Perfecta Negación
Fanfic by Delyneko-chan
Todos: Hola!!
Dely: Otro episodio más :P
Guiselle: Ayy Kawaii x¬x (abraza a Kurapica)
Kurapica: u/u
Dely: Bueno, respondiendo Reviews!! nwn Aunque, les seré sincera, esperaba más T.T
Guiselle: No se puede pedir todo en la vida, Dely-sama.
Dely: Sí, lo sé u.u
Kurapica: Además, este fic sale de tus ya acostumbradas locuras, ¿o me equivoco? ¬/¬
Dely: No, te equivocas!! Y hoy verán por qué :P
Guiselle: Dely-sama prometió un fic de realismo mágico y aquí está nwn
Dely: Sí! Gabriel García Marquez The best!! òwó
Kurapica: Sólo respondan Reviews y ya u/u
Dely/Guiselle: Reviews!! x3
Guiselle: Yo las responderé :3
hannah-hm: ¡Hola Hannah-sama! (Reverencias pronunciadas) ¡¡Wooa eres muy nice!! Lees los fics de Dely-sama, ¿neh? La review... ¿qué review? o.O" Ps verás, yo nunca me entero xD HxH es una de las tantas pasiones de Dely-sama, ¡por eso fui creada! Kurapica y Sasuke Uchiha no se parecen mucho u.uUU ¡¡Gracias por los alagos!! (ojos soñadores) Tengo entendido que sirve para ambos sexos, por que acá hubo una telenovela y el protagonista se llamaba Gabrielle, y era hombre n.nUU Gracias por tu review!! Ya nos toparemos por ahí :D
Rodri-chan: ¡¡Lector nuevo!! (Se lanzan confites por los aires) Gracias, gracias (Reverencias) ¡¡Dely-sama está con mucha ilusión, y espera que leas sus fanfics de Digimon!! Ya verás como continúa y... eres un chico de pocas palabras. ¡Dely-sama pasará por tu perfil y leerá algún fic tuyo! Cuenta con eso ;D Nos leemos!!
Aichankm: Holas!! No te había visto, je, será por que soy nueva en Fanfiction xD Qué bueno que te guste y... ¿Quién dice que soy bipolar ¬¬... n.n ¡¡Aquí está el nuevo epi, y Dely-sama actualizará los demás!! ¡Adiós! nOn
Dely: Son todas! Gracias Guise-chan :3
Guiselle: De nada n.n
Kurapica: Vamos con el episodio u/u
Dely: Wiiii x3 (corre en círculos)
Episodio II
Cómo comencé a amarla.
I
Guiselle había salido al patio, oportunidad perfecta para recorrer el lugar. En el primer piso encontré lo de siempre: habitaciones finamente decoradas para atender visitas, el comedor, la cocina y esas cosas. Subí el segundo piso, en donde el ala sur era de las habitaciones. Me dirigía al ala norte cuando una voz me detuvo.
-Será mejor que no vayas para allá.
Di un respingo, y me giré hacia donde me habían hablado. Era el gato de peluche, el mismo de la mañana.
-¿Por qué?
-Si la señorita Guiselle no te lo ha dicho, está prohibido para toda persona ajena a la familia el pasar hacia ese sector.
-¿Qué hay ahí? ¿Algo más que oculta esta casa?
-Sólo la familia puede pasar a ese lugar.
-Guiselle es descendiente de una ojos rojos, y yo soy un ojos rojos.
El gato me quedó mirando fijo. Entonces se adelantó.
-Sígueme.
Seguí al gato, quién me llevó hasta una puerta.
-Entra. No dejes que las apariencias te engañen.
Abrí la puerta, y cuál sería mi sorpresa cuando vi que era una habitación algo sombría. Prendí una luz, y entonces lo vi.
Un enorme cuadro se encontraba al final de la habitación, en donde pude distinguir claramente... ¿A la familia Zoldick? ¿Qué es lo que tiene que ver la familia Zoldick con la familia Amstrong? Me fije mejor y vi que era la familia Zoldick junto a la familia Amstrong, más el chico Mouswell. Me acerqué al cuadro, y pude distinguir a Killua de niño, junto a Guiselle e Isabella, que eran un poco más mayores que él.
-Los Amstrong y los Zoldick tenían una estrecha relación.
Me giré hacia la voz. Era como una especie de hada, de color lila. No superaba los treinta centímetros.
-Veo que no te sorprende mi aparición.
-No, si ya hay juguetes encantados en este palacio, no me sorprendería toparme también con muebles que hablen.
-Helder Amstrong y Zeno Zoldick fueron buenos amigos por un tiempo. Edel, el hermano de Helder, no estaba de acuerdo con esta amistad, al saber que los Zoldick son una familia de asesinos. Aunque los Amstrong tampoco se caracterizaban por hacer el mejor de los trabajos.
-¿A qué se dedicaban los Amstrong?
-Al secuestro, mercado negro y contrabando de armamento de guerra. Claro que fue un oficio que no fue seguido por Gabrielle, así que éste cuadro se pintó en la última visita de la familia Zoldick.
-Respóndeme una pregunta. ¿Qué tienen que ver los Amstrong con la Araña?
-La Araña buscaba a los ojos rojos, por sus preciados ojos, ¿lo recuerdas?- Asentí con pesar.- Los Amstrong se dedicaban al mercado negro. Helder padre convenció a Helder hijo enamorar a una joven ojos rojos para arrebatarle sus ojos y venderlos a un alto costo. Pero no contó con que su hijo se enamoraría de ella, así que fue desterrado por deshonrar a su familia. Edel estaba en contra de todo lo que sus padres le habían enseñado, dejándo la casa que los vió nacer junto a su hermano.
Observé el cuadro. Killua no debía tener más de tres años, y las gemelas no más de ocho.
-Guiselle no recuerda nada de esto. Y te confiaré un secreto, el secreto del por qué ella a veces oculta sus ojos de la gente, habla para sí y recuerda cosas que a veces no tienen sentido para los demás.
II
-La señorita Guiselle, al ver todas las cosas horribles que le hicieron a su familia, activó un sector de su cerebro, haciéndo que éste se "divida en dos".
-¿Cómo es eso?- pregunté. Esto ya me sonaba a chacota de mal gusto.
-La señorita Guiselle tiene doble personalidad. Pero ambas personalidad son independientes.
Me sobresalté.
-Eso quiere decir que...
-Así cómo usted la ve, como una niña risueña, educada, amable, dulce y preocupada es cómo es realmente la señorita; pero está la otra parte, que a veces sale. Son recuerdos de todo lo vivido, lo malo. El rencor y la impotencia son su fuerte, pero ese lado está reprimido por su propia inocencia infantil que se vió corrompida hace mucho.
Me quedé callado. Observé por la ventana y vi que Guiselle jugaba con dos muñecas que le llegaban hasta los hombros.
-Gracias. Perdona, aún no me haz dicho tu nombre.
-Me llamo Jazmín.
Se esfumó. Me quedé observando el cuadro. ¿Había algo más en esta casa que yo debiera saber? Salí de la habitación y cerré la puerta, observándola. Lanzé un suspiro.
-La señorita Guiselle le espera, joven Kurapica.
-¡Waa!- me sobresalté. Era Luna, una de las muñecas de porcelana más altas.- ¡Ah, Luna! Vaya susto me haz dado.
-Será mejor que no la haga esperar tanto.
-Claro, claro.- Vaya a saber uno cómo podía llegar a reaccionar...
Bajé y salí al patio. Allí estaba Guiselle cantando, nuevamente. Me acerqué a ella, pero no dejó de cantar. Me invitó a tomar asiento a su lado.
Mientras la escuchaba, mil pensamientos comenzaron a surgir en mi mente. Su voz me transportaba a mi época de infancia, con mi maestra. Yo tenía siete años, y ella me arrullaba con un canto después de haber entrenado casi todo el día. Ella no superaba los veinte años. Gracias a ella sé todo lo que sé. Comencé a evocar su rostro, sus cabellos rubios como el sol, sus ojos claros como el cielo despejado, su voz dulce como la flauta. Y sin querer, o casi queriendo, me quedé dormido.
Desperté con una dulce sensación de alivio. Mi cabeza estaba apoyada en algo, y ese algo eran las faldas de Guiselle. Ella dormía apaciblemente con una mano suya sobre mi cabeza. El viento mecía sus cabellos, y entonces despertó.
-¡Vaya!- dijo, tapándose la boca delicadamente para bostezar.- Qué bien dormí.
Estaba en silencio. Observaba sus ojos y su cabellera, que estaba suelta, mientras ella me miraba con dulzura.
-¿Y tú, cómo haz dormido?
-Bien.- respondí. Estiré los brazos.- Guiselle...
-¿Neh?
-...- me quedé callado. Me perdía en sus ojos claros.
Nos miramos, hasta que ella agachó su rostro, casi rozando con el mío. Cerró sus ojos y estiró levemente los labios. Mi corazón se agitó a mil por minuto y cerré los ojos también. Esperaba con ansias la presión de sus labios sobre los míos. ¡¿Se podía saber que era lo que realmente me pasaba?! Me sonrojé un poco. Hasta que me besó... ¿¿en la frente??
Decepcionado, abrí los ojos, mientras ella me miraba divertida.
-¡Kurapica creyó que le besaría!
-¡¿Qué??- pregunté, casi gritando. Me incorporé. Tenía que confesar que, en realidad, esperaba un beso suyo. Estaba algo sonrojado, lo podía sentir. Ella se reía.
-¿En serio creíste que lo iba a hacer?
-¡¡Por supuesto que no!! Sólo...
La miré. Se reía. Yo estaba muy apenado.
-Sólo quiero verte reír.
Me sonrió dulce y me miró aún divertida. Me levanté y la ayudé a pararse.
-¡Vamos!- me gritó, tomándome otra vez de la mano.
Me condujo hasta un pequeño jardín, con muchas flores de todos colores. Corría entre ellas, divertida. Y yo, cómo siguiendo su juego, le perseguía. Reíamos. Después de tanto tiempo, yo comenzaba nuevamente a reír, y a divertirme en serio. Desde la última vez que vi a Leorio, Gon y Killua no me había divertido tanto. Hasta que la tomé de la cintura. Ella se había puesto una rosa en el cabello, una rosa roja, como sus labios.
Seguía riéndose. Su cabello se movía. El sol nos acompañaba. La suave fragancia de las rosas se mezclaba con la fragancia de su perfume. Yo estaba cansado, y ella también. Pero nada importaba ya. Traté de acercarme para besarle, pero ella se escabulló nuevamente. Le quería, le quería locamente. ¿Cómo lo sé? No lo sé. Sólo la quiero y ya. ¿Hay una razón para amar?
Hasta que sentí un ruido de caída, y un pequeño sollozo. Fui a ver, presuroso. Guiselle estaba allí, en el suelo, tomándose un tobillo. Le dolía.
-...Me he tropezado.- dijo, sin quitar la sonrisa de los labios, a pesar de las lágrimas.
-Vamos.- le dije, tomándole en brazos. Entramos a la casa.
III
-La señorita Guiselle estará mejor.- dijo Estrella, la otra muñeca alta. Era exacta a Luna. Ambas tenían el cabello negro muy largo, tomado en dos medias coletas a los lados. Sus ojos eran morados. Sus cuerpos de muñecas aparentaban diez años. Eran sencillamente perfectas. Podían pasar desapercibidas como humanas.- Gracias por traerle a tiempo.
-No hay de qué.- respondí.
Luna y Estrella abandonaron la habitación.
-Se preocupan mucho por ti.- le dije a Guiselle.
-Sí, desde siempre.- respondió ella.
-¿Desde siempre?
-No sé si te diste cuenta, pero Luna y Estrella son anatómicamente perfectas. A pesar de ser muñecas no lo parecen, ¿verdad?- asentí.- Mi abuelo nos las regaló cuando teníamos tres años y, cómo íbamos creciendo, las hacía más grandes. Ellas son como androides, las hizo un amigo del abuelo...- Volvió a ocultar sus ojos de mí.- Pero el abuelo ya no está aquí para hacerlas de mi edad... Isabella ya no está para jugar con ellas... A la casa de muñecas no se puede entrar, nadie puede entrar. La maldición de las doce patas en búsqueda de un tesoro ya no acaba... no acaba. Estoy sola, nadie está conmigo, nadie me quiere... Nadie... Nunca...
-Guiselle, no digas eso. No me digas eso, yo...- Pero estaba ida. No miraba nada en particular. Sus ojos los seguía ocultando de mí. La tomé de la mano.- Yo estoy contigo.
Se levantó de pronto, y me miró con los ojos desorbitados. Me sobresalté. ¡Eran rojos!
-Nadie me hará daño, ¡nadie!- inmediatamente salió corriendo.
-¡Guiselle!
Salí tras ella. Las muñecas mucamas se espantaron, y una salió a buscar a Mishu, ni idea de quién era pero yo seguía corriendo detrás de Guiselle.
-¡Aléjate de mí!- me lanzó un jarro, que logré esquivar.
-¡Guiselle, soy Kurapica, tu amigo!
-¡No me harás daño!
Salimos al patio. Saqué mis cadenas, sé que no debía hacerlo pero... Con la cadena para atrapar le di dos vueltas y la detuve. Corrí donde ella. El gato de peluche y algunas muñecas, incluidas Luna y Estrella, estaban en la puerta de la casa.
-No me dejaste opción.- le dije, mientras me acercaba. Ocultaba sus ojos de mí, nuevamente.
-...- Me miró con furia. Sus ojos estaban rojos. El Nem que despedía de sus poros era azul.- No volverán a hacerme daño.
-Claro que no. Nadie te hará daño. La Araña ha muerto, para siempre. Yo también estoy solo, mi familia, mi clan fue masacrada por la Araña, por lo mismo que la tuya: por los ojos rojos.- Me miró confundida. Cerré mis ojos y cuando los abrí eran rojos.- Yo también soy un ojos rojos.
Creo que se calmó por que dejó de despedir nem. Hice desaparecer mis cadenas y entonces ella lloró. La abracé, mientras todos los juguetes nos miraban. Entraron a la casa. Guiselle no paraba de llorar.
-Te quiero.- mascullé. Un momento... ¡¿Qué había dicho?! ¿¿Desde cuándo ella me importaba tanto??
Me miró con sus ojos azules, cristalinos por las lágrimas. Cerré mis ojos, y en un segundo sus labios carmesí estaban junto a los míos. Estaba atardeciendo.
Cuando nos separamos, es sol se estaba poniendo, dejando al descubierto sus matices rojos sobre el bosque. Ella sonreía.
-Ya se ha ido.- murmuró.
-¿Quién?
-La maldición.
-¿Qué maldición?
-La maldición que me mantenía con doble personalidad. Todas las cosas malas se han ido, sólo fueron malos recuerdos.
-Eso significa que vuelves a ser tú.- no podía evitar sonreír.
-Vamos a la casa.- Acto seguido entramos.
IV
Esa noche, Guiselle me invitó a un lugar donde jamás había entrado: el salón principal. Me dijo que me vistiera elegante y accedí. Cuando entré, todos los juguetes estaba allí y me recibieron entre aplausos. Guiselle se encontraba más allá, con un hermoso vestido celeste. Me sorprendí por la acogida.
-¿Y esto?- pregunté a nadie en particular.
-Ellos han organizado una fiesta en tu honor.- Guiselle se acercaba más a mí- Haz liberado a la casa de la maldición, gracias.- enseguida me besó.
Los juguetes musicales comenzaron a tocar valses y los muñecos bailaban. Nosotros, en el medio, bailábamos acorde a la música.
Salimos de la casa en medio de la fiesta. Llegamos hasta la fuente en el que borboteaba agua. La luna estaba llena.
-Quiero quedarme contigo, para siempre Kurapica.
-¿Eh?- No podía creer lo que escuchaba.
-Para siempre...
Me selló los labios con un beso, y entonces la música paró.
Entramos al salón. Los juguetes ya no estaban bailando, no estaban tocando música: no tenían vida. Estaban regados por todos lados en el suelo, todos excepto Luna, Estrella y el gato de felpa Mishu.
-La maldición ha acabado, y el encantamiento también.- dijo Mishu.- Fui feliz mientras cuidé de Guiselle en estos siete años. Cumplí mi misión, ha llegado quien deberá cuidar de ella por toda la eternidad. Kurapica, cuídale.
-Claro, Mishu.- respondí. Mishu cayó al piso, ya sin vida.
-Arreglaremos este desastre, señorita Guiselle.- Luna y Estrella comenzaron a recoger los muñecos del suelo.
-Yo también ayudaré.- dijo ella. Yo también ayudé a ordenar.
Esa noche soñe cosas horribles. Soñé que Guiselle estaba en una casa de muñecas, tenía los ojos rojos, con un cuchillo ensangrentado en la mano, y un charco de sangre atrás suyo. Cuando me fijé mejor, me dí cuenta de que eran muñecos de felpa que, en vez de estar rellenos de algodón, estaban desangrándose. Dejé de ver a Guiselle, cuando aparecí en medio de una casa en llamas, y una niña huía. Corría, corría, corría... Tenía el cabello castaño claro, y su vestido estaba echo jirones. La escena cambió a una oscuridad total. La misma niña anterior ahora tenía la hoz de la muerte en sus manos, y me cortó en dos. Volví a aparecer entero, pero esta vez me veía yo de niño en frente de un espejo. Mi yo niño dijo algo, pero no logré oírle. Desperté sudado y gritando. Luna y Estrella fueron a verme a la habitación.
-¿Qué ocurre, señor Kurapica?
-Luna... Estrella... Guiselle...- de pronto parecí reaccionar.- Demonios, que horrible pesadilla. Parecía tan real...
-Tranquilo, sólo ha sido un mal sueño señor.- dijo Estrella. Lo único que la diferenciaba de su hermana eran sus rosones rosados. La otra usaba rosones celeste claro.
-Sí, eso debío ser.
-Si ya no nos necesita, podemos retirárnos.
-Luna, Estrella. Tengo una pregunta que hacerles.
-La que usted quiera, señor Kurapica.
-¿Qué es eso de una casa de muñecas?
Ninguna de las dos demostró sentimiento alguno en sus rostros.
-Archivos no encontrados.- respondieron. Claro, son androides, lo había olvidado por completo.
-¿Acaso jugaron en alguna casa de muñecas cuando eran más... niñas?- volví a insistir. Me urgía saberlo.
-Archivos no encontrados. Buenas noches señor Kurapica.- apagaron la luz y salieron de la habitación.
Me tumbé a dormir nuevamente. Pero las pesadillas aumentaban a medida que avanzaba la noche. Me levanté al amanecer para salir a caminar un poco, para despejar ideas. Las escenas se repetían en mi mente: Juguetes ensangrentados, Guiselle despedazándolos con un cuchillo, Guiselle con una hoz cortando las rosas del jardín, Guiselle arrancando de un lugar en llamas. Guiselle, Guiselle, Guiselle...
De pronto choqué con un muro. No me di ni cuenta de que estaba allí, estaba cubierto por una gran enredadera de hojas. Aunque el golpe no fue muy fuerte, fue lo bastante suficiente como para dejar al descubierto un pedazo de una puerta. Quité todas las enredaderas de encima y, en efecto, una puerta de color rojo con un arcoiris dibujado en él apareció ante mis ojos. No era muy grande, apenas me llegaba a la altura de los hombros. Traté de abrirla y, para mi sorpresa, estaba sin cerradura. Entré. Lo que vi adentro me estremeció en lo más profundo de mis entrañas. Tuve que evitar una exclamación.
Era un lugar marchito, con árboles quemados que no tenían signos de querer regenerarse. En el suelo había tanta sangre que ni siquiera fue absorbida por la tierra, secándose y dejándola con tintes rojos. Sangre en las cuatro paredes de este pequeño jardín, sangre en los árboles. Y, al fondo, una casa de muñecas.
Estaba quemada en el techo. Era de dos pisos, y el primero tenía un poco más de alto que yo. Ingresé. Muñecos, peluches, juguetes de toda índole estaban regados por el suelo. Algunos rotos, algunos quemados, otros despedazados... y los que apenas estaban enteros, cubiertos de sangre seca. Vidrios rotos por el suelo y sangre en todos lados daba la sensación tétrica al lugar, que de por sí ya era lo suficientemente tétrico. Subí al segundo piso, que apenas pisaba crujía. Abrí una puerta que tenía signos de haber contenido una gran hogera. La abrí. Todo estaba quemado adentro, pero se notaba que era una habitación de alguna niña. Mientras me preguntaba si era la habitación de alguna de las gemelas me horroricé por completo.
Debajo de la ventana algo yacía, eran esqueletos pertenecientes a una niña, de no más de diez años. Su vestido estaba algo quemado, pero se distinguía claramente un color rosa pastel. Recordé que en el cuadro de la familia Asmtrong, la que tenía el vestido celeste era Guiselle, y la de vestido rosa pastel se encontraba allí, muerta. Bueno, sólo su huesos. Eran los huesos de Isabella.
Dely: Es todo por el momento!! n.n
Guiselle: Onee-chaaaaaaaaaaan...!! T.T
Kurapica: Aún sigo impactado por todo lo que vi u.u
Guiselle: BUAAA!! TTOTT (Abraza a Kurapica)
Dely: Debe ser terrible ver esas cosas (tiembla exageradamente) Uuuhh qué miedo-ttebayo .
Kurapica: Guiselle... me... afixias... x.x"
Guiselle: Gomen Y.Y... Quién le hizo eso a mi onee-chan!? TTOTT
Dely: Ps ya veremos!! ò.ó En el próximo episodio nOn
Kurapica: Que es el último, por lo demás. Ya era regalada hora...
Dely/Guiselle: Y pareciera que fue ayer cuando comenzó YOY
Kurapica: Mejor vamos despachando a la gente.
Todos: Hasta la próxima!! n.n
