La universidad Culver siempre había sido su primera opción. Y haber sido aceptado en ella, le había llenado de una alegría indescriptible.

Mark tenia beca, estudiaba medicina que era lo que lo apasionaba, los dormitorios eran geniales, tenia amigos y la doctora Betty Ross que varias veces se la topo en las asesorías, era la mejor maestra del mundo. Todo iba perfecto.

Hasta el día que salio a comer con unos amigos a la cafeteria de la universidad.

Unos tanques aparecieron en el campus, de pronto todo se llenó de militares. Nadie sabía que pasaba, no hacia unas horas había visto noticias de Tony destruyendo cosas en su expo en Nueva York, así que tanta actividad debía ser algo relacionado con él ¿Verdad?

Unos minutos después todo ardia. Literal. Los alumnos corrían buscando refugio mientras se tapaban los oídos del sonido que emitían los misiles.

Mark no sabia si huir o ser espectador. Porque ahí estaba el causante de todo. Un enorme monstruo verde.

Era gigante y acababa de tumbar a un helicóptero con sus propias manos.

Lleno de asombro, saco su teléfono (años más tarde, lamento no haber tenido uno más avanzado) y grabó lo que pudo.

La lluvia cayó y el fuego se extinguió y así como llegaron los militares, todos se fueron...

La maestra Betty desapareció, al parecer esa cosa la había secuestrado. Pero él tenia pruebas que mostraban que ella se había acercado.

Y cometió el error de contarle a sus amigos. Unos hombres de traje y gafas confiscaron su celular durante las investigaciones.

"Somos agentes de SHIELD." ¿Quien era SHIELD? Ni idea.

Su madre lo llamó más tarde, porque las líneas eran un desastre.

"¡Pudiste morir!"

Lo único que Mark le dijo es que cuando te toca, te toca. Y ese día no era su turno.


Después de Nueva York, la enorme cosa verde, resultó no ser más que un héroe inadaptado e incomprendido a sus ojos. No a los de la gente pero si a los de Mark.

Mark creía en muchas cosas. Tenia fe en las personas, en el futuro y en los Vengadores. Él creía en Hulk.

Por eso fue a Johannesburgo. Por eso quería estar en un hospital cómo voluntario y por eso quería ayudar a todos.

Ese día no tenia turno, era su día de descanso, así que decidió salir a conocer la ciudad.

A mitad de la noche, su madre recibe una llamada.

"¿Es usted la madre de Mark Robinson?"

La embajada hace los arreglos para trasladar los restos de su hijo idealista a su país de origen.

Lo que escuchó del abogado fue que, incluso en sus ultimos momentos, Mark se detenia a curar a los heridos que Hulk, Iron Man y la policía dejaba a su paso.

Que incluso cuando estaba en peligro, trato de salvar vidas.

Él era un héroe.

No las personas que se lo habían quitado.

Ella recuerda haber ido a protestas en el senado y afuera de la Torre Stark. Recuerda haber donado para las familias de Sokovia que querían justicia igual que ella. Recuerda haber rechazado la ayuda del gobierno cuando le ofrecieron pagar los gastos funerarios.

Y recuerda haber estado de acuerdo con el hombre que los noticieros culparon por la explosión en la ONU y la muerte del rey T'chaka.

Muy en el fondo, ella entendía la pérdida del tal Zemo. La única pregunta que rondaba en su mente era ¿habría hecho lo mismo que él?