Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es producto de mi imaginación.

Matrimonio Impuesto

Capítulo 2

Un rayo de luz se filtro por la ventana, dándome de lleno en la cara. Gemí por el fuerte dolor de cabeza que tenía, no había tomado mucho, pero la situación con Mike y el recuerdo de James no me habían dejado descansar bien. Me incorporé sobre mis codos, viéndome todavía vestida de Blancanieves. Me desnudé y fui por un reparador baño, era cerca de las 10 de las mañana, en cualquier momento mi madre me llamaría para que viera los fabulosos regalos que habían traído de su viaje por Europa. Deje que el agua caliente recorriera mi cuerpo, que borrara los malos recuerdos.

Estaba peinando mi pelo cuando Sue se asomó a la puerta.

-Mi niña, tu padre te espera en su estudio, dice que es urgente.-No supe descifrar la mirada en su cara. Acomodé mi remera y baje al estudio.

Toque y esperé a que me indicara que podía pasar, al entrar vi que no estaba solo. A su derecha había un hombre de unos 50 años, con el pelo rubio invadido por algunas canas, pero de todas formas era fácil apreciar la belleza que debería haber tenido de joven. A la izquierda de mi padre estaba el hombre más hermoso que vi en mi vida, se lo veía robusto, fuerte de aproximadamente unos 30 años. Tenía el cabello color cobrizo, rasgos fuertes, ojos verdes que me veían con la misma expresión de frialdad que los otros dos hombres. Todos iban vestidos de traje y corbata, haciendo que mi atuendo informal se viera fuera de lugar.

-Isabella, toma asiento.- Mi padre me indico el asiento al lado de este Adonis, sin protestar me senté y esperé a que hablara.-Ahora que estamos todos podemos comenzar. Carlisle, por favor.- Dijo mirando al hombre a su derecha. No entendía nada.

El hombre que mi padre llamo cómo Carlisle tomó un sobre color madera y sacó un papel, se veía amarillento, probablemente tenía varios años. El hombre rubio lo extendió frente a sus ojos y comenzó a leer.

-Hoy 22 de Junio de 1979, mediante el siguiente contrato, Yo Carlisle Cullen comprometo a matrimonio a mi heredero, Edward Anthony Cullen.- El hombre a mi lado se tensó y miro al otro con cara desfigurada.- Con la heredera de Charlie Swan.- Ahora fue mi turno de paralizarme y buscar la mirada de mi padre, que era impenetrable y fría como de costumbre.- Yo, Charlie Swan, comprometo a matrimonio mi heredera con el heredero Edward Anthony Cullen. El contrato ha sido firmado bajo la presencia del abogado J .Jenks y el escribano Riley Biers. La vigencia para concretar el matrimonio es 6 meses después del cumpleaños número 18 de la heredera Swan. De no ser cumplido el contrato por desinterés de alguno de los dos involucrados, ambos serán desheredados.

Estaba en estado de shock, ¿Yo me tendría que casar con un desconocido? Esto había ido demasiado lejos.

-¡No pienso casarme con un extraño!- Grité parándome de golpe. La mirada de mi padre se endureció cómo nunca antes lo había hecho.

-Mira Isabella, harás lo que se te ordena, te plazca o no. Carlisle ha sido muy generoso al no rechazar el contrato, ya que la heredera de la que se hablaba era tu hermana Maddeline, pero dado a que tu madre no se decidía por un nombre no lo pusimos en el contrato. Cuando cumpliste 12 decidimos que no había ningún impedimento para que ustedes dos.-Dijo señalando al hombre de mi lado y a mí.- Se casen.

¿Mi hermana Maddeline? Si había muerto hacía más de 30 años y sólo había vivido dos meses. Eso significaba que el hombre a mi lado, mi futuro marido tenía ¿MAS DE TREINTA AÑOS?

-¡NO LO HARÉ, PREFIERO QUEDAR EN LA RUINA A CASARME CON UN HOMBRE DE 30 AÑOS!

-Isabella Swan.- La voz de mi padre fue baja, pero helada, cortando todo tipo de pensamiento que cruzaba por mi mente. La habitación se sumió en un tenso silencio.- No pienso discutir contigo, dentro de seis meses serás las esposa de Edward Cullen, nadie fuera de esta habitación debe enterarse de la verdadera razón. Por lo que deberán buscarse una excusa, cualquiera me es válida, que se conocieron en una noche, te emborrachaste y quedaste embarazada. No me importa, total nadie lo dudaría. Ya no eres mi problema.- Dijo mirándome de forma despectiva y arrojando a la mesa un periódico.

Sentí como abandonaban la habitación, tomé el diario donde en el centro había una foto mía bailando con el jugador de futbol, y debajo había otras más, mía con Mike, Emmett golpeando a Mike, yo tirada en el suelo y por último Emm cargándome en brazos. El titular decía "La princesita Isabella Swan festeja la mayoría de edad". Había olvidado que al cumplir los 18 años la prensa podía publicar todo lo que quisieran, ya no estaba bajo la protección de mi padre.

-Una vez que empecemos con la farsa del noviazgo no quiero ver ni una maldita foto tuya en los diarios amarillistas.- Un voz áspera y profunda me llegó desde mi espalda. Sobresaltada me di vuelta para encontrarme con Edward Cullen. La mirada en sus ojos demostraba que hablaba en serio.

-¿No estarás pensando que realmente vamos a hacer esto?-Pregunté mirándolo esperanzada, él era mi única esperanza.

-Por supuesto Isabella, aunque no esté de acuerdo y me gustaría haber sido consultado antes, es mi deber para con mi familia. Pero a diferencia de tu padre, me importa mi honor, y el de mi futura esposa. Por eso mismo, mientras vos hacías tu berrinche de adolescente, yo ya tracé una estrategia.- Miraba sin poder decir una palabra, no podía estar pasándome.- Tan pronto como vuelva a Londres hablaré con mi hermana Alice, que es cercana a tu edad, le contaré que en mi viaje a Chicago nos encontramos de casualidad en una cena que darán tus padres esta noche, quede prendado de ti. Ella, siendo la romántica que es no dudará en venir a conocerte y tratar de hacer de celestina. Tú tienes que dejar que los medios te vean con mi hermana, un mes aproximadamente, y después aparezco yo en escena. El resto lo tendremos que hacer los dos, aparecer en público, actuar como enamorados, planear un viaje de escapada romántica, y un mes antes del plazo aparecerás con un enorme diamante, diciendo lo feliz que estás por haber encontrado el amor de tu vida. Te mudarás a Londres, y dejarás atrás todo el escándalo de los paparazzi.

Terminó de hablar y me miró desafiándome a contradecirlo. Mis piernas temblaban y no podía pensar. Esto tenía que ser una pesadilla, yo ni siquiera había terminado el instituto. Mi padre me había obligado a adelantar un par de materias y solo que medaban 3 meses, pero… Me quedé helada, mi padre había planeado todo, me había hecho cursar de forma que terminara las clases antes de tiempo y poder enviarme a Londres sin excusas.

-No quiero hacerlo.- Susurre bajito, más para mí que para él.

Su mano me agarro el brazo, obligándome a quedar a su misma altura y ver directo a sus ojos.- No tienes elección Isabella, yo no pienso defraudar a mi familia y si te rehúsas, demandare a tu padre por incumplimiento de contrato, dejará muy mal parado a su empresa, y tú sabes que él no lo permitirá.

-¡Pero nadie creerá que tenemos una relación! Eres 15 años mayor que yo. Se vería mal de todos modos.- Era mi última esperanza.

-Confía en mí, haré que todo se vaya dando de a poco, para cuando nos casemos, la prensa estará encantada de contar cómo un soltero empedernido cayó ante una dulce joven, que se escondía tras una máscara de rebeldía, sólo estaba buscando alguien que la protegiera, ¿Y quién mejor que yo, que tengo varios años más de experiencia?-

Estaba sin argumentos. Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos, no me importaba si mi padre perdía todo, yo quería ser libre. Pero de pronto entendí que ya había sido libre durante los últimos 18 años y no lo supe apreciar, era ahora realmente cuando estaba atrapada sin elección.

-Te lo repito, desde el momento que mi hermana se comunique contigo, ni un solo escándalo parecido a esto.- Soltó mi brazo para agarrar el diario y revolearlo al otro extremo de la habitación.- Nos vemos esta noche, sería prudente que en algún momento de la noche nos acercáramos a hablar, y si hay alguna de tus amiguitas, podrías comentarle que he llamado tu atención.

Sin decir más abandonó la habitación, dejándome helada en mi lugar. Estuve unos minutos estática, sin saber qué hacer, el ruido de la puerta me trajo de vuelta a la realidad. Haciendo un extremo esfuerzo por contener las lágrimas corrí hasta la cochera, subí a mi auto y volé por la autopista, recorriendo el camino que hacía tantas veces a la semana. Fui más rápido que de costumbre, tratando de ver a través de las lágrimas.

Llegué a mi destino y corrí hacia la puerta, toqué un par de veces, desesperada, necesitaba verlo.

-Bella, ¿cariño que pasa?- Me tiré a sus brazos y deje que todas las lágrimas contenidas empaparan sus hombros.- Shh, Bells.- Acarició mi espalda mientras me dirigía a la sala, me sentó a su lado en el sillón.

No sé cuánto tiempo llevaba llorando cuando sentí un par de manitos apoyarse en mi falda.

-Manina Bella ¿Pod qué lloras?- Sus ojitos marrones me miraban tristes.

-No es nada pequeñito, madrina Bella está un poquito triste.-Su carita formó una expresión de duda.

-¿Manina quiede un abrazo?

-Eso sería estupendo pequeño.- Lo subí a mi falda y envolví su pequeño cuerpito con mis brazos, giré mi rostro y mire a Leah.

-¿Me dirás que es lo que te pasa? ¿Qué hizo tu padre?- Pregunto, sabiendo de sobra que mi padre estaba involucrado en todo este asunto.

-No puedo, pero estoy segura que lo entenderás en unos meses.- Leah me miró con susto.

-¡NO! No es lo que piensas.- La vi relajarse. Estiró su mano y acarició mi frente.

-Bella, sabes que estoy para lo que necesites, siempre seré tu amiga incondicional por el apoyo que me diste.-Sonreí con nostalgia al ver a mi amiga, Leah Clearwater. Ella también había sido una heredera multimillonaria, pero cuando a sus 16 años quedó embarazada, sus padres la obligaron a abortar antes de que nadie se enterara. Mi amiga se rehusó y sus padres la desheredaron. Yo saqué plata de mis ahorros y le compré esta pequeña casa, ni mis padres ni los suyos lo sabían, les había dicho que la plata la use para hacer un viaje con Rosalie. Nadie tenía idea de la existencia de Jake, Emmett y Rose creen que Leah escapó tras un novio griego y desde entonces está viviendo con él, es la historia que dijeron sus padres. Yo venía a verlos cada vez que podía, amaba al pequeño y en momentos como este me hacía recordar cuál era el norte.

No quería casarme con Cullen, pero no tenía escapatoria, Leah se había revelado a su familia y era feliz, pero yo sabía que no lo sería, no podría dejar toda mi vida atrás, mis sueños de estudiar. Tenía que pensar en positivo, si me casara con él, ya no tendría que preocuparme por qué los paparazzi inventaran cosas sobre mí, podría empezar de nuevo, en un lugar nuevo, con gente nueva. Podría estudiar, seguro que Cullen no querrá a una hueca por esposa.

-Cuando estés lista para hablar, sabes que estaré para escucharte.- Leah me sacó de mis pensamientos, no podía contárselo, pero necesitaba sacar aunque sea una parte.

-¿Has visto el periódico?-Pregunté secando una última lágrima.

-Sí, yo sabía que Newtton era de tener cuidado.- Me dijo dándome un apretón.

-Mi padre me ha dicho que ahora que alcancé la mayoría de edad, ya no era su problema.- Para no ver su rostro me concentre en el pequeño angelito que dormía en mi pecho.

-Bella, ¿Cuándo dejarás de permitir que tu padre te destruya poco a poco?

Nos quedamos en silencio, ella mirándome y yo mirando a Jake.

-Acabo de encontrar un nuevo trabajo, en la casa de la señora Cope. Ella no tiene problemas de que lleve a Jake conmigo, y necesita ayuda después de su operación de cadera.- Levanté mi mirada con una sonrisa, agradecía el cambio de tema.

-Me alegro tanto amiga.-Tomé a Jake en brazos y lo lleve hacia su cuna.- ¿Quieres que te ayude a preparar el almuerzo?

-Por su puesto, ¿Por qué no vas poniendo la mesa?

Pase una agradable tarde, logrando despejar la mente, ya que Jake no paraba de contarme cosas y mostrarme sus juguetes. Pero cuando empezaba a oscurecer, recordé la maldita cena. Tomé las llaves y sin nada de ganas subí a mi auto. Cuando llegué a casa, todo era un caos, mi madre se tiró a mis brazos.

-Isabella, ¿Dónde estabas? No te he visto en todo el día tienes que subir a tu habitación, la maquilladora estará aquí en cualquier momento, deje sobre tu cama un vestido versase y los zapatos Jimmy Choo al lado.- Sin esperar respuesta salió a regañar a una sirvienta que colocaba un jarrón de flores en una mesa equivocada.

Subí las escaleras a mi habitación, me di una ducha rápida y esperé a las asistentas, cuando llegaron comenzaron a hacer mi peinado y mi maquillaje. Sonó mi celular, era Rose.

-Hola Rose.-

-Bellita, Tu madre nos ha invitado a mi familia y a mí a una cena en tu casa. Pensaba que quizás luego de la cena podríamos escaparnos a Midnight, Emmett consiguió hablar con el dueño y nos reservo un VIP.

-No lo sé Rose.- Lo que menos necesitaba era otro escándalo.

-Bella, ¡por favor!-

-Está bien, pero prométeme que iremos de muy bajo perfil.

-¿Tú? ¿Bajo perfil? ¿Quién eres y que has hecho con mi mejor amiga?

-Prometo explicarte luego.- Tendría que buscar una muy buena excusa.

Una vez que acabaron con mi pelo y maquillaje me vestí con el vestido corto, color azul profundo que se ceñía a mi cuerpo como un guante, los zapatos eran altísimos y tenían pequeños diamantes a lo largo de todo el taco, por eso decidí ponerme mis aros de diamantes y una pequeña gargantilla a juego.

-Bella, si que te ves hermosa.-

-Deberías aprender a tocar la puerta Rose.- Dije rodando los ojos.

-Va, como si tocarás la puerta de mi habitación.

-Touché.- Ambas reímos y empezamos a salir de la habitación, debía mantener mi fachada tranquila, nadie tenía que sospechar nada. No me gustaba mentir, pero ya me había acostumbrado.

Llegamos al pié de la escalera y mi padre nos estaba esperando, nos ofreció un brazo a cada una y nos condujo al salón donde había unos 25 invitados esperando. Apenas puse un pié en el lugar no pude evitar sentir un escalofrío y que alguien me miraba, instintivamente enderecé mis hombros y recorrí la habitación con la mirada, hasta que mis ojos se trabaron en un par de ojos verdes, que me miraban con intensidad.

Edward Cullen, se veía incluso más hermoso que esta mañana, llevaba puesto un traje color gris perla, camisa blanca y corbata nagra finita. La ropa no podía ocultar la fuerza y el magnetismo que emanaba su presencia. Varias mujeres lo estaban viendo con detalle, recorriendo con la mirada la perfección de su rostro. Yo era una de esas mujeres.

-Isabella.- La voz de mi madre me sacó de mis pensamientos, giré y poniendo mi sonrisa fingida comencé a saludar a las amigas de ella.

Todavía podía sentir la penetrante mirada de Edward en mi nuca cuando por fin volví a quedar sola, entonces frente a mi rostro apareció una copa de champagne.

-¿Quieres?- Esa voz ronca no debería parecerme familiar, la había escuchado una sola vez y no me había dicho cosas bonitas, precisamente. Pero estaba segura que la reconocería entre miles de voces.

Me giré lentamente, evitando que un escalofrío me recorriera la espalda cuando quedamos frente a frente.- Muchas gracias.- Tomé la copa y puse una sonrisa coqueta.

-¿Quién lo hubiera dicho Isabella? Eres una excelente actriz.- Dijo poniendo una sonrisa amable, cualquiera que nos viera pensaría que estábamos coqueteando abiertamente.

-Puedo decir lo mismo de ti.- Ladeé la cabeza un poco, sin perder la sonrisa.

-Me alegro de que hayas recapacitado. Yo te diría que aproveches de tus últimas noches salvajes, en dos días tendrás noticias de mi hermana.- Suavemente acarició su copa con la mía y me guiñó un ojo. Antes de que pudiera contestarle, ya estaba hablando con mi padre.

¿Quién se creía que era este tipo? "Últimas noches salvajes" realmente no tenía ni idea de quién era Isabella Swan. Busqué a Rosalie con la mirada, un plan se empezaba a formar en mi mente. Manteniendo mi sonrisa elegante y arrogante llegué a donde estaba mi amiga.

-Nos vemos en tu auto tan pronto esto acabe.-Rose no preguntó nada, solo sonrió.

Tuve que soportar dos horas, de charlas vacías, sonrisas falsas, e incluso más de una cruzada de miradas con Cullen, ese odioso hombre, por más que lo quisiera evitar, cada vez que nuestras miradas se cruzaban un cosquilleo recorría mi cuerpo. Cuando la mitad de los invitados habían abandonado el salón, incluida Rose, me disculpe con mis padres y el resto de invitados y subí a mi habitación.

El resto fue fácil, en punta de pies recorrí el pasillo hasta llegar a la escalera del servicio, que llevaba directo a la puerta trasera. Cuando abandone mi casa, Rose estaba esperándome en el auto.

-Por fin querida.- Mi rubia amiga encendió el coche y se dirigió a la autopista, bajé el espejo y comencé a retocar mi labial.- Y dime Bella.- Intento usar una voz casual, pero sabía que se moría de curiosidad. Ya conocía la pregunta y era la única que no quería contestar.- ¿Quién era el guapo de pelo cobrizo con él que te vi hablando?

-¿Quién?- Mejor fingir ignorancia.

-¡Vamos Bella! El hombre más hermoso de toda la habitación que no dejaba de devorarte con la mirada.-

-¡Sí que eres exagerada!-Ahora evitar la pregunta directa.

-Contesta. ¿Quién es?

Estaba atrapada.- Edward Cullen, vino con su padre para hacer negocios con el mío.

-¡Oh Dios! ¿Edward Cullen? Mi prima Heidi no deja de hablar de él. En Londres es uno de los solteros más codiciados.

"No por mucho tiempo" pensé.

-¿Te imaginas lo que la prensa diría si se entera de que estaban coqueteando?

-¡NO ESTABAMOS COQUETIANDO! Solo se acercó a presentarse, nada más. Además tiene más de 30 años.- Rose tenía que estar de mi lado, ella tenía que apoyarme con la idea de que una relación con un hombre 15 ayos mayor que yo era una locura.

-Hay Bellita, en cuestiones del amor no hay edad.- ¿Desde cuándo mi amiga era una poeta?

-Que tu estés enamorada no nos hace a todos posibles víctimas de Cupido.-

-Sólo digo que hacen linda pareja, el no te quitó la vista de encima y tu parecías querer llamar su atención constantemente.

-Puede que me haya gustado y que hayamos coqueteado, solo un poco.-Giré mi rostro, para ver por la ventanilla. No me gustaba mentirle a mi amiga, pero si dentro de seis meses iba a estar casada, tendría que empezar a practicar.- Pero esta noche no quiero volver a pensar en él. Solo en nosotras, Emmett y una fiesta.

-Ahora me cierra lo de perfil bajo.- Dijo tan bajo que no estoy segura de haber escuchado bien, en todo caso, mejor para mí. No quería inventar otra mentira.

Unos minutos luego, Rose le entregaba las llaves al vallet y entrábamos al club. Por suerte no había fotógrafos. Avanzamos por el lugar, varías personas se volteaban a vernos, al reconocernos. Visualizamos a Emmett en una mesa VIP y nos dirigimos hacia él.

-Hola mis chicas.-Mi primo me abrazó con un brazo y con el otro tomó la cintura de Rose y le plantó un beso en los labios. Se veían tan felices juntos. De pronto me agarró una sensación de melancolía, yo nunca iba a tener a alguien que se alegrara de verme llegar, que me besara con ternura. Yo solo iba a tener un marido por contrato.

Un mozo irrumpió el momento, ofreciendo unos tragos. Sin dudarlo acepte uno, ¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba en el club de moda, rodeada de hombres que seguro babeaban por mí y me pongo a pensar bobadas? Necesitaba emborracharme, y duro.

-¿Algo interesante que me perdí en la seguro-aburrida-cena? Preguntó Emm, tomando de su copa.

Le envié una mirada de advertencia a Rose, había tenido suficiente de Edward Cullen por un solo día.

-No.- Contesté, solo un par de invitados de Londres. Rosalie no me contradijo, pero alzó una ceja, tendría que explicarme luego.-Pero no hablemos de las cenas de mi padre, vamos a bailar.- Me giré y sin esperar respuesta me dirigí a la pista.

El lugar era espectacular, los tragos no dejaban de llegar y la música invitaba a quedarse toda la noche en la pista. Más de un hombre pasó a mi lado e intento llamar mi atención. Baile con algunos, a otros no les di importancia. Hasta que un rostro familiar estuvo a centímetros del mío.

-¿No fui clara la otra vez?- Una de mis manos recorría su pecho.

-Creo que no me esmeré lo suficiente. Quisiera otra oportunidad.- Este bonito jugador de futbol con el que baile en la fiesta de mi cumpleaños, del cual no había aprendido el nombre, no sabía cómo era Isabella Swan.

-Creo que te confundiste. No doy segunda chances, además no me interesas cariño.- Le di un pequeño beso en sus labios y volví a dejarlo solo en la pista de baile.

Llegué a la barra y pedí otro trago, no estaba segura de cuantos llevaba, pero unos cuantos, tenía las ideas un poco desordenadas. Me senté en uno de los taburetes al lado de la barra y terminé de un solo golpe el trago. Estaba mirando cómo Emmett y Rose bailaban cuando el taburete del lado se corrió.

-Veo que sigues mis instrucciones al pie de la letra, nuestro matrimonio no será demasiado difícil.- Esa profunda y odiosa voz.

-¿A qué te refieres con "tus instrucciones"?- Traté de imitar su voz, pero ya se me enredaba bastante la lengua.

-Te dije que aprovecharas de tus últimas noches salvajes.- No me giré a verlo, quería tratar de ignorarlo.

-Salí a festejar porque YO quería, no porque tú lo digieras.- Me crucé de brazos. Muy bien Bella, tenías que ignorarlo, no actuar como una chiquilla, me reprendí a mí misma.

-No me importa por qué razón lo hiciste, y solo vine porque decidí cambiar ligeramente mi plan. Sería raro que mi hermana se comunicara contigo de la nada, a la prensa no le cerraría. Pero si nos ven juntos, y luego aparece mi hermana, mucho más entendible.

Ahora sí me giré a verlo. Tuve que achicar un poco mis ojos porque no podía enfocarlo bien.

-No llevamos ni un día comprometidos y ya te vi quiticientas veces, me estoy cansando de ti Cullen.- No sé porqué le dije eso, pero es que no controlaba del todo mi lengua.

Su mirada se volvió más dura.- No me importa si te agrado o si te cansas de mí. Yo no estoy mucho más contento que ti de todo esto, pero va a ser mejor para los dos si colaboras. Ya lo sabes, podemos hacerlo por las buenas o por las malas. Ahora empieza a fingir que te agrada verme.- miré disimuladamente para mi espalda y vi que mucha gente, incluidos Rose y Emm, estaban pendientes de nuestra charla

Solté un bufido pero compuse mi perfecta máscara, sonrisa coqueta y ojos seductores. Llevé una de mis manos a su brazo e incliné la cabeza. Era una foto perfecta. Con su mano corrió un mechón de mi frente y luego sonrió de costado y ¡que sonrisa! Hacía que su rostro se viera más joven y totalmente tentador. Sus ojos destilaban una invitación peligrosa, podía sentir el calor abandonar su cuerpo. Este hombre era peligroso, era un seductor nato.

-¿Cómo sabías donde estaba?- Aún estaba sonriendo y ahora mi mano estaba sobre la barra.

-No eres muy original para huir, estaba esperando mi coche cuando las vi salir, ahí fue cuando reconsideré mi plan y decidí seguirte.- Su sonrisa se volvió más peligrosa y su mano se posó sobre la mía. Una especie de corriente recorrió mi mano al sentir el contacto con su piel. Intenté serenar mi acelerado corazón. Necesitaba alejarme de ese hombre.

-Creo que ya hemos dado el espectáculo, necesito ir al tocador.- Iba a levantarme de mi taburete, pero cuando intenté pararme todos los tragos que llevaba encima hicieron efecto y casi aterrizo en el suelo. Edward me sujetó con un brazo y se paró.

-Creó que ahora si has dado el espectáculo.- Dijo con su voz fría, pero con una sonrisa en los labios. Este hombre era un excelente actor. Soltó mi brazo, pero sólo para tomar mi mano y depositar en el dorso de esta un beso.- Nos vemos en un mes.- Y sin más se fue.

Lo vi perderse entre la marea de gente y decidí volver al VIP. ¡Odio a ese hombre! Ni emborracharme en paz puedo.

Seguí tomando los tragos que me traía el mozo y para cuando Emmett y Rose volvieron de la pista estábamos los tres tan borrachos que nadie sacó el tema de Edward.

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Gracias por todos los Reviews :)

Tiny . Tiny . Love .