Las invitaciones
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Era miércoles por la mañana, al fin Poppy y sus amigos habían logra acabar con todas las invitaciones, lo único que faltaba era repartirlas. No se trataba de un día cualquiera, aquel día llegaría el equipo contrario del pueblo berteno, así que todo tenía que ser perfecto. Los chicos esperaban poder distribuirlas todas antes de su llegada, mientras pasaban de casa en casa bailando, cantando y riendo, llegaron al final a la plaza principal de la ciudad, estaba totalmente decorada con listones que iban de esquina a esquina y estos a su vez atados en el centro en un gran moño. Poppy comenzó a repartir invitaciones en ese lugar cuando se percató de un grupo de jóvenes que lucían decaídos.
-Chicos, aquí tengo las invitaciones para el evento principal, viene con el itinerario, lo días, horas y lugares de cada competencia. – Los chicos la miraron sin ninguna emoción, manteniéndose en silencio, Poppy pregunto. - ¿Qué es lo que sucede? ¿Pasa algo malo? .-
-Poppy…Cada año perdemos, son como 20 años ya, ¿No crees que deberían de dejar de realizarse las competencias? –
-Chicos, la competencia es para fomentar la hermandad, no para ver cuál de las ciudades es la mejor, el chiste es conocer nuevas personas, divertirnos y compartir, al participar ya somos todos ganadores; Vamos, será genial. –
-No lo sé, Ramón tal vez tenga razón y todo esto sea una pérdida de tiempo. – Dijo otro joven.
- ¿Ramón les dijo eso? –
- Si, también que con el equipo actual no ganaríamos ni un solo encuentro, dice que no están lo suficientemente preparados. –
Poppy se molestó, pero fue solo por un par de segundos, volviendo rápidamente a su estado alegre, les menciono.
-Pues Ramón está equivocado, además, ¿él que puede saber? Nunca vino a las fiestas de preparaciones, no sabe que esta vez vamos con todo, ganaremos este año y acabaremos de una vez por todas con esta mala racha, pero para ello… - dijo la chica dándole a cada uno una invitación. – necesitamos la participación de todos, vayan a apoyarnos, sé que se divertirán. – Los chicos había recuperado el ánimo y muy contentos dijeron en coro.
-Muchas gracias Poppy. –
- Hasta luego. – se despidió para verlos partir contentos, justo en ese momento un grupo de pequeños niños venían corriendo, se veían alterados.
-¿Qué pasa? – pregunto a los pequeños quienes al verla corrieron para abrasarla.
- No quiero ser comida. – dijo una niña bastante asustada.
-¿Comida? ¿de que estas hablando? –
-Ramón dice que los bertenos vienen cada a año a devorar a los niños más pequeños en un día llamado "tro..tros…trollstisio". – ante aquella palabra los pequeños gritaron y comenzaron a correr en círculos.
-Niños, niños…nadie será comido, Ramón estaba bromeando. –
-¿Está segura señorita Poppy? – pregunto un niña mientras se secaba unas cuantas lágrimas.
-Si, no pasa nada, los bertenos son nuestros amigos, solo vienen a la competencia y luego se van. –
-¿Y que pasa con el monstro del bosque? – pregunto un niño regordete.
-¿Monstro? –
-Si, Ramón dijo que si no nos comían los bertenos seriamos devorados por los monstros que habitan en el bosque, la última competencia será ahí, ¿verdad? –
-Si…pero no hay ningún… - Poppy veía como nuevamente el pánico se apoderaba de los niños quienes no dejaban de llorar.
-Yo no quiero entrar al bosque. – grito otro pequeño.
-Miren, el bosque es un bello lugar…no hay porque temerle para nada, Ramón solo estaba jugando, ya saben cómo es él…él es, bueno…le gusta las bromas pesadas. –
-¿Entonces nada nos pasara si entramos al bosque? – cuestionaron los niños.
- Bueno, siempre y cuando no se alejen de sus padres todo estará bien, no porque haya monstros. - corrigió rápidamente antes de que los niños volvieran a asustarse. – sino porque se podrían perder, Ramón solo se preocupa por ustedes, lo ven. –
-Oh… - exclamaron en coro.
-Ahora vuelvan a sus casas, y no olviden sus invitaciones. – dijo dándole a cada uno la suya.
-Gracias señorita Poppy. –
-Hablando del rey de Roma…- susurro para sí misma al ver a Ramón andar en la plaza con nube, el perro le gruñía a todos por igual, Grandulón tuvo la osadía de tratar de darle una invitación, gran error, el can casi se le echa encima, del espanto la canasta de invitaciones termino volando por el aire y su contenido arrastrado por la ligera corriente de viento, todos los demás fueron a ayudar a Grandulón a recogerlas, mientras el chico de cabellos negros no dejaba de burlarse de lo sucedido. Poppy veía todo desde lejos, trataba de entender porque Ramón se comportaba así, "¿Qué gana con todo esto?" pensaba justo eso cuando la señora O´Hare, una de las mujeres más ancianas del pueblo se detuvo a hablar con el joven. Fue ahí que la chica pensó, Ramón siempre era educado cuando estaban con los trolls más veteranos, controlaba a su perro, este no se movía en lo más mínimo, tal vez podría tener una charla más civilizada con ella presente.
-Si…y así fue como perdí a pata, mi perra…pobre de mi niña. – decía la señora O´Hare, quien por la edad ya no logra tener una charla coherente.
-Que interesante historia. – menciono de forma cortes Ramón.
-Buenos días señora O´Hare, ¿Cómo ha estado? – Pregunto Poppy uniéndose a la plática. Nube gruño por lo bajo, pero su dueño pronto lo calmo y este volvió a quedarse tan quieto como una estatua. Al percatarse de eso la joven supo que su idea podría funcionar.
-¿Eres tu Beatriz? – pregunto la anciana ajustándose las gafas.
-No, soy yo…Poppy, la hija del alcalde Pepe. – corrigió la joven.
-Oh…Poppy, sabía que ustedes terminarían juntos, ella y yo lo supimos desde aquella vez, son la pareja más linda del pueblo. –
- Ay no…señora O´Hare, yo no…es que. – Trato de corregir Ramón, pero la anciana siguió hablando.
- Anda, no seas tímido, recuerda que prometiste llenar la vieja casa de la colina de niños, ya estás en edad para asentar cabeza, me alegra que hayas escogido a la linda de Poppy, será una buena madre para tus hijos. –
- Pero yo no…- trato de hablar de nuevo el chico.
-Si lo sé, aun es joven, estaría bien esperar hasta que acabe sus estudios. –
Poppy veía divertida como Ramón trataba de corregir sin éxito a aquella persona. La anciana continúo hablando.
-Los demás chicos de tu generación ya tienen hijos, Mike ya va por el tercero, y Ruth por el segundo, Poppy…¿Cuántos hijos planeas tener con Ramón? –
La escena graciosa perdió su chiste al ser ahora ella la que tenía que corregirla.
-Bueno, es que Ramón y yo no…-
-¡¿No planean tener hijos?! – exclamo bastante preocupada. – Creo que mi corazón no podrá con tanta pena. – dijo sosteniendo su pecho con fuerza y tambaleándose un poco.
-No, no, no… si, tendremos dos, ¿está bien? – Contesto Ramón para calmarla.
-¿Solo dos?...creo que tres sería mejor. - comento la chica de cabellos rosados para ser casi fulminada por la mirada de Ramón.
-Menos mal, ¿Cuándo podre conocerlos? Espero que ya estén trabajando en ello, los niños no llegan solos a este mundo, Ramón, deberías de llevar a Poppy ahora mismo a un lugar más calmado, las horas de la mañana son mejores para…-
-Señora O´Hare, le dije que mi hermano vendrá el próximo mes. – Contesto el joven, quien parecía que se mutilaría el labio de tan fuerte que se lo mordía.
-Oh si, tu hermano, ¿Cómo han estado haya en Cloud City? –
-Le va bastante bien, ya sabe cómo es él. –
- Es una lástima que no vengan para las festividades decembrina. – dijo lamentando mucho aquello. – te debes de sentir muy solo en aquella mansión. –
-Para nada, yo voy a visitarlo para navidad y año nuevo. –
Poppy estaba encantada, no conocía nada de eso de Ramón, sabía que no estaba para aquellas fechas, pero no que se la pasaba en la playa, tampoco sabía que el joven tenía un hermano.
-Ramón, ¿tu hermano es mayor o menor que tú? – se animó a preguntar por fin.
-Es mayor…- dijo de nuevo mordiéndose los labios, como si con aquello pudiera evitar seguir hablando.
-¿Y es tan encantador como tú? – pregunto la chica tratando de contener la risa.
-No…cariño, él es todo lo contrario a mí. – dijo con fingida cortesía.
-Aquel hombre fue tan gentil al llevarte consigo, te crio como a un hijo, te dio un hermano y te volvió todo un caballero. – dijo la anciana para tomar una mejilla de Ramón y pellizcarla con ternura, volvió sus manos a su bastón y con pesadez continuo. – solo me gustaría que ella estuviera aquí para verlo. –
El chico sonrió con melancolía y de manera amable le contesto.
-A mí también. –
-¿De quién hablamos? – pregunto con intriga Poppy, no espero que la respuesta de la anciana sería un bastonazo en la cabeza. Cosa que le dolió mucho.
-Niña grosera, de eso nadie habla, es una horrible cicatriz en este pueblo. –
Ramón no pudo evitar reírse por la reacción de la señora O´Hare. La mujer al escucharlo expreso con alegría.
-Es bueno escuchar tu risa, teniendo la sonrisa más linda de todo el pueblo es una pena que la escondas, te he visto hacerlo en el supermercado…que tengas un lindo día Ramón. –
-Igualmente señora O´Hare. – se despidió por fin, aliviado que todo aquello acabara.
-Hasta pronto. – dijo Poppy.
-¿Beatriz…eres tú? – pregunto de nuevo para irse caminando sin ninguna dirección.
-Es muy amable de tu parte que le sigas la corriente a la señora O´Hare. Así que...tienes un hermano. –
-Y tú quieres tres hijos…ja ja…muy divertido, no hagamos esto nunca más. – respondió sarcástico.
-Ramón, vamos…ven a la competencia, todo el pueblo estará ahí. –
-Poppy, tengo cosas más importantes que hacer que verlos perder por milésima vez. –
-Tu perro…- comento de la nada la joven.
-¿Qué tiene? –
-Dijiste que no lo podías controlar, pero se porta tan bien con los ancianos. –
-Deberías de ponerle más atención a la decoración que mi perro. –
-¿La decoración…que tiene? –
-El mismo problema de siempre. – dijo sacando un cuchillo de su navaja y cortando un cable cercano, los moños y listones se comenzaron a deshacer cayendo al suelo como si fueran piezas de domino. Uno tras otro hasta llegar al moño central que cayó como si de serpentinas se tratara.
-¡Ramón!, ¿Qué has hecho? Nos llevará horas arreglar esto, y ya no tenemos tiempo, el equipo berteno no tardará en llegar. –
-Hablando de ellos, ¿no son los que están parados ahí? –
En medio de la plaza, entre los metros de listones, se encontraba un grupo de bertenos un tanto curiosos, los dos más jóvenes, como de la edad de Poppy, veían maravillados el espectáculo. Los más adultos no sabían si aquello estaba planeado o fuera solo un gran error.
-Que tengas un gran día Poppy. – se despidió Ramón entre burlas.
La chica no tuvo tiempo de enojarse, fue de inmediato a recibir a los invitados.
-¿Esto estaba planeado? – pregunto una bertena ya mayor que vestía un traje de chef, Poppy sabía perfectamente quien era, todos los años, desde que ella tenía memoria, participaba en la competencia gastronómica.
-Si…- dijo un tanto insegura. – Espero que les haya gustado. –
-Sí, fue lindo, nunca había visto listones que estallaran en serpentina. – Menciono encantado un joven berteno de cabellos verdes, mientras una chica de cabellos rosados pastel asentía tímidamente con la cabeza. – Yo soy Grisel, el hijo del alcalde de pueblo berteno, este año soy el líder del equipo, ¿con quién tengo el placer? –
-Que coincidencia, Yo soy Poppy, la hija del alcalde Pepe, y este año también compito como líder del equipo de Villa Troll. – le comento alegre.
-Entonces, este año será más divertido que los anteriores. –
-Eso espero…ahora, si me lo permiten, les mostrare el pueblo. –
Poppy les dio un largo paseo a los invitados, mientras todos los trolls presentes en la plaza trataban de arreglar lo que Ramón había desecho. Al fin, luego de dejarlos acomodados en el hotel principal, Poppy se dirigió de vuelta a su casa, tenía que trabajar en la invitación para aquel chico, definitivamente sería la más grande, dulce y abrillantada de todas. La chica iba tan sumida en sus pensamientos que no escucho a su padre llamarla, hasta que este por fin la alcanzo.
-¿Poppy, sucede algo? – pregunto preocupado su padre.
-No, todo está bien. – contesto mostrando una enorme sonrisa.
-Me entere de lo que paso en la plaza. –
Poppy dejó escapar un suspiro y le confeso lo que realmente pensaba.
-Estoy cansada, por más que trato Ramón no cambia…tal vez los chicos tengan razón y sea un mestizo de berteno y troll. –
Esas palabras le sacaron un par de carcajadas al alcalde, que tras secarse las lágrimas de risa le comento.
-Los padres de Ramón eran trolls genuinos, miembros muy importantes de la comunidad, aportaban dinero para causas perdidas, formaban parte del consejo, no había quien no conociera de su amabilidad y compasión, ayudar a todos era su lema, incluso tienen una placa honorifica. – Dijo el alcalde tomando el brazo de su hija y mostrándole una placa en el suelo de un jardín rodeado de flores que decía "seguiremos ayudando a todo aquel que lo necesite, su legado nunca morirá".
-¿Qué paso con ellos? –
-Regresaban de un evento en otra ciudad, hubo un terrible accidente, fallecieron cuando Ramón tenía solo tres años, toda su fortuna paso a él, incluso aquella linda mansión al final de la colina. –
-¿Quién cuido de él entonces? –
-Un buen amigo de sus padres, el hombre perdió a su esposa tras dar a luz a su único hijo, Ramón creció en Cloud City con ellos hasta que cumplió la mayoría de edad, claro que venían cada vacaciones a pasarla en Villa troll, para mantener viva la casa. Su hermano es todo un personaje, enserio…si de verdad quieres ponerle un alto podrías llamarlo. –
-No…no quiero molestarlo, además menciono que vendría el próximo mes, solo quisiera que él participara más en los eventos, todos merecemos ser felices. –
-Me alegra saber que no dejaras de tratar de ayudarlo, se lo debemos mucho a sus padres. – el alcalde guardo silencio y bajo la mirada, parecía que lamentaba algo.
-Papá, ¿Qué sucede? – pregunto preocupada.
-No es nada…solo que cuando lo veo recuerdo que…no, no pasa nada, estoy días deben de ser felices, tengamos ánimo para acabar con nuestra mala racha, Poppy, todo el pueblo confía en ustedes. –
-Gracias Papá. – Su padre siguió su camino mientras Poppy lo veía marcharse, mañana sin duda convencería a Ramón de asistir.
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Al día siguiente Poppy estaba lista, ella y sus amigos esperaban dentro del supermercado a que el joven llegara como todas las tardes de los jueves. El chico al verlos trato de esquivarlos, pero Poppy lo llamo a todo pulmón.
-¡RAMÓN! –
El supermercado estaba lleno por las fechas de apertura del evento, trolls veteranos, adultos, jóvenes, niños, todos estaba ahí. Ramón no tenía ganas de participar en ninguna escena, por lo que se a cerco al grupo para tener una charla más privada.
-No sé en qué idioma necesito hablarte para que entiendas que no asistiré a su estúpido evento. – dijo cortante.
-Ramón, por favor, no me trato de burlar ni aprovecharme de ti, de ninguna manera, solo te pido que le des una oportunidad, tal vez te guste. –
-Claro…mira, no disfruto para nada de ver a obeso mórbido comer kilos de alimento, o de como dos despistadas discuten por tonterías, mirar como alguien que se cree única y especial hacer el ridículo por no quitarse sus auriculares, mucho menos ver bailar a la persona con dos pies izquierdos más torpe de ciudad, no disfruto de tu compañía y de ninguna manera iré a ver a ese…ese…- Ramón tenia de nuevo aquella reacción ante la presencia de Arroyin, lo miraba con un intenso odio, pero se había quedado mudo de la nada.
Poppy miro a sus amigos, se veían bastante heridos por las palabras del chico, la joven podía soportar todo lo que le dijese Ramón, pero jamás toleraría que los hiciera sentir mal a ellos.
-¿Así es como le agradecer a tus padres? – le pregunto casi gritándole.
-¿Mis padres? – Ramón volvió en si tras escuchar aquello.
-Si, ellos fueron buenas personas…pero tú, tu solo manchas su legado. – comento molesta, sorprendiendo a sus amigos por su reacción.
-¿Qué sabes tú de mis padres? Ni siquiera yo los conozco, tenía tres años cuando murieron. -
- Ese no es pretexto para portarte como lo hace, te dieron todo lo que tienes, tu fortuna, tu casa…en cierta forma ellos te educaron, lo mínimo que podrías hacer por ellos es ser amable con los demás, pero ni siquiera eso puedes hacer bien. –
-Mira niñita mimada, me importar un pepino que fue lo que hicieron mis padres, si ayudaban a cruzar a los ancianos las calles o bajaban a gatitos de los árboles, a mí no me educaron ellos, ni puedo sentir nada por dos personas que jamás conocí en vida, mi casa, mi dinero, mi educación, todo eso se lo debo a alguien más. –
- Estoy segura que tú padrastro no te educo así..¿que paso contigo? Me han dicho que en Cloud City son muy felices, viviste ahí desde los tres años ¿Qué nada se te pego?-
- ¿Qué?...¿quién te dijo eso? me mude con ellos a Cloud City cuando tenía ocho años. –
-Pero, ¿Quién cuido de ti? …¿aquí no hay orfanatos? – a Poppy no le cuadraba la poca información que tenía.
-¿Por qué tendría que estar en un orfanato si yo tenía a mi….? – Ramón guardo silencio de golpe.
-¿A quién? – Pregunto la joven curiosa de la respuesta.
Ramón volteo a ver alrededor, lo que no quería que pasara sucedió, la gente más veterana de Villa troll lo mira con tristeza, en sus expresiones se veía dolor, nadie hablaba, el supermercado estaba sumido en un gran silencio. Nadie mejor que él sabía que aquel tema estaba casi prohibido de mencionar, no porque fuera malo, sino porque realmente todos lamentaban lo sucedido.
-Sabes algo. – dijo con un poco de dolor en aquellas palabras. – me alegra saber que este año tampoco ganaran en la competencia. –
-No estás seguro, no viniste a las fiestas, no sabes de lo que somos capaces. –
-Claro que lo se…verdad, Arroyin. – dijo mirándolo fijamente.
-No…no sé a qué te refieres. – respondió un tanto nervioso.
Ramón termino yéndose del supermercado sin comprar nada.
-Bueno…creo que pudo haber salido mejor. – menciono Grandulón para relajar el ambiente.
-Alejemos sus vibras negativas…son toxicas, hay personas que no quieren ser felices. – dijo Arroyin tendiéndole una mano a Poppy.
-No…esta vez me pase yo. – menciono arrepentida.
-¡¿QUE?! – exclamaron todos.
-Tengo que ir a disculparme. –
-Pero…¿Por qué? Él fue quien comenzó con todo. – pregunto Diamantino.
-Si…pero el fin era ayudarlo a ser feliz, no hacerlo enojar más, tengo que hablar con él. – tras haber dicho aquellas palabras Poppy salió corriendo lo más rápido que pudo. Cruzo las calles hasta llegar al sendero del bosque, siguió su camino hasta la vieja casona, se detuvo a la entrada del jardín enfrente del buzón. – no, esta vez no. – se dijo a si misma para abrir la puerta de enrejado negro, camino decidida hasta llegar al portal donde toco fuertemente. Los ladridos de nube se escuchaban cerca y la voz de alguien pidiéndole calmarse. La puerta se abrió lentamente mientras Ramón decía algunas palabras.
-Mira, no sé por qué llegaste antes, pero no estoy de humor para resolver tus problemas…- Al verla el chico guardo silencio, para luego tratar de contener a su perro que no dejaba de ladrar y dar grandes brincos tratando de salir. - ¿Poppy? –
-Ramón…lo siento, no debí de decir aquello, lo lamento en verdad, es que enserio quiero que asistas, no soporto pensar que estas aquí solo y enojado o tristes, por favor, asiste a la competencia. – dijo mostrándole el sobre.
El joven salió de su casa cerrando con dificultad la puerta, Poppy le entrego la invitación en la mano, al principio parecía que Ramón había aceptado, pero de la nada y de forma abrupta la partió por la mitad, cosa que le dolió mucho a la joven, todo aquel esfuerzo y hora de elaborarla, pensó enseguida en todas aquellas invitaciones que le había dado, sus amigos tenían razón, todas ellas debían estar en la basura.
-Ni loco iría a ese estúpido evento, espero que con esto te quede más claro, ahora…ya conoces la salida, ¿verdad? -
Poppy tuvo que hacer un gran esfuerzo por no llorar enfrente de él, un doloroso secreto a voces rondaba en la historia de Ramón, y nadie quería hablar del tema. Ella de verdad deseaba ayudarlo, pero si él no ponía de su parte nada podía hacer, salió de aquel lugar, antes de irse vio cómo se cerraba la puerta, regreso a su casa entre sollozos, los padres del joven ayudaron a todos en el pueblo, y nadie en el pueblo se esforzaba por ayudarlo a él, en parte comprendía el enfado del chico y lo solo que debía de sentirse. Llego a pensar que los mal agradecidos eran ellos y no Ramón.
Por su parte Ramón vio partir a Poppy desde la ventana de su casa, espero a que esta se alejara lo suficiente para salir y recoger los pedazos de la invitación. Lamentaba mucho haber tenido que romperla, pero ya estaba bastante frustrado por la insistencia de la chica, él jamás iría al evento principal, la última vez que lo hizo tenía 7 años y desde entonces había prometido no asistir hasta que "ella" regresara a casa.
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Extra:
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Poppy había llegado a su casa, las voces de sus amigos resonaban en su cabeza, "Ramón es de esas personas que no vale la pena ayudar", "él nunca ha hecho nada por nadie", "hay personas que no quieren ser felices", "siempre destroza todo". Aquello ultimo le parecía la más tonta de aquellas frases, ella sabía que él jamás lastimaría a nadie, lo supo desde aquel día, en una primavera de dos años atrás.
Los niños del coro estaban practicando, se había montado un escenario en las orillas del bosque. Los pequeños llevaban un buen rato cantando, pero entre ensayos corrían y brincaban. Poppy y Dj Suki los veían desde lejos; de un momento a otro todo cambio, los niños parecían asustados y toda la estructura comenzó a moverse con violencia, parecía que el escenario colapsaría en cualquier momento, pero tan rápido como empezó se terminó, todos bajaron muy asustados, Poppy y Dj Suki se acercaron para ver en que podían ayudar, revisaron la estructura por enfrente y por debajo, cuando fueron a la parte de atrás se dieron cuenta que lo que pudo haber causado el posible accidente eran los cables que daban estabilidad a todo el escenario, el primero que revisaron estaba tenso, pero el segundo estaba amarrado con una soga diferente, al mirar Poppy con más atención se percató de que el segundo cable estaba roto, aquella cuerda tenía un nudo especial y parecía que la acababan de clavar en el piso, sin contar que parte de ella estaba cubierta de sangre, de la misma manera había pequeñas gotas del pigmento que se dirigían al bosque.
-¿Qué pasa Poppy? – pregunto Dj Suki al verla tan atenta en eso.
-Alguien salvo a los niños, esta cuerda no es igual que las demás…sea quien haya sido se lastimo las manos al tratar de sostener el cable. –
Sus amigos jamás creyeron en dicha idea, pero los niños si, junto a ellos le hicieron una carta de agradecimiento a aquella persona, paso quizás una semana, Poppy llevaba dicho objeto a todos lados, miraba las manos de todos los presentes sin excepción, hombres o mujeres, jóvenes o ya mayores. Fue un jueves, que como era costumbre se encontraba con Ramón en el supermercado.
-Ramón, mi hombre…¿Qué tal tu semana? – le pregunto de forma amistosa.
-Bien hasta que tu llegaste. – le contesto sin importancia.
El joven se encontraba sacando un par de congelados del refrigerador, fue ahí que noto que ambas manos las tenía llenas de parches médicos y curitas.
-¡Ramón! ¿Qué te paso en las manos? –
-No es de tu incumbencia. – dijo mientras seguía con sus compras.
Poppy lo supo entonces, había encontrado a persona que estaba buscando.
-Sabes…hace algunos días por poco los niños de coro mueren aplastados por un escenario mal puesto. –
-¿Y? –
-Pues un misterioso héroe los salvo, los niños están tan contentos que le hicieron una carta de agradecimiento. –
-Bien por ellos. –
-La única pista que tenemos es que su héroe se lastimo las manos al tratar de sujetar un cable…y no hay nadie en toda Villa troll con esas lesiones… - Dijo mirándolo con una sonrisa.
-¿Y tú crees que porque me lastime las manos soy su "héroe"?...mira, nube corrió detrás de una ardilla tan rápido que la cadena se me zafo de las manos, la fricción me termino quemando las palmas…¿feliz? –
-Vamos Ramón, no trates de mentirme…sé que fuiste tú, solo acepta la carta. –
-Poppy, no empieces, no estoy de humor. – dijo sin ninguna emoción. La joven lo vio pensativa, ciertamente no se veía como normalmente lucia, se notaba que estaba cansado y que las manos le dolían aun, temblaban con cada movimiento que hacían, al tomar algo entre ellas el chico hacia una mueca de dolor, debía de estar pasándola muy mal, por lo que Poppy decidió ya no molestarlo. Salió del supermercado antes que él, corrió a la casa en la colina lo más rápido que le dieron las piernas, metió la carta en el buzón y se escondió detrás de unos arbustos, un par de minutos después vio llegar a Ramón, dejo las compras en el piso y reviso la correspondencia. Abrió con tortuosa lentitud la carta, sus manos se estremecían con cada movimiento, Poppy no podía creer lo que veía, Ramón estaba sonriendo, y no como aquella sonrisa malvada, casi mueca, que ponía al burlarse de alguien. Nada tenía que ver, aquella era una sonrisa sincera y cálida, Poppy se moría de ganas de salir y decirle "lo sabía, fuiste tú", pero no quería que todo su esfuerzo fuera en vano. Él joven tomo sus comprar y entro a su casa. La chica se quedó observando aquella vieja mansión victoriana por unos minutos para luego retirarse lo más sigilosamente posible.
Ramón era alguien digno de admirar, actos como ese debía de hacer todos los días, solo que nadie se daba cuenta, y él era demasiado humilde para querer ser reconocido, aunque eso no le quitaba que un "gracias" no le sacara una sonrisa de vez en cuando.
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Fin
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Hola, lo sé, sigo super atrasada con todos los demás fanfic, si leen mis extrañas historias, en especial las de big hero 6, tengan paciencia, están en proceso, no se preocupen. Estoy también publicando "corona de flores" por Wattpad, ahí tiene muchos de mis bocetos preliminares y dibujos/rayones de "broppy" que van con la historia, aunque estoy muy peleada con esa pagina/ app lo que sea, pues siempre hay un problema en publicar, sin contar que me cambia mucho el texto o no me lo guarda o etc…como sea, por eso lo publico en los dos, uno me da algo que el otro no XD…nos leemos luego…
