REAPARICIÓN

II: PRÓLOGO 2

A bordo de The Revenge

Dohko despertó un par de horas más tarde con un dolor de cabeza de los mil demonios. No recordaba exactamente que había pasado o donde estaba, pero el golpe aún le dolía. Una cálida y húmeda brisa entraba por una ventana. Eso, y un suave bamboleo hizo que el chico recordara lo que había pasado. Después de un par de minutos no tuvo ninguna dificultad para recordar lo que había pasado. Intentó levantarse, pero que sus muñecas estaban encadenadas juntas. El santo gruñó, e intentó encender su cosmo para romperlas. No pudo.

"¿Que rayos…?", gruñó de nuevo el santo dorado

-Ahoy, matey!- dijo alegremente la voz de la chica que lo había golpeado. Dohko levantó la vista, entrecerrando los ojos, y rápidamente miró a su alrededor.

Estaba aún en ese maldito barco, en una pequeña celda, probablemente debajo de la cubierta. Observó que las cadenas alrededor de sus brazos estaban unidas entre ellas, y también había un par alrededor de sus pies. El santo se incorporó con dificultad, y miró a la chica, siseando de enojo.

Tora Davis estaba fuera de su celda, sentada sobre un barril que decía "Rum" marcando con pintura roja. Esta vez, además de su atuendo habitual, traía puesto un sombrero negro con plumas rojas. La chica estaba mirándolo fijamente, con una sonrisa traviesa y con las piernas cruzadas. En su mano derecha tenía una botella medio vacía, y en la izquierda una pistola que se veía demasiado grande en una mano tan pequeña.

-¿Que tal la cabeza, love?- dijo la chica, empujando su sombrero con la punta de la pistola para descubrirse los ojos.

-Me engañaste- dijo Dohko en un tono que sonó hasta cierto punto herido.

La chica se encogió de hombros, sin ninguna vergüenza, muy por el contrario, parecía estarse divirtiendo mucho por lo que estaba haciendo.

-Pirata- dijo ella simplemente, y por un momento dejó de sonreír- en serio, ¿cómo está la cabeza? Creo que se me pasó la mano un poco-

Dohko se llevo ambas manos, que estaban encadenadas, a la frente. Sí, le dolía un poco, y le iba a dejar un chichón, pero no estaba sangrando. Seguramente tendría esa parte de su piel enrojecida e hinchada. Volvió a hacer un esfuerzo para encender su cosmo o romper las cadenas, pero fue en vano. Y Tora se echó a reír al ver sus esfuerzos.

-No te esfuerces tanto, landlubber- dijo la chica, señalando las cadenas- esos grilletes son a prueba de… personas como yo-

Dohko dejó de forcejear con las cadenas, pero pronto se dio cuenta de algo que extraño. ¿Porqué Tora, si era la capitana del barco, llevaba unos grilletes que podían contenerla, si ella era la única que tenía cosmo? ¿Acaso había alguien más en la tripulación? No, él mismo se había asegurado de ello. ¿Entonces porqué tenían esos artefactos?

Tora lo miró con curiosidad, como si quisiera leer su mente. De un brinco bajó del barril y pasó su mano entre los barrotes, ofreciéndole la botella de ron que llevaba en la mano. Dohko la miró por unos segundos, pero empujó su mano con todo y botella hacia afuera de la celda.

-Vamos, love, te ayudará con el dolor- dijo la chica, volviendo a ofrecerle la botella.

-No gracias, no bebo alcohol- dijo el santo dorado.

Tora se echó a reír.

-Oh, sí, he escuchado esa de los japoneses- dijo la chica, riendo y dando un largo trago a su botella- cuentan que los orientales no toleran el alcohol-

-No soy japonés- dijo Dohko en un tono seco.

La chica le dio la espalda y caminó de regreso al barril, pero no se sentó en él, sino que apoyo su cadera y dejó su botella sobre la tapa. Parecía buscar algo junto al barril, y tomar algunas cosas. Finalmente se volvió de nuevo hacia Dohko. Llevaba en sus manos un plato con un generoso trozo de pan, queso y un recipiente con agua fresca. Se acercó de nuevo y se los ofreció.

Dohko la miró, dudoso.

-¿Qué significa esto?- dijo el santo dorado.

-Es comida- dijo Tora, sin dejar de sonreír traviesamente. Dohko notó algo extraño: sus ojos eran muy oscuros, negros seguramente- la metes en tu boca, la masticas y la tragas, ¿ves?-

-Lo sé- dijo Dohko, poniendo los ojos en blanco por un segundo, pero después sacudió la cabeza- ¿porqué me alimentas? Se supone que soy tu enemigo, ¿no?-

Tora sacudió la cabeza de un lado a otro e iba a decir algo, pero pronto el chiquillo que había visto la noche anterior en el camarote del capitán llegó.

-Captain Davis- dijo el chico.

-Ah, bien, gracias, Arthur- dijo Tora, entregando la pistola al chico y tomando de nuevo la botella de ron, para darse la vuelta y dirigirse hacia las escaleras que conducían a la cubierta del barco.

-¿Vas a darle un arma a ese mocoso?- dijo Dohko, mirando sospechosamente a la chica. El chico llamado Arthur accionó el arma, disparando al escasos centímetros del costado del santo dorado.

-Cuida tus palabras, ye scurvy dog- dijo Arthur de manera amenazante, sentándose en el barril donde antes estaba Tora y disponiéndose a recargar el arma.

-Ten cuidado, no lo hagas enojar- dijo Tora, antes de quitarse el sombrero y hacer una inclinación burlona, y salir hacia la cubierta. Dohko miró a la chica hasta que desapareció, y después dirigió la mirada al chico, suspirando resignado. Sería mejor que comiera algo y recuperara sus fuerzas. Quizá así se sentiría mejor para idear una salida de ese lugar.

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Santuario de Athena, Atenas, Grecia

Shion se dejó caer, aburrido, en los escalones en la entrada del templo de Aries. Y con justa razón. Dohko estaba fuera, en un viaje en Rozan, y Albafica había salido de nuevo hacia el pueblo de Rodorio, y por alguna extraña razón había insistido en que quería ir solo. ¿Qué tenía ese pueblucho? No lo sabía, ni entendía muy porqué al santo de Piscis le gustaba tanto pasar el tiempo ahí. Suspiró y se detuvo la cabeza con una mano.

¡Ah, que aburrimiento! Ojalá Dohko regresara pronto de su misión.

El santo de Aries sonrió levemente. Seguramente estaría feliz de la vida, ahora que el Patriarca Sage le había dado una misión tan cerca de su natal China. Seguramente querría disfrutar todo lo posible su estancia en su antiguo hogar.

Shion respiró hondo, y fue cuando notó algo extraño. O mejor dicho, no notó algo. Desde la noche anterior que no sentía el cosmo de su compañero. Entrecerró los ojos. Que extraño…

-Así que tú también te diste cuenta, Shion- dijo el Patriarca Sage, quien iba bajando las escaleras de los Doce Templos, rumbo al Coliseo.

-¡Maestro Sage!- dijo el santo de Aries, poniéndose de pie de golpe y ruborizándose levemente al verse atrapado por el Patriarca estando ocioso en los escalones del primer templo.

-No hay tiempo que perder, Shion- dijo el Patriarca, sonriendo benévolamente- yo también me di cuenta de que el cosmo de Dohko desapareció anoche desde la costa cercana a Rozan. Por favor, ve y averigua que fue lo que le pasó-

El santo de Aries asintió, y se inclinó.

-Iré de inmediato- dijo Shion- con permiso, maestro-

Y al terminar de hablar, se teletransportó hacia Rozan.

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A bordo de The Revenge

Horas más tarde

Al terminar de comer lo que Tora le había dado, Dohko cerró los ojos e intentó tranquilizarse para pensar con mayor claridad. Tora se veía con bastante disposición para conversar, y quizá si regresaba podía hacerla hablar o cometer algún error.

El santo dorado levantó la vista y suspiró. Ahora, lo único que podía hacer era probar suerte con el chiquillo llamado Arthur. Parecía más un niño que otra cosa, un niño rubio con enormes ojos y cejas muy pobladas.

-¿Y tú que edad tienes, mocoso? ¿Nueve?- dijo Dohko, sonriendo levemente.

Arthur le lanzó una mirada asesina.

-Trece- dijo el adolescente.

Dohko fingió sorpresa.

-¿En serio? Parece muy difícil de creer que un mocoso como tú sirva de algo en un barco pirata- dijo Dohko.

-Ya te dije que cuidaras tus palabras, prisionero- dijo Arthur en tono de advertencia- ye may be worth a penny, but we can make you walk the plank-

Dohko sonrió.

-Oh, ¿en serio?- dijo el santo dorado- ¿y quién querría pagar por alguien como yo?-

-No lo sé, no eres nada especial- dijo Arthur- Tora tampoco creía que fueras tan valioso, pero el Sōsarā le dijo que podría encontrar algún uso para ti-

Dohko entrecerró los ojos.

-¿El hechicero le dijo?- repitió Dohko, y Arthur asintió- ¿fue él quien les dio estos grilletes?-

Y sorprendentemente para Dohko, el chico asintió de nuevo. El santo dorado se quedó pensativo. Quizá no era tan mala su situación: podría averiguar quien era ese misterioso hombre y para quien trabajaba, porque claramente los piratas, incluso Tora, eran solo peones de alguien más.

Miró al chico, quien seguía limpiando sus pistolas, y pensó que podría sacar algo más de información.

-¿Y tú eres el hermanito de To… de la capitana?- dijo Dohko.

El chico levantó la mirada, dejando la limpieza de sus armas, y observó a Dohko.

-No, por supuesto que no- dijo Arthur, riendo levemente- Tora Davis no tiene familia. Su madre era la legendaria pirata Mary Read, la compañera de Anne Bonny-

Dohko escuchó atentamente. Había escuchado de una pirata llamada Anne Bonny, que había escapado de prisión en Jamaica, y luego había sido perdonada de sus crímenes.

-¿Y como llegó con el Sōsarā?- preguntó Dohko.

-Creo que ha estado con él desde que nació- dijo Arthur- la leyenda dice que el Sōsarā le dio medicina a Mary Read cuando estaba embarazada, a cambio de que le entregara a su hijo. Cuando Tora nació, la pirata intentó escapar con ella, pero murió de una infección tan pronto como subió al barco. A este mismo barco- sopló sobre el cañón de su arma.

-¿Y Tora es buena capitana?- dijo Dohko.

-¿Bromeas?- dijo Arthur, emocionándose un poco mientras hablaba- en una ocasión, la pirata Flora Burn nos atacó porque quería tener The Revenge para ella misma. Gracias a Tora, hundimos su barco, y dejamos a Burn y a su tripulación en una isla cerca de Irlanda-

Dohko meditó la información que tenía. Cada vez le da más curiosidad la situación. Ese niño, Arthur, parecía un buen chico en circunstancias adversas. Y en cuando a Tora…

-Land ho!- escuchó gritar a uno de los piratas en cubierta.

Arthur se puso de pie, pero no se veía tan entusiasmado como antes.

-Bueno, hemos llegado- dijo el chico, sonriendo levemente, pero sin que su sonrisa subiera a sus ojos como antes, cuando estaba charlando. Se acercó a los barrotes y miró fijamente a Dohko- un consejo. No demuestres interés en Tora. El Sōsarā te desollará vivo, y usará tu piel para hacerse una nueva funda para su espada-

-¿Una qué?- dijo Dohko, alzando las cejas, seguro de haber escuchado mal.

-Una nueva funda para su espada- repitió Arthur- ya tiene siete-

Dohko no pudo seguir pensando en ello, pues dos piratas bajaron de la cubierta para abrir la celda y desembarcar.

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Cinco Picos de Rozan

Shion había aparecido en Rozan hacía un par de horas. Aún no lo podía creer. Estaba en el sitio indicado, pero no había señal de Dohko o de la armadura dorada de Libra. Tampoco había señales de pelea o rastros de cosmo. Lo único que pudo ver era los restos de una fogata cerca de la gran cascada. ¿Qué había pasado?

-Papá, mira, es otro santo de Athena- escuchó decir a uno de los aldeanos. Shion se volvió al escuchar aquello, su corazón dando un vuelco. ¿Otro santo de Athena? Eso quería decir que los aldeanos habían visto a Dohko.

-Tú, chico- dijo Shion- ¿a qué te refieres?¿vieron a alguien más como yo?-

-Ayer vino otro santo de Athena, señor- dijo el chico.

-¿Viste a Dohko?¿dónde está?¿qué le pasó?- dijo el santo de Aries.

Los aldeanos se miraron entre sí. El anciano dio un paso adelante.

-El señor Dohko nos iba a ayudar a deshacernos de unos piratas que destruyeron nuestra aldea- dijo el anciano- ideó un plan para que los piratas lo atraparan y poder enfrentarse con su líder. Pero después de que se lo llevaron al barco, éste zarpó y no sabemos donde está-

Shion se golpeó la frente en un gesto de exasperación. Genial, Dohko y sus grandiosas ideas. Si su amigo era bueno para algo, era para meterse en problemas. ¿Cómo se le ocurría algo tan estúpido como dejarse atrapar? Gruñó en voz baja. Y ahora, ¿qué iba a hacer al respecto?

-Díganme como son esos piratas- dijo el santo.

Los aldeanos le dijeron todo lo que sabían. Tras escucharlos, Shion también llegó a la conclusión de que se trataba de otra persona usuaria de cosmo, y quizá había sido quien había vencido a Dohko. Buscó con su cosmo, y encontró a dos personas usuarias de cosmo al este de Rozan. Entrecerró los ojos, y tras agradecer a los aldeanos, desapareció.

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Isla Hirado, Japón

Los piratas desembarcaron en un extraño y abandonado muelle la isla Hirado. Dohko se dejó conducir bajo el barco y rumbo a unas cuevas cerca de la costa. Unos pasos detrás de él venían caminando Tora y Arthur, así como el pirata llamado Jennings, quien llevaba consigo la caja de la armadura de Libra.

Cruzaron los pasillos y subieron algunas escaleras, hasta una pequeña habitación, pulcra y limpia, con un delicioso aroma a incienso y flores. En toda la habitación solamente había un pequeño escritorio y algunos almohadones esparcidos en el suelo.

Un hombre los recibió. Era un nombre japonés, muy alto, usando la vestimenta tradicional. Todos los presentes, incluyendo Tora Davis, se inclinaron. Jennings puso la armadura de libra en el suelo. Dohko entrecerró los ojos. Así que ese hombre era el famoso Sōsarā del que tanto había escuchado en el barco.

-Oh, muy bien hecho, Tora- dijo el hombre- y al parecer no solo me trajiste un tesoro, sino a un valioso santo de Athena-

Dohko parpadeó, y Tora no alzó la mirada. Al parecer la chica estaba algo nerviosa por la presencia del hombre. Y sí, el santo de Libra podía percibir un fuerte cosmo de ese individuo, que era muy diferente al de los otros santos, o al de los pocos espectros de Hades que había llegado a enfrentar.

-Nunca me imaginé que fueras tan confiable- continuó diciendo el Sōsarā- bien, bien, Hades estará muy complacido de que le entregue a uno de los santos más poderosos antes de comenzar su guerra santa contra Athena. Pagará muy bien por este chico-

Mientras el hechicero hablaba, Dohko agudizó sus sentidos, y no tardó mucho en detectar al otro santo dorado que estaba cerca. No estaba dentro de las cuevas, pero claramente lo estaba buscando. ¿Acaso había otro santo dorado?¿El Patriarca Sage había notado algo extraño y había enviado a alguien más? Intentó tranquilizarse para que el hombre no sospechara.

Gruñó en voz baja, y se concentró en el enemigo, y entendió muy bien la actitud de los demás. Era muy poderoso, incluso más que un santo dorado. Quizá como el Patriarca o el maestro Hakurei. Se mordió el labio.

-Bueno, ya saben a donde llevarlo- dijo el hechicero- hablaré con los heraldos de Hades para llegar a un acuerdo-

Jennings y otro pirata levantaron a Dohko con un gesto brusco, y lo arrastraron fuera de esa habitación, y nuevamente entre los oscuros pasillos de las cuevas. El santo se concentró. El cosmo, que era el de Shion, se sentía muy débilmente fuera de las cuevas. Sonrió y miró a su alrededor. Detrás de él estaban Arthur y seguramente Tora.

Tenía que comunicarse de alguna manera con Shion. Tenía que salir de ahí, y tenían que llevar a Tora a Atenas, según las órdenes del Patriarca Sage. Si podía llegar a ponerse de acuerdo con él, quizá podían idear un plan para ello.

Tras un par de vueltas en los túneles, llegaron a una especie de prisión. Abrieron una celda y arrojaron dentro a Dohko. Éste les devolvió una mirada molesta mientras que veía a los dos hombres alejarse, y notar que Arthur nuevamente se había quedado a vigilarlo.

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Muelle en la isla Hirato, Japón

Horas más tarde

Shion puso los ojos en blanco. Dohko era todo un profesional para meterse en problemas.

El santo de Aries le tenía mucho aprecio a su amigo, era un excelente guerrero, pero sus fuertes sentimientos a veces se metía en problemas por culpa de ellos. Según lo que escuchó del viejo aldeano de Rozan, Dohko había intentado engañar al enemigo en vez de pelear con él para no lastimarlo.

Cuando Shion llegó a la isla japonesa donde sentía el cosmo de su amigo, vio aun grupo de pescadores acercarse a él. El santo hizo una mueca. No quería encender su cosmo para no alertar a los enemigos. Pero pronto se dio cuenta de que los pescadores no parecían ser enemigos.

-¿Qué hace aquí, extranjero?- dijo uno de los pescadores- ¿no sabe que estas son regiones peligrosas?-

-Estoy buscando a un amigo- dijo Shion.

-Espero que no lo hayan capturado los piratas- dijo el pescador- solo los dioses saben que harán esos monstruos con sus prisioneros-

-¿Dónde están los piratas?- preguntó el santo dorado.

-En las cuevas de la isla- dijo el pescador, señalando la montaña detrás de ellos- pero no le recomiendo que vaya. Es muy peligroso-

-Gracias- dijo Shion, dándoles la espalda y apresurándose hacia el sitio indicado. De pronto, se detuvo en seco. Sintió muy débilmente el cosmo de Dohko. Cerró los ojos por un momento y se concentró. Quizá podría localizarlo.

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Prisión de los Piratas

Más tarde

Dohko sonrió sutilmente, y se apoyó en los barrotes de su celda, con los brazos cruzados. Arthur estaba sentado sobre la caja de la armadura de Libra frente a la celda, con su pistola en mano, pero el pobre chico se estaba quedando dormido. Era perfecto.

No tardó mucho tiempo en llegar Tora y darle una leve patada para hacerlo levantarse. Dohko vio a Arthur ruborizarse y levantarse de golpe para disculparte. La chica le revolvió los cabellos de manera amistosa.

-Vete a dormir, ye wee scoundrel. Yo me quedaré a vigilarlo- dijo ella, tomando el arma de sus manos. El chico sonrió y se fue a dormir. Una vez que quedó sola, levantó la mirada y vio la sonrisa de Dohko, quien aún la estaba mirando con atención- ¿qué miras?-

-Nada- dijo él, poniendo la mejor cara de inocencia. Tora entrecerró los ojos y se acercó a él. El santo dorado notó algo en sus manos: la chica estaba jugando con las llaves de sus horrendas cadenas. Dohko esbozó involuntariamente su sonrisa casi felina. Eso estaba cada vez mejor- creí que eras más temible como capitán-

-¿Lo dices por Arthur?- dijo ella, cruzándose de brazos- es solo un chiquillo. Ya viste de lo que soy capaz-

Y para poner más énfasis en sus palabras, le mostró el mango de su espada.

-Por supuesto que lo vi. Me engañaste. Desde hoy lo pensaré dos veces antes de subestimar a una chica en una pelea- dijo Dohko.

-Pirata- dijo ella, encogiéndose de hombros y señalando de nuevo el mango de su espada. La chica guiñó un ojo.

El santo de Libra la miró con curiosidad. Tora se había sentado de nuevo frente a la celda, esta vez sobre la caja de su armadura dorada, con sus piernas cruzadas. Miraba con curiosidad a Dohko, como si quisiera preguntarle algo. Dohko, por su parte, la miraba también curioso. Fuera de las amazonas, nunca había conocido a una chica así. Y si no fuera por que Tora era un enemigo, pensaría que es bastante linda, y… ¡No! Dohko sacudió la cabeza. No podía ponerse a pensar como Manigoldo o Kardia.

-¿Sabes algo, Tora?- dijo Dohko, apoyándose con sus dos manos en los barrotes de su celda, con una amplia sonrisa- creo que si no fueras mi enemigo, quizá me agradarías-

-Curioso- dijo ella- yo estaba pensando lo mismo-

La chica parecía distraída, y Dohko sonrió ante la expectativa, sacudiendo los hombros como un tigre que estaba esperando atrapar a su presa. Tora, por su parte, notó el brillo en los ojos verdes del santo y entrecerró los suyos, como preguntándose que era lo que estaba pensando el chico.

Y fue entonces cuando apareció una luz de teletransportación, y Tora se volvió hacia ella, sacando su espada, lista para defenderse. Shion apareció a unos metros de donde estaban ambos, forzando a la chica a dar un paso atrás, dando la espalda contra los barrotes de la celda de Dohko.

El santo de Libra tomó la oportunidad. Pasó sus manos hasta donde pudo por los barrotes y atrapó a Tora por uno de sus antebrazos, creando la bastante distracción para que Shion le quitara la llave de las manos y abriera la celda y las cadenas de Dohko.

-Gracias por venir, Shion- dijo Dohko, sonriendo, pero sin soltar a la chica- ¿porqué tardaste tanto?-

-No te atrevas a reclamarme- dijo Shion, sonriendo levemente al terminar de abrir las cadenas de su compañero- todavía que te metes en problemas, y tengo que venir a sacarte-

Tora se soltó de Dohko tan pronto como pudo y, al ver que Shion también poseía cosmo y estaba en desventaja, gritó con todas sus fuerzas para alertar a los demás, e intentó huir de ahí. Ya fuera de la celda, el santo de Libra la volvió a atrapar por la cintura para evitar que saliera corriendo, y se volvió a su compañero.

-¡Ah!¡Suéltame!- gritó Tora.

-¡Ahora, Shion!-

Los tres se rodearon de una luz cegadora de color azul. Tora se dio cuenta demasiado tarde de lo que los dos santos querían hacer. Cuando logró soltarse de Dohko, cayó al suelo de rodillas. Pero se dio cuenta de que no era el suelo rocoso de la cueva japonesa donde estaban el resto de los piratas: había caído sobre el pasto de los terrenos del Santuario de Athena.

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor

Ahoy, matey!: (slang pirata) hola, amigo

Ye may be worth a penny, but we can make you walk the plank: (slang pirata) Puedes valer un centavo, pero podemos hacer caminar por la plancha.

Land ho!: (slang pirata) tierra a la vista.

Ye wee scoundrel: (slang pirata) pequeño sinvergüenza.

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¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.