Este fic participa en el reto "Olores de Amortentia" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

El reto: "La temática del reto será la poción amortentia, o más bien dicho, los olores que percibe cada persona al exponerse a ella."

"El fic deberá contar con tres viñetas divididas en tres capítulos diferentes. Cada viñeta deberá corresponder a uno de los olores favoritos de nuestro protagonista."

Disclaimer: Si lo reconocen pertenece a su majestad Jo Rowling.

Pareja: George/Angelina

Palabras: 884

Segunda Viñeta:

Sortilegios Weasley

Hubo un tiempo en que la tienda más llamativa del Callejón Diagon estuvo cerrada, sin vida. En el tiempo que siguió inmediatamente después de la batalla de Hogwarts, George se había negado a reabrir Sortilegios Weasley. Decía que todo en la tienda le recordaba a Fred. Angelina, quien desde que fue a dar el pésame a la familia Weasley había vuelto a visitar a menudo a George, no había intentado convencerlo. Sabía que George necesitaba tiempo para aceptar lo que había pasado y lo único que podía hacer por él en el momento era ofrecerle su compañía.

Luego de un tiempo Angelina y George se descubrieron pasando tardes enteras juntos, conversando desde los temas más profundos hasta las mayores trivialidades. George incluso sonría cuando estaba con Angelina, no era la misma sonrisa de antes, era sincera sin duda, pero le faltaba el brillo travieso en los ojos, Angelina temía que no volvería a ver el brillo.

Pasados unos meses, un día de la nada George anunció que reabría la tienda. Todos se alegraron por él, nadie cuestionó sus motivos por temor a hacerlo cambiar de opinión.

—Aunque agradezco y acepto tu ofrecimiento, debo decir que me sorprende. Pensé que tú y Ginny estaban haciendo planes para secuestrar a Gwenog Jones y obligarla a darles una plaza en las Arpías de Holyhead — Había bromeado George cuando Angelina se había ofrecido a ayudarle en la tienda.

—Puedo hacer tiempo — Había contestado ella — Y no necesitamos secuestrar a Gwenog, somos buenas.

Luego de eso, las tardes juntos se trasladaron a Sortilegios Weasley, en donde luego de unos hechizos básicos de limpieza, se dedicaron a revisar las cajas, ver los proyectos a medio hacer, poner al día las cosas. Ocasionalmente se les unía Ron, pero luego de iniciar su entrenamiento como auror su tiempo libre se convirtió en algo tan inexistente como los nargles, quedando George y Angelina solos.

Desde primer año Angelina había aprendido a diferenciar a Fred y a George. Aunque adoraba ambos gemelos, luego de su primer partido, cuando George se le había acercado con los roles de canela, había comenzado a sentir una pequeña y secreta preferencia por George, y al pasar los años había pasado a sentirse extremadamente atraída hacía él. En sexto año había aceptado ir al baile con Fred porque ella opinaba que no tenía nada de malo ir al baile con uno de sus mejores amigos, nunca pasó nada entre ellos, además George no había intentado invitarla y no se iba a quedar sin pareja por esperarlo.

Mientras trabajaban en la tienda, esa atracción creció, hasta convertirse en un enamoramiento. El tiempo juntos para ella olía igual a sortilegios Weasley, una extraña mezcla de turrón sangra-narices, cartón y caramelo era el olor particular de la tienda. George había recuperado gran parte de su buen humor y Angelina había resultado particularmente buena para idear bromas, que luego se convertían a nuevos inventos que acabarían en los estantes.

Un día Angelina le había preguntado que lo había impulsado a abrir nuevamente la tienda.

—Porque Fred y yo pusimos mucho trabajo en ella, él me hubiera jalado de la oreja si la cerraba — Había contestado él encogiéndose de hombros.

La semana antes de la apertura de la tienda habían trasladado nuevamente las cosas de George al apartamento encima de la tienda. Luego de eso George la había invitado a quedarse un rato y tomar una cerveza de mantequilla. Angelina no le había dicho a George lo que sentía por él porque pensaba que George no estaba en su mejor momento emocional y probablemente un romance fuera lo último que quisiese. Por eso ese día se llevó una grata sorpresa cuando él le confesó que se sentía atraído hacía ella, por respuesta ella se había lanzado a besarlo.

Había comenzado como un beso corto y casto, solo de labios, pero poco a poco había ido creciendo y habían terminado besuqueándose en el sofá que acababan de llevar. Angelina guardaría para siempre todos los recuerdos relacionados con ese beso, los saltos olímpicos que le daba el corazón, el rostro del George tan cerca que podía contar sus pecas, las manos de ella agarrando su cabello mientras las manos de él agarraban su cintura y el olor particular de sortilegios Weasley. Luego de eso, él le había pedido que fuera su novia.

El día que volvió a abrir Sortilegios Weasley estaba más lleno que nunca. Era imposible dar un paso sin arriesgarse a pisar a alguien, los estantes se vaciaban a una velocidad pasmosa, todo mundo quería entrar a la tienda que tanto habían extrañado. Angelina sonreía por reflejo al ver la sonrisa en el rostro de su novio, George estaba mostrando a un niño de unos seis años unos trucos de cartas muggle y el niño reía asombrado. Se veía tan feliz, tan cómodo, que durante un momento parecía que el antiguo George estaba de vuelta.

No era más que un espejismo, porque el antiguo George era como un rompecabezas, que luego de la muerte de Fred había quedado desarmado. Angelina estaba consciente que nunca podría armar el rompecabezas completo porque Fred se había llevado una pieza con él, pero no iba a desistir hasta armar el máximo de piezas posibles. Y en esas eternas tardes en Sortilegios Weasley ya había juntado varias.

Fin

Si dejan review ganan un chocolate.

Besos

Tete