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Mi Lugar es Junto A Ti
Hinata Hyüga tras haberse acostumbrado a una vida en la ciudad,
sus deberes como hija la esperaban en casa,
con todo el pesar del mundo cumple con el deseo de sus
padres prometiéndose algún día volver.
Aunque pronto encontrará una razón para quedarse: Sasuke Uchiha.
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Disclaimer: Los personajes que aparecerán a continuación son propiedad exclusiva de M. Kishimoto.
Capítulo II: Una Compañera de Vuelo
-Querida ya llegamos.-se hizo oír la voz de la mujer a su lado.-Despierta, que falta el vuelo para Nakatsugawa.-
Con un pequeño quejido hizo caso a las palabras de la señora. -Gracias.- murmuró ella desesperazandose del sueño que aun tenía en su sistema.
Sonrió.-Ven, hace poco que los demás abandonaron el avión.-
Ella miró a su alrededor, y vio que lo que decía la mujer pelinegra era cierta, ellas dos eran las únicas. Asintió mientras se ponía de pie para buscar su bolso, y maletín de mano.
-Hinata es un nombre muy bonito.- escuchó.
Se volteó. -¿Disculpe?-
-Leí en la etiqueta de su maletín el nombre.-explicó con una sonrisa.- Espero que no te haya molestado.-
-Ah no...- se rió de manera nerviosa.- No se preocupe, es un placer.-
-Me llamo Kurenai Yuhi.- dijo ella presentándose. Era bueno al fin ponerle nombre a una cara amigable.-Vamos.- instó con una sonrisa.
Con eso ambas se fueron de aquel lugar en donde ambas compartieron su primera conversación, para luego esperar a su siguiente destino... Nakatsugawa.
A los que esperaban para el siguiente vuelo, que era dentro de una hora y cuarenta y cinco minutos, Hinata decidió enviarle un mensaje de texto a sus familiares en Tokyo de que había llegado a salvo. No pudo ver mucho de Nagoya, aunque a lo lejos se divisaban algunos edificios por su altura.
Kurenai, quien estaba a su lado le hizo conversación.-¿Tienes hambre?-cuestionó de manera maternal.
-La verdad es que sí.-confesó Hinata, pasó una mano por su estomago al este sonar como si fuera invocado, ocasionando que ella se sonrosara un poco.
La mujer de los ojos rojizos reveló una risa ante aquello.
-No te sonrojes, querida.- le dijo.-Tener hambre es algo natural.- sacó de su equipaje un bento de color turquesa.
Al ella descifrar sus emociones rápidamente negó.-No se preocupe, Kurenai-san, no quisiera molestar.-dijo.-Puedo ir a comprarme algo.- sonrió.
-Tonterías.-sacudió su mano.-Siempre suelo empacar de más...- le aseguró.
Abrió la tapa revelando unas suculentas bolas de arroz, onigiris rellenos de repollo y atún. Pero aun así le daba pena tomar uno.
-No te apenes, toma uno.- le instó al acercarle el bento. La miró mientras la chica tímidamente alargaba la mano y tomaba el alimento.
-Anda, pruebalo.- invitó mientras la pelinegra tomaba uno para sí misma.-Itadakimasu.-
Mordió el alimento, casi, con inseguridad. Se había acostumbrado a comer con utensilios, que se le hacía casi imposible comer con las manos. Bueno, mas bien hace tiempo que no lo hacía. Incluso hacía bastante que no comía onigiris.
-Esta delicioso.- halagó una vez que tragó. Le dio otro bocado a la bola de arroz en su mano con mas entusiasmo.
-Me alegra saber que te haya gustado.- sonrió la Yuhi.
Así se la pasaron los siguientes minutos, comiendo en silencio, hasta que eventualmente los seis onigiris que habían en el bento desaparecieron.
-Muchas gracias.-agradeció Hinata mientras se limpiaba con una servilleta.-Sabía delicioso.- comentó ella disimuladamente lamiendo su dedo indice.
Kureani soltó una risa, la chica frente a ella le caía muy bien, se notaba que era una chica dulce, muy confiable, una buena niña.
Se habían montado en el siguiente avión, este era mas pequeño que el anterior. No se habían quedado mucho en Nagoya, solo vieron lo justo que se mostraba. Kurenai miró a su acompañante. Si su hijo estuviera viva, ¿llegaría hacer como esa chica?
Sus pensamientos la traicionaron al surgirle con esa pregunta. Había visto a esa chica, que de manera inexplicable, un sentimiento maternal resurgía. Quizás por eso no dudó en compartir su comida con ella. Bueno, aclarando que ella no era una persona ignorante, si alguien mas pasaba hambre, ella lo ayudaría de la misma manera. Pero, esta chica le inspiraba mucho cariño.
¿Sería eso?
-¿Tienes que ir directo a Magome o tus padres esperan por ti?-preguntó ella abrochándose el cinturón, saliendo de su trance de pensamientos.
-No lo sé...- dijo ella con sinceridad. En realidad no lo había pensando mucho.- Cuando venía de camino a Tokio tuve que hacer cada escala del viaje sola...- informó.-Supongo que será lo mismo de regreso.- se alzó de hombros.
-Si deseas te puedo acompañar.-ofreció la mujer de los ojos rojizos.
-Gracias, pero eso sería desconsiderado de mi parte. No puedo desviarla de su camino.- sonrió ella.
-No es ninguna molestia, ademas...-hizo una pequeña pausa.- Vivo sola. No es como si me estuvieran esperando en casa.- suspiró de manera melancólica.
Hinata lo notó pero optó por ser discreta.
En silencio esperaron a que el avión despegara hacía la tercera parada. Era la tarde y seguro llegarían no antes de la noche a Nakatsugawa, dejando Nagoya, otra distancia más lejos de su mundo en Tokio. Miraba por la ventana como escaceaban los grandes edificios y las luces eran opacadas por la gran diversidad de vegetación. Presenciaba el presente convertido en pasado.
Suspiró llena de tristeza una vez más.
No era un atardecer común, eso fue lo que pensó al bajarse por completo del avión, no vio los colores usuales de un crepúsculo, no vio el naranja , el rojo o el violeta pintado en el cielo a esta hora. Lo que lo remplazaba eran unas grandes murallas de nubes grises.
Era como si el clima congeniara con sus sentimientos.
Había llegado al pequeño aeropuerto de Nakatsugawa, donde justo allí había una estación de autobuses donde la llevarían a su casa. Su travesía estaba casi a punto de terminar, una que no regreso. Ambas bajaron de la máquina de vuelo, para luego irse por el pequeño y solitario aeropuerto. Hinata lo miró con cierta nostalgia.
No se parecía al de Tokio que estaba infestado de personas que por nada ni nadie se detenían. Aquella estación estaba prácticamente vacía, apenas y se veían trabajadores. No era como si sucediera mucho. Sin embargo, todo le era familiar, para nada había cambiado, en cinco años, aquel sitio.
-Bueno querida...- volteó a ver a Kureani.-Creo que es aquí donde nos separamos.- la escuchó decir.-Espero verte algún día.-
-Cuídese, Kurenai-san- dijo Hinata.- Fue un gran placer contar con su compañía en este largo viaje.- dijo con sinceridad.
-Lo haré.- asintió la pelinegra mayor.- Gracias a ti por todo.- con eso tomó sus maletas largándose hacia alguna área de aquel lugar.
Con eso se separaron, con una ultima sonrisa.
Había sido un viaje largo, pero uno muy bueno gracias a Kurenai-san. Desde el fondo de su corazón agradecía que ella no la dejara sola. Miró su teléfono celular, ya eran casi las seis de la tarde, quiso llamar a sus familiares pero algo se lo impedía.
-No hay muy buena señal aquí.- comentó en voz alto con el ceño fruncido.
-Seguramente por el mal clima que hace.-contestó una voz detrás de ella.
Se volteó rápidamente al reconocerla.-¡Oka-san!- exclamó.
-¡Mi Hinata!-
Ambas de abrazaron, como hace años que no lo hacían. Se habían extrañado mucho de eso no había duda alguna.
-¿Qué haces aquí?- preguntó una vez que se soltaron.
-Venimos a buscarte.- otra voz mas gruesa le contestó.
-Otto-san.- reconoció mientras se echaba a su brazos.
Su padre era un hombre de carácter serio, y las muestras de afecto no eran su fuerte. Por eso estaba un poco sonrojado ante la acción tan emocionada de hija mayor. Aun así, como su personalidad se lo permitía le devolvió el abrazo.
Cuando se separaron. Ella le sonrió a ambos de sus padres. -Me alegro tanto de verlos.- fue lo que expresó con toda la sinceridad del mundo.
-Nos alegra que estés aquí. -fue lo que dijo Hiromi Hyüga. La madre de la pelinegra. -Llegamos aquí para darte una sorpresa.-
-Vaya que me sorprendieron.- dijo con una risa.
Hiashi, su padre, tomó sus maletas.-Vamonos antes de que llueva.-
-Pero, ¿no nos vamos en el autobús?- preguntó la joven extrañada.
-¡Ah! No te hemos dicho...- reveló su madre.-Pero tu padre a conseguido un auto.-
-¿Un a-auto?- estaba totalmente confundida. Las calles no podían soportar un auto, por eso siempre se instruía a caminar y llegar hasta ciertas paradas en autobús especiales. Era un pueblo legendario que cuidaba mucho las tradiciones.
-Hija, tranquilízate.- le dijo su madre, mientras la tomaba por el brazo.-Este auto no puede lastimar una mosca.- le guiñó.
Solo eso la confundió todavía mas.
En el limitado estacionamiento, ademas de carretas, cajas, motocicletas, y uno que otro autobús descompuesto, había un carro de Golf. Supo rápidamente de quien era al ver el escudo de su familia por un lado del vehículo. Miró a sus padres, a juzgar por sus caras ellos esperaban una reacción.
-Que ingenioso, ¿no?- sonrío su querida madre.
-Es un...-
-Lo sabemos, hija.- interrumpió su padre. -Y funciona muy bien, es incluso un poco mas rápido que los carros normales.-
Ella asintió no muy segura de que decirles. Era una idea alocada, pero le agradaba llegar a su pueblo natal con algo que ella conocía muy bien. -¿Puedo conducir?- preguntó.
Su padre se tensó.-¿Sabes conducir?-
-Claro.- dijo ella.-Neji-nissan me enseñó. Esto es prácticamente lo mismo.- explicó.
-No lo sé...- nunca se había enterado de eso, nunca la había visto hacerlo, así que estaba un poco nervioso.
-Anda querido.- le suplico Hiromi con los ojos. Le sonrió para darle seguridad.
Dudó.-¿Estas segura que sabes conducir, Hinata?- preguntó apretando las llaves hacia si.
-Confía en mi Oto-san.- le dijo la chica.
-Pero...-
-¡Hiashi!- regaño su esposa.- Dale las llaves.-
-Esta bien.- cedió dándole las llaves a su hija, quien emocionada se metió en el asiento del conductor.
Cuando acomodaron las maletas en el vehículo, Hinata estaba emocionada con la idea de conducir.
-¿Listos?- fue todo lo que hizo, antes de arrancar, sin esperar respuesta alguna.
-No vayas muy rápido.- comento Hiashi.
Ella sonrió. A pesar de no haber estado allí en mucho tiempo, ella recordaba muy buen como salir de allí y dirigirse al pueblo. Eso era una de las habilidades de ser observadora. A medida que conducia, fue recordado poco a poco algunas cosas de su niñez, como los sembradíos de arroz; señal de que estaba en casa, donde su pequeño pueblo se caracterizaba por la agricultura, en las grandes montañas de Magome.
Muy diferente de Tokio, por supuesto.
Vio la gran casa de guardia a la entrada del pueblo, aun se conservaba de los antiguos soldados de la época medieval en el Oriente.
Para empezar, su hogar, su pueblo...El mismo que la vio nacer y crecer, era muy tradicional, todos allí conservaban con mucho honor sus costumbres y su manera tan conservadora de vivir. De verdad que era estar en otro mundo, Japón era muy fuerte en los campos de la tecnología a nivel mundial. Ibas a Tokio y todo tenía color, luces, una maravilla.
Allí era otro tipo de maravilla, como visitar el pasado.
Sin duda fue un cambio del cielo a la tierra, su travesía... ¡Hace unas horas estaba rodeadas de rascacielos, de personas, autos, sonidos!
Allí, solo se veían carretas moverse, personas murmurando a su paso la llegada de la hija de Hiashi Hyüga, el dueño de la mitad de los sembradíos de esa zona. Ella saludó algunas caras conocidas con la mano a medida que conducía lento para no tener un accidente con alguien, o una carreta. Y claro por consideración a los caminos de piedra que era uno de las cosas mas sagradas de allí.
Su casa quedaba en la colina, pasando la reserva natural, que contaba con una cascada donde habían muchos peces koi, a su vez estaban alejados de la multitud en la plaza central. Paró justo al frente, donde se alzaba la gran casona de los Hyüga, que tenía ocho generaciones.
-¡Bienvenida a casa, querida!- su abuela, Hanako Hyüga apareció tomando de la mano una niña de pelo castaño.
-¡Hanabi!- exclamó emocionada al ver a su hermana menor.-Oba-san.- hizo una reverencia a su abuela, antes de abrazar a su hermana; mientras estaba en Tokio lo mas que le hacia falta era ver a su hermana menor, quien tenía seis años.
La había visto hace seis meses, cuando su familia fue a Tokio a verla, pero aun así ella estaba emocionada de ver a la pequeña Hanabi.
Mensaje de la Autora:
Bueno, hasta aquí lo dejo, hace un buen tiempo que no publicaba acá. No sé por que me descuide, la verdad es que me encanta la trama que tenía este Fic.
Disculpen los inconvenientes de verdad. Tengo 4 fics que mantener, que son como mis hijos. Pero nunca me he olvidado de un Fic, siempre regreso, tarde... es cierto, pero lo hago.
Y este promete mucho
Muchas gracias a los lectores que llegaron hasta acá. Esperen lo que el próximo, esta vez no sera tanto.
-LaCrazyWriter
