3 DÍAS ANTES DE LA PARTIDA
A pesar de querer concentrarse en empacar sus cosas, no podía dejar de pensar en aquella nota que le dejó a la princesa peli morada antes de dejarla sumida en sus pensamientos. Le preocupaba y entristecía el pensar que la joven no hubiese leído la nota que dejó para ella en su escritorio, pues era imperativo que lo leyera. Hubiese preferido decirle todo eso en persona, pero no era más que un cobarde que la hizo ver mal frente su pueblo y se veía el odio en su mirar, ¿Cómo decirle todo eso en persona?
Llegó a sentirse indigno de estar en la presencia de la princesa, cosa que le extrañaba, pues nunca se había sentido así. Tal vez porque nunca había pensado en las posibles consecuencias que le podría llevar a la princesa si la volvía a dejar sola después de decirle que podía confiar en él. Tal vez fue exceso de confianza, tal vez fue que quería llamar más la atención, tal vez quería probar que era capaz de más…mucho más…
Pero, tal vez fue demasiado para él…
Nunca creyó en su vida que algún día se daría por vencido, menos cuando se trataba de su honor y reputación, pues cuando se proclamó como héroe
¿Por qué se le ocurrió decir algo tan tonto y descabellado como decir que él era el héroe esperado?
Tal vez quería darse a conocer, o probarse a si mismo, conocer sus límites…
O simplemente impresionar a la soberana…
¿Por qué tuvo que enamorarse de ella?, ¿Por qué no podía conformarse con una simple chica del pueblo de los bandidos o que viviera en alguna otra zona del demacrado país?
Tal vez podría dar una lista de lo que le llamó la atención de ella: sus ojos, su cabello, su pálida pero brillante piel que hacía parecer a sus ojos un par de rubíes enterrados en la blanca arena, aunque le entristecía su apariencia de siempre querer llorar cuando veía Lorule.
Supuso que desde ese momento decidió proclamarse como el héroe del país…el héroe de la princesa…
Y es que nada podía salir mal, es decir, el estaba destinado a algo mucho más grande que ser estudiante del herrero del pueblo, ¿no?, ¿por qué no podía ser el héroe de su soñada princesa?, las palabras y ofensas de parte de su maestro no le detendrían, tal vez sonaría loco el hecho de que alguien de tan humildes orígenes fuese destinado a algo tan grande como reconstruir Lorule a su antigua gloria, pero no era imposible, además, su gran recompensa sería estar al lado de la hermosa princesa siempre que quisiera, tal vez hasta casarse con ella y tener descendencia…
Su sueño ideal…
Pero solo eso…
Un sueño…
Claro, ¿Cómo no vio antes que la princesa no estaba a su alcance?, ¿Por qué tuvo que exponerla al ridículo cuando el resto del pueblo ya la odiaba?
No había palabra suficiente para describir lo que hizo, un simple perdón no iba a hacer nada para mejorar la situación en la que metió a la princesa, mucho menos cuando ahora había decidido dejar Lorule, ¿Por qué?, porque era un cobarde, ¿Por qué más? No sabía cómo arreglar las cosas y no tenía el valor para admitir frente a todos que él era a quién debían odiar y no a su monarca, quién hacía hasta lo imposible por mantenerlos contentos en tan pobres condiciones.
El único monstruo era él al no poder reconocer su gravísimo error y para variar, huir de él. Debió de conocer su lugar todo ese tiempo en lugar de buscar un inútil sueño como el llegar alguna vez a sentir los dulces labios de su amada chica.
–Pero…–pensó mientras empacaba sus últimas pertenencias en ese pobre saco lleno de algunas rupias para el viaje como de lo poco que poseía–…no puedo dejar las cosas así, ¿oh si?... –reflexionó por unos momentos la posibilidad de que la peli morada no hubiese leído ese papel que le había dejado de la manera más discreta en su escritorio, esperando que fuese leído cuando su destinataria estuviese más tranquila de la pelea que habían tenido–…¿y si no la leyó?, no puedo irme sin que ella lo sepa…–respiró hondo decidido a cruzar nuevamente ese castillo invadido por monstruos y bestias que amenazaban a diario con la vida de su princesa. Cada vez le costaba menos llegar a ella, a pesar de que la realidad, el camino al corazón de la de ojos rubí era mil veces más difícil que eso, estaba dispuesto a cruzarlo con tal de estar con ella.
Pero, parece que alguien más se adelantó…
Vio como su princesa estaba cerca, tal vez demasiado de un tipo que parecía más payaso que nada, las manos juntas y las sonrisas al máximo. Algo dentro de él se quebró al ver eso, no podía resistir, pero tampoco reclamar, ¿realmente fue tan estúpido como para perderla tan fácil?, no podía ser…
Unas lágrimas escaparon de sus párpados y dejó a los amantes en silencio. No sabía que haría ahora, tal vez era mejor el hecho de irse lejos para no incomodarle. Se sentó en una habitación oculta a un lado de la escalera, donde la soledad le permitió llorar por mucho tiempo, dejando volar su imaginación sobre lo que la noble y el payaso estarían haciendo, tal vez algo que el jamás alcanzaría a sentir junto a ella se lo robaba un cretino.
No supo cuanto tiempo se lamentó, solo supo que escuchó pasos, que como era de esperarse, no eran de Hilda, si no de ese hombre quien reía de manera discreta y tal vez satisfactoria.
–Engañar a la princesa resultó más fácil de lo que esperaba…–su corazón se heló al escuchar la maldad en su voz y oración, dejando que sus uñas perforaran su piel del odio y de la resistencia de no matar al payaso–…ahora solo hay que esperar a que ella encuentre la manera de viajar…
¿Viajar?, ¿de que hablaba? No le importó, solo esperó a que ese grotesco hombre con femenina voz se alejara de los aposentos de la dama para advertirle de la gran amenaza que tenía frente las narices y que claramente, su inocencia no le dejaba distinguir.
–¡Princesa!... –la cara de disgusto de la elogiada se hizo notoria cuando vio quien era su visita.
–¿no te cansas de molestar a la gente?
–¡Esta usándote!
La princesa combinó la ira con confusión.
–¿De que hablas?
–Ese hombre te usa para algo…–le contestó con convicción–…¡No puedes estar cerca de él!...
La princesa solamente frunció el ceño.
–Solo tienes celos de que alguien encontró la solución al problema en el que me metiste.
Ravio le vio con sorpresa y dolor, no esperaba un golpe tan bajo de parte de la princesa por más que se lo mereciera.
–¡No me está entendiendo!
–Yuga llegó con un plan a prueba de idiotas…–cubrió discretamente unos papeles en su escritorio que analizaba antes de la llegada del peli morado–…cosa que no veo que tu hagas, ¡Cobarde!
–Debe de confiar en mí princesa…
–Ya lo hice una vez, y mira que ahora dudo mucho que puedas serme útil, ¿acaso estas en serio dispuesto a enmendar tus errores?...dudo que no…yo sé que no…
Le dolió, sintió como si todo su orgullo fuese abofeteado por las duras pero ciertas palabras de la monarca. Estaba celoso, sí, pero de que el tocara esos blancos guantes y compartiera la soledad con la princesa de ojos rubíes. Pero no todo era eso, el escuchó como se burlaba de esa indefensa criatura a sus espaldas mientras ella claramente solo buscaba la salvación de su reino.
–si ya no tienes más que decir, te ruego me dejes en paz…–y con un ademán, despidió al joven. Este se quedó helado por unos momentos, pero no queriendo forzar las cosas, dejó sola a la princesa, regresando en profunda soledad, tristeza y celos a su casi vacía casa. Sacó un libro que tenía de portada un sombrero de orejas de conejo, queriendo desahogar las emociones del día para poder tener ideas frescas de cómo hacer reaccionar a su amor secreto sobre lo que estaba a punto de hacer…
"3 días antes de la partida: Entiendo perfectamente sus dudas, pero ¿Qué podría hacer yo para ayudarla?"
Hola non/
Lo se, lo se, tarde mucho, pero quería actualizar lo demás y ponerme al tanto en la escuela x-x lamento la espera y espero les haya gustado a pesar de que haya quedado un poco corto n.n'
En fin, lo explico, estos son los días que vivió Ravio antes de su partida al mundo de Hyrule como dije con anterioridad, pueden considerar el capítulo anterior como el 4to día :v
En fin, espero les haya gustado y les invito a leer mis otras historias.
Nos leemos :D
