Disclaimer: Ni los derechos de la serie Inuyasha ni sus personajes son de mi propiedad. Son de Takahashi Rumiko. Todos los derechos reservados.
Advertencia: La historia contiene situaciones violentas y ofensivas para menores de trece años; lean bajo su propia responsabilidad. K+
Pairing: Sesshoumaru /Oc, Sesshoumaru /Rin (Implícito)
¿NOS CONOCEMOS?
Por Istharneko.
Capítulo 2. ¿Casualidad o destino?
Susuki no cesaba en tener aquellas pesadillas desde hacía varios meses, comenzaba a sentirse alejada de todo y todos y su mente estaba convencida de aquello iba más allá de la simple locura. Ese hombre de sus sueños se le hacía tan real y misterioso y además de aquellos lobos que la perseguían y al final la mataban. Necesitaba ya despertar y dejar de sentir todo eso. Sentimientos de temor, de angustia e incluso de amor se habían cruzado por su mente. Por más que lo deseara no entendía nada, y quizás nunca comprendería nada de eso. Lo único que sabía era que se estaba volviendo medio loca...
- ¿Estás bien, Susu-chan? -Le preguntó su compañera de al lado con cara de preocupación. Susuki no se dio cuenta que la llamaba hasta que la otra chica elevó el tono.- ¡ Susuki – san!
- ¡¿Eh!? -dijo ella despertando sorpresivamente de su irrealidad-. ¡Oh!¡ Kimura-san lo siento, no te escuché!
-Vale Susuki pero estás rarísima, tendrías que ir a la enfermería. –Le recriminó una chica de negro cabello y profundos ojos marrones–. Te digo muy enserio que nunca te vi así...
Susuki omitió esto último y volvió a sus pensamientos, de pesadillas y recuerdos que la atormentaban sin siquiera saber su significado. Las horas pasaban con aburridas nociones de matemáticas, lengua y ciencias, pero a ella no parecía importarle, seguía con sus pesares. Desde siempre había sido retraída para los estudios, pero ahora pasaba olímpicamente de todas y cada una de las palabras que llegaban a sus oídos.
La cuarta hora de clases llegó, el tutor del grupo entró en clase y comenzó a hablar de las salidas de aquél trimestre y otros temas referentes aquello. La muchacha de nuevo se encontraba en estado de ensimismamiento hasta que dijo aquello:
-... y con razón de la clase de historia, habrá una salida al templo Sintoísta Higurashi, el día 2 de Mayo por la tarde. Debéis darle las gracias a vuestra compañera, Taishou Rin por la oferta de sus padres para visitarlo. Se rebajará...
El profesor siguió hablando, pero la chica no le hizo caso, sólo giró a mirar a la nombrada joven. Era una muchacha muy bonita, su cabello era negro y largo recogido en una coleta alta y sus ojos de un tono miel. Era popular, la gente la miraba mucho y más los chicos. Era la envidia de muchas y también muchos. Era muy sincera y siempre decía lo que pensaba, por lo que Susuki le tenía mucho respeto.
A Susuki no la miraban tanto, pero cómo era tan simpática le caía bien a todo el mundo. Pero si bien esa simpatía de la que hacía gala, era una máscara que ocultaba muchísimas cosas, entre ellas quizás falsedad y poco coraje.
La clase acabó sin ningún contratiempo y todos salieron del aula hablando de lo que harían el fin de semana, sin embargo la joven se quedó mirando por la ventana con la vista perdida en un punto inconexo, pensando de nuevo en sus cosas tal cómo hacía siempre...
Los días pasaron hasta que llegó el dos de mayo.
Esa tarde el sol brillaba y ninguna nube se interponía en el hermoso cielo azul, incluso hacía un poco de calor, raro en esa época del año. Casi todos traían caras sonrientes, dispuestos a pasarlo bien esa tarde, ya que pocas veces salían de excursión. Susuki estaba algo intranquila ese día. Los sueños la volvían a atormentar desde hacía varías noches, incluso había pasado varias noches en vela intentando que aquellas visiones no volvieran a su cabeza, y aunque ciertamente lo había conseguido, el precio de no dormir era el hondo cansancio que se notaba en sus ojeras y en que ni siquiera rendía en sus estudios. Aunque esto ya era un hecho desde hacía meses, y casi todo el mundo lo estaba notando; la que más bien lo sabía era su tía, que casi no entendía que le ocurría y sólo notaba que no era la misma chica sonriente de hacía algunos meses. Esa sonrisa sincera había dejado paso a una expresión de falsa dulzura que rozaba la amargura. Pero sin embargo, no por lo que su tía pensaba ella iba a dejar que su expresión fuera triste; ¡Ella debía sonreír siempre!
Todos los alumnos estaban a las puertas del templo, esperando poder entrar; habían llegado caminando, ya que la escuela no quedaba muy lejos del templo. Susuki levantó la cabeza entre las demás, tratando de ver aquél lugar. Ella jamás había pisado un lugar tan sagrado cómo aquél, tan sólo había estado en una iglesia, y eso fue en la situación más triste de su vida y que no gustaba de recordar.
Al fin pudieron entrar al templo, la muchacha pudo ver un gran árbol a una distancia considerable y una pequeña caseta antigua. El señor y la señora Taishou salieron a recibirles a todos, por lo que ella tuvo que dejar de intentar ver que más había. La mujer tenía cabellos color ébano y ojos de un tono chocolate, su rostro era fino y hermoso. Vestía unas ropas tradicionales de Cinto, que disimulaban su constitución. El hombre también tenía el pelo oscuro y corto, sus pupilas eran de una tonalidad miel, su cuerpo se veía fornido y tenía un agradable rostro.
-Bien chicos, comenzaremos la visita en breve, pero antes debo explicaros las normas de conducta. –La señora Taishou habló alegremente y con tono amistoso-. Lo primero es: "no pasará nada mientras no toquéis demasiadas cosas..."
Susuki sin embargo, no prestaba demasiada atención a lo que decía la mujer. Volvía a estar sumida en sus pensamientos, cómo era costumbre desde hacía ya muchas semanas. Aunque de vez en cuándo escuchaba fragmentos de lo que decía aquella mujer. Su marido parecía sólo estar allí de adorno, casi ni hablaba...
-Cómo en esta época no hay monstruos ni demonios es todo un misterio... - Habló la señora Taishou con tono extraño y fantasioso. Susuki captó varias frases por parte de algunos de sus compañeros, tales cómo: "¡Eso fue porque no existieron!", pero la mujer les calló con una simple mirada y siguió con su reporte de aquellos hechos de historia mitológica japonesa.
En ese momento pasaban por al lado del gran árbol que Susuki había vislumbrado a la entrada. En ese momento le pareció enorme, se quedó mirándolo fijamente, mientras que escuchaba aquella historia narrada por la madre de Rin.
-Se dice que en este árbol se sucedieron hechos muy tristes. Dos jóvenes se enamoraron, pero había varias barreras sociales: Él era un semidemonio y ella una sacerdotisa pura que protegía el amuleto de este templo, "La esfera de los cuatro espíritus", habla la leyenda que la muchacha se enamoró perdidamente del semidemonio, y que ambos estaban dispuestos a dejar de ser lo que eran en aquél momento para simplemente convertirse en lo que anhelaban, un hombre y una mujer ante el mundo. Pero esto, no fue posible por actos horribles por parte de ambos; o al menos es lo que se dice...-La pelinegra calló un momento y luego prosiguió con su relato, omitiendo las burlas de los compañeros cómo: "Rin, tu madre esta realmente loca..."
Susuki siguió a lo suyo en lugar de escuchar, la historia no le parecía demasiado interesante en aquél momento, y aunque quizás en otras condiciones ese relato le habría resultado misteriosamente atrayente, ahora no era capaz de escuchar las cosas con facilidad. Estaba realmente nerviosa por cosas que ni ella entendía, aunque su apariencia era sonriente y sosegada. Oía a esa mujer, pero no la escuchaba que era lo importante.
Tras aquella triste leyenda a los oídos de casi todos, les llevó a varias salas más, cómo era dónde se celebraban los matrimonios, explicando todas las fases por las que se pasaba para llegar finalmente a estar unidos cómo marido y mujer. Esto, lastimosamente Susuki no lo escuchó, ya que estaba perdida en sus paranoias más profundas – con esto me refiero a sus sueños extraños que la hacían estar ausente aunque estuviese de cuerpo presente.
Después de ver unos cuántos lugares más del templo, finalmente entraron a la caseta que hacía rato había visto Susuki. La muchacha al entrar allí notó una extraña sensación que le recorría el cuerpo y le traspasaba todos los sentidos. Jamás había sentido aquello y se puso alerta, pero enseguida le pasó. No entendía que había sido eso, pero era algo fuera de lo común...
Pasada la sorpresa, oyó cómo la señora Taishou de nuevo retomaba sus leyendas fantasiosas y extrañas, y entonces volvió a relajarse. Contó que en aquel pozo se echaban los restos de los demonios en la época de las guerras civiles - con estas palabras casi todos los alumnos rieron, haciendo eco frases tan célebres cómo: "Esa mujer realmente perdió la cordura.", seguido de un grito femenino,"¡No os paséis con mi madre!" -Se oyeron más risas y también quejas, aparte de algunos alumnos interesados que comenzaron a hacer preguntas sobre si aquél hecho era realmente cierto o si simplemente se lo estaba inventando sobre la marcha, cosa que a la señora Taishou le molestó sobremanera. Otros alumnos simplemente callaron y al fin comenzaron a salir de aquel antiguo recinto.
Pero no todo el mundo había salido.
Susuki se había quedado rezagada, dispuesta a liberarse de más gritos y estupideces por parte de sus compañeros. Poco a poco se había ido acercando al pozo; se apoyó en la madera que hacía de tope y se dio cuenta que ni siquiera lo habían tapado por seguridad. Estaba lleno de agua hasta arriba, cualquiera que no supiera nadar estaba perdido si caía allí, y más por que aquella habitación quedaba muy separada del resto del templo y nadie oiría los gritos. Alejándose de este horrible pensamiento, se miró en las profundas y negras aguas, que le devolvían su reflejó calmosamente. Por un momento pudo liberarse de aquellos pensamientos que la habían estado matando durante tantos días, semanas y hasta meses. Ahora se sentía sosegada y calmada, una sonrisa de satisfacción le cubrió el rostro en aquel preciso instante.
Observó su reflejo en el líquido; lo que más se destacaba de la muchacha eran sus ojos rasgados de pupilas en tonalidades verdosas, tirando a oscuras. Su tez era blanca y destacaba aún más aquellos grandes orbes. La nariz algo chata, propiamente asiática y labios pequeños aunque carnosos. El cabello era de color castaño casi llegando al caoba y caía en cascada por su espalda, aunque algunos de los mechones estaban recogidos atrás en forma de coleta. Quedó así un rato más hasta que decidió ir junto a sus demás compañeros. Se disponía a dejar de mirar su reflejo, pero entonces...
Los hechos ocurrieron tan rápidamente que ni siquiera le dio tiempo a reaccionar. No se había dado cuenta que una figura se dirigía a ella por la espalda, con intenciones que nadie podría constatar. Antes siquiera que ella pudiese hacer un movimiento, ni siquiera girarse, unas manos la empujaron y la intentaron lanzar en el pozo, Susuki trató de resistirse e incluso gritó del susto, pero finalmente cayó si ver la cara de su agresor.
- ¡¡¡NO!!! -La joven no pudo hacer nada por no hundirse en la oscuridad de aquellas aguas que se la tragaron sin remedio.
La habían engullido para no dejarla salir nunca más de allí...
Continuará...
Nota de autora: ¡Hola! ¿Cómo estáis? Espero que bien, aquí vine a actualizar con el capítulo dos. Espero que os esté gustando, y tengo que agradecer a Usakitopau por dejarme su lindo review; también a la gente que lee y no deja review, me alegro que le esté agradando esto. Bueno, nada más decir esto; ¡Les mando un gran saludo! Besos, Istha ;)
