Capitulo 2

Ahora estaba sola, sumergida en la oscuridad de la habitación solo interrumpida por un leve rayo de luna que se filtraba por la ventana, estaba encerrada en aquella prisión donde pasaría el resto de su vida, era lo correcto, había hecho lo correcto, su hermana era mucho más importante para el resto de su pueblo que ella, Kikyo era el futuro de su pueblo.

De las tres hermanas Rin era quien aun no había encontrado su lugar, no poseía habilidades especiales como Ahome o la misma Kikyo y su disgusto por la cacería le habían dejado ser extraña para el resto de los pobladores, ellos no le extrañarían.

La puerta de aquella prisión se abrió dando paso al dueño del castillo, estaba envuelto entre las sombras dejando a la vista sus atemorizantes ojos dorados que le miraban duramente, el gran señor se acerco despacio sin separar su mirada de la de ella, Rin pese a ser su prisionera no era sumisa y no bajaba la vista ante su señor aun ante la presión que este le imponía.

- irrespetuosa – dijo jalando de un brazo de ella para dejarla caer al suelo, estaba por decir algo más cuando la voz de la chica le interrumpió

- mi señor – pronuncio al principio temblorosa con la cabeza baja debido al jalón que le había proporcionado aquel hombre, sin embargo tomo valor y giro su rostro a el para hablarle – yo.. yo…

- eres mi prisionera, ¿qué te hace pensar que puedes siquiera hablarme? estarás encerrada aquí por el resto de tus días

- ¡no! – dijo ella mirándole – tal vez sea su prisionera, pero no me quedare sin hacer nada esperando mi muerte

- ese es tu castigo, ese era el acuerdo

- al menos … al menos quisiera – quiso decir pero de pronto el amo del castillo se acerco ella para hablarle provocando que la chica girara su rostro

- sigues siendo irrespetuosa

- quiero al menos servir de algo en este castillo, permítame servirle – dijo la joven quien de un momento a otro teniendo a su amo a pocos centímetros al frente suyo giro su rostro a el mirándole fijamente a los ojos retándole, no le tenía miedo, aquello había despertado curiosidad en el y luego de un largo momento de silencio volvió a hablarle

- serás una esclava entonces, si crees que puedes hacerlo adelante, limpiaras cada centímetro de este castillo y no te detendrás hasta que le regreses la vida al mismo, pero si fallas, terminare contigo – le dijo con fuerza antes de darse media vuelta y salir del cuarto dejando la puerta abierta a la chica, esta aun llena de adrenalina por haberse opuesto a el coloco una mano en su pecho tratando de controlar su respiración y su corazón palpitante, al menos por ahora había conseguido algo de tiempo, ya encontraría una forma de salir de ahí con esta ventaja.

Ahome estaba desesperada, en tan solo un día había perdido a sus dos hermanas, corrió hasta el terreno de lo cazadores a toda prisa, ellos eran su única opción, al frente estaba la gran casa que usaban como cuartel y para su sorpresa afuera estaban Sango y su prometido Miroku el monje que se sorprendieron de verla

- Señorita Ahome ¿que sucede?, se ve muy agitada – decía el monje queriéndose acercar hasta la chica pero su prometida le impidió el paso para dirigirse a la recién llegada

- ¿Ahome que paso?

- Son Rin y Kikyo algo ha pasado con ellas, deben ayudarme ambas han caído prisioneras

- ¿prisioneras de que señorita? – pregunto Miroku en voz alta llamando la atención del resto de los cazadores que de inmediato se acercaron a ellos

- fueron capturadas por el demonio blanco, las tiene en su castillo debemos ir por ellas ahora mismo

- ¿El gran Demonio Blanco? – preguntaba una voz en el fondo

- pero que tontería – decía otra

- seguramente le ha hecho daño alguno de los té´s medicinales que toma

- pero que tonta – decían en el fondo los cazadores, todos comenzaron a reírse de Ahome sin parar y sin respeto, todos menos Sango y Miroku que aunque no creían su historia le respetaban lo suficiente para no burlarse de sus declaraciones

- Ahome – decía Sango acercándose a ella – tal vez lo mejor es que vayas a casa y descanses un poco, seguro Rin esta jugando en el bosque y sabes que Kikyo esta en otra villa ayudando

- Sango no lo entiendes ellas están en peligro

- Señorita es mejor que vaya a casa, me temo que lo que dice no tiene coherencia alguna – termino Miroku haciendo un gesto para que el resto de los cazadores dieran media vuelta y regresaran a casa, Sango tardo unos segundos pero luego sin más siguió a su promedito dejando a la joven sacerdotisa sola. Estaba sola, nadie en ese pueblo le creería y mucho menos le ayudaría, si quería ayudar a sus hermanas tendría que hacerlo ella sola, más nunca encontraría el castillo, solamente alguien podría llevarle a el, debía encontrar al chico de cabello plateado para conseguirlo.

Debía empezar con el trabajo que se había encomendado así misma, entro en la primera de las grandes habitaciones dispuesta a dejarle limpia, usaría ese tiempo para encontrar la forma de escapar, pero debía mostrar al gran amo que podía hacer lo que había prometido, aunque parecía más fácil decirlo que hacerlo. El gran cuarto estaba lleno de muebles viejos y bellas pero gigantescas armaduras de guerras, sin duda de grandes generales míticos, había espadas sin funda regadas por toda la habitación así como pinturas hechas tirones debajo de grandes cantidades de polvo, por un momento se arrepintió de lo que había dicho, limpiar tan solo ese cuarto parecía improbable por lo que limpiar el castillo entero sería imposible, más había dado su palabra y demostraría que podía hacerlo.

Recogió primero cuanto objeto vio en el suelo y los junto en una esquina para luego poco a poco limpiar los maderos del suelo con un trapo viejo pero no era fácil con tan sucio objeto. Algunas horas habían pasado ya y tan solo había arreglado la mitad de la habitación, pero no se daría por vencida aunque el rugir de su estomago le decía algo diferente

- ¡Muero de hambre! – dijo la chica exclamando en voz alta mientras se sentaba en el suelo frustrada

- pero que niña tan escandalosa – decía una voz desde la puerta de la habitación sacando un susto de la joven que giro su rostro un tanto nerviosa encontrándose con un pequeño y verde ser con cara de sapo lo que por un momento dibujo una leve sonrisa en su rostro – ¿se puede saber porque te quejas tanto? Fuiste tu quien se metió en este problema

- ¿Que? Bueno yo… no es precisamente lo que yo… ¿quién es usted? O más bien… ¿qué es usted?

- De verdad eres irrespetuosa niña… - decía el verde individuo acercándose a ella, primero le miro como analizándola más luego de unos segundos continuo hablándole - mi nombre es Jaken y soy el mayordomo y guardián del castillo

- ¿Mayordomo y guardián del castillo? ¿Usted? ¿Guadiana?

- ¿Porque lo dudas niña? – gritaba molesto Jaken más la niña solo saco una pequeña risa pidiendo disculpas

- Lo siento no quise ofenderlo, es solo que parece que realiza muchos trabajos

- ¿Que esperabas? Tengo que hacerlo todo yo solo, soy el único que queda

- ¿El único que queda? Es usted el único además del amo del castillo

- ¿Que? – volvió a gritar Jaken dándose cuenta de que había hablado demasiado, más no podía decir ya lo contrario por lo que continuo - si niña soy el único que queda en este palacio, soy yo quien cuida del amo

- ¿Porque esta usted aquí? ¿Porque cuida de alguien como el? Es cruel y frío, seguramente ha sido por eso que todos le han dejado

- ¡Cierra la boca ya niña! no sabes de lo que estas hablando y te sugiero que no juzgues lo que no conoces, dedícate a hacer el trabajo para el que te has ofrecido – le grito logrando callar a la joven que sabía aquel pequeño ser tenía razón, no debía prejuzgar a aquel hombre, más este no le había dado razón alguna para opinar lo contrario

- Lo siento tiene razón… más no puede negar lo que es, ni siquiera es capaz de mostrar su rostro, más le aseguro que no le tengo miedo

- Eres una tonta niña - en silencio la joven se levanto del suelo tomando su trapo sucio

- - Debo seguir trabajando como dijo… aunque me sería más fácil si pudiera proporcióname algo de agua para la tarea

- Te llevaré a donde se encuentra el pozo, pero antes.. Anda sígueme

- ¿Señor Jaken? - pregunto inquita la muchacha

- Te llevare hasta la cocina, por lo visto tienes hambre

- Si… yo, gracias señor Jaken – dijo la chica haciendo una reverencia

- Pero no lo hago porque quiera ayudarte, lo hago porque quiero este castillo limpio le hace falta y necesitas energía para terminar con tu trabajo eso es todo

- ¡Gracias!

- ¡Cállate ya! podemos ir hasta la cocina sin que hagas tanto escándalo niña, sigues siendo irrespetuosa

- Lo siento – dijo finalmente la chica siguiendo al enano guiando el camino a la salida de aquel cuarto rumbo a la cocina, más ninguno de los dos había notado al gran amo del palacio entre las sombras que lo había escuchado todo, no podía negar que seguía curioso por ella.

Kirara había llegado hasta el pueblo con Kikyo en su lomo, la chica con algo de dificultad logro bajar del caballo dirigiendo su paso despacio hasta su vieja cabaña solo para encontrarla vacía, no necesitaba que alguien lo dijera, sabía que seguramente Ahome había salido a buscarlas, necesitaban ayuda, necesitaban a los cazadores para poder derrotar al demonio blanco y así salvar a sus hermanas, como pudo salió de la cabaña rumbo a la de los guerreros pero un par de guardias detuvieron su paso, sin palabra alguna la tomaron de los brazos y le llevaron a fuerza hasta la mansión del jefe del pueblo quien le recibió en una solitaria habitación

- ¿Pero que creen que hacen? Deben dejarme ir, no puedo perder más tiempo

- así parece, estabas en camino para con los cazadores – decía la voz del hombre que entraba hasta el cuarto por la puerta detrás de ella, era el regente del pueblo, el dueño de las tierras en las que se encontraba su hogar, un caballero de ojos rojos y cabello largo y negro, despacio y de manera elegante caminaba a ella con su mirada fija y sospechosa – ¿se puede saber porque? ¿Porque el tiempo es tan valioso ahora?

- Mi hermana Rin ella... y Ahome... debo ayudarlas

- Tus hermanas, ambas están metidas en problemas, tu hermana Rin desapareció apenas tu caballo regreso y tu hermana Ahome no ha sido vista desde la llegada de aquel joven extraño a nuestras tierras

- ¿Cual joven extraño? ¿De que esta hablando?

- Solo sabemos que posee un extraño cabello plateado

- Debe ser ayudante del Demonio Blanco, debe dejarme ir, debo ayudar a mis hermanas

- El Demonio Blanco es solo un mito niña – decía uno de los guardias que le había llevado hasta el lugar

- En realidad mi joven guardián, no es un mito como tal, existió aunque ahora nadie sabe nada sobre el

- No es posible

- Su castillo mágico y su leyenda son lo suficientemente fuertes como para esconderse en lo más profundo del bosque que supuestamente solían proteger, ellos alguna vez fueron los regentes de las tierras del Oeste... o al menos eso dice la historia

- Debe creerme, debo ir con ellas, están en peligro y tengo que encontrarlas

- Mi querida Kikyo sabes que no hay nada que no haría por ti, si la preocupación por tus hermanas es mucho para ti, te ayudare a encontrarlas, todo con tal de tenerte… a mi lado

- ¿Que quieres decir? - pregunto con sospecha al verlo acercarse a ella

- Supongo no has olvidado la propuesta que te hice antes de que te marcharas a ayudar a aquella otra villa – dijo logrando que la chica le mirara con sorpresa, ¿a caso estaba pensando...? - lo importante son tus hermanas ¿no es cierto? una respuesta tan sencilla como "si acepto" no debe ser difícil de pronunciar- el silencio lleno el cuarto, Kikyo no sabía que decir, aquel hombre le había propuesto matrimonio y ahora ponía su predicamento como otra forma de ofrecerlo, más ¿que podía hacer? de negarse condenaría a sus hermanas a muerte, sin palabras más con un gesto de su cabeza acepto dicha propuesta, entonces el gobernante ordeno dejar pasar a los hombres al cuarto, uno de sus ayudantes abrió la puerta a un grupo de cazadores dirigidos por Kohaku quien se sorprendió al notar a Kikyo en el lugar, eso solo podía indicar una cosa, Rin estaba involucrada y seguramente estaba en peligro.