ¿el juego aún sigue siendo tan inocente? Antes de terminar quisiera preguntar ¿les gusta el lemon?, ¿quieres lemon? o ¿alguna cosa en especial?, claro que no sea violación, tortura o sadomasoquismo xD. Si quieren algo en especial, me dicen, a ver si puedo incluirlo allí ^^.
