La Luna negra está pendida en el cielo oscuro. Su sonrisa torcida no es más que un rasgo característico en el orbe antaño repleto de color. Aún así, la sangre roja rezuma entre sus dientes cuando la muerte azota la superficie terrestre. Desde su privilegiada posición, una figura indefinida de larga cabellera que flota alrededor de su cabeza, observa el mundo que se extiende bajo sus pies.
Largas enredaderas cubren el que se ha convertido en su hogar, mientras la suave música de una melodía flota vagamente por el lugar. No camina, se desliza sobre la superficie, admirando cada rincón del que es su cuadro favorito: la Tierra.
Es su cometido mantener el caos, al igual que es el cometido de otro mantener el orden. Más hace tiempo que no requieren sus servicios, y aquello que retiene su presencia allí, obliga a que se quede, sin la posibilidad de bajar, de poder disfrutar de aquellos paisajes soleados que ha perdido la oportunidad de recorrer.
Su mundo ahora es la noche. El Sol, aun conservando su colorido, parece burlarse con su risa despectiva de su destino. Pero es ella, la Luna, la única capacitada para anunciar la muerte, la única que puede llevar el caos y la locura donde quiera que esté.
Pero la Luna no puede ir más allá del velo de la magia. Quién guarda el terreno solo conoce lo que ocurre en la Tierra.
El mundo en el que la hechicería predomina los días y las noches, donde con unas simples palabras puedes tener todo lo que deseas. Ese es el Reino de las Brujas, gobernado por la grande Mabaa, la reina de las suyas.
El suave compás de los grillos acompaña su marcha nocturna, disfrutando de esa paz que tanto había costado conseguir. Solo el acto de fe del joven que a día de hoy gobierna como la Muerte, logró que siglos de batallas se vieran olvidados. Un pacto creado veinte años atrás para destruir a un enemigo común, un enemigo durmiente encerrado por un poder superior al que pudo tener en su día.
Pero Mabaa lo percibe. Percibe el aire de pronto enrarecido. Percibe el aplastante silencio que invade la plaza en la que todas las noches de luna llena se realiza la misa que une a todas las brujas. Se detiene, su capa arrastrando, y mira a su alrededor.
Y es entonces cuando la ve. Una pequeña mariposa aleteando hacia el centro de la plaza, donde se alza la estatua, su estatua. Y lo siente, de pronto lo siente. Siente que todo por lo que ha trabajado va a desmoronarse. Solo maúlla, como es habitual en su comportamiento, y espera, paciente, a que la amenaza cobre forma…
La figura indefinida de la Luna ve como la sangre fluye entre los dientes. Pero algo en ella se remueve. Una nota discordante vibra en el ambiente, que se ha tornado tenso. Algo se agita en su interior, algo antaño despierto, pero que hasta ahora descansaba. Un alarido resuena en el lugar, mientras que por primera vez, la Luna anuncia la muerte de un ser que está más allá de su jurisdicción…
Eran demasiados años en aquél lugar. Conocía demasiado bien el camino que ahora recorría, con pasos apresurados. Abrió la puerta, encontrándose con los característicos arcos que tantas veces había visto, y solo se detuvo cuando vio que el resto, salvo cinco, estaban allí. Spartoi había sido convocado por aquél que una vez fue su líder. Maka Albarn suspiró, buscando a su compañero con la mirada. Cuando captó su cabellera blanca, junto a una azul y otra negra, se acercó.
-¿Quiénes faltan?- preguntó, preocupada. Soul Eater Evans se giró para mirarla.
-Las gemelas y Kid. También faltan Kim y Jacqueline- informó. Maka suspiró, llevándose una mano al pecho. Además de los miembros de Spartoi allí presentes, pudo encontrarse con los actuales Death Scythe que se encontraban en aquél momento en la ciudad, y con algunos de los docentes de la escuela.
En ese instante entraron en la sala una joven de cabello rosado, seguida de una castaña, que evitaron mirar a todos los integrantes de la sala.
-Kim…- Maka se fijo en Ox Ford, uno de sus compañeros, y la pareja de Kimeal Diehl, apodada Kim por todos los presentes. La aludida se aferró a su cuerpo, sin saber que más hacer, mientras su compañera le daba palmadas en la espalda.
-Me alegra ver que todos estáis aquí- su voz fue suficiente para que todos desviaran su atención. Death the Kid, actual Señor de la Muerte, entró en la sala con paso regio, seguido de sus dos inseparables armas, Patricia y Elizabeth Thompson. Junto a ellas una curiosa figura de larga nariz se deslizó entre los integrantes de aquella precipitada reunión.
-Señor…-
-Me conoces desde hace mucho, Harvar. Puedes llamarme por mi nombre- aseguró el aludido. Sus ojos dorados refulgían preocupación, y su cabello negro, en el que destacaban tres perfectas líneas blancas, se agitó con el movimiento que realizó para mirar a todos los reunidos en la sala.
-Kid- se corrigió Harvar D. Éclair- ¿Es cierto lo qué nos has dicho?- preguntó. El Señor de la Muerte no desvió la mirada. Se dedicó a observar a cada uno de los presentes a los ojos.
-Sí, es cierto- respondió.
-P-Pero… ¿cómo es posible? La Luna nunca informa de esto, su mundo está más allá de su influencia- murmuró Tsubaki Nakatsukasa, aferrada a su inseparable compañero Black Star.
-El velo entre ambos mundos se ha debilitado- informó Jacqueline O. Lantern Dupré por su amiga, que aún sollozada aferrada a su pareja- Eso ha producido que la Luna haya sido capaz de captarlo-
-No termino de creérmelo- murmuró Maka, bajando la mirada. Sintió una mano en su hombro y sonrió levemente a Katarina Virta, una de sus más recientes compañeras. Ella no había participado en la batalla de hace veinte años, pero comprendía la magnitud de la situación.
-Pues hazlo- Kid se cruzó de brazos, observando a todos los presentes nuevamente- La noticia no es falsa. Eruka Frog, Free y otras brujas han huido al saber lo sucedido, y han sido ellos los principales informadores- realizó un gesto con la mano, haciendo que un variopinto grupo formado por mujeres vestidas de forma estrafalaria, y un hombre bastante alto y fornido, entraran en la sala- Mabaa ha muerto. Ha sido asesinada en la plaza de la misa de las brujas, y ahora otra ocupa su lugar- señaló al grupo, que parecía tener el mismo gesto de dolor de Kim- Van a ser trasladados a las afueras de Death City, bajo mi protección. Debido a lo ocurrido, nada puede garantizar la protección de la gente ni de ellos, ahora considerados herejes. Las brujas se van a descontrolar ahora que el Tratado se ha roto- explicó, cruzándose de brazos- Nuestros alumnos deben ser enseñados. No nos podemos fiar así por las buenas. El caos y el orden deben estar en equilibrio, ese el ideal del mundo. Nada debe hacer que la balanza pierda su igualdad- suspiró, y su gesto serio se suavizó- Debemos ser fuertes. Hemos pasado por mucho para que ahora caigamos por esto- sentenció- No hay nada más que decir-
Sin más, todos, poco a poco, fueron saliendo de la sala, hasta que solo quedaron siete. Maka, Soul, Black Star, Tsubaki, Patty, Liz y Kid. La primera se adelantó, con gesto preocupado.
-Ella…-
-Estará bien. Nada ha despertado de momento, y sabes que tenemos mucho en nuestro favor si el momento llegara- explicó Kid, aunque aquello no pareció aliviar a su amiga.
-¿Se sabe algo sobre la muerte?- preguntó Tsubaki, visiblemente consternada.
-Además de Mabaa ha muerto su más poderosa compañera, la que supuestamente heredaría el cargo en caso de morir la reina. Pero el caos se ha desatado, y ahora la nueva señora se hace llamar Asora- explicó Patty, calándose mejor su sombrero vaquero. Maka se mordió el labio.
-Asora…ese nombre no me augura nada bueno- susurró. Con un suspiro cansado, enlazó su mano con la de Soul, y juntos salieron de la sala, seguidos de Black Star y Tsubaki. Desde un rincón alejado, la figura de curiosa nariz se adelantó.
-¿Percibes su poder verdad?- inquirió Excalibur.
-No pensé que estuviese viva- admitió él. Sus compañeras le miraron preocupadas, y le siguieron en cuanto el se encaminó a la salida- No podemos permitir que se junten. Su poder sería devastador- informó al arma sagrada.
-No creo que eso pase, ha vivido bajo una buena influencia. No podrán apoderarse de su esencia tan fácilmente- contestó, en un intento de tranquilizar a su señor.
Aunque ciertas, aquellas palabras no eran suficientes para Death the Kid….
