Buenas~

Aclaraciones: En este universo alternativo las almas gemelas tienen un tatuaje en algún lugar de su cuerpo para identificarse entre sí. Es el mismo para ambas personas y están en el mismo lugar. Este además brilla al ser tocado por tu alma gemela.

Me base en el MCU porque ahí no tienen una amistad tan unida y fuerte como la que tiene en los comics. Si bien tiene una es muy superficial, y es la razón por la que es tan bueno para el drama.

Advertencias: posible OoC, no soy perfecta. Posibles cambios en el cannon.


Un golpe de realidad


Un esclavo es aquel que espera a que alguien venga a liberarlo.

Ezra Pound (1885-1972) Crítico y poeta estadounidense.


Su vida no era perfecta, pero estaba feliz con ella.

Era multimillonario, genio, héroe y podía acostarse con quien quisiera. ¿Qué más podría pedir? Le gente común diría: una alma gemela. Pero él no era alguien común. La gente podría burlarse y decir que Tony Stark no tenía un alma gemela. No le importaba, no tenía ninguna prisa ahora. Incluso cuando Pepper ya había encontrado la suya, quien resultó ser su guarda espaldas Happy Hogan.

Él esperaría. Podría hacer eso.

Lo que definitivamente no esperó es que es dicha persona fuera nada más y nada menos que Steve Rogers, alias Capitán América.

Pero no podía seguir mintiéndose a sí mismo. Por muy bueno que fuera en ello. No había esperado a ninguna persona en realidad. Él en el fondo deseaba que no hubiera nadie esperando del otro lado. No quería que terminarán igual que su madre y Howard. Porque por mucho que el dijera que no iba a ser igual a él. Lo era. Era igual de alcohólico y mujeriego. Igual de sarcástico y egocéntrico. Joder era igual a Howard y eso lo destruía más que cualquier otra cosa. Pero cambiar era difícil. Una pelea que seguía perdiendo.

Por eso le sorprendió el llamado de Coulson a la iniciativa de los Vengadores. Que el Capitán América estaba vivo y que había un jodido alienígena atacando la tierra. Vivo, una paleta humana pero vivo. Reprimió la emoción que eso le causaba.

El encuentro fue memorable. ¿Y cómo no iba a serlo después de todo lo que le dijo Steve? Palabra tras palabra cargadas de veneno que se hundieron en su corazón. Incluso cuando el brillo de su muñeca al ser apartada calló toda palabra entre ellos. No trajo ninguna alegría como esperó. No fue una chispa como decían, y las únicas emociones desbordantes fueron la ira y el dolor.

El arrepentimiento en los ojos de Steve no llegó hasta él. No le provocó nada. Ya todo estaba dicho. Y él no se arrepentía de nada de lo que dijo. Eso fue todo lo que siempre sintió con respecto a Rogers. ¿Qué Steve no hubiera dicho eso si hubiera sabido que era su alma gemela? Cuanta hipocresía. Prefería que le dieran lo que pensaban de él en su cara. De frente. Justo como ahora. Dolía pero era mejor así.

La decepción que brotó en su pecho se reflejó inmediatamente en él. Siempre supo que sus ojos expresaba demasiado —Por eso la gafas de sol se habían vuelto sus mejores amigas. — Y por la mirada de dolor que Steve le devolvió supo que él lo vio.

¿Había esperado tanto por esto? Todo para que su alma gemela le dijera lo horrible que era. Que pensaba igual que los demás. Todo lo que escuchó y leyó sobre el tema no eran más que mentiras. Historias endulzadas para suavizar la realidad. El golpe que la vida te daba y que te bajaría de la nube. Para que aterrizaras.

Llegados a esto punto estaba de acuerdo con Banner, lo único que creaban todos juntos era caos. ¿Cómo podían creer que esto llegaría a ser un equipo?

¿Cómo podía el destino esperar que Steve y él fueran almas gemelas?

No había tiempo de auto-compadecerse y revolcarse en sentimientos negativos. Tenían una misión. Y con alma gemela o sin ella la haría.


Lo último que Steve hubiera pensado cuando caía al agua helada era la posibilidad de sobrevivir. Que hubiera despertado podía aceptarlo. Una oportunidad más que la vida le daba. ¿Pero haber despertado 70 años en el futuro? El desasosiego que eso le produjo no podía expresarlo con palabras.

No había nadie esperándolo. Ni Peggy, ni los comandos aulladores. Ni nadie. Muertos, todos estaban muertos.

La persona frente a él estaba intentando explicarle de la mejor manera. Para ser alguien que parecía tan serio estaba siendo bastante comprensivo. Y aunque lo agradecía, ahora mismo quería un tiempo a solas.

Quería golpear cosas y dejar salir toda la ira que sentía al respecto. Porque no había nada que pudiera hacer. No había una máquina del tiempo ni nada que pudiera devolverle a sus seres queridos.

Aun cuando se enteró de que Peggy seguía viva y su corazón volvió a latir de dicha al verla, esa no era su chica. Aquella bella dama estaba perdiendo la batalla contra la vejez y el Altzaimer. Hubo veces en las que no lo recordaba. O en las que era como si fue la primera vez que lo viera después de 70 años. Y dolía tanto que las visitas dejaron de ser frecuentes.

Aun no se daba la oportunidad de conocer a extensión todo lo que el futuro tenía para ofrecerle. No estaba listo. Pero el mundo no podía esperar a que él lo estuviera. Lo necesitaban. Y él ayudaría porque no había nada más que pudiera dar. Steve Rogers podía seguir ahogándose en su miseria. El Capitán América no.

Conocer a Tony Stark fue estrellarse contra algunas de las cosas que él odiaba en una persona. Tan arrogante y llena de sí misma. Odioso. Y el cetro fue todo lo que necesito para juntar todo eso más lo que sentía al despertar y estallar.

Fue injusto. Pero se sintió bien. No se arrepintió hasta que al apartar su mano con rabia esta brilló.

Se congeló. Retuvo su mano admirando el brillo que emanaba debajo del brazalete que usaba. Y Dios, quiso llorar. No lo hizo y las palabras no salían. ¿Pero que podía decir ahora? La mirada de Tony le sentó peor todo lo demás. Porque era su alma gemela la que le enviaba esa mirada, tan llena de desilusión y dolor. Decepcionado de él. Decepcionado de que fuera él.

Siempre fue partidario de decir las cosas como eran. Se arrepentía de decir palabras tan duras a una persona que había esperado tanto. No porque no fuera lo que sentía. Lo sentía, lo creía. Y fue tan doloroso llegar a esa conclusión, pero él hubiera podido decir algo mejor. Recibir palabras mejores de él. También había dolido esa parte aunque tratara de no pensar en ello. De que fue el calor del momento. Nada más. Pero nunca pudo mentirle a nadie. Ni siquiera a sí mismo.

Y ahora resulta que después de más de 70 años esperando conocer a su alma gemela lo que único que le decía eran insultos.

Realmente, ¿por qué todo tenía que ser tan complicado en su vida?