Bueno, antes de que comience con el capitulo quisiera dar las gracias a las chicas que me dejaron un review, azucenas45, July-chann, Milkagome,Cecil, Taijiya ¡Muchas gracias chicas! Espero que la historia siga siendo de su agrado. Ahora sin mas retrasos las dejo leer.

Disclaimer: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo los tomo solo para crear esta historia sin fines de lucro


Capítulo 2. El último susurro

InuYasha había seguido el suave rastro del aroma de Kagome, una ligera llovizna que había comenzado junto con su búsqueda y que aun estaba en esos momentos, hacia que el rastro se hiciera más tenue, sin embargo llegó al árbol donde Kagome había llorado y lo notó; ese lugar fue donde Kagome descargó su sufrimiento, pero ella ya no estaba ahí, notaba el olor a sangre y vio una pequeña flor deshojada, supuso que estaba en el campamento puesto que ya no había otro lugar en el cual pudiera estar, así que siguió otro camino mas corto hasta llegar con sus amigos.

Sango estaba muy preocupada, Kagome no se veía bien y esa última sonrisa fue tan triste, podía notar como se había forzado a hacerla para tranquilizarla mientras que lograba ver en su cara aun rastros de lágrimas secas; se le aguaron sus hermosos ojos, no quería que el corazón tan puro de Kagome fuera lastimado, y sabía de quien era la culpa.

Tal cual como magia InuYasha había llegado justo cuando Sango pensaba en él.

―No pude encontrarla, su rastro se perdió con la llovizna ―al no verla en aquel lugar supuso que Kagome llegaría después, seguro estaba de camino con paso lento.

—No te preocupes InuYasha la señorita Kagome…—un grito hizo callar a Miroku

― ¡Eres una escoria InuYasha! No eres más que basura. Siempre estas dañando el hermoso y puro corazón de Kagome, si alguna vez ella decide lanzar una flecha para purificarte no movería ni un dedo para salvar a una sabandija como lo eres tú, te lo tie…―un golpe hizo que la exterminadora callera inconsciente, Miroku la vio muy alterada y temía que pudiera cometer alguna imprudencia, puesto que aún tenía el Hiraikotsu en la mano.

―InuYasha, la señorita Kagome se fue en esa dirección ―Miroku señalo con el dedo el lugar hacia donde se había dirigido su amiga―. Pero estaba muy lastimada, dijo que iría a lavar sus heridas, pero yo tendría cuidado, ella se estaba comportando de una manera muy extraña ―concluyó el monje con un tono algo preocupado y con una exterminadora en sus brazos.

InuYasha estaba impresionado por la forma en que Sango lo había llamado, no era común en ella, sin embargo, ahora su preocupación era Kagome y esas heridas que tenia, así que en cuanto supo que dirección tomar salió hacia el rio.

La pequeña sacerdotisa estaba de espaldas a él, bañándose en aquel río poco profundo, no tenía nada ¿Dónde estaban esas heridas que decía Miroku? Pero se asustó cuando Kagome tomó su cabello con su mano derecha para llevarlo hacia ese lado de su cuello, sus brazos tenían arañones, y sus dedos por mas que los había conservado mucho tiempo en el agua aun tenían sangre ¿Qué le había pasado?

Kagome terminó de quitarse los últimos rastros de sangre seca y lodo que quedaban, la noche era fresca por lo que no se quedaría mas tiempo en aquel río, podría resfriarse y no quería eso. Se dio la vuelta para dirigirse hacia su ropa, y justo cuando iba saliendo del agua, vio que del espeso bosque salía la figura de InuYasha y sus ojos ardieron, pero no lloraría, ya había se hecho esa promesa a sí misma, no más lágrimas con el nombre de él.

InuYasha tragó grueso, estaba frente a Kagome y ella estaba desnuda. Temeroso de que ella lo mandara al suelo y como instinto de auto-protección giro la cabeza hacia un lado, pero al ver que ella no decía ni hacia nada volvió a verla de frete. Pudo notar que Kagome ya era una mujer, y una muy hermosa, de piel blanca y pulcra, con un cuerpo que hasta las tennyo envidiarían.

Sin embargo, también pudo notar las lesiones que tenia en los brazos, manos y muslos. Sabía que la chica no le iba a decir que le había pasado, y las cosas estaban algo delicadas como para que él preguntara, por lo que decidió que era mejor callar.

La chica sonrió de lado al notar la forma tan extraña y meticulosa en como era observada por el medio demonio, si InuYasha le decía que era hermosa, estaba segura que le estamparía su puño en la cara, y entonces sonrió mas ampliamente.

Claro que no, ella jamás le había interesado de esa forma, por eso él jamás la había visto como mujer, tal vez como amiga o algo así, ya ni de eso estaba segura.

― ¿Necesitas algo? ―sin importarle el hecho que estuviera desnuda frente al hombre que le hacia temblar las rodillas salió del agua, tomó su ropa interior negra y comenzó a vestirse.

―Sango y Miroku estaban preocupados por ti, así que te estuve buscando, ¿sabes que eres muy escurridiza? ―InuYasha estaba sorprendido, un tiempo atrás Kagome lo hubiera mandado al suelo sin remordimientos, pero esta vez notaba algo distante y fría a la chica, como si él no fuera más que otro árbol o roca.

―Ya había visto anteriormente a Sango y Miroku. Ahora hazme el favor de retirarte, estas invadiendo mi privacidad ―con una mirada de hielo vio tan intensamente a InuYasha que parecía que lo perforaría.

Miroku tenía razón, esa noche aquella quinceañera estaba especialmente extraña y lo había notado desde la plática en aquel campo con aroma a Kagome.

Era la primera vez que Kagome lo veía con desprecio, con asco, con odio y eso lo lastimaba, ella era la única humana que aun sabiendo todo de él no lo despreciaba, que lo veía con cariño, ternura y algo más que no podía identificar pero que siempre estaba en la cálida mirada de Kagome.

― ¿En que momento dejaste de entender? Te estoy diciendo que te marches ¡No te quedes ahí parado nada mas! ―Kagome estaba casi vestida ocultando con aquella ropa las lesiones de su maltratado cuerpo.

InuYasha la vio una vez más con aquella ropa que jamás había visto antes en su cuerpo pero que la hacían ver más madura y femenina.

Kagome terminó de poner su playera de mangas tres cuartos de rallas horizontales blancas con negro y un cuello en uve, unos pantalones capri de mezclilla ajustados a sus muslos y por ultimo unos zapatos deportivos color blanco.

¡Estaba harta! ¿Acaso InuYasha creía que era una chiquilla que necesitaba que la cuidaran para que nada le pasara? El muy torpe no se había movido ni un milímetro de donde estaba y solo la veía fijamente.

Tomó la mascada roja de su uniforme y se peino el cabello con los dedos para hacer una coleta alta, solo dejando fuera su flequillo, pasando al lado de InuYasha y amarrando su cabello con aquel trozo de tela, dejaría aquel uniforme ahí ya que le traía malos recuerdos.

Se encaminó hacia el campamento para ver a Kikyō.

A InuYasha le heló la sangre cuando después de seguir a Kagome hacia el campamento esta se dirigía hacia Kikyō ¿Qué pretendía hacer? Sabia mejor que nadie que ella estaba molesta y dolida, la creía capaz de muchas cosas en ese preciso momento.

―Kikyō despierta, necesito hablarte Kikyō, así que despierta ―Kagome golpeaba suavemente la mejilla de Kikyō.

― ¡Que diablos crees que haces, Kagome! No ves que ella esta demasiado débil y tú estas intentando quitarle las pocas fuerzas que le que… ―InuYasha calló de inmediato cuando vio la mirada fulminante que le dirigía Kagome.

― ¡Por una maldita vez en tu vida puedes callarte y dejar de pensar que todo el mundo se quiere deshacer de tú adorada Kikyō! ―ella no pretendía hacerle nada a Kikyō, realmente no sabía porque estaba haciendo aquello, y le dolió que InuYasha pensara que ella quería lastimar a su antecesora.

Por los gritos que estaban dando Kikyō abrió los ojos, y lo primero que vio fue el rostro de Kagome con el ceño fruncido.

―Ka-Kagome ―no tenía muchas fuerzas y sus serpientes la había protegido de un ataque de Naraku esa misma tarde, tardarían entre dos o tres días en llegar a ella más serpientes, eso si es que podía resistir tanto tiempo sin almas.

― ¿Kikyō, necesitas a las serpientes para conseguir almas o puedes hacerlo tu sola? ― ¿qué estaba diciendo? De verdad que era estúpida, en lugar de dejar sin almas a aquella mujer que le había robado su felicidad en un parpadear, estaba apunto de ayudarla. Su bondad comenzaba a fastidiarla, de verdad que era estúpida.

―Podría hacerlo sola, pero no se si podre llegar a alguna aldea en mi condición ― ¿qué clase de persona era Kagome Higurashi? Era la pregunta eterna de Kikyō, sabia que había llorado, se notaba en sus ojos rojos y también sabía que era culpa de ella.

No entendía como aquella chica lograba ser tan buena, y se asustó al pensar en que existía una pequeña probabilidad que tal vez si fuera ella la que se encontrara en la posición de Kagome no actuaría de la misma manera. InuYasha era todo en lo que podía confiar y en él fue en lo único que pensó al mandar a la cazadora ha buscarlo.

―Bien, si puedes hacerlo sola, creo que él ―señalando hacia InuYasha― podría llevarte hasta alguna aldea cercana para que consigas un par de almas, ¿estás de acuerdo? ―era lo mejor alejarse de ahí y regresar a su época ahora, no soportaría verlos juntos hasta el amanecer.

Kikyō asintió, de verdad que le impresionaba bastante aquella muchacha―. Tú estás de acuerdo también ¿verdad? ―miró hacia InuYasha y este también asintió

El chico demonio abrió los ojos, no se había percatado de aquello. Kagome había pronunciado su nombre por última vez en aquel campo, cuando con un hilo de voz le dijo "Lo siento, InuYasha", después de eso y aunque se encontraron en el rio no lo había nombrado. No dijo otra vez InuYasha

Se acercó a Kikyō y la tomó entre sus brazos, la vio tan débil e indefensa que no pudo evitar verla con toda la ternura que tenia en su ser. Nunca dejaría que nada le pasara a Kikyō y si para eso necesitaba apartar de su lado a Kagome, estaría dispuesto a hacerlo.

Kagome observó como InuYasha saltaba de árbol en árbol con Kikyō en brazos, y una parte más de su corazón fue arrancado, junto con ese gesto y esas miradas que se dedicaban entre ellos.

Tomó su mochila amarilla y sacó una hoja de papel en la que escribió un mensaje para sus amigos, y en el saco de dormir puso algunas cosas para ellos junto a la nota. Agradecía internamente que Sango, Miroku y Shippō estuvieran durmiendo tan pacíficamente, tal vez desde que se había ido a bañar.

Despertó a Kirara quien dormía en su saco junto al pequeño Shippō, y la gatita solo con ver la mirada suplicante de la adolecente se transformo para que Kagome la montara. La chica subió a Kirara y besó la cabeza de esta, mientras susurraba un suave gracias.

Esa noche había sido agotadora para Kagome, y todavía faltaba un viaje muy largo hacia el pozo, con suerte llegaría al amanecer, pero se sentía tan cansada que decidió recostarse en el lomo de Kirara solo un momento para descansar.

-LUV-

InuYasha viajaba con Kikyō en sus brazos, unos kilómetros mas adelante se encontraba una gran aldea, seguro que ahí encontraría alguna alma para alimentar a la sacerdotisa de barro. Por fin podía respiraba tranquilo, Kikyō iba a estar bien y él se encargaría de cuidarla hasta que pudiera matar a Naraku.

No existía vuelta atrás, esa decisión la había tomado hacía mucho tiempo ya. Sin embargo, Kagome lo había hecho cambiar de parecer con esas reconfortantes palabras, su dulce sonrisa y esa cálida mano que le tendió, haciendo que deseara jamás separarse de ella; se sentía aceptado de todas las maneras posibles al lado de Kagome.

Y como si de un golpe en la cabeza se tratara, regresó aquella frase con la voz melancólica de Kagome "Lo siento, InuYasha" ¿La chica se estaba disculpando por haberlo alejado de Kikyō? ¿Por qué no dejo que él fuera en aquel entonces al lado de su amada? ¿Ese era el motivo de aquella frase? No podía creerlo ¿cuantas cosas implícitas le había dicho Kagome y él nunca lo notó? Porque estaba casi seguro que a eso se refería.

Ya no valía la pena pensar en aquello, ahora estaba al lado de Kikyō y eso era lo único que importaba, que por fin podría cuidarla como él siempre quiso. Cumplir su promesa de siempre estar al lado de ella aun fuera en el mismo infierno.

―InuYasha ―la sacerdotisa llamó con un suave susurro a su protector, ya que estaba demasiado absorto en sus pensamientos.

― ¿Kikyō, te encuentras bien?

―No debería ser yo la que preguntara eso, estas algo extraño. ¿Peleaste con Kagome?

―No y aun si así fuera, tú no debes de preocuparte por eso.

―Siempre te pones de malas cua…―no terminó ya que el sonido de la voz de InuYasha la sorprendió.

―Me quedare contigo ―fue rápido y conciso, no pretendía darle vueltas a ese tema

― ¿Te quedas conmigo? Eso quiere decir que… ― ¿en realidad InuYasha hablaba seriamente de ese tema?

―Si, en cuanto tú decidas, aun si no hemos derrotado a Naraku, te entregaré mi alma para estar juntos por siempre, Kikyō. Así que hasta que ese momento llegue, permanece a mi lado.

― ¿Y que va a pasar con Kagome? ―ella sabía que esa chiquilla significa más de lo que el medio demonio quisiera admitir.

―Ella parte al amanecer hacia su época, por lo que preferiría que no llegáramos con los demás hasta que ella se fuera ―creía que era lo mejor, no quería ver la cara triste de Kagome, sabia que se le quedaría grabada la imagen de ella al verla marchar.

― ¿Estas seguro de esto, InuYasha? ¿Ir al infierno conmigo es lo que realmente quieres? ¿No existe nada en tu corazón que diga lo contrario?

Y esa última pregunta lo hizo dudar, ¿había algo en su corazón que le impidiera irse con Kikyō? La verdad era que jamás se lo había preguntado y no quería hacerlo. Si existía algo en su corazón que le impidiera ir con Kikyō, él lo sacaría y lo enterraría y si fuera necesario, mataría aquella parte de su corazón que dijera eso.

Él amaba a Kikyō, de eso no tenia duda. Pero ir mas adentro en su corazón lo aterraba, descubrir cosas que no quería, lo paralizaba del miedo; y aun si se lo pidiera Kikyō, no lo haría. En ese preciso momento de lo único que estaba seguro es que quería pasar el resto de su tiempo a lado de su primer amor.

No importaba nada más, eso es lo que ahora le decía su corazón. No pensaría más en el tema que para él estaba cerrado, así que prefirió ignorar esas preguntas.

―Ahí, ¿la ves? En esa aldea encontraremos almas para ti, solo dime por donde tengo que ir para que tú las recolectes ¿De acuerdo?

La sacerdotisa de barro solo asistió con un leve movimiento de cabeza, estaba muy débil para hacer algo más; incluso para seguir con esa conversación con InuYasha.

Sin embargo algo le decía que esos pequeños eventos traerían grandes consecuencias.


¡Gracias por leer! Espero que me dejen sus opiniones, conclusiones o teorías con respecto a la historia.

Nos leemos en la próxima actualización.