Entrenamiento y ritos de iniciación
Al día siguiente, Pipsqueak entró al gimnasio de la Guardia Lunar, luciendo orgulloso su nuevo uniforme de recluta. Una armadura negra y azul, como la del resto de la Guardia Lunar. Pero, se diferenciaba de los soldados oficiales al no tener una luna creciente de plata, brillando con orgullo en sus flancos. No importaba. Pip había dado el primero paso, y pronto luciría el símbolo de su mejor amiga en su armadura.
De inmediato halló a los otros ponis que no tenían el símbolo de la luna, sus compañeros. Junto con él, eran apenas unos cinco ponis. Parecía poco para la cantidad de nuevos en una Guardia Real, pero esto era lo normal para la Guardia Lunar. Las exigencias del Espadachín Negro y la Destello Veloz eran demasiado altas para la mayoría.
Cold Fusion, poni terrestre como Pip. Unicornios, no había ninguno, no lograron calificar. Pero había tres pegasos. Quick Storm, la pegaso de color vino tinto y melena azul marino, otro de nombre Reality Slash, de pelaje negro y melena blanca. Y por último, otra de color ámbar, y melena cian; su nombre era Acid Javeline.
─ Así que ustedes son mis compañeros ─ sonrió Pip. ─ Es un gusto.
─Un gusto, camarada ─ saludó Quick Storm de excelente humor. ─ ¿Estás listo?
─ Tanto como lo estaré ─ dijo Pip. ─ Todos saben que la Guardia Lunar es cosa seria.
─ Y que lo digas ─ se unió Acid. ─ Debiste haberlo visto. Solo pasé porque le di a un oponente ahí donde le duele más a un semental. Cuando se dobló, le di bien fuerte en la cabeza. Luego, sus compañeros me aplastaron la cabeza contra el suelo y, bueno…
─ Son nuestros compañeros ahora, ¿no? ─ Preguntó de buen humor Reality Slash. ─ Espero que me perdonen, yo recurrí exactamente al mismo truco. ¡Entré en pánico!
─ No te preocupes ─ dijo Pip, con una sonrisa. ─ Black Swordsman me ha dicho que la Guardia Lunar no pelea limpio, sino pelea a ganar. Los únicos trucos que se consideran malos son los que no te ayudan.
─ ¿Me vas a decir que un mocoso insignificante como tú conoce a Black Swordsman? ─ Preguntó con frialdad Cold Fusion, hablando por primera vez. ─ Sí claro, ¿por qué mejor no me cuentas una de vaqueros, eh?
Pip rodó los ojos. Tenía tres opciones: mentir; decirle que era muy amigo de la Princesa Luna desde que era muy pequeño; o callarse y dejarlo ser. Eligió mentir.
─ Pues claro, en una firma de autógrafos en los juegos militares. ¿O qué esperabas?
Los pegasos solo levantaron sus cascos y le dijeron: ¡Ooooooooh! Muy para irritación de Cold Fusion. El terrestre solo gruñó, y miró hacia el otro lado.
─ Vine aquí a la Princesa Luna, no a hacer amigos. De querer hacer amigos, me hubiera unido a la ridícula Guardia de la Amistad.
─ Pues mala cosa ─ dijo Black Swordsman, acercándose a los reclutas junto con Lightning Flash. ─ Por mucho que seas bueno, y avances como 'solo player' hay un límite que no podrás pasar sin compañeros en quiénes confiar.
─ Algo que hasta Black aprendió con el tiempo ─ dijo Lightning Flash. ─ Ahora bien, miren bien a los otros reclutas, porque ellos serán sus compañeros. Tienen que aprender a confiar unos en otros, y llevarse bien. Individualmente son muy fuertes, por eso están aquí. Durante este entrenamiento tienen que hacerse todavía más fuertes como individuos, y ser imparables como unidad.
Los jóvenes reclutas se cuadraron ante sus capitanes, y Black sonrió.
─ Muy bien, ahora, si tienen la bondad de seguirme, iremos por sus armas de hoy.
Llegaron a la herrería oficial de la Guardia Luna, atendida por una terrestre rojo bermellón con una melena corta rosa, y una cola del mismo color. Y se le veía expectante.
─ Así que estos son los nuevos reclutas ─ dijo ella. ─ Justo a tiempo.
─ Chicos, esta es Liz, la única e inigualable Herrera Estafadora ─ presentó Black Swordsman.
Ella rodó los ojos. ─ Ja-ja. Pídeme que afile una de tus espadas otra vez, a ver qué pasa.
Lightning y Black se rieron.
─ De hecho, conocemos a Liz desde que vivíamos en Aincrad. Siempre bromeamos entre nosotros.
Liz suavizó su expresión y les guiñó un ojo a los reclutas.
─ Bueno, esta es la mejor parte del día. ¡Hora de las armas!
Y haló un carrito, y se puso a repartir lo que traía.
─ ¡Ey! ─ Protestó Reality Slash, balanceando un martillo de guerra. ─ ¿No podemos escoger nuestras armas?
─ No ─ declaró Lightning Flash. ─ Primero tendrán que entrenar con todas las armas para asegurarnos que encuentren una con la que se sientan cómodos.
─ Cuando terminen sus entrenamientos habrán practicado con todas las armas lo suficiente como para asegurar cuál es con la que se identifican ─ siguió el Espadachín Negro. ─ Y así Liz les podrá forjar su arma personalizada.
─ ¿Un arma personalizada? ¿Así no más? ─ Preguntó Acid Javeline.
─ El arma es la extensión de un guerrero, es parte de ustedes ─ sermoneó Lizbeth. ─ Es importante aprender a manejar todo tipo de armas, pero siempre tendrán una con la que sean mejores. Y cuando la haga, la tendrán que bautizar.
Los nuevos reclutas intercambiaron una mirada, pero asintieron emocionados, y Liz terminó de repartir las armas.
Finalmente el Espadachín Negro los guio hacia una puerta.
─ Esto los guiará hacia un calabozo en lo profundo de Aincrad. ─ Al ver la expresión de los reclutas, los tranquilizó. ─ Es de dificultad media, no se preocupen. Los monstruos no son tan poderosos, y las trampas son de dificultad Con sus habilidades, saldrán de ahí solo con unas heridas menores.
Eso no ayudó, pero de todos modos los reclutas sabían que este era el inicio de su prueba.
─ Pregunta, ¿cómo es que esta puerta…? ─ Interrumpió Cold Fusion.
─ Un favor del pequeño señor del caos, una de sus puertas locas ─ dijo Lightining Flash. ─ En fin, regresen enteros.
─ ¿Y qué tenemos que hacer? ─ Preguntó asustada Quick Storm.
─ Llegar al otro lado del calabozo, donde los espera otra puerta loca ─ explicó Black Swordsman. ─ Trabajen juntos, o como 'solo-player' si lo prefieren. Nos da igual, pero regresen enteros.
Finalmente el grupo atravesó la puerta que Black abrió para ellos.
Los transportó a una estancia de piedra gris, cubierta de musgo; donde los esperaba una hidra de seis cabezas, con escamas color violeta brillante, con centellantes ojos lila; y enormes garras azul real. La criatura rugió apenas vio a los reclutas, y lo primero que hizo fue lanzar una de sus cabezas contra ellos.
Pip levantó con su boca el arma que le había tocado, una alabarda; y bloqueó la tacleada de la criatura, pero perdió terreno.
Entonces Cold saltó, y golpeó la cabeza de la criatura con el mazo de guerra que le había tocado.
La hidra rugió con sus cinco cabezas restantes, y atacó al grupo, mientras arrastraba hacia atrás su cabeza inconsciente.
Aprovechando su oportunidad, Reality Slash corrió sobre el cuello inerte de la criatura, usándolo como puente para llegar a su lomo.
Dos de las cabezas notaron el ataque del pegaso y se lanzaron contra él, cuando Acid Javeline se le colgó a uno de los cuellos, y disparó con la ballesta que le tocó.
La flecha atravesó el cuello restante justo a tiempo, evitando que hundiera sus dientes sobre la pata de Reality; que aprovechó su oportunidad para hundir su espada corta sobre este.
La hidra rugió, y lanzó uno de sus cuellos restantes contra Reality.
Esta vez no pudo reaccionar a tiempo, y su pata quedó atrapada.
─ ¡M!3RD !
Pip entonces clavó su alabarda sobre el cuello de la cabeza que sostenía a su amigo. Con mucho cuidado de no cortarla, pues sabía que si cortaba una cabeza, tendrían siete con las cuales lidiar.
Una de las cabezas se lanzó para acabar con Reality, que seguía hundiendo su espada sobre su espalda, cuando fue atravesada limpiamente por la lanza de Quick Storm. Sin cortarla, claro.
Otra abrió la boca para destruir a Pipsqueak, cuando una flecha entró en su boca, y salió por su nuca.
Acid recargó su ballesta, y disparó hacia las patas de la criatura, antes que se le ocurriera usar las garras.
Cold entendió, y esquivando los ataques desesperados de las dos cabezas restantes, golpeó con su martillo a las patas, justo por la rodilla, quebrándolas. De ese modo, la criatura no podría levantarse para perseguirlos.
─ ¿Acabamos con su miseria? ─ Sugirió Quick Storm, volando alrededor de su oponente, y arrojando su lanza.
La lanza entró por el nacimiento de los cuellos, y salió por delante, atravesando el corazón.
La hidra estaba muerta.
─ Bien, nada mal para ser nuestro primer monstruo. Me hubiera gustado hacer más ─ dijo Pip.
─ Tranquilo, todos tendremos la oportunidad de lucirnos ─ dijo Acid.
─ Eso espero ─ se quejó Quick Storm. ─ ¿Y ahora qué?
─ Hay dos puertas ─ dijo Pip, mirando detrás de la hidra. ─ ¿Cuál?
─ Usemos la izquierda ─ sugirió Acid.
─ Cold, tú puedes usar la de la derecha ─ dijo Pip con una sonrisa.
─ Qué simpático, ¿no?
─ Tú fuiste el que dijo que no venías a hacer amigo, sino a servir a la Princesa Luna ─ opinó Quick.
─ Sí viejo, no detendremos a un 'solo-player' ─ se rio Acid. ─ Te esperaremos a la salida.
Cold gruñó. ─ Me quedo, ¿sí? No lo mencionen.
─ Como quieras ─ dijeron los otros cuatro, pasando por la puerta.
Cold dejó que se adelantaran, y miró dudoso la puerta de la derecha. Al final los siguió, murmurando entre dientes.
Los demás lo miraron, pero no hicieron más comentarios.
Nueve horas más tarde, el Espadachín Negro y la Destello Veloz recibieron a sus reclutas.
Estaban cubiertos de quemaduras, moretones, cortes, y todos cojeaban. Pero estaban de excelente humor.
─ ¿Qué tal su primer día? ─ Preguntó Black Swordsman.
Los reclutas respondieron con una queja generalizada, pero estaban de excelente humor. Una buena señal.
Black entonces les acercó varios frascos de poción.
─ Tomen esto, sanarán sus heridas para que estén listos para mañana. ─ Dijo Black. ─ Algo me dice que esta noche dormirán muy bien.
─ Y menos mal, porque siempre madrugamos aquí.
Los reclutas se sonrieron.
─ Entonces, diríjanse a las barracas para cambiarse, y preséntense al comedor en veinte minutos.
Los nuevos agradecieron a sus capitanes, y se dirigieron a la salida del gimnasio.
Entonces, Black Swordsman detuvo a Pip.
─ Recluta Squeak, espere por favor.
─ ¿Sí? ─ Preguntó Pip. Sus compañeros lo miraron, y él los urgió a adelantarse. ─ Ya estoy con ustedes, adelántense.
─ ¿Seguro? ─ Preguntó Quick Storm.
─ Claro, ya vamos.
Entonces sus compañeros salieron del gimnasio.
─ ¿Y en qué les puedo servir, mis capitanes? ─ Preguntó Pip.
─ Bueno, verás, la Princesa Luna hizo arreglos especiales para ti ─ explicó Black Swordsman. ─ Te han asignado un cuarto privado.
Pip rodó los ojos, fastidiado.
─ ¿No los cuartos privados solo se les asignan solamente a los oficiales?
─ Bueno, eres su amigo especial de la Nightmare Night ─ dijo Lightining. ─ Y te tiene mucho cariño.
─ Y, dejando de lado que no quería que te metieras a esto, quiere que te encuentres a gusto.
─ Díganle que gracias pero no gracias ─ dijo Pip, con firmeza. ─ Me voy a las barracas con los demás.
─ Pero por orden de la Princesa, falta tu cama ahí.
─ Pues pongan una ya, ¿no? ─ Dijo Pip. ─ Es lo mínimo.
Y dio media vuelta.
Black sonrió. ─ Me enorgullece.
─ Ajá. El amiguito de la Princesa no es un niño mimado después de todo. Bien por él.
Mientras, Pip llegó a las barracas, donde compartiría dormitorio con Cold Fusion y Reality Slash. Pero faltaba una cama.
─ Ey ─ saludó el frío terrestre.
─ Como podrás ver… algo falta aquí ─ dijo Reality, culpable. ─ Nos adelantamos y tomamos las que habían pero…
─ Sí, de eso me querían hablar los capitanes ─ dijo Pip como quien no quiere la cosa. ─ No entiendo por qué me tenían que hablar aparte para informarme de algo que claramente puedo ver por mí mismo, pero ya qué. Lo arreglarán cuando volvamos de comer. Espero.
─ Ya ─ dijo Cold. ─ En ese caso, puedes poner tus cosas en mi cama mientras.
Tanto Pip como Reality lo miraron sorprendidos, pero al final, Pip sonrió. ─ Gracias.
─ Si vamos a estar juntos por tanto tiempo, mejor llevarnos bien ─ dijo filosóficamente Cold Fusion.
─ Y lo dice el que no quería hacer amigos ─ se burló Pip.
─ Es un pequeño tsundere ─ celebró Reality.
Cold hizo una mueca, pero al final Pip le guiñó un ojo y lo dejaron ahí.
Los compañeros se fueron a comer, y, al volver, efectivamente había una cama extra.
Pip agradeció otra vez a su compañero, y movió sus cosas a la cama nueva.
El resto de los días de entrenamiento fueron muy parecidos. Y así como nunca repetían la misma arma, tampoco repetían la mazmorra a la que se adentraban. Y, por supuesto, las criaturas que los esperaban eran siempre diferentes.
Y al final de cada sesión, sus oficiales superiores les esperaban con pociones de recuperación de Aincrad.
─ Esta es una cortesía solo durante la primera semana de entrenamiento ─ les advertían. ─ Cuando esta pase, sus habilidades de combate deben de haberse afinado lo suficiente para entrar y salir de una mazmorra sin daos considerables. ¿Comprendido?
─ ¡Señor, sí señor! ─ Respondían los reclutas.
Y así pasó la primera semana.
Para el gran final, su oficial al mando, Blackest Night, los llevó a través del pasillo que conectaba las alas personales de Luna y Celestia.
─ Muy bien, compañeros ─ dijo Blackest Night. ─ Esta será su última prueba. No es necesario que la pasen ahora, pero tarde o temprano todos los guardias lunares tienen que hacerla.
─ ¿Patrullar este pasillo? ─ Preguntó Reality Slash.
─ No, o bueno, sí pero lo que yo me refiero más a nuestro rito de iniciación ─ explicó Blackest Night. ─ Según nuestros informes, su Alteza Real, la Princesa Luna, se acerca con su hermana. ¿Saben lo que eso significa?
Los reclutas no tenían ni idea, pero los guardias hechos y derechos declararon al unísono:
─ ¡Chiste de Celestia!
Los nuevos tragaron saliva.
─ ¿Qué, pero…?
─ Soldado Lunar que se respeta no tiene respeto alguno por Celestia. Por ninguna Princesa que no sea nuestra amada Princesa Luna, pero en especial ella. ─ Dijo Blackest Night. ─ Así que, ¿nadie puede pensar en un buen chiste ahora?
Ninguno de los reclutas respondió.
─ Ah, es una lástima ─ dijo Blackest. ─ Pero no se preocupen. Ni yo tuve las agallas de burlarme de ella en su cara en el primer día. Pero a todos nos toca…
─ ¿Seguros que nadie? ─ Preguntó un recluta. ─ Celestia y Luna doblarán el pasillo dentro de nada.
Pip levantó tímidamente su casco, muy para sorpresa de los demás reclutas.
─ Bueno, yo me sé uno… creo que puedo adaptarlo a Celestia pero…
─ Si crees que puedes hacernos reír, adelante. ─ Lo animó Blackest Night. ─ ¡A sus posiciones!
Entonces, Luna y Celestia doblaron el pasillo mientras hablaban.
─ ¿Y de veras te rechazó el cuarto privado? ─ Se sorprendió Celestia.
Luna suspiró. ─ ¿Te imaginas? Pipsy un Soldado Lunar… no sé, me preocupa. Siempre ha dicho que quería unirse pero…
─ No puedes evitar preocuparte por tu amigo, en especial porque la conociste desde que muy niño ─ dijo Celestia, entendiendo. ─ Pero, por experiencia personal, te diré que lo dejes ser.
─ Pero yo…
─ Luna, tú no eres su mamá, ni siquiera su mentora. Eres su amiga, y lo único que puedes hacer es apoyarlo ─ dijo la Princesa del Sol, con sensatez. ─ Yo como mentora tuve que dejar que mis alumnos cometieran sus propios errores para que aprendieran. No digo que lo que está haciendo Pip es un error, pero a lo que me refiero es que si como mentora tuve que aprender a tomar distancia, tú como su amiga…
─ Sí, no puedo hacer mucho por Pipsqueak más que darle mi apoyo. Pero me cuesta trabajo, para mí siempre será ese niño de ojos brillantes que me admira.
─ Para mí, lo mismo se aplica a Twilight y a Blue Blood ─ dijo Celestia, sonriendo.
─ Lo que más me preocupa es que no encaje con mis soldados.
Entonces escucharon la voz de Pip por todo el pasillo:
─ Bueno, la cosa es que Celestia entra a un bar, llevando a su fénix; y el cantinero pregunta: '¿Y habla ese animal?'. Y el fénix responde: 'sí habla, pero dice puras estupideces; solo no le hagan caso'.
Las carcajadas de todos los soldados (lunares y solares) resonaron por todo el pasillo. Mientras, la mandíbula de Luna cayó hasta el suelo por la sorpresa.
En cuanto a Celestia, se puso roja de ira, y su melena literalmente se tornó de fuego.
─ ¡POR MÍ QUE ESE MOCOSO ENCAJA PERFECTAMENTE EN TU GUARDIA!
Y se largó a su ala, soltando improperios.
Pip levantó una ceja. ─ Wow, quién diría que viviría para escuchar a la Princesa Celestia decir groserías.
─ Ja, esto no es nada ─ dijo Blackest Night. ─ Cuando realmente está de mal humor, dice las mejores groserías que oirás en tu vida.
─ Y seguro lo harás, porque, niño, tienes un futuro.
─ ¿Dónde aprendiste ese chiste? ─ Preguntó Quick Storm.
─ Eh… no quiero decirlo ─ dijo Pip, incómodo. ─ Dejémoslo como secreto profesional.
─ Vamos, ¿no lo compartirás con tus compañerao? ─ Preguntó Reality Slash.
─ En serio mejor no. Es un viejo chiste racista.
Y nadie dijo más, el racismo era un tema muy delicado desde la caída de Salvación. Un grupo terrorista extremadamente peligroso que buscaba la separación de las razas. Sus líderes, Fancy Pants, Spit Fire y Maud Pie, habían dejado una marca muy profunda en la psique colectiva. No ayudaba que la más peligrosa, Maud Pie, siguiera suelta.
─ Igual, fue divertido, ¿vieron la cara de Celestia?
─ Ese tengo que contárselo a los compañeros.
─ Que lo haga el propio Squeak en la cantina. Recluta, te invito a una cerveza.
─ ¿Perdón, qué? ─ Preguntó Pip. ─ Solo es un chiste, uno muy estúpido.
Blackest Night le dio una amable palmada en la espalda. ─ Recluta, no es el chiste, sino que te atreviste a burlarte de ella, en su propia cara, ¡en tu primera semana! La mayoría de nosotros tenemos que pasar todo el entrenamiento antes de atrevernos.
Otro de los soldados oficiales le dio un golpecito en el hombro a Pipsqueak.
─ Tienes futuro en la Guardia Lunar. Yo también te invitaré a una cerveza.
Quick Storm se rio, y miró a sus compañeros.
─ ¿Soy yo, o tendremos que llevar a Pip cargado cuando volvamos de la cantina?
─ Mejor pensemos en nuestro propio chiste de Celestia.
El grupo se dirigió a la cantina, pero antes de salir, Pipsqueak le sonrió a Luna, que lo miraba sin saber qué decir.
Tras guiñarle un ojo a su Princesa favorita, se unió a sus compañeros.
Y añado más elementos de mi fic madre, 'Caos la era de Spike'. Las bromas tontas de la Guardia Lunar sobre Tia. Espero les haya gustado, la verdad me suena raro tener que volver a este universo pero espero recordarme de lo suficiente para que suene coherente. Espero les haya gustado y,
Chao; nos leemos!
