Hola cibernautas (no se nota que me veo el rincón de Giorgio, verdad?), bueno debo confesar lo siguiente, cuando escribí el primer capítulo y lo publique en el 2015 (por alguna extraña razón me drogue y creí haberlo publicado en el 2014) lo hice porque me estaba jugando Pokémon negro o era el blanco? Ay no sé, pero me surgió esta idea después de leerme un poco el manga, pero como vi no que no tenía mucho pegue no me puse a continuarlo, pero ahora con los comentarios de NeonUmbral, Lengua de Saiping y Kercandyman decidí continuarlo.

Esta capítulo va por ustedes!

A leer!


Un Nuevo Entrenador Aparece

Touya corría hacia las afueras de pueblo Arcilla, realmente había quedado fascinado por aquel Tepig, quizás fuese por su tipo o tal vez la determinación de aquel regordete Pokémon lo que le había maravillado, fuese lo que fuese estaba decidido a convertirlo en su amigo y aliado para su aventura y largo camino como entrenador Pokémon.

—Brav, revisa bien. — Solicito el joven castaño a su Pokémon, este se elevó aún más alto obteniendo una visión completa del pueblo así como de la ruta 1.

~En Pueblo Terracota~

La castaña estaba sentada en una banca que se hallaba en la terraza principal de dicho pueblo, ahí seria el punto de encuentro con el cliente, le era raro que el cliente en ningún momento le hubiese dicho su nombre, sin embargo sabia de mucha gente que sabía usar el anonimato para hacer un gran revuelo, seguro se trataba de alguien así.

Continuaba esperando, mientras disfrutaba de la suave brisa que corría en aquel lugar, si bien la brisa era menos fuerte que la de pueblo Arcilla, tampoco podía despreciarse, era demasiado calmante.

Le parecía impresionante el que mucha gente apenas llegase al pueblo corriese inmediatamente al centro Pokémon.

De seguro entraron corriendo por la hierba. — Pensó un tanto fastidiada, cualquiera sabía que si tenías que pasar por la hierba, tenías dos opciones.

La primera correr como desquiciado con diarrea y que te aparecieran Pokémon a diestra y siniestra.

La segunda, entrar pacíficamente, que un Pokémon te saltase en el camino, pero notase que ibas en son de paz y dejarte seguir.

Realmente es que cualquiera cuya suma total de sus neuronas ascendiese por lo menos a 2, elegiría la segunda opción.

Pero por lo visto, no.

Soltó un suspiro, apostaba lo que fuese que en esas mismas condiciones llegaría Touya, posiblemente Cheren y Bel, si terminaban yendo con él, la idea le hacía demasiada gracia, por lado deseaba ver a su hermanastro agitado y revolcado, pero por otro le preocupaba la condición en la que estarían los pobres Pokémon, opto por rezar para que eligiesen la opción más segura.

Ahora que lo pensaba detenidamente, ¿cómo tocinos Touya se hizo de un Munna y un Rufflet?

—Oh, Touko. — La chica volteo hacia la dirección de la cual provenía aquella voz, le sorprendió encontrase con nada más y nada menos que la Profesora Encina.

Era una mujer muy bella de ojos verdes y cabello castaño claro, hasta le daba un aire al café con leche, era eso o a Touko le encantaba tanto el café con leche que en automático lo relacionaba con el cabello de la profesora.

—No esperaba verla aquí, Profesora Encina. — Confeso la chica, sin ocultar su sorpresa.

—Oh, bueno quería revisar personalmente el funcionamiento…

— ¡Hola, White! — Interrumpió una rubia de ojos verde brillante. Bel, tan "oportuna" como siempre. —Oh… ¡Mira Cheren, es la Profesora Encina! — Corrió en dirección a las castañas.

— ¡Bel, por amor a Dios! — Reprocho el comportamiento infantil y a la vez despreocupado de la rubia, aunque la imito de igual manera.

La Profesora, sonrió al ver a los jóvenes entrenadores, si tenía que ser honesta le sorprendía bastante el que los chicos llegasen tan rápido al pueblo Terracota, tomando en cuenta que en la ruta 1 era forzosamente obligatorio pasar por la hierba, además de que la mayoría de los Pokémon de ahí eran Patrat y Lillipud, que si bien no eran Pokémon agresivos si podían ser un poco persistentes sobre todo los Patrat, la persistencia de los Lillipud era más para jugar que para defender sus tierras.

—Me disculpo en nombre de Bel. — Hablo el peli negro, ajustándose las gafas.

— ¡¿Eh?! — Chillo la mencionada. —No he hecho nada malo. — Dijo haciendo un simpático puchero.

A ambas castañas se les resbalo una gotita de sudor por la nuca, realmente es que esos dos se complementaban demasiado, Cheren era el reservado, el señor "Todo en Orden", mientras que Bel era la más relajada, siempre iba a su aire, sin preocupaciones, para ella la vida era un juego, un juego que debía tomarse en serio, lo suficiente como para no correr riesgos innecesarios y a la vez lo insuficiente como para poder disfrutarla, era la señorita "Relax".

No sería nada sorprendente que algo se diese entre ellos dos.

—Disculpe, me decía que había venido aquí para revisar algo. — Hablo la chica de cabellos castaño oscuro, llamando así la atención de los otros tres personajes que estaban ahí.

La castaña mayor, por un momento había olvidado lo que estaba diciéndole a la menor, vaya que ese par de verdad le había sorprendido.

—Ah, cierto. — Dijo golpeando la palma de su mano izquierda con su puño derecho, como si hubiese descubierto el mismísimo origen del universo. —Vine aquí para revisar el correcto funcionamiento de los PC. — Finalizó la mujer.

— ¿Los PC? — Preguntó confundida la güera.

— ¡Bel!, ¿cómo es posible que no sepas que son? — Reprocho el de gafas.

— ¿Y tú sabes lo que son? — Preguntó la castaña menor.

—...

¡Aja!

¡Perro tampoco sabía!

Las tres féminas lo vieron mientras una sutil pero burlona sonrisa se posaba en sus rostros.

El chico por su parte se puso colorado a más no poder.

—Bueno. — Hablo la mayor. —Vamos al Centro Pokémon para explicárselo.

Realmente a Touko no le importaba mucho, seguro que aquello era algo útil para entrenadores, no para la directora de una agencia, sin embargo aún faltaba mucho tiempo para su cita con el cliente, así que supuso que podría oír un poco sobre el dichoso PC y quizás explicárselo a Touya, quien por lo visto aun no aparecía.

~En La Ruta 1~

—Lindo Patrat, tú nunca dañarías a un galán como yo. — Hablo con las manos al frente, como si tratase de crear una barrera entre él y el Pokémon que estaba frente suyo.

— ¡Pat! — Grito la criaturita, lanzándosele.

— ¡Ah, que la grilla! — Reprocho el castaño. — ¡Mu! — Llamo a su bolita rosada flotante. — ¡Confusión! — Ordeno y acto seguido el Pokémon le obedeció, dejando aturdido al pobre Patrat. —Caramba, ¿a dónde se habrá metido ese Tepig? — Miro a todos lados, ese Pokémon debería estar cerca de ahí, como que la ruta 1 era muy peligrosa y más para un pequeño como él, se sabía que los Patrat a veces aparecían en manada, de ser así nada bueno le esperaba al Tepig.

— ¡Tep! — Se escuchó un chillido, no había duda era el pequeño Tepig.

Touya corrió hacia su derecha, la hierba le hacía imposible poder ver por dónde iba, entre más se adentrara esta era más larga, era toda una odisea pasar por ahí, ahora entendía porque muchas veces en las rutas habían pequeñas advertencias, ahora se maldecía por no haber dedicado tiempo a leerlas.

Unos cuantos pasos más —que a él se le hicieron kilómetros— se topó con un Tepig recibiendo la paliza de su vida, en efecto era una manada de Patrat, los que le daban con todo.

— ¡Métanse con alguien de su tamaño! — Grito el joven, ganándose la atención de todos los Pokémon, incluso la del mal herido Tepig.

El chico le mantuvo la mirada a todos y cada uno de los Pokémon ahí presentes hasta que…

—Chog.

¿De dónde pilines habían salido tantos Watchog?

¡En la ruta 1 no había Watchog!

Bueno, bueno, ahora parecía que si había, definitivamente algo no andaba muy bien que digamos, pero por el momento no podía ponerse a pensar exactamente el que estaba mal.

Corrió para socorrer al débil Pokémon regordete, sin embargo un Watchog le cortó el paso, realmente no quería pelear con ellos, pero no le estaban dejando de otra, tanto Brav como Mu, se pusieron al frente de Touya y sin que este les pidiese algo, ambos Pokémon comenzaron a repartir cachetadas guajoloteras a todos los roedores del lugar, pero parecían no acabar, más y más aparecían.

Llego un punto en el que sus amigos estaban exhaustos, no podían seguir partiendo mandarinas, bueno, ganas no les faltaban, pero fuerzas si, y era ahí donde todo se iba al caño.

Debo tomar a los chicos, y largarme de aquí. — Pensó el castaño, notando que estaba rodeado por aquellos roedores, afilo más la mirada para poder encontrar alguna ruta de escape.

Y la encontró del lado derecho, había una pequeña vereda que podría darle un empujoncito hacia su libertad y hacia Pueblo Terracota.

¡Por ahí! — Pensó, y en un rápido movimiento llamo a Brav y a Mu a sus Pokeballs, mientras corría hacia el Tepig, logrando tomarlo en brazos y corriendo hacia su boleto de salida.

Unos pasitos más y lo lograba…

— ¡Chog! — Apareció un Watchog, con todas las intenciones de bloquearle el paso.

Sabía que si se detenía en ese momento les iría muy mal a los cuatro y definitivamente no podía darse el lujo de que eso ocurriese. —No tengo de otra. — Pensó decidido, bueno si Touko se enteraba de seguro lo castraba —bueno seguro de eso no estaba, pero tampoco iba a descartarlo— se detuvo una fracción de segundos. — ¡This is Sparta! — Grito, tomando por sorpresa al Watchog y dándole una patada en el estómago, lo suficiente como para que el Pokémon cállese y le dejase pasar.

Bueno el plan le había parecido estúpido, pero ahora que lo había puesto en práctica realmente es que había salido bastante bien…

O eso creyó.

— ¡Los Pokémon Rangers, jamás te lo perdonaran! — ¡Demonios!, ahora tenía a los Indiana Jones de los Pokémon tras él, bueno hasta cierto punto era justificable, pero ¿por qué no aparecieron cuando esos Pokémon atacaron a Tepig?

Bueno ahora mismo no podía hacer demanda alguna, lo que tenía que hacer era escapar de esos locos y rezar porque no le hubiesen visto la cara, lo último que quería es hacerse fama por surtirse a un Pokémon y no por su habilidad como entrenador.

~En El Centro Pokémon De Pueblo Terracota~

—Bien, ¿alguna duda con respecto al PC? — Pregunto la Profesora.

Los tres jóvenes que le acompañaban, guardaron silencio mientras observaban el aparato que estaba ahí, ahora que lo pensaban, parecía una maquinita, de esas que estaban en las tienditas afuera de las escuelas —y que eran y son ilegales—, decidieron dejar de pensar en la similitud de los aparatos.

—Esto… — Llamo la rubia.

— ¿Si, Bel? — Dijo la Profesora cediéndole la palabra a la niña.

—Ahí dice "PC De Alguien". — Hasta ese momento nadie se había percatado de eso, tanto Touko como Cheren volvieron la vista al ordenador y notaron que en efecto decía "PC De Alguien", ambos jóvenes intercambiaron miradas, ninguno de ellos lo había notado y que conste que estaban atentos a lo que decía la Profesora.

Bueno por lo visto se concentraron tanto en la Profesora que se pasaron por el arco del triunfo la pantalla del aparato.

Como hubiese sido, ahora la rubia les había dejado una gran intriga.

— ¡Vaya Bel!, eres muy observadora. — Le elogio la Profesora Encina. — "PC de alguien" es de quien creo el sistema de almacenamiento aquí en Teselia.

—Entonces… ¿en otras regiones también se cuenta con esta tecnología? — Pregunto Cheren.

—Así es. — Contesto la mujer. —Aunque pocas y casi imperceptibles, cada sistema tiene su variación y es por ello que cada región tiene a ese "alguien", monitoreando el registro de Pokémon que tienen los entrenadores, así como cuando estos liberan a los Pokémon.

Los jóvenes miraban asombrados.

—Bien les explicare lo demás. — Dijo emprendiendo camino hacia una mujer que vestía con ropas de enfermera.

Fuera del centro Pokémon estaba un joven de cabellera verde, llevaba una camisa blanca de manga larga, pantalón color café claro y tenis verde con negro, también poseía una gorra blanca con negro.

—Así que siguen necios. — Dijo en un suave murmullo.

Touko sintió un escalofrió abrumador y volteo de manera brusca, clavando su mirada en las puertas de cristal del centro, pero no había absolutamente nadie, la gente iba y venía pero no había nadie que los estuviese observando con sumo detenimiento. — ¿Me estaré volviendo loca? — Quizás no era eso, pero definitivamente algo le estaba inquietando un poco.

—Pronto se darán cuenta del error que comenten. — Volvió a murmurar el muchacho.

La Profesora Encina termino de mostrarle a los chicos todo lo que concernía al funcionamiento del centro Pokémon así como la tienda que se encontraba ahí mismo, si los jóvenes deseaban indagar más seria por su propia voluntad.

—Bueno, eso es todo, con su permiso me retiro. — Dijo sacudiendo su mano a manera de despedida.

— ¡Espere Profesora! — Le detuvo Bel.

— ¿Si?

— ¿No sé su pone que usted había venido aquí por un asunto importante? — Sabia que hasta cierto punto eso era algo que a ella no le concernía, pero sintió que era muy extraño que se fuese tan pronto.

—Oh, Bel solo venía a darles una pequeña conferencia a algunos entrenadores, pero ya he terminado con ello. — Explico amablemente. — Con su permiso, tengo mucho trabajo. — Dijo marchándose del lugar.

Los tres se quedaron pensativos por un momento, algo les decía que la Profesora les había mentido, pero tampoco tenían pruebas de ello, después de todo si había muchos entrenadores y turistas en el pueblo.

—Bueno. — Hablo Touko. —Los dejo, debo verme con mi cliente. — Dijo recibiendo un asentimiento con la cabeza por parte de los otros dos, iba saliendo del centro cuando noto un tumulto de gente cerca de la pequeña terraza en la que ella había estado minutos atrás. — ¿Qué está ocurriendo? — Se acercó curiosa al lugar.

— ¡Touko! — Le llamo Cheren. —Creo que deberías llevar algunas co… — Callo al ver la masa de gente que se concentraba en un punto específico y justamente hacia allá iba su amiga, motivo por el cual decidió acercarse a ella. — ¿Qué está pasando? — Le pregunto, mirando extrañado a todas las personas.

—No lo sé, me ha dado mala espina, así que he decidido venir a ver. — Confeso la chica.

Con la duda carcomiéndolos, se acercaron lo más que pudieron, a la terraza subieron unos tipos, hombres y mujeres con trajes de caballeros medievales, el escudo que traían aquellas prendas evidenciaban que eran una especie de organización.

—E, P. — Murmuro la chica tratando de averiguar de dónde venían aquellos sujetos.

Sin embargo aquellas letras no le decían absolutamente, quizás si tenía razón su madre al decirle que de vez en cuando debía prestarle atención a las noticias, el murmullo de la gente no hacia otra cosa más que impacientarla más de lo debido, y justo en aquella multitud, escondido entre las personas estaba el mismo joven que segundos atrás observaba a la castaña.

— ¡Su atención por favor! — Llamo una de las mujeres que ya hacia en la terraza. — ¡Nuestro líder, Lord Getchis, se dirigirá a ustedes! — Finalizo dando paso a un extraño hombre que vestía con una túnica algo tétrica, para el gusto de Touko, aquel hombre tenía una cabellera verde, aunque se veía algo opaca —posiblemente por la edad, o quizás porque se bañó con cloro—, llevaba un extraño objeto en el rostro, parecía un monóculo —aunque era más como un rastreador de KI, como el que usaba Vegetta—, aquel hombre camino hasta convertirse en la única persona que fuese observada.

—Buenas tardes. — Dijo aquel hombre. —Soy Getchis, el líder del Equipo Plasma. — Extendió su brazo derecho a manera de presentar a los sujetos que le acompañaban. —Estoy aquí para hablarles sobre una gran verdad. — Dijo logrando llamar la atención absoluta de los ahí presentes y comenzando a ganarse el desagrado de un peli negro y una castaña.

El tiempo parecía estar aliado a aquel hombre, pues a pesar de haber pasado un aproximado de 5 minutos, la gente parecía estar más y más convencida de lo que aquel hombre decía. —Los Pokémon son criaturas cuyas habilidades aun no comprendemos. —Dijo recalcando lo que ya muchos sabían. — ¿No creen que es injusto tener a estas pobres criaturas atadas a nosotros?

Aquel comentario le dio un mal semblante a Touko. —Este hombre… — Lo logro, se había hecho acreedor al total desagrado de la chica.

— ¡Dice que debemos liberarlos! — Dijo un hombre calvo.

—En efecto. — Contesto el tal Getchis.

Touko miro con total desaprobación al encapuchado, ¿Cómo demonios se atrevía a decir tal cosa?

— ¡Eso es inaudito! — Gritó Cheren, ganándose la mirada reprobatoria de los esbirros de aquel hombre.

— ¡Insolente! — Gritó una de las mujeres que le acompañaban. — ¡Deb… — Fue detenida por su "Lord".

—Dígame joven. — Dijo dirigiéndose a Cheren. — ¿Por qué considera inaudito el tener que liberar a los Pokémon?

Pues hasta eso, el hombre parecía ser un poco abierto, al menos lo suficiente como para querer escuchar los motivos del chico.

—Es cierto que los Pokémon son criaturas que aún no comprendemos del todo, pero liberarles es un error fatal. — Dijo fuerte y claro.

—Entonces estas a favor de seguir esclavizando a esos pobres eres. — Dijo Getchis.

—Está equivocado. — Defendió. —Soy consciente de que hay muchas personas que usan a los Pokémon para su propio beneficio, no les respetan e inclusive les hacen daño. Pero… por personas así es que existimos personas que al igual que yo tenemos Pokémon no para dañarlos sino para aprender de ellos, y no hay mejor manera de saber sobre ellos, que conviviendo con ellos…

—Patético. — Se escuchó una voz en medio de todo el tumulto. —Dices cosas muy lindas, pero eres incapaz de escucharlos, no sabes cómo tratarlos, ¿crees que encerrándolos en esas abominaciones llamadas Pokeballs estas entendiéndolos?, ¿protegiéndolos? — avanzando a paso firme entre la multitud se acercaba un joven de aparentemente 17 años.

Cheren lo miraba detenidamente, como si quisiese encontrar en su base de datos —entiéndase su cerebro— información de él, pero nada.

—Dices eso porque liberar a los Pokémon significa el fin de tu ambicioso sueño del campeonato, alguna vez has pensado si lo Pokémon quieren pelear.

—Si no quisieran hacerlo simple y sencillamente harían caso omiso de lo que uno les diga. — Contesto el chico, y era verdad, Mu cuando no quería pelear mandaba a Touya de paseo y no por eso el castaño le hizo daño alguno.

El chico seguía de pie frente al peli negro que trataba de estar lo más tranquilo, pero aquel joven le irritaba de sobremanera.

—Muchacho. — Dijo Getchis llamando al mayor, este volteo a verle. —Veo que posees una visión similar a la de nosotros, ¿cuál es tu nombre? — Dijo sin quitar la mirada del trio de jóvenes.

—No es una visión, eh visto como los pobres Pokémon son usados egoístamente por los humanos, considero que no hay nada mejor para ellos que ser liberados de las garras opresoras. — Dijo sin contestar la pregunta de aquel hombre.

Getchis asintió con la cabeza y finalizo su churro-discurso lava cerebros. —Pues lo dicho señores, los Pokémon y nosotros mismos seremos víctimas de la esclavitud y la ignorancia hasta que liberemos a los Pokémon. — Después de haber pronunciado aquello se retiró del lugar.

El silencio reino en aquel lugar y la gente se sumergió en conflictos internos, algunos reconocían que habían sido algo malos con su compañeros, pero no querían apartarse de sus lados, estaban dispuestos a hacer mucho para que sus compañeros no les odiase, pero… ¿y si ellos quieran marcharse de su lado?

Entonces aquel hombre tendría razón, liberarlos les daría alegría a los Pokémon, pero traería mucho dolor a las personas y se arrepentirían de haberles hecho daño o inclusive podrían ser egoístas y obligarlos a quedarse.

—Si es deseo de ellos ser libre, no podemos obligarles. — Hablo la castaña.

Touko. — Miro extrañado a su amiga.

—Veo que lo entiendes. — Dijo el mayor.

—Pero… — Aquello llamo la atención de todos. — ¡Solo si de verdad es su deseo y no porque un grupo de chiflados lo diga! — Grito haciendo que el temor y las dudas de todos los ahí presentes se dispersaran.

Una chica saco de su Pokeball un Ducklett, quien parecía feliz de salir de su Pokeball. —Duky. — Le llamo la chica, llamando la atención del patito. —Perdóname por gritarte aquella vez, sé que he sido mala contigo… — Todos miraban aquella escena. —Quiero que sea honesto, principalmente contigo. — El pequeño Ducklett miraba confundido a su entrenadora. — ¿Quieres seguir siendo mi amigo?, o por el contrario, ¿quieres ser lib… — Ni siquiera pudo terminar su frase ya que su emplumado amigo le había saltado a la cara con lágrimas en los ojitos, sabía lo que ella quería decirle y era claro que no quería separase de ella. La chica no pudo evitar derramar lágrimas, su pequeño Ducklett no le aguardaba resentimiento, lo abrazo y le pidió disculpas una vez más a lo que el pequeño pato respondía negando con su cabecita.

Era claro, no había nada que perdonar, él sabía que aquel regaño era por su bien, para que fuese más fuerte y no porque ella hubiese querido herirlo.

Todos contemplaron aquella escena era hermoso, poco a poco más personas hicieron eso, sacaban a sus amigos y les preguntaban lo mismo, y al igual que con la chica los Pokémon se negaban a la idea de alejarse de sus entrenadores.

— ¿A caso esto debe ser así? — Pregunto al ver aquella escena.

—La decisión la toman ellos. — Dijo Touko mirando al joven de cabellera verde.

Cheren sonrió ante el comentario de su amiga, era cierto, a pesar de que pudiese doler si ellos querían ser libres que mejor que darles esa felicidad, peor si querían quedarse que mejor para entrenadores y Pokémon.

—Lo acepto. — Dijo el peli verde. —Acepto la voluntad de los Pokémon, pero… — Viro hacia la castaña. — ¿Tú aceptas su voluntad, White?

Aquello le helo un poco la sangre a la chica.

—Dices que si es decisión de ellos no hay más que acceder… Dime, ¿acaso has oído lo que desea tu Tepig? — Dijo apartándose un poco de la chica.

¿Gigi?

—No. — Se respondió el joven. —Crees que esa pobre quiere solo hacer bailes y piruetas, nunca le has escuchado, no sabes cuánto está gritando. — Dijo de manera ligeramente siniestra.

— ¡¿De qué hablas?! — Hablo exaltado Cheren. — ¡Gigi no sufre con Touko!

— ¿De verdad? — Aquella pregunta resonó en la cabeza de Touko. —Comprobémoslo. — Dijo sacando de la bolsa de su pantalón una Pokeball. —Diviértete, ¡Purrloin!

—Purrloin. — El Pokémon se estiro un poco para después sentarse.

— ¿Qué significa esto? — Pregunto la castaña.

—Estás loco, ella es más una coordinadora. — Reprocho Cheren.

—Quiero que me muestres que eres capaz de oír a tu Pokémon. — Dijo ignorando por completo al peli negro.

—Nunca eh tenido un combate. — Chillo la castaña.

Sin embargo de su bolso salió Gigi. — ¡Espera, ¿qué haces?! — Dijo mirando a su Tepig.

—Purrloin, ¡arañazo!

— ¡Espera!

Y antes de que alguien pudiese decir algo más el Purrloin soltó un ataque hacia el Tepig, que no pudo hacer nada más que recibirlo.

— ¡Detente! — Pidió Touko.

—Yo no soy quien la lastima. — Le contesto el chico.

— ¡Es tu Pokémon! — Reprocho Cheren.

—No. — Volvió a hablar el mayor. —Quien le está lastimando es White. — Dijo seguro de sus palabras, mismas que le cayeron como balde de agua helada a la chica. —Ella creyó que este Tepig solo quería bailar y actuar, pero aparte de ello quiere sentir lo que es un combate, quiere crecer, evolucionar, esforzarse día a día, aprender técnicas y no simples pasos de baile, pero White nunca la ha escuchado.

Touko no sabía qué hacer, el Purrloin seguía atacando y la pobre Gigi no podía defenderse, o mejor dicho no sabía cómo hacerlo y eso era su culpa, ese chico tenía razón, jamás se dedicó a enseñarle a Gigi como embestir o esquivar, nada, no le había enseñado absolutamente nada que no fuese bailar y actuar.

— ¿Ahora lo ves? — La chica dirigió la mirada hacia el frente. —Nunca la oíste… la abandonaste. — Soltó de manera un poco cruda.

Y aunque ella quisiese decir que no era verdad, sabía que el chico tenía razón, en el momento en que se quedó estática, prácticamente había abandonado a Gigi.

La situación no hacía nada más que empeorar —para Gigi principalmente— la pequeña Tepig cansada de la situación soltó unas poderosas brazas, al menos lo suficientemente fuertes como para mantener al Purrloin al margen.

— ¡Maravilloso! — Vanaglorio su ataque. —Eso es lo que quieres hacer, ¿verdad? — La Tepig miraba fascinada al chico que le hablaba. —Eres muy fuerte. — Dijo sonriéndole. —Estoy seguro que puedes llegar a ser un Emboar formidable. — A Gigi le brillaron los ojos al oír eso, fue entonces que Touko acepto la realidad, Gigi no estaba siendo del todo feliz a su lado.

—Gigi. — La llamo —con un nudo en la garganta—, a lo que recibió como respuesta de la Tepig una mirada fulminadora, era claro que estaba molesta con ella, por no dejarla ser quien realmente quería ser. —Gigi. — Volvió a llamarla. —Perdóname. — Su voz se estaba quebrando a causa del llanto.

Pero la Tepig no se inmuto, por el contrario corrió —a como pudo— a los brazos de aquel chico.

—La decisión está tomada. — Dijo aquel joven, comenzando a marcharse con el Purrloin y el Tepig en brazos.

— ¡Espera! — Gritó Cheren. — ¡Gigi, ¿es enserio?! — Dijo mirándola, pero ella lo ignoro por completo.

—Ya se decidió, no quiere estar con alguien que solo la vuelve débil. — Continúo su camino para después detenerse. — Por cierto, mi nombre es N, fui yo quien te cito aquí White. — La chica lo miro estupefacta. —Quería saber que tan bien podías comunicarte con los Pokémon, la verdad es que tienes una conexión deplorable, solo te escuchas a ti misma y te escudas diciendo que es lo que ellos quieren. — La gente miro con detenimiento aquella escena y principalmente a N. —Los Pokémon ya tomaron su decisión, hay que respetarla. — Y sin más se retiró del lugar.

Touko por su parte parecía estar en shock, por su mente solo pasaba todo lo vivido con Gigi, imágenes que ahora parecían difuminarse y volverse una ilusión, y no solo eso, sino aquello que Gigi representaba para ella, su unión con él.

Cheren apretó los puños, aunque quisiese, esa había sido la decisión de Gigi, sin embargo su amiga no lo soporto más y cayó al suelo.

— ¡Touko!


Por fin!

El segundo capítulo, espero no haberles decepcionado.

Creo que N me quedo muy Agüita de Koolaid (osea culero).

Voy a paso tortuga.

Por cierto…

¿A quién estaba unida Touko por medio de Gigi?

Gracias a los que leyeron y dejaron su review.