Capítulo 2. El viaje de redescubrimiento

-Ven, entra –Ron se hizo a un lado para dejarla pasar, y Hermione entró primero a la antigua construcción con tejado inclinado tradicional en el país, seguida por Crookshanks. Allí dentro, un recibidor donde predominaba la madera y las lámparas rojas con símbolos chinos les dieron la bienvenida.

Una bruja recepcionista les habló, de forma incomprensible, a lo que ellos asintieron sin comprender y Hermione utilizó su dispositivo traductor para ver cuál era el precio de la habitación más económica. Luego de pagar, subieron unas escaleras antiguas hasta el dormitorio, que constaba de una única cama matrimonial. Hermione apoyó su bolsito de cuentas sobre una mesa, y Ron dejó caer al suelo su bolso marrón extendido mediante magia por Hermione meses atrás, antes de que abandonara La Madriguera en su viaje de redescubrimiento personal.

-¿Cómo supiste que estaba en Pingyao? –preguntó el chico, mirando a Hermione de pie junto a la ventana, que tenía un estilo chino también y daba a la callejuela atiborrada de magos y brujas, bajo un cielo grisáceo.

Hermione se sentó en la cama y miró a su amigo. El chico estaba tan desalineado como ella: tenía el cabello más castaño que pelirrojo por la tierra que tenía encima, además de unas profundas ojeras y ropa muggle desgarbada, compuesta por unos jeans rotos y una camisa raída. Estaba más flaco que nunca y tenía pozos en las mejillas.

-No fue nada fácil –admitió ella, cansada-. Mi lechuza jamás pareció llegarles.

-Hemos estado moviéndonos mucho –dijo él-. Por eso habrá sido.

-Ajam –Hermione se pasó una mano por la cara y el pelo, exhausta-. Luego de desistir en encontrarlos en Tailandia, llegué a la conclusión de que debían haberse movido al norte, ya que los magos que me dijeron haberlos visto me indicaron que hacia allí viajaban… Pasé dos semanas en Laos siguiéndoles el rastro, hasta que el mago de un hotel me dijo que habían estado hospedados allí y le habían dicho que se dirigirían a Macao luego de allí…

Hermione se detuvo un momento para tomar aliento, como si explicar el viaje que había realizado equivaliera a realizarlo nuevamente, en cuanto al cansancio que le provocaba.

-Después de eso –continuó-, leí las noticias en el periódico de Macao de que dos de los magos que habían derrotado a los magos tenebrosos más poderosos de los últimos tiempos habían estado visitando sus tierras esos días. Busqué a la periodista, y me dijo haberlos visto y que le comentaron que luego de allí querían conocer el interior de China… -Hermione suspiró hondo, mirando a Ron casi con reproche por todos los lugares por dónde había tenido que pasar para encontrarlo-. Después de eso viajé por Cantón, luego Jiangxi, Changsha, Zhengzhou, Shijiazhuang… y finalmente aquí.

Ron apretó los dientes.

-Lo siento –musitó, pasándose una mano por el cabello y lanzándole una suerte de sonrisa-. No sabíamos que venías tras nosotros.

-No te preocupes –Hermione le lanzó una mueca-. Finalmente, supe que estaban aquí. Supuse que, ya que no respondían mis lechuzas ni parecían poder localizarse de ninguna forma, mi única opción sería vagar por los callejones de magos hasta toparme con ustedes. Por cierto, ¿dónde está Ginny?

-Oh, ella está bien –dijo él-. Pero nos separamos en Xi'an.

-¿Xi'an? Veo que estaba siguiéndoles mal el rastro.

-No tanto. Pero decidimos separarnos temporalmente, por un tiempo. Ellos querían viajar hacia el oeste, conocer el verdadero interior de China, el Tibet y todo eso. Yo había empezado a cansarme, así que preferí ir hacia el noreste para avanzar hacia Pekín, y luego ir a Corea y Japón.

-¿Ellos? –inquirió Hermione.

-Ah, sí –Ron se aclaró la garganta-. Ginny tiene un nuevo "amigo".

-¿Cómo es eso?

-Si quieres te cuento más comiendo en algún lado… ¿quieres? Te ves hambrienta.

-¿Tú crees? –dijo ella.

-Sí, lo creo –él asintió con la cabeza-. Mejor date un baño y cámbiate de ropa. Podemos ir a comer algo por ahí, tengo dinero, vengo de un empleo temporal que conseguí ordeñando leche de Occamy en un gallinero de las afueras de la zona industrial.

Hermione puso cara de asco.

-Hay que conseguir dinero de alguna forma –él se encogió de hombros.

-¿Qué no son peligrosos los Occamy?

-No realmente –explicó él-. Siempre y cuando no te acerques a sus huevos. Pero les encanta que los ordeñen. Y que los acaricien detrás de las alas. Son muy amigables, de hecho.

Hermione sonrió y se puso de pie.

-Bien, voy a darme un baño. Enseguida regreso. Y puedes contarme todo sobre el amigo de Ginny y los Occamy.

Hermione apuntó su varita al interior de su bolsito de cuenta, convocó una túnica limpia y se alejó hacia el baño con ella. Ron se volvió para mirar por la ventana. Luego de un rato observando a los magos y brujas que se movían con prisa por el callejón, y en ocasiones a algún muggle curioso que pasaba por allí también observando todo fascinado, el chico volvió su mirada hacia la puerta del baño, de donde provenía el sonido de la ducha abierta y el agua corriendo.

Unas horas después, ya limpios y vestidos con ropa limpia, ambos estaban sentados en la parte exterior de un lugar de comidas. Las mesas estaban pegadas al callejón, por lo que los magos y brujas no dejaban de pasarles por al lado, caminando de un lado a otro. La zona era antigua y comprimida. Ron había ordenado en el mostrador dos platos de una comida asiática que Hermione no tenía idea de qué era, pero parecía algún tipo de animal marino con arroz y salsa de verduras.

Mientras comían, se dio cuenta de que Ron lucía tan exhausto como ella.

-Así que esa es la historia –dijo Ron, mirando a la chica mientras comía-. Luego de Bangkok, el chico se ha unido a nosotros y ha estado con nosotros en el viaje. No es que me caiga mal ni nada. Parece buen chico, Greg.

-¿Son novios?

-No lo sé –Ron se encogió de hombros-. No creo que Ginny aún se haya recuperado de lo de Harry, pero se esfuerza por seguir adelante.

Hermione asintió, llevándose una cucharada de arroz a la boca. Hacía solo unos meses, Harry había muerto para salvar a todo el mundo de la amenaza de El Cazador de Brujas, conjurando un encantamiento muy peligroso y poderoso que muy pocos magos en el mundo hubieran sido capaces de conjurar, y que tenía como consecuencia la destrucción del cuerpo del mago que lo conjuraba.

El encantamiento, llamado "Destruim Incantatum" había destruido efectivamente a El Cazador de Brujas y a las tres Reliquias de la Muerte, finalizando para siempre con esa amenaza, pero también había destruido la mitad del cuerpo de Harry, carbonizándolo, y ocasionando que el muchacho muriera instantes después.

Además de eso, meses atrás Ginny había demostrado un gran amor por Harry al sacrificarse por él, lo que significaba que debía seguir amándolo. Ahora que él ya no estaba, Hermione se preguntaba si la chica estaría intentando seguir adelante con su vida a toda costa, buscando el amor de otro muchacho para evitar seguir sufriendo por Harry. Se preguntó si Ginny se sentiría tal como ella, Hermione, había estado sintiéndose…

-¿Y no te has cansado ya? –Hermione trató de sonreír, siguiendo el hilo de la conversación, aunque un gran vacío la invadía por dentro-. De viajar, digo.

-Quizás, no lo sé –dijo él-. Pero no he terminado. Aún me queda mucho por recorrer.

-¿De verdad? –dijo Hermione, que personalmente ya se había cansado mucho de aquella odisea. Rebuscárselas para encontrar lugares en donde dormir y comer, con poco dinero y teniendo que gastar en traslados a través de largas distancias sin poder hacerlas por aparición, por no haber conocido antes los lugares, o sin contar con trasladores ya que requerían un trámite previo en la mayoría de países; y sin dominar la mayoría de los idiomas, todo eso ya estaba cansándola bastante.

-Sí, sé que es difícil tener esta vida –dijo él, leyéndole los pensamientos-. No es como que me agrade tanto ordeñar a los Occamy, para ser sincero.

Hermione rio.

-Pero de verdad creo que me está ayudando… -se quedó pensativo unos instantes-. Estoy lográndolo. Estoy consiguiendo eso que me propuse. Ese redescubrimiento personal.

-¿Qué has descubierto de ti mismo? –preguntó ella, con seriedad.

-Como te lo dije, yo debí morir también –dijo él, muy serio-. Y, ¿sabes qué? Morir es algo que puede ocurrir. Cualquier día, en cualquier momento. Es algo que pasa.

Hermione asintió, de acuerdo con él. De hecho, ambos habían "muerto" meses atrás, asesinados por el Cazador de Brujas, para luego volver a la vida gracias a un artefacto desarrollado por Steve Granger, el hijo de Hermione, y utilizado por Harry en la batalla final contra El Cazador de Brujas.

-Morir puede pasar –dijo ella.

-Y además –siguió él-. ¿Qué somos, en definitiva? Nosotros, los magos, así como los muggles. Estamos aquí, en el mundo, por alguna casualidad extraña, viviendo nuestras vidas, haciendo lo que se supone que tenemos que hacer, yendo a la universidad, o trabajando en oficinas… No lo sé… Creo que debería haber un propósito más grande que eso para nuestras vidas.

-Empiezo a tener frío –dijo ella entonces, apurando su plato de comida y frotándose los brazos-. Ha refrescado, ¿no crees?

-Sí, es verdad –dijo él, bebiendo su vaso de agua con rapidez-. ¿Nos volvemos?

Regresaron a su habitación alquilada, cerraron la ventana y agregaron frazadas a la cama. Hubo un instante de incomodidad en el momento en que ambos se acostaron, lo más alejados posible el uno del otro. No quedaban habitaciones de camas separadas, o eso habían entendido al menos a la bruja que les hablaba en chino mandarín.

Apagaron las luces con sus varitas y quedaron en silencio, sumidos en la oscuridad.

-Ron –dijo la voz de Hermione entonces, suave.

-¿Sí? –dijo él, desde su lado de la cama.

-No me has dicho lo que viste… cuando te dolió la cabeza.

Era cierto. Se habían puesto a hablar de otras cosas, sorprendidos por la casualidad de encontrarse allí, tan lejos de todo lo que habían conocido alguna vez, y jamás habían completado esa conversación.

Ron se quedó en silencio unos instantes antes de responder.

-Bueno, pues… Nos vi a nosotros –dijo entonces, despacio-. Fue como una especie de visión, no lo sé… Estábamos tú y yo… Y Harry y Ginny… Y nada había pasado. Ni El Cazador de Brujas, ni nada de todo lo del último año… Éramos solo nosotros, siendo felices.

Hermione se quedó en silencio unos instantes también.

-Lucías bastante aterrado, pensé que había sido alguna otra cosa.

-No, estaba aterrado, sí, pero por el susto de lo real que había sido aquello, y lo vívido…

Ron se quedó pensativo unos momentos antes de continuar.

-Estábamos juntos, tú y yo –continuó él, inseguro de contarlo-. Y Harry estaba vivo, y de novio con Ginny. Estudiábamos en la Academia, tú dabas los ÉXTASIS… Y eso era todo. Era el mundo normal, creo. El de antes… Antes de todo lo del año pasado, al menos. Eso fue lo que vi.

Se quedaron en silencio, sin decir nada más. Ron giró en la cama hacia el lado de la ventana, y la luna llena le devolvió la mirada en lo alto. Tragó saliva y cerró los ojos, pensando en lo hermosa que había sido la visión que había tenido.