Chloe – Simplemente hermoso
Davis, a su lado, sonrió carraspeando ruidosamente para que ella se enterara. Chloe, divertida, se mordió el labio inferior. Sabía lo que significaba.
Una brisa fresca la obligó a subir un poco más la manta que la cubría, para protegerse mejor la garganta. Se encontraban estacionados frente a un mirador contemplando el atardecer en las montañas Canadienses, luego de que Davis decidiera tomar un recreo en la misión, como él lo llamó, y desviarse de la ruta principal para acceder a un punto turístico sugerido por una pareja de viajeros.
Estaban sentados sobre el capot de la camioneta. Chloe utilizaba de apoyo el parabrisas para darse mayor confort. Davis simplemente estaba sentado a su lado, descansando uno de los brazos sobre la rodilla de la pierna que tenía flexionada.
Davis – Quiero oírlo.
En el rostro de Chloe se dibujó una mueca de divertida culpa, la que ocultó con la manta – Quieres oír… ¿Qué?
Davis – Vamos, lo sabes. Viejita rezongona.
Chloe - ¿¡Queee! – con el puño cerrado le brindó una pequeña trompada en el hombro derecho - ¡Hecho el pibe! Pst!
Davis se movió levemente por el golpe sin dejar de sonreír. Esa pequeña mano realmente no podía provocarle daño alguno. – Sigues sin decirme.
Chloe – No tengo nada para decir. – le respondió rápidamente.
Davis – A ver, vamos a refrescar esa conveniente y volátil memoria tuya – le decía mientras le tocaba la frente con el dedo índice – Cuando te propuse este "desvío" tuve que escuchar diez minutos de quejas constantes y, durante todo el viaje, una lista de veinte razones del por que era un error… y ahora resulta que….
Chloe dejó escapar una risita aguda.
Davis - … ¿es simplemente hermoso? – la miró.
Chloe – Ok, ok, ok. No me será fácil decir esto, pero por una vez voy a dejar mi orgullo guardado en el bolsillo y … - hizo una pausa para tomar una bocanada de aire - Lo admito: tenías razón. – lo dijo rápidamente tal vez intentando que pasara desapercibido.
Él sonrió victorioso, desviando su mirada hacia el horizonte. Le había ganado la batalla.
Quedaron en silencio, relajando el cuerpo, los pensamientos, sólo contemplando el paisaje que tan generosamente se ofrecía ante ellos como una postal de tranquilidad, de armonía. Si algo necesitaban, era un momento de armonía, era un momento de no tomar precauciones por lo que dejaron atrás ni temer por lo que vendría. Y eso le brindaban las montañas, el sol escabulléndose entre ellas, entre los pinos, regalando su tibia luz anaranjada.
Sólo la voz de Chloe rompió el momento – ¡Pero sólo por esta vez!– y se cubrió rápidamente con la manta para reírse.
De un jalón Davis se la arrebató. - ¿No podías darme la razón y listo?
Chloe - ¡No! ¡No! ¡Que me dá frío!
Davis – No te mereces que te la devuelva – mientras se reía.
Chloe – Eh.. no es para tanto. En esta relación siempre yo tengo la última palabra. Es hora de que te vayas acostumbrando – y le quitó la manta para cubrirse.
Él se dispuso a acomodarse nuevamente para continuar disfrutando de la vista. Ella no pudo evitar observarlo. El atardecer estaba concluyendo, y la oscura luz anaranjada que los cubría enfatizaba cada rasgo en el masculino rostro de Davis. Los ojos se perdían tras la sombra que proyectaban sus espesas cejas y los hoyuelos que acompañaban la sonrisa dibujada en su rostro se le antojaban irresistibles. No era consciente de lo que su mirada transmitía. Pero Davis sí lo fue cuando giró y se encontró con ella.
Davis – Si tan sólo me dejaras... sé que te haría feliz, Chloe – la miraba, seria y profundamente.
Esas palabras simplemente impactaron contra ella, rompiendo el delicado muro que había construido entre la amiga salvadora y la mujer. Pero por alguna razón no le tomaban de sorpresa. Quizás siempre lo supo, o siempre lo quiso. Y no podía más que rendirse y darle la razón nuevamente. Por que por más que se lo negara, en lo profundo esa verdad se había formado desde el momento en que lo vio por primera vez, al salir de entre medio del humo y la gente confundida. Una vida llena de complicaciones pero plena. Una feliz complicación.
Chloe - Lo sé… - su expresión se suspendió, y con ella el resto de las palabras que se agolparon en su boca.
Davis- Pero… - sonrió con un dejo de dolor sin quitarle los ojos de encima – No puedes estar con alguien como yo.
Chloe – No dije eso.
Davis – Ibas a decirlo.
Chloe – Te equivocas. – le retrucó con dureza - ¿Crees que no soy consciente de lo terrible que deber haber sido todo este tiempo señalar a una persona y al despertar juntar sus pedazos? ¿Crees que no entiendo la desesperación que debes haber sentido al no saber lo que te pasaba y estar solo averiguándolo sin nadie en quien confiar? ¿Crees que no me dolió cuando decidiste quitarte la vida para acabar con esta pesadilla? – se incorporó en el capot para sentarse a su lado – Eres un rehén en esta historia, Davis. Y estoy contigo en esto, elijo estar contigo en esto, por que te … por que quiero liberarte…
Él le sonrió tímidamente, en sus ojos se dibujaba un dejo de alegría.
Chloe – Pero no puedo tomarme vacaciones. No aún. Tenemos una amenaza que detener ahí afuera.
Davis – No me olvido – y extendió una mano para acariciarle el rostro. Ella cerró los ojos ante el tibio contacto, para luego retirarle la mano de su mejilla y llevarle el brazo sobre los hombros para abrazarlo y hundir su rostro en la curva del cuello. Olía bien, muy bien.
Chloe suspiró – Y me gustaría tomarme vacaciones… realmente me gustaría.
Él suavemente se separó unos centímetros y giró el rostro para verla, para estar frente a frente. Ella acababa de expresarle un deseo y él necesitaba complacérselo. Acababa de darle la tregua que le pedía, y no podía dejarla pasar. Ella lo miró entreabriendo los labios. Estaba esperando por él.
Le tomó el mentón y la acercó a sus labios para depositarle un tímido beso, como si fuera el primero. Y luego otro, y otro, y otro hasta que ella lo aferró a su boca al tomarlo de la nunca brindando un silencioso permiso a la pasión. Él lo entendió a la perfección, y ella lo aprovechó totalmente.
Ninguno de los dos eran conscientes del entorno ni de como terminaría el momento. No percibieron que pequeños cambios se estaban dando en el paisaje a lo lejos. Algo se acercaba, estremeciendo el suelo en cada paso.
No oyeron nada hasta que fue demasiado tarde. Davis percibió uno de los temblores. Abrió sus ojos y lentamente se separó de los labios de Chloe. Algo estaba mal, muy mal. Lo sentía.
Davis -¿Pero que…?
Alguien lo tomó fuertemente del cuello, por la nuca y lo arrancó del capot, de los brazos de Chloe con gran violencia.
Ella lanzó un grito de horror quedando inmóvil. La bestia lo tenía. Davis no entendía nada, sólo el dolor de la opresión en su cuello y unas protuberancias óseas clavándose en sus hombros y rostro. Sólo atinó a tomar esa enorme mano que lo aferraba para intentar quitársela sin éxito alguno. Pudo comprender la gravedad de la situación al encontrar el terror en los ojos de Chloe.
Chloe - ¡Déjalo!
La bestia simplemente la miró y le rugió, como si estuviera riéndose de ella. Chloe notó que en la otra mano sostenía algo cargándolo en su espalda. Pronto lo averiguó cuando la bestia, en un rápido movimiento, arrojó un cadáver ensangrentado en frente de la camioneta.
Se asomó sin moverse demasiado. Temía por ella, temía por Davis. No entendía nada. Las lágrimas comenzaron a brotar y el horror se transformó en un dolor insoportable en su pecho cuando pudo reconocer, debajo de la sangre y de los moretones hinchados, quien era el infortunado.
Chloe – No…. no…¡Dios, no! – llevó una de las mano al estómago, apretándolo, mientras las lágrimas se desbordaban. El cadáver que yacía en el suelo era Clark. La bestia lo había matado.
Volvió en sí cuando escuchó la voz de Davis que entre quejas sordas le decía que huyera.
Chloe – No…
La bestia miró a su presa y luego a ella. Chloe tenía sus ojos desorbitados clavados en Davis, sin saber que hacer. El terror la había inmovilizado. El dolor le oprimía la garganta y no la dejaba hablar. Y la bestia parecía estar disfrutando del momento.
Volvió su atención a Davis y comenzó a cerrar lentamente la mano que lo sostenía del cuello, disfrutando de cada centímetro de vida que le quitaba. Él sólo atinó a mover las piernas en un acto reflejo de liberación. Su rostro había cambiado de color, de un rosa fuerte a un rojo morado. La presión era insoportable.
Chloe – No… por favor… - extendió una mano hacia la bestia, como una inservible súplica de misericordia - …lo amo.
Selló esa confesión un sonido seco que invadió cada rincón del paisaje y Davis no se movió más. En un rápido movimiento, casi despectivamente, la bestia arrojó su cadáver al lado del de Clark. Chloe siguió cada movimiento, como si buscara en el inmóvil cuerpo alguna señal de vida.
De la bestia comenzó a surgir un sonido gutural, parecían palabras – Chloe… - se acercó a ella hasta quedar en frente, cubriéndola con su sombra - ….mía
Chloe – No, no, no, no, no.
Se incorporó abruptamente y casi se golpea con uno de los bolsos que sobresalía de la luneta. Estaba confundida, sólo se percató de que estaba gritando cuando una persona que transitaba cerca del utilitario la miró con expresión de preocupación.
Chloe – Estoy bien, estoy bien…
Estaba agitada. Miró a su alrededor para posicionarse. Se encontraba en el asiento trasero de la camioneta. Lo recordó. Había decidido tomar una siesta mientras Davis conducía. Pero en eso momento no estaban en viaje. Observó afuera. Estaban estacionados delante de una habitación, una de las tantas con las que contaba el hotel. Parecía un hotel de carretera, y no uno muy caro.
Tomó su chaqueta y se bajó del vehículo. El aire fresco del exterior terminó de aclararla. Aún sentía la angustia en su pecho y le dolía la garganta por la fuerza que hizo al llorar. Tomó un pañuelo del bolsillo y se secó las mejillas. Todo había sido un sueño. ¡Que va! Una pesadilla, otra maldita pesadilla.
¡Demonios! Ya era la tercera vez que soñaba algo así con Davis… y no se refería precisamente al momento en que el sueño se convertía en un cuento de horror.
Por cierto, no había señales de Davis por ninguna dirección. Se alejó unos metros del utilitario para emprender la búsqueda, cuando lo oyó.
Davis - ¡Ey!
Ella prácticamente corrió a su encuentro, pero no precisamente para abrazarlo - ¿Puedes explicarme por que nos hemos detenido? ¿Y que demonios es este lugar?
Davis – ¡Wow!… la siesta no te asentó para nada
Chloe – No podemos detenernos ahora, no sabemos si nos buscan y…
Davis – Chloe, llevamos tres días viajando sin parar y, si observas bien, no es precisamente a mí al que le afecta este ritmo de vida.
Chloe - ¡Estoy perfecta!
Davis – Si, sobre todo por tu palidez extrema. La verdad, me encanta el tono de tu piel pero sólo cuando torna a rosado. Y tus ojeras… Chloe, necesitas una ducha caliente, una buena comida y una noche de sueño en una cama confortable.
Chloe – No, no lo necesito.
Davis –Sí, sí lo necesitas. No te lo dice tu protegido. Tómalo como que te lo dice tu médico. – y cortó la conversación, al tomar los bolsos del auto y entrar a la habitación.
Chloe no hizo más que seguirlo, no sin antes refunfuñar alguna palabrota por lo bajo. Se sentía enfurecida, pero no podía dejar de admitir que él tenía razón. Como en su sueño, tenía toda la maldita y puñetera razón.
A decisión de de Davis, en los siguientes días viajaban de día y al atardecer buscaban algún hotel de carretera, motel, hospedaje, lo que fuera para pasar la noche. Chloe no estaba de acuerdo, no del todo, pero lo aceptó.
Había pasado suficiente tiempo y kilómetros como para que el riesgo se viera reducido. Aún así, se mantenía atenta a las noticias constantemente. Cualquier señal de búsqueda y echaba mano a alguno de sus planes de escape, estuviera Davis de acuerdo o no, se lo recomendara "su médico personal" o no.
La mayoría de las noches se recostaban a descansar vestidos. Debían estar listos por si tenían que reaccionar ante alguna emergencia. Chloe no podía relajarse. A su criterio, mientras existiera alguna posibilidad de que los encontraran no estarían a salvo.
El ritmo de vida de los últimos días le estaba pasando factura. Las noches de sueño no eran precisamente reparadoras. Normalmente no podía conciliar el sueño, y si lo hacía, alguna pesadilla la despertaba abruptamente para dejarla sólo en compañía del insomnio. Pero aún así era mejor que estar viajando constantemente.
No podía evitar pensar una y otra vez en que sucedería si Clark los encontrara. Todo su esfuerzo por mantener la bestia bajo control se iría por la borda, y con el todas las personas que más amaba, todo el mundo… Davis. La desesperación, el temor, anidaban en su estómago y le subían por el pecho hasta destruirle la garganta, y no podía evitar llorar, como si esa fuera la única forma de dejar salir toda la tensión que estaba soportando.
No quería que Davis la descubriera. ¿Cómo podría ayudarlo si no la veía segura? Él tenía que percibir que todo estaba bajo control. Necesitaba que así fuera. Así lo mantendría fuerte, luchando contra todo lo inhumano en él.
Ella ignoraba que él era consciente de todo lo que le sucedía. De que la escuchaba dar vueltas en la cama, de que se mantenía en vigilia cuando ella dormía como si intentara ser el guardián de su descanso. No se percataba del dolor que él sentía cada vez que la oía llorar, ni del esfuerzo que estaba haciendo para evitar que se notara en su rostro todo el sufrimiento que tenía por estar día a día destruyendo a la mujer que amaba.
La situación no podía sostenerse por más tiempo. Por lo menos él no podría, no así. Si estaban construyendo algo entre ellos huyendo de esa manera, no podía basarse en secretos. Necesitaba sincerarse y tomar una decisión de cómo continuar, pero ¿Cuándo?
Esa noche el sueño se había convertido en un duende escurridizo y bromista para Chloe. Lograba dormir unos minutos para despertarse sobresaltada por cualquier sonido, el de un coche circulando lentamente para aparcar, alguna gota golpeando la ventana, el lamento del viento atravesando los cables.
Se incorporó lentamente para quedarse sentada en la cama, apoyándose en el respaldar. La luz que provenía del alumbrado exterior le daba suficiente claridad como para distinguir los elementos de la habitación. Miró a su izquierda. Davis dormía de espaldas a ella en la cama de al lado. Respiraba lentamente, suavemente.
Chloe – Por lo menos tú duermes… - se susurró a sí misma.
Recostó la cabeza contra el respaldar y suspiró. No pudo evitar recordar a Clark, a Lois, la primera vez en que vio a Davis, como había cambiado todo. Las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos y se desbordaron lentamente recorriéndole las mejillas. Todo estaba siendo más difícil de lo que había creído que sería. Dejar todo atrás, no saber como se darían las cosas o que debía hacer. Tenía tanto miedo, por primera vez en su vida el futuro estaba en blanco, una página a escribirse por completo sin tener la menor idea de cómo arrancar.
¿Y si no lograba ayudar a Davis? La bestia tomaría el control definitivo y Davis se iría para siempre y con él Clark y todo el mundo.
Las lágrimas se convirtieron en llanto. Un llanto mudo, contenido sólo por la almohada que ella misma apoyaba sobre su rostro.
Davis - ¿Chloe? – le tocó suavemente el hombro - ¿Estás bien?
Jaló de la almohada para quitársela y pudo confirmar que estaba llorando. Ella intentó vanamente salir de la cama, ocultarse de él. Pero no la dejó, la tomó de los hombros evitando que huyera.
Davis - Estás llorando… otra vez
Chloe – Sólo necesitaba descargar algo de tensiones – le decía entre sollozos - no pasa nada…
Él la soltó – Todo esto te está destruyendo, yo te estoy destruyendo…
Chloe – No Davis, no, tú no tienes la culpa. Yo…
Davis – Está bien si no quieres decirme lo que te sucede, pero día tras día veo como te consumes y ya no lo soporto. No puedo mantenerte a mi lado bajo estas condiciones - giró quedando casi de espaldas a ella. – En una semana llegamos a Alaska. De ahí continúo solo.
Chloe – Pero.. ¿¡que estás diciendo! – se incorporó violentamente de la cama y se arrodilló frente a él buscando desesperadamente sus ojos - ¿Te estás oyendo?
Davis – Desde que comenzó esta loca carrera lo vengo meditando, Chloe. - se detuvo unos segundos para tomar aire. La miró – Eres la persona que más amo en este mundo, no puedo hacerte esto.
Chloe – Davis, esto ya lo hablamos. Estamos juntos, te estoy ayudando…
Davis se incorporó. Su expresión cambió totalmente. La mirada se volvió opaca, como si la tristeza lo ocupara todo en su ser y endureciera cada rasgo del rostro – Chloe, no hace falta que lo sigas ocultando
Chloe estaba perpleja. No le entendía – ¿Ocultando? Pero, que…
Davis – Chloe, es hora de que seamos sinceros. Sé que haces esto para salvar a Clark. Sé que es sólo por él. – hizo una pausa.
Davis - Y no te lo estoy recriminando. – se alejó de ella cruzando los brazos sobre su pecho, tratando de contenerse. En todo su ser, en la voz podía notarse fácilmente el dolor que sentía – Pero, por favor, no me mientas más. No es necesario.
Chloe - ¿De donde sacaste eso? – no entendía por qué pero el temor la invadió.
Davis – No me preguntes como, pero te escuché hablando por teléfono …
Chloe cambió su expresión. Ahora estaba helada. Se alejó unos pasos. No podía llegar a entender que significaba todo esto ni que consecuencias tendría.
Chloe – Davis, no te confundas. Tú no sabes…
Davis – Chloe, creo que tengo las cosas más claras que tú. – la interrumpió con dureza mientras caminaba impaciente por la habitación, quizás tratando de calmar su nerviosismo – Te expuse demasiado, yo te empujé a esto… - comenzó a levantar la voz - en un momento creí que podía detener de alguna forma esta… esta cosa dentro mío sin tener que lastimar a alguien más. No me imaginé el sacrificio que implicaba para ti… te estoy lastimando.
Chloe – Davis, por favor… - se retiró unos pasos más de él – Escúchame. Tranquilízate.
Él giró y la vió completamente aterrorizada, alejándose de él.
Davis - ¿Chloe? – no podía creer lo que veía - ¡Por dios! ¿Me tienes miedo? – sintió como algo se rompía por dentro.
Davis – Puedo tolerar que todo esto lo hagas por Clark, por Jimmy o por quien quieras – se acercó unos pasos a ella deteniéndose sólo cuando se percató de que la incomodaba – Es más, puedo tolerar que quieras ocultármelo, pero ¿Qué no seas sincera por que me tienes miedo?
Chloe – No es así. Yo quería evitar esto. – titubeó - No ganamos nada discutiendo entre nosotros. Yo..
Davis – Chloe ¡ME TIENES MIEDO!
Chloe – No Davis… yo sólo – no quería reconocerlo, pero todo su cuerpo la delataba completamente.
Davis - ¡Por dios, Chloe!¡Soy el mismo Davis de siempre! ¡En el que confiaste sobre tu prometido, sobre tu propio mejor amigo! – se pasó las manos por la cabeza, se sentía desesperado. No sólo la estaba destruyendo con su infierno sino que ella le había estado mintiendo por que le temía. Era peor descubrir esta verdad que cargar con la maldición que sus padres le habían heredado.
Davis – Yo… yo… - se movía inquieto - necesito estar solo – tomó la campera que estaba sobre el sillón.
Chloe - ¡No, Davis! No te vayas… espera, estás confundiendo todo…
Abrió la puerta. Afuera no paraba de lloviznar y el frío se colaba en cada gota. – Por favor, no me sigas. – y se marchó tras un portazo.
Chloe se quedo inmóvil. No sabía que hacer, que pensar. Si hacía caso a sus instintos, en ese momento tenía que estar tras él. Pero decidió respetar el criterio de Davis. Quizás presionarlo sólo sería peor.
Se rodeó el cuerpo con los brazos, como queriendo auto contenerse. Sintió las piernas comenzar a aflojarse. ¿Qué acababa de pasar?
Hizo unos pasos hacia atrás para caer sentada sobre la cama. Él la había escuchado, y no sabía que significaba eso. ¿Acaso la espiaba? Si era así, sólo oyó las razones que le daba a Clark, las razones que tenía en claro en ese momento. Todo se había dado tan rápido que no pudo llegar a admitir lo que pasaba en su interior.
Sí, lo hacía por Clark, pero más lo hacía por él. Verdaderamente quería salvarlo, sacarlo del medio de una maldita guerra kriptoniana, darle una vida normal… pero no sabía como. ¿Por qué demonios no se lo dijo? ¿Por qué no quería reconocer lo que estaba sintiendo?
Se echó a la cama. Las lágrimas comenzaron a brotar nuevamente. Esta vez no ahogó su llanto en la almohada. Esta vez simplemente lo dejó salir.
Chloe levantó la vista para tomar el móvil que yacía sobre la mesa de noche de su cama. Oprimió el botón de encendido. La pantalla luminosa le arrojó la hora: 3:21 a.m. Era la quinta vez que lo revisaba.
Ya habían pasado tres horas desde que Davis se había marchado. No le quedaban más lágrimas. Tenía los ojos hinchados y el rostro enrojecido en torno a ellos. Los cabellos levemente revueltos completaban su terrible estado.
Estaba aterrorizada, sumamente impaciente. ¿Dónde demonios se había metido Davis? Sólo rogaba que no hiciera nada, que volviera a ella ni bien la bestia quisiera salir. Que no se rindiera, no ahora.
Tras ella escuchó el sonido de llaves sobre una puerta. Era Davis.
Rápidamente encendió la luz del velador y se incorporó.
Davis estaba empapado. Se quedó de pie, mirándola. El dolor era la única emoción que le daba expresión a su rostro.
Ella lo revisó de pies a cabeza, buscando algún rastro de sangre, rogando que hubiera sido juicioso al contenerse. Por suerte, no encontró nada. Sólo los ojos de él, cargados de angustia.
Chloe - ¡Nunca más vuelvas a hacerme esto! – le reprendió con dureza.
Él sólo suspiró y quedó mirándola, sin cambiar su expresión.
Al tenerlo frente, sano y salvo, totalmente desprotegido, vio al Davis que conoció aquella tarde en medio del humo y la gente gritando, al que acudió a ella por primera vez aterrorizado de lo que suponía que era, vio al hombre que hizo tambalear el delicado mundo normal que quería construir con Jimmy. Vio al hombre que siempre estuvo detrás de toda esa pesadilla que lo tenía prisionero. Vio al hombre.
Y en cada segundo que transcurría más difícil se le hacía mantener su postura.
No pudo más, relajó su expresión y corrió a abrazarlo, hundiendo su rostro en el helado y húmedo pecho de Davis.
Él la rodeó con los brazos y apoyó su mejilla contra los revueltos cabellos de Chloe cerrando los ojos. Y así quedaron un minuto, dos, cinco… nadie los contaba.
Chloe – Tenía tanto miedo de que te hubieras rendido – su voz se escuchaba apagada en el pecho. Alzó el rostro para verlo – Si él gana te pierdo, ¿entiendes?
Él la miraba, seria, profundamente. Quería creerle.
Davis – Clark..
Chloe – También pierdo a Clark. Pero te pierdo primero a tí. Por favor, no me hagas esto…
Él le acarició el cabello intentando peinarlo con los dedos.
Davis – Es sólo por ti que estoy luchando. Pero no puedo arrastrarte más en mi infierno. Debes buscar otra forma de salvar a Clark. No puedes quedarte conmigo, no si me temes.
Chloe - ¡No te temo! – le tomó el rostro con ambas manos – Escucha bien: no-te-te-mo. Estoy aterrorizada por todo lo que nos pasa ¿no entiendes? Por que no sé más por donde buscar para encontrar la forma de liberarte, de ayudarte. - suspiró - ¿Cómo quieres que te lo dijera sin quitarte esperanzas? Lo que me escuchaste decirle a Clark, sólo es una de las razones por la que hago esto.
Davis la miraba. Quería creerle, realmente quería creerle. Y sus ojos no lo disimulaban.
Chloe – Puedes creerme o no. Sólo el tiempo va a darme la razón. Pero hasta que lo averigües, sólo quédate conmigo.- su voz era suave.
Él suspiró.
Chloe - ¿Te quedarías conmigo?
Conocía esa pregunta. Él se la había hecho primero y así comenzó esta loca carrera. Se alejó unos pasos, y se quitó la mojada campera dejándola en el suelo. Luego la tomó de los hombros y la llevó contra su cuerpo, para abrazarla fuertemente, hundiéndole su rostro en la curva del cuello. Sólo cuando ella le correspondió en el abrazo no se contuvo más y dejó escapar su dolor en forma de lágrimas. Era su manera de decirle "me quedo".
