Por unos perros
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Ahh. Qué bien se siente correr. Y es que desde hace unos días para acá has decidido que si no tienes el dinero suficiente para tomar clases de tu deporte favorito, y que el club de tu escuela fue cancelado, pues no te quedaba más remedio que salir a dar unas cuantas vueltas en el parque cerca de tu casa.
Y con esta iban…. Rayos. Perdiste la cuenta.
Pero eso no importaba con tal de que al menos estuvieras en buena forma para las competencias de verano.
Mientras das la vuelta previa a los estiramientos, te dedicas a observar la gente a tu alrededor; algunas madres con sus hijos, otros haciendo ejercicio como tú, unas cuantas parejas tomadas de la mano y uno que otro dueño paseando con sus perros.
Como él.
Te saltas una respiración y no puedes evitar una tosecilla, que silencias de inmediato. Es sorprendente que todo este tiempo no lo hayas notado, porque al parecer él ya lleva tiempo viéndote con ésas orbes turquesas. Y no puedes evitar sonrojarte.
Tratas de mantener el paso, como si no hubieras visto a ese "misterio con patas" y como si no sintieras su mirada puesta sobre tu espalda, y, aunque la idea de mirarlo es muy tentadora, posiblemente mañana no sabrías como mirarlo a la cara, o tratarías de evitarlo a toda costa para no sufrir las consecuencias de tu ahora muy tentadora acción.
Tu debate entre lo que debes y QUIERES hacer te distrae de lo que te rodea, es decir, de que unos perros de razas que no logras identificar andan correteándose y van directamente hacia ti; unos segundos después estás en el suelo con las manos raspadas y con un dolor incipiente en tu rodilla, mientras que los perros culpables de tu caída son sujetados por sus respectivos amos.
-¿Qué…- Pero antes de que puedas hacerte una idea de lo que acaba de suceder, uno de los dueños se acerca y se pone a tu altura, dejándote ver que es… el que pone tus mejillas de un furioso rojo. ¿¡Te vió caer?! Pero no es precisamente por la pena que tus mejillas van a estallar. Simple y sencillamente porque sus rostros están a una distancia considerablemente corta…y eso que tu cara no sufrió daño alguno.
Se disculpa, y…. Dios. Parece que te vas a derretir por la forma en que dijo tu nombre.
-…-
Sin decir palabra alguna, toma tus manos y lentamente las voltea, dejando ver los feos raspones que te hiciste.
-Disculpa a – dice el nombre del perro, que no logras escuchar, aún mirando tus palmas dañadas –y también a mí, por favor.
…¿te acaba de pedir una disculpa? Bueno, eso es nuevo, así que solo asientes, tratando de nos soltar las lágrimas que el dolor, el ardor y un poco de emoción empiezan a provocarte. Ahora revisa tu rodilla y su rostro bronceado demuestra desagrado.
-Creo que deberías ir a…- no puedes captar ni una sola palabra más. Es totalmente increíble la situación en la que se encuentran, es decir, tú nunca habías tratado de hablar directamente con él, porque su semblante serio y su presencia podían resultar a veces un poco intimidantes. Pero ahora que él estaba ahí, sin dejar de sujetar tus manos, hablándote de una forma tranquila pero firma no tienes miedo. De hecho te sientes segura. Das un respingo al sentir sus manos a ambos lados de tu rostro. Solo te quedas en tu lugar, expectante…no sabes qué esperas, pero sin duda despierta cierta satisfacción y ansiedad en ti.
Firme. Sincero. Sencillo. Especial.
Así sientes el beso que te da en la frente.
-vaya forma de conocernos al fin- lo miras confundida. Sonríe.-Por unos perros-
Y vaya que lo es.
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Abrazos /u/ ¿Review?
