CAPITULO 2
¿Qué demonios acaba de pasar en el desayuno? A ver Peeta… esto es algo muy serio.
has enrollado con una chica anoche –y de qué manera-.
de saber que la chica de anoche es la hija mayor de la novia de tu padre.
3.Y esa chica te acaba de provocar en el desayuno… ¡delante de todos!
Respira hondo y piensa cómo cojones vas a manejar esto… si es que puedes claro.
Me paso los dedos entre mi pelo una y otra vez intentando asimilar todo lo que me está pasando. ¡Por dios! Hasta esto ha logrado que no vaya al trabajo… quizás no haya sido una buena idea quedarme, al menos en la oficina puedo tener la mente distraída… pero no lo sé. Tengo que hablar con esta chica YA.
Me meto en mi armario y comienzo a quitarme mi traje –ya que al final no me voy a trabajar- Busco una camiseta fina y unos vaqueros cómodos para estar por casa. Camino en mi habitación de un lado a otro para calmarme y pensar bien cómo voy a manejar las cosas porque no puedo ir simplemente delante de ella y preguntarla "¿A qué cojones estás jugando?" Pero bueno, pensándolo bien puedo ir y decirla eso, después de TODO lo que me ha hecho creo que tengo todo el derecho de no ser tan caballeroso con ella.
Suspiro hondo y salgo de la habitación. No sé qué cara tendré pero me encuentro con la hija rubia de Effie con el rostro medio sorprendida y asustada.
-¿Te… te ocurre algo Peeta? –balbucea.
Mierda, no recuerdo su nombre.
-No, nada. –suelto. Pero creo que ella no se conforma con mi respuesta.
-Me alegro de que hayas decidido quedarte, mi madre… tiene muchas ganas de conocerte. –ruedo los ojos y espero que no se haya notado mucho. La miro fijamente y ésta se sonroja, me pregunto si la única quién tiene ganas de conocerme es su madre. Entonces doy con ello, por supuesto que no idiota, también está Katniss… y la hermana rubia al parecer.
-Ya bueno… -la digo.
-Según Haymitch trabajas muy duro… no sé, a tu edad opino que deberías disfrutar más de la vida. –me quedo mirándola con una mirada fría… ¿quién se cree para decirme eso?
-Bueno, yo opino que cada persona tiene una forma diferente de vivir la vida. Quizás para ti salir de fiesta y emborracharte es la forma pero yo prefiero trabajar y velar por el futuro de mi familia. –trago, mierda creo que he sido un poquito grosero.
Ella no me responde. Se me queda mirando asustada y muy sonrojada, si, definitivamente creo que me he pasado, pero cuando me dispongo a disculparme aparece ella.
-Lo que es lo mismo, una persona aburrida. Yo no llamaría eso vivir la vida, más bien es ser práctico. ¿Qué tiene de malo salir de fiesta y emborracharte? Yo opino que vivir la vida es disfrutar de ella y creo que estar en la oficina con un montón de papeles no es muy… emocionante que digamos. –se encoge de hombro poniéndose al lado de su hermana. Yo me quedo con los ojos bien abiertos. –Bueno, pero cómo tú mismo has dicho cada uno tiene su propio forma de pensar.
La chica rubia la mira con un fruncido de ceño y ella le responde con una mueca. Suspiro pesadamente y pienso muy bien qué responder.
-Cierto, estar con un montón de papeles y encerrado en la oficina no es muy emocionante. –la miro directamente. –De hecho es mucho menos emocionante que… no sé… besar a un tío en los baños de las discotecas.
Dejo de respirar… mierda mierda… no eso no. Ella ensancha los ojos e incluso carraspea, pero su mirada seria torna a una divertida, esa chispa, ese brillo en sus ojos que vi cuando me besó aquella noche vuelve a cruzar su mirada. Noto que piensa su próximo ataque, curva los labios en un lado y muerde su labio inferior. Mierda… eso ha sido muy sexy. Y alguien agarra mi brazo.
-¿Qué tan interesante conversación os tiene aquí en medio del pasillo? –salta mi hermana con un apretón en mi brazo. -¿Ya las estás entrevistando, Peeta? Perdonad a mi hermano… -se disculpa y otro apretón en mi brazo. –No es muy sociable, es como un ordenador. Necesita información para procesar a cada persona… así que si os pregunta algo indebido por favor ignoradlo.
Noto que mi hermana tira de mi brazo pero yo mantengo mi mirada fija en Katniss, creo que en ningún momento lo he apartado de ella. Todavía tiene entre sus dientes ese labio inferior, ese labio que me muero por morder igual a como lo está haciendo ella. Creo que nota el efecto que produce eso en mí y lo suelta, para después mojarlo con su lengua.
¡Hija de su santa madre! Esta chica quiere matarme…
Toso cuando trago mi saliva sin querer… ella deja escapar una risa imperceptible pero no para mí. Clavo mi mirada a ella y miro a mi hermana donde me encuentro con su expresión de confusa.
-Joder Peeta… ¿qué te pasa hoy? –me dice con un susurro. –Estás muy extraño…
-Estoy bien. –la digo. –Por favor dile a Enobaria que me traiga un vaso de agua y dos aspirinas a mi despacho.
-¿Te sientes mal? –me dice preocupada mi hermana. La dedico una mirada tierna y niego con la cabeza. –No me hagas mucho caso. Tú solo hazlo.
Mi hermana asiente y me sonríe.
-Te acompaño a tu despacho. –me dice.
-Y señoritas… -murmuro clavando de nuevo mí mirada a ella. –Perdonadme si en algún momento os he ofendido.
Annie envuelve su brazo alrededor del mío y me conduce hasta mi despacho. Por última vez puedo cruzar mi mirada con esos ojos grises. La otra chica rubia también me mira fijamente mientras mi hermana y yo nos alejamos hasta que al fin pasamos por su lado y las dejamos atrás. Podemos oír como Katniss le murmura algo a su hermana y la otra le responde pero no logramos captarlo tampoco. Miro a mi hermana y ella se encoge de hombros.
-Es una familia muy rara… -murmura mi hermana mientras entramos en mi despacho y cierra la puerta.
Iba a recordarla de que tiene que decirle a Enobaria lo de mis aspirinas mientras me siento en mí silla cómodamente pero ella enciende el equipo de música por lo que la voz de un tal Ed Sheeran, el cantante favorito de Annie al menos por ahora, inunda toda la habitación, ruedo los ojos ante la letra de la canción.
-Creo que así ya no nos pueden oír. –murmura y se acerca a mí sentándose en el borde de mi mesa.
De repente me siento intrigado. Si hay algo interesante que haya ocurrido aquí en casa mi hermana siempre está ahí para contármelo, entonces me siento como un chismoso.
-Al parecer… la tal Katniss no es tan inocente a como lo pintaba papá. –reprimo una risa e intento ocultar mi diversión ante mi hermana. Si ella supiera…
-Sigue. –muevo mi mano como signo de que continúe. -¿Qué pasó?
-Pues… según Enobaria y las otras chicas. –por supuesto, ellas siempre se enteran de todo. –Escucharon a Effie hablando por teléfono con Katniss y que ésta no parecía muy contenta.
Asimilo la información… Katniss es una chica mala –pero eso ya lo sé de sobra- y tiene problemas con su madre. ¿Me pregunto si es por su relación con mi padre?
-¿Y sabes de qué estaban hablando? –pregunto cómo un chismoso. Annie niega con la cabeza divertida.
–No, Enobaria y las demás no pudieron escuchar más porque papá les pilló.
Annie se descojona de la risa y me lo pega. Después de secarse las lágrimas me encara de nuevo y creo que tiene más para mí.
-Pero según Enobaria era una discusión bastante fuerte, y también mencionaron un nombre de un chico… no recuerdo ahora el nombre. –Annie se detiene y pone su dedo en la barbilla a modo de pensar. -¿Quién crees que sea ese hombre?
-Quizás su padre… -murmuro. –Recuerda que papá nunca nos ha hablado del marido de Effie.
-Cierto… pero ¿discutir sobre su padre?
-Bueno, yo discutí con papá acerca de mamá.
-Hmmm… puede ser, pero según papá ninguno de sus hijos se opone a la relación. –piensa mi hermana.
-Eso es lo que él dice. –suelto. –Seguro que lo dice para que nosotros lo aceptemos.
-No, no… -niega mi hermana. –Según Madge están encantados con papá. Dicen que es el hombre perfecto para su madre.
-¿Y quién cojones es Madge? –Annie ensancha los ojos sorprendida y cuando ve que lo pregunto en serio se parte de la risa. –Joder Peeta… ¿en serio?
-¿Acaso he preguntado algo gracioso? –la digo serio.
-Peeta… es la otra hija de Effie, ¿recuerdas? Katniss, Madge y Finnick.
-Ohhh… mierda. –susurro. –Vaya, qué error.
-Pero si estabas hablando con ella antes…
-Si… pero no me acordaba de su nombre.
Annie se rie.
-Eres muy raro. –murmura Annie. –Pero bueno, no tan raro como ellos. Es que no sé… su actitud… es un tanto extraño. ¿Has visto a las dos hermanas antes?
-Aha. –asiento. –Quizás debería mandar a averiguar algo de ellos.
-¿Lo dices en serio?
-Si. Es mejor prevenir… no quiero a psicópatas dentro de mi propia casa. –murmuro… y es una oportunidad de conocer a Katniss. -¿Estás conmigo?
-Me gustaría conocerlos mejor pero… llegar a investigarlos… -dice no muy segura. –Prométeme que no hurgaras en sus vidas… solo lo prescindible.
-Vale. –acepto. –Mañana mismo me pongo con ello.
Sonrío satisfecho… porque estoy seguro que puedo encontrar algo sobre mi chica traviesa.
Llevo tres horas metido en mi despacho. Cuando mi hermana me dejó después de nuestra charla y unos cinco minutos más tarde vino Enobaria para darme mis aspirinas ya se me había ido el dolor de cabeza. Me decidí adelantar algo de trabajo… no sé quizá revisar unos contratos, pero todo lo que puedo pensar es en ella. ¿Acaso tenía algo en los labios para que me contagiara de esta manera?
De nuevo me paseo de un lado a otro pensando en cómo puedo acorralarla para hablar con ella. ¿Me meto a hurtadillas en su habitación? No me puedo arriesgar a eso. ¿Podría mandarla un mensaje y pasarlo debajo de su puerta? Muy infantil, Peeta. ¿Quizás pueda invitarla a una taza de café después de comer? Si… eso suena a buena idea, y además a mi padre le agradará que "intento" acercarme a nuestras visitas.
Decido bajar en la sala para dejarme ver y así evitar las regañinas y los fruncidos de ceño de mi querido padre. Aún estoy en las escaleras cuando ya puedo oír a Annie tocando el piano, siempre toca lo mismo al menos cuando está papá, toca la melodía que le compuso nuestra madre.
Cuando aparezco en el umbral de la sala Haymitch, Effie y otros dos personas se giran para verme. Annie sigue tocando y mi padre me dedica un asentimiento y una sonrisa. Mi mirada enseguida busca a mi chica misteriosa y la encuentro de espaldas hacia todos los demás, tiene la mirada perdida hacia el gran ventanal del salón. En sus manos tiene una taza donde puedo distinguir un hilo de humo saliendo de ella, ella toma un sorbo y de nuevo mi atención va dirigida en sus labios… ¿acaso esto no puede parar?
-Siéntate con nosotros hijo, ¿ya te sientes mejor? Vi a Enobaria llevándote dos aspirinas. –me dice mi padre con voz muy calmado. Vaya, está de buen humor.
Madge me mira muy sonriente –como siempre-, Finnick lee un libro y levanta la vista hacia mí pero después vuelve con su actividad, Effie también tiene en sus manos una taza y mi padre tiene apoyado su brazo por detrás de su novia. Mientras tanto… Katniss ni se da la vuelta, ni siquiera parece notar mi presencia. Por alguna razón eso me… enfurece.
-Era un simple dolor de cabeza. –murmuro caminando por detrás del sofá donde están todos sentados. Me sitúo justo detrás, a un metro de Katniss. –Plutarch me llamó y me dijo que querías hablar con él…
-Si… bueno, asuntos nuestros hijo. –me responde.
Enobaria no tarda en aparecer con mi zumo de naranja bien fresquito, agradezco que esté bien frío por si vuelve a surgir otro… problemilla.
Annie sigue tocando y yo me paseo en la habitación de un lado a otro, al menos no logro llamar la atención de mi padre. ¿Cómo demonios podré acercarme a ella? Ni siquiera se mueve de su sitio, incluso creo que su té o café ya se ha enfriado. Al final tomo valor y me sitúo a su lado, no tan cerca como a mí me gustaría, pero al menos logro llamar su atención. Me dedica una mirada rápida pero vuelve a mirar hacia la ventana y después curva los labios en una pequeña sonrisa.
Me encanta. Bebo un trago de mi zumo.
-¿Necesitas algo? –me dice casi en un susurro. Me recorre un escalofrío en la espalda.
-No sé… eso dímelo tú. –murmuro. Sólo espero que cada uno esté con sus cosas y no nos estén mirando.
-Hmm… travieso. –susurra. Bebo otro trago. Tranquilo Peeta.
-Traviesa tú. –la apunto con la barbilla y sonrío, una sonrisa imperceptible.
Ella curva los labios y ahora gira un poquito su cabeza hacia mí. Me guiña un ojo. Y noto que el efecto en mí no solo puede ser calmado por el resto de zumo que me queda.
-Esa soy yo. –susurra.
Trago en seco y pesadamente. De momento no siento las miradas de nadie.
-¿Te encanta hablar en público, no? –me dice.
-¿Perdón? –pregunto, confuso. Ahora sí que me he perdido.
-Que te encanta hablar en público… -susurra de nuevo. –Si querías hablar conmigo o mandarme indirectas, no hacía falta que mi hermana estuviera delante… o ahora, con toda nuestra familia. –ahora lo entiendo y asiento.
-¿Y qué quieres? –la digo. -¿Qué vaya a tu habitación? –bajo la voz.
-Bueno… -se muerde el labio y se convierte en mi centro de atención. –Lo de ir en mi habitación… al menos pensé que esperarías a que te invitara. –suelta de repente.
Y vuelvo a decir… ¡hija de su santa madre! ¿De verdad me acaba de decir eso? ¿Delante de nuestra familia? Esta chica va a lograr matarme… y lo digo en serio.
Sus ojos grises ahora están encendidos. Su sonrisa se convierte en juguetona y vuelvo a tener mi problemilla que también se convierte en su centro de atención. Mierda… que deje de mirarme por favor.
-Por lo que veo… -ahora me mira fijamente. –Te "gusta" mi sentido del humor. –Joder, y tanto.
-Creo que es uno de tus puntos fuertes… -murmuro, siguiendo su juego.
-Yo no lo diría tan rápido… aún me queda por mostrarte mis "puntos fuertes" –y creo que empezaré a comprar una talla más grande de calzoncillos. Trago por milésima vez… me siento tan apretujado que duele… ¿por qué me hace sufrir de esta manera?
Ahora sólo puedo imaginarla en mi cama… o en su cama… ¡mierda Peeta! ¡Basta!
-Presentas una cara muy pálida… ¿te sientes bien? –me dice con una sonrisa maliciosa. -¿Hay algo que pueda hacer por ti…o por él? –mira abajo.
-Por dios… -suspiro e intento calmarme.
-No blasfemes… -me regaña en broma.
-¿Esto te gusta, verdad? –la digo sonriendo.
-Es… excitante. –susurra. Y sus palabras hacen eco en mi cabeza.
Excitante. Ella es excitante. Sus labios son excitantes. Todo en ella es excitante.
-No puedo más… -murmuro.
-¿Ahh… no? –me dice.
-Me voy arriba. –la digo y camino hacia la puerta.
Ahora me doy cuenta que nadie nos ha prestado ni la más mínima atención y suspiro aliviado. Cuando ya estoy a punto de salir de la sala mi padre y todos levantan la vista. Al menos estoy de espalda o si no…
-¿Adónde vas hijo? –me pregunta mi padre.
-Me… acabo de acordar de que tengo que llamar a Rue. Bajaré en la cena. –aviso y sigo mi camino sin esperar ninguna respuesta.
Subo las escaleras de dos en dos y casi corro para llegar en mi habitación lo antes posible. Entonces cuando sujeto el pomo de mi puerta otra mano mucho más fina, y muy suave se apoya encima de la mía.
Mi corazón empieza a palpitar de manera desmesurada y mi cerebro ya no piensa, enseguida me doy la vuelta y rodeo su cintura con mi brazo para acercarla a mí y estampar sus labios con los míos. La sensación es incluso mejor que la noche en la discoteca, nuestros labios se mueven de manera sincronizada. Nuestras respiraciones agitadas nos encienden más y ella me mete la lengua de manera urgente y yo se lo recibo muy gustoso. Nos comienza a faltar el aire y ella se aleja tan sólo un centímetro, me mira con sus ojos grises ahora oscuros.
-Aquí no… -jadea y después nuestra mirada observa todo el pasillo.
-Mierda… -susurro y ella suelta una sonrisa de diversión.
Abro la puerta, Katniss la cierra con una patada y la empujo hacia la puerta para seguir besándola como si no hubiera mañana, ella me responde de la misma manera. Ahora sus manos se vuelven locos y sus dedos comienzan a jugar con mi cabello, despeinándolo aún más, yo tampoco me quedo atrás y mis manos impacientes no se conforman con su perfecta cadera, voy subiendo las manos poco a poco, en la curvatura de sus pechos donde ella jadea aún más, hasta los hombros y finalmente al cuello donde yo profundizo más el beso. Sin darme cuenta ella está subiendo una de sus piernas para engancharlas en mi cadera, acto seguido empujo mi ahora gran pero gran erección hacia su parte íntima –lamentablemente con la barrera de nuestras ropas- y ella suelta un gran gemido que intenta silenciar mordiendo fuertemente mi cuello.
-¡Ahh! –exclamo por el dolor del mordisco junto al gran placer que me transmite con su gemido. –Joder… -siseo.
-Encantado de conocerlo Señor Mellark… -me susurra con perversión dedicando una mirada hacia nuestras partes bajas antes de chupar y mordisquear mi cuello.
Yo también comienzo a besar, chupar y morder su cuello. Paso mi lengua a lo largo de su cuello y mis dientes en su mandíbula hasta atrapar su lóbulo de la oreja y jugar con ella. Ella también se encuentra muy ocupada con mi cuello, mi pelo y de mantener una acompasada fricción de nuestras intimidades. Abro los ojos por un instante y me dedico a observarla: su boca entreabierta, sus ojos cerrados, sus jadeos cada vez más rápidos… ¿por qué es tan jodidamente sensual?
Creo que se da cuenta de que la estoy observando y abre los ojos, me sonríe y se muerde el labio.
-¿Te gusta lo que ves? –jadea y seguimos con nuestra fricción.
-Me encanta… aunque… creo que puede mejorar. –la susurro y agarro el borde su camiseta y se la saco. –Ahora mejor.
Tiene puesto un sujetador de encaje de color carne, es tan transparente que puedo ver perfectamente el círculo central donde su pezón apunta muy excitado hacia mí. Me siento hipnotizado hasta que me muerde el labio y me llama la atención.
-Llévame en la cama… ya. –me ordena con un gruñido.
De un salto engancha sus dos piernas en mi cadera y mientras vuelve a besarme apasionadamente yo camino hacia mi gran cama. La tumbo sin separar nuestros labios pero no sé cómo lo hace y nos da la vuelta y ella se sitúa encima de mí. Presenta una sonrisa triunfal.
-Mi turno. –murmura y mete las manos dentro de mi camiseta.
Sus dedos impacientes acarician mi abdomen, pasa sus uñas y me araña lentamente hasta llegar en mis pectorales donde sus dedos acarician suavemente mis pezones… suspiro y me deleito con sus caricias.
-Me gusta darle a la imaginación primero… -susurra sensualmente y de repente me saca la camiseta y sus ojos se tornan aún más oscuros al verme. –Pero me gusta mucho más verlo en vivo y directo.
Con su dedo índice traza una línea recta desde mis labios y va bajando por mi cuello, entre mis pectorales y traza las líneas que hay en mi tonificado abdomen.
-Estás para comerte, Peeta… -me dice de repente y se muerde los labios.
Jadeo y empujo mi cadera hacia arriba haciéndola rebotar encima de mí y chocar nuestras intimidades.
-Lo mismo digo… -me levanto y paso mi lengua en el valle que forman sus pechos y ella de dedica un gemido largo y profundo.
Me empuja de nuevo hacia atrás y me vuelve a besar con pasión. Estoy tan concentrado en el sabor de sus labios y de jugar con su lengua que de repente me sorprendo al sentir su mano justo en mi bulto.
-Ahh… -siseo cuando ella me aprieta.
-Me muero por verlo… -susurra.
Me vuelve a apretar y pierdo la cabeza, vuelvo de nuevo a besar su cuello. Oigo como ella me baja la cremallera y ahoga un grito. Mi mirada se fija en el mismo sitio donde tiene ella la atención. Curva los labios en un lado y se pasa la lengua en los labios, yo trago duro…
-¡Peeta! –mi hermana grita desde fuera de mi habitación. -¿Estás ahí?
Katniss pone su boca encima de la mía y sonríe. Abre los ojos y se ríe de forma silenciosa por mi expresión –supongo que tengo los ojos bien abiertos y sorprendido- Katniss me da un beso rápido y baja mis boxers…
-Nunca dejas de sorprenderme. –y agarra mi miembro con sus dos manos.
Madre del amor hermoso…
-Arrggg… -exclamo lo más bajo que puedo
-Shhh… -pone un dedo entre sus labios para que me calle.
Sus manos acarician mi miembro –arriba abajo arriba abajo- de forma lenta y deliciosa. En increíble sentir sus manos delicadas pero a la vez salvajes… definitivamente ella va a ser mi perdición.
-¡Peeta! –vuelve a gritar mi hermana.
-Habría preferido… -gruñe. -…hacer esto pero dentro… -jadea. –… de mí… -gime. –Pero tenemos que ser rápidos.
-Joder… -gruño mientras ella sigue jugando con mi polla y apretándo mis testículos.
-¿Te gusta? –gime.
-Si… -siseo y aprieto los dientes.
Entonces ella me dedica una sonrisa y baja la cabeza y muerde la punta de mi polla. Ahora sí que me encuentro perdido… en el placer y cansancio… ¿qué me está haciendo esta chica?
Katniss traga todo bajo mi atenta mirada y después me besa con pasión. Me doy cuenta que yo ya estoy completamente desnudo mientras que ella aún tiene los pantalones y el sostén… esto intolerable. Mi mano baja directamente y acaricio su intimidad por encima de su pantalón. Los dos jadeamos y ella apoya su frente en mi hombro.
-Estás mojada… -susurro.
-MUY mojada… -aclara, y yo vuelvo a acariciar. –Hmmm… ahhh… -gime.
-¡Joder, Peeta! ¡¿qué coño estás haciendo?! – vuelve a gritar… ¡mi hermana!
Katniss se ríe con los ojos cerrados disfrutando de mis caricias y yo mantengo mi vista clavada en la puerta… si mi hermana supiera…
-Ve… a ver… tu hermana… -jadea y me agarra la mano que está trabajando.
-No… -susurro y aparto su mano.
-Ve si no quieres que nos pille… -me dice y me enderezo.
Con un dolor enorme en mi alma me levanto de la cama sin dejar de mirar a la mujer que está tumbada en ella. Katniss tiene la trenza alborotada, con una sonrisa de lado, sus ojos mirándome y… muy a mi pesar con la ropa puesta.
-Maldición… -digo en alto.
-¿Qué? –pregunta sin quitar su sonrisa.
-Tú… todavía tienes ropa. –gruño y ella se ríe pero tapa su boca.
-La puerta... tú hermana. –me recuerda.
Un click se hace eco en mi cabeza y agarro mis boxers y pantalones para ponérmelos. Puedo notar que Katniss no aparta su mirada en mí pero tengo que abrir la puerta…
-¿Qué quieres? –le gruño a mi hermana.
Annie me mira sorprendida y me mira de arriba abajo… me pongo nervioso… pasa sus dedos entre mi pelo y dirige su mirada en mi cara… inclina la cabeza hacia un lado.
-¿Qué te ha pasado? –me pregunta. -¿Te he molestado?
Trago.
-Pues sí. –gruño pero esta vez para mis adentros. –Estaba dormido Annie… y tú gritando como una loca. –ahora sí que la digo.
-Ohh… lo siento hermano. –me mira la cara. -¿Te has vuelto a sentir mal?
Me río por dentro… si me he sentido mal lo que me acaba de hacer Katniss lo ha hecho desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.
-No… sólo tenía ganas de dormir. Anoche sabes que llegué tarde así que… -miento.
-Es verdad… -murmura mi hermana. –Bueno, ya te dejo descansar… recuerda bajar para la cena.
-Vale. –asiento y sonrío.
Observo como mi hermana se aleja y me meto rápidamente en mi habitación cerrando la puerta con pestillo. Aún sin poder creer lo que acaba de pasar hace unos minutos me dirijo hacia mi cama con la excitante esperanza de encontrar a esa pedazo de mujer…
Me congelo. Mi mirada se dirige directamente en su mano, más bien, en su dedo… que se encuentra metido dentro de su intimidad.
Al ver que la he pillado "in fraganti" se sonroja, pero sigue bombeando su interior. Noto como de nuevo mi amiguito se despierta y sin esperar un segundo me arrodillo en el suelo al borde de mi cama.
-Déjame a mí… -la susurro quitando su mano y tirando de sus piernas para acercar su intimidad hacia mí. -¿Estás así por mí? –soplo en su intimidad y ella tiembla.
Ahora mando yo. Sonrío de lado.
-Peeta… -gime y suena como un canto de ángeles.
-¿Qué? –pregunto… ¿quiere jugar? Juguemos. Soplo de nuevo.
-Por favor… -suplica.
Y acerco mi boca en su intimidad. Empiezo con pequeños besitos pero ella se mueve inquieta asi que comienzo a bombearla con mi lengua. Ella no tarda en agarrar mi pelo y seguir el ritmo de mi lengua con sus caderas.
-Ahhh… -gime. –Ohhh…
Sonrío satisfecho pero mi miembro no lo está tanto. Ya puedo sentir como se aprieta su intimidad y sé que está a punto de llegar. Bombeo con más rapidez y comienzo a jugar con su clítoris. Y le doy un mordisco.
-¡Ahhh! –ella culmina.
Y la saboreo.
-Sabes… muy bien. –la susurro trepando por encima de su cuerpo.
Katniss tiene los ojos cerrados y sus dientes tienen atrapados su labio inferior, definitivamente es una mujer hermosa. Me doy cuenta que aún tiene el sujetador puesto. Juego con los tirantes de su sostén y ella sonríe, abre los ojos y me da un beso rápido.
-Me encantaría seguir… -me araña en la espalda. –Pero hay que prepararse para la cena. –me susurra.
Se levanta y agarra sus bragas. Saca el móvil del bolsillo de sus pantalones y mira la pantalla.
-Son casi las ocho. –me dice. -¿Qué?
Mierda, me he quedado como un idiota mirándola.
-Estás… estás muy buena. –la digo y ella se ríe. Se muerde el labio. Gruño internamente.
-Tú tampoco te quedas atrás. –me guiña un ojo y se pone los pantalones.
El recuerdo de la noche en la discoteca me cruza la mente. De repente la curiosidad me invade.
-Katniss… -por primera vez la llamo por su nombre y ella me mira intensamente.
-Dime.
-¿Por qué? –pregunto.
-¿Por qué qué? –dice, confusa.
-El beso… en la discoteca… lo que pasó hoy… ¿por qué? –pregunto y la miro fijamente.
Se queda un momento callada y da un paso hacia delante. Apoya las manos en sus caderas.
-¿No te ha gustado? –arquea la ceja.
-¿Qué? –exclamo. –Pues… si… por supuesto que sí. –carraspeo.
-¿Entonces? –de repente me pregunta y me encuentro perdido.
-No me estoy quejando, me ha encantado y sabes muy bien hasta qué punto… -sonríe de lado. –Pero… ¿qué es esto? ¿Un acto de rebeldía hacia tu madre? ¿Tampoco te gusta la relación de nuestros padres?
Noto que reprime la risa y se me queda mirando de forma divertida… vaya, me alegra divertirle a alguien por primera vez.
-Peeta, lo hago porque me gusta, porque quiero. –me explica. –No sé… te vi aquella noche en la discoteca y bueno… -se sonroja, y tengo ganas de acariciar su mejilla. –Vi que eres mucho más guapo que en las revistas y en las fotos que nos ha mostrado Haymitch. No me pude contener… ¿contento?
-Vaya… -murmuro. Entonces no es por su madre.
Pues claro que no idiota, dudo que masturbar y darte uno de los mayores placeres de tu vida sea una venganza hacia su madre.
-Siempre he pensado que tienes unos labios muy… sensuales. –confiesa. –Con el alcohol de esa noche no me pude resistir y tenía que probarlos.
Se lame la boca y a mí se me cae la baba.
-Y me diste un cacho morreo en el baño… bien… -comienzo a entender. -¿Y lo de ahora?
-¿En serio quieres saberlo? –me mira y sonríe.
-Te lo estoy preguntando…
-Porque tenía curiosidad de ver en directo el bulto que escondías en esos pantalones esta mañana en el desayuno… -susurra y yo trago pesadamente.
La miro y ella se ríe. Debo de estar convirtiéndome en alguien muy gracioso porque lo único que hace ella es reírse.
-Deberías verte la cara… -me apunta. -¿De verdad eres tan "inocente" como lo pinta tu padre?
-¿Yo? ¿Inocente? Por favor… -bufo. –Sólo… sólo que… ¿siempre has sido así de atrevida?
-Sólo respondo a tus preguntas. –se encoge de hombros. –Si eso es ser atrevida.
-Me refiero a que tienes mucha facilidad en decir las cosas…
-Me gusta ir al grano… como ya habrás visto. –apunta al desorden de la habitación.
Me quedo observándola fascinado. Nunca antes había conocido alguien como ella. Intento descifrarla pero es que… puede contener tantas respuestas.
-¿Tienes alguna pregunta más? –me dice.
-¿Vas a volver a la cama? –palpo mi cama y ella sonríe de lado.
-Primero la cena… -me dice y agarra su camiseta del suelo. –Pero quién sabe… puede que te de otra sorpresa… -ahora totalmente vestida se arrastra encima de mí en la cama.
-Por favor… -suplico con un susurro.
-De momento… es mejor que nos conformemos con nuestras duchas. –me besa con pasión y después se dirige a la puerta.
Yo la sigo… embobado con el movimiento de su trasero.
-Creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien… -me dice con una sonrisa antes de desaparecer y dejarme solo en mi habitación.
Muy… pero que muy bien… pienso yo.
Ya estoy impaciente por su siguiente paso… y cuando eso pase… me aseguraré de que ella esté en mi cama, bajo mi cuerpo y culminando gritando mi nombre.
Como me llamo Peeta Alexander Mellark.
