-Ven aquí- la suave voz del chico resonó en los oídos de la muchacha que corría alrededor del claro.

-¡Ven a buscarme!-Le respondió la castaña mientras sigue riendo tontamente y saltando como una niña pequeña.

Probablemente estaba muy lejos de él, o estaba muy ocupada como para notar la mirada desbordante de cariño que su amigo le ofrecía.

El muchacho se encontraba parado en el centro del pequeño claro, observando cómo su mejor amiga, saltaba y bailaba al rededor del claro.

Con ese vestido blanco que levaba puesto parecía un pequeño ángel. Para Edward era así, para Edward ella era su pequeño ángel.

Pero el tiempo interrumpió su gozo, y recordó que debía dejarla en casa antes de las 8.

-Bells, debemos volver. T padre me matará si no te dejo en casa a la hora acordada-Edward sonreía, con las manos en los bolsillos, mirando el hermoso espectáculo que le ofrecía su amada castaña.

-¡Edward! ¿Nunca en tu vida has querido hacer algo arriesgado? ¡Rompamos las reglas! Solo una vez, no nos hará daño- Bella decía esto mientras caminaba hacia su amigo, con un puchero en sus labios que hacia a Edwards derretirse por dentro.

-Eso lo dices porque no es tú cabeza la que rodará, cariño-Le responde el cobrizo, tomando su cara entre sus manos.

Isabella sonríe ampliamente y se arroja a los brazos de su amigo.

-Te adoro, Edward Cullen- le dice repentinamente, logrando que Edward cerrará los ojos con fuerza, intentando grabar aquel precioso momento en su memoria.

-Y yo a ti, pequeña-Responde el cobrizo, y aunque aquel sería el momento perfecto para decirle todo lo que siente, su instinto de supervivencia le dice que cierre la boca y siga con aquel juego.

-Vamos a casa, pequeño cobarde-Murmura Bella con ironía y Edward suelta una risa.

-Eres malvada, ¿Verdad?- Bella toma su mano, y él contacto con su suave y cálida piel es inexplicable.

-Lo soy-Sonríe ella, y Edward le devuelve la sonrisa con diversión, porque sabe que no es así, porque sabe que ni una pizca de maldad recorre el pequeño cuerpecito de su mejor amiga.

Ella es un ángel.

Es pura, cálida, bondadosa, radiante y hermosa.

Todo lo que él no era. Porque aunque tratara de negarlo, Edward no era nada comparado con su hermosa castaña.

El había roto corazones, había odiado, había cometido errores imperdonables. O eso creía él.

Cuando llegaron junto a su Volvo, Edward se apresuró a abrir la puerta para Bella, sabiendo cuando ella adoraba ese gesto.

Ella le sonrió con cariño, y subió al coche.

Edward ocupó su lugar, y se encamino hacia la casa de Bella.

-Cuéntame acerca de Inglaterra-Murmura la castaña, mientras reposa su cabeza en el respaldar del asiento y cierra os ojos.

-Ya te he hablado millones de veces acerca de Inglaterra, ¿Acaso no te cansas nunca?-Le pregunta el cobrizo divertido, pero, a pesar de todo, le contaría aquella historia centenares de veces si ella se lo pidiera.

-No, adoro esa historia. Vamos, cuéntame.

Edward respira profundo y comienza a relatarle a su querida amiga, otra vez la historia sobre su viaje.

Edward era muy bueno contando historias, y Bella se sentía dentro de ella mientras la suave y algo rasposa voz de Edward inundaba el vehículo, con sus divertidas anécdotas sobre el viaje que había hecho a Europa.

Edward disfrutaba viendo las expresiones de Bella mientras hablaba, pues contraía los ojos, sonreía y realizaba muecas a lo largo del relato.

-...Y fue allí cuando Don me dijo que debíamos partir al día siguiente, y tuve que realizar mis maletas lo más rápido que pude pues...

-¿Y por qué no hablaste con Lara antes de hacerlo?-Preguntó Bella, todavía con los ojos cerrados.

-¿Por qué siempre me interrumpes en la misma parte del relato?-Edward estaba divertido mientras Bella abría un solo ojo y lo miraba con una sonrisa.

-Lo siento, continúa.

-Pues, como te decía, tomé las maletas y ...-La voz de Edward fue interrumpida por el insoportable tono de llamada de su celular.

-Te dije que cambies ese tono, es espantoso-Le reprendió Bella mientras le alcanzaba el aparato a su amigo.

-¿Pero de que otra forma lo oiría sino?-Le contestó este mientras miraba el identificador.

-Debes estar sordo-Comentó irónicamente Bella, mientras Edward sonreía con dulzura.

-¿Quién habla?-Preguntó, al ver que era un número desconocido.

-¿Eddy? Soy Tania, cariño, he estado intentando llamarte toda la tarde- Bella bufó al oír la voz chillona de Tania al otro lado de la line y Edward rodó los ojos.

Odiaba con todo su ser que Tania lo llamara cariño, o pero "Eddie". Tan solo les habían asignado hacer un trabajo juntos, y la rubia hueca de su compañera ya se creía en derecho de llamarlo con total intimidad.

-Estaba sin cobertura. ¿Qué quieres Tania?-Edward no pudo evitar que su voz sonara algo molesta, pera Tania, o no lo notó, o prefirió ignorarlo.

-¿Cuando nos veremos para terminar el trabajo? Recuerda que debemos entregarlo el viernes.

-Lo sé, lo sé. ¿Qué te parece mañana después de la escuela? Estaré libre.

-¡Perfecto! ¿Tu casa o la mía?- Edward volvió a rodar los ojos.

-Mejor que sea la mía- Murmuro, y Tania estuvo de acuerdo inmediatamente.

Luego de poder colgar con la insoportable de su compañera de equipo, Edward se giró y se topó con los pozos chocolate de Bella mirándolo fijamente.

Edward no entendió si fue imaginación suya, o realmente Bella lo miraba entre celosa, y molesta.

-¿Todo bien, Bells?-Preguntó Edward mirándola confundido.

-Si-respondió ella secamente, y se giró para mirar por la ventanilla.

Luego de 15 minutos de silencio, Edward aparcó frente a la casa de su amiga, y cuando esta se giró a saludarlo, todo rastro de molestia había desaparecido de sus preciosos ojos.

-¡Adiós, Eddie!-Gritó con voz nasal, y Edward soltó una carcajada por su mala imitación de Tania.

-Créeme, Bells, no te va-Le dijo sacudiendo la cabeza, y ella sonrió ampliamente.

-De eso estoy segura- Respondió con una risa- Adiós, Ed. Te veo mañana.

-Adiós, Belly-Bella le dio un fuerte abrazo a su cobrizo amigo y bajó del auto con rapidez.

Edward la observó hasta que ella hubo entrado a su casa, y luego, con un suspiro, encendió el motor del auto nuevamente.

¿Cuándo demonios tendría la valentía necesaria para decirle cuando la amaba?

Ni él lo sabía...

.

.

.

Holaaaaaaaaaaaaaaadsaf Gente (?

Bueno, em, esta historia estaba DEMASIADO abandonada, y la encontre entre mis archivos de Word mientras estaba sin internet -.-, y puesss, me decidi a publicarla!

Espero que les guste, nos leemos pronto.

Besotes, Emma :D