BUSCANDO UN HOGAR
Angie Carmona
LES DEJO EL PRIMER CAP
Ya e saben lo único mio... es la historia
Capitulo 1
Lunes por la madrugada… para ser exactos las tres de la mañana y recién comenzaba la rutina de un joven de ojos verdes, tez blanca, complexión delgada y espíritu abatido. Desde hacía dos meses a esta hora comenzaba su jornada.
—Vamos pequeño, no llores… por favor—pidió semidormido al diminuto cuerpo que dormía en una cuna al pie de su cama.
Sin embargo los llantos eran insistentes y aumentaron de intensidad; tal pareciera que Edward le hubiera pedido que lo hiciera. Él caminó con paso rezagado y a ciegas llegó hasta donde un bebé de escasos cinco meses de edad pedía por su alimento insistentemente. Lo cargó, revisó y arrulló rápidamente esperando que se calmara un poco antes de dejarlo de nuevo para salir de la recamara por el biberón de su hijo. No tardó mucho en llegar hasta donde la cocineta se encontraba y es que dentro de ese departamento de juguete todo se encontraba demasiado cerca del resto y sin embargo era lo único que podía pagar con el trabajo mal pagado de la cafetería del campus universitario y el poco dinero que su madre, Esme, le enviaba sin que Carlisle pudiera sospecharlo y es que este, según decía, ya hacía bastante con seguirle pagando la matricula en la Universidad de George Washington a pesar de lo que había hecho.
—Aquí está tu comida—intentó decirlo de un modo amable que sinceramente no le salió.
Tomó en brazos de nuevo al pequeño para poder alimentarlo deseando que se durmiera pronto igual que la noche anterior para poder estudiar para su examen de las nueve de la mañana. Caminó como ya era costumbre por la estrecha habitación mientras arrullaba al pequeño de ojos con color indescifrable y le cantaba una vieja canción que solía gustarle de pequeño. Lo regresó de nuevo a su cuna y con un amor que no pudo reprimir lo arropó esperando que descansara lo que él no iba a poder hacer. Esbozó una sonrisa de resignación y ya con el sueño espantado encendió la luz de comedor, sacó su libro de farmacología y se dispuso a estudiar acompañado de un litro de café.
Irguió su cuerpo para despejarse un poco y se estiró tratando de eliminar el dolor recién nacido en su espalda; miró el reloj y parecía que este se gozaba de marcar las seis de la mañana; la hora en que su hijo volvía a despertar. Tomó el biberón del pozuelo dónde solía calentarlos y adelantándose al despertar del pequeño entró en la habitación para cargarlo y esperar a que este pidiera su comida. Pero esta vez tardó un poco más en abrir esos pequeños ojos y cuando lo hizo no fue llorando sino que cuando encontró la mirada de su padre no hizo más que esbozar una feliz sonrisa por encontrarse con él, le sonrió tan alegremente que Edward simplemente le regresó el gesto.
—Buenos días pequeño… te traigo el desayuno—habló con tono suave y amoroso acariciando su mejilla antes de enseñarle el biberón caliente. —, ya creciste —comentó pensativo al verlo concentrado en su biberón.
Los ojos del pequeño se comenzaron a cerrar al tiempo que la leche del biberón desaparecía pero antes de que pudiera dormirse por completo Edward intentó acomodar la sabanita que lo protegía del frío de esa mañana para que no cubriera en exceso su pueril rostro y sin darse cuenta una diminuta mano se fugó aprensando su dedo índice sin dejarlo ir.
—Buena tarde—interrumpió una joven castaña—, ¿este es el departamento de relaciones humanas? —cuestionó un tanto perdida.
La mujer que se encontraba en el recibidor la miró con curiosidad, observando su fresca y casual forma de vestir; llevaba unos jeans que delataban su talla cinco, una blusa blanca pegada a su cuerpo oculta por una camisa más holgada que cubría su naturaleza femenina.
—Sí amor, ¿vienes a dejar curriculum? —preguntó amable.
—Eh… sí, cualquier cosa que me pudieran dar estaría bien —comentó casualmente cómo si aquella mujer de traje sastre gastado pudiera ayudarle en algo.
—Veremos qué podemos hacer por ti… pero no te aseguro nada —dijo esa línea que podía dejar expectativo por semanas a un desempleado.
—Muchas gracias… en verdad necesito algo en qué trabajar; soy nueva por aquí —explicó un poco más.
La señora simplemente asintió con una sonrisa practicada y despidió a la joven de tez blanca. Bella, como gustaba que le dijeran, salió caminando de ese edificio con ánimo cansado; eran las doce del día y aun no parecía encontrar nada; ni trabajo ni lugar dónde vivir. Tal parecía que el haber sido de esos alumnos adelantados y prometedores académicamente no valía de mucho en el mundo real; hace poco se había graduado pero parecía que justamente en este momento nadie requería de una fisioterapeuta como lo era ella.
—Gracias por llamar Jasper—contestó en modo de saludo al ver quien se trataba—, te necesito a mi lado —chilló cual niña pequeña.
—Tranquila Bella, todo estará bien —le recordó esa suave voz que tanto la calmaba—, tu papá ya te deposito algo de dinero para que pagues el depósito de algún departamento y puedas comenzar tu independencia —informó animándola —, recuerda que si necesitas algo sólo necesitas llamarnos y Rosalie o yo estaremos contigo.
—Gracias Jazz… pero creo que puedo con esto —suspiró dándose valor en medio de la calle —, ¿te parece si te hablo más tarde? Creo que iré por ese dinero a un cajero y buscaré un lugar dónde pasar la noche.
—Espero tu llamada pequeña —le pidió—, recuerda que si no le paso un reporte a tu padre diario se pone como loco.
—Ya lo sé, ese hombre no cambia por nada del mundo —dijo con tono divertido—, me despides de todos allá, besos.
—Te cuidas…
Bella cerró su celular y lo guardó en su pantalón, decidió a caminar por las calles de esa nueva ciudad que pronto se convertiría en su huevo hogar. Se detuvo sólo para dos cosas; comprar un hot-dog y un periódico para buscar un lugar donde vivir, quizá pudiera encontrar algo barato en Washington.
Bueno chicas, espero que les haya agradado, muchas gracias por sus comentarios y espero sus opiniones
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las quiere...
Angie C.
