Si de algo le servía a Emma su antiguo trabajo como recuperadora de fianzas, era que podía encontrar personas con absoluta facilidad y se le daba bastante bien seguir pistas. Las cosas se complicaban un poco si se encontraba en un bosque desconocido para ella.

- Si lo que busca es dinero para escapar -decía Emma-, seguro que habrá ido a alguna taberna para hablar con alguien y negociar.

- Eso no lo pensé yo hace unos años… -se dijo Regina, concordando que la idea de Emma era brillante.

- Aquí parece que hay una aldea -anunció Emma al ver una hilera de chozas y casas de ladrillo rojo amontonadas en un páramo.

Regina reconoció enseguida el lugar. Pero lo mejor era mantenerse callada y esperar a que Emma lo descubriera por sí misma. No tenía por qué enterarse de todas las atrocidades que cometió en esa época.

- Qué raro -dijo Emma- No hay ni un solo habitante en esta aldea…

- La siguiente villa no queda muy lejos de aquí -le dijo Regina, queriendo alejarla de ese lugar sin que se notara su propósito.

- Realmente da mal rollo -dijo Emma echándole una última mirada a la aldea fantasma. No hace mucho, esa misma meseta sobre la que andaban ellas estaba abarrotada de una montaña de cadáveres, personas que Regina mandó asesinar por no proporcionarle información del paradero de Blanca.

Efectivamente, la villa más próxima sí que estaba repleta de vida y aldeanos que paseaban por las callejuelas. Para Emma era como vivir en la Edad Media, y a Regina se le hacía raro volver a pasear por allí y pasando desapercibida por la gente.

Entraron a varias tabernas y garitos de mala muerte hasta que dieron con una en particular. En esa misma taberna, Regina encontró al Cazador al cual ordenó arrancarle el corazón a Blanca no hace mucho tampoco.

Disimularon unos instantes en la barra. El camarero les ofreció dos jarras de un espeso líquido anaranjado que Emma no se atrevió a probar.

- ¿Qué diablos es esto? -dijo mirando el interior de la jarra.

- Esencia de hipogrifo con sangre de dragón -contestó Regina con toda naturalidad.

- Venga ya -bromeó Emma- ¿En serio?

El silencio de Regina contemplándola la sacó de dudas. Apartó la jarra con una mueca de asco.

Blanca estaba en una mesa, indecisa, mirando a su alrededor, seguramente preguntándose quién podría ayudarla. Mantenía siempre su rostro oculto tras la capucha para no ser reconocida del todo.

Se encontraba de espaldas cuando ambas se acercaron.

- Disculpa -le dijo Emma. Blanca dio un pequeño sobresalto y se giró de repente-, No, no temas. Sabemos que estás huyendo de la Reina. Nosotras también. Acabamos de escaparnos de su castillo y…

- Nadie puede escapar de allí -aventuró Blanca, todavía desconfiada. Regina pensó por un momento que Emma iba a echarlo todo a perder, otra vez- Ni siquiera yo, que me crié en ese castillo.

- Hicimos un trato con Rumpelstiltskin -dijo Regina salvando la situación.

Blanca se escandalizó.

- Mas… debéis saber que él siempre pide un alto precio por sus tratos.

- Eso no importa. Queremos salir del reino, y… podríamos ayudarnos mutuamente -decía Emma.

- ¿Cómo? -inquirió Blanca, todavía desconfiada. Emma pudo conocer el lado astuto de su madre.

- Esta noche habrá un baile real para celebrar las nupcias de la hija del Rey Midas -explicaba Regina- Lo único que tenemos que hacer… es robar la alianza y repartirnos la ganancias.

Lo primordial para Blanca era tener la esperanza de encontrar un pase seguro para salir del reino, y una oportunidad así no podía dejarla escapar.

Aceptó la idea de aquellas dos fugitivas.


- ¿Y qué os aconteció a vosotras con la Reina? -preguntó mientras iban de camino al castillo del Rey Midas.

- Nos apresó al no darle información sobre ti -dijo Emma rápidamente.

Blanca se detuvo.

- ¿Pusisteis vuestras vidas en riesgo, por encubrirme a mí?

- Así es -contestó Emma.

- No teneís ni idea de lo que puede llegar a hacer la Reina. Le arruiné la vida, y me merezco todo lo que estoy pasando.

Regina caminaba cabizbaja, sin meterse demasiado en la conversación. Blanca continuó hablando.

- Se hizo con mi castillo. Pero pienso recuperarlo.

Regina carraspeó, y Emma le dio un leve codazo para advertirle.

- Ya hemos llegado -dijo deteniéndose para contemplar el castillo de lejos.

- Vale, esto sí que mola -soltó Emma al ver el reluciente castillo de oro.

- ¿Cómo dices? -inquirió Blanca ante tal vocabulario.

- La alcoba del príncipe suele estar en la torre alta -informó Regina.

- Conoces bien el mundo de la realeza para ser una fugitiva -dijo Blanca.

- Se nos acaba el tiempo -intervino Emma.

Emma y Regina le dijeron que no eran muy buenas asaltando castillos ni nada por el estilo, mientras que Blanca era ya toda una experta en ese tipo de situaciones.

Además, el hecho de ir sola a robar la alianza le daría más ventaja en caso de que se la jugaran.

- ¿Y ya está? -dijo Emma- ¿Ahora nos tenemos que quedar aquí esperando?

- Pensaba que estabas acostumbrada a vigilar dentro de tu escarabajo.

- No es lo mismo pensando que mi propia vida y la de Henry está en riesgo.

Regina la miró, y Emma advirtió la preocupación en su mirada.

- ¿Sabes? Creo que podemos colarnos en ese baile.

- ¿Estás de coña, no?

- Sé cómo cambiar nuestros atuendos y puedo duplicar mágicamente las invitaciones.

- No pienso hacerme pasar por un tío y ponerme a bailar delante de todos.

Regina puso los ojos en blanco.

- Eso no será necesario.

En cuestión de minutos ambas iban ya ataviadas con vestidos pomposos de baile, y Regina consiguió duplicar mediante magia las invitaciones de los asistentes con nombres falsos. El Rey Midas recibía personalmente a cada invitado.

- No le estreches la mano -le recordó Regina en voz baja-. Con una reverencia bastará.

- Conozco el cuento, y además, lleva guantes.

En el centro del salón, varias parejas bailaban mientras que otras conversaban animadamente con otros miembros de la realeza. Emma reconoció algunas personas de Storybrooke, y comprendió el poderío que tenía aquella Maldición como para apartarlos a todos de aquella vida para ser habitantes de un pequeño pueblo pesquero. Le parecía fascinante vivir en primera persona aquella vida a la estaba destinada antes de nacer.

En ese momento, las puertas del salón se abrieron de par en par, y apareció la Reina Malvada ataviada con un elegante vestido negro y custodiada por dos guardias. El Rey Midas se apresuró a recibirla.

- No fastidies -se quejó Emma- ¿Por qué alguien te habría invitado a ti?

Regina le miró con mala cara.

- Soy la Reina del Norte, por supuesto que me invitan a estas celebraciones.

- Más bien para salvarse el pellejo -añadió Emma con comicidad.

Regina se cruzó de brazos y estaba dispuesta a rebatirle, pero alguien dio la voz de alarma diciendo que la fugitiva Blancanieves había sido vista en la alcoba del Príncipe.

- Apresadla -anunció la Reina Malvada a sus guardias con una malévola sonrisa.

Emma y Regina se apresuraron a salir de aquel salón, pero en ese momento, uno de los asistentes agarró a Regina del brazo invitándola a bailar. No podía levantar sospechas y más teniéndose a sí misma escudriñando a cada invitado por si pretendía ayudar a Blanca.

Emma subió hasta la alcoba, y fue testigo de cómo su madre se defendía con profesionalidad y se quitaba de encima a cada guardia que se ponía en su camino.

Bajó de la torre utilizando el arpón de escalada y la cuerda, y montó en su caballo galopando velozmente. Uno de los guardias la tenía a tiro, pero Emma le empujó y desvió la flecha en el momento justo, clavándose ésta en el tronco más próximo a Blanca.

Sin embargo, ella no tuvo tanta suerte en defenderse de los guardias, y la agarraron de ambos brazos para conducirla hasta el salón principal. Sin embargo pudo hacerse con la alianza que se le había caído a Blanca con el forcejeo.

- Majestad -dijo uno de los guardias-, Blancanieves ha huído -antes de que ésta se lo cargara con un solo movimiento de mano, siguió hablando- pero hemos apresado a esta joven que intentó ayudarla a escapar.

Emma contempló cara a cara el malévolo rostro sonriente de la Reina, y justo después buscó con la mirada a la otra Regina, que acababa de descubrir la situación, y con todo el revuelo consiguió distraer a su insistente invitado para dirigirse a su propio castillo.

Los guardias dejaron a Emma justo donde la Reina les había ordenado. Ya no portaba aquel pomposo vestido, sino unos andrajos que le habían obligado a ponerse.

- Así aprenderás a quién debes guardarle lealtad -decía Regina en tono amenazador-. Mañana al amanecer serás ejecutada. Y tú también -añadió mirando a la mujer que había en la celda de al lado.

- Regina, por favor.. -decía Emma suplicante, agarrándose a los barrotes aun sabiendo que eso no serviría de nada. Sentía mucha impotencia al pensar que aquella Reina Malvada era una ignorante, que ni siquiera podía imaginarse el error que estaba cometiendo.

- Muestra formalidad y respeto -le dijo con desprecio- Disfruta de las pocas horas de vida que te quedan.

Y dicho lo cual, desapareció con porte majestuoso seguida de sus guardias.

Emma reconoció a la mujer de la celda de al lado, pues era aquella aldeana que apresaron por defender a Blanca. Estaba recostada en el suelo, durmiendo.

En ese momento, apareció Regina de la nada, en una nube de humo morado. También se había despojado de su pomposo vestido para llevar la ropa de aldeana.

- ¿Cómo has conseguido entrar? -preguntó Emma sorprendida.

Regina puso los ojos en blanco.

- Es mi castillo. Lo conozco demasiado bien.

Con un ligero movimiento de muñeca, la cerradura de la celda se abrió y Emma quedó liberada.

- ¿Consiguió la alianza? -preguntó Regina.

Emma extendió su mano para enseñársela. Había custodiado la alianza cerrando el puño con fuerza sobre ella todo ese tiempo.

- Genial, ahora tenemos que volver a encontrarla. Encima pensará que la hemos engañado. Vamonos de aquí.

- Espera -dijo Emma mirando la celda de la aldeana.

- No pensarás que…

- No te cuesta nada -le suplicó Emma-. Piénsalo. Es una buena oportunidad para enmendar tu error. ¿No querrías aprovecharla?

Regina se quedó pensativa. Estaba realmente en un compromiso.

- Tenemos que dejar que el destino siga su curso.

- Vamos, ¿qué tiene de malo salvarle la vida a alguien? La única consecuencia que tendrá en el futuro es que estará viva. ¿Qué ocurre si tiene esposo e hijos?

Regina no estaba nada conforme con lo que estaba a punto de hacer. Sin embargo, supo que Emma no dejaría de reprochárselo todo el rato, y finalmente abrió la cerradura con magia. Emma se adentró en la celda y despertó a la mujer sacudiéndole ligeramente el hombro.

Ella se sobresaltó.

- ¿Quiénes sois?

- No te preocupes, te sacaremos de aquí -le dijo Emma. Regina tenía mala cara.

- ¿Cómo… habéis abierto la cerradura?

- Soy una hechicera y conozco algo de magia -se excusó Regina. La mujer no pareció impresionarse mucho. Estaba asustada y solo quería salir de allí.

A mitad del camino, tuvieron que esconderse puesto que pasaron hablando tres guardias, diciendo que Blanca había acudido al castillo a encontrarse con la Reina, e iba a ser ejectuada. Al parecer, se había enterado de que habían apresado a dos invitadas del baile que intentaron protegerla para que escapara, y no podía permitir que la Reina se saliera con la suya.

El Príncipe James también salió en pos de Blancanieves, para recuperar las joyas que ésta le había robado. Se encontró con las tres mujeres en el propio castillo.

En el momento en que llegaron a uno de los ventanales con vistas al patio trasero, la Reina Malvada estaba alzando una gran bola de fuego que iba directa a Blanca, que estaba atada a un poste vertical.