Summary completo:

Bella una joven de dieciocho años es tratada como una auténtica criada en su propia casa, pero un día conocera al joven principe Edward, que le hara vivir de nuevo la vida y le ara recordar cual es ese sentimiento al que muchos llaman amor.


CAPITULO 1:

DIEZ AÑOS DESPUÉS.

Bella se abrazó las rodillas y inspiró el aire puro de las montañas. Le había dicho a su madrastra que estaría en el bosque recogiendo frutas silvestres, una esa escusa para poder irse de aquella casa de locos porque la baronesa no estaba de muy buen humor últimamente y seguro que la castigaría por cualquier cosa. Aquellos últimos diez años, exactamente desde la muerte de su padre, habían sido los peores de su vida. Con tan solo ocho años había tenido que aprender a limpiar, coser, cosechar… había perdido toda su infancia, la baronesa no le había permitido hacer lo que hacían las niñas a su edad.

Renne educó a Anastasia y Ariana como auténticas señoritas, y Bella se tubo que conformar mirando a escondidas por la puerta y aprender las lecciones ella sola, por supuesto sin que nadie se enterara.

Con los años Bella perdió toda la esperanza de caerle bien a su nueva familia. Y comprendió que Idaira, Erik y Jacob era lo único que le quedaba.

La joven levantó la cabeza y miró la posición del sol, se había echo tarde, por eso emprendió el camino hacía el pueblo.

La plaza estaba llena de puestos y de gente comprando. Bella intentó atravesarla pero un hombre se interpuso en su camino.

- ¿Un colgante precioso para hacer mas bella a una joven bonita?

El collar, como bien había dicho el hombre, era precioso, la cadena era de oro y tenía un perfecto corazón echo de piedras preciosas que brillaba a la luz del sol.

- No gracias. Tal vez otro día.

El hombre sonrió esperanzado, pero estaba claro que si nadie había comprado aun ese collar era porque costaba muy caro, y ha Bella no le quedaba nada de dinero, toda su fortuna y su herencia se la había quedado Renne.

Llegó a casa a tiempo para servir la comida. Se puso un delantal y cogió el plato de carne que había echo Idaira, con pasos pausados entró en el comedor.

- Hombre, mira quien a osado entrar en casa ¿donde estabas niña? - preguntó Renne malhumorada.

- Le dije esta mañana que iría a por frutas silvestres al bosque. ¿No se acuerda? - contestó amablemente.

- Bueno lo que sea. - Renne se enderezó en la silla queriendo parecer importante. - Sírvenos la comida, me estaba muriendo de hambre.

Bella no dijo nada y se limitó a obedecer, esperó pacientemente a que Anastasia, Ariana y Renne acabasen de comer y después sin decir palabra les retiró el plato.

- Dios mío, ¿desde cuando no tomas un baño? - preguntó Anastasia poniendo cara de asco.

- Si me dejarais más tiempo libre igual podría... - pero Renne la interrumpió pegando un grito.

- ¿¡Estas insinuando que te tratamos de criada!? - Bella tosió incomoda ¿Acaso no era eso lo que hacían con ella, tratarla de criada? - Ya hago bastante con mantenerte.

Bella no quería discutir a si que acabo de retirar los paltos y se fue a la cocina lo más rápido que pudo. Se limpió las lagrimas que le mojaban las mejillas. Bella tenía un solo defecto y era que cuando se enfadaba se ponía a llorar enseguida, lo que era muy humillante.

- Bella ¿que pasa? - preguntó Idaira al verla.

- Nada, no pasa nada. - Bella sonrió para que Idaira no se preocupase.

- Bella hija. - Erik dejó lo que estaba haciendo y la miró a los ojos. - Mañana es tu cumpleaños y me gustaría, bueno a todos los criado de esta casa nos gustaría que nos dijeses que es lo que quieres que te regalemos.

Bella en seguida pensó en el collar pero cambió de opinión, eso era demasiado caro.

- Nada, no quiero que os gastéis las cuatro monedas de oro que os da mi madrastra en mi.

Idaira la miro, la conocía muy bien y había visto un brillo de deseo en su mirada.

- Vamos Bella, te conozco y hay algo que te ronda en la cabeza, dínoslo y será tuyo.

Bella suspiró frustrada.

- Bueno, había un señor en la plaza que vendía un collar precioso, pero seguramente era muy caro así que ni lo penséis.

Erik sonrió.

- Vamos ha hacer una cosa, yo te doy el dinero y tu te lo compras. - Se metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó una bolsa de cuero - Veinticinco monedas de oro.

Bella negó con la cabeza, no podía aceptarlo.

- Es lo mínimo que te mereces por todo lo que has echo por nosotros. - murmuró Idaira mientras ponía la bolsa en su mano. - Ahora vete si quieres comprarte ese collar.

Les sonrió y les dio un abrazo a cada uno.

- Darle las gracias a todos de mi parte.

Idaira y Erik asintieron alegres de que hubiese aceptado el dinero, se lo merecía.

Jacob sonrió al ver el vestido, el y Bella se encontraban en el sótano de la casa al que se accedía através de un pasadizo, era el único sitio que Renne no conocía. Bella le había dicho a su amigo que iba a comprar el collar, pero Jacob comentó que no era normal que una chica como Bella, que ya no era considerada por los aldeanos condesa, titulo que le correspondía por herencia de su padre y que se había quedado Renne, si no la simple criada huérfana a las ordenes de su madrastra, andára con veinticinco monedas de oro por el pequeño pueblo. Por eso a los dos jóvenes se le había ocurrido la idea de vestir a Bella como una auténtica noble, Charlie guardó todas las cosas de Carolina Swan en aquel desván. Y entre todas esas joyas, mantas, todos esos zapatos vestidos y muebles encontraron uno perfecto para la ocasión. Era un vestido rojo, del color de la piedra preciosa del collar, con bordes de hilo dorado. Realzaba el pecho de Bella y luego se soltaba como una falda, era realmente precioso.

- Vaya, pareces una autentica señorita. - exclamó Jacob al verla

- Es que soy una señorita, además señorita o no todavía te puedo.

Los dos se rieron al recordar aquella conversación infantil, ya no era verdad, Bella se había echo toda una mujer y Jacob todo un hombre fuerte y enorme.

- Ven. - Jacob le tendió una mano a Bella y esta la agarró. -

El chico cogió una pequeña diadema dorada y se la puso a su amiga en el pelo.

- Estas preciosa - Bella bajo la mirada pero Jacob le puso una mano en el mentón y le hizo alzar la cabeza. - Ahora eres una noble, nunca bajes la mirada.

Bella le sonrió y mantuvo la vista fija en los ojos de Jake. Luego se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.

- Gracias.

Jacob también sonrió, salieron del sótano y fueron a los establos. El joven montó en su caballo y Bella lo hizo en el que había sido antaño el de su padre, un caballo blanco.

Al llegar al pueblo desmontaron y dejaron a los animales en el establo de la casa de Jake. Bella buscó por la plaza a el señor que vendía el collar, ni rastro de él. Se paró a mirar un puesto de telas y entonces lo vio. Iba con el collar en la mano, se acerco a el.

- ¿Un colgante precioso para hacer más bella a una joven bonita?

Bella sonrió.

- ¿Es oro de verdad?

- Oro puro. - susurró el hombre.

- Bien ¿cuento pide por el?

- Nose. ¿Cuanto está dispuesta a pagar la señorita?

- Diez monedas de oro. - El hombre se rió y negó con la cabeza. - Veinte monedas de oro. - El hombre volvió a negar. - Veinticinco es mi última oferta.

- ¡¿Tu te crees que esto vale veinticinco monedas de oro?! ¡por eso me vendería yo mismo! - grito encorelizado.

Bella lo miró disgustada.

- Usted no vale ni media moneda de oro.

Fue a darse le vuelta pero el señor la retuvo por el brazo, levanto la mano y Bella cerró los ojos por instinto, preparada para recibir una cachetada.

- ¿Como osasis levantarle la mano a una dama? - preguntó una voz autoritaria.

Bella abrió los ojos y se giro para observar a su salvador.

- Disculpe majestad es que perdí los nervios. - susurró el hombre inclinándose.

Bella bajó la cabeza y también se inclino. El príncipe Edward se encontrada enfrente de ella, defendiéndola. Tenía los cabellos de color bronce, y los ojos tenían un color dorado a la luz del sol. Era alto y muy hermoso.

- ¿Esta usted bien señorita? - le preguntó Edward.

La chica no pudo más que asentir hipnotizada por los ojos del príncipe.

- Señor Ulinol, se le acusa de estafa y maltrato. ¿Algo que decir? - Ulinol negó con la cabeza. - Bien, guardias llevaoslo.

Unos tres hombres altos y de espalda ancha bajaron de los caballos y le pusieron una cuerda en las manos a Ulinol. Edward también se bajó del caballo y se acercó a Bella.

- ¿Ibas a comprar esto?

Bella asintió con la cabeza y Edward la rodeo, puso sus manos en el cuello de la chica y dejo allí el collar.

- Ahora es tuyo. Parece echo para ti. - le susurró al oído. Un escalofrío recorrió la espalda de Bella mientras tocaba la piedra preciosa en forma de corazón.

- No puedo aceptarlo. - murmuró mientras se giraba.

Edward sonrió.

- Claro que puedes, es un regalo. - Bella negó con la cabeza. - Por favor. Si no lo aceptáis irá a la colección de mi madre y te aseguro que tiene tantos collares que no se lo pondrá.

Bella tocó con la punta de los dedos el corazón rojo, era precioso, además era lo que quería para su cumpleaños, se lo merecía.

- Esta bien, es un regalo.

Los dos sonrieron y Edward se inclinó ante Bella.

- Creo que no me he presentado, soy Edward heredero al trono.

- Encantada. - Bella buscó con la mirada a Jacob que le hacía señas, se le estaba haciendo tarde, su madrastra no tardaría en llegar y no le podía ver así vestida. - Me tengo que ir. Gracias por el collar.

Bella le sonrió y se fue corriendo pero enseguida notó como Edward le perseguía.

- Dime tu nombre. - Bella siguió corriendo. - Por favor, solo dime tu nombre.

Quería hacerlo, quería decirle como se llamaba pero ¿que iba a decirle? Soy Isabella Swan sería condesa si no fuese porque mi madrastra me quitó el titulo, y ahora no soy más que una criada.

- Soy.. - Se le hizo un nudo en la garganta y lo intentó de nuevo. - Me llamo Carolina Swan, Condesa de Uacamonte.

Edward sonrió y Bella se giró para luego echar a correr. ¿Que había echo? Hacerse pasar por alguien era delito en aquel pais. Bueno si lo miras desde otro punto le había dado a un príncipe la identidad de su madre para que no la encontrase después. No era tan malo ¿Verdad?

- No, no era tan malo. Pero si alguien la descubría su vida quedaría reducida a un montón de cenizas. - Susurró tan bajito la reina que a los autores del cuento de la cenicienta les costó oirla. - Además, ella no pensaba hacerse pasar por su madre nunca, eso estaba decidido. Pero lo que Bella no sabía es que Edward la buscaría por tierra y mar, y que al final de una forma o otra la iba a encontrar, entonces tendría que elegir entre decir la verdad o hacerse pasar por su madre muerta.


NOTAS DE AUTORA.

Como siempre espero que os haya gustado, ya sabeis cualquier cosa para poder mejorar mi historia dejar rewies.

Gracias a todos los que habeis dejado reviews gracias a vosotros sigo con esta historia.

Darle a..

GO!

Besos y disfrutar de la lectura.