CAPITULO 2 EMBOSCADA
-Te dije que debimos ir a Twilfitt y Tatting en lugar de Madam Malkin's, la ropa cada día es de peor calidad y mi madre se enteró de que reciben sangres sucias aquí.
-Draco… -le respondió una mujer con severidad al interior de un probador. -Creí que ya habías superado el tema de la supremacía de la sangre, ya son otros tiempos y todos seguimos conviviendo en la misma comunidad mágica. Ni tu ni nadie puede cambiar eso.
-Que mi padre no te escuche hablando así.
-De todos modos, le caigo mal por mis ideas ¿qué más podría empeorar? -le contestó la mujer quien abrió la puerta del probador y salió para admirarse en el espejo. -¿Y bien? ¿Cómo me veo?... ¿Draco? -insistió al percatarse que el rubio estaba embobado.
-Te ves hermosa, es decir, ya sabes, con ese vestido te ves muy sexy, bueno, no quise decir sexy, más bien elegante, esteee, al diablo, ven aquí, Astoria. -dijo sin poderse resistir a tomarla por la cintura y besarla apasionadamente durante varios segundos hasta que una voz carraspeó interrumpiéndolos.
-¡Que indecentes! ¡Niños vienen aquí!
Era una mujer de cabello castaño sujetado en un moño que estaba acompañada de su rubio esposo y una pequeña niña que parecía que iría a esquiar por toda la ropa de invierno que llevaba encima.
-Disculpe señora. -Contestó Astoria Malfoy sumamente avergonzada mientras que Draco intentó recuperar la compostura rápidamente.
-Ya basta, Annie… estás hablando con un Malfoy -le dijo su esposo al oído, pero el otro rubio no pudo evitar escucharlo. -Disculpe a mi esposa, señor Malfoy. -dijo el mago e hizo un leve movimiento con la cabeza en señal de saludo. Su esposa lo imitó y se dio la vuelta para dirigirse al mostrador.
-Su rostro me es familiar, señor…
-Deyant, Walter Deyant. -respondió el hombre -durante un tiempo trabajé para su padre en el Ministerio de Magia.
-Ya veo. -se limitó a decir Draco.
-¿Draco? -lo llamó su esposa quien se había ido a sentar y repentinamente se había puesto muy pálida.
-Amor, ¿te sientes bien? -dijo el rubio que de inmediato se aproximó a ella para auxiliarla.
-Que tenga buen día señor Malfoy. -dijo Walter Deyant aún a sabiendas que el mago ya no le estaba prestando atención. Se encogió de hombros y se dirigió al mostrador en donde su esposa estaba inspeccionando unas túnicas que habían encargado.
-No me parece que sea una buena idea que estés socializando… podría hablar y Rebeca nos va a encontrar.
-Si nos encuentran será tu culpa -le reprochó el hombre. -Sólo a ti se te ocurre pedir túnicas en un lugar demasiado público.
-Sólo aquí las confeccionan como me gustan. Además, nuestra hija merece lo mejor, ¿no lo crees?
Walter suspiró y asintió con la cabeza, mientras que ambos dirigieron una mirada nostálgica a la pequeña de cabello negro que se sujetaba fuertemente de la capa de su madre.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Cassie tamborileaba los dedos impacientemente sobre su escritorio. Tenía mucho que no tomaba esa actitud, pero ese día lo menos que quería hacer era permanecer como espía en el Ministerio de Magia.
"¿Y si hoy finjo una enfermedad?" –pensó la pelirroja mordiéndose el labio.
Esa mañana los miembros de la familia Bessat se encaminarían en la búsqueda de unos viejos camaradas y ella quería estar ahí. ¡Necesitaba estar ahí! Sobre todo, cuando la misión de encontrar a los Deyant era la prioridad principal de Rebeca en el último año. Ellos habían escapado del rebaño y no conformes con eso, se habían llevado consigo algo que Rebeca anhelaba: Una pequeña niña, clave del misterioso rompecabezas de los Bessat.
Abatida suspiró y esperó.
Pocos minutos después, muchas cosas se mezclaron, comenzando con la aparición de Hermione Granger que entró a la oficina bastante despistada y anormal.
-¡Ya va a nacer, ya va a nacer! –gritó con alegría y agitando las manos al ver a Cassie.
-¿Quién?
-El bebé de Harry, ¿recuerdas que te lo dije hace unos meses? El bebé está a punto de nacer, debo ir a verlos.
-¡Oh, ya lo recuerdo! –por supuesto que lo recordaba. Gracias a la confianza que se había ganado con Hermione, sabía muchas cosas de los Potter; incluido el embarazo de Vanessa. Sin embargo, nunca pudo lograr que le dijera la fecha aproximada del nacimiento. Siempre faltaba "sólo un poco" para eso.
-Debo irme Cass, si me necesitan llámame –dijo de forma apresurada colocándose el abrigo. –No, no… mejor tómate el día libre.
Dicho esto, cerró la puerta tras de sí y Cass se quedó de pie en la habitación. No acababa de asimilar la repentina despedida de su jefa cuando sintió un tirón en su brazo. Una delgada línea de humo negro se enrolló en su mano para luego formar la frase: "Los tenemos, ¡tienes que venir al callejón Diagon!". Cassie sonrió y se concentró en el lugar donde debía aparecer. ¿Alguien se percataría de su repentina desaparición?...
No.
Decidió aparecer en un callejón junto al Caldero Chorreante para poder ponerse la capa morada que utilizaban para proteger su identidad.
-¡Hey! –susurró alguien a su espalda en cuanto entró a la taberna. Ella reconoció de inmediato el porte de John -¿Qué haces aquí?
-Chris me llamó y yo vengo a divertirme. –la joven recorrió el lugar con la mirada. Uno, dos… cinco clientes a esa hora de la mañana, pero era normal, con el frio, todos debían estar calientitos en su cama tomando una taza de té. –Dijo que era en el callejón Diagon. -Cass sonrió y avanzó a la parte trasera, pero su compañero se quedó donde estaba.
-¿Nos vamos ya?
-Me gustaría esperar a Vale, Brian y Milly, yo también los llamé.
-No creo que vayan a venir, me enteré de que el hijo de los Potter nace hoy y me imagino que estarán ocupados en eso. –hizo una pausa y miró en todas direcciones vigilando que nadie les prestara atención. –Pude aprovecharme de obtener esa información e ir a arruinarles lo que han estado esperando este tiempo por complacer a Rebeca, pero es mejor que los peques tengan su momento de gloria.
-Ni tan pequeños Cass, ni tan pequeños… -le recordó John.
La puerta del Caldero Chorreante se abrió dejando entrar un viento helado junto con algunos copos de nieve. La persona que entró se sujetaba el gorro para evitar que su cabeza quedara descubierta, pero no pudo evitar que unos cabellos rojizos se salieran de su lugar.
-¡Ginny! –saludó alegremente la otra pelirroja. –¿Saliste de la madriguera, digo, del cuartel?
Ginny Weasley pasó por su lado ignorándola y dibujando una mueca de disgusto porque siempre era lo mismo.
-Vamos, no puedes aplicarnos la ley del hielo todo el tiempo –agregó John en tono serio.
-Si puedo.
-Debes dejar el pasado atrás, eso fue hace ya un año. –le replicó persiguiéndola por el pub hasta llegar al patio trasero.
-No, John. –dijo la bruja rechinando los dientes y encarándolo. –Ese día atacaron a personas que conozco, mataron a amigos míos, lo hicieron a mis espaldas –empezó a enumerar recordando lo sucedido en el Ministerio de Magia. –Mi familia estuvo en peligro… ¡Por su culpa!
-Hemos discutido bastante el asunto de la familia. Deja de respaldarte en eso Weasley, ¡Supéralo! –bramó Cass haciendo a un lado a la otra muchacha para tocar con la punta de la varita los ladrillos que les permitirían entrar al Callejón Diagon.
-Sí, claro. Para ti es tan fácil decirlo, como no tienes memoria, no tienes nada de qué preocuparte… -Ginny casi lo gritó y bajo la capucha de Cass pudo notar como el tono de su piel se estaba encendiendo más y más por el coraje de escuchar esas palabras.
-Basta. –les cortó John poniéndose en medio de ambas para evitar un enfrentamiento –No olviden dónde estamos y lo que vinimos a hacer.
Cruzaron el portal abierto exclusivamente para ellos y luego de dar unos pasos, Ginny se arrepintió y deseó irse con tal de no cruzar cerca de Sortilegios Weasley. Sin embargo, no pudo escapar de sus responsabilidades porque Cass la sujetó fuertemente del brazo para desaparecer juntas y aparecer sobre las azoteas de los edificios.
-Listo, deja de poner excusas. –le dijo de mala gana.
Ambas se asomaron a la calle. Se encontraban sobre el techo de Artículos de Calidad para el Quidditch. Desde ahí tenían una vista perfecta a todo el callejón: Frente a ellas estaba El emporio de las Lechuzas, Madam Malkin's y un poco más allá, se observaban los letreros coloridos de Sortilegios Weasley. Pero no sólo eso; algunos madrugadores hacían las compras matutinas sin importarles el frio o la dificultad de caminar por entre la nieve. Todos iban tapados con largas túnicas, capuchas y bufandas. A ninguno le preocuparía ver a unos encapuchados más vestidos de morado y negro. La formación de los Bessat era dispersa, pero desde la perspectiva que tenían Cass y Ginny, podían enterarse del plan sin necesidad de conocerlo a profundidad. Iba a ser un acorralamiento a los Deyant que iniciaba en el callejón Diagon y culminaba a la entrada del Callejon Knockturn. Fueran a donde fueran, alguien de los Bessat se interpondría en su camino.
El majestuoso caminar de Rebeca finalmente captó su atención. Se colocó frente a donde ellas se encontraban y asintió con la cabeza para indicarles que estaba de acuerdo con su posición para luego ocultarse detrás de las páginas de un periódico en donde un encabezado rezaba: "Continúa la Búsqueda" acompañado de un retrato hablado de Rebeca (que no se parecía mucho a ella) y sombras de encapuchados detrás de la imagen.
Instantes después la puerta de la Madam Malkin´s se abrió. Una mujer esbelta con cabello castaño recogido en un moño salió tomada de la mano de un hombre alto y rubio que a su vez tomaba con delicadeza la mano de una pequeña niña. Hombre y mujer miraron en todas direcciones de forma precavida para cuidar que no hubiese alguien sospechoso o siguiéndoles, pero al parecerles todo normal, siguieron con su camino.
La niña que los acompañaba traía una bufanda azul y gorro. Ella podía sentir la presión de sus padres a pesar de su corta edad. Miradas de preocupación es lo único que conocía y por lo mismo, su forma de actuar era muy diferente a la de otros niños a quienes miraba con curiosidad preguntándose porqué brincaban o porqué reían tanto. Sus padres no hacían eso, es decir, de vez en cuando le sonreían, pero sólo eran muecas forzadas. Como fuera, ellos la protegían, no tenía idea de qué, pero lo hacían. Cuando sus padres giraron las cabezas hacia atrás, ella también lo hizo; estaba comenzando a nevar y eso le gustó. Siguió observando a su alrededor mientras era arrastrada por el callejón hasta que su visión se topó con el local de "Artículos para el Quidditch".
-No olvides el camino que debemos tomar Annie. –dijo el hombre a su esposa al mismo tiempo que su hija lo jalaba de la manga.
El hombre volteó a ver a la niña que señalaba en dirección a las escobas y que tenía una mirada suplicante.
-Oh… -susurró el hombre apenado. –Ahora no podemos pequeña, será después. ¿De acuerdo?
La niña se encogió de hombros sin tomarle mucha importancia porque conocía la respuesta mucho antes de que su padre se negara. Su mirada siguió divagando por los locales y se detuvo en el Emporio de las Lechuzas donde una mano amigable parecía saludarla. La pequeña con inseguridad agitó su mano enfundada en guantes para devolver el saludo, un saludo que no pasó inadvertido por su madre que al darse cuenta y seguir la dirección descubrió a Rebeca.
Annie Deyant se quedó congelada estrangulando el brazo de su marido que se vio forzado a frenar.
-¡Walter, nos encontró, nos encontró! –gritó la mujer al ver también a John y Will acercarse a ellos. Cargó a la niña y echó a correr junto con su esposo sin darse cuenta de que dirección tomaba para huir.
-Vamos nena, tú también tienes que correr… Por qué eso si lo puedes hacer, ¿no? –le dijo Cass desde la azotea y con varita en mano fue caminando dispuesta a atacar cuando fuese necesario.
Para los Deyant era complicado correr debido a la nieve, pero lo intentaban. Los Bessat sin embargo, se tomaban las cosas con más calma, o al menos así lo harían si la pareja no decidía meterse a un establecimiento. Además, se trataba de no llamar tanto la atención, y si era un callejón. ¿Dónde podrían esconderse?
Chris seguía en el callejón Knockturn un poco ajeno a la situación, había entrado a preguntar por el precio de unas cabezas reducidas para quizá comprar una y molestar a Brian quien junto con Milly y Valeria acababan de llegar al famoso callejón Diagon intentando ponerse al corriente de la situación.
Ya muy cerca de Gringotts, la niña gritó asustada y la poca clientela de esas horas los miró, pero no tanto por el grito, sino por la ola de nieve que se levantó en torno a ellos sin explicación alguna.
-¡¿Qué fue eso?! –exclamó Ginny a quien le pareció un verdadero espectáculo pero luego se tiró al suelo cuando vio a su hermano George salir de la tienda para ver.
Cassie seguía su camino por la azotea, alcazaba a ver Gringotts y mientras se concentraba para saltar los últimos dos establecimientos y desaparecer para reaparecer sobre el banco mágico, algo extraño le pasó.
"Rebeca, si no vienes conmigo voy a morir"
"Lo siento Mary, esta es mi familia y no voy a entregarla al Señor Tenebroso"
"¿Cass?, ¡¿Cassie?!"
Con los ojos dilatados, la bruja de ojos celestes y corto cabello pelirrojo dejó de correr para simplemente trotar intentando alejar la extraña voz que había escuchado en su cabeza.
"¡Cassandra, desaparece, escóndete de ella y busca a…!"
Se repitió en su mente, era una voz masculina, preocupada y desesperada que jamás había oído. Cerró los ojos un momento, pero hubiese sido mejor que no lo hiciera porque perdió el piso, o mejor dicho, la azotea. Chocó por lo menos 3 veces contra las paredes de los dos locales del hueco por el que cayó antes de llegar al suelo.
Ginny, Brian, Milly y Valeria fueron los únicos que se dieron cuenta de lo sucedido a Cass, quien de repente estaba arriba y luego había desaparecido de su visión. Los cuatro se apresuraron a donde ella estaba creyendo que sólo se trataba de un mal paso dado por la bruja, pero alguien más había provocado su caída.
-Lo siento Cass, pero es lo mejor para ti –susurró Rebeca Bessat que tenia la varita mágica oculta bajó su túnica para que nadie se diera cuenta. Ella había lanzado un hechizo aprovechando la distracción de Cassie para romper la estructura de hielo donde la muchacha se sostenía y resbalara hasta hacerla caer.
–Reconozco esos síntomas, corazón. –siguió hablando para sí. –No puedo dejar que recuerdes demasiado, sería contraproducente.
Y dicho esto, siguió caminando hasta donde los Deyant que, asustados por la ola de nieve, corrieron en direcciones diferentes. Annie y la niña habían corrido por lo que quedaba del callejón Diagon y Walter corrió hacia el callejón Knockturn, el camino correcto.
Con ayuda de un hechizo, Ginny Weasley bajó de la azotea al mismo tiempo que Brian y Milly se acercaban a ver a su amiga que ahogaba gritos de dolor con la manga de su túnica.
-Cass, ¿Qué pasó? –se apresuró a preguntar Brian.
-¡Dios! Miren su pierna –señaló con dramatismo Milly a la extremidad derecha de Cass que estaba en una posición demasiado extraña. Se había roto.
-¿Qué… que hacen a-aquí? –dijo Cass entrecortadamente al ver a Brian y Milly antes de volverse a quejar.
A la distancia se escuchó un golpe sordo y un grito. La acción estaba comenzando y los recién llegados se estaban perdiendo la acción. A excepción de Vale que se les había adelantado.
-Quédate aquí Cass, volveremos pronto. Brian, ¡vinimos por acción! –exclamó Milly emocionada tomando al mago y desapareciendo por donde habían llegado.
–¡Hey! El hijo de los Potter ha… ¡ha nacido hoy! –les gritó Cass, pero ninguno de los dos le prestó atención.
Ginny soltó una leve exclamación, aunque fingió darle más importancia a lo que le sucedía a la otra bruja.
-Tenemos que llevarte a alguna parte para que te arreglen la pierna, no puedes estar así.
-¡A San Mungo, A San Mungo! Si esos tontos no aprovechan la oportunidad nosotros tenemos que hacerlo. Hermione Granger me confirmó que hoy nacía.
-¡Preocúpate por ti y no por ellos! –le regañó Weasley.
-Olvidaba que hablaba con la defensora de los Potter… ¡Llévame al hospital!
-Te llevaré a otra parte, ¿o te arriesgaras a que Hermione te vea así? –Cass enmudeció. –Luego habrá tiempo de que hagan lo que quieran. Por hoy conseguir a los Deyant es suficiente.
-Pero…
-Nada de peros.
-Hay que avisarle a Rebeca…
-Ahora no. –le cortó Ginny y le arrebató la varita mágica para evitar que le mandara un mensaje al puro estilo Bessat.
OoOoOoOo
La niña volvió a gritar. Y es que era ella la que se llevaba la peor parte pues recargada sobre el hombro de su madre veía a los curiosos que se preguntaban el por qué de su carrera y otros no tan curiosos que iban tras ellas a hacerles daño. Pero… ¿Dónde estaba su padre? Obviamente no estaba tras ellas, podía saberlo a pesar de que su gorro le tapaba parte de visión. Y no sabía si caminaba delante porque su mamá se esforzaba en sujetarle la cabeza para que no la levantara.
La señora Deyant también se dio cuenta de que faltaba su esposo, se giró buscándolo con la mirada, sólo reconoció a Rebeca, John y Will. Las demás caras a su alrededor eran de desconocidos, deseó gritar para pedir ayuda, pero no se sintió capaz de hacerlo por la presencia de la mujer rubia de penetrantes ojos negros.
-Se acabó Annie. Entrégame a la niña. –pidió Rebeca con un dejo de dulzura en la voz.
-Por favor, no… -chilló la otra mujer.
-No nos hagas perder el tiempo Annie, a ninguno de nosotros le conviene llamar la atención. –añadió Will
-Esa criatura no es tu hija, es mejor que me la entregues. –volvió a decir Rebeca un poco más seria, pero intentando parecer dulce.
Annie agitó la cabeza de un lado al otro conteniendo las lágrimas. -¡AUXILIO! –exclamó de repente causando conmoción entre los presentes.
-Tráiganme esa niña. –les ordenó la rubia a John y Will.
Se acercaron a la mujer con paso decidido, pero cuando la pequeña los sintió muy cerca, gritó otra vez. Una barrera de nieve se levantó entre las brujas y los magos impidiéndoles el paso y haciendo caer a John. La señora Deyant no entendía lo que pasaba con esa nieve, aunque cada que aparecía le daba tiempo suficiente para escapar.
Sin embargo, nadie se movió cuando un aullido resonó por todo el callejón y vieron sobre sus cabezas el cuerpo de un hombre que de un modo fue elevado por los aires en el callejón Knockturn, pero había alcanzado tanta altura que serian pocos los que no repararan en él.
-¡Walter! –se oyó la voz desesperada de la mujer al reconocer la túnica de su esposo cuyo cuerpo inerte regresaba al suelo a gran velocidad. El golpe sería mortal y tenía que evitarlo.
-¡Creí que le dijiste a Chris que no se emocionara tanto. –le murmuró Will a Rebeca quien fruncía cada vez más el ceño porque las cosas no eran como ella las planeaba. Su furia se acrecentó cuando al desaparecer la barrera de nieve, Annie y la niña ya no estaban.
…
…
Hola de nuevo!
Mentiría si dijera que fue fácil escribirlo. Todos los que llevan mucha acción son los más difíciles para mi u.u pero son necesarios para que MP, no pierda su esencia. La persecución a los Deyant y esa niña serán muy importantes así que no los pierdan de vista. Tenía planeado que en este saliera a la luz el nacimiento del pequeño Potter pero lo retrase al siguiente: la parte buena es que ya tengo algo escrito de eso xDDDD, la mala es que tendrán que esperar para volver a ver a la pequeña Mel y sus travesuras y la furia de Rebeca… que sus pupilos se han portado un poco mal ¬¬
En fin, los dejo por ahora y espero no tardar tanto con el siguiente.
Bye! Los quiero, y gracias por seguir leyendo MP
