Este fanfic participa del evento de la semana Cherik (del 3 al 9 de junio) para celebrar a nuestra pareja favorita. Le añado el hashtag "#Cherikweek2019"
Muchas gracias a KiKaLoBe, por su ayuda.
Espero que guste y ¡Larga vida al Cherik!
Alianza Forzada
Capítulo Dos: Responsabilidad
-Bebiendo alcohol en un burdel abrazado a una prostituta, Peter – recordó Erik sin alzar la voz pero en un tono admonitorio que imponía autoridad. El general Summers acababa de retirarse cerrando la puerta del despacho de Lehnsherr a sus espaldas -. Tienes diecisiete años y Kurt, dieciséis. Él es el hijo de mi consejero, tú, mi protegido. Los dos violando las leyes de Genosha, pero eso no es lo más importante, lo más importante aquí es que desobedecieron y no midieron el peligro. ¿Cuántas veces más, Peter? ¿Cuántas veces más vas a escaparte? Hoy a un burdel, mañana a la zona norte de la isla, que no voy a enumerarte los peligros porque bien que los conoces.
Peter estaba sentado en el banco. Magneto de pie frente a él. El joven tenía los brazos cruzados en el pecho y la cabeza gacha, era su pose a la defensiva cuando se lo atrapaba con las manos en la masa y se merecía un castigo.
-Lo siento, Erik – se disculpó y pasó saliva. Su mentor lo había perdonado varias veces y esta no podía ser la excepción -. Kurt y yo solo buscábamos entretenernos, ¿sabes? Pero ahora que te escucho, reconozco lo equivocados que estábamos.
-¿En serio? – suspiró Erik, enarcando una ceja. No le creía ni una palabra de la disculpa -. Escucha, Peter. Sabes lo que significas para mí, sabes lo que tu madre significaba – el joven no pudo evitar soplar con aburrimiento -. ¿Ahora te cansan mis discursos?
El muchacho sacudió la cabeza. Erik caminó en círculos, un mecanismo que empleaba para tranquilizarse.
-Mira, niño – no había una palabra que molestara más a Peter que esa -. No voy a seguir con sermones, entiendo y te lo he dicho varias veces, que eres un adolescente, yo no tuve la fortuna de poder ser como tú, a tu edad tenía mi familia destruida y una vida arruinada como no podrías imaginar, pero eso no te da derecho a pasarte de la raya. Comprendo que con visitar un burdel y emborracharte quisiste rebelarte contra el sistema, contra las leyes, contra lo que sea. Pero el mundo se rige por leyes, Peter, y nos guste o no hay que ser obediente y respetarlas.
Peter lo miró a los ojos. Entendía que ahora llegaba su sentencia.
Erik fue a sentarse junto al escritorio. Se pasó las manos por la cara y miró de soslayo una carpeta con algunos de los documentos que había intercambiado con el senador Xavier a lo largo de los años. Eso le recordó que Charles vendría pronto y la responsabilidad que había asumido de convertirlo en su consorte y engendrar un heredero. Responsabilidad, sí, eso que él había aprendido a la fuerza cuando al acabar la guerra se encontró convertido en un huérfano famélico y tuvo que valerse por sí mismo. En ese momento tenía dieciséis años, uno menos que Peter.
-Actúas así porque te aburres – reconoció Erik y volvió a mirar al joven. Peter asintió, no era fácil convivir con su mutación, ver al mundo moverse tan lento lo exasperaba y necesitaba diversión y riesgos para entretenerse -. Tienes mucho tiempo libre. Estudias y ayudas en la granja comunitaria pero te queda más de la mitad del día libre, ¿no es así? – Peter asintió sin saber bien a dónde se dirigía el asunto. Temió que estuviera por darle más trabajo -. El único modo de que te quites ese aburrimiento es asumiendo responsabilidades. Tengo que pensar en algo que te mantenga ocupado por más tiempo.
-¿Más trabajo en la granja? – indagó el joven.
-Ya veré – respondió Erik distraídamente y se levantó -. Ahora me acompañarás a la zona de cuartos.
-¿Qué? – se le escapó a Peter y perdió la compostura. Ese sitio era una galería frente al cuartel del ejército, que contaba con varias habitaciones que se cerraban con llaves, una especie de celdas, donde los jóvenes que cometían ilícitos solían pasar un día al menos como castigo. Estaban vigilados por guardias que respondían al general Summers y si Peter se aburría al aire libre, no podía llegar a imaginar cómo le iría encerrado en ese lugar pequeño por veinticuatro horas, eso sin contar con la humillación que el castigo conllevaba.
-Peter, faltaste a la ley bebiendo alcohol y visitando un burdel a tu edad. Es lógico que tengas que pasar la noche en ese sitio. Mañana por la mañana iré a buscarte.
-¡Erik!
-¿Sí? – inquirió Magneto -. ¿Estabas pensando que no iba a castigarte? Justamente yo que tengo que dar el ejemplo.
-Esto es el colmo – protestó y frunció el ceño.
-No, esto se llama asumir la responsabilidad de tus acciones – corrigió Erik tajante -. Es hora de que lo vayas aprendiendo - se acercó a la silla donde había dejado colgado su gabán para sacar las llaves de su coche -. Yo mismo te llevaré.
-¿No puedo ir un momento a mi cuarto para buscar algo y llevármelo?
-¿Como qué?
Peter dio un brinquito y suspiró. Le costaba hacerse la idea de pasarse horas encerrado en una habitación pequeña.
-Música, revistas. . .
-Es un sitio para que medites el error de tus actos, Peter, no para que te entretengas – respondió Erik seco y fue abrir la puerta -. Vamos – la mantuvo abierta y esperó a que el muchacho saliera para cerrarla.
Peter se mantuvo durante el viaje sentado en el asiento del acompañante, observando por la ventanilla. Bajó el vidrio por la mitad para sentir la brisa de la isla, tan fresca y natural en la cara. Estaba de brazos cruzados pero no protestaba más. Sabía, en el fondo sabía, que Erik lo único que hacía era predicar con el ejemplo. Así lo había criado toda la vida. Peter sentía el amor que Erik le tenía y aunque se había hecho cargo de él solo por su madre, Madga Maximoff, lo había querido desde siempre. Magneto y su madre habían sostenido un romance durante años, y Erik sabía que él no había sido su amante exclusivo. Magda estaba casada y tenía dos amantes ocasionales además de él, pero Magneto era el que ocupaba verdaderamente su corazón, o, al menos, eso es lo que él deseaba creer. Cuando ella se dio cuenta de que esperaba un hijo, Erik no sospechó que podía ser suyo porque ambos se cuidaban bien. Después de darlo a luz, Magda quedó convaleciente y falleció dos días después. Su esposo, que sabía de sus affaires, se negó a hacerse cargo del niño y los demás amantes desaparecieron apenas supieron que estaba embarazada, por eso fue Erik Lehnsherr quien decidió criarlo como propio por el cariño que le tenía a Magda y porque su propia historia de orfandad le impedía dejar a una criatura abandonada.
Peter le tenía cariño y respeto y lo consideraba un padre más que un mentor. De pequeño lo había llamado papá pero al entrar en la adolescencia, comenzó a llamarlo Erik, como lo hacían en su círculo íntimo. Creció recorriendo el mundo con él mientras Magneto luchaba por la causa mutante. Al fundar Genosha, se instaló allí con Erik y aunque comprendía los ideales de su mentor, no los abrazaba. Él quería ser libre y hacer la suya. Quería encontrar su lugar en el mundo y no sabía aun si la lucha por los derechos de su gente le importara tanto. A los doce años demostró que era un mutante. Magneto no pudo sentirse más orgulloso. Pero el poder que tenía no era sencillo y ver al mundo en cámara lenta, lo hacía aburrirse con facilidad.
Erik detuvo el coche frente al cuartel. Bajaron y saludó a un par de soldados que se acercó al reconocerlo. Con las manos en los bolsillos de su vaquero, Peter entró a la llamada zona de cuartos con un guardia que le indicó cuál era su celda. Grande fue su sorpresa cuando antes de entrar en ella, se topó con un arrepentido Kurt, que con la cabeza gacha caminaba hacia la suya un par de puertas más adelante. Iba acompañado de otro guardia y de su padre.
Peter observó a su amigo e iba a saludarlo pero vio tanta vergüenza reflejada en su rostro azul, que prefirió no hacerlo y entrar en su celda. El guardia le cerró la puerta con llave.
Azazel se detuvo junto a la entrada del cuarto de su hijo con la mirada perdida. No lo despidió. Esperó a que el guardia cerrara la puerta y se retiró con él.
Erik permaneció con un oficial firmando la autorización para el encierro de Peter como su tutor y regresó a su casa. Todo el tiempo se las pasó pensando si había actuado correctamente con el joven. Él solo quería lo mejor para Peter y sentía que la disciplina era lo más adecuado. Por eso olvidó por un momento su boda cercana y el necesario nacimiento de un hijo con su sangre.
…
Charles abrazó a su hermana con fuerza, mientras los empleados bajaban parte de su equipaje por la escalera bifurcada. Iba a mudarse definitivamente a Genosha así que eran varias maletas con su ropa y artículos de primera necesidad. Después su familia se encargaría de despachar sus demás pertenencias como sus libros y muebles. Raven lo abrazó con mucha fuerza. No era una separación definitiva, de hecho, la boda estaba fijada para dentro de dos semanas y ella con sus padres viajarían al evento, pero se daba cuenta del sacrificio que Charles hacía y eso le provocaba admiración. Además, aunque estaba dispuesta a viajar de seguido a la isla para visitarlo, ya no sería igual que tenerlo viviendo bajo el mismo techo.
Sharon esperó a que los hermanos se separaran para abrazar y besar a su hijo. Charles no necesitaba leerla para entender que las emociones la superaban y le estaba costando horrores mantenerse serena.
-Te amo, mi pequeño – murmuró y le besó la frente.
Charles le sonrió conmovido.
-En dos semanas nos estaremos viendo – le recordó Raven.
Su hermano la miró y asintió.
Sharon lo tomó del brazo.
-Vamos, hijo. Tu padre está en su despacho y quiere despedirse de ti.
Charles se dejó guiar por ella casi mecánicamente. Sabía que no partiría sin que su padre le diera las últimas indicaciones. De toda su familia, Brian era el único que no parecía conmovido sino satisfecho con el acuerdo. Su madre y su hermana lo dejaron frente a la puerta. Charles golpeó antes de entrar.
Brian estaba sentado frente al escritorio y se levantó para acercarse a su hijo. Tenía una sonrisa de satisfacción que lo decía todo. Le apoyó las manos en los hombros con orgullo paternal.
-Bien, Charles. El gran día ha llegado. Aquí tengo una copia de tus exámenes de fertilidad – le indicó un sobre sobre el escritorio -. A los originales los llevarás tú, aunque Magneto ya conoce los resultados – lo miró de pies a cabeza -. Eres un mutante fértil y esa segunda mutación que le permite a tu gente gestar se desarrolló en tu organismo, pero eso ya lo sabes.
-Sí, padre – contestó su hijo. Que pudiera gestar hijos o no, no parecía el tópico más adecuado para discutir en este momento. Charles le estaba diciendo adiós a su hogar. Era cierto que su familia lo visitaría en dos semanas pero sería en otro contexto y rodeado de gente extraña. Ya no habría más cenas familiares, ya no habría más tanta intimidad. Charles se estaba despidiendo de su vida tal cual la conocía pero Brian no parecía darse cuenta -. Llevo los exámenes en mi maleta de mano – añadió para decir algo más.
-Bien – congenió Brian y le indicó el sofá para que se sentaran y tuvieran una plática relajada -. No me canso de repetirte, Charles, lo orgulloso que me siento de ti. Entiendo el sacrificio que haces por todos.
Charles se sentó. Su padre amagó con acercarse a la licorera para que compartieran un trago por última vez pero estaba tan preocupado como su esposa por la tendencia del joven a beber y optó por sentarse a su lado con las manos vacías.
-Charles, eres un mutante como ellos – comentó Brian. Era común que nombrara esa brecha que los esperaba: mutantes y homo sapiens -. Tienes el honor de enlazarte con el líder de su movimiento y darle a tu gente un heredero para que los guie. Por supuesto que con tu poder y posición social eres el más idóneo.
El joven observaba a su padre en silencio. Brian no le estaba diciendo nada que no le hubiera dicho antes. De repente, notó que su progenitor dirigía la mirada hacia el ventanal, pensativo, y comprendió que ahora sí venía lo importante.
-Con esta alianza te convertirás en el nexo entre los mutantes y la gente como tu madre y yo – soltó el senador con un suspiro -. Serás el puente entre ellos y los homo sapiens. El hijo que engendres será un mutante, ¿cómo decirlo? – buscó la palabra adecuada -. Puro. Un mutante puro, como llaman a los vástagos de dos mutantes. Magneto dejó en claro que quiere hacerse cargo de su educación, eso está en el acuerdo, ya lo habrás leído.
-Sí, mi hijo pasará a ser una pertenencia más de él y de su gente – musitó Charles y bajó la cabeza. Esa era la parte del contrato que más le había costado digerir: traer al mundo a un niño que se convertiría en propiedad exclusiva de un estado y de su gobernante. Sin embargo, esa cláusula era común en cualquier estado monárquico -. Pero como me quedaré a vivir allí, pienso que Magneto me permitirá tener un rol importante en su crianza.
-¡Claro! – le sonrió Brian -. Y aquí llega la otra cuestión: así como tu papel será dar a luz al nuevo gobernante de Genosha, el mío es uno político muy importante. Como senador, tengo que servir a mi país, tanto a los mutantes como a los homo sapiens que viven aquí. Todos son ciudadanos para el Congreso.
Charles leyó a su padre sin querer y se dio cuenta de que este cargo de senador era apenas un peldaño. Se estremeció al ver que Brian deseaba seguir escalando hasta la mismísima presidencia. Bajó la mirada. Su progenitor no notó que lo había leído y le palmeó la pierna cariñosamente.
-Charles, tú eres el nexo que unirá a los mutantes con mi gente. Fuiste criado por homo sapiens pero tu gen te acerca a ellos. Sin embargo. Mírame, hijo – sus ojos se encontraron -. Sin embargo, no debes olvidar que tanto tu madre como yo somos homo sapiens. Recuérdalo cuando mi gente te necesite.
-Padre, ¿de qué estás hablando? – indagó el joven confundido.
Brian se puso de pie y fue hasta la licorera, olvidando la preocupación por la adicción de su hijo. Sirvió whisky en dos vasos y un par de cubos para el suyo ya que Charles tomaba sin hielo.
-Esto de la convivencia entre nuestra gente y la tuya es una utopía, Charles – explicó, mientras regresaba con los tragos -. Bebe con moderación – le indicó al entregarle el vaso -. Magneto quiere defender los derechos de los suyos y es algo entendible y loable. Yo lo admiro y lo ayudé muchas veces pero siempre tuve en claro esto: que tarde o temprano, la paz puede quebrarse.
-¿Estás diciendo que Magneto quiere iniciar una guerra contra los que no son mutantes?
-¿Qué piensas, hijo? Un mutante que fue perseguido desde joven por ser quien era, que enfrentó peligros para proteger a los suyos, que está lleno de cicatrices, que sufrió lo que pocos han sufrido, un sobreviviente de Auschwitz, ¿crees que él cree en la paz?
Charles olvidó la advertencia paternal y bebió todo de un solo trago.
-Pero, entonces, ¿para qué lo ayudaste si piensas que puede poner en peligro a los no mutantes?
-Porque un político sabe crear alianzas con sus enemigos.
-¿Magneto es tu enemigo? – cuestionó el joven asombrado.
-En algún momento puede convertirse – confesó Brian y dejó su vaso sobre la mesa -. Mira, Charles. La razón por la que cerré este acuerdo es porque te conozco y sé la clase de persona que eres. Nunca te recuperaste del accidente – Charles cerró los ojos con fuerza. No podía soportar recordar ese trauma -. Eso te hizo más sensible y aumentó tu empatía por la raza humana: tanto por mutantes como no. Por eso me di cuenta de que eres la persona indicada para estar allí en el momento en que Magneto decida atacarnos, y que no dejarás que un hijo tuyo sea educado como un arma para la guerra contra mi gente.
-¡Padre! – exclamó Charles exasperado y se puso de pie -. ¿Estás diciendo que Magneto va a iniciar una guerra y que quiere convertir a mi hijo en un soldado?
Brian se levantó para estar a su altura. Charles era varios centímetros más bajo que él.
-Solo digo que tienes que estar preparado. Yo, desde mi banca senatorial, protegeré a los nuestros, tú, desde tu lugar de consorte y progenitor del próximo líder mutante, debes preservar la paz entre nuestras especies.
Su hijo lo miraba extraviado. Había esperado consejos sobre cómo comportarse en su nueva patria, o que no olvidara sus orígenes pero jamás esto.
Brian le apoyó la mano sobre el hombro y se lo masajeó.
-Es difícil pero sé que estás preparado, Charles. Confío en ti ciegamente.
Charles pasó saliva y entró en la mente de su padre. No era algo que hiciera a menudo porque respetaba su intimidad pero se vio en la necesidad de hacerlo. Vio a Brian orgulloso, de traje y corbata, sentado en su banca de senador. Luego el Congreso se transformó en el Salón Oval y vio a su padre convertido en Presidente. Sonreía con satisfacción. Estaba rodeado de gente, en su mayoría homo sapiens, y había algunos mutantes que le rendían pleitesía. Brian Xavier estaba firmando un papel. Charles lo leyó y era un acuerdo de paz entre mutantes y no mutantes. Los mutantes eran los vencidos, los homo sapiens los vencedores.
Charles salió de su mente con un estremecimiento. Ahora comprendía la verdadera razón de ese acuerdo: Brian había entregado a su hijo al líder de Genosha para asegurarse el sometimiento de los mutantes si algún día intentaban ejercer la supremacía. Charles y su hijo serían para él objetos que le sirvieran para conservar el poder de su especie, la única que le importaba al senador: los homo sapiens.
-Bien, hijo – sonrió Brian complacido y consultó su reloj -. Es hora de que te llevemos al aeropuerto. Nuestro avión privado ya está listo para partir – lo abrazó con fuerza pero el joven sintió el gesto frío y distante -. Me haces el padre más orgulloso del mundo, Charles. No podría contar con un hijo mejor que tú.
Charles no contestó porque no le salían las palabras.
…..
Charles observó por la ventanilla del avión el azul del océano. La travesía sería larga y tardaría horas en ver el verde de la isla de Genosha. Se echó hacia atrás en el asiento y cerró los ojos. Se suponía que debiera descansar y relajarse pero no podía. A la responsabilidad que había asumido al aceptar el acuerdo ahora se sumaba la confesión de su padre. Una cosa era casarse y traer al mundo a un heredero y otra tener que defender la paz como su padre le había pedido. Pero había algo más, Brian no deseaba que protegiera la paz sino que peleara por los homo sapiens y que llegado el momento le sirviera para someter a los mutantes. Tal vez pensaba convertirlo en un espía, o que engañara a Magneto, o que confundiera al niño que diera a luz para volverlo un instrumento para la causa de los no mutantes.
Charles estaba confundido. Recordó el incidente cinco años atrás y vio los cuerpos de los mutantes esparcidos por su culpa. Luego el motor del coche que traía a sus padres. Su madre había corrido a abrazarlo, mientras que Brian observaba la escena dantesca con una mirada fría y calculadora. Abrió los ojos con desesperación.
-¿Se encuentra bien, señor Xavier? – preguntó Hank McCoy y se le acercó con un vaso con agua fresca.
-Gracias – contestó Charles y bebió compulsivamente.
Hank se sentó en el asiento enfrentado al suyo. Se trataba de un joven científico tímido y recatado, que Brian Xavier había becado desde niño, asombrado de su inteligencia superior. Años después había descubierto que era un mutante capaz de convertirse en una bestia azul. Brian había seguido protegiéndolo y le había dado trabajo en el laboratorio Xavier. Ahora le había pedido que como mutante y persona de confianza, acompañara a su hijo a Genosha. Hank aceptó porque sentía que le debía a Brian más de lo que pudiera pagarle en una vida.
-Mire, señor Xavier – comenzó y se frotó las manos nervioso. Tragó aire porque sentía que se volvería azul de los nervios que tenía -. No soy quién para darle consejos porque ni siquiera tengo novia . . .
-Por favor, llámame Charles – pidió el joven y se sobó la frente -. ¿Qué consejos quieres darme?
-No sé – Hank se encogió de hombros -. Solo que se relaje un poco.
Charles rio. El muchacho le caía bien. Se notaba que tenía varios años menos que él y era agradable.
-Gracias por el consejo. ¿Cómo debería llamarte?
-Soy McCoy.
-Me refiero a tu nombre de pila.
-Henry, perdón, Hank, Hank McCoy.
-Gracias por el consejo, Hank – corrigió Charles amablemente.
-¿No conoce todavía a Magneto?
-Solo por algunas fotografías – suspiró Charles y se acomodó en el asiento. Hank hizo un ademán de levantarse porque pensó que lo estaba cansando -. En las fotografías no se ve nada mal – comentó Xavier y le sonrió con complicidad.
Hank sonrió también.
-Le deseo la mayor de las suertes, señor Xavier. ¡Perdón! Quiero decir Charles.
Charles rio y le extendió el vaso vacío.
-¿Qué te parece si para festejar mi boda inminente bebemos algo más sustancioso que el agua? ¿Qué hay en la licorera?
-¿Quieres que te sirva algo? – acabó por tutearlo.
-Quiero que regreses con dos vasos y el whisky más añejo que encuentres – respondió Charles –. Debe haber alguno de dieciocho años al menos.
Hank asintió y regresó con una botella cerrada, dos vasos y un poco de hielo. Charles le pidió que no le añadiera ningún cubo al suyo y comenzaron a beber y a platicar de temas triviales.
Fue una manera adecuada de matar el tiempo.
…..
¡Hola! En la próxima van a encontrarse. Quiero añadir que más adelante habrá Wolvsilver. Gracias por leer.
