Capítulo 2: "Algo falta"
EDWARD'S POV:
¡Dios estaba harto! harto de la vida que llevábamos hace numerosas décadas, escondiéndonos de las curiosas miradas de los humanos y huyendo cuando debíamos hacerlo. Si no era porque el tiempo pasaba sin que envejeciéramos, Alice sugería que era hora de partir.
Siempre acontecía la misma rutina: desaparecer, establecernos en un lugar nuevo, inscribirnos repetidamente en institutos o universidades, evitar el contacto humano, no dejarnos ver cuando estuviera soleado, salir a cazar, etcétera, etcétera.
Iba a volverme loco.
Era domingo por la noche y estaba lloviendo. Vaya sorpresa, en Forks no era nada fuera de lo común, ya que era uno de esos pocos lugares donde el invierno era eterno. Nadie podía negar que fuera un paraíso verdoso, para mi disgusto, ni siquiera yo. El lugar era espléndido, la frondosa vegetación nos permitía correr libremente y alimentarnos sin poner en riesgo la raza humana.
Era un alivio no tener que fingir ser normal la mayoría del tiempo. En esos pequeños momentos podía decir que me sentía feliz.
Esto, por razones complicadas, no se lo hacía saber a mi familia. Desde mi transformación he sido un mal tercio, lo que automáticamente me convirtió en el amargado del grupo, y la oveja negra. Pero a consecuencia de mi período de rebeldía, pude ver la luz que mi tutor, Carlisle, había intentado mostrarme cuando era un descontrolado neófito, sediento de sangre.
Ahora me limitaba a sumirme en mi soledad, y mantenerme en los estándares del vegetarianismo vampírico. Sabía que esto solo me hacía actuar a la defensiva la mayoría del tiempo, mis hermanos aseguraban que la razón yacía en que aún no encontraba a mi compañera.
Algo que yo negaba rotundamente. No me hacía gracia que estuvieran tan al tanto de mis inquietudes.
En este momento estaba satisfactoriamente solo, encerrado en mi estudio, frente a mi piano. Lo miré fijamente y posé mis manos sobre las teclas, devanándome los sesos con tal de pensar en cualquier clase de melodía. Busqué en toda la sala por algo que me diera la más mínima idea, en lo más recóndito de mi imaginación.
Y nada.
Fruncí el ceño frustrado por la vaga cooperación de mi cerebro, no tenía ni un gramo de inspiración y eso provocó que mis ganas de tocar se desvanecieran.
Cerré la tapa con más fuerza de la necesaria y me levanté del banco como si al tacto quemara, para darme vueltas por el oscuro estudio. Desde afuera debía verme como un león enjaulado.
Hacía mucho que no componía, la última que había creado fue la nana de Esme, cincuenta años atrás. Sin embargo, el problema se había arraigado de tal modo que en general, tampoco había tocado en el último tiempo.
Consternado, me detuve a preguntarme por qué estaba pasándome esto.
Unas tres horas, con veintisiete minutos y cincuenta segundos debatiéndome por ello…y llegué a la conclusión de que no había nada que me incitase a volver a componer.
"La sombra de cualquier artista es la musa que lo inspira" había escuchado en algún rincón de mi antigua vida.
El tren de mis pensamientos fue interrumpido de súbito. No muy lejos de mi posición podía escuchar fuertes golpes a las paredes, seguido de gritos y gemidos ahogados.
Dejé escapar un gruñido, cerrando mis ojos disgustado, ¿acaso nunca se aburrirían? ¡Parecían malditos conejos!Demonios juraba que a veces leer mentes se volvía una completa tortura, en especial si se vivía con tres parejas que parecían no tener suficiente del otro.
No lograba entender el deseo y la desesperación que leía en cada uno de ellos cuando se trataba de sus compañeros, era ridículo.
Los gruñidos aumentaron de fondo. Que vil y cruel tortura.
Salí asqueado de ahí, y bajé los dos tramos de escaleras hacia la sala de estar, donde se encontraban Jasper y Alice teniendo uno de sus momentos. Rodé mis ojos y bloqueé sus pensamientos excesivamente acaramelados, afortunadamente no duraron mucho tiempo así, siendo abruptamente sacados de su burbuja por otro de esos golpes que lograron darme escalofríos.
Supuse que Carlisle estaba en el hospital y Esme, su esposa, trabajando en su jardín. Al no estar unidos entre nosotros por lazos de sangre, eran muy respetuosos con las otras dos parejas. Pero eso no quería decir que no se escabullían cuando alguna se ponía extremadamente cariñosa.
Alice, o enana, como la había apodado Emmett, trató inútilmente de amortiguar el ruido de la planta superior y plantó dos cojines contra sus orejas, haciendo una mueca contrariada.
Sonreí por lo absurdo de su acción. No serviría de nada, una de las características de los de nuestra especie era el sentido agudo de oído, podíamos escuchar a lo largo de veinte kilómetros a distancia.
Todas las habitaciones estaban insonorizadas en vano.
—¿Sabes que eso no funcionará, cierto? —Le apunté burlón.
Ella suspiró resignada. Lanzó los cojines al otro lado de la sala y sonrió con desánimo.
—No perdía nada intentándolo.
Solté una pequeña risa y dirigí mi vista hacia el rubio. Tarareaba intentando ignorar lo que pasaba arriba. Me imaginé que el la debía estar pasando peor que nosotros. Había agarrado un ejemplar de "El mercader de Venecia", luchando porinmiscuirse en su lectura.
—¿Estás emocionado por empezar el instituto nuevamente, hermanito?
Alice cambió su actitud reticente a una completamente curiosa, seguramente ya sabiendo cual sería mi respuesta, pero preguntando de todas maneras.
La observé con hastío. Con el pasar de los años y sin ser familiares de verdad, ella seguía oficializándose como mi hermana. Yo me había cansado de replicárselo, y si eso la hacía feliz, entonces que diablos.
Alice era la persona más cercana que tenía en la familia, dejando de lado a Carlisle. Como yo, había sido 'bendecida' con un don, sin embargo, era distinto de tantas maneras al mío.
Ella podía ver el futuro transcurrir, advirtiendo cada destino de cambiar. Su don, tanto o más que el mío, era muy beneficioso, y a la vez deseado por muchos. Hemos sido vistos como amenazas frecuentemente, pero teniendo un gran aquelarre, nadie se nos había enfrentado, bueno, casi nadie.
—Me mata de emoción —Ironicé ala defensiva, desplomándome en un sillón.
Jasper desvió su atención del libro en sus manos y me escrutó con su mirada dorada y enigmática.
—Te noto más tenso de lo usual Edward, ¿sucede algo?
Refunfuñé por lo bajo provocando que mandara olas de tranquilidad a mi alrededor. Casi olvidaba mencionarlo, nosotros no éramos los únicos con poderes.
Jasper, Jazz como Alice le llamaba melosamente, era capaz de sentir y controlar las emociones de cualquiera. Su don llegaba a ser un alivio para mí, era el único capaz de quitarme la tensión. Aunque había veces que el cooperaba con los demás para sacarme de mis casillas. Podía aumentar mi enfado hasta desquiciarme.
Desde un comienzo supe que él junto a Alice hacían una buena pareja, se complementaban, el podría controlar su eterna hiperactividad mientras ella lo haría animarse. Los envidiaba terriblemente por ello, sus vidas parecían tan sencillas, despejándose mutuamente de sus preocupaciones.
Algunas veces me pillaba a mi mismo pensando en su relación, y no podía evitar sentirme como un monstruo egoísta. Añoraba algo que no sabía que era, pero si que les pertenecía.
—No. —Respondí, saliendo de esos oscuros pensamientos míos—. Tranquilo, estoy aburrido, eso es todo.
Sus expresiones cambiaron al escuchar mis palabras, y dieron paso automáticamente, a dos sonrisas que destilaban malicia.
"Mierda Edward, en que te metiste" pensé en mi fuero interno. Me envaré en mi asiento y les entrecerré los ojos cuando sus pensamientos se volvieron incoherentes. Solo hacían eso cuando no querían que me enterase de lo que planeaban hacer para incomodarme.
—¿Te sientes solo? —Preguntó Jasper, mirándome exultante.
Dejé mi rostro inexpresivo y el sonrió notando mi tensión.
—Tal vez solo sea falta de compañía —Sugirió su pareja subiendo y bajando las cejas sugestivamente. Gruñí.
—No necesito más compañía de la que disfruto, con ustedes tengo suficiente —La pequeña mentira no coló en sus mentes. Sabía exactamente a donde querían llegar. Seguirían insistiendo, para mi mala suerte.
—Vamos Edward, no te hagas el desentendido, sabemos bien que algo sucede contigo.
—Aún no es muy tarde para aceptar la proposición de Tanya —Sugirió la pelinegra apoyando su rostro en sus dos manos con una expresión que simulaba inocencia.
Me tensé en mi asiento. Ellos lo notaron y eso solo los alentó más.
—¿O que me dices de esa nómada? Como era su nombre —Jasper rascó su barbilla fingiendo haber olvidado algo. Como si eso fuera posible.
—¡Chelsea! —Saltó Alice con una gran sonrisa.
—¡Es suficiente! —Los corté furibundo, levantándome del sofá para taladrarlos con la mirada.
El par de ingratos solo atinó a carcajearse a costa de mi enfado—. Muy gracioso —Musité agriamente.
—Edward no te enfades, solo fue un chiste.
Alice hizo un puchero lastimero, pero la ignoré. Deseando salir rápidamente de allí fui hacia la puerta frontal, cerrándola a mis espaldas de un sonoro portazo.
Corrí bajo la lluvia sin dejar de insultarlos por lo bajo.
En segundos me encontré dentro de mi prado privado, del cual nadie sabía su existencia. Lo prefería así, era el único lugar en el que podía disfrutar de mí privacidad, sin interrupciones de terceros, logrando así sumergirme del todo en mis pensamientos. A veces me preguntaba si este lugar era el único factor que aportaba a mi inestable cordura.
Cuando estuve en la tranquilidad de este, la lluvia había cesado. Solté un suspiro cargado de pesar. Sabía que estaba siendo infantil al huir de esa manera, pero no podía controlar mi genio cuando me sacaban en cara que estaba solo.
Aunque pensándolo fríamente, tampoco había hecho nada para no estarlo.
Hice una mueca rememorando sus palabras. Tanya era una vampira del clan Denali en Alaska. Era una gran amiga de Carlisle, se conocían desde hace siglos, mucho antes de mi transformación. Cuando la conocí me mostró sin vergüenza sus pensamientos cargados de cierto interés hacia mi, proponiéndome cosas indecorosas. Hasta me sugirió en persona el que intentáramos ser pareja, al día de haber cruzado palabra con ella. Ella no mostraba una pizca de imperfección física, obviamente poseía la belleza que venía con la inmortalidad: alta, curvilínea y cabello rubio con tonos rojizos.
Pero, por más que lo haya intentado-que en realidad no hice con verdadero esfuerzo-no logré sentir nada por ella que no fuera una amistad superficial. Su descaro me resultaba poco atrayente.
Suspiré, sentándome en la mullida hierba, húmeda por la lluvia de la madrugada.
"¿Qué es lo que me hace falta?" Pensé, agitado por la angustia de no saberlo. "¿Por qué siento un gran vacío por dentro?"
Bufé pensativo. Creía tener todo lo necesario para subsistir, unos padres a los que de vez en cuando pedía consejos que solo ellos podrían dar, cuatro amigos que, bien la mayoría de las veces me ponían de un humor de perros, otras veces me divertía y sentía a gusto con ellos. También podía agregar a la lista mi estabilidad financiera para cumplir con los costosos caprichos de los que gustaba.
Pero eso no parecía ser suficiente, quería algo más, estaba necesitado de algo más.
—¿Qué pasa conmigo? —Pregunté al cielo.
Me recosté en el césped, sin quitar la vista de la luna en todo su esplendor. Estuve así por lo que parecieron horas, torturándome y pensando en los diagnósticos de mi estado. Ninguno me dejaba completamente satisfecho, y mi frustración aumentó al reparar en el detalle de que nadie en mi familia había mostrado estos signos, que ahora se presentaban en mi-anteriormente-imperturbable persona.
Cuando el amanecer se aproximaba decidí que ya era hora de partir, hoy empezaría el instituto, y para lograr pasar todo el día rodeado de humanos tendría que ir a una expedición de caza breve pero abundante.
Corrí en dirección al río donde se juntaban la mayoría de los animales a beber agua, y pensé que mi suerte había cambiado cuando olfateé sangre felina en el aire.
Sonreí sintiéndome por primera vez en mucho tiempo afortunado. Un puma merodeaba por los alrededores y solo eso bastó para mantener mi sed controlada.
Me dirigí a la mansión y me adentré por el balcón de mi habitación para cambiar mi vestimenta. Tardé unos segundos en hacerlo y como aún faltaba media hora para entrar a clases, aproveché el tiempo para sentarme nuevamente en mi piano.
Mis manos fueron a la carrera, creí que, si intentaba permanecer con la mente en blanco, algo saldría de improviso. Pero se quedaron estáticas sobre las teclas sin emanar presión para que saliera sonido alguno.
Arrugué el entrecejo, había quedado estancado como la noche anterior.
Agarré el tabique de mi nariz con el pulgar y el índice bufando, no comprendía que era lo que me bloqueaba y comencé a pensar que se había inventado el concepto 'musa' para molestar a quienquiera que no tuviera una.
Mi ira iba exponencialmente en aumento. Miré con reproche el instrumento, se estaba volviendo un objeto desalentador en mí día a día.
Mis amargos pensamientos fueron cortados cuando un torbellino irrumpió en el estudio.
—¡Edward!
Alice.
La miré, levantando una ceja con renuencia, pero ella no se amilanó, por supuesto—. No me mires así, levántate y déjame ver que te pusiste.
Cuando no me moví, apoyó sus manos en sus pequeñas caderas.
"te vas a enterar si no me haces caso" pensó amenazadora.
Sus ridiculeces me hicieron rodar los ojos y sin discutirle hice lo que me pidió. Analizó concentrada el polo negro de mangas arremangadas hasta los codos con los vaqueros oscuros y las vans negras que había escogido. Toda obra suya, claro.
Ella sonrió satisfecha.
—Te he enseñado bien hermanito.
Le hice una reverencia burlona.
—Gracias, gurú de la moda —Ella rio y me empujó ligeramente. Difícilmente podía seguir enfadado con ella.
—¿Estás listo? —Me fijé en el reloj de la pared, faltaban quince minutos para que empezara el instituto.
Suspiré y forcé una sonrisa, más listo no se podía estar.
—Vamos.
Nos despedimos breve y solamente de Esme, ya que Carlisle había estado de guardia en el hospital desde ayer.
Fuimos hacia el garaje donde Alice y Jasper se subieron conmigo a mi volvo, mientras Rosalie y Emmett se fueron en su monstruoso jeep.
Arranqué el motor después de ellos y los seguí rumbo al instituto de Forks. Tenía la vaga esperanza de que la monotonía de este lugar se acabara, y me mostrara algo nuevo.
