N/T: Me disculpo por la terrible tardanza. Pero por razones no pude continuar la traducción. Lo bueno es que ya pasado mañana es finde y no tengo nada que hacer salvo estudiar, así que tendré tiempo de subir otros caps más. Éste fue un poquín largo. Gracias a todos quiénes me mandan reviews, agradezco su interés en mi trabajo por compartir uno de los mejores trabajos de este fandom a mi bella gente hispana.
Cortado
Hipo se acurrucó contra el estómago de Chimuelo—enroscado entre las cálidas escamas— sumergiéndose en los sonidos de su entorno. Un vibrado de grillos y ululares ondeando a través de los vientos altos de la montaña, rebotando. Un lobo aulló en la distancia. Un fuego moderado construido a partir de trozos de madera parpadeó con fuerza contra la puesta de color negro azulado.
Fue después de un largo y difícil viaje—casi un día entero de vuelo hacia la isla más al sur meridional de Berk—que Hipo se encontró a sí mismo estirado bajo las estrellas en una isla desierta. No se preocupó por ser buscado. No inmediatamente. Tomaría días para un barco llegar a su punto, con numerosas peñas de baja altura y riscos actuando como obstáculo. Y eso era si los Bárbaros sabían dónde buscar en primer lugar.
Volar era una manera de viajar muy difícil a la cual realizar seguimiento.
Hipo inhaló y expiró. Relajarse era imposible; aun cuando el estómago lleno, la sensación de calor y la espera por sólo caer de dormido lo empujaran. Sus párpados bajaron con el peso de la jornada, pero su mente corría y su estómago se encontraba suspendido.
Hablando de Héroe a Zero.
Las pasadas tres semanas habían sido un sueño. Él, Hipo el Inútil, había sido aceptado como un Vikingo más de su tribu. Logró todo por lo que había estado trabajado desde haberse descubierto como una anomalía… sólo para que se le fuera arrebatado prematuramente. La gratificación, el prestigio, la opción de volverse el jefe… Desvanecidas.
Aceptaba que lo había construido en base de falsedades y engaños, pero al menos la gente lo escuchaba. Al menos la gente lo miraba y veía potencial. Eso era todo lo que necesitaba para tener los pies sobre la tierra.
O eso se dijo a sí mismo.
Hipo cerró los ojos e intentó sumir su mente dentro de una vida donde no hubiera sido escogido para matar al Pesadilla. Si hubiera continuado como lo había estado haciendo, con los ojos y oídos de su pueblo abiertos a sus métodos. Los Bárbaros podrían haber tomado eventualmente sus invenciones en serio. Podrían haberlo mirado a la cara con estima y aceptación acerca de lo que él era, quien era en realidad. A pesar de no ser brusco y musculoso, podrían haber escuchado sus alternativas a la lucha…
Chimuelo estornudó. Los ojos de Hipo se abrieron.
O no. Con toda honestidad, era muy pronto decir cuán lejos su nueva y encontrada fama pudo haberle llevado. Si hubiera terminado en felicidad o tragedia. Con Chimuelo aceptado o asesinado.
Nada de eso importaba a este punto de todas formas. Se había ido. Había hecho su elección. No había sentido en imaginar el que pudo haber sido.
Entonces, sin solicitarlo, Hipo pensó en su padre. En el orgullo expresado en la voz de Estoico—bramando y fanfarroneando por toda la Arena de Matanza mientras Hipo era izado sobre la multitud. El muchacho no pudo recordar un momento donde haya escuchado ese tono… un tono que había esperado ser dirigido a él durante años. Un pedazo de utopía… cruelmente arrebatado. Podría ser burlado por siempre por el fantasma de lo que su relación pudo haber sido si tan solo hubiera nacido "correctamente".
La emoción lo llenó; no sólo ante su propia perdida sino también ante la subyugación y escrutinio que su padre tuvo que resistir a causa suya.
Giró sus ojos hacia las estrellas parpadeantes de arriba y murmuró, "Espero que Papá esté bien…"
Chimuelo levantó su cabeza y los grandes ojos de reptil destellaron en la brillante luz lunar. Gracias a fuerzas desconocidas, Hipo pudo comprender completamente la opinión del dragón sobre el involuntario comentario.
"Él no es tan malo," sintió la necesidad de decir. "Es un buen sujeto."
Chimuelo le dio un ligero golpe.
"¡No, en serio! Él sólo es… el jefe, ¿sabes? Es tan Vikingo que posiblemente no podría entender a alguien…" Hipo hizo una pausa para mirarse de arriba abajo, "uh, no tan-Vikingo. Lo cual creo es porque únicamente los Vikingos viven tan al norte…" Pese a todas sus quejas, incluso Hipo tenía algo en contra los Sureños. "Y que su propio hijo sea, bueno, alguien como yo… debió haber sido duro para él. Sé que probablemente tuvo una época difícil en sus encuentros con otras tribus, viendo a sus perfectos herederos…"
La amargura se deslizó por su voz antes de poder detenerla. Tragó devuelta la horrible sensación.
"Perdón," Hipo murmuró, restregando una mano sobre su cara.
La parte que más dolía, más que dejar a su padre sin un hijo, más que sofocar ése lejano-pero-tan-brillante fulgor de un posible futuro en Berk, era la fría e indiscutible verdad de que la vida de todos sería mejor ahora que él estaba fuera de su camino.
Su padre podría centrarse en el funcionamiento del pueblo y Patán era el siguiente en la línea (había incluso la posibilidad de que hubiera asumido el puesto aún con Hipo alrededor). Hipo no estaría allí para agravar a Astrid, o para impulsar a los gemelos a hacer sus bromas, y había un montón de candidatos que serían mejores aprendices en la herrería que él…
"Hice la elección correcta," susurró para sí y encontró un poco de consuelo al hacer el anuncio. Chimuelo se frotó complacido contra su cabello como una especie de muestra dragonica de apoyo moral.
Hipo sonrió y apartó el desordenado flequillo de sus ojos.
Era duro sonreír. Era difícil permanecer optimista. Hipo estaba asustado. Cerró una puerta y no había una red de seguridad. No había vuelta atrás—una opción que quizás habría tenido si Chimuelo no hubiera sido visto, pero esa oportunidad fue eliminada de la mesa en el momento que Astrid los encontró.
¡Dioses! Si hubiera sido cualquier otro—Patapez, quizás—las cosas quizás habrían pintado diferente. Pero fue Astrid. Astrid, quién había sido tan entusiasta acerca de la idea de matar dragones que desde los nueve años había adquirido un perfecto grito de batalla. Astrid, quién odiaba a Hipo. No era estúpido. Notaba la hostilidad que la semana pasada le dirigía. Detestaba ser eclipsada y ciertamente, detestaba ser eclipsaba por él. Ver a Chimuelo había sido la gota que derramaba el vaso.
La mirada que ella le había dado la última vez... Hipo no podría olvidarla nunca. Repugnancia absoluta torcía su cara, ojos severos con la promesa de retribuirle por sus elecciones.
Dioses, ¡ella habría matado a Chimuelo! Hipo podía verlo de nuevo. El brillo del sol contra su acha. La energía, el miedo, el terror que se clavó en su estómago las horas que siguieron… Había lanzado su cuerpo hacia ella antes de registrar la situación enteramente y agradecería a Odín cada día por eso.
Hipo metió en el fondo el burbujeante rencor hacia la chica y volvió su cabeza a Chimuelo.
"Entonces, ¿a dónde quieres ir?" le preguntó.
Chimuelo ronroneó y dirigió su triangular cabeza al sureste acorde a las estrellas.
"¿Ése rumbo, eh?" Hipo apuntó a la misma dirección con su brazo. "Si… lleva directamente hacía Jutland. ¡Oye! ¡Si continuamos por ésa dirección deberíamos llegar eventualmente a Miklagard! Mi madre vivió allí por un tiempo—papá me lo dijo. ¡Ella decía que era la ciudad más grande jamás construida! Tienen esta pared realmente enorme para evitar que los Vikingos navegaran allí, pero eso no será un problema para nosotros, ¿cierto amigo?"
Chimuelo canturreó su aprobación como haría un humano ante el entusiasmo de un niño. El dragón entonces indicó hacia el hacha que Hipo había decidido llevar segundos antes de su partida. El arma estaba entre las escasas pertenencias de Hipo, su hoja reluciendo bajo la luz del fuego tembloroso, majestuosa y burlona.
A Chimuelo no le gustaba el hacha por muchas razones. En primera, pertenecía a la extraña chica quién había lastimado a su dulce niño (porque, ¿quién en su sano juicio intentaría herir a Hipo? ¡Porqué no sólo patear unos huevos de dragón!). Como segundo, sólo era un objeto más en espera por una oportunidad de desgraciar al muchacho. No es que Hipo fuera el desastre andante que su gente parecía creer que era; Chimuelo había visto a Hipo moverse, correr y jugar con una gracia sólo vista en dragones.
Y por último, implicaba que él no era protección suficiente para Hipo. Insultante.
Hipo, por su parte, sintió una repentina e inadvertida necesidad de defenderse de la mirada del dragón.
"¡Oye, no me juzgues! ¡No podría sólo dejarla allí!"
Podrías haberlo hecho.
"Hubiera sido un desperdicio tener a una hoja perfectamente en buen estado destruida por los elementos."
Ella habría regresado por ella.
"Podría serme útil si me meto en problemas."
Cómo te atreves.
"De acuerdo… y tal vez quería hacerla enfadar un poco."
Chimuelo ladeó su cabeza a un lado.
"Es sólo…" Hipo pasó una mano tensa por su cabello. "Es sólo que tenía este "plan de escape" como formulado ya, ¿entiendes? Dejé esta… ésta nota para mi papá… usando mí, ah, bueno, incapacidad de encajar. En cierto modo insinué que había estado burlando a los dragones en lugar de derrotarlos, lo cual fue una especie de confesión, ¿verdad? Oh, y mencioné cómo simplemente no pude matar a un dragón—lo cual entraba en mi parte de 'no-encajar'. Y dije que escogía la vida de un marginado."
Dioses, era un forajido. Fjörbaugsgarður. No podría regresar a Berk por al menos tres años.
Hipo tomó otra bocanada de aire.
"Yo… Intenté hacerlo ver como un auto-exilio. Pero con Astrid descubriendo la verdadera razón de mi partida y acusándome—¡oh, vamos, sabes que lo hizo! Tú la viste—hará verme como un traidor también. Lo cual soy, supongo…" Se detuvo para humedecer sus labios. "Sólo… Sólo quiero que mi papá se sienta más… Más decepcionado que traicionado acerca de esto."
Hipo bajó su cabeza hacia sus manos y gimió.
"Realmente metí la pata esta vez, ¿cierto amigo? No sabía lo que estaba haciendo. Supongo que eché a perder mi vida en el momento en el que te dejé…"
Vivir.
El Furia Nocturna le dio un golpe al muslo de Hipo con su nariz y gimió. Con la mirada centrada en el fuego, Hipo se estiró y rascó instintivamente las escamas justo sobre el ojo izquierdo de Chimuelo.
"Tal vez es injusto de mi parte clavar toda mi furia sobre Astrid… ¡pero ella ni siquiera me dio una oportunidad para explicar! No hubo… nada de curiosidad. Como si nada en su cabeza le dijera que me escuchara." No podía entenderlo. Esperaba nunca hacerlo. "Era sólo otro esclavo imbécil del código Vikingo. Si ella hubiera esperado tan solo unos momentos—escuchado un poco—podría haber visto… ella se podría haber dado cuenta…"
Hipo dejó caer su cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
"Y ahora todo está hecho un lío…"
La angustia de su humano tiñó el aire salado y las aletas de la mandíbula de Chimuelo ondularon. Cambió su posición para rizar su pesada cola sobre el regazo de Hipo para mantener en calor al muchacho.
Hipo sonrió ante el gesto.
"Supongo que debería dormir con esto, ¿no es así, Compañero?"
Chimuelo gorjeó brevemente.
"Correcto. Partiremos a primera hora mañana. No sé qué es lo que haría sin ti," Hipo bostezó mientras el agotamiento lo drenaba. "Mantenme sano…"
Viendo como los delgados párpados se deslizaban para cerrarse, Chimuelo aceptó la oferta de buenas noches de Hipo. El dragón permaneció despierto mucho más tiempo que su humano, con las orejas retorciéndose ante cada ruido en actitud protectora rayando en la paranoia, a la vez que enviaba a la inerte hacha miradas de profunda aversión.
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Cuando Estoico entró a su casa fue con el propósito d escapar de las miradas de cuestionamiento de su gente, la mirada ceñuda de ésa chica, y disfrutar de la comodidad de su silla favorita mientras esperaba por el regreso de su hijo y resolver las cosas.
No había anticipado La Carta. El manchado pergamino que lo aterraba y agitaba, lo llevó a ordenar a Astrid Hofferson a liderar un número de sus guerreros para buscar en la cueva de la que había hablado.
"Auto exilio…" Estoico murmuró, escaneando la carta por centésima ocasión. Era formal, lacónica, y dirigida a "El Jefe" — no a su "padre". Aunque la escritura era inconfundiblemente la de Hipo.
Es esta hablaba de la incapacidad de abrazar el estilo de vida Vikinga y el beneficio general para ambas partes de su partida. Estaba firmada como Hipo. No Abadejo. Ni III. Sólo Hipo.
Exilio auto impuesto sin duda.
Los ojos de Estoico se detuvieron en ciertas frases para que su mente las interpretara.
"…usé métodos para dar la ilusión de que derribaba a los dragones…"
Trucos.
"…renuncio a cualquier derecho de nacimiento…"
Dimisión.
Trató de darle sentido a todo, pero Estoico no podría haber previsto esto. Hipo habría hablado con el primero si hubiera sido un simple sentimiento de desplazamiento. Ser un forajido era una cosa seria—incluso en la menor falta. Cualquiera que guardara rencor contra el muchacho podría ahora tener el derecho de matarlo a la primera señal y ganar un estatus por ello.
No, Hipo era más inteligente que eso. Tenía que haber más allí.
Estoico pensó en Astrid y sus locas historias acerca de traición.
Si la razón por ausencia de Hipo tuviera otra naturaleza, una naturaleza más siniestra…
Estoico sacudió su cabeza. No podía ser—no su Hipo. El muchacho era una molestia en un buen día, pero era demasiado inocente y franco para participar en tales iniciativas engañosas.
Aun así, la duda regresó otra vez.
Astrid mencionó la Punta del Cuervo y de todas las criaturas, a un Furia Nocturna. Justo como había hecho Hipo semanas antes. Aunque si bien hubiera sido una coincidencia, en cierta forma—
"¡Estoico!" una voz profunda resonó desde el otro lado de la puerta de su casa. La madera tembló debido a golpes pesados. Su hermano.
Estoico abrió la puerta bruscamente para ver a un compungido Patón con Hoark.
"¿Y bien?" Estoico apuró. "¿Qué has encontrado?"
Su impaciencia no estaba justificada; lo podría haber sabido él mismo de haber ido con ellos. Pero la carta había robado la firmeza de las piernas de Estoico. Prefería que el pueblo creyera que era la confianza hacia su hijo lo que lo mantenía en casa, pero sospechaba que su hermano podría mirar a través de su fachada si sus rígidos nudillos blancos agarrando la puerta fueran algún reflejo de su estado.
Hoark dio un paso adelante y extendió un puñado de perfectas y brillantes escamas negras de dragón.
"Estaban por todas partes," Hoark reportó. "Sin lugar a dudas de un dragón, y no uno que ninguno de nosotros haya visto jamás. Definitivamente, coinciden en la descripción de la chica de un Furia Nocturna."
Estoico abrió la boca para dar su viejo amigo una furiosa paliza por siquiera sugerir que la alocada historia fuera verdad, cuando Patón lo interrumpió:
"Había evidencia de presencia humana también. Una hoguera chamuscada con fuego suave, palos afilados, varias huellas e impresiones de cuerpo—algunas llevan un día apenas…de las cuales no todas eran humanas. Y las impresiones humanas…el tamaño…bueno, simplemente no hay manera de negarlo, Estoico."
El jefe de la tribu de los Bárbaros Peludos pudo sentir su mundo entero derrumbarse. Un cierto tipo de miseria que no había sentido desde que su esposa se fue resurgió; una miseria de soledad y pérdida. La historia loca de una niña que él podría desacreditar, pero sólo un tonto podría refutar las pruebas firmes en la mano de Hoark y las habilidades expertas de rastreo de Spitelout. Y ningún tonto había sido un jefe la mitad de decente.
Su título era la única cosa que había quedado en su vida. No tenía familia, ni heredero, pero tenía a su tribu.
"Jefe," Hoark intentó después de un largo momento de silencio por parte de Estoico, "la evidencia es abrumadora…lo que la chica Hofferson dijo sobre su hijo—"
Estoico arrugó la carta en su mano.
"No tengo un hijo," dejó salir en un bajo tono estrangulado. Hipo los había traicionado. La carta era una treta; la excusa de un demonio simpático utilizada para escapar de tener que ser asesinado.
Admitiendo que su único hijo se había convertido en un corrupto de la peor clase no fue una tarea sencilla, por lo que Estoico se enfocó en su último consuelo.
Una pasión sorprendente se encendió dentro de él. Enfadado, herido, y luchando contra el impulso natural de negación, Estoico quería guerra. Quería golpear algo, para destrozarlo y cometer horripilantes matanzas. Los dragones pagarían por encantar a su hijo para alejarlo de él, y esperaba con ansías la próxima incursión.
Cuando la primavera llegara, los dragones no sabrían qué fue lo que los golpeó.
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El pueblo se había enterado de lo que ocurrió en la cueva antes de que el sol de la mañana siguiente pudiera separarse por completo del horizonte.
El hijo de Estoico el Vasto estaba en la liga de los dragones.
La incredulidad recorría entre los chismes de la mañana.
"¡Lo sabía!" surgió en torno del medio día.
Para el nattmál la mayoría de los "a buena hora" llevó al pueblo a un consenso, con una buena dosis de simpatía por su jefe.
Por supuesto Hipo el Inútil encontraría la manera de volverse a sí mismo contra su pueblo. Varios aldeanos aceptaron que lo habían visto venir, que el muchacho había sido tocado por la mano del mismo Loki, condenado a traer desgracias.
Algunos aldeanos, particularmente sus antiguos compañeros de clase, se encontraban en diferentes estados de incertidumbre.
Patapez estaba claramente descorazonado; descubrir que alguien a quién admiraba grandemente los traicionó. Ver crecer la fama de Hipo le había dado al cerebrito Vikingo esperanzas de que un día él también pudiera impresionar a su pueblo. Enterarse de que todo era una chiripa destruyó aquél cauto optimismo.
Brutilda estaba demasiado confusa por las acciones de Astrid por desmentir a Hipo.
"Lo que no puedo creer es que hayas visto a un dragón—un Furia Nocturna sobre todas las cosas—con una silla de montar puesta y no intentar montarlo," argumentó por millonésima ocasión.
"¿Por qué querría yo montar a un dragón?" contraatacó Astrid, y se veía bastante cerca de golpear a la otra rubia. "¡Es repugnante! ¡Deshonroso! Yo mato dragones. ¡Me gusta matar dragones—me encanta—no los monto!"
"¡Había una silla de montura sobre el maldito dragón de Thor!" Brutilda continuó. "Eso es prácticamente una señal de Odin diciendo '¡Hey! ¡Móntame!'"
"¡Preferiría montar un caballo romano!"
"¡Sacrilegio!"
Brutacio se sintió perdido al ver a su hermana peleando con alguien más que no fuera él mismo.
Patán estaba atrapado entre la indignación y la alegría. Mientras él era uno de los últimos en su clase de estar impresionado por Hipo—secundado solo por Astrid—y encontraba el éxito de su primo sospechoso durante la mayoría de su entrenamiento, eventualmente se unió a la masa en su admiración por el efectivo manejo sobre las bestias del muchacho. Que Hipo hubiera escogido el lado de los dragones era una pequeña bofetada en la cara de todos, y Patán no tomaba amigablemente ser eclipsado por farsantes.
Al mismo tiempo, él era ahora el próximo en la línea para ser jefe y el candidato más elegible para Astrid—previendo que ella no se casaría antes de que él tuviera la edad. Aparte de un mancillado orgullo, la decisión de Hipo de cabalgar hacia el atardecer en la espalda de un Furia Nocturna proveía más ventajas que desventajas en lo que él concernía.
Astrid estaba satisfecha, en general—dejando de lado el tener que defenderse constantemente de la psicópata gemela Thorson. Tenía su reputación de vuelta mientras que al mismo tiempo se deshacía de su competencia.
A veces, cuando veía los ceños despectivos que su jefe intentaba esconder, o el asiento vacío en la Mesa del Salón dónde Hipo se sentaba, ponía en duda sus acciones temerarias. Cualquiera y todos los sentimientos de duda los lidiaría de forma rápida y eficaz de la misma manera que manejaba todo lo demás en su vida. Al final, sabía que había hecho la decisión correcta. Los Vikingos eran anticipados, gente sensata. Era la forma en que mantenía a su gobierno de caer en la corrupción. Permitir a Hipo continuar con su charada sólo habría empezado una plaga de mentiras y engaño que habría destruido innumerables años de cultura. Esta era su manera de preservar la paz. Nada por lo que sentirse avergonzada, para nada.
Además, ella jamás lo perdonaría por robar su hacha.
Nattmál (comida de la noche): se consumía al final del día cuando empezaba ao scurecer (7-8pm).
Aclaraciones: Dejé los nombres de Spitelout y Hoark así porque no encontré una traducción oficial para ellos, pero si la tienen con gusto lo arreglaré. Por mientras, disculpen mi incompetencia.
Y de nuevo, si encuentran errores en mi traducción, menciónenlos por el medio que quieran. Estoy abierta a las críticas constructivas.
