Lineas de sangre
Mi ángel guardián
"Soy la tía con mas suerte del mundo,
Sigo viva
y aun así me seguiría jugando la vida sin pensarlo,
soy estúpida"
Unas manos me levantaron con cuidado, sentí su calor en mi espalda, y como con dulzura me apartaban un mechón de la cara, y acariciaban dulcemente mi deforme y amoratado rostro.
En las mareas de oscuridad, pude oír un murmullo, pero no pude entender lo que decía.
Al poco volví a sentir el frío suelo…
Abrí los ojos, la luz me cegaba, así que estreche mi mirada, esperando que mis pupilas se dilataran. Estaba en una habitación blanca, con sabanas blancas, cortinas blancas….
-Estoy en el purgatorio…. Hay que joderse…-intente levantarme, pero algo dentro de mi chasqueó, haciendo un ruido bastante desagradable e inmediatamente estaba de nuevo tumbada.
Una pequeña risa me distrajo de mi dolor.
-Sine… me vas a pagar esto muy caro- la cara de mi madre dejo de sonreír, y se volvió muy serio- te has puesto en peligro tontamente otra vez…
-Mama… no… ¿por que estas en el purgatorio?
Mi madre hizo un ademán de exasperación.
-No estas muerta Ambrosine de la Croix.
Tarde un segundo en asimilarlo todo. Aquello era un hospital, sentía dolor, por lo que no podía estar muerta… una carcajada sonó por mi garganta, y otro chasquido retumbó dentro de mí. Mi cara se contrajo en una mueca de dolor.
-Soy la tía con más suerte del planeta –y sonreí con cuidado de no hacerme daño.- ¿como esta Karen?
Alguien llamó a la puerta, impidiendo que mi madre respondiera a mi pregunta, una enfermera entró, llevaba un ramo de flores. Lo dejó a mi lado, en una pequeña mesa, tenia una tarjeta, "recupérate pronto"
Sonreí, alguien se acordaba de mi, pero ¿Quién? Mire a mi madre buscando una respuesta para las flores, pero algo en su cara me hizo olvidarme de ellas. La conocía muy bien, demasiado bien, algo no iba como debiera ir.
-¿Qué ocurre mama? –intente que mi voz sonara dulce, pero mi inquietud me traicionó.
Ella me miró, con ojos lánguidos, luego fijó la vista en sus manos.
-Karen… ha muerto…
Algo ardió dentro de mí.
-Donde esta ese cabrón, hijo de puta- hice ademán de levantarme ignorando los chasquidos y el dolor, quitándome de un tirón un gotero, y saltando de la cama, un calor enorme me estaba devorando desde dentro- ¡YO LO MATO!
Tres enfermeras aparecieron corriendo por la puerta. Intentaron sujetarme, pero yo me debatía, el calor dentro de mí iba a explotar. Sentí como algo fino y alargado se clavaba en mi brazo y se introducía, al instante, me sentía confusa y débil. Sin esfuerzos las enfermeras me metieron en la cama y me dejaron dormir.
Volví a despertarme, las pesadillas me habían perseguido durante todo mi sueño, Karen había muerto por mi culpa, no había sido suficientemente fuerte, y mi ángel guardián solo me había protegido a mí.
-¡Mierda!- quise llorar, y lo conseguí.
Las lagrimas corrieron por mis mejillas, me aparte el pelo negro y corto de la cara, limpiando como podía esas lagrimas. Y allí me quede, patéticamente débil, patéticamente rota, llorando por lo que no había sabido defender.
En la noche no tuve más compañía que mis lágrimas y mi odio. Odiaba a las personas que maltrataban a los débiles, los odiaba por encima de todo.
Los médicos dijeron que en unos meses podría moverme, pero que tardaría mucho mas en recuperarme del todo, era casi milagroso que pudiera salir indemne de la situación, mis huesos se habían roto tantas veces que no entendían como podían seguir curándome. Pero había otra cosa que me preocupa, alguien tendría que pagar el medico.
Una vez en casa intente abordar el tema con mi madre.
-Mama…. ¿Como vamos a pagar el medico?
Ella me miró por encima de sus gafas, sonriendo.
-Al parecer, si que tienes un ángel guardián- ella sonrío, divertida por mi cara de estupefacción- te han dado una beca de deportes… así que podremos pagarlo sin problemas.
-Y… ¿se puede saber cuando he echado yo una beca de esas?
Mi madre se encogió de hombros, y se fue sin responder a mi pregunta.
