¡Hola! Esta historia está siendo re-subida, ya que fue totalmente editada (manteniendo el argumento) y completada (por mi maravillosa amiga Claudia). Subiré los capítulos los martes y los viernes, para que estén atentas, si aún nos leen.
Cariños para todas, y que la disfruten.
Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Los personajes que no reconozcas, son de nuestra invención. Éstos son los menos y cumplen un rol secundario.
Capítulo 1
Abordo en la Máquina
—Así que ése es el pequeño Scorpius —dijo Ron a Harry y a Hermione—. Asegúrate de superarlo en todos los exámenes, Rosie. Suerte que has heredado la inteligencia de tu madre.
—Haz el favor, Ron —protestó su esposa entre severa y divertida—, ¡No intentes enemistarlos antes incluso de que empiece el año!
Rose miró, pero no vio nada que le llamara la atención, ya que del muro encantado habían aparecido un montón de magos con sus hijos y no podía ver a la familia que indicaban sus padres. Luego Ron se disculpó con su esposa, pero se dirigió a Rose nuevamente.
—Pero no te hagas demasiado amiga suya, Rosie. El abuelo Weasley jamás te perdonaría si te casaras con un sangre pura.
Antes de que Rose pudiera avergonzarse de lo que su padre le acababa de decir, llego James muy entusiasmado.
—¡Eh! Teddy está ahí ¡Acabo de verlo! ¿Y saben qué estaba haciendo? —Aquí Rose, agudizó su oído—. ¡Se estaba besuqueando con Victoire!
Nuestra pelirroja quedó blanca. En cambio los adultos, no le tomaron mucha importancia. James se percató de esto último y repitió con insistencia
—¡Nuestro Teddy! ¡Teddy Lupin! ¡Estaba dándose besos con nuestra Victoire! ¡Nuestra prima! Le pregunté a Teddy qué estaba haciendo…
Pero en esto, su tía Ginny intervino.
—¿Los interrumpiste? ¡Eres igual que Ron!
—... ¡Y me contestó que había venido a despedirse de ella! Y luego me dijo que me marchara ¡Se estaban besuqueando!
—¡Ay, sería maravilloso que se casaran!
Pero Rose no siguió escuchando a su prima Lily ¿Ese iba a ser su primer día de clases? ¿Enterarse de que Ted terminaría junto a Victoire? Quizás solo le gustaba porque tenía algo de veela, quizás luego se le pasaría... ¿Por qué ella no tenía algo de veela?
Se despidió de sus padres algo desanimada y subió al tren con Albus. Entonces, se acercaron a las ventanas de la puerta para dar el último adiós.
—¡Eh, Rosie! ¡Que no se te olvide patear a Malfoy en todos los exámenes! —le gritó su padre.
—Eh... si papá —dijo esto mientras oía a su madre decir "¡Ron!".
En seguida el tren comenzó a marchar, y vio a Teddy. A Teddy que le hacía señas a Victoire, que estaba a cierta distancia de ella… no pudo aguantar decir, o mejor dicho gritar.
—¡Oye Ted! —haciendo que éste se fijara en ella—. ¿Me escribirás, mientras esté en Hogwarts?
—¿Quieres que lo haga? —respondió el muchacho, haciendo que Rose se sonrojara—. ¡Claro que lo haré! ¡No podría dejar de escribirte, pequeña Rosie!
Y se perdió de vista, eso le subió mucho el ánimo.
—Vamos por un compartimiento —sugirió Albus.
Pero desafortunadamente, todos estaban ocupados por alumnos mayores, que conversaban, reían y gritaban "Gran idea, subir al tren sin buscar lugar" pensó Rose. Ellos tenían la intención de sentarse con James, así que lo buscaron, y lo encontraron en un compartimiento con Fred y otros amigos de tercer año.
—Ya llegamos —dijo Albus—, ¿Dónde nos sentamos?
—¿Cómo que dónde nos sentamos? —respondió agresivamente James—. Yo aquí y ustedes en cualquier otro lugar fuera de este compartimiento ¿Creían que se sentarían conmigo? ¡Por favor!
Sin decir más, les cerró la puerta en la cara. Rose y Albus se marcharon indignados y ofendidos.
Al final del pasillo, había un compartimiento con un chico rubio, tan pálido como un fantasma, que estaba solo. Su apariencia daba a entender que era de primer año, así que ella y Albus decidieron sentarse con él.
—¿Te importa si nos sentamos? —preguntó, algo cohibida, Rose.
—No, no me importa —respondió el misterioso chico.
Se sentaron ahí, mientras una atmosfera de incomodidad comenzó a envolverlos. Sin embargo, rápidamente se entablaron en la conversación de las casas del colegio, de la que el muchacho rubio no participó y se dedicó a mirarlos con un toque de altanería en el rostro.
A Rose le disgustaba que aquel estudiante no se integrara a la plática, a Al parecía no importarle.
—Yo no pienso quedar en ninguna casa que no sea Gryffindor —dijo el pequeño Potter.
—Yo pienso igual —respondió Rose.
—De todas maneras, nuestro valor no nos haría quedar en otra casa.
Ambos rieron.
—Que mal que a los de primero no nos dejen tener nuestra propia escoba —Comentó Rose.
—Si, a mí me gustaría mucho poder entrar en el equipo de Quidditch.
—¿Y tú, tienes escoba? —preguntó ella al chico rubio, intentando entablar una conversación.
—Sí, si tengo.
—¡Guau! ¿Ya tienes escoba? ¿Sabes volar? ¿Qué escoba es? —inquirió Albus. El muchacho rubio se sintió alagado.
—Sí, sí y es una Fénix 400 —dijo más animado.
—¡Una Fénix! ¡Esa escoba es carísima!
—Sí, pero no es tan rápida como las Saetas de Fuego ─continuó restándole importancia.
Y así siguieron conversando, hasta que se abrió la puerta bruscamente.
—¿Ya compraron algo en el carri…? ¡¿Qué demonios hacen con un Malfoy?! —preguntó James, sorprendido.
—¡¿Un Malfoy?! —saltó Albus.
—Oigan, si no encontraron un compartimiento decente no tienen por qué sentarse con "esto", vengan a sentarse con nosotros —siguió James.
Albus, confuso pero obediente, se puso de pie.
—Yo no me voy —resopló una desafiante Rose. Le parecía muy mal la forma de despreciar a alguien por su apellido.
—Eres muy chica para entender de estas cosas, pero si te arrepientes, como sé que pasará, ya sabes dónde estamos —James lanzó una última mirada despectiva y se fue con Albus, quien miro a Rose como diciendo "¿Qué haces?".
Una vez solos Rose y Scorpius, este la miró con sorpresa y desprecio.
—No necesito de la lástima de una traidora a la sangre como tú, sé que eres una Weasley.
Rose, quedó anonadada.
—Pues... pues... ¡Pues quédate con tu amigos imaginarios! —exclamó muy dolida.
Salió intentando parecer enfurecida, pero tropezó en el marco de la puerta, y cayó estrepitosamente al suelo.
—¿Estás bien? —preguntó Scorpius preocupado—. Quiero decir... Que bueno que te caíste.
Rose lo miró molesta y al salir vio que todos se habían asomado al pasillo, para ver quien había provocado aquel ruido.
Muerta de vergüenza, buscó otro compartimiento. No tardó en encontrar uno ocupado sólo por un chico y una chica que al parecer iban en el mismo curso que ella. El muchacho era de cabello castaño oscuro y ojos verde musgo, sin mencionar que era evidente que se consideraba superior a los demás. La chica tenía el cabello rubio recogido con un alto moño y unos expresivos ojos azules. Ambos discutían sobre los hombres lobo, pero se callaron al instante en que se abrió la puerta.
—¿Puedo sentarme con ustedes? —preguntó Rose.
—Claro... —comenzó la muchacha.
—Que no —puntualizó el vanidoso chico. Rose le lanzó una mirada ofendida y se dispuso a marcharse—. No, sólo bromeaba, que crédula eres.
Rose suspiró entre aliviada y molesta pero se sentó. Decidió empezar con las presentaciones, no cometería el mismo error dos veces.
—Soy Rose, Rose Weasley ¿Y ustedes?
—Tom Zabini.
—Y yo Sabrina Meyer, mucho gusto —dijo la chica con una amplia sonrisa.
—Igualmente.
—¿Has oído el ruido del pasillo hace un rato? —preguntó Zabini.
—No —mintió Rose mientras se ruborizaba.
—¿No? —se extraño el muchacho—, ¿Cómo que no? ¿Y por qué a estas alturas de viaje todavía no tenías lugar?
A Rose le ardían las orejas.
—¡Que graciosa te ves! ¡Tú cara se ve tan colorada como tu cabello! —rió Meyer, lo cual no la ayudó mucho.
Entonces para alivio de Rose, Zabini decidió seguir con el tema de los hombres lobo.
—Todos los hombres lobo son unos desquiciados ¿No has oído hablar de Fenrir Greyback?
—Pero se decía que en la Orden del Fénix había un hombre lobo que peleaba contra el Innombrable —replicó Sabrina.
—Sí, pero seguramente lo usaban sólo como espía y estaba bien pagado, o mejor dicho, amenazado para que no se comiera a nadie.
—¡Por supuesto que no! —saltó Rose. No pudo contenerse, estaban hablando mal del padre de Ted—, ¡No hables de lo que no sabes!
—¿Tú si sabes? —preguntó intrigada Sabrina.
—¡Claro que sabe! Es una Weasley, debe saberlo todo —dijo Tom. Pero la verdad es que ella nunca tocaba ese tema con sus padres, y ellos le restaban importancia a sus misteriosos pasados, solo sabía lo que todos sabían y lo que ella vislumbraba—. Aunque pensándolo bien, los Potter también deberían saber, pero he oído que ese James lo único que sabe es alardear.
No podía creer que Zabini hablara de alardear como si fuera un crimen, si él lo hacía en cuanto abría la boca.
—James puede ser un engreído, pero no siempre es un completo idiota.
Estaba enojada con James por haber tratado mal a Malfoy sólo por ser quien era, así que no se esforzó tanto en defenderlo. Aunque en ese momento se dio cuenta de que ella y Zabini nunca podrían ser amigos, él no era de su agrado y era evidente que ella tampoco era del suyo.
—¿Y si sabes tantas cosas, por qué no nos cuentas algo? —continuó Zabini.
—En realidad no sé mucho —empezó Rose y el chico soltó un bufido, expresando en su rostro un "lo sabía"—. Pero sé que el señor Lupin era una buena persona, mis padres, mis tíos y abuelos le tenían mucho afecto. Y a su hijo también.
—¿Tuvo un hijo? —se interesó Meyer.
—¿Quién es? He oído que ya salió del colegio —dijo Zabini.
—Mmm... Tú oyes muchas cosas.
—Solo responde —siguió el chico.
—Se llama Ted.
—¿Te gusta? —saltó Sabrina Meyer.
—Eh… yo…
—¡Si, te gusta! ¡Por eso te disgustaste tanto cuando empezamos a hablar de su padre! —dijo entre risas la muchacha.
No pudo evitarlo y recordó claramente a Teddy despidiéndose de ella en el andén, tenía pómulos altos, una blanca sonrisa y unos hermosos ojos azules. Esos ojos que le encantaban tanto, esos ojos que se veían estupendos con su cabello también azul, que él había oscurecido un poco durante el verano. Además era muy alto y eso le encantaba.
Rose se sonrojó notoriamente, otra vez.
—¿Te vas a poner roja cada vez que te preguntemos algo? —masculló Zabini alzando una ceja.
Entonces se abrió la puerta y un alumno mayor, de aspecto autoritario y con una gran "P" en su túnica les habló.
—Deben ponerse sus túnicas, dentro de poco llegaremos a Hogwarts —se marchó sin decir más.
Como Rose ya se había puesto su túnica, tuvo que esperar a que sus compañeros se pusieran las suyas.
—¿Y en qué Casa les gustaría quedar? —preguntó Sabrina—. A mi me gustaría estar en Ravenclaw.
Rose se alegró de que cambiaran el tema y siguieron conversando animadamente hasta llegar a Hogwarts.
Al bajar del tren se encontró con Albus, quien le preguntó si se había sentado con Scorpius todo el camino, pero ella le contestó que le respondería después del banquete. Feliz de dejar a su amigo con la duda, escucho la familiar voz de Hagrid.
—¡Los de primer año, por aquí! ¡Los de primer año, síganme! —gritaba el guardabosque.
—¡Hagrid! —saltó Rose con entusiasmo y le dio un gran abrazo de oso.
—¡Rosie! ¿Cómo estás? ¿Es cierto que intentaste hacerte amiga de Malfoy, sentándote con él en el tren?
—¡¿Qué?! —dijo soltándose estrepitosamente de él—, ¿Quién demonios te dijo eso?
—Fred y James se lo están contando a medio mundo —respondió Hagrid.
Rose se dispuso a ir a buscarlos, pero se dio cuenta de que ellos ya habían subido a los carruajes. No importaba, los enfrentaría en la sala común.
Pero luego cayó en cuenta de que ¡Aún no estaba en Gryffindor! ¡Cómo era posible que olvidara ese gran detalle! Se le venía encima la ceremonia de selección.
Con un suspiro se subió a una barca con Albus, Sabrina y para su mala suerte Tom Zabini, entonces su transporte comenzó a moverse solo por el lago.
¡Gracias por leer!
Cardia.
