«Gohan, por favor ayúdame... No puedo moverme... ¡no puedo moverme! Mi mente lo intenta, pero mi cuerpo no me responde. El espanto me tiene completamente paralizada. ¿Qué es lo que tengo en frente? Dios mío, ¿¡qué diablos es eso!?»


La Sombra, Capítulo Primero


El fatídico día, horas profundas de la noche.


Videl, hecha un manojo de nervios, espera a Gohan en la salida del infame túnel, rogando para que su amado estuviera bien. Maldiciéndose a sí misma por haber lastimado su pie. Estaba segura que de no haber sucedido eso, podría haber acompañado a Gohan hasta el final, pero la caprichosa suerte no se alió con ella.

Se está comiendo las uñas, como nunca lo hacía. La impaciencia no dudaba en devorarla viva. ¿Por qué tardaba tanto en salir? ¿Qué estaba sucediendo con él?

No se sentía capaz de seguir esperando; nunca debió haberlo dejado solo. ¿Por qué demonios le había hecho caso? ¿Por qué? Lo de su pie era sólo un rasguño, incluso podría correr si aquello era menester. Pero no toleraría que más segundos siguieran transcurriendo; toma la decisión de ejecutar, de una vez, lo que debió hacer antes: comienza a moverse en dirección a la maldita caverna. Se apresta a entrar cuando un sonido encendió todas las alarmas de su cuerpo, propagándose como una estridente sirena a través de las células que la componían. Se da vuelta hacia el lugar del ruido, adoptando la posición de combate que su padre le había enseñado desde que era prácticamente una bebé. Sus ojos viajan de izquierda a derecha y viceversa varias veces. Mira esperando encontrar algo, pero sus expectativas no fueron cumplidas en lo más mínimo. La niebla camuflaba todo lo que había a su alrededor. Nada que estuviera más allá de unos metros era visible. Absolutamente nada.

Una densa atmósfera desasosegante palpitaba por cada rincón; de algún modo inexplicable la niebla se intensificó todavía más. Ya ni siquiera parecía algo provocado por la naturaleza, sino algo malignamente artificial...

La noche y la niebla unidas formaban una combinación muy peligrosa. El hecho de no poder ver más allá de unos metros era simple y llanamente una maldita tortura. Pero por suerte o desgracia, sus oídos no están mermados como su vista: empiezan a escuchar una clase de susurro lúgubre. Las hojas de los árboles se agitan como si murmuraran oscuros secretos entre ellas...

Algo en la atmósfera y en el ambiente se expande de una manera aterradora, algo que intranquiliza e inquieta. Tentáculos invisibles de terror se extienden por doquier...

Aunque no puede ver nada, de alguna manera presiente que hay algo siniestro oculto más allá.

—¿Quién... quién está ahí?— tembló su voz sin poder evitarlo. Traga saliva para aclarar su garganta y, dándole más seguridad a su tono, grita lo siguiente —: ¡Da la cara, cobarde! —aunque esta vez no hubo vacilación, lo cierto era que el miedo que sentía no logró ocultarlo completamente. Y no sabía por qué, puesto que jamás en su vida tuvo miedo a nadie. Entrenó desde pequeña para derrotar a cualquier rival que se le pusiera por delante por más fuerza que éste tuviera. Pero su cuerpo simplemente no podía detener los constantes tremores de tensión.

Su instinto, su intuición, o una premonición corporal, le advertía que algo muy malo estaba a punto de ocurrir. Todos sus nervios se apretujaron; un punzante enjambre de tensión recorrió su columna vertebral.

Cada una de sus vértebras estaban siendo pisoteadas por oleadas incontenibles de miedo.

De súbito, Videl se puso blanca como hoja de papel. La sangre pareció desaparecer de su cara y los zafiros que tenía por ojos se abrieron desmesuradamente: había divisado una inquietante sombra camuflada entre la densa niebla. La silueta era apenas abordable a los ojos, pero lo era.

Una sombra que despedía maldad por doquier estaba precisamente en frente suyo... amenazante...

El pavor fue tanto que la posición defensiva antes esbozada por Videl se derribó de cuajo. Sus brazos bajaron la guardia y retrocedió un par de pasos instintivamente. Traga saliva y comienza a temblar sin saber por qué. Realmente no lo sabía. No encontraba una explicación lógica para ello. La tensión nerviosa, la piel bulliendo, el sudor que comenzó a caer por su frente... todo le gritaba que lo que tenía en frente no era una persona...

La difusa silueta no se mueve, parece estar observándola. Incluso analizándola.

—¿Quién... quién eres tú?— tambaleó su voz al decirlo. Trató de que no sucediera, pero simplemente le fue inevitable.

Silencio total. Uno opresivo, malditamente enloquecedor. Viles escalofríos se deslizaron por su espalda. La falta de respuesta le causó mucho más miedo que si le hubieran dando una...

—No te tengo miedo— fingió una valentía que realmente no sentía. Y estaba dispuesta a seguir fingiendo para no verse débil o vulnerable. Sin embargo, muy pronto descubriría que invocar falsa fiereza de nada le serviría...

La siniestra figura siguió inmóvil, observándola a placer. De pronto, sorprendió a la novia de Gohan dando un paso muy tranquilo. Bastó ese único paso para que la joven pudiera apreciar un poco mejor lo avieso de aquella silueta. Los trazos de una figura humanoide se dibujaron justo al frente suyo. Una sombra completamente negra que, por su contextura delgada y cabello largo, parecía una mujer... o algo que simulaba serlo...

—No te tengo miedo— repitió el aviso, aunque tales palabras eran más para ella misma que para la figura que tenía por delante.

Mentirosa... — siseó una voz que dio la impresión de desdoblarse, de ser dos voces unidas en una. Tan suave y estridente al mismo tiempo que pareció venir desde todas direcciones y de ninguna a la vez. Pero había incluso algo peor que aquello: esa voz era tan ominosa que no parecía fluir de algo que fueran cuerdas vocales...

Sólo por escucharla, los pelos de Videl se pusieron como escarpias. Mil agujas se clavaron en su corazón con tal sonido. Nunca en toda su vida había escuchado hablar a alguien de una manera tan perturbadora...

Oye otro sonido a sus espaldas y se voltea instantáneamente, encarando la niebla que todo ocultaba... pero absolutamente nada pudo ver...

Se gira rápidamente hacia la sombra otra vez, pero la misma había desaparecido completamente. Como si nunca hubiera estado allí.

Transcurren varios segundos más, Videl pegada al suelo como si alguien le hubiera clavado los pies. Incapaz de moverse o incluso pestañear. La adrenalina estaba fluyendo como un río a través de las células de su piel.

De pronto, el voluminoso chirrido de algo la sobresalta aún más de lo que ya estaba. Garras, o algo de índole similar, están arañando el tronco de un árbol, como si la inquietante sombra desconocida estuviera escribiendo un mensaje precisamente allí. Un mensaje atroz que más adelante su amado tendría el horror de ver:

"Te dije que tu novia era la siguiente..."

Segundos después de que el particular sonido cesara, un objeto deforme atraviesa la niebla y cae a sus pies. Videl, en una ágil reaccion, dio un salto hacia atrás para evitar que tal cosa la chocara. Mira un segundo después y sus ojos adquirieron un tamaño anormal, cayendo inmediatamente en las voraces fauces del miedo. El terror es tanto que congela completamente sus cuerdas vocales. No pudo ni siquiera gritar. Escaló al pináculo del terror más abrumador e inimaginable.

Lo lanzado era una masa sanguinolenta totalmente irreconocible. No supo dilucidar si era parte de una cabeza, un torso o una pierna. Simplemente era imposible saberlo. La abyecta masa de carne parecía tener mordidas por todos lados y un desagradable líquido viscoso de color caqui se desplazaba por partes de su contorno... parecía que alguien la hubiera devorado y después regurgitado...

Fue simplemente aterrador ver algo así de macabro. Un voraz estupor se apoderó de Videl. Su cuerpo y alma se petrificaron en miedo. Y podría haber seguido así un tiempo prolongado, pero algo la extrajo de ese estado de estupefacción...

La silueta avanzó lentamente hasta quedar medianamente visible, se detuvo y fue entonces, sólo entonces, que Videl fue dominada completamente por algo que iba mucho más allá del terror...

Quedó paralizada como un conejo ante un lobo. Sintió escalofríos tan intensos que tuvieron la intención de congelar su cuerpo al completo. Nunca había visto algo similar en toda su vida.

—¡Dios mío! ¡¿Qué eres tú?! ¡¿Qué cosa eres tú?!— gritó totalmente despavorida, inyectada en el horror mas visceral, su mandíbula temblando al punto de que los dientes crepitaban.

Invadida por el terror no esperó por respuesta: comienza a correr totalmente desesperada. El dolor en su pie no fue suficiente para detener la adrenalina provocada por tan intenso miedo.

Estaba segura que lo que había visto no podía enfrentarse. No se podía pelear contra algo así. No se podía combatir contra aquello.

Pensó en cambiar su dirección hacia la caverna, pero desechó la idea de inmediato. Esa cosa la atraparía fácilmente si iba hacia allá. La oscuridad que ahí había le impediría correr sin tropezarse. Además, no quería poner a su amado en peligro llevando al malévolo ente tras de sí. Sus piernas se movieron hábilmente a través del bosque, esquivando troncos y ramas, saltando rocas y obstáculos. Ni siquiera se detuvo a mirar atrás, puesto que si lo hacía no lograría escapar.

Sólo tras incontables minutos, cuando el cansancio comenzó a hacer mella, dirigió su mirada a sus espaldas buscando a la horrible mujer que había visto. Nunca su respiración había estado tan agitada. Nunca sus piernas tan débiles.

¿Habría perdido a ese ente pesadillesco? ¿La habría dejado atrás? No lo sabía, pero su intuición insistía en advertirle que no. Que esa cosa abominable estaba muy cerca.

... Y no se equivocaba...

El crujir de una rama la hizo dirigir su mirada hacia arriba y Videl instantáneamente comenzó a temblar otra vez. La sombra estaba allí, entre la niebla, agazapada en el brazo inalcanzable de un árbol, regocijándose con su miedo.

¿Cómo esa criatura demoníaca había logrado subir hasta allí tan rápidamente?

Videl no se detiene a pensar en la respuesta. Corre de nuevo a toda velocidad. Corre con la adrenalina azotándola cual muñeca de trapo.

No supo cuanta distancia había registrado ni cuanto tiempo había pasado, pero continuaría hasta alcanzar una infinidad en ambas cosas.

Todavía tiembla mientras avanza a toda rapidez; pero paulatinamente comienza a notar que la bruma se hace menos densa y, cuando lanza su mirada hacia el horizonte, vio una luz de esperanza: un pueblo estaba a unos cuantos metros. Casas que conformaban un poblado se podían vislumbrar entre la neblina. Pronto estaría a salvo. ¡A salvo!

Videl vuelve a correr albergando renovadas esperanzas, sin sospechar que las mismas se desvanecerían muy pronto...

Ese pueblo no sería lo que ella esperaba... sino algo mucho peor...


Continuará.