Hello!

Sí, he decidido seguir con este fic :O

Pienso que tendrá dos o tres capítulos más. Este en especial es cortito, prometo que los demás serán mas largos.

Espero les guste.

Bye.


Disclaimer; los personajes y los lugares de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


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Capítulo 2. Decisión

Pansy sabía que era un redomado idiota.

Lo sabía. Lo sabía.

¡Por Merlín! ¿Por qué confió en él? ¿Por qué había sido tan, tan, crédula? Nunca se puede confiar demasiado en alguien, menos en los hombres.

Eso… eso debería haberlo sabido.

Bufó y arrugó el periódico matutino lanzándolo al basurero.

El desayuno frío y olvidado, ya no le apetecía. Había estado casi media hora contemplando aquella noticia con una imagen muy resolutiva.

Idiota.

¿Por qué Potter, de entre todos los magos, era tan Gryffindor? ¿Por qué no podía tener un mínimo de dignidad y sentido de venganza? Era el jodido Héroe, era el Salvador del Mundo Mágico, era el mejor Auror. Podía tener a cualquier chica que deseara, pero… Pansy frunció el ceño al basurero y movió su morena cabellera. De nada habían servido aquellas largas y placenteras conversaciones en Francia, algo que había descubierto allí fue lo gran hablador que era Harry, lo bien que manejaba cualquier tipo de tema. Cuando Pansy pensaba que podría aburrirse o que no podían tener nada de qué hablar, él la sorprendía. Con esa sonrisa, con esos… esos labios y…

¡Maldición!

Maldito Harry Potter y sus estúpidos buenos atributos. No era perfecto, no, claro que no. Había descubierto pequeños retazos de su imperfección, por ejemplo: odiaba levantarse tarde, odiaba el té, odiaba las ensaladas y odiaba ser reconocido por todos. Suponía que había muchas más cosas, pero Pansy sentía orgullo al haber sido capaz de distinguir eso. Aquellas dos semanas en Francia, las que él estuvo, fueron increíbles. Eran simplemente dos jóvenes paseando por las calles cercanas a la Torre Eiffel, Museo del Louvre o Catedral de Notre-Dame, habían hecho fotografías que aún no ordenaba. Potter había sido un gran compañero de viaje. Fueron fieles ignorantes de sus pasados, ¿Quién diría o se hubiera imaginado que ambos se llevarían tan bien? A veces pensaba en qué pensarían sus amigos y los de él. Tenía la ciega confianza en que sería un secreto. La mera probabilidad de que Harry y ella volvieran a coincidir era mínima, aunque… viéndolo de otra manera…

Se sentía tan furiosa, tan impotente, sino tuviera una larga lista de trabajo para esta semana viajaría a Londres solo para golpearlo y sembrarle un poco de sentido común y de amor propio.

Sin embargo, todo lo anterior no quitaba que el hombre era un idiota y, sí, lo repetiría en su cabeza muchas veces más porque era la absoluta verdad.

Potter y su estúpido complejo de nobleza lo habían llevado a donde estaba ahora.

Pansy de verdad no entendía, ¿Cómo un hombre puede perdonar a alguien que hirió tu orgullo? ¿Qué se burló de ti por meses, quizás?

¿Cómo alguien puede volver con su ex cuando le fueron infiel?

No entendía.

Ella hubiera pasado página, aunque le hubiera costado mucho y quisiera regresar una y otra vez.

Se levantó de la silla y caminó por la habitación intentando tranquilizarse.

No entendía muy bien porque se sentía tan… dolida.

Aún tenía en su mente el titular: ¡Harry Potter y Ginny Weasley se casan!

Se casaba con una persona que no lo amaba, en realidad no estaba segura de eso. Puede que Ginny Weasley solo haya tenido una aventurilla, pero… ¡Que mierda estaba pensando! No, no podía contagiarse con tal solidaridad hacia ella y menos cuando había conocido un poco más Harry.

—Potter… ¿Qué voy hacer contigo?

Estaba a punto de entrar al baño cuando su celular sonó y vibró sobre la mesa del comedor.

Solo podían ser tres personas.

Lo tomó y contestó:

—¿Theo?

—Pans…

Pocas veces, muy pocas, afortunadamente, había escuchado a Theo tan mal. Su voz se quebró al final.

Pansy espero unos minutos antes de hablar.

—¿Qué sucede?

—Se va a casar —contesta.

Y, no, no se refería a Harry.

Se refería a otro idiota. Otro idiota que ni siquiera estuvo cuando fue a Londres. Debería haberlo sabido, debería haber sabido que él haría tal movimiento.

Todos se habían conformado con esta vida, menos él.

Había sido tan obvio, pero ni siquiera lo había visto.

Estúpida ella, estúpidos todos por creer que las cosas estaban bien.

Por confiar en que nadie rompería la promesa que habían hecho al inicio de todo esto. La promesa que los mantendría estables y en buenas condiciones.

Solo en ese momento, Pansy se dio cuenta de que Theo y ella compartían algo más que amistad.

—¿Cómo lo sabes?

Él guardó silencio antes de responder.

—Encontré una invitación en mi buzón hoy. Lo más probable es que la tuya llegue mañana.

—No lo creo. No llegaré a verla.

—¿De qué hablas? —su voz mejoró un poco.

—Necesito que me hagas un favor.

—¿Qué necesitas?

—Me voy a Londres —decidió—, necesito que me consigas un pasaje a cualquier hora para hoy. Y mientras lo haces, solucionaré las cosas que tenía para esta semana. Él no se casará, no dejaré que comenta ese error.

Potter tampoco lo hará, pensó para sí misma.

Las cosas habían cambiado en minutos. De no poder, ni querer, ir a Londres tendría que hacerlo.

Su amigo fue la gota que rebalsó la poca paciencia que le quedaba.

Definitivamente algunos hombres eran idiotas.