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"My Sweet Bodyguard"
Por Sakki-chan
Capítulo 1
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"Era una mujer excepcional, con sentimientos puros, corazón honesto y bondadoso…"
Shaoran contuvo el impulso de interrumpir al sacerdote que ahora estaba incurriendo a una de las más grandes faltas en el mundo religioso.
No mentir.
Y es que, exactamente corazón puro y bondadoso no eran las palabras que hubiera escogido para describir a la fuente de su constante amargura durante los últimos meses.
Igual, había algo que le había impedido perderse el velorio de la anciana, incluso si ésta hubiera sido más molesta que un grano en el trasero. Bueno, si era honesto, Eriol una vez más, había sido quien lo obligó a asistir, no que necesitara mucha insistencia. Aunque prefería no recordarla en sus peores momentos, había algo trágico en la forma en que la anciana había muerto, algo que lo enfurecía.
La anciana, de una manera u otra, había estado en lo cierto. Alguien estaba detrás de ella. ¿Quién? Shaoran no se atrevía a adivinar. Todos habían sido cuestionados, todos a quienes, de una manera u otra, se habían sentido perjudicados por los cambios de ánimos y las hemorroides de la anciana.
La lista, lamentablemente para los detectives detrás del caso, no era una corta.
Pero por muy sádica que hubiera sido, nadie merecía morir así.
Tomoyo, por supuesto, había sido la más interrogada. El altercado reciente con Kinomoto la había colocado como sospechosa número uno, pero que después fue descartada debido a que tanto como su esposo, y él mismo, le habían proveído de una coartada sólida.
Por supuesto, Fujitaka Kinomoto estaba furioso. Cuando se enteró del fallecimiento de su madre, lo único que había sabido hacer era estampar sus puños en la cosa más cercana.
Lamentablemente para Eriol, ésa había sido su quijada.
Vaya lío.
No sabía si por un golpe de suerte, o de mala fortuna, había intercambiado su turno con Chiharu, quien, todavía no era liberada por la policía con todos sus cuestionamientos.
24 horas habían pasado desde el fallecimiento de la anciana, quien, para seguir con lo que había sido su estilo de vida, se la puso difícil a todos.
No que Eriol no se mereciera el golpe, por supuesto. Él mismo se lo habría dado, de no ser por todos los recientes eventos.
"¿Podrías dejar de lucir tan satisfecho, Shaoran?" La irritación nunca formaba parte del tono de voz de su mejor amigo. Al menos, no hasta ahora. Y bueno, no pudo evitar, sentirse satisfecho.
"¿Qué harás con Kinomoto? ¿Presentarás cargos? Seguramente le puedes sacar un buen pedazo. Aún puedes presentarte para que tomen… la evidencia,"
Eriol lo miró con el ceño fruncido, y habló en voz baja, para no interrumpir lo que sea que estaba diciendo el anciano sacerdote.
"¿Estás loco? Tengo suerte de que no me hayan cogido preso o algo así. ¿Sabes el poder que tiene ese tío? Era nuestra labor cuidar de la anciana, y mira dónde estamos," Como si faltara a lo obvio, sacudió las manos hacia el ataúd, que ahora estaba rodeado de gente que decía el último adiós.
"¿Y qué? ¿Te quedarás sin hacer nada? El hombre casi te tumba todos los dientes,"
Eriol suspiró. "Se disculpó, Shaoran. Ahora, ¿puedes dejarme en paz?"
Shaoran lo miró ceñudo. "¿Desde cuándo te has vuelto un mandarina? ¿Tomoyo te viste con esas ropitas que hace?"
Pero Eriol sólo se masajeó las sienes. "Si ser mandarina es temerle a la cantidad de dinero que tiene ese hombre, pues bien, soy mandarina. Y tutti fruti,"
Shaoran hundió sus manos en los bolsillos de su traje. Si había alguna indicación de cuánto poder tenía Fujitaka, no recordaba haber visto tanta gente en un velorio desde la muerte de… Ah. No recordaba haber visto tanta gente en un velorio, y punto.
"Además, me recompensó. Firmó un nuevo contrato con nosotros,"
Ante eso, Shaoran tuvo que mirarlo perplejo. "¿Qué?"
"Quiere que resguardemos a toda su familia, 24/7. El peligro puede no haber pasado,"
No pudo evitar dejar caer la mandíbula al piso. "¿Qué?"
"A ti tocará la hija menor,"
"¿Qué?"
"Dicen que es un poco… complicada,"
"¿Qué?"
"Es algo rara. No le gusta que la toquen, y tú sabes que eso, en nuestra profesión, viene en combo,"
"¿Qué?"
Eriol entrecerró la mirada. "Ya, viejo, en serio. ¿Eres o te haces?"
Shaoran apretó la mandíbula. "No puedo creer que estés haciendo esto, Eriol. El hombre casi te manda al hospital, y tú, aún así, vas como perrito detrás de su fajo de dinero. Me das asco."
Eriol lo miró con seriedad. "¿Quién dice que eres mi sabor favorito? 'Mírenme, mírenme, no puedo con una viejita. Me hizo sobajearle los callos, pobrecito de mí'… Eres un debilucho y tú también me das asco,"
Eriol en verdad pedía que lo golpearan, ¿no? Ahora no culpaba a Kinomoto.
"No te puedo dar asco, porque tú me das asco primero."
"No, tú me das asco."
"Tú,"
"Tú,"
"Tú,"
Tomoyo, quien había estado absorta, seguramente en sus cavilaciones y en lo arrepentida que se encontraba de haber maltratado verbalmente a una anciana en sus últimos días, volteó.
"¿Pueden callarse ustedes dos? Los dos me dan asco,"
Pero Eriol y Shaoran la ignoraron. "Además, creo que había dicho cuán firmemente me sentía sobre ya no trabajar para ti,"
"Pensé que era por Kinomoto. Y como puedes ver, el problema ya está muerto y enterrado…" La frase, pronunciada más alto de lo normal, atrajo la mirada de todos quienes los rodeaban, que seguramente no apreciaban el humor negro de la situación.
"Y prometiste darme un bono. Quiero mi bono."
"¿Para qué? ¿Para ir al bar y gastártelo todo en trago? ¿Crees que no te conozco, Li?"
"¡Sea lo que sea para lo que me lo gaste! Es mi bono,"
"Si ya no sigues trabajando para mí, puedes besar el bono en el…"
Pero Tomoyo estaba lívida. "¡Eriol! ¿Quieres callarte? Me parece un lugar, muy, muy insensible para discutir asuntos como éste. Shaoran, sabes que no tienes otro trabajo. Eriol, sabes que no tienes otro lunático que trabaje para ti. Así, que, por qué no maduran un poquito. Shaoran, vas a tener tu maldito bono. Eriol, vas a tener a tu maldito guardaespaldas. Caso cerrado,"
"¡Hey!" Soltaron en unísono, aunque sabían que era cierto.
Pero una vez más, los curiosos los censuraron con la mirada.
"¿No dijiste que no eras mandarina?" Soltó Shaoran con sarcasmo, cruzándose de brazos.
Eriol le envió una daga mental.
Y ese fue todo el asunto.
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"¡Pero papá!" Prorrumpieron los dos hijos de Fujitaka Kinomoto en unísono, para variar.
Pero su padre se mostró impasible, mientras abrazaba a la que había sido su esposa por casi treinta años. En su cara se podía ver el agotamiento, el dolor, el sufrimiento.
Había amado a su madre y le resultaba extraño que no estuviera aquí para aconsejarlo, como siempre había estado, desde que su propio padre había fallecido cuando él era un infante.
Su madre había sido un eje central en su educación. Lo era incluso ahora. Y perderla… era más doloroso de lo que había anticipado. Pero ahora toda la familia corría peligro, y estaba seguro que no podría soportar otra pérdida.
Fujitaka miró el rostro compungido de Nadeshiko, quien en realidad había sido la de la idea.
Miró los rostros exaltados de sus hijos, quienes, como su propia madre alguna vez, ahora se oponían a resguardo. Su madre, había dicho que era una ridiculez y un dinero echado a la basura. Que ella podía cuidarse sola.
Pero no había resultado así.
Ahora, reunidos en el despacho de la mansión que siempre había pertenecido a su familia, tomó su decisión.
"Tendrán resguardo, todo el día, todos los días. Punto final,"
La mandíbula de los dos jóvenes cayó abierta, pero fue Touya quien se recuperó primero.
"Papá. Entiendo lo que pasó con mi abuela, puedo comprenderlo. Lo que no comprendo es cómo quieres que nuestra seguridad sea por estos mismos zoquetes buenos para nada…"
Fujitaka lo interrumpió. "Es una solución a prueba. Necesitamos protección y otra compañía no conoce a la familia, lo cual nos deja en desventaja. Además, no creo que a Hiiragizawa, el dueño, le queden más ganas de fallar en su trabajo," La amenaza estaba implícita. Y esta vez le golpearía donde más le dolía. El bolsillo.
"Papá, ¿cómo vamos a pretender que somos gente normal, si tenemos treinta gorilas atrás de nosotros? ¿No crees que eso sólo llamaría más la atención?" Continuó Touya, seguramente con la pila de excusas que tenía en reserva.
Fujitaka iba a contestarle, esta vez con cansancio, pero fue Nadeshiko quien lo interrumpió.
"Touya, hijo. Piensa un poco por favor. Si tu mayor preocupación está en cómo irás a la oficina, que, nos pertenece, nadie dirá nada. Ahora, si te preocupan tus citas…" Se encogió de hombros.
Touya sólo se sonrojó y eso fue lo último que dijo del asunto.
"Además, hemos arreglado un resguardo discreto. Una persona contigo todo el tiempo, un grupo dentro de una van afuera. No será una gran imposición, ¿verdad cariño?" Por primera vez Nadeshiko lo miró expectante.
"No,"
Nadeshiko miró a su hija menor. "¿Sakura? ¿Algo que quieras acotar?"
Pero la joven sólo bajó la cabeza.
"No, madre. ¿Puedo retirarme?"
Fujitaka y Nadeshiko se miraron con preocupación ante su partida. La vieron agarrarse sus sienes y supieron que pasaría el resto del día escondida en la soledad de su habitación.
Tanto Sakura mayor como Sakura joven siempre habían sido especiales, mucho más de lo evidente y Nadeshiko a veces se preguntaba si eso venía con el nombre.
O tal vez, con la testarudez.
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La cabeza le latía. Literalmente.
Su viaje había sido interrumpido por la horrenda noticia de que su abuela, había sido asesinada. Asesinada. Dios, qué horrible palabra.
No, en general no había sido una buena semana.
Y gracias a la paranoia de sus padres, no sería mucho mejor.
Bueno, no exactamente paranoia, porque estaban en lo cierto. El peligro estaba latente.
Suspiró, mientras había su habitación. Era sencilla, donde el blanco, que siempre le traía algo de paz mental, cubría cada superficie.
Spinel, o Spy, como siempre le había apodado, la recibió enrollándose en su pierna.
El gato siempre había sido muy meloso, y normalmente eso iba en desacuerdo a su política personal, pero había algo extraño en él. Sakura suspiró, deshaciéndose de los tacones que la estaban matando.
Mejor dicho, había algo extraño en ella, no al revés. Sólo que no reaccionaba ante el toque del gato. Su tacto siempre había sido muy sensible, sólo por el hecho de que no únicamente traía sensaciones, sino que también… traía consigo sabores. Sabores que explotaban en su boca, una y otra y otra vez…
Pero eso ya no era nada raro ni para ella ni para su familia. Lo caliente le recordaba al té, lo frío a helado de vainilla, lo suave, como la seda, traía consigo una explosión de cerezas, mientras que lo áspero, como la piedra pómez le dejaba un sabor amargo.
Sin embargo, no era en las superficies inanimadas con las que se veía en dificultades.
El problema venía con las personas. Y los animales.
Cada uno tenía un sabor distinto, y su idea de pesadilla era estar sentada dándole la mano a toda la junta directiva de su padre. O recibir condolencias por más de mil extraños.
Cada uno, con su sabor peculiar y cuando el toque se daba muy seguido… los sabores se mezclaban, provocándole náuseas.
Se sacó los guantes, mientras observaba sus manos. Su abuela siempre había insistido en que era una bendición. Que era un talento, algo que debía cultivarse.
Pero ella nunca había querido conocer las esencias de las personas, ni mucho menos degustarlas. Su abuela, por otro lado, había encontrado placer en ello.
Una persona con furia almacenada, ella había insistido, sabía a limón. Por otro lado, los niños, eran una explosión de dulces.
Ah.
Su abuela era alguien especial.
¿Quién dijo que sería fácil verla partir?
Lágrimas se cargaron en sus ojos, porque en realidad nadie sabía exactamente lo que podía hacer, lo cual sólo lo hacía más difícil.
Y si, quizás, lo único que pudiera hacer es percibir sabores… su vida sería más fácil.
Pero eso era sólo una parte.
"Sakura,"
El pensamiento le llegó con rapidez, tal y como siempre, incompleto.
Su cabeza comenzó a latir otra vez.
"Preocupada,"
Ésa era su madre. Desde la cocina.
En serio estaba torcida, ¿no? Era enfermo que no sólo pudiera conocer a las personas y su estado de ánimo, sino que también, era como una radio mal sintonizada. Podía escuchar ciertos pensamientos, algunos con más fuerza que otros, lo que la dejaba con frecuencia, cansada.
Y tener a una persona todo el tiempo, junto a ella, podía resultar… extenuante, por decir lo mínimo.
Tenía que buscar una forma de deshacerse del molesto guardaespaldas, y rápido.
Si no, ¿cómo iba a averiguar quién se encontraba detrás de la muerte de su abuela?
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"Esto es ridículo e innecesario. Ya sabes cómo los guantes me dan calor y me hacen sudar las manos,"
Eriol apretó los dientes mientras se sentaba en su silla e inspiraba por la milésima vez en la tarde.
Shaoran sonrió maliciosamente. "En serio, Eriol. No sabía que tenías un fetiche con los guantes. Ni que te habías cambiado de equipo,"
'Dame paciencia. Dame paciencia. Dame paciencia, o ayúdame a eliminar la evidencia' Suplicó internamente Eriol a una fuerza superior que seguramente se estaba riendo de él en este momento.
"Es una cláusula del contrato, Shaoran. Guantes puestos todo el tiempo. Ni siquiera pensar en tocarla. Así que por favor, no quiero oír más del tema, no ahora ni en el par de días que vas a durar con la chica."
Shaoran frunció el ceño. "¿De qué diablos estás hablando?"
"La chica Kinomoto. Apuesto que no duras ni un día."
Shaoran bufó. "Si es tan fácil como la abuela, entonces… pan comido."
Eriol entrecerró la mirada. "Te recuerdo que renunciaste por culpa de la abuela… Así que, quinientos a que no duras ni dos días. ¿Y qué haces aquí? Ya deberías estar allá, ¿no? Los demás ya se fueron."
"Sólo quería hacer algo."
Eriol lo miró con desconfianza.
"¿Qué?"
Lo vio sacar una cámara del bolsillo. Y tomar una foto a su cara, despistada.
"Quería un recuerdo del lindo ojo morado. Así, para cuando quiera darte uno, me acuerde de que el púrpura definitivamente es tu color,"
A pesar de todo, Eriol prorrumpió en una carcajada. "Qué gay, Shaoran."
"Un conejo le dijo a otro… orejón. ¿Te suena?" Dijo él con una sonrisa maliciosa.
"Uhm… no. Lo que sí me suena es que tu culo va a parar a la calle si no te vas en este momento. ¿Familiar?"
Shaoran levantó un brazo como signo de saludo militar. "¡Sí, sí, capitán!"
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Shaoran tenía que recordarse, una vez más por qué no dejaba este trabajo perruño.
Quizás, si rogaba a Meiling para que lo volviera a coger bajo su ala… Pero no. Él tenía dignidad.
O al menos eso creía.
Además, la vieja Kinomoto era una cosa del pasado.
Nada ni nadie podría ser tan insoportable, ¿verdad?
Aparcó su Toyota Corolla después de dar las respectivas identificaciones a los guardias apostados en la garita, sintiendo algo parecido a deja vú.
La casa, si se la podía llamar de esa manera, era una fortaleza.
El pensamiento que alguien pudiera quebrantar la cantidad de seguridades que él mismo había chequeado estaba fuera de su entendimiento. Por supuesto, después de los hechos recientes… no estaba tan seguro.
Miró a los guantes que ahora estaban en sus manos con desprecio. Dios, en serio odiaba los guantes.
No era necesario que toque el timbre, porque el mismo anciano afable que se había compadecido de su dolor durante los últimos dos meses, le abrió con una triste sonrisa.
"Sr. Li," Saludó, mientras había algo que Shaoran no podía detectar detrás de su expresión.
"Wei. ¿Cómo va todo?" Asintió, mientras dejaba que el ambiente reservado de la mansión Kinomoto una vez más lo absorbiera.
"No tan bien, lamento decirle. Toda la familia aún se encuentra acongojada por la pérdida,"
Y no le sorprendería que él también. Le había resultado bastante obvio que el anciano mayordomo había estado enamorado de la anciana Li.
Lo cual desafiaba toda lógica. Quizás el hombre no había visto las hemorroides. O no la había visto recién levantada. Eso seguramente lo habría curado con rapidez.
Y ahora no estaría usando esa expresión sombría.
Pero ese no era su asunto, así que…
"Sí, lo sé. Por eso estoy aquí. ¿Ya llegaron mis compañeros?"
El anciano asintió. "Cada uno se encuentra con el miembro de la familia a quien le toca resguardar."
Maldita impuntualidad. "¿Dónde se encontrará la señorita Kinomoto?"
Wei frunció el ceño. "Ella se encuentra ocupada en este momento,"
"¿Ocupada?"
"Está en la piscina."
"¿No le dijeron que nosotros veníamos?"
Wei asintió. "No creo que le moleste que la interrumpamos. La Srta. Sakura es muy buena persona," El hombre comenzó a caminar con paso eficiente.
Shaoran vio una oportunidad. Batió los dedos en frente del mayordomo. "¿Algo extraño acerca de ella?"
Wei levantó las cejas. "No le gusta que la toquen. Para nada,"
"¿Y eso se debe a…?"
"Quizás deba preguntárselo a ella misma,"
Traducción: Deja de fisgonear.
Shaoran se tragó todas las preguntas que tenía al respecto y resistió el impulso de mandar los guantes a volar.
Loca gente con dinero.
En serio.
Escuchó el sonido del agua contra el agua, y no mucho después vio a una figura nadar hacia el fin de la casi olímpica piscina que tenían.
Y qué figura.
Su mandíbula se desencajó cuando ésta subió por la escalerilla, para tomar una de las toallas que se encontraban esperándola.
Nunca había querido ser tanto una toalla.
"Es…¿ella?" Preguntó con incredulidad.
"Sí."
No. Imposible. Nada podía ser tan bueno como eso.
Nada.
En serio. No sólo era alta como una súper modelo, sino que también tenía la cara y el cuerpo para serlo.
Con vergüenza, sintió su cuerpo reaccionar de manera abrupta al verla secarse.
Wei se acercó primero. "Srta. Sakura, el Sr. Li…"
Pero Shaoran se desconectó por completo de la conversación. Lo único que podía mirar era esos ojos que a su vez, lo observaban con desconcierto.
Quiso deslizar sus manos por…
Espera, espera un momento.
Shaoran miró sus manos.
¿Cuál, cuál era la única regla que Eriol le había impuesto?
Prohibido tocar.
"Sr. Li…"
Para Shaoran era como estar sumergido en el fondo de la piscina y lo único que podía hacer era tragar agua…
"Sr. Li…"
Deja de ver mis senos, pervertido.
Shaoran parpadeó.
Ése, definitivamente no había sido un pensamiento suyo.
Levantó su mirada de dicha parte de la anatomía de su –futura- cliente para encontrarse con unos ojos verdes que lo observaban con furia.
"¿Habla o es que acaso el Sr. Li es mudo, Wei?"
Shaoran frunció el ceño y con deliberada lentitud se removió uno a uno los guantes que lo asfixiaban. Al diablo con la princesita.
Si era tan exigente como lo había sido su abuela, entonces esto no tenía sentido alguno. Ya podía darlo por seguro que tendría que encontrar otro trabajo.
"No, no soy mudo. Ni tampoco soy contagioso para utilizar estos ridículos guantes cuando estamos en verano." Le extendió la mano a la atónita joven, que sólo abrió la boca. "Shaoran Li."
Nunca le habían respondido.
Nunca.
Wei aclaró la garganta. "A la Srta. Sakura no le gusta que la toquen,"
Pero ella extendió su mano. "Sakura Kinomoto. Wei, puedes retirarte."
Sin otra palabra más, el anciano regresó por donde habían venido. Las manos se mantuvieron agarradas mucho más de lo que dictaba la simple cortesía. Shaoran miró con extrañeza los pequeños dedos que tocaban los suyos, que tenían cicatrices y callos por todo el tiempo que pasaba entrenando.
"Sólo quiero aclararle una cosa, Li. No le quiero aquí. Me estorba. Y haré todo lo posible, e imposible para que salga de mi vida lo más pronto. Así que, si es sabio, partirá en este momento y no dirá nada sobre mí. ¿Entiende?"
Seguramente el acto de reina superpoderosa normalmente le funcionaba bien. Y de hecho, era bastante creíble. Pero Shaoran no había pasado por una formación militar para dejarse vencer por una niñata malcriada.
"Lamentablemente para usted, princesa, no me considero sabio."
Las mejillas de ella se encendieron un brillante rojo escarlata y sus ojos se encendieron al reto. Soltó su mano como si el toque le resultara ofensivo, mientras se daba media vuelta.
Eso lo veremos.
Raro.
La voz fue tan clara, como si le hubiera hablado, pero estaba seguro que no lo había hecho.
Pero fuera porque se estaba volviendo loco, o porque ya estaba loco, no pudo estar más de acuerdo.
Notas de Autora:
Hola a todas! Les mando un saludo muy grande y un abrazo muy fuerte. Gracias por recibirme con los brazos abiertos como lo hicieron. Nunca pensé que tantas personas escribirían para darme su apoyo. En verdad, lo aprecio en el alma.
Este cap fue un poco conflictivo para mí escribirlo, porque es el que le daba la línea que seguiría… Espero que les haya gustado.
Estoy un poco corta de tiempo, porque tengo exámenes, así que tengo que dejarlos, siempre esperando leer sus comentarios.
Tengo un anuncio que hacer… la Srta. Jannys117, o Jannys, será mi beta-reader. Ella fue la primera que se ofreció en hacerlo, por lo que le estoy extremadamente agradecida. A todas las que muy amablemente se colocaron a mi disposición, tendrán un regalito extra que todavía falta de definir… creo, que por ahí tengo una historia a la que muchos pidieron epílogo… ¿My World, creo que se llama? ;)
En fin, me tengo que despedir, por favor, dejen sus comentarios…
Las veré pronto!
Sakki.
