Día 3— Ship favorito
Clyde estaba en la enfermería con Kenny, porque como castigo los principales culpables de todo el alboroto habían ido a la sala del director sin recibir tratamiento para que se les quitaran los humos que se les habían subido —además de lo maricón que tenían—, y nuestro pobre Clyde tenía el labio hinchado por un golpe que había recibido de Stan. Las lágrimas no habían tardado en salir en el momento, pero como estaba frente a Craig y sus amigos, hizo su mejor esfuerzo por ocultarlas y, en vez de seguir golpeando a lo tonto como había estado haciendo, por ninguna razón lógica, fue por un profesor porque eso se había descontrolado fuerte y pronto sería convertido en una masacre con sangre y sierras eléctricas y más sangre.
Gracias a eso estaría castigado con una semana, pero al menos sus heridas habían sido tratadas con un poco de hielo y vendas, y su ropa... ahora estaba destrozada, lamentablemente, arrugada y sucia de los golpes y el frío suelo en el que había caído cuando Stan lo empujó. Lástima, era su favorita, y no podía evitar pensar en lo bien que se veía cuando lo llevaba puesto.
El cierre de la chamarra seguía abajo, y como al comienzo del día se había visto en el espejo usándola y había pensado «Qué sexy», se sintió fatal por el hecho de que no podría llevarla puesta más. ¡Su cabello resaltaba con el color rosa! Y todo había sido por la estupidez de Stan y sus amigos...
Sin pensarlo mucho miró a Kenny, quien había participado en destrozar su preciada prenda, y aunque no podía estar demasiado enojado con él puesto que Stan fue quien golpeó a Craig en primer lugar, él había continuado peleando junto a él después de intentar pararlo. Tenía parte de la culpa, y a pesar de que no lo conocía, una parte de él lo comenzaba a odiar aunque sabía perfectamente que esa no era la solución.
Kenny debió darse cuenta de su mirada sobre él —claro que se dio cuenta, si no es ciego y tiene a Clyde en frente, eso no se puede ignorar—, lo observó con atención mientras Clyde seguía perdido en sus pensamientos, vio cuán gay parecía de manera superficial y pensó que se veía muy apuesto. Demasiado, a decir verdad, no sólo por ser Clyde, sino por tener ése cierre a la mitad del pezón.
—¿Miras algo, bonito? —preguntó Kenny con el tono que usaba al ligar, con la excepción de que esta vez sí era para ligar pero con un chico. Su crush, específicamente. ¿Por qué? Pues, porque, a ver, déjenme pensar... Porque era Clyde Donovan, y sólo mira esa cara tierna, preciosa, chula, ¿quién podía resistirse a eso? Debía esforzarse para que Clyde lograra fijarse en él, al menos por una mamada como que Craig Tucker, the Stan fucker y su amado iniciaran una pelea, pero eso era lo normal en South Park.
—¿Perdón? —Como lo sospechaba, por fuera era un Clyde metrosexual pero por dentro continuaba siendo el dulce y sentimental bebé llorón de siempre. Su meta estaba decidida: acercarse un poco al castaño y ver su reacción para así discernir qué tipo de sentimientos tenía por él. Buen plan, Kenny, buen plan. A ver si no la cagas como siempre.
—Lo que escuchaste —respondió el rubio sonriendo con socarronería y deseo, deseo de poseer esa cara bonita y poder escuchar las palabras afectuosas que solían salir de esa deliciosa boca, ahora herida y lastimada, pero eso no le quitaba la perfección que tenía. No esperaba nada que, en el caso de que compartiera sus sentimientos, éstos fueran correspondidos, mas con que pudiera ver esas enervantes expresiones estaba bien. Muy bien, en realidad, pues aunque ningún lazo sentimental los uniera, siempre podría provocarlo. Y eso era lo que mejor sabía hacer.
Clyde no parecía saber cómo reaccionar ante esas palabras, por lo que un rubor notorio se hizo presente en sus regordetas mejillas al procesarlo, pensando en todas las posibilidades a las que podría referirse su acompañante porque, como bien sabía, era Kenny McCormick, y éste era conocido por sus casuales noviazgos o amantes a los que conseguía tan fácilmente como cortar una rosa, fácil y límpido como sonaba. Con unas cuantas palabras ya los tenía entre sus manos —o eso se rumoreaba— y le parecía que nunca tomaba en serio ese tipo de relación, una seria donde ambas personas tenían sentimientos genuinos. A pesar de lo mucho que le agradara Kenny, no podía evitar sentirse intimidado e incómodo a niveles estratosféricos por esa simple oración, ambigua, serena y con un significado de todo menos inocente.
El castaño se limitó a parpadear perplejo y sin saber qué hacer. Apartó la mirada con brusquedad de esa sonrisa sensual que Kenny poseía —ya no sabía si siempre la había tenido o era especial para la ocasión—, no entendiendo en su totalidad por qué lo hacía. Kenny le parecía guapo, incluso, pero no era su tipo; o al menos eso quería creer ya que desde que lo había visto con tantas personas diferentes a lo largo de los años ya no estaba seguro sobre nada acerca de él.
Parecía poder explotar de vergüenza e incomodidad en cualquier momento, por lo que, en un intento por recuperar su espacio vital y alejarse un poco de su acompañante pervertido pero atractivo —y, para su desgracia, esa no era una buena combinación—, apoyó las manos en la cama y se apartó lo más que pudo de tal rubio que lo enervaba a niveles extremos.
Mientras tanto, Kenny no podía dejar de pensar que le encantaba. Era su droga ver esas expresiones delicadas y espontáneas; sus favoritas eran las sonrisas llenas de afecto que le dedicaba a todas las personas que conocía, y ese detalle le fastidiaba: a todas las personas que conocía, y digamos que Clyde era un tanto popular. Su mayor deseo era que algún día sólo le dedicara una sonrisa así a él, mas era sólo una fantasía lejana. Le hastiaba, torturaba y lastimaba, pero a la vez le parecía un reto, y no sabía cómo sentirse ante eso.
—Oh, vamos. Me conoces, nos conocemos, estamos en confianza —replicó el rubio sonriendo con lascivia muy bien disimulada y acercándose sutilmente al contrario—. Somos amigos, ¿no? —preguntó para pasar un brazo alrededor de su cuello al estar cerca de él, susurrando la oración cerca de su oído, con sumo cuidado de no hacerlo demasiado cerca, pero lo suficiente para hacer que un escalofrío frío e intenso le recorriera la columna.
Sus corazones estaban a punto de explotar, con una ansiedad creciente de no saber qué hacer o no conocer ni sus propios sentimientos. Por una parte estaba Kenny, comenzando a dudar de sus acciones al ver la mirada nerviosa y exaltada de Clyde, sin estar completamente seguro de si podría superar las consecuencias de sus actos, y éste no podía ni levantar la mirada por miedo a encontrarse con esos ojos de topacio que le dejaban sin aliento. Temía no poder dejar de mirar esos labios de caramelo, no poder dejar de preguntarse cómo sería que le dedicaran un minúsculo beso o que siquiera hubieran pronunciado esas palabras. Sabía que su personalidad era así, burlesca y llena de piropos, pero no podía evitar pensar en la mínima posibilidad de que no fuera una broma. Tenía miedo de caer en ese tentativo juego, tomando en serio lo que solamente era diversión y placer.
Kenny no podía soportarlo más, debía comprobar si estaba haciendo eso por sólo entretenimiento o si en realidad tenía un estúpido capricho con Clyde, por lo que no pudo contener más sus ganas de tenerlo lejos de él y, en un movimiento rápido y procaz, levantó la barbilla de Clyde tan suavemente como pudo y unió sus finos labios con los suyos en un vaivén inocente y ansioso por parte de ambos. El tacto era dócil, ligero y celestial, inocente como los labios del contrario pero apasionado y candente como los propios, y mientras su mano tomaba la chaqueta de Clyde más fuerte para acercar su rostro al suyo y profundizar tan estimado beso, él sólo permaneció durante los primeros segundos paralizado, abriendo sus ojos anonadado y esperando despertar en cualquier momento.
Cuando sintió un tenue dolor en el labio inferior, miró con duda y casi reproche a Kenny, y se dio cuenta de que esos ojos llenos de pasión estaban preguntando si podía, y sin pensarlo mucho Clyde accedió abriendo ligeramente su boca, dejando entrar a la escabrosa y desesperada lengua de su acompañante, ahora explorando rigurosa y lentamente cada rincón de su boca mientras él, ahora sabiendo con certeza que no se trataba de un sueño sino la realidad misma, deshacía la tensión que había quedado en su cuerpo y bajaba sin ninguna delicadeza el gorro que tanto le estorbaba para tomar su nuca y pedir por más.
Kenny gruñó, extasiado y sin tener consciencia de sus acciones, porque tal vez había estado esperando demasiado tiempo por ese momento, tal vez era muy fácil ponerlo en ese estado por la estúpida moda de parecer-pero-no-ser-gay, o tal vez simplemente Clyde era mucho más de lo que esperaba y no podía evitar excitarse por tan sólo besarlo, pero había que aceptarlo. Besaba muy bien, con un leve sabor a chocolate inundando sus sentidos y una boca junto con unos brazos confortables que le hacían querer permanecer así el resto de su existencia. No era posible pedir por más.
Clyde sólo podía suspirar, jadear e intentar ahogar algunos gemidos que querían salir de su garganta, pero pensaba que no era la ocasión, o ya no sabía, ya no estaba seguro de nada. Su mente no podía pensar en otra cosa además de los largos mechones de cabello rubio que estaba tomando entre sus dedos con deleite, embelesado con la cara y Kenny McCormick en sí. De vez en cuando se separaba por un breve instante a mirar atentamente los ojos safiro que lo contemplaban, esperando de manera impaciente pero a la vez gentil, con un erotismo implícito que no sabía si debía dejar ser o parar en un momento dado.
Las ásperas manos de Kenny se paseaban por los alrededores del rostro y cuerpo de Clyde, disfrutando el cálido tacto y tratando de memorizar cada mínimo detalle. Sin embargo, los pequeños quejidos del castaño habían acentuado el querer poseer completamente su cuerpo, su cara, rostro, que le pertenecieran sus sentimientos y fueran únicamente para él. Su respiración había comenzado a acelerarse, su mente había comenzado a ofuscarse todavía más y su razonamiento desapareció de manera definitiva. Sus movimientos ya no eran controlados por él, era exclusivamente de sus deseos más profundos las intenciones de las que ahora gozaba.
Clyde no podía decidir entre dejarse llevar, luchar por mantenerse en esa realidad tan exquisita y erótica, pero mantener la compostura, o besar por siempre a Kenny en esa posición, donde sus acogedores brazos lo envolvieran con cariño y ternura. Para ese entonces ya no necesitaba el sentido de la vista para sentir el afecto y deseo con el que Kenny introducía su lengua en su cavidad bucal, desplazando lentamente sus manos más por debajo de su cintura, buscando algo que no estaba seguro de querer encontrar.
—E-Espera —protestó el castaño entre jadeos, alejándose repentinamente de su agarre y haciendo su mejor esfuerzo por permanecer en la realidad antes de hacer algo que pudiera lamentar. Kenny, aún en la emoción del momento, hizo caso omiso de sus palabras a pesar de haberlas escuchado y continuó, muy ocupado, besando sin mayor cuidado los labios del contrario—. ¡Kenny! —Lo llamó en lo que pareció más un gemido que una palabra normal. El rubio, cuya atención ahora estaba en los ojos de Clyde, simplemente lo miró como diciendo «¿Qué pasa?»— Pensé que... ¿sólo eras metrosexual y no gay...? —preguntó el castaño con incertidumbre, bochorno y un atisbo de una combinación entre diversión y miedo por saber la respuesta. Sabía muy bien que todos actuaban como homosexuales pero no lo eran, y esa pregunta existencial le hacía dudar sobre con qué intención estaba haciendo todo eso; tanto Kenny como él.
—Las apariencias engañan, cariño —respondió Kenny sin mucha dilación, sonriendo y volviendo a tomar posesión de esos preciados labios, disfrutando cada sensación única e indescriptible que Clyde producía en él.
