D: J.K. Rowling es dueña de Harry Potter.


2-. Competencia.


Entraron en la cocina de nuevo.

-¡Auch! Tonks me lastimas- Se quejó Charlie que era jalado del cuello de la camisa por una rabiosa bruja de pelo color rosa.

-Perdón, Charlie- Contestó secamente mientras tomaba asiento en un banquillo al lado del fregadero. Cruzó los brazos y las piernas enojada.

Con una expresión mitad divertida mitad confundida, el joven Weasley levantó las cejas interrogante.

-¿Y…?

-¡Me molesta!- Habló Tonks como niña que está a punto de hacer una rabieta.

-¿Qué te molesta?- Preguntó el mago desconcertado.

-¡El ser tan torpe! ¡Argh!- Su frustración era demasiada, dio unos golpes en el piso con sus pies y soltó otro gruñido. La risa de su amigo la hizo enfadar más.

-¿De qué te ríes?

-Pues de ti…-Contestó entre carcajadas.

-Ah… gracias- Habló con evidente sarcasmo. Que gran amigo era ese Charlie Weasley.

Hizo un ademán de levantarse cuando la voz del ya calmado pelirrojo la detuvo.

-Es que Tonks, tú siempre has sido así, no sé porque te enojas.

-Me enojo- Contestó con toda la seriedad del mundo- Porque ya me cansé. Un adulto no puede andar por la vida tropezándose.

-Bueno, un adulto no puede hacer el berrinche que acabas de hacer.

-Gracias de nuevo.

-A lo que me refiero es que porqué hasta ahora te enfadas. ¿Es que acaso no quieres que alguien te vea?- Inquirió con un dramatismo de incógnito, entrecerrando los ojos.

Nymphadora rió.

-No claro que…

-¡Ustedes dos!- Regaño la señora Weasley señalándolos con un gran cucharón de cocina. -A la mesa, la cena ya esta servida.

Charlie puso los ojos en blanco. Ayudó a Tonks a levantarse de su asiento, diciendo que esa conversación la tendrían pendiente.

La chica solo pudo asentir, esperando que a su amigo se le olvidara la charla. No podía mentirle a Charlie. Él había sido uno de sus mejores amigos en Hogwarts y era con el único que seguía manteniendo contacto después de eso. Si debía explicarle su extraño comportamiento también tendría que decirle lo que le causaba Remus Lupin. No sabía si estaba lista para decir eso en voz alta. Aún estaba muy confundida.

Tomaron asiento en la mesa, al parecer eran los únicos que faltaban. Delante de ella se encontraba Arthur Weasley y a su lado Remus junto con Hestia. Arrugó la nariz al verla, tan pegada a él. Parecía que a la mujer nunca se le acabaran las historias pues parloteaba alegremente con él, que solo asentía. Sonrió internamente al notar eso. Si bien, el que Hestia estuviera a un lado de Remus siempre, no significaba que él quería lo mismo. Lupin era demasiado amable y cortés para ignorarla o alejarse de ella. ¿Cómo podía saber si él estaba interesado en esa Jones? Era obvio que ella sí. Hestia andaba detrás de Remus, de SU Remus. La fulminó con la mirada unos instantes. Además de todo, aparte tenía competencia y le llevaba mucha ventaja. Eso le preocupó. Tampoco se rebajaría al nivel de Hestia. Había formas de conquistar mucho más sutiles que esa y aun así efectivas. Se mordió el labio, pensativa. Su tazón de sopa de cebolla se estaba enfriando. Lo revolvió un poco con la cuchara. ¿Tendría que conquistar a Remus? Como lo indicaba todo, un sí se aparecía en su cabeza.

Nymphadora tenía una fantasía, aunque tonta, en donde Remus se empieza a acercar a ella. En donde él muestra su interés con ella. Pero sabía perfectamente que eso no pasaría. Remus no era esa clase de hombres. Al menos eso creía ella.

Tenía que hablar con alguien, urgentemente. Alguien que la orientara en aquel mar agitado que era su mente.

Pensó en Sirius, él conocía bien a Remus, le podría decir como es él. Pero veía poco probable que el animago se prestara para tal cosa. Suficiente problemas tenía solo.

-Querida, apenas has probado la comida, ¿no estarás enferma?- La maternal voz de Molly le llegó desde un extremo.

Tonks le sonrió.

-Estaba pensando- Contestó mientras una idea le iluminaba la cabeza, Molly podía ayudarla. Era como una madre. Ella sabría que decirle. Una risa le llamó la atención. Hestia reía con Remus, pudo ver como Sirius cerca de ellos fruncía el ceño y como Molly enviaba una mirada desaprobadora. Pero al parecer nadie se percató de esos gestos más que la chica pelirrosa. El verlos tan alegres le revolvió el estómago. Era como si un dragón le escupiera fuego en la cara cada vez que miraba a ese par.

Terminó de comer apresuradamente sin saber cómo. Y se levantó de la mesa. Quería huir de ahí. Se despidió con la mano de los presentes, Charlie y su madre la acompañaron hasta la puerta. Ella explicó que quería visitar a sus padres por eso su ida tan precipitada. Charlie insistió mucho en acompañarla pero ella logró zafarse de él.

Salió de la casa y un fresco aire le pegó en el rostro. Deseó que así como removía y despejaba su cabello de la cara, también lo hiciera con los pensamientos que se agolpaban en ella. Necesitaba pensar con claridad, sola. Por un momento se planteó en visitar a sus padres. Tal vez su mamá le dijera algo reconfortante. Pero si tocaba ese tema, pronto surgirían preguntas como: ¿Quién es? ¿dónde lo conociste? Y cosas por el estilo que Tonks no pensaba responder aún. Primero tenía que estar segura de sus sentimientos.

Caminó de nuevo por las calles ya oscuras de Londres.


Habían pasado ya dos días que Nymphadora Tonks no ponía un pie en Grimmauld Place, ni tampoco tenía contacto con algún residente de ese lugar.

Pero ese jueves ella tenía que ir de nuevo a la reunión. Estuvo pensando mucho en esos dos días de aislamiento y su conclusión la había aterrorizado. ¿Cuándo había empezado a enamorarse de Remus Lupin? Ni idea.

Ahora ya estaba hundida casi hasta el cuello. Decidió llegar temprano al cuartel, así tendría tiempo para hablar con Molly, necesitaba platicar con ella. Entró sigilosa, esta vez no tocó el timbre y se felicitó a sí misma por eso. La casa estaba quieta y silenciosa. Caminó distraída con la febril esperanza de encontrarse a Lupin bajando las escaleras o en la sala. No importara que no hablara con él, solo quería verlo.

¿Cuándo se dio cuenta de que estaba clavada por él? Cuando se descubrió pensando en Remus todo el santo día. En su trabajo, en su casa, cuando caminaba, limpiaba, veía la televisión o hacía cualquier cosa. En algún momento de su rutina la imagen de Remus Lupin tenía que asaltarla, cuando sintió que si él estuviera con ella, sería la más feliz de todo el mundo mágico y muggle, que no le haría falta nada más.

Aunque era demasiado pronto para poner en las manos de un desconocido su felicidad, así de fuerte era su sentimiento. ¿Tenia miedo de ser herida? No, era temprano para pensar en eso. ¿Cuándo le confesaría a Remus lo que sentía? Tampoco lo sabía.

Tropezó con el paragüero en forma de pierna de troll y ya estaba preparada para sentir el piso en su cara. Se maldijo por ser tan despistada. Sin embargo nunca sintió el golpe. Alguien la sostuvo por poco, Nymphadora suspiró por su suerte. Pero al ver unos ojos color miel que la veían entre divertidos y preocupados, la sangre le hirvió y su corazón latió frenético. Sonrió por su gran suerte. Le devolvieron la sonrisa. ¡Por Merlín!

La soltó rápidamente cuando se puso en pie. Carraspeó al notar la mirada penetrante de la metamorformaga sobre él. La chica volvió al mundo.

-Deberíamos de mover eso- Murmuró con la sonrisa aun en sus labios, señalando con la cabeza el paragüero asesino.

-Sí, creo que eso evitará que me mate. Al menos que me persiga.

Remus rió ante el comentario y Tonks quiso perderse entre su bella sonrisa.

-¡Mi sobrina perdida!- Exclamó Sirius bajando las escaleras. Llegó hasta ella y le dio un abrazo. Hestia salió del mismo lugar de donde probablemente salió Lupin. Tonks inconscientemente se abrazó más a su tío. La poca llama de la esperanza se había apagado tal y como se había encendido.

Dicen que un amor no crece sin el aliento adecuado. Tonks tenía que descubrir si Lupin era el correcto.