Capítulo 1
Los pasillos de Hogwarts se difuminaban ante la vista de Remus Lupin, que corría como alma que lleva el diablo por el colegio, con Peter Pettigrew pisándole los talones. Adelantaron a los excitados alumnos de primero que habían pasado antes corriendo, alertándoles. Les habían oído gritar, entusiasmados.
- ¡Dicen que en el segundo piso hay pelea!
Y otras cosas por el estilo. Remus era uno de los prefectos de quinto que más discretamente incumplía sus deberes, y sinceramente, había tantas peleas y duelos ilegales en Hogwarts que había dado por imposible evitarlos todos. Aún así… tanta excitación era preocupante. Y lo más preocupante de todo era…
- ¿Dónde estarán esos dos?
Esos dos.
Ése era el problema.
- ¿Por qué crees que corremos como si fueran a matarnos, Peter?
- ¿Crees que estarán molestando a Quejicus de nuevo?
Ojalá fuera sólo molestar. Los pequeños gritaban demasiado.
Al fin llegaron al segundo piso. El espacio que normalmente recorrían entre clase y clase casi sin darse cuenta se le había hecho casi interminable a Remus, martirizándose por dentro, esperando que Sirius Black y James Potter no se hubieran excedido, o no se hubieran vuelto a exceder en sus travesuras.
Un círculo de curiosos se arremolinaba en torno a dos figuras que permanecían de pie en el centro. Pero lo más sorprendente no era el numero de personas que allí se habían congregado, sino que James estaba sujetando a Sirius, intentando detenerle. Petrificado por un momento, Remus observó la escena olvidando que había corrido hasta allí con la intención de poner fin al espectáculo; y es que nunca había visto tal rabia rezumando de los ojos de Sirius, ni tanta sangre manchando su cara, su túnica y el suelo.
Recobró la movilidad y, abriéndose paso a codazos entre la muchedumbre, llegó al centro del círculo, donde vio a Lucius Malfoy arrodillado en el suelo, sangrando también de forma abundante.
- ¿Qué significa esto?
- Ah, Lunático… - James, con algún que otro rasguño en la cara, intentó sonreír, como si fuera a quitarle gravedad al asunto con esa sonrisa suya que a tantas chicas había encandilado.
- No me vengas con sonrisitas, James, y dime qué ha pasado.
- Es sólo que… Bueno, Malfoy se estaba comportando como si fuera aún más gilipollas que de costumbre, y…
Y fuera lo que fuera, Remus decidió que hablarían más tarde, después de mirar a Sirius. Sólo ellos lo sabían, pero aquello que había ocurrido debía de ser realmente grave para haber sacado a Sirius de sus casillas de tal modo.
- Diez puntos menos para Gryffindor, y diez menos también para Slytherin.
- ¡Remus…!
- Capullo… - musitó Lucius.
- ¡¿Qué coño has dicho, hijo de…!?
- ¡Sirius! ¡Mantén la boca cerrada si no quieres que le reste más puntos a Gryffindor! ¡Puedo hacerlo, soy prefecto, ¿recuerdas?!
Sirius chasqueó la lengua por lo bajo mientras dejaba de debatirse entre los brazos de James, ligeramente sosegado por la presencia de Remus.
- Lárgate, capullo - le espetó a Malfoy, quien se levantó y obedeció en silencio, no sin antes dirigir a los merodeadores una mirada de puro odio concentrado. Remus habría jurado que, de ser ácidas las miradas, ésa habría fundido lo que fuera en unos metros a la redonda.
Tras dispersar a los alumnos de cursos inferiores que se habían reunido para ver la pelea y quitar algún que otro punto por faltas de respeto, Lupin, James y Sirius se dirigieron a la enfermería mientras Peter procuraba distraer un rato a la profesora McGonagall (sabían que era imposible evitar que se enterase, pero así ganarían un poco de tiempo y podrían hablar sobre lo sucedido en la enfermería, donde se aseguraban menos personas presentes que en cualquier aula del castillo). Sirius cojeaba ligeramente y caminaba con un brazo echado a los hombros de James, quien hacía comentarios en tono jovial, pretendiendo que no había pasado nada. Sirius le contestaba, pero no tan despreocupadamente como de costumbre. Remus, a la cabeza del grupo, entró a la blanca habitación llena de camas también blancas. Madame Pomfrey les atendió en seguida.
- Siéntese, señor Black. No es necesario que dé explicaciones, supongo que será lo de siempre.
- Supone usted bien, Poppy - sonrió Sirius, con confianzas.
Remus no pudo evitar notar, incluso con la cara cubierta de sangre y la túnica rota y manchada, lo atractivo que siempre había sido Sirius. Se sonrojó al mismo tiempo que Madame Pomfrey contestaba "¡Un poco de respeto, señor Black, un poco de respeto, o voy a restarle puntos a su casa!", y aprovechó la contestación para disimular el sonrojo con una carcajada por lo bajo. Tras haberle curado el labio Madame Pomfrey y con un golpe de su varita en la pierna, Sirius se ataba de nuevo el zapato mientras Cornamenta le explicaba por fin a Remus qué era lo que había pasado.
- ¿Que nos insultó? Lucius siempre nos está insultando, James. - y, dirigiéndose a Sirius, - no deberías haberte puesto así, Canuto.
- Se pasó. - contestó Sirius con brevedad, mientras se levantaba como nuevo de la cama. - Se pasó y punto.
- Joder, Canuto. Voy a pensar que no me quieres.
- ¿Y eso?
- Cuando me insultan a mí no te pones tan agresivo con nadie, ni siquiera con un Slytherin. Aún peor, ni siquiera con Lucius o Quejicus.
- ¿Y? Tú te defiendes solito. Remus no. Él nunca hace nada. Me jode que se metan con él cuando no hace nada.
A Remus le dio un vuelco el corazón.
- Hostia, Sirius…
- Cállate. Si estás celoso, ve a tirarte a Peter.
¿Sirius se había metido en tal pelea por él? ¿Había acabado tan malherido por él? ¿Por Remus Lupin?
- Gilipollas. Peter no es mi tipo. Me gustan más masculinos… Ya sabes a qué me refiero. Por algo el mote de Colagusano.
¿La ira que irradiaban sus ojos era toda debida a que Lucius le había insultado?
- Venga, los dos sabemos que te gusta, Jamie…
La puerta de la enfermería se cerró, dejando a Remus aún dentro, de piedra. Inmediatamente, al oír como se volvía a abrir y ver a James asomar la cabeza por el hueco, preguntándole "¿Vienes o no?", volvió en sí.
No podía permitirse algo así.
- Claro, lo siento. Estaba pensando en algo.
Después de cinco años enamorado de Sirius Black, lo que menos le convenía era hacerse ilusiones. Al fin y al cabo, es esos años, su compañero y amigo no había mostrado signos de albergar por él más que amistad. Se obligó a bajar de la nube en la que había subido por un instante y a tocar tierra firme de nuevo. Así, andando frente a él, junto a James, Sirius se veía tan cerca y tan lejos que le daban ganas de llorar. De subir a la torre de Astronomía y arrojarse por la ventana. Bromeaba, gritaba, reía, nunca estudiaba y sacaba notas sobresalientes, llevaba dos pendientes en la oreja izquierda y uno en la derecha, el pelo largo y desordenado, le gustaba el rock y las motocicletas.
Remus sólo era un prefecto bien peinado, responsable, bibliófilo hasta la enfermedad, adicto al chocolate y semi-humano. Un licántropo. Su mayor pesadilla, atormentándole y recordándole en cada luna llena que nunca, nunca podría ser normal.
Nunca podría amar con normalidad.
Y menos a un Black.
Y menos a Sirius.
Pero, al fin y al cabo, Sirius le había defendido. Se había peleado por él, y, aunque efímeras, ése simple hecho le proporcionaba fuerzas para vivir al menos un día más, siempre y cuando pudiera seguirle así, discretamente, paso a paso, un poco rezagado, en silencio. Olfateando su perfume.
Como un lobo abandonado con ternura.
