OMG! Gracias por sus reviews, me siento irresponsable, había olvidado publicar el 1º cap, mil y un perdones, pero gracias por hacerme acordar n.n'
Disclaimer: Los siguientes personajes, del anime Beyblade, no me pertenecen son de Takao Aoki.
Aclaraciones: Lo que está en kursiva son recuerdos, ok?
Advertencias: Puede que haya insultos o algo por el estilo, pero no creo que sea algo significativo.
Extras: Ahora que es el primer capítulo lo escribo: habrán algo así como tres arcos argumentativos, uno por cada temporada del anime, por lo que escribiré en el "contexto general" el campeonato que será o el momento de la serie en que transcurre, por más que sea obvio, si? Y quiero utilizar los nombre originales de todos, mas para evitarme confusiones (puesto que para ser sincera no sé el nombre original de Boris Valkov), llamaré a Boris K.: Bryan K.
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Contexto general: Primer Campeonato Mundial de Beyblade
Capítulo I: Como si fuera la primera vez
Centro de entrenamiento y laboratorios BioVolf (Abadía),
Moscú, Rusia
2001
A pesar de que los párpados tenían deseos de cerrarse, la ansiedad por comprobar el poder de su nuevo beyblade le había alentado a continuar perfeccionando su técnica y conociendo sus pequeñas mañas. Aunque su brazo le doliera, sólo podía contemplar cómo giraba y giraba el bey en el medio, en los costados y por todos los lados del mini-estadio en el que se hallaba. Su nuevo bey, Black Dranzer, era mucho más de lo que recordaba.
Sin darse cuenta se hallaba en el lugar que más odiaba en todo el mundo, el lugar que creía había olvidado completamente, pero que ahora recordaba casi a la perfección. La bronca de verse envuelto por la seducción del poder y de haberse dejado dominar por la avaricia, le hicieron detener abruptamente el giro de su nuevo beyblade. Lo apretó fuertemente en sus manos; recordar el lugar en el que estaba y cómo había traicionado a sus nuevos amigos, le hizo apretar con más fuerza. Todo ese dolor iba a valer la pena sólo si lograba obtener todo el poder que quería, sólo si lograba superar ese malestar que le aquejaba con sólo recordar lo que había vivido en ese lugar.
Hasta el momento lo único realmente bueno que había encontrado en ese sitio eran sus compañeros de equipo, el equipo que debía de formar por órdenes de Boris, pero que él ya conocía. Él sabía que tres de los cuatro chicos con los que debía competir codo a codo eran los de la foto. Pero lo que le molestó fue la forma burlesca y ácida con que los presentó.
—Éstos serán tus compañeros de equipo —le explicó Boris señalando a un grupo de tres chicos parados delante de ellos. Los tres tenían miradas inexpresivas, casi distantes, hasta que Boris habló nuevamente, explicándoles quién era el muchacho de cabello azul y ojos rojos que tenían parado delante de ellos. —Él es Kai Hiwatari, el nuevo miembro de los Demolition Boys.
La mirada inmutable de los tres muchachos cambió en cuanto supieron el nombre del nuevo integrante. Las pupilas se les dilataron, pero sólo dos de ellos, los mismos de la fotografía, sonrieron. El otro, aunque también cambió de expresión, no parecía contento, sólo molesto por la llegada de ese joven.
—Bien, Kai —volvió a hablar Boris, con una sonrisa sínica en su rostro, después de contemplar la reacción de los tres presentes, —ellos son Bryan Kuznetsov, Sergei Petrov —los dos jóvenes eran los de la foto, con sólo saber esos nombres, un último nombre y una última persona se le vinieron a la mente, pero hizo lo posible para que la ansiedad no se hiciera notar en su cara; — e Ivan Papov —. El hombre hizo una pausa para mirar fijamente a Kai.
La misma sonrisa de Boris, sin un sentimiento pero que en el fondo disfrutaba de la sensación que debían estar teniendo los pobres jóvenes al volverse a ver después de años en los que se vieron obligados a olvidar a sus mejores amigos. Sin embargo, volteó a ver la puerta de la sala donde estaban, todavía permanecía cerrada y no había señales de que alguien fuera a abrirla desde afuera. Por ello frunció el ceño, muy molesto, y miró a los tres Demolition Boys que tenía en frente como si quisiera fulminarlos con ello.
— Igualmente, me falta su capitán, —dijo con una acidez que resbalaba en su voz, sin ser ocultada. Los recuerdos de Kai y los demás muchachos se activaron y recordaron las veces que fueron reprendidos con ese mismo tono cuando eran más pequeños. Boris siguió hablando, esta vez ocultando la fascinación que le causaba el molestar de los presentes: — ¿dónde mierda está Yuriy?
—Debe estar entrenando —dijo Bryan ocultando su nerviosismo.
—Pues, ¡¿qué estás esperando ahí?! ¡Ve a buscarlo, ya! —ordenó el hombre, haciendo que el muchacho salga del lugar rápidamente.
El pobre chico salió de inmediato, dejando un ambiente sumamente incómodo detrás de sí. La tensión hizo que una ligera gota de sudor corriera por la mejilla del Hiwatari. Recordaba que nada de lo que había vivido en ese lugar era bueno o al menos bonito, pero estar presenciando nuevamente el constante maltrato hacia sus amigos, o ex amigos, le molestaba por sobremanera. Mas estaba dispuesto a casi todo con tal de obtener el poder necesario para vencer a Takao.
—A veces Yuriy me desespera tanto —dijo tras un suspiro Boris. Evidentemente la simpatía que sentía por el muchacho era nula, al igual que la que sentía por alguno de los demás mocosos con los que debía lidiar, pero todo sea con tal de obtener los beneficios que BioVolt le ofrecía y le daba.
Mientras en la habitación la tensión aumentaba y el silencio abundaba, por los pasillos de la abadía Bryan se debatía entre el enojo y la preocupación. No sabía si estar enojado con su capitán y amigo por haberlo metido en un gran lío, pues si no lo traía, Boris lo freiría vivo; o si estar preocupado porque a Yuriy lo frieran vivo cuando ponga un pie en ese salón. Por otro lado, los recuerdos que guardaba con Kai Hiwatari le hicieron sonreír.
Sí, ese Kai que vio en la sala no era el mismo que vio cuando niño, pero no importaba, él estaba ahí. Había vuelto a sonreír después de casi años sin hacerlo, se sentía aliviado y sabía que si ese sujeto estaba de regreso en la abadía, significaba que el tormento acabaría pronto. La alegría le invadió, pero sabía que no debía de mostrarla o rompería completamente con las normas de ese molesto establecimiento donde sonreír y reír casi estaban prohibidos y penados por ley.
Con esos pensamientos encontró a su capitán, quien aún estaba con su bey y su lanzador en mano. Le interrumpió abruptamente el entrenamiento y entró a la gran sala principal, donde el bey-estadio era más grande que el del resto de las mismas.
— ¡Yuriy! —le gritó, haciendo que, con un suspiro de frustración, el chico se volteara.
— ¿Ahora qué pasa, Bryan? —le contestó con enojo en la mirada.
—Teníamos junta con Boris, ¿lo olvidaste?
—Ciertamente, sí —contestó con sinceridad guardando su bey ante la noticia. — ¿Pero qué tan importante puede ser? —siguió hablando mientras caminaba y tocaba el pomo de la puerta, para salir e ir a la sala de reuniones.
—Mucho —contestó su compañero y amigo, llamándole su atención por sobremanera. Por ello fue que se volteó y le contempló a los ojos, Bryan no le había seguido. —Hay un nuevo miembro en los Demolition Boys, ¿a que no sabes quién es?
—Si te lo han presentado hace minutos, es obvio que no lo sé.
—Kai Hiwatari —contestó simplemente.
Un silencio extraño se hizo presente. Incluso el viento que surcaba el poco aire puro de ese lugar subterráneo se podía escuchar. La mirada atónita de Yuriy se clavó en los ojos brillosos de emoción de Bryan. Ninguno de los dos podía creer lo que acaban de ver y escuchar, uno lo primero y otro lo segundos. Los labios del pelirrojo se resecaron y miraron el suelo por unos segundos. Sin poder esconderlo, la sonrisa se dibujó en su rostro.
—Vamos —contestó Yuriy sin poder contener la emoción de ver al único ser que, según recordaba, quería en esos horribles años de abadía.
No, Yuriy no recordaba cómo era su cabello, sus ojos, su altura, su piel, no recordaba nada de él, sólo algunas conversaciones salteadas. Su mente parecía bloqueada, quizá ese era el plan de Boris, que olvidara todo con respecto a Hiwatari, pero no lo consiguió. Él recordaba lo que sentía por él, sabía que siempre lo había querido más que a sus amigos o compañeros de equipo, pero años después comprendió que ese sentimiento no era de amistad, era más que eso.
Ocultando su gran felicidad, abrió la puerta de la sala donde estaban aún Sergei e Ivan en la misma posición con que Bryan los había abandonado, y Boris y Kai en frente de ellos, sólo que el primero estaba sentado en su escritorio.
—Al fin te dignas a aparecer, Yuriy Ivanov —dijo Boris poniéndose de pie.
—Lo lamento, Boris —se disculpó el muchacho con un tono bastante altanero para ser una disculpa.
—Este será el nuevo miembro, y el más importante, Kai Hiwatari —presentó el hombre al muchacho que tenía al lado colocando una mano en su hombro.
Las miradas de ambos se encontraron en medio de la presentación. Definitivamente, ese chico que ahora miraba como al capitán del equipo era Yuriy, el último que faltaba en la foto. Todo regresó a su mente, todo volvió a conocerse como debía haber sido siempre. Los recuerdos que había bloqueado por fin se habían liberado y ahondaban en su cabeza, como pájaros que se liberan de sus jaulas.
Ese chico que tenía en frente era más que su amigo, había compartido cuarto con él, habían compartido castigos, habían compartido victorias y derrotas, ese chico con aire altanero, cabello en punta y pelirrojo era quien más había respetado en esa abadía donde todo había sido negativo. Su mente se nubló y aclaró a la vez, sentía un fuerte sentimiento carcomiéndole el pecho, pero se sintió bien. Hasta que el recuerdo de una promesa que no cumplió le hizo estremecer.
Yuriy avanzó sin poder despegar su mirada de ese joven que sujetaba Boris. Era simplemente perfecto, no pudo creer que hubiera olvidado un cuerpo tan bello y unas facciones tan perfectas. Parecía que estaba absorto en su mirada, entonces comenzó a pensar en las posibilidades: ¿Me recordará como yo a él? ¿Seguirá siendo el mismo? Pero no podía reaccionar estando Boris pendiente, con esa sonrisa espantosa, en su rostro. No le daría el gusto de que sepa lo que siente.
—Oh, vamos —comentó el hombre de repente, sacando a los dos bey-luchadores de sus transes propios. —Acércate y salúdalo, Yuriy. Sé un buen líder de equipo.
—Claro —dijo el joven y se acercó, hasta quedar a sólo un brazo de distancia del japonés, o ruso-japonés mejor expresado. —Bienvenido a los Demolition Boys —comentó extendiendo el brazo y abriendo su mano, sin mostrar ni signos de verdadera felicidad.
—Gracias, supongo —contestó y le tomó la mano a modo de saludo. Una especie de corriente eléctrica le recorrió desde el brazo y se expandió hasta el resto del cuerpo de ambos. Como si el ruso le hubiera trasmitido algo, Kai supo que debía ocultar todo lo que pensara.
A pesar de los intentos de los bey-luchadores por ocultar lo que sabían y sentían, la situación se le hacía muy divertida a Boris. No podía evitar empujarlos un poquito, para que así dijeran más. Lo que seguiría a ese reencuentro, que él esperaba fuera afectuoso, sería el complicado y doloroso tratamiento para olvidar todo. Si ellos se centraban en la competencia y en el combate, y no en sus amigos y demás niñerías, serían mejores luchadores.
—Ah, chicos, un poco de emoción —les volvió a reprender Boris cuando se separaron abruptamente y Yuriy le dio la espalda para retirarse. —Después de todo, ustedes fueron amigos en el pasado, muy buenos "amiguitos" —siguió diciendo el hombre recalcando la última palabra.
Yuriy se detuvo en seco, ese sujeto los estaba provocando a ambos, estaba esperando a que alguno reaccionara como él quería. La rabia le invadió el cuerpo y se volteó mirando con odio a quien le había obligado a olvidar todo sobre la persona que más quería. No obstante, antes de que cometiera una locura, la mirada suplicante de Bryan le hizo regresar a la realidad y analizar nuevamente sus posibilidades, las cuales eran negativas más para él y Kai que para el resto del equipo, pero muy positivas para Boris.
— ¿Yo? ¿Amigo de ese sujeto? —dijo con altanería y rió con superioridad. —Debes estar muy equivocado.
—Y con esa actitud dudo que hayas tenido amigos —contestó Kai buscando seguir la corriente de confrontación que el mismo Yuriy había creado. Parecía que, incluso después de tanto tiempo separados, todavía se entendían con sólo mirarse.
—Pues no veo amigos tuyos cerca, idiota —siguió hablando el pelirrojo, con el seño fruncido pero sintiéndose completamente hipócrita con sus palabras.
—Si así me trataste siempre, imbécil, definitivamente no fuimos amigos ni seremos —contestó con altanería y elevando el mentón en aire de superioridad, buscando colocarse por encima de ese chico que tenía enfrente. Por más que sus recuerdos le decían que ese chico era mucho mejor sujeto del que veía allí, debía seguir con el juego.
Los dos se miraron con gran odio, como si de verdad fueran seres que se odiaban a muerte. Para suerte de los Demolition Boys y para la frustración de Boris, éste creyó en la actitud de los dos. Aunque entre ellos pasaron cosas distintas. Por momentos, Yuriy sintió que lo que decía Kai era real y que de verdad no le recordaba, el temor le invadió rápidamente. ¿Qué pasaba si de verdad no lo recordaba y sólo eran ilusiones suyas? Sin embargo, plantada en la mente de Kai estaba la certeza de saber que ese muchacho fingía, muy bien, pero fingía. Él le recordaba y fingía olvidarlo, de eso no tenía dudas.
—Pues lástima —dijo Boris, restándole importancia al asunto. —Hubiera sido muy interesantes —siguió hablando como si de verdad se hubiera equivocado.
—Como digas —reafirmó Yuriy de mala gana y dándole la espalda tanto a Kai como a Boris. Acto seguido caminó hacia la puerta y salió por ésta, dando un portazo al cerrarla con brusquedad.
—Tranquilo, Yuriy es así —comentó Boris sin expresión alguna colocando su mano en el hombro de Kai. Éste último lo miró sin comprender porqué le decía esas cosas, siendo que él no parecía muy consternado por la actitud del chico. Mas muy pronto comprendió que sólo era otro vago intento por hacerle confesar su conocimiento sobre Yuriy.
—No me interesa… si él es el líder, los Demolition Boys no son gran cosa —contestó el ruso-japonés con su sonrisa altanera y se marchó con el mismo aire obstinado con el que se había presentado.
Un tanto molesto por sus recuerdos, no pudo reprimir un gruñido que se escapó de sus labios. Guardó nuevamente su bey y se quedó mirando el círculo del piso, tan hundido y profundo como sus propios recuerdos, en otras palabras, limitados y cortos. Sólo lograba establecer perfectamente la conexión de unas pocas memorias, principalmente de la promesa que había hecho al pelirrojo y que no había cumplido, no por no querer, sino por no recordar. Igualmente, tampoco recordaba qué era exactamente esa promesa que le había hecho. Por otro lado, perpetuaban diversos flashes, como si los hubiera visto en sueños, como si hubieran sido simples fantasías, pero él sabía que no lo eran. Esos eran sus recuerdos, pero le tomaría mucho tiempo poder ordenarlos perfecta y coherentemente.
Sintió un fuerte dolor de cabeza con el sólo intento de conectar todos los recuerdos que le llegaron con sólo pensar en la sala de entrenamiento de la abadía. Sin embargo, el ruido de la puerta le sacó de sus cavilaciones. Las puertas seguían sin tener el aceite suficiente para ser silenciosas, al menos gracias a eso se sabía cuándo se abría una o cerraba otra.
—Toma —le dijo el líder de los Demolition Boys, que acababa de entrar, mientras le arrojaba una campera bastante abrigada.
Kai tomó la campera entre sus manos, logrando sujetarla en el aire. La miró dos veces, sin comprender del todo a lo que se refería el chico, y luego dirigió su mirada a los ojos. Parecía decidido y no iba a recibir un "no" por respuesta.
—Tenemos que hablar —siguió diciendo con la determinación suficiente como para recibir únicamente el asentimiento de Kai.
Los dos chicos salieron de la sala, el japonés detrás del ruso, dado que éste conocía el camino, de lo contrario habrían estado mucho tiempo dando vueltas sin sentido entre pasillos y pasillos. Durante el camino, largo por cierto, hasta la salida, Kai iba recordando de a poco los recovecos de la abadía. Las paredes eran todas iguales, descoloridas, mal cuidadas y algunas con uno que otro grafiti que fue oculto por pintura. Incluso él reconoció algunos grafitis que habían hecho ellos mismos, o sea, él, Yuriy, Sergei o Bryan.
Iban callados y expectantes, no necesitaban saber sobre qué iban a hablar. Ambos conocían cuáles eran los asuntos que los concernían, sabían que no podían hablar en la abadía, pues supuestamente ellos no se recordaban. Tenían que salir rápidamente, antes de que se toparan con Boris y éste les indagara por el motivo de su partida. No obstante, Kai recordaba que ellos no podían salir del establecimiento, tenían prohibido salir o hablar con alguien más que estuviera afuera de esas horribles paredes. Tal vez por eso era que corrían entre los angostos pasillos, donde apenas sí cabían ellos dos.
A pesar de que cada uno en su mente rogaba a dios, cualquiera que fuera su dios, que no los descubrieran, las cámaras de cada uno de los muros grababan cada uno de sus movimientos. Y Boris contemplaba las imágenes que las cámaras captaban con una satisfacción indescriptible, sólo necesitaba un mero signo de que ellos se recordaban para hacerlos pasar por lo más doloroso que hubieran vivido y recordado en su vida. Una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro cuando vio que se acercaban a la puerta de salida. Sin poder contenerse, salió por una de las puertas que daban directamente a la recepción, habitación por la que debían pasar sí o sí.
Sus pasos fueron más rápidos, sentían demasiado silencio para tratarse del mismo edificio donde vivían o habían vivido. Un muy mal presentimiento les recorría el cuerpo, algo andaba mal, pero no iban a detenerse a deliberar. Divisaron la puerta de salida, mas ocultaron la ansiedad y caminaron normalmente, o sea, sin aminorar la marcha.
— ¿A dónde van, chicos? —preguntó una voz fría detrás de ellos.
Ambos bey-luchadores se quedaron estáticos, sin saber qué hacer exactamente. El primero que se volteó fue Yuriy, sin cambiar ni una pisca su expresión de fastidio y molestia al ser interrumpido. Seguidamente, Kai también se volteó y le miró con frialdad.
—Iremos a dar una vuelta —contestó el pelirrojo.
— ¿Para qué? —cuestionó el hombre, sin perder su temple.
—Por mucho que odie a este sujeto, necesito decirle las estrategias de los Demolition Boys —casi gritó con enojo.
— ¿No puedes decírselo aquí mismo?
— ¿Acaso, a cambio de ser miembro de este equipo, no me ofreciste libertad de poder salir de este lugar cuando yo quiera y con quien quiera?
—Sí y no, necesitas un mejor pretexto Ivanov —contestó cruzándose de brazos y mirándolo con severidad.
Por el rabillo del ojo, aunque el porte del ruso parecía inmutable, Kai notó como se achicaba ante la vista de Boris. Cómo se sentía intimidado y nervioso al no encontrar un mejor pretexto. La bronca y la impotencia le invadieron, no podía soportar no ser capaz de defender al muchacho, por lo que necesitaba un buen pretexto y rápido.
— ¿Y bien? Estoy esperando —le apuró para que contestara.
—Bueno… yo…—dijo Yuriy titubeando, pero sin perder ese semblante de aparente seguridad.
Rápidamente, como un reflejo que buscaba protegerle, la mente de Kai formuló la idea casi perfecta.
—Yo le pedí que saliéramos de la abadía —comentó en un tono bastante elevado y buscando no mostrar la desesperación que le invadía.
Boris pareció sorprendido por las palabras del joven, parecía ya resignado en que dejaría que castigara libremente al muchacho, y realmente deseaba castigar a ese pelirrojo desde hacía bastante tiempo. En realidad, quería castigarlo por ser caprichoso y talentoso, casi siempre conseguía sacar el mejor potencial de Yuriy, pero a costa de maltratarlo tan duramente que lograra que le temiera. Además de odiarlo por el simple hecho de ser, a veces pensaba que no tenía una razón razonable –valga la paradoja–, para despreciarlo y apreciarlo al mismo tiempo.
—No pienso estar entre cuatro paredes todo el tiempo —siguió hablando Kai, diciendo lo que más odiaba de la abadía, que no había cambiado desde que había estado allí hacía seis años, aproximadamente. —No sé cómo soportan estos tipos.
Yuriy le miró con fastidio, que no tuvo que fingir, pues le molestaba por sobremanera la actitud indiferente y distante que tenía el ruso-japonés hacia ellos. ¿En verdad los recordaba? La pregunta le atacaba cada vez que veía la excusa perfecta para aparecer en su mente. Mas muy pronto se daba cuenta de que no era el momento justo para pensar. Boris estaba parado delante de ellos y mirándolo como esperando una afirmación, igual de convincente que la de Kai.
—Usted dijo que él era el más "importante", supongo que debemos complacerlo —contestó el chico con una sonrisa de triunfo en su cara, nunca había estado tan feliz de tener a Kai de su lado. Siendo el nieto de Voltaire y el núcleo de su plan, no podría simplemente echarlo a la calle, cosa que sí podía hacer con cualquier otro de los Demolition Boys.
Kai se colocó su abrigo, haciendo notar que no pensaba recibir un "no" por respuesta. Él quería salir, aunque fuera una excusa improvisada, realmente no le gustaba estar encerrado mucho tiempo. Miró fijamente a Boris, el hombre que tanta desesperación les estaba haciendo pasar, el semblante que tenía parecía divertido y hasta burlesco.
El jefe de la abadía no lo podía creer, esos dos chiquillos le hacían sacar canas verdes y de demás colores de los problemas que le causaban. Por esa razón la única parte que siempre ansiaba al final del día era castigarlos y hacerlos entrenar severamente a la mañana siguiente. La rabia que sentía hacia ellos podía más que su sentido de la ética.
—Vaya que sabes aprovechar las oportunidades, Yuriy —dijo con esa sonrisa burlona en la cara. El aludido le miró con los ojos bien abiertos, no entendía a lo que se refería. —Lo complaces sólo cuando te conviene —afirmó como si de verdad conociera la relación que mantenían esos dos.
Aunque se moría de ganas por contestarle la verdad, o sea, que todo lo que estaba diciendo es mentira, tuvo que morderse la lengua. La frustración le recorrió todo el cuerpo, ese hombre le odiaba, ese odio era mutuo, pero siempre tenía as de perder. No podía retrucarle a menos que quisiera sufrir de nuevo la pérdida de memoria y los insoportables dolores o regresar a las calles, donde moriría de hipotermia seguramente.
—Tienen treinta minutos —sentenció finalmente ante la mirada desafiante de Kai, quien no se replegaba ante nadie, menos un sujeto que acababa de conocer. Además, quería salir y hablar con Yuriy sin la interrupción de Boris o cualquiera que estuviera en la abadía.
—Una hora —le corrigió el pelirrojo. En el fondo temblaba por hablarle con tanta altanería a ese hombre, pero no iba a dejar que Kai lo viera bajar la cabeza y decir "sí" a cualquier cosa. Incluso el mismo Kai pareció sorprendido de lo fuerte que era ese muchacho del que sólo tenía divagaciones, mas no lo demostró, su orgullo se lo impedía.
—Cuarenta y cinco minutos —volvió a cambiar. A ese sujeto le encantaba por sobremanera controlar la vida de cada uno de los chicos que tenía allí encerrados. Disfrutaba de hacerlos sufrir, tanto física como mentalmente, y estaba haciendo pasar a su "chico favorito" más que por un sufrimiento mental, por una humillación emocional. Sólo quería doblegarlo, hacerlo ceder frente a la persona que más apreciaba, ¿qué otra cosa podía ser más dulce?
Viendo que iba a comenzar un regateo muy parecido al de una tienda de empeño, el muchacho ex Bladebraker comenzó a molestarse. Estaba impaciente por salir de ese horrible lugar, por enterarse de algunas verdades que quizá Yuriy podría darle, si es que recordaba más que él por supuesto, y ese viejo le estaba haciendo pasar por le momento más incómodo que vivió desde que Takao criticó a gritos la comida de un restaurante lleno de gente.
—Regresaremos antes de la media noche —sentenció Kai, ya impaciente y dándole la espalda a Boris, cosa que no le gustó para nada.
El muchacho sonó tan decidido que ni siquiera el mismo jefe del lugar le pudo decir que no, menos el capitán de los Demolition Boys. El pelirrojo sonrió triunfante, como si la victoria hubiera sido en conjunto –que de hecho lo era–, como cuando eran más chicos y lograban ganarle a Boris aunque fuera en un juego vago y estúpido como son portarse mal y no ser castigados.
Los dos jóvenes le dieron la espalda al sujeto y caminaron hacia la salida. Aunque pudieron escuchar los pasos de éste detrás de ellos, ninguno se detuvo. El silencio que mantenía sólo remarcaba su victoria, no habían recibido una negativa y por ende tenían la plena autorización para hacer lo que se les cante, o al menos salir de ese lugar por unas horas.
Kai fue el primero en tomar el pomo de la puerta, pero le fue necesario que Yuriy le entregara las llaves, puesto que la puerta estaba cerrada. En cuanto la hubo abierto, empujó la misma, dejando que el gélido aire penetrara en la habitación acompañado de unos cuantos copos blancos. El ruso-japonés fue el primero en salir, mas se detuvo en el umbral de la puerta, para así poder esperar a su compañero de equipo, por ello se volteó levemente, sólo para ver a Boris parado detrás del chico y que le susurraba algo al oído.
A pocos pasos de llegar a la puerta, Yuriy sintió como una mano se posaba sobre su hombro izquierdo. No necesitó saber de quién se trataba, mas sabía que no lo estaba llamando ni nada por el estilo. Le apretó fuertemente el hombro, siendo el izquierdo puesto que él lanzaba con el derecho, causando un fuerte dolor.
El hombro izquierdo y el resto de su pecho, un poco por encima de la cintura, siempre habían sido los blancos de los castigos de Boris, y Yuriy no iba a ser la excepción. Es más, siendo uno de los luchadores más problemáticos de la abadía siempre era al que castigaban más. Razón por la cual su hombro izquierdo terminó sumamente sensible al dolor, hasta un simple golpe podía causarle un hematoma fácilmente.
Boris presionó con la fuerza suficiente como para que una gota de sudor corriera por el cuello del ruso, lo que le sacó un sonrisa de satisfacción. Ese chico era tan orgulloso que no emitiría una mueca de dolor así sudara a mares en el intento. Hubiera querido darle vuelta y contemplarle a la cara, vería el cambio leve de sus facciones, pero no lo hizo, pues la puerta ya había sido abierta. Por ello simplemente se acercó a su oído para poder susurrarle.
—Cuando te pida que te tires del techo, avísame así te doy las llaves de la terraza y tomo una foto cuando caigas —le dijo con malicia al oído, haciendo referencia a lo que él mismo había dicho sobre complacer a Hiwatari.
Un fuerte sonrojo le invadió, haciendo que el viento se sintiera más helado al entrar en contacto con el calor de su cara. No obstante, eso le sirvió para que Kai no notara la temperatura subir en sus mejillas.
—Vamos, Ivanov —le apuró el bicolor, dándole la espalda y caminando fuera de la abadía.
—Sí… Hiwatari —dijo sin poder hacer que el sonrojo desapareciera y aguantándose las ganas de golpear a Boris.
—Perrito faldero —le dijo finalmente el sujeto antes de cerrar la puerta detrás de los dos jóvenes.
Las palabras del sujeto lo avergonzaron por sobremanera. Se quedó parado unos momentos, estático, sólo esperaba que Kai no hubiera escuchado nada de eso. El rojo en sus mejillas aumentó y finalmente se volteó, sólo para encontrarse con la puerta cerrada detrás de él. El cobarde de Boris los había dejado afuera y se había ocultado dentro de la abadía. Cerró los puños fuertemente, producto de la impotencia. Pero después se volvió a voltear, sólo para ver que el ruso-japonés se le había adelantado un par de metros.
Sin mucho esfuerzo el pelirrojo caminó detrás del chico y le alcanzó. Ambos caminaron unos segundos en silencio. La abadía no había cambiado nada en todos los años que habían pasado. Después de salir del edificio se hallaba una especie de patio exterior, donde el pasto apenas sí crecía en primavera, debajo de éste se hallaban las salas –calabozos– de castigo, puesto que el frío se filtraba por los ductos de ventilación, que en los días de lluvia y cuando se riega, sirven para que el agua no se acumule en las plantas y las ahogue. De más está aclarar que en los días de lluvia o cuando regaban, el castigo se volvía el peor infierno, aunque fuera mucho más helado que éste. Y luego de atravesar ese lugar, había una reja de unos tres o cuatro metros de alto.
Mientras los dos caminaban a paso medianamente lento hacia la puerta de la reja, el frío les asaltó. En ese instante Kai agradeció mentalmente a su compañero de equipo el haberle dado un abrigo antes de salir. Pero cuando, instintivamente, volteó su cabeza hacia donde estaba el pelirrojo, o sea, a su derecha, notó que tenía la cabeza gacha, parecía pensativo. De inmediato recordó que Boris lo había detenido unos segundos antes.
— ¿Qué te dijo ese sujeto? —le preguntó fingiendo indiferencia hacia la respuesta.
—…Nada —dijo después de unos segundos de duda.
Cuando estuvieron delante de la puerta, Yuriy se acercó a la manija de la misma y, sacando unas llaves de su bolsillo, prosiguió a abrirla. Después de empujar la dichosa puerta, puesto que el hierro era bastante pesado, le hizo una seña a su acompañante para que saliera. Así, prácticamente con una patada cerró la misma y caminó ante la mirada casi sorprendida del bicolor.
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Nota final: Acá termina el primer capítulo, vuelvo a pedir perdón por mi irresponsabilidad n.n'. Aprovecharé para expresarlo: ODIO A BORIS! LOS O-DI-O. Me cae muy mal, por eso mismo lamento si a lo largo de esta historia tengo principal énfasis en él y su maldad jejeje.
