Capítulo I.

..

El camino a su edificio, específicamente a su oficina, le había resultado por mucho agotador. El parque del que venía y que visitó en su coche estaba casi al otro lado de la ciudad y no lo frecuentaba nunca, la sorpresa que se llevó realmente no la esperaba. Frustrado unía los hilos que le indicaban una y otra vez que era papá. Intentaba pensar con la cabeza fría, él no era del tipo de personas que se apresuraba a sacar conclusiones, debían haber otras explicaciones. Pero indudablemente el parecido entre él y esa pequeña era escalofriante.

—¡No puede ser! —Gritó Kakashi después de entrar a su oficina y al tiempo que tiraba una silla al suelo con brusquedad.

—¿Qué sucede, Kakashi? —Preguntó Asuma al entrar casi inmediatamente después de escuchar el fuerte ruido. Él era su socio, un hombre de cabello negro y corto, alto, gustaba de practicar deportes como el fútbol pero tenía problemas con el cigarro, mejor amigo de Kakashi desde que ambos tenían memoria y empresario de élite, además de tener gran fama de mujeriego. Era alguien quien aseguraba que con todos estos aspectos, su vida era perfecta.

—No tengo humor para hablar en este momento, Asuma. —Respondió con desgana el enmascarado que puso ambas manos sobre su rostro, signo de gran frustración.

—Hatake, te conozco. —Dijo señalando los restos del objeto de madera que reposaban en el suelo— Necesitas hablar —sentenció con firmeza—. Te escucho.

Kakashi no dudó mucho antes de abrir la boca. Después de todo, él era su amigo. —Asuma, ¿qué me dirías si te digo que tengo una hija? —Le preguntó sin voltear a verle la cara.

—¿De qué hablas, Kakashi? —Dijo con pánico sobre su rostro el de los ojos negros y profundos que veía asombrado a su amigo golpearse la coronilla de la cabeza contra una pared.

—Bueno resulta que… ¿Tengo una hija? ¡Qué tal! —Dijo volteando a verle histéricamente.

—¿Qué? ¡Tú! ¿Estás seguro? —Le preguntó con la voz muy alzada, sus pupilas estaban dilatadas y se sintió a morir. Por un momento pareció que él era quien se había convertido en padre con la noticia. Intentó no perder el equilibrio y se sentó en un sofá de la oficina, haciéndole ademán de que se sentara junto a él.

—¿Podrías creer que la pequeña tiene como seis años? —Dijo con un tono más calmado pero con la misma expresión de frustración de antes, el ceño fruncido y sin dejar de jugar con sus dedos histéricamente. Se sentó junto a Asuma.

—¿Pero… quién es la madre? —Preguntó atónito el de cabello negro y traje azul.

—Recuerdas a la modelo, ¿Mitarashi? —Preguntó Kakashi. Sabía que Asuma la recordaría pues él tenía excelente memoria.

—¿La que desapareció a la mañana siguiente? —Recordó Asuma— Cómo olvidarla, bellísima, por cierto.

—Lo sé, pero ese no es el caso, Asuma. El punto es que ella no me dijo que teníamos una hija. —Dijo el Hatake con la mirada perdida sobre algún punto fijo sobre la pared, volviendo a recordar lo vivido en el parque.

—¿Ella te buscó hoy para decírtelo? —Inquirió a saber.

—No, la he visto en el parque Okayama con mis propios ojos. —Le respondió.

—Pero, ¿por qué estás tan seguro que la pequeña es tuya? No es por nada, amigo, pero no eres el único hombre en Japón. Puede ser hija de cualquier otro.

—No me entiendes, Asuma, no es cuestión de ego y de que yo fui el único de esa modelo, ni siquiera fui el primero, lo digo porque esa pequeña es mi imagen en miniatura, con tan solo decirte que tiene un hermoso cabello plateado… —Kakashi estaba moviendo las manos mientras hablaba, al darse cuenta se detuvo e hizo una pequeña pausa —Dime, ¿cuántos hombres de cabello plateado pueden haber en Japón?

—Amigo, si tanto te preocupa debes hablar con ella. Asegurarte que en serio es tuya, y de ser el caso preguntarle porque no te dijo algo como esto antes —le aconsejó Asuma—. Aunque de ser por mí yo me quedaría callado. Si quiere mantenerla sola, que lo haga.

—No seas idiota. Es mi responsabilidad —pequeño silencio— ¿Y si ella no lo niega? —Le preguntó el Hatake con tono dudoso— ¿Qué haré yo con una niña? No es como si de repente me naciera un instinto paternal. Nunca desee tener hijos, y ahora descubro esto. —Mencionó estirando su cuello y dejando caer su cabeza mientras miraba el techo de la oficina.

—Esto parece un reto que te presenta la vida —Asuma movió la boca hacia el lado derecho, sentía pesar por su amigo—. Por cierto, ¿no te protegiste esa noche? ¿Cómo vas a ser tan descuidado? —Kakashi no respondió, el silencio era un tipo de afirmación a las suposiciones de Asuma— Seguro esa niña ha crecido sin padre todo este tiempo. —Ambos respiraron profundamente y exhalaron el aire al mismo tiempo— Hasta suena gracioso, una niña tiene tu sangre en sus venas.

—Antes de hablar con ella debo saber en dónde está trabajando y como lleva más o menos su vida. ¿Dónde vive? ¿Sigue siendo modelo? ¡Tal vez hasta esté casada!

—Si está casada es un peso menor, amigo. Eso sí, intenta hablar con ella pronto ahora que sabes la verdad y antes de que las cosas se pongan graves. —Asuma se puso de pie y caminó al exterior de la oficina— ¿Quién lo diría? ¡Kakashi Hatake tiene una hija! —Le dijo en voz alta y de manera burlona al peliplateado mientras salía riendo hacia su propia oficina.

—Idiota… —Dijo Kakashi con tono malhumorado.

∷-.K-A.-∷

—Ya llegamos, Kurenai —Dijo Anko cerrando la puerta de un humilde apartamento mientras una niña pequeña salía corriendo hacia los brazos de una mujer que llevaba puesto un sencillo delantal rojo.

—¡Tía Kure! —Llamó con una enorme sonrisa la pequeña que se alzó inmediatamente a los brazos de Kurenai Yuhi, una mujer que vivía en el mismo apartamento que las dos Mitarashi. Físicamente era de cabello negro, largo, de penetrantes ojos rojos y una sonrisa brillante. Trabajaba de mesera en un restaurante cerca de ahí. La Yuhi al tener a la pequeña en brazos comenzó a besar las mejillas de la niña causando varias risillas perdidas por la sala.

—Vamos, Krixfa, tu comida está servida en la mesa —con una sonrisa la bajó de sus brazos y le dio una leve nalgada para que saliera corriendo.

—¡Sí tía! —Se escuchó la respuesta a lo lejos.

—Qué niña tan linda es tu hija, Anko —mencionó ésta, a la mujer con expresión cansina en su rostro.

—Estoy muerta, Kurenai, esta niña no se cansa nunca —suspiró—. Jugó por horas en el parque.

—Sí, noté que hoy tardaron más de lo normal. —Luego cambio la expresión de sonrisa por una más seria— ¿Anko hablaste con Kumiko?

—Sí…

—¿Y qué te dijo?

—No puede hacerme ningún préstamo —soltó de golpe—. Si las cosas siguen así Krixfa no irá al preescolar hasta el otro año. —Suspiró con algo de mortificación de por medio.

La expresión de Kurenai cambió a un ceño fruncido y leve enrojecimiento de las mejillas por el enojo y la impotencia que sentía —¡Pero Anko! ¿Por qué putas no le has dicho al padre? ¡Ocupamos el dinero para la educación de tu hija! ¡Búscalo y dile! Que dé la cara y se muestre como hombre ante sus responsabilidades. —Le dijo bastante molesta pero en un tono bajo de voz para que la pequeña disfrutara de su comida tranquila y sin percatarse de la plática.

—Kurenai, ya te lo he dicho varias veces, ese hombre nunca la aceptaría como hija. Podría tacharme incluso de interesada por su dinero.

—Anko, no fue de la nada —intentó hacerla entrar en razón—. Esa noche estaban muy borrachos y a la mañana siguiente no tomaste la pastilla, conozco la historia —Anko volteó la cara un poco a la derecha para no ver a la mujer frente a ella—. Pero esa pequeña que está ahí debe conocer a su padre, has visto a Kakashi Hatake un par de veces en la calle estos últimos años, ¡es su imagen pura! No puede esquivar una responsabilidad tan grande. —El ceño de Kurenai estaba aún más fruncido.

—Kurenai, entiéndeme —le dijo poniéndose seria—. Ese no es del tipo de hombres que vendría con los brazos abiertos a formar una familia conmigo por el bien de una niña de la cual no sabe ni su existencia —dijo entrando al comedor donde la niña terminaba su almuerzo, mirándola desde el marco de la puerta habló— No quiero que la rechace, no quiero herirla, es mejor que crea que su padre está muerto y no que sepa que no la quiere. —Le susurró.

—Anko, no seas injusta con ese hombre. Él no sabe de Krixfa por tu culpa, tú no le buscaste nunca. ¿Cómo quieres que la quiera si no la conoce? Debes buscarlo y hablar con él, es un gran empresario. Muy fácil de localizar si así lo quieres, y esto es algo muy importante para él.

—Supongo… —Dijo sin ganas y sin dejar de ver a su hija que estaba comiendo de espaldas a ella.

—Y ahora lo necesitas, si no quieres verlo esa eres tú. ¡Hazlo por ella! Sabes que se merece una educación y ese hombre está hundido en dinero, ¡qué se la costee! ¡Para que tiene hijos si no vela por ellos! Si no le dices tú, yo lo iré a buscar personalmente y lo haré, no permitiré que Krixfa crezca sin educación por un capricho tuyo. Primero es el preescolar, ¿y luego? La escuela. ¿Después? El colegio. Llegará a la Universidad y ¿quién se la va a pagar? Tú no podrás sola, sabes que ni siquiera con mi ayuda. —Todo eso lo estaban hablando aún en susurros.

—Kurenai, está bien. Lo intentaré por ella pero tú no digas nada, es algo que tengo que hablar personalmente con él.

—Te doy cuatro días para hacerlo, si no lo haces lo buscaré yo.

—Entendido. —Dijo Anko con malhumor.

—¡Tía! —Gritó la niña pequeña levantándose de la silla y yendo hasta las dos mujeres —¡Estaba muy rico! ¡Gracias! —Le informó mientras le abrazaba dulcemente la pierna y la jalaba del delantal.

—Con mucho gusto, pequeña —Le sonrió la de ojos rojos.

—¡Mami, vamos a jugar arriba! —Le dijo muy emocionada la peli plateada de seis años. Después de comer seguía con energía, por suerte en cualquier momento le daría sueño y caería rendida ante la siesta diaria a la que estaba acostumbrada por las tardes.

—Hoy no amor, ya fuimos al parque y mami esta cansadita —Le respondió con una sonrisa y dándole un pequeño toque en la nariz.

—Aww… —Dijo la pequeña decepcionada viendo hacia el suelo —¿Y tú, tía? —Le preguntó con una sonrisa de lado a lado haciendo imposible para Kurenai negársele.

—Claro que sí, amor, así dejamos que tu mami reflexione un poco. —Dijo volteando a ver a la peli púrpura —¿A qué quieres jugar? —Le preguntó comenzando a subir las escaleras, tomada de la mano de ella.

—Mira, juguemos a que yo soy una doctora y tú te rompes el pie y entonces yo llego…

.

La Mitarashi las observó subir las escaleras con una mirada caída. Se quedó en el piso inferior pensando en lo que su amiga le había dicho minutos atrás.

Y aunque no quiera creerle, Kurenai tiene razón, debo enfrentar el pasado y hablar con Hatake Kakashi. Ese hombre se debe hacer responsable de su hija —Pensó con apariencia firme, lo buscaría. Con ese pensamiento se dirigió a la cocina para almorzar y ojear el periódico en busca de trabajo, como ya era común las tardes de los días martes.

∷-.K-A.-∷

—¡Aquí esta! —Se dijo Kakashi muy emocionado frente al computador, luego de abrir la decimo sexta pagina que le daba Google con resultados para el nombre Anko Mitarashi

«Anko Mitarashi, ex modelo profesional que arruinó su carrera al quedar preñada. En los cinco últimos meses de su trabajo la contrataron para modelar ropa interior para mujeres embarazadas pero luego de tener a su hija, una niña de tez hermosa del cual se desconoce su nombre y el del padre, su carrera vino de pique y no encontró más ofertas de empleo. Actualmente está desaparecida de los medios... Nadie conoce acerca de su actual paradero…» Leyó el Hatake en voz baja —Estúpidas páginas amarillistas de internet… no saben nada. —Masculló frustrado bajando el monitor de su laptop para luego ponerse de pie— En fin, tendré que buscarla yo mismo. Será un poco difícil sin tener más pista que la de verla paseando en un parque un martes cualquiera… ¿En que trabajas ahora, Anko? —Cuestionó para sus adentros.

∷-.K-A.-∷

«Se necesita empleada para KH&AS Business. Ocho horas diarias, paga básica, buen ambiente laboral. Que sepa leer y escribir. Dispuesta a limpiar y organizar papeles entre otras cosas.» Era el anuncio del periódico que Anko estaba leyendo —No se ve mal —murmuró para sí con la boca llena de comida mientras encerraba en un círculo amarillo el anuncio— Quién sabe de qué tratará esta empresa, mañana iré a ver qué tal es ese lugar. —Dijo metiendo una cucharada de arroz en su boca y aún leyendo las demás páginas de anuncios en el periódico.


¡Gracias por el apoyo que le han dado a la historia! Me sorprendió que el prólogo fuera tan querido por todos ustedes. (:

Pronto el capítulo dos. ¿Alguien adivina lo que significa KH&AS Business?