He aquí el segundo capítulo. Intentaré ser rápida en subir los demás.
Espero que disfruten tanto leyéndolo como yo disfruté escribiéndolo

Seguimos en París.

"--" (Cambio a otro narrador)


Era la noche del día después de lo ocurrido y Saya no podía dormir. Irene había muerto y se sentía más culpable que cualquiera por ello. Le dio su sangre y esta la mató, ¿por qué? ¿no buscaban su sangre para poder curarse? ¿por qué entonces ella no se recuperó?

-Si sólo hubiese puesto un poco de resistencia…- no pudo evitar susurrar, mientras se llevaba una mano a tapar sus ojos.
-Habría muerto de todos modos.

La voz de Haji sonó cortante e impecable en el vacío que creaba la oscuridad en el cuarto. La tenue luz de la Luna entraba por la ventana e iluminó su perfil, el cuál me contemplaba fijamente, sentado en una silla a lo lejos.

Haji portaba en sus manos el violonchelo, el cuál sacó de su funda.

-Pero si yo hubiese…- me volví a reprochar.
-Tú no tienes la culpa, Saya…- y antes de pronunciar mi nombre fuiste hablando más y más bajo.

Tomaste entre tus manos el arco, el cuál comenzó a rozar las fuertes cuerdas de aquel instrumento. Una suave melodía brotó de él y la melancólica esencia que producía impregnó toda la habitación. Me incorporé lentamente y, al encontrarme sumida en ese trance nocturno, no pude más que sentirme mal de nuevo.

Pude verte lejos de mi, tocando. Sintiéndote, con esa música, tan cerca y a la vez tan lejos. Habría dado cualquier cosa por que hubieses tirado el violonchelo al suelo y te hubieses acercado hasta mí, susurrándome cerca del oído que todo estaba bien, que nunca dejarías que estuviese mal…

¿Por qué siento esta necesidad de tí?

Aunque ahora que lo pienso…

¿Qué sería de mi sin ti, Haji?

No quiero ni hacerme a la idea de cómo estaría el mundo en tu partida.
¿Quién me ayudaría?
¿Quién me apoyaría?
¿Quién simplemente se me quedaría mirando por las noches, junto a mi, velando mi sueño?

La respuesta más clara sería otro caballero. Es más, ahora mismo cuento con dos: tú y Riku. Pero Riku… No, Riku nunca podría llegar a alcanzarte.

Sé que muchas veces, como ayer, te odio. Por tu comportamiento, porque eres un estúpido cuando no me haces caso (¿o soy yo la que quiere que le hagas demasiado?) y porque… ¿por qué más?

Aunque piense todo esto…

-Haji…- te llamé, otra vez casi a punto de llorar.
-¿Sí?- respondiste instantáneamente mientras dejabas de tocar el violonchelo.
-Tú nunca me vas a dejar sola, ¿verdad?- y fue entonces cuando mis lágrimas no pudieron evitar precipitarse por mis mejillas. Bajé mi cabeza avergonzada y noté cómo te ibas acercando a mi más y más. Aparté la vista y susurré. -Perdóname… soy una llorona…- y cuando menos me di cuenta giraste mi cara, agarrándome de la barbilla.

Me miraste fijamente a los ojos durante unos instantes y, con esa misma mano, secaste mis lágrimas.

-Jamás te dejaré sola, Saya.
-Eso mismo dijeron todos… y míralos… ¡han muerto!

Callaste durante unos segundos y luego soltaste mi cara, aunque seguiste mirándome.

-Sabes que hay cosas que me diferencian de ellos- me dijiste suavemente, sin apartar tus ojos de los míos.

Por un momento el corazón se me encongió y latió con fuerza. Noté que un rubor tiñió mis mejillas. ¿Por qué ahora? ¿En qué estaba pensando exactamente?

-En primer lugar- empezaste –No soy humano- y callaste –Y en segundo…- fuiste a continuar, es más, pude ver que tus labios continuaban la frase sin hacer el más mínimo ruido. No te escuché.
-¿Y segundo…?

Bajaste tu mirada y negaste con la cabeza, indicándome que no era nada importante.

-Descansa- y te levantaste de la cama –Mañana te espera un duro día. Te tocaré para que duermas- y volviste a agarrar el violonchelo.
-No- me negué.

No quería más música, sólo te necesitaba al lado mío. Ahora, no mañana ni otro día: ahora.

-Haji…- le empecé a llamar.
-¿Sí?

¿Qué estaba haciendo? ¿Pretendía decirte: "¡Ven, siéntate al lado mío y mira qué bien que duermo!"? ¿Estaba loca?

-… Nada, déjalo.

Afirmaste y tomaste el arco del violonchelo, para tocarlo otra vez. Yo te frené.

-No.

Alzaste tu vista mirándome interrogativamente.

-No quiero que toques, Haji. Quiero… estar en silencio.
-Si ese es tu deseo…- susurraste mientras guardabas todo en su funda y te acomodabas en tu asiento.

-…- callé.

No podía ser verdad…

¿Cómo podría explicarte todo esto? Era la sensación más inusual que había sentido en toda mi vida. ¿Necesitar? ¿Desde cuándo yo he necesitado algo o a alguien? Si algo he aprendido en lo que llevo de viaje es a no depender de nadie… Ya que sólo me causará dolor cuando todo acabe. A no depender de papá, ni de Kai, ni de Riku… y menos aún de ti, quién más me ha acompañado a lo largo de estos años.

Pero… no puedo evitarlo. Puedo estar sin Kai, sin David, sin Lewis, sin Riku… y sí, claro que los echaré de menos pero… ¿Puedo acaso estar sin ti? ¿Podría mi corazón soportar ese choque, Haji? ¿Podría conciliar el sueño sin ver tu silueta oscura en una esquina de mi cuarto por la noche? ¿O podría ser capaz de luchar sin oirte susurrarme: "Saya, pelea"? No… no podría.

¿Por qué tú eres tan diferente?
¿Por qué lo que tú me entregas no puede hacerlo nadie más?
¿Será porque eres mi caballero?

¿Será porque llevas mi sangre?
¿Llegaré a sentirme así de unida con Riku algún día…?

No quiero pensar en el por qué de mis actos… en el por qué de mis pensamientos. Tengo tanto miedo a darme cuenta de lo que es realmente… Tengo tanto miedo a darme cuenta de que estoy enamorada de ti…

… ¿Será amor?

¿Puede que a esto sea a lo que llamen amor?

Pero… oh, Dios… ¿Cómo puedo estar segura? ¿¡Acaso alguien puede explicarme por qué estoy así!? ¿¡Qué es el amor!? ¿¡Es que se puede describir!? ¿¡Por qué me siento tan perdida!? ¿¡Por qué estoy tan vacía sin ti, Haji!?

Las lágrimas se agolpan con fuerza contra la almohada y comienzo a sollozar fuerte. Oigo el sonido de la silla y tus pasos firmes acercándose.

No… no quiero que me toques. Sé que tus manos sólo me harán más daño.

Te sientas a mi lado y me tocas levemente el hombro, ya que estoy tumbada bocabajo.

-¿Saya? ¿Ocurre algo?- me preguntas suavemente.

Yo me remuevo y hago que te apartes de mi unos centímetros, alzó mis ojos llorosos y te miro fijamente, sin poder evitar sentirme peor.

-Saya…- susurras.

No puedo remediarlo.

Me abrazo a ti con fuerza y comienzo a llorar en tu pecho, agarrándome a tus ropas.

-Haji…- te llamo mientras sollozo.

Tú abrazas también mi cuerpo, te noto más cerca aún de mi, más cerca que la tarde anterior, cuando nos abrazamos bajo la lluvia.

En el silencio puedo oir tu respiración entrecortada sobre mi cabeza, tu barbilla rozando mi pelo, tus latidos frente a mi y, alzando mi vista, puedo observar tu pálida piel, que asoma por el cuello de tu camisa.

Vuelvo a notar ese rubor teñir mis mejillas, y las mis manos tiemblan sin una explicación lógica. Estábamos tán cerca, Haji… Nuevamente quise atravesarte, quise formar parte de ti. Aunque, con ese abrazo sentí que estaba protegida, que nada ni nadie podría atraversarme si tú me rodeabas.

-Saya, dime en qué piensas- me susurraste mientras acariciabas mi pelo.

Dudé unos instantes, ya que no sabía qué decirte. Ante mi silencio tú continuaste hablando.

-Desde que despertaste ayer tarde te noto extraña, ¿ha ocurrido algo?- preguntaste suavemente sin apenas alzar tu voz.
-… No lo sé- y era cierto. No tuve que esforzarme en mentirte ya que ni yo misma sabía qué estaba ocurriéndome –De pronto es como sí…
-¿…?- bajaste tu vista y nuestros ojos chocaron.
-Sólo cuando…- intenté articular palabra, pero no podía, no si me mirabas de esa forma.

Me aparté de ti y bajé mi cara.

-Saya…- susurraste.

Es como si sólo tú pudieses curarme de esto…

Sólo cuando me abrazas, sólo cuando me miras… sólo cuando estás a mi lado y me apoyas, todos los problemas se esfuman, todo está bien, todo vuelve a la luz, a su cauce natural…

Pero cuando no estás, Haji, mi mundo se sume en la oscuridad, me pierdo, me caigo y lloro… y lloro mucho.

-… No me gusta verte así- confesaste, mientras bajabas tu cara.
-A mi tampoco.
-Saya- de pronto me miraste con decisión -¿He hecho algo mal? Dime, ¿me he equivocado en algo? ¿no he sabido cumplir bien tus deseos, acaso?
-¿Cómo que…? Claro que has sabido… mejor que nadie, Haji…- pensé.
-No es eso…- te comenté en voz baja.

Me miraste necesitando una respuesta y yo fui a dártela, tratando de olvidarme de todos los prejuicios.

-Haji, últimamente yo…

De pronto, la puerta se abrió lentamente y entró Riku, con una cara triste y apagada. Nada más vernos sonrió.

-¡Sabía que estarías aquí!- susurró para que nadie despertase.

Entró en el cuarto y cerró la puerta.

-Me aburría, así que pensé que estarías despierto- le sonrió a Haji -Pero… ¿Qué haces tú también despierta?- me preguntó el pequeño, un poco preocupado.
-Hm… yo…- traté de decirle.
-Le molestaba la cabeza- me salvaste.

Le miré y afirmé lentamente.

-Será mejor que la dejemos sola- y tu mirada se cruzó con la mía durante unos segundos.
-¿Estás seguro de que…?

Apoyaste tu mano en el hombro de Riku y no hicieron falta más palabras. El pequeño afirmó y, tras darme las buenas noches, salió del cuarto. Antes de tú también abandonarlo me volviste a mirar y susurraste.

-Que descanses.

Tras ello, oí el sonido de la puerta al cerrarse. Aquel pinchazo tan agudo volvió a encoger mi estómago. Y, de nuevo, esa sensación de soledad.

--

Salí con Haji al tejado y nos quedamos durante unos largos minutos contemplando la Luna. Acababa de hacerme el caballero de Saya-neechan pero, sin embargo, me sentía muy inútil. Le miré a él, que contemplaba el cielo entre una mezcla de melancolía y seriedad. Pese a que Haji parece tener siempre la misma cara, noté en su faz cierta preocupación. ¿Estaría así por el dolor de cabeza de Saya?

-Haji- te llamé e instantáneamente tú me contestaste.
-¿Sí?
-Desde que yo también soy un caballero me siento más unido a Saya-neechan… pero sin embargo me doy cuenta de que soy muy débil- y bajé mi cabeza avergonzado –Nunca podré luchar como tú, ni matar a todos esos monstruos, ni nada por el estilo… Creo que soy el caballero más inútil de todo el mundo…- y, tras susurrar esto último, escondí mi cabeza entre mis piernas.

Noté que me miraste cuando comenzaste a hablar.

-Hay cosas que sólo tú puedes hacer por Saya- dijiste suavemente.
-¿Cómo qué?

Tras un periodo en silencio, volviste a tomar la palabra.

-Estate siempre a su lado- y, en esto, alcé la vista para mirarte.
-¡Pero tú también pued…!- pero antes de que pudiese terminar me cortaste.
-No- dijiste secamente. –No puedo.

No supe qué más decir, sólo me pude quedar mirándote mientras girabas tu cara lentamente y la apartabas de mí. De nuevo, tus ojos volvieron a estar tristes. ¿Habría pasado algo entre Saya-neechan y tú? Sí… debe ser eso. O bueno, puede que haya sido la lluvia…


Espero que les haya gustado nwn aquí meto a Riku como narrador, ya que es una persona ajena a la historia de Saya y Haji y alguien que, según mi opinión, puede aportar un punto de vista muy interesante.

Sigo insistiendo en los reviews, para mi no son un método de decir "¡Mira cuántos tengo!" sólo me gustaría y consideraría un detalle que comentáseis este fic. De ese modo, como ya comenté,
puedo saber si os gusta o si deseais que lo continúe.

Si todo sigue igual serán 5 capítulos, aunque aún no lo tengo muy claro, la verdad... xD

Saludos y que pasen un buen día .