Las obras y personajes son propiedad de Akira Toriyama y Reki Kawahara
I
2. Puerta abierta
Un mes perdido en una hibernación lo que en este caso se consideraría un estado de coma, sin futuros estudios que comprueben que haya una mínima posibilidad de que abran los ojos. Los latidos de su corazón eran estables, su pálida piel permanecía normal algunos de los pacientes ya les llegaron la anorexia, se hacían más flacos y la cantidad de nutrición del hospital no servía de mucho.
Los pelos de sus cabellos pasaban a través de los costados derecho e izquierdo y posterior del NerveGear, en todo el ciclo del mes su cabello no cambio en nada; puntiagudo como palmera. Recostado sin salir de la cama, sin sentir los calurosos rayos de sol que junto con la brisa del aire acariciaban los músculos del tacto. Todo un mes encerrado por la obra de Kayaba Akihiko.
Lo que se suponía que iba a ser el paraíso se convirtió en un infierno real para los que estaban ahí "dentro". Sin poder regresar. La forma de morir en la realidad virtual era lo más asemejado a un reset para el avatar, comenzar en el mismo punto donde comenzó en la primera vez que cargo la sesión la última vez.
Y aquí estaba, recostado en la camilla de un hospital adherido a una bolsa de liquido transparente en la piel, vestido con una bata de un color azul royal, el aire condicionado a una temperatura de 24°C después las enfermeras lo apagaban por un plazo de 1 hora para ahorrar energía y lo reemplazaban con un ventilador de pie barato. La conexión de banda ancha era increíble en los cuartos del hospital, en cada cuarto había un módem conectado a la red del hospital, los doctores se aseguraban cada día tener buena señal y evitar limitaciones.
Pero ellos no eran los que tenían los problemas más graves en estos momentos más allá de los impuestos que iban subiendo como ángeles dejando la Tierra, el Gobierno también ponía de su parte para bajar las tarifas. Los usuarios del NerveGear iban bajando dejando el sueño y terminaba siendo permanente, sin latidos. Era muy difícil decirles a las familias que sus seres queridos ya no seguían con vida, pero no podían ocultárselos hasta que esto acabe.
Su habitación parecía vacía aun con su presencia en estado vegetativo y la maquina que procesaba el ritmo cardíaco; estable. La única decoración que había era un ramillete de flores rosas hundidas en un base de cristal con agua de parte de Bulma, su madre, Yamcha, Tien, Krillin, de todos los que seguían esperando, y un plato con dos galletitas con chispas de parte de su hermano menor que había hecho junto con su madre, debajo había un papel con una cara idéntica a la de Goten dibujada con marcador en la esquina inferior derecha.
Hoy era el primer día que lo visitaba después de enterarse según los rumores que había en el instituto, luego por el director que dio aviso no solo a sus parientes sino a todas las clases. Una noticia que puso mal a todos en los primeros días, nunca se sintió tan deprimida como ahora, la vida le encantaba darle giros inesperados.
Cuando creía que podía tener más de un amigo al día siguiente, literalmente, esta conectado a una maquina. Ver su cuerpo tumbado en la camilla era terrible, cuando llego a su segundo día en la secundaria fue raro no verlo sentado en su asiento, luego su presencia era olvidada por la mayoría de la clase y eso fue extraño, pero cuando llego el día en el que el director daría la gran noticia del porque algunos han desaparecido repentinamente fue por una sola causa.
El gran invento que llevo a muchas personas a la impaciencia de que este terminado definitivamente; Sword Art Online.
Su piel cambio a un tono pálido cuando escucho su nombre completo en la lista, sus ojos no podían estar más abiertos de la impresión. Su única esperanza era que siguiera vivo dentro de esa cosa. Y por lo menos era así. Ahora estaba en un estado de hibernación que solo Kami sabe cuando despertara al igual que las miles de personas que todavía no han perdido la vida.
–Disculpe, el tiempo de las visitas terminara pronto – el comentario de la enfermera despabilo a Shino. Se giro a su costado izquierdo y vio que era una mujer de unos 30 años con la ropa de cualquier enfermera, chaqueta blanca y bata de un color celeste claro, al igual que ella llevaba puesta unos lentes y su pelo recogido en trenzas.
–Gracias. Ya me retiro – antes de que pudiera irse de la habitación la enfermera, Natsuki Aki, la interrogo con una pregunta que la sorprendió a ella misma.
–¿Son cercanos? – salto de sorpresa cuando sus oídos procesaron a la perfección sus palabras.
–N-No, se equivoca. Solo es un compañero de clases – dijo a regañadientes. No llegaba a entender porque una enfermera le haría ese tipo de preguntas innecesarias.
–De acuerdo, pero si fuera tu yo no me olvidaría de dejarle una flor – volvió a comentar y eso le hizo darse cuenta que en su mano derecha llevaba una rosa. Se había olvidado completamente de eso, luego volvió a mirar el envase de vidrio que llevaba dentro cientos de esas flores.
Camino al escritorio y cuidadosamente dejo la flor en su lugar. Para ser una linda decoración no tenía nada de especial, sobre todo cuando había más flores juntas. Solo era una flor más y eso es todo.
Cruzando por el pasillo del primer piso pudo escuchar a un par de médicos hablando en voz baja, siguió caminando como si no hubiera escuchado realmente lo que sus labios pronunciaron. No dijeron nombres, pero si números, tres cifras, unos ciento setenta y algo...
Bajando las escaleras con cuidado se levanto la bufanda por encima del puente de su nariz. La recepción era más blanca que en las habitaciones, asientos en fila sin ocupaciones, la secretaria con la computadora y a su lado una pila de documentos, el ambiente en silencio sin una mosca alrededor. La puerta de la salida no podía ser más brillante, ya quería volver a respirar el oxigeno natural que repartían los átomos y eran solo una de las cosas que quería sentir.
Cuando ambas puertas se deslizaron en horizontal abriendo paso al sendero de enfrente y a una persona parada de espaldas con las manos guardadas en los bolsillos de la chaqueta color amarillo verdoso claro, camisa gris, pantalón vaquero negro, zapatillas tipo tennis blancos y una gorra negra que dejaba escapar una parte de su cabello castaño tapando el medio de su frente, sus orejas se ocultaban detrás de su cabello.
No tardo en atender al sonido de las puertas corredizas, giro su cuello para verla caminando lentamente hacía él. Sus ojos reflejaban los sentimientos que esperaba sin sorpresa alguna, algo obvio y cierto, lo primero que pudo decir era una pregunta totalmente ridícula que ni siquiera valía para romper el hielo en un momento incomodo.
–¿Cómo esta?
–En igual condición que el resto – por la forma en que lo dijo y la tranquilidad de expresarse casi le dieron ganas de tragarse sus propias palabras – Gracias por acompañarme, Shinkawa-kun.
–No te preocupes. Se que los médicos no pueden hacer nada en estos casos, pero no puedes volver todos los días esperando a que un día despierte y...
–Entiendo a lo que quieres llegar, Shinkawa-kun – corto el mensaje de su amigo antes de que empiece un monologo de media hora o más, era un buen chico pero a veces tendía en ponerse en un plano totalmente distinto cuando se trata de medicina o celos.
–Lo lamento. Solo no quiero que te preocupes demasiado – Asada sabía perfectamente cuales eran sus intensiones en estos momentos, él siempre la animaba cuando se sentía deprimida o cuando la molestaban. Él siempre estuvo a su lado – En una hora tengo que volver a casa de mis padres. Si quieres puedo... – antes de que pudiera seguir con la frase Asada rápidamente negó con la cabeza.
–Prefiero pasar un momento sola, pero te lo agradezco mucho, Shinkawa-kun.
–No es nada – y así él camino solo por su cuenta por la calle acercándose a la parada de autobús más cercana.
Ahora se sentía un poco mejor con la compañía de Shinkawa, de algún modo lograba estimarla en todo, seguir adelante. Y hoy fue de gran ayuda. Ver a Gohan en la camilla conectado casi la obliga romper el llanto, pero mientras tenga a su amigo cerca podía mantenerse fuerte.
Con un paso firme hacía adelante siguió su propio camino a su casa. Se detuvo un breve momento para voltear al edificio que tenía detrás suyo con la vista clavada en lo que se aproximaba al primer piso de su habitación, le tenía esperanza.
Podría haber un solo, minúsculo y poderoso deseo que la aferre a esa esperanza que, también, la llenaba de esperanza. Iba a volver, despertara y volverá a caminar como un bebe eso seguro.
Ese mismo día, a las 9 horas de la mañana, en la primera ciudad del primer piso de Aincrad que la mayor cantidad de jugadores que pudieron y se arriesgaron a llegar a una misera parte del juego. Mucha gente murió por el recorrido que tuvieron que hacer y no era muy seguro que digamos, pocos tuvieron la suerte de tener su barra de HP en verde y seguir en pie.
La otra parte que decidió quedarse tomaron dos opciones; esperar a que todo se solucione y dejarse tentar por el suicidio fácilmente.
No obstante, gente que pudo mantener su cabeza cuerda a sus pensamientos se aferraron a ellos mismos a seguir adelante. Tenían que hacerlo por las personas que tenían en el mundo real, sus familias y amigos están ahí.
Es por esa razón que se dio inicio a una reunión importante. Nadie pudo encontrar la sala del jefe del primer piso y menos saber de quien se trataba y que tipo de equipamiento llevaría encima, uno solo no podría combatir contra una bestia que le doblan en tamaño y probablemente tenga a un escuadrón delante suyo defendiéndolo. La noticia se hizo pública muy rápido y por lo que se veía en el rostro de las personas era decisión propia a seguir adelante.
Nuestro protagonista, Gohan, esperaba parado contra una pared del otro lado de una tienda de pociones donde acaba de comprar una gran cantidad. Su vestimenta no cambiaba mucho, camisa manga larga de color azul, sobre ella un chaleco de tela gris que ocupaba su pecho como musculosa, un pantalón negro y las mismas botas café de antes. El arma la cambio por una espada de un metro y medio, el mango era de color marrón atado por cordones, el peso se equilibraba según la fuerza del avatar y el tamaño del arma.
Volvió a observar el papel viejo y medio estropeado, y con tinta barata. El lugar de la reunión se organizaba en un estadio con la vista a un pequeño castillo que era más decoración que otra cosa. Era bueno saber que gente se agarraba de las pelotas y tomaban valor para avanzar.
Al entrar vio decenas de personas que se sentaban mientras esperaban a que todos llegaran y el presentador se mostrara. Sentado en el medio de las gradas de tierra esperaba a que la hora de la reunión empezara. Se tomo unos segundos para ver que tipo de personas entraban por la puerta, muchos eran adultos y jóvenes de 17 y 18 años, sus equipos se acercaban al de él algunos llevaban una vestimenta más pesada y ligeras, las armas varían entre espadas, hachas, mazos y otros, pero lo más visto eran los cuchillos de un filo de 1 metro.
Tan pronto como las gradas comenzaron a llenarse la gente empezaba a impacientarse entre los murmullos que se decían unos a otros. Las dudas de quien era el patrocinador de esta junta fueron aclaradas cuando un hombre de cabello azul al igual que sus ojos comenzó a aplaudir, armadura de cobre en pecho, hombros y brazos, cinturón negro, guantes blancos sin dedos, un escudo atado a la espalda con un dibujo de un pequeño cuchillo, traje azul con un par de lineas amarillas decorativas, pantalón blanco y un par de botas negras que se ataban con una cuerda por encima del tobillo. Su arma era una espada atada en el lado izquierdo de la cintura, llevaba una funda oscura y el mango estaba cubierto de cinta blanca.
Esa persona subió un escalón del estadio llamando la atención de todos los presentes en las gradas. Parado y firme con voz en alto para que los demás pudieran escuchar con claridad lo que iba a decir a continuación, todos miraban concentrados en esa persona con ojos curiosos.
–Uff, no esperaba que viniera tanta gente – el único sonido agudo que se podía oír entre cada uno de los espectadores era el fresco aire que viajaba y fluía en sus cabellos – Lo siento, pensé que sería buena idea persuadir el tema con algo para variar. La verdad es que para ser un "caballero" estoy algo nervioso.
Y así fue como rompió el hielo en una ola de risa entre toda las personas que, sin duda alguna, pensaron que iba ir directo al punto o que ellos mismos podían estar en su lugar con la misma presión.
Las manos aplaudiendo volvieron a escucharse sobre la multitud, él también dejo escapar una risa por su acto ridículo. Pero con el foco ya concentrado, listo y preparado cambio su expresión y comenzó a explicar con sus propias palabras a lo que finalmente a todos les interesaba.
–Me llamo Diavel, unos usuarios de mi gremio pudieron encontrar la sala del jefe por encima de la torre – las expresiones cambiaron radicalmente, asombrados y extrañados, no podían creer que eso fuera real. Muchos hubieran muerto con tan solo pisar un pie sobre el camino – No tengo que explicar para que los reuní ya que ahora están al tanto de la ubicación del jefe. Los reuní para que vayamos entre todos, derrotemos al jefe, alcanzar el segundo piso ¡Y decirles aquellos que esperan en el Pueblo de los Inicios que es posible terminar este juego mortal!
Intercambiando caras entre ellos, hablando en voz baja sobre todo lo que acaba de decir y quiere que hagan. Sonaba tonto y crédulo a estas alturas, lo máximo que pudieron llegar fue a esta ciudad y eso fue lo que la mayoría pudo lograr. Nerviosos y preocupados por lo que les podría pasar a ellos, todos (en mayúscula) tenían perfectamente entendido que si fallaban no había retorno.
Esa persona se los grabo en la cabeza en diversas formas, nadie lo olvidaría, pero estaban peleando para seguir adelante y sobrevivir. Pensar de forma egoísta no serviría de nada, no estarían solos, la ayuda de otros les proporcionaría la eficacia necesaria para salir intactos de la situación.
Después de meditarlo un poco y preguntar de las opiniones de sus grupos y amigos termino en un decisivo si, entre aplausos y silbidos que emitían todos los presentes y cada uno de ellos.
Gohan miro de izquierda, derecha y para todos los ángulos posibles que su cuello le permitía rodear, con una sonrisa esperanzadora. No se lo esperaba, incluso ellos, con miedo, agarraron coraje se propusieron a seguir con vida mientras luchaban por algo más que ellos mismos.
–Muy bien, entonces este va a ser el plan – continuó Diavel después de que la multitud frenara un poco con los aplausos y se detuvieran para escuchar lo que tenía que decir –, formaremos grupos de seis personas.
Lo primero dejo pasmado a Gohan cuando menciono "grupos". Desde que llego a SAO, siendo su primera experiencia en un MMORPG, o cualquier tipo de juego, nunca formo un gremio en todo el mes, ni siquiera conoció a una persona que no fuera un NPC.
Casi pierde la noción del tiempo cuando transcurrieron solo cinco segundos y solo para enterarse que todos ya habían formado grupos. Estaba solo, en el medio de las gradas ignorado por la gente de los lados izquierdo y derecho, tenía que imaginárselo, en general todos ya estaban en un grupo y estaban familiarizados entre ellos.
Con los ojos en blanco y redondos busco por todo el área a alguien que estuviera solo o por lo menos que sobrara alguno en un grupo. Volteo su cabeza hacia la esquina superior derecha, y gracias a Kami, habían dos personas ahí sentadas, un chico de cabello corto y negro, con una camisa de manga larga color azul con un chaleco gris al igual que él, pantalón negro y cinturón marrón, guantes negros sin dedos, botas largas de tela color negro atadas con un nudo y su única arma la llevaba colgada en la espalda con un cinturón rodeando desde su hombro derecho.
La otra persona no dejaba mucho que ver, llevaba puesta una capa algo vieja y sucia de un color sangrio, apenas se podía ver su nariz y boca, y algo de su cabellos, pero con la capa no dejaba ver bien su color y forma. Lo más notable era el mango del arma que tenía colgado a la izquierda de su cintura, su fino pantalón blanco y unas pequeñas botas de tela con el mismo tono y color de la capa.
Por lo que podía ver en ese momento parecían estar discutiendo sobre formar grupo. Se arrastro gateando hacía arriba como una hormiga, la única esperanza de no estar solo y querer ir a la misión era que lo acepten.
–Disculpen... – ambos miraron a su derecha y lo vieron a él sonriendo con una mano sobre su nuca – ¿Hay un hueco para su grupo?
–¿Te han dejado fuera a ti también? – habló el chico con pelo negro, solo recibió una pequeña risa de su parte.
–Vine solo y no pensé que tendríamos que formar grupos – respondió inocentemente. No podía negar que charlar con personas nuevas le resultaba algo incomodo – Por cierto, me llamo Gohan – dijo extendiendo su mano derecha al chico de la espada.
Se quedo algo paralizado cuando vio su mano tan de repente y sin pensarlo dos veces respondió al saludo. No esperaba encontrarse a una tercera persona sola, sin embargo era una buena oportunidad de agrandar el grupo y formar una estrategia.
–Kirito – estrecharon ambas manos y antes de que Gohan preguntara por la última persona que estaba al otro lado de el, quien por lo callada que era casi se olvida que estaba ahí, iba preguntar su nombre antes de que Diavel comenzara hablar.
–Bien, entonces...
–¡Espera!
Antes de que pudiera continuar, la voz de una persona por encima de las gradas grito lo bastante alto para que el público lo mirara y escuchara con atención. Saltando entre las gradas con un solo pie, al mismo tiempo que intentaba no caer de cara al suelo, llegó enfrente de Diavel y dirigió su mirada a los espectadores quienes veían confundidos esta escena.
Un hombre de cabello corto y castaño con algunos pinchos surrealistas que yacían en la misma, una pequeña barbita de su mismo color, armadura de plata que ocupaba la parte frontal de su pecho, el cinturón sobre el hombro derecho y el otro extremo de la cintura portaba la espada debajo de la funda café, camisa de manga larga color beige, soportes en el antebrazo, guantes sin dedos de un color marrón muy claro, pantalón marrón ocre y botas marrones oscuras.
–Soy Kibaou – se señalo a el mismo con el pulgar de su mano derecha y prosiguió – Déjenme decirles esto, ¡En este mismo estadio, algunos de los que están aquí de seguro son Beta Testers!
La gente extrañada es sus palabras miraban a cada uno de los que estaban presentes, si era verdad lo que estaba diciendo y realmente quedaba uno de ellos entonces necesitaban más información.
Los Beta Testers, como si alguien no hubiera estado en su lugar de no ser por este "error" que les impedía volver al mundo real. Ese tipo de personas afortunadas fueron los primeros en morir, ¿Cómo? De todas las maneras que uno podría pensar en su cabeza. No podían decir con precisión si había alguno rondando por ahí con vida, o por lo menos si realmente quedo uno con vida después de un mes transcurrido.
Este loco sujeto que apareció de la nada mientras todos habían agarrado la destreza para pelear contra el jefe del primer piso y lo peor que pudo hacer en este momento fue hacer convencer a todos de que hay un Beta Tester sobreviviente entre ellos. Si realmente había uno no había necesidad de que se oculte, no serviría de nada estar sentado escuchando información que, probablemente, ya sabe.
–¡Por culpa de ellos han muerto 2.000 personas, tomando todos los lugares de caza buenos y cumpliendo las primeras misiones más fáciles para ellos para aumentar la experiencia y subir de nivel! – continuando con su argumento, Kibaou dejo salir un sonido de su boca mirando con un ojo al público mientras que señalaba con su dedo indice a los espectadores de las gradas – ¡Deberían disculparse y arrodillarse, y entregar todo el dinero e ítems obtenidos! ¡De lo contrario, no podemos confiar en ellos! – una vez que termino de hablar cruzo ambos brazos esperando a que alguien confesara y diera un paso al frente.
–Kibaou-san, si estas seguro de que hay un Beta Tester en este lugar, ¿Que pruebas tienes de que uno de nosotros sea uno de ellos? – Diavel no dudo en preguntarle. Pero la mueca molesta que expreso Kibaou le dio la sensación de que tenga algo para afirmar su respuesta.
–Los Beta Tester ignoraron a cada uno de nosotros cuando recién empezamos este juego. Ellos ya conocían los camino seguro y no se tomaron la molestia de compartir esa información para los indefensos y para los que no tenían ninguna experiencia – mirando a los de Diavel volvió a apuntar con su dedo indice a la gente sentada – ¡Ellos se quedaron con los mejores recursos, la mayoría de nosotros tardo un un buen tiempo encontrar este lugar!
–¿Puedo decir algo? – un hombre adulto de piel morena levanto la voz haciendo voltear a Diavel y a Kibaou, quien casi da un paso atrás cuando vio al sujeto de pies a cabezas y noto perfectamente que lo doblaba en tamaño. Llevaba un hacha atada a su espalda, musculosa de color blanca, chaleco marrón, armadura pesaba en el pecho, pantalón café y botas del mismo color. Era alto, calvo y con una barba en el mentón.
Egil, un hombre muy conocido entre toda la gente que visitaba su herrería en la primera ciudad descubierta, y prácticamente casi era popular. Su postura erguida, el tono grave de su voz y su rostro sereno con un toque atemorizante cuando lo mirabas en un cierto ángulo, se presento como es debido y le volvió a dirigir una interrogativa.
–Kibaou-san, ¿Quieres decir que la culpa la tienen los Beta Testers por no cuidar de aquellos sin experiencia en este mundo? ¿Y que por ello murieron alrededor de 2.000 personas y no hicieron nada para compensarlo? – sus palabras leyeron los pensamientos de Kibaou al pie de la letra. Después de que recibiera un asiento de cabeza, buscó dentro de su bolsillo trasero que venía atado a un cinturón que llevaba puesto y de ahí saco un pequeño libro viejo con una portada marrón – De seguro conseguiste este libro gratis en una de las tiendas de ítems, ¿verdad?
–S-Si, ¿Y que? – Egil dio media vuelta hacía atrás señalando con los dedos de su otra mano y mostraba al público a lo que se refería.
–Esta es una guía que distribuyeron los Beta Testers – sus ojos se sorprendieron al igual que los espectadores que se asomaban un poco para ver que decía – Todos tenían igual de libertad de leer esta información. Y, aun así, muchos jugadores fallecieron. Yo creía que el tema de esta reunión era aprender de las muertes de todas las personas que murieron y de esa forma encontrar una solución de como derrotar al jefe.
Puro silencio, apenas algunos murmuros que se pasaban, vieron a Egil a dar media vuelta atrás mirando a Kibaou. El hombre de cabello de pinchos castaños se retiro sin decir ninguna palabra, Egil fácilmente le cerro la boca y no tenía ningún argumento que pudiera contradecir lo dicho, solo se sentó en las últimas gradas lejos de la gente con los brazos cruzados y ojos cerrados.
Egil también volvió a su lugar en silencio. Mientras que el resto, incluyendo a Diavel, se quedaron callados por un buen rato, no había ninguna mosca volando para agregar algo de sonido.
–De acuerdo, con esto solucionado podemos proseguir – continuó Diavel después de seleccionar el libro de guía que menciono Egil a través del inventario –, la última sección del libro ha sido actualizada recientemente – con esto dicho Kibaou abrió uno de sus ojos con una gota de sudor corriendo por su frente – El nombre del jefe es Illfang, el Señor de los Kobold. Se resguarda por los Centinelas de Kobold de Ruinas, esta armado con un hacha y escudo, tiene cuatro barras de vida. Y cuando llega a números rojos cambia su arma por una espada curva, el Talwar, afectando también el patrón de ataques.
No se hizo esperar la ovación de la multitud por los datos obtenidos, era demasiada información para ser verdad. Algunos les intrigaba como llegaron a sobrevivir después de anotar los datos, pero ahora podían lograr pasar al siguiente nivel.
–Para concluir dejaremos en claro algunas cosas – Diavel cerro el libro con la palma izquierda y el haz de luz cubriendo su contenido lo devolvió al inventario – Todo el EXP sera compartido por el grupo que derrote al monstruo, el dinero sera distribuido automáticamente a todos y los ítem se los quedan, ¿Alguna objeción? – esperando alguna opinión de Kibaou, Egil o del resto del público que lo miraba con decisión a seguir y sin dudar – Bien, partiremos a las diez de la mañana. Retírense y descansen.
Y con esto termino la jornada. La preocupación y la emoción por el día de mañana les ponía la piel de gallina, pasaron el tiempo con sus grupos formando estrategias, matando el tiempo con bebidas y comidas. Kibaou se forzó a él mismo a disculparse con Diavel y termino en grupo con él, no tenía muchas opciones si quería participar.
Por otro lado, Gohan ingreso al equipo con Kirito y la persona que iba cubierta con capa llamada Asuna, por su nombre suponía que era mujer, pero hasta un nombre tan femenino lo hace ver por fuera como hombre. Ellos se habían separado cada uno por su lado, lo usual para jugadores solitarios, preferían ocultarse y estar por delante de ellos.
En la noche se organizo una pequeña fiesta en el centro de la ciudad en la plaza por el asalto al jefe del primer piso. Mucha gente se comprometió para agrandar la fiesta con más personas, bebidas alcohólicas, comida y hasta habían dos personas que bailaban rodeados por gente que aplaudía y terminaban desmayándose.
La noche parecía eterna aun para ser las nueve, todos parecían felices como si lo que pasaría mañana no existiera. Diavel y Kibaou conversaban sobre lo de mañana, Egil solo estaba parado contra la pared con una copa de vino en la mano izquierda, los demás grupos estaban apostando, dialogando, paseando ignorando cualquier distracción.
Gohan solo estaba sentado en una banca viendo a cada una de las personas con lo suyo, el evento de mañana no le permitía agarrar sueño y por ahora solo quería estar sentado con la cabeza clavada en el cielo nocturno reflexionando sobre lo que pasaría cuando llegaran. La imagen de gente desapareciendo lo desquiciaba, su mente estaba preparada para ver este tipo de cosas, pero luego temía en caer en la depresión y pensar al respecto.
–¿Puedo sentarme? – acomodo su cabeza al frente y ahí lo vio. Kirito, en silencio esperando una respuesta, si pudiera leer su cara diría que ambos están en las mismas.
–Adelante – respondió. Se sentó a su derecha y se quedaron en silencio un buen rato, la verdad es que ambos no tenían que decirse nada o tener algo que hacer para matar el rato – Están celebrando muy temprano – se fijo en las personas incoherentes que festejaban alegres entre ellos sin desperdiciar ninguna gota de alcohol.
–De seguro tienen confianza en el plan.
–¿Y tú? – pregunto obligando a Kirito a voltear a sus ojos y tomando un momento para pensar su respuesta.
–Dependerá de la situación de mañana – afirmo volviendo a mirar a la gente – La verdad es que pienso que haya una probabilidad del 40% de ganar. No hay que olvidar que también nos enfrentamos a los soldados de Kobold, y que tenemos que recorrer un largo camino antes de llegar a la sala del jefe proporcionando un desgaste físico.
–No creo que sea solo por eso – dijo llamando la atención de Kirito – No estoy seguro, pero hay algo que no cierra.
–¿Qué es?
–Bueno... ¿Cómo podemos estar seguros que toda la información es correcta? – abstraído por la pregunta de su compañero decidió seguir escuchándolo – Dudo que alguien tan inteligente como Kayaba Akihiko encerrara a muchas personas que incluye a personas que jugaron la versión Beta y saben exactamente el patrón del jefe paso por paso. Es decir, ¿No crees que se hubiera tomado la molestia cambiar un poco el orden?
Un pensamiento lógico y perspicaz, dejo sus codos apoyados contra los muslos de sus piernas con los dedos de las manos entrelazados y tapando las fosas nasales. Kirito medito al respecto y era una buena hipótesis, pero no podía asegurarse al 100%, le daba crédito por pensar en ello y conociendo a Kayaba es capaz de hacerlo.
Él también conoció a Kayaba, no solo por la guía de SAO, leyó su biografía, historia y como llegó a inventar el NerveGear. Un genio entre muchos que se dedico a la programación entre la maquina y el hombre, luego quiso experimentar más a fondo y logro traspasar la tercera dimensión justo donde estaban parados. Su forma de pensar y la visión sobre el mundo es totalmente diferente comparado con otros científicos.
–Tal vez tengas razón en eso. No conozco a ningún Beta Tester que haya visto al jefe del primer piso, pero si Kayaba pensó que cambiar el paradigma de los jefes, misiones, objetos es probable que modificar las variables sea lo más conveniente – las palabras de Kirito hicieron que el cerebro de Gohan pensara en la incógnita que todo el mundo, en un mes transcurrido, analizaba y/o si había una respuesta lógica.
–¿Crees que él tuvo un motivo para hacer esto? – los ojos de Kirito se fijaron en el rostro hundido de Gohan con los codos pegados en las rodillas. Él no podía recordar cuando fue la última vez que escucho una pregunta similar o cuando él mismo se pregunto de la misma manera.
Era una pregunta con una respuesta indefinida. Kirito veía a Kayaba lo más cercano a Kami y ahora el lo era, podría estarlos viendo justo ahora o ser uno de los muchos que están cooperando con el plan de vencer al jefe. De hecho, ¿Kayaba realmente tenía un motivo? Contener a cientos y miles de personas solo por verse una deidad, un ser superior, una persona con el poder de borrarlos a ellos si quisiera.
Se tomo un minuto para pensarlo, miro al cielo estrellado sintiendo la brisa que recorría sus pieles. Nadie podía estar seguro si hay o no una razón por la que quiso hacer esto. Y, por si fueran a empeorar las cosas, también llegó a preguntarse que sucedería al llegar al piso 100, ¿Volverían al mundo real o estarían atrapados en su propia tumba?
–No creo que haya realmente motivo – respondió sin dejar de quitar su vista de las estrellas. Gohan solo volteó a verlo y dejo proseguir a su compañero – Lo mejor que podemos hacer es seguir y vivir. Yo quiero volver y voy a luchar para regresar.
Gohan no pudo evitar marcar una sonrisa en sus labios, su voluntad de querer seguir viviendo es impresionante. Sentía esa misma sensación y sentimiento cuando decidió avanzar hasta esta ciudad, no muchos tenían esa valentía o determinación para combatir contra el sistema. Pero gente como Kirito eran de las que no les importaba el resultado mientras pudieran lograr su objetivo principal.
–Sobrevivir, ¿eh? – resumió sus palabras sin quitar esa sonrisa – Ojala todo nuestro equipo se expresara de esa manera – sus palabras obligaron a que Kirito volviera a mirar a Gohan quien señalo con su dedo índice al último integrante.
Estaba sentada en un banco al igual que ellos con la diferencia que solo la acompañaba la soledad y un pedazo de pan viejo sin condimento o aderezo. Kirito de inmediato se levantó y antes de que vaya hacía ella miro atrás a su compañero que seguía sentado.
–¿No vienes?
–Puedo asegurarte que dos personas la pondrían nerviosa – contestó extendiendo sus brazos detrás de la banca y la mirada fija en el cielo oscuro.
Kirito se dirigió solo para acompañar a Asuna mientras que el joven Son permanecía en su lugar observándolos a ambos. No podía escuchar de que hablaban, pero si vio como ella devoro su pan con un poco de crema untada y la expresión de satisfacción fue una de las primeras que noto de ella desde que la conoció.
Pero cuando la fiesta comenzó a apagarse la multitud se esparció y volvieron a sus viviendas que compartían con sus equipos. Gohan decidió quedarse en la banca todo la noche durmiendo tranquilamente, Kirito le había ofrecido pasar la noche en su casa junto con Asuna, pero termino negándose.
La diferencia entre ellos no era poca ni mucha, sus vidas tenían sus dificultades en el mundo real. El más común era hacer amigos, Asuna era muy callada e inexpresiva, Kirito no era de los que trabajan en equipo pero si trataba de ayudar lo más que podía y Gohan le costaba tener una relación amistosa. En algunos sentidos eran parecidos y sus vidas diferentes.
El día en el que el gremio de Diavel comenzó la larga caminata que les esperaba a kilómetros de distancia cruzando al final de la calle, pasar sobre el sendero de tierra que los separaba de hierba fina y de menos de un centímetro y llegar por medio de un atajo a una maleza que opacaba la luz del sol por los árboles que casi chocaban entre sí.
Los diferentes grupos caminaban en sincronía en un ritmo separado de los otros, charlando, intercambiando y guardando objetos. Diavel iba junto con Egil y Kibaou en la delantera, su ceño fruncido solo estaba fijo al frente de la situación que los esperaba más adelante, tenía la responsabilidad de que nada malo le pasara a su pequeño gremio temporal y que puedan salir y explorar el segundo piso.
Algunos ya se preguntaron e imaginaron que cosas podría haber, los Beta Tester fueron los únicos en saber que hay más allá de esta primera capa llena de tierra y planta. Era bueno pensar en grande en estas situaciones, lo malo es que sin importar cuanto exploren en el segundo piso sabían que tampoco podrían encontrar armas sofisticadas de un excelente calibre o que el entorno medieval que los rodea cambie a uno futurista.
SAO fue diseñado como un MMORPG con un sistema clásico de RPG medieval después o antes del siglo V o XV, por lo tanto no podían pedir demasiado. Sin embargo, a través de las opiniones de los Beta Tester y redes sociales tuvo una buena impresión hacía el público por las miles acciones que podías realizar en el entorno. El creador no pensó en esto solo como un juego sino que pensó en como actuaria y pensaría el usuario al interactuar con algo.
La gracia de este mundo era el ranking, en un edificio que se figuraba como un santuario de piedra y columnas de hierro solido se ilustraba un tablero con los nombres de los jugadores que seguían en línea. No obstante, lo más importante de ese salón era el nombre de la persona o gremio que derrotaba al jefe final de uno de los cien pisos, los nombres no podían ser configurados o reemplazados, eso era una meta soñaba para cualquiera. Hasta que se vieron forzados a seguir los verdaderos planes del propio creador.
Gohan, Kirito y Asuna caminaban lado a lado manteniéndose atrás del resto de los otros grupos, a diferencia de los miembros del grupo ellos no interactuaban la mayoría del tiempo o realizaban intercambios de ítems. Básicamente se mantenían juntos, pero a la vez solos. Lo único que se dispusieron a coordinar fue la estrategia mientras caminaban sin la necesidad de estar alerta sobre cualquier cosa se interpongan entre ellos.
–Repasemos el plan por última vez – dispuso Kirito teniendo las miradas de ambos en su atención – Tenemos que encargarnos de los ayudantes del jefe. Yo usaré una habilidad de espada para rebotar sus hachas, en ese momento cambió con Asuna y atacara de frente, Gohan se encargara de atacar a los de atrás.
–¿Cambio?
–¿Y luego que?
Gohan y Asuna quedaron perdidos por su discurso, Kirito enseguida miro a ambos con un rostro tan sorprendidos quedando atrás de ellos. No lo había notado, pero esta era su primera vez jugando en equipo o un RPG.
–¿Nunca estuvieron en un equipo? – Kirito llegó a pensar que estaba perdido. Cuando sus dos miembros voltearon a atrás con una cara inexpresiva que dieron una afirmación en su pregunta.
–Es la primera vez que juego a un MMORPG – dijo el joven con cabellera extravagante y desordenada mientras que con una mano se rascaba la nuca. Asuna por otro lado solo negó con la cabeza.
Kirito encogió los hombros y dejó sus dos brazos a merced del viento sin poner ninguna resistencia y su cabeza se había decaído un poco. Sin duda estaba con las personas menos experimentadas en todo Aincrad, lo menos que podía hacer era seguir y explicarles con delicadeza cada detalle del plan.
La pregunta que se hizo en su cabeza fue como llegaron hasta la ciudad y tomar coraje para estar con ellos. Y aun así estaban aquí, vivos y con una mínima experiencia en el juego mortal que pondría a prueba a ellos mismos.
La caminata siguió de largo, horas caminando, contando los breves descansos de cinco minutos que permitía Diavel. Su destino los esperaba en la columna que mantenía de pie, por así decirlo, los pisos de cada nivel, pero también era un tipo de calabozo con distintas entradas y varias escaleras que daban hacía arriba.
Era de esperarse que habrían monstruos en algunas zonas del mapa, tanto en la primera plataforma como en las posteriores. Lo bueno de tener a varios en distintos grupos es que unos se dispusieron a atacar y otras veces proponían quien iba a atacar o también en equipo para distribuir EXP. Claro, había algunos casos en que dos o más grupos tenían que atacar un mini-jefe que había en una de las habitaciones.
Pero por fin llegaron, cansados y agitados, pero llegaron al final de una sala que los separaba una puerta gigante de alrededor de 8 o 13 metros de distancia, todos podían entrar a la vez sin necesidad de empujar y las típicas antorchas encendidas de los dos lados de la puerta. No podían recordar cuanto tiempo pasaron para llegar hasta donde están parados, sin bajas, algunos apenas podían mantenerse de pie y respirar agitadamente.
Lo único que despertó a los que estaban cansados fue el sonido de la espada de Diavel clavándose contra el suelo mirándolos de frente. No podía estar más que contento por haber llegado junto con su equipo completo, mucho de los mejores jugadores, hasta ahora, y principiantes estaban junto con él para este momento. El día en que avanzarían al otro lado de la puerta.
–Solo tengo una cosa que decir – la expresión de felicidad que marcaba Diavel fue lo último que todos querían oír – ¡Triunfemos!
Todos los que estaban observándolo desde su posición asintieron con la cabeza, los nervios recorrían por cada parte de sus cuerpos, no había vuelta atrás, solo podían luchar con lo que había más adelante. Diavel puso la palma de su mano derecha contra los símbolos de la puerta y con un poco de impulso empezó a separarse en un ángulo recto.
La habitación no tenía ninguna luz o antorcha que reflejara el ambiente, solo estaba el piso con un patrón de dibujos, columnas en los dos lados de la puerta y en las paredes separados por un margen de distancia en paralelo hasta el final de un trono sobre un escalón. Pudieron ver perfectamente un hacha gigante clavada y a su lado, sentado en la silla de la habitación, había una figura extraña con un color que resaltaba su piel en un color rojizo, el brillo de sus ojos rojos sin ninguna pupila, una especie de casco bikingo de metal dejando salir sus orejas, un escudo esférico de acero apegado a la manga de su brazo izquierdo, un tipo de taparrabo como armadura y sobre la misma atado con una soga colgando telas de terciopelo, sobre sus rodillas y piernas llevaba armadura del mismo material que el casco.
Antes de que uno de ellos diera un paso adelante, Diavel extendió uno de sus brazos con la mano abierta, sin dejar de mirar a la gigante criatura que parecía hambrienta por su sangre como cual animal salvaje por busca de su presa. Las gotas de sudor resbalándose por sus mejillas y el pequeño temblor en sus piernas eran de esperarse de cualquier persona consciente que estaba por ver su propia muerte.
Su líder dio un par de paso adelante en caso de cualquier cambio en la atmósfera, todo seguía en silencio y con los ojos brillantes de Illfang observándolos en silencio desde su trono. Temeroso, pero audaz, siguió avanzando junto con tres de sus soldados manteniendo distancia, y con eso el código de Aincrad actuó de forma ordenada justo como dictaba su programación en la sala del jefe en el final del primer piso.
El color del piso fue reflejado por el cambio de color y forma de las paredes y el techo por un conjuntos de raíces que formaban huecos de diversos tamaños permaneciendo en un arco iris de colores cambiantes. La forma de la imagen fue observar desde un microscopio las células en un recipiente, la luz bañaba el suelo dando una percepción más bella del lugar y correspondiente a la sala de un jefe de cualquier videojuego.
El piso tembló por el impotente salto de Illfang y su enorme rugido representaba la bestia sin emociones humanas que lo distinguiera de cualquier monstruo, solo estaba programada para seguir su codificación a la perfección. Su nombre apareció sobre su cabeza junto con un pequeño rombo rojo y a su izquierda cuatro barras verdes una sobre la otra.
Y en un pilar de haz de luz, rodeando al propio monstruo gigante de dos metros de alto o más, aparecieron los Centinelas de Kobold de las Ruinas pequeños, pero poderosos soldados que emparejaban con sus tamaños y aumentaban sus resistencias con la armadura que vestían, solo dejaban ver sus manos, parte de sus piernas, orejas y cola, sus pieles al parecer eran del mismo color rostizado de Illfang contando con una barra de vida y sus armas eran más como alabardas con un pedazo de roca.
Al igual que los pequeños mocosos de Cell eran rápidos y salvajes, salieron junto con su jefe en una carrera hacia el ejercito que los superaba en número. No importa en que lado lo veas, el patrón del sistema les ordenaba atacar, no proteger con su vida o sacrificarse o incluso rendirse con las manos en alto por el usuario que iba a quitarles la vida, solo atacar a la persona más cercana y terminar siendo borrada para volver a generarse. Sin embargo, ese era el chiste de combatir un jefe, derrotar a los defensores hasta que el límite del programa haya acabado su regeneración y tengan que matar al último y más poderoso de la sala.
Aquí estaban todos los que se ofrecieron voluntariamente para liberarse de este infierno que el creador llamaba "Paraíso hecho realidad". No esperaron mucho hasta que Diavel grito ensamblando su espada al frente y sosteniendo su escudo con la mano izquierda, cada grupo se dividió en el plan que consistía y, avanzando con sus compañeros y amigos, como lobos en manada rugiendo, y al mismo tiempo oprimían sus pulmones, se decidieron por seguir a la esperanza.
¡SLASH! ¡Kling! ¡Klang!
Eran los sonidos que chirriaban cuando se cruzaron ambas armas brotando chispas entre ambas, rozando con firmeza tratando de ganar terreno con el arma que empuñaba en sus manos dejando salir el grito eufórico que mantenían por la ira y el odio por estar encerrados en este mundo. La ira resacada por un arma que no podía ser manchada por sangre de una criatura basada en paginas de historia mitológica era hermosa, la destreza por más era buena para liberar estrés.
El plan iba a la perfección, destruir a los Centinelas uno por uno mientras que el grupo B se encargaba de Illfang que con su hacha intentaba asestar un golpe al primer humano registrado en un rango cerca de su visión, y con la ayuda del grupo C lograban quitar algunos de los Centinelas que se encontraban cerca de el. El resto de los otros grupos intentaban forcejear contra los Centinelas que los atacaba y una vez que desaparecían en un pilar de fragmentos de cristales volvían a aparecer.
Como en una estrategia de un partido de football los grupos se dividían en estaciones por cambios de posiciones por las ordenes de Diavel que dirigía a sus equipos observando cada detalle en las diferentes situaciones que se encontraban. Su mirada azul como su cabello no parpadeaba, miraba de un lado a otro buscando un cambio para mejorar la situación, volteó al grupo de nuestros tres héroes y les dirigió la palabra como si fuera la primera orden que les dio desde esta mañana.
–¡Escuadrón F, mantengan la distancia de los Centinelas! – miro a los ojos de Kirito un momento y luego volteó para otro grupo.
–¡Entendido! – afirmando, avanzó directo al soldado de Kobold más cercano llamando su atención visual por detrás de los hoyos horizontales de su casco, saltó lo más cerca que pudo llevando la alabarda con las dos manos por encima de su cabeza y lo dejó caer cerca de la cabeza del chico de pelo corto quien con su mano derecha, empuñando su espada contraataco cruzando el filo del arma con el mango produciendo retroceso al Centinela – ¡Cambio! –
Lo habían repasado las veces necesarias para que sus cabezas lo adhieran en sus cerebros, ella escuchó la orden y corriendo disparada con su estoque en la mano derecha acumulando energía de un color verde esmeralda en el filo hasta la cúpula del mango. Golpes sucesivos y efectivos contra el Centinela que hizo rebotar, él no podía estar más que sorprendido, dudo de que pudiera en este tipo de situaciones.
–¡Kirito! – la voz de su tercer compañero por atrás de su espalda, haciendo fuerza para hacer retroceder al soldado con su espada, lo logro empujar y en cuanto lo llamó fue directo a él atravesando el pecho de la criatura con su espada en un ataque de luz roja. Y desapareció en cristales de luz al igual que el resto.
–Bien hecho – lo felicitó el joven experto solo para recibir una sonrisa pelando los dientes colocando su puño al frente. Kirito sorprendido por su reacción tan infantil, y sobretodo en la situación actual en que se encontraban, termino respondiendo el saludo con una pequeña sonrisa en sus labios.
El plan iba yendo a la perfección, los grupos de Centinelas iban disminuyendo y los grupos que contrarrestaban los ataques del jefe y los reemplazaban con ataques poderosos que gastaban su MP en habilidades de espada, hacha y daga fueron vaciando cada vez más la barra de vida. Estaban cerca de ganar. Lograron bajar tres de sus barras hasta llegar a un punto critico donde ya dejaron de aparecer Centinelas e Illfang se frustraba cada vez más dejando salir humo de sus fosas nasales.
La última barra descendía hasta un punto donde quedo roja, Illfang se detuvo por un instante, quedo parado de pie y formando una sonrisa en su hocico dejo caer su hacha al piso. Todos sabían a que punto llegó, la hora final, la información dio en el clavo al 100%, Illfang cambio su arma por una que resguardaba detrás de su cintura y antes de que la mostrara al público Diavel se precipito antes que el resto dijera o haga algo y cargo una gran cantidad de energía en la espada al mismo tiempo que tomaba carrera.
Solo que en vez de pensar dos veces, no pensó que el arma de respaldo que poseía no era un Talwar sino un Nodachi. Kirito, quien fue él único que se percato de ese cambio, se volteó a Diavel con preocupación y miedo. Todavía recordaba la charla que tuvo con Gohan anoche, tuvo razón, Kayaba cambio la perspectiva de los jefes, el arma era un ejemplo.
–¡Idiota, no corras! – le grito con euforia, pero en vez de que el quisiera hacerle caso a pesar de que no estaban tan lejos le sonrió. Confundido, solo vio como Diavel siguió corriendo y acumulando el destello que fluía en la espada.
No contaron que Illfang se impulsara en un salto a una de las columnas más cercanas, justo cuando Diavel tenía la oportunidad de derrotarlo y obtener el ítem adicional se detuvo, miro como Illfang rebotaba en cada pilar, y también en el techo, con gran velocidad a pesar de su gran tamaño y peso. Y cuando el gigante monstruo se detuvo en el techo, inclino aun más sus rodillas y dejando a cargo el efecto de la gravedad miro directamente a los ojos miedosos y desesperanzados de Diavel.
Todos lo vieron como si fuera una escena de película en cámara lenta, después de buscar de columna en columna con tan solo girar la cabeza y mover los pies manteniéndose en la misma posición antes de atacar, vio como el gran hocico de Illfang se acercaba con sus ojos rojos y brillosos y sin perder tiempo de acción usó la Nodachi que empuñaba en su mano utilizó uno de sus ataques más poderosos añadidos por el cambio de variable.
No solo daño a Diavel, se provocó un estallido de humo junto con una explosión que ilumino un color rosado en el momento que el Nodachi impacto en el suelo produciendo un temblor que sacudió a su líder fuera del piso y lo expulso a varios metros atrás. El corte de su arma perforo su pecho en un desgarre en diagonal desde el hombro izquierdo hasta la cintura, su ropa se descosió dejando una abertura bastante grande.
Los sentidos como el dolor se esfumaron por completo, literalmente no podían sentir dolor aunque reciban un golpe en las baterías, los sensores de sensibilidad fueron bajados hasta 0 para evitar daños cerebrales. Sin embargo, el grito de Diavel era tan real aunque el dolor que apenas era perceptible y reemplazado por una diminuta descarga eléctrica que recorría su pecho en estos momentos.
Gohan y Kirito, abrumados por la caída de Diavel quien se encargo de planear, dirigir, explicar, ayudar a los principiantes que aun sin siquiera saber lo básico estaban peleando a su lado. De todas las personas que pudieron tener este final, nadie llegó a pensar o suponer que podría ser su líder, una persona tan hábil y que logro obtener un nivel tan alto hasta ahora podría incluso haber formado parte de un gremio más poderoso y con un conjunto enorme de personas dispuestas a salir de esta pesadilla.
Se arrodillaron enfrente de él, observando la gran herida que destejió parte de su ropa y piel dejando expuesto una red cuadriculada de color rojo diminuta, no importa de que forma la vean ellos seguía siendo una abertura de sangre. Su expresión facial describía la sensación que estaba pasando en este momento, dolor y angustia solo eran uno de los agonizantes dolores, pero lo único que podían ver ellos dos era la barra en rojo decayendo lentamente.
–¡Gohan, dale una poción! – en un acto rápido, sin poder mirar a los ojos preocupados de su amigo, buscó en su lista de objetos y selecciono el primer tipo de poción que encontró. Un pequeño frasco de vidrio con liquido rojo se adjunto en la palma de su mano izquierda y sin desperdiciar tiempo se lo dirigió a su boca.
Diavel apenas podía mantener los ojos entre abiertos y con lo menos que podía hacer era alejar con una de sus manos el frasco de salud. Gohan no entendió porque, pero se detuvo, antes de que Kirito le diga algo en voz alta Diavel lo miro directo a sus ojos tratando de formar sus siguientes palabras.
–Tú... también eras un Beta Tester, ¿verdad? – Kirito no podía tener sus ojos más abiertos como los tenía ahora, ni siquiera se tomo la molestia de ver los ojos de Gohan que lo miraba boquiabierto, pero él también descubrió algo que Diavel estaba ocultando.
–Ibas por el ítem adicional, ¿También eras un Beta Tester? – en todo lo que podía sentir ahora se esforzó por marcar una sonrisa en su rostro. No entendían porque, porque justo él quería rehusarse a seguir con vida, de todos los presentes que estaban peleando por entrar al segundo piso, justo Diavel prefería morir.
–Por favor, derroten al jefe... – su entrecortada voz bajaba a casi un susurro para sus oídos. Las emociones eran difíciles de bloquear, sus lagrimas se formaban en sus cuencas y su mano decayó al duro y frío piso – ...Háganlo por todos...
Su cuerpo entero brillaba cubriéndolo en una capa blanca dejándolo quieto y sin mostrar ningún movimiento o el cosquilleo de sus dedos. Después de eso, vieron perfectamente como empezó a desquebrajarse en pequeños y múltiples cristales, dispersándose frente a ellos.
Paralizados, imaginando el cuerpo de Diavel tirado en el suelo, ignoraban el sonido y los gritos de los demás. No podían creerlo, Diavel, un Beta Tester, a pesar de ocultar su verdadera identidad no era como Kirito o cualquier Tester, él se preocupó por todos para poder avanzar, podrían decir que fue estúpido confiarse e ir por el ítem adicional por el último golpe, pero también era un Beta Tester.
La competitividad por obtener algo raro o especial era lo que motivaba a los Beta Tester y a los jugadores que subían su nivel lo más alto posible para ganar y vencer. En eso, Diavel no era diferente, pero era más humano que cualquiera, confió en las personas que lo siguieron y perdono a Kibaou por dudar de los Beta Tester.
Sus pensamientos eran parecidos, oscuros y como si todo lo demás no existiera fuera del espacio que ocupaban en el suelo donde estaban arrodillados observando con incredulidad la falsa existencia de alguien que ya desapareció. Lo único que podría considerarse bueno es que no tendrían que oír el pitido agudo que enviaba una perdida de señal en las pulsaciones cardíacas en el cuerpo de Diavel recostado en una de las camas del hospital.
–Kirito – Gohan inmediatamente vio la expresión de su compañero, aun parecía no caer en la realidad, pero colocando una mano en su hombro logro despertarlo – Hagamoslo por él.
Su ceño se frunció y con un cambio de actitud totalmente diferente hace unos segundos, Kirito se levanto junto con Gohan. Si continuaban congelados solo estarían atrasando la misión y produciendo bajas, Illfang cambió su patrón de ataques y, lo que es peor, según la prueba Beta el jefe tendría que portar un Talwar.
–Yo también voy con ustedes – en un deslice de pies ligeros, Asuna apareció al lado derecho de Gohan. Ambos sin tener que tomar un segundo para meditar la situación y que en parte era un suicidio asintieron con la cabeza en afirmación.
En un ritmo de velocidad parejo al que sus pies recorrían en línea recta inclinando un poco la espalda y portando sus armas empuñadas en sus respectivas comodidades, se acercaban al jefe que persistía con su última barra y aun así acechaba con violencia y falta de humanidad a los jugadores que quedaban paralizados del miedo cuando acercaba su hocico y rugía con la dentadura abierta y con algunos hilos de baba que decaían en sus colmillos.
Illfang proceso su próximo rango al trío que se acercaba con desdén a él, se detuvo un momento para canalizar la energía en su espada colocandola a la cintura izquierda y con la mano izquierda libre apoyo sus dedos sobre la hoja. El aura blanca que dejaba marcas de partículas en el aire y la temperatura acumulada en la misma fue interrumpida en un remate ofensivo por la espada de Kirito.
Rebotando su ataque dejándolo vulnerable y saltando para un lado dejando un espacio abierto, entró Asuna en escena con el escote en su mano junto con el brillo rosa apuntando directo a su robusto estomago. No obstante, Illfang tenía el equilibrio perfecto entre fuerza y velocidad, por lo tanto sus reflejos eran perceptibles incluso desde corta distancia.
Sosteniendo con la mano derecha el Nodachi desde arriba de su hombro, usó la potencia en un golpe que dejaría una severa perdida de vida. La hoja cayó con fuerza en diagonal cortando solo la tela de la capa que cubría el largo y sedoso cabello castaño de Asuna.
Kirito no sabía que pensar en esos últimos segundos que estaba perdido en la belleza del cabello de su compañera. Sus ojos parecían estar hipnotizados por como el viento ondulaba los pelos de abajo, era mágico, incluso ignoro por completo el ataque directo de su escote.
Ahora vestía mejor, chaleco rojo, remera de manga larga blanca como la nieve y una armadura sobre su pecho, una minifalda roja que sobre ella sostenía la funda del escote y las medias blancas le cubrían las delgadas piernas. Pero la lenta hermosura que tenía enfrente de él fue reemplazada por las piernas de Gohan y cambió su rango de visión a uno más importante.
Atacaba con frenesí contra los golpes directos del Nodachi soportando los fuertes impulsos que parecía acorralarlo cada vez más a Gohan. Su baja experiencia con armas era notable por la forma en que se movía, muchos tenían ese mismo problema, al dejar de entrenar con espadas después de que aparecieran los saiyajin fue una tonta idea en dejar ese entrenamiento.
Hacía todo lo posible por bloquear y contraatacar hacía la gigante bestia, rozando las espadas y recibir pequeños cortes en su ropa no ayudaba de mucho. Por más que se moviera al máximo nivel que tenía permitido en este mundo no podía alcanzar darle un ataque, en el momento en que ambas hojas volvieron a conectarse derramando varias chispas e intentaba resistir con ímpetu no paso mucho tiempo hasta que llegaron Kirito y Asuna.
En un rayo de luz amarillo y rosa, la luz del escote y la espada cortaron en horizontal su barriga en lados opuestos. Illfang, alarido, volvió a rugir como la bestia inmunda y asquerosa que se proyectaba frente a ellos. Saltó a una columna, reboto a la siguiente, a otra, con el fin de matar a los tres de un golpe al igual que hizo con Diavel. Los tres retrocedieron en un salto simultaneo, afianzándose con los pies en el temblor que sacudía la sala cuando el golpe de Illfang choco contra el suelo.
La pared de humo que salio desde sus patas lo cubrió y, antes de que los tres se den cuenta, dio otro salto frente a ellos portando el Nodachi por encima de su cabeza. Sus ojos dilataban el tiempo que tardaban que sus propios cuerpos reaccionaran y que la espada se balanceara sobre ellos en un solo impacto.
¡SLAAAAASH!
En un ataque repentino formado por un grito y un destello verde, el Nodachi rebotó contra el hacha de Egil. El sujeto apareció en el momento justo para salvarles la vida, lo más sorprendente fue cuando el ejercito delantero y defensa se unió para acabar con Illfang. Todos estaban haciendo lo posible para ayudarlos.
–Les daremos el tiempo suficiente para que se recuperen – dijo entre jadeos, volvió a sostener con ambas manos el hacha. Antes de que se fuera con el grupo se volteó hacía ellos, sonriendo, sabía que las cosas no podían ir al 100% de lo planeado, pero les tenía confianza a los tres, al grupo que los defendían y al insoportable Kibaou – Terminen con esto.
Corrió portando su arma por encima del hombro derecho acumulando su habilidad especial en el color verde que los salvó.
Kirito, Asuna y Gohan no desperdiciaron el tiempo y abrieron su menú, pulsando con la punta del dedo índice el primer tipo de poción que estaba al principio de la lista y en cuanto se formo el frasco rojo lo bebieron rápidamente. Sin pensar que incluso unos pocos segundos serian suficientes que entre ellos recuperaban la salud, los demás estaban tirados en el suelo después de atacar al poderos Illfang.
Reuniendo el brillo en el Nodachi, Kirito se levantó con destreza y corrió lo más rápido que pudo para alcanzar el golpe. Por suerte, gracias al tamaño físico y la cantidad que requería en acumular la energía, llegó detener su ataque con su habilidad de espada rebotandola justo a tiempo protegiendo a Egil y los otros.
–¡Gohan, Asuna, ayúdenme a dar el último golpe! – exclamó y en un suceso inesperado, Illfang dio un fuerte salto hacía atrás estando a una distancia de 60 metros o más de su trono.
Respondiendo en afirmación a la vez que retomaban la carrera hacía el jefe, los tres aumentaban la velocidad apuntando sus armas a la enorme bestia. Este era su último chance de acabar con el jefe, no podían fallar, esto decidía el futuro de los que pasaron días en tratar de salir de este infierno.
En lo que tardaba Illfang incorporarse de pie, elevó su Nodachi reuniendo más energía de un color rojo en la hoja. Cuando llegó a su punto perfecto dejo caer su puño aferrado al mango, Gohan no tardó en responder y fue el primero en dar el primer paso.
Saltó después de incrementar el ataque de su espada, rebotó su ataque al igual que lo planeado desde el principio, volvió al suelo unos pocos metros detrás de los dos. El Nodachi se encontraba inclinado sin protección alguna, fue la oportunidad que necesitaba Asuna para apuntar con su escote en una ráfaga de 8 golpes consecutivos.
Dejando a Illfang expuesto, Kirito se encargó de cortar la gruesa piel rojiza del monstruo. Su espada no se detenía en el trayecto, seguía deslizando su filo en diagonal dejando salir un poderoso grito de batalla. Tuvo que saltar lo bastante alto para llegar a la clavícula superior izquierda, ese fue el caso con exactitud, cuando se quedo sin camino que recorrer cayó al piso sosteniéndose con su brazos derecho soltando la espada por la caída.
El cuerpo de Illfang estaba paralizado, no podía moverse, el corte de los ataques estaban marcados y en vez de rugir estaba brillando. El intenso brillo se proyectaba dentro de él dejando salir focos de luz hasta que su cuerpo quedo cubierto totalmente de esa luz blanca. Luego su inmenso cuerpo, incluyendo su armadura y equipo, exploto consumiéndose en diminutas partículas.
Silencio absoluto, sin una voz que exprese lo que acaba de pasar, estaban atónitos con los ojos abiertos. Lo consiguieron, lo derrotaron, por fin lo habían logrado. Parecía que nadie se daba cuenta al estar solos en una habitación vacía donde los esperaba la puerta del segundo piso.
Para comprobar que todo era real y no un sueño, el cartel que se proyectaba delante de ellos flotando con las palabras exactas que querían escuchar: Congratulation!
El primer grito de victoria salió de uno en el montón del grupo, la ola fue seguida por más gritos y festejos admirando la experiencia obtenida al subir de nivel. Estaban realmente felices de estar vivos para vivir este momento en persona, sus gritos no paraban, lograron derrotar al jefe.
Gohan permanecía sentado en el suelo sonriendo, la verdad es que si era sincero no esperaba que saliera tan bien. Pero no podía dejar de sentirse mal por la perdida de Diavel, él no tenía que terminar así, su voluntad por hacer que este grupo logre acabar con el jefe fue lo que hizo que pudieran ganar. Solo esperaba que los este observando desde donde quiera que se encuentre ahora.
Todos brindaban su espíritu para pasar al siguiente piso, de los poco que decidieron entrar por voluntad propia, arriesgando su vida para liberar la de los miles de jugadores que esperaban ansiosos por salir, no olvidarían el día en que lograron sobrevivir. Sus nombres fueron regrabados en el edificio donde se guardaban los datos del gremio en una lista vertical por cada miembro formado, excepto por la única persona que murió.
–Felicidades, lo lograron – Egil pasó enfrente de él estirando su brazo. Asuna también estaba a su lado con una sonrisa dibujada en los labios, cosa que nunca se espero encontrar de parte de ella.
–El logro no solo fue por nosotros tres. Ustedes también pelearon y nos defendieron, muchas gracias – cuando se levantó con la ayuda de Egil, inclino su cabeza en forma de agradecimiento.
–No hace falta que lo digas – se excuso él mismo dejando salir una sonrisa de parte del saiyajin – Ahora que podemos ir al-
–¡¿PORQUE?!
En un grito inesperado de la persona con un temperamento frágil con algunas lagrimas sobre sus cuencas. Kibaou se encontraba sentado en el suelo en posición de loto, a diferencia de los demás estaba totalmente ofendido por la crueldad que cometieron las únicas personas que estaban lo bastante cerca para salvar la vida de él.
Todos observaban a Kibaou con atención en silencio, la verdad es que algunos ya se imaginaban a donde quería llegar. Por más que hayan derrotado al jefe, la ausencia de Diavel era inevitable.
–¡¿Porque dejaron que Diavel muriera?! – grito en busca de respuesta, sin soportar la angustia se levanto y apunto con su dedo índice al chico que escucho con firmeza intentando advertir a Diavel – ¡¿Cómo sabías de la técnica del jefe?! ¡¿Porque no nos contaste de eso?!
Las caras de todos, incluyendo las de Gohan y Asuna, se enfocaron únicamente en Kirito. El dedo amenazador de Kibaou lo hacía sentir más culpable, hasta ahora nadie se había dado cuenta. No podía decir nada, las caras que lo miraban de alto y la culpa por no haberlo salvado le impedían decir cualquier cosa, ni siquiera podía moverse.
–¡Eres un Beta Tester, ¿verdad?! – sudando frío y tragando saliva, trató de ignorar la acusación de Kibaou mirando al piso ahogándose en su propia miseria – ¡Hay otros Beta Tester aquí, ¿verdad?!
Mirando de un lado a otro, viendo las caras de cada uno de los presentes en la habitación, todos buscaban en las expresiones de sus propios equipos. Habían llegado en un punto en que no podían confiar en nadie, si había un Beta de seguro habían otros ahora mismo, esos pensamientos se repetían en las cabezas de los jugadores.
–¡Ya basta! – Gohan se acercó a Kibaou llamando su atención – Diavel también era un Beta Tester. Él tampoco sabía de los patrones del jefe – Kibaou inaudito, rechazó la idea de que la persona que murió frente a sus ojos fuera uno. Pero Gohan siguió explicando – Significa que ninguno de nosotros se esperaba el cambio repentino de ataques o del arma.
–¿Quieres decir que el juego tuvo una actualización antes de ser proporcionada al público? – de las largas palabras de Asuna con un dedo arqueado sosteniendo su mentón. Egil y Gohan se detuvieron a pensar, era lo más probable viniendo de la cabeza de Kayaba, no, lo más probable es que ni siquiera se tomara la molestia de mencionarlo.
Pero mientras se dedicaban a pensar, una risa cínica y un cambio de tono sin ninguna relación a su personalidad. Vieron como Kirito, agachado sobre una pierna riendo como maníaco, se levantaba y los mirara con una nueva cara.
–¿Un Beta Tester? Se equivocan – sorprendidos por sus palabras. Kirito caminaba directo a la puerta de la salida teniendo toda la atención que los veían de espalda – La gran mayoría de los Beta Tester eran principiantes, personas que no sabían como subir de nivel o derrotar a monstruos simples que encontraban en el campo. Ustedes son mejores que ellos – Kibaou estaba igual de sorprendido y atónito por lo que estaba diciendo. Se detuvo y giró hacía ellos con una sonrisa – La diferencia entre ellos y yo es clara. Llegue a niveles totalmente más altos durante la fase Beta. La razón por la que sabía de los ataques del jefe es porque me enfrenté a monstruos con habilidades más fuertes y con diferentes armas. Sé más que un simple recolector de información.
Esas palabras le pegaron duro a Kibaou, quien seguía paralizado como si tuviera a un monstruo en la vida real, no sabía que podía significar una persona que sobresalía en la prueba Beta. No, lo sabía, y era incluso peor que cualquier Tester.
–E-Eres un... Cheater... ¡Eres un maldito Cheater! ¡Eso es peor que un Beta! – exclamaba sin creer que fuera posible que alguien pudiera ser ambas cosas. Se necesitaba tener total experiencia para llegar a ser el monstruo que tenía en persona.
–Cheater y Beta... ¡Oh, es un Beater! – dijo Gohan con incredulidad contando con los dedos índice y medio de su mano derecha.
–No lo alientes – Asuna lo golpeó con el codo en su brazo. De vez en cuando tendía a no tomarse en serio las cosas, y eso que lo conoció en solo 24 horas.
–Beater... Es un buen nombre – admitía Kirito mientras abría su menú y en tan solo presionar dos botones su atuendo fue reemplazado por un abrigo negro que le llegaba hasta las rodillas. La funda de la espada seguía atada a su espalda, la ropa encajaba perfecto con su personalidad presumida. Gracias al esfuerzo de Gohan y Asuna logró obtener el ítem adicional – A partir de ahora sera mejor que no me confundan con otros Beta.
Y con esas últimas palabras se marcho dejándolos a todos en silencio, solo se escuchaba el sonido de sus botas pisando contra el piso mientras subía las escaleras de la puerta. Antes de que se fuera, Asuna y Gohan se acercaron a él con algo que preguntar.
–¡Espera! – alertó Gohan deteniendo el camino de Kirito, sin tener la necesidad de mirar a sus ojos solo esperó que dijera lo que tenía que decir – Aun podemos ser amigos, ¿verdad?
–Eso es algo innecesario, ¿no lo crees? – respondió como si le fuera de menor importancia, pero cuando lo miro a los ojos parecía que lo decía en serio. Buscando en las miradas del incoherente Gohan y la brusca Asuna que se quedaba parada de pie esperando su respuesta – De acuerdo, pero solo les pido una cosa. Si un gremio que son de confianza los invita, no lo rechacen.
Asintiendo en afirmación junto a una sonrisa entre dientes, dejó que Kirito se marchara delante de la puerta. El grupo temporal se disolvió con solo oprimir un botón azul en forma de circulo y cada uno tomó su propio camino para salvarse de este putrefacto juego.
Kirito y Asuna formaban de su lista de amigos, también Egil, eso en parte lo hacía feliz. Habían avanzado al siguiente nivel con nuevas sorpresas y misiones que completar en el transcurso de su viaje. Sus caminos eran diferentes, pero sus metas eran iguales. La determinación los guiaba con el arma empuñada, una nueva aventura los estaba esperando a través del otro lado de la puerta.
Continuara...
