ALL COLOURS AROUND
Lore-chan
Yamato me ayudó a subir a la camilla junto con una enfermera de largo cabello negro.
Me quedé tiritando y llorando amargamente en silencio, me sentía en estado de shock mientras observaba a la chica acercar un carrito con varios cajones de los cuales sacó algodones que fue mojando con un líquido transparente.
Estiré la mano inconscientemente para que Yamato pudiera tomarla y sentí como él también estaba temblando. Alcé la mirada y él me la devolvió preocupado.
Estábamos ambos en una pequeña habitación de sala de emergencia esperando a ser atendidos.
Desde que entré a ese hospital me inundó la angustia y los recuerdos… no tenía pensado volver, me había prometido que no volvería a pisar ese lugar nunca más en mi vida. Ese hospital solo me hace recordar mi antigua tristeza la que he demorado años en sobrellevar.
-Con permiso… - dijo la enfermera antes de comenzar a limpiar mi pierna ensangrentada. Di un pequeño respingo al sentir el algodón húmedo contra mi piel.
-Va a estar todo bien… - susurró Yamato para luego besar mi frente.
Apreté aún más su mano.
-Tengo miedo… -le confesé entre sollozos.
Trataba de entender por qué tenía que yo pasar por este tipo de situaciones. ¿Por qué todo debía ser tan injusto?
Estaba aterrada, me había enterado hace horas que estaba nuevamente embarazada y ya todo se había puesto de cabeza. Era inevitable devolverme 5 años atrás y recordar que los momentos más felices que había pasado fueron previos a la desgracia.
¿Se estaba volviendo a repetir todo?
La mujer de larga cabellera estaba terminando de limpiar cuando la puerta de abrió de golpe y un agitado Joe ingresó raudo a medida que se colocaba su bata blanca.
Parecía que venía corriendo.
¿Qué hacía aquí?
-Joe, gracias por venir – dijo Yamato sin apartarse de mi lado.
-Vine en cuanto recibí tu llamado… - el Kido me miró afligido como preguntándose ¿Cuántas veces nos tendremos que seguir encontrando de esta forma? – Hola Mimi… cuéntame de tus síntomas, por favor.
Me demoré un par de segundos en contestar. Yo había despertado tras de mi desmayo solo cuando Yamato me tocaba insistentemente la mejilla al arribar al hospital y la enfermera de cabellos negros nos esperaba fuera del auto con una silla de ruedas. Quizás llamó a nuestro amigo durante ese lapsus.
Traté de tranquilizarme lo que más pude y le conté el cómo me había sentido en la mañana, los dolores y el sangrado. Joe arrugó la frente como si estuviera sopesando distintas opciones para mi estado.
Luego de escucharme, le pidió a Midori, como llamó a la enfermera, que tomaría una ecografía para saber el estado de mi embarazo.
Me puse nerviosa y sentí que Yamato también lo estaba a través del agarre de su mano y podía entenderlo, había sabido hace solo una hora atrás que sería papá y ya estaba en la urgencia de un hospital ante un posible… la verdad es que ni siquiera era capaz de decirlo.
Prefiero pensar que todo iba a salir bien, al menos alguna vez. ¿Era mucho pedir?
Y si pensaba positivamente, esto era una experiencia totalmente nueva, cuando estuve embarazada de Taichi no había alcanzado siquiera a hacerme una ecografía, ya que tenía hora para una, la semana siguiente de nuestro fin de semana en la playa.
Joe me pidió que me levantara el vestido para que dejara mi estómago al descubierto. En cuanto lo hice, Midori colocó de inmediato una pequeña sabana tapando mi ropa interior.
Me sequé las lágrimas y sentí un beso en mis cabellos. No voy a mentir pero, por un momento, creí que aquel beso había sido de Taichi y volteé esperando –muy ingenua- que me encontraría con sus ojos color chocolate sonriéndome sólo como él sabía sonreírme…pero solo me encontré con unas profundas pupilas azules que me hicieron volver a la realidad. Me sonrió de vuelta y yo creo que la tonta mueca que le respondí podía hacerse pasar por una sonrisa también.
No podía olvidarlo… no podía no pensar en mi Tai.
-Va a estar frío… pero es para que podamos ver a tu hijo mejor – dijo Joe echándome un helado gel en el vientre.
Tomó una paleta desde la máquina que tenía frente a él y comenzó a deslizarla lentamente por mi estómago. Olvidé mis pensamientos por unos minutos. Yamato y yo nos volteamos a mirar la pantalla pero no logramos apreciar nada. Estaba todo negro… un momento… no todo era negro. Pude ver algo parecido a una bolsita con una semilla en su interior… era tan pequeña… esperen otro momento… había otra pequeña bolsita de igual tamaño a su lado con una semilla en su interior, ¡también!
-Joe… ¿por qué hay dos…? -Yamato también lo había notado.
El Kido se limitó a sonreír por lo bajo mientras seguía deslizando la paleta, tomando medidas y grabando.
Me quedé helada.
No había que ser médico para darse cuenta lo que el monitor mostraba.
El corazón me comenzó a latir como loco… ¿Hacia calor en la sala o era solo mi idea?
-Felicitaciones… - nos dijo finalmente mirándonos con una gran sonrisa – Van a ser padres de gemelos.
-¡¿Ah?! – exclamó Yamato y yo simplemente opté por el silencio. Era la respuesta definitiva a lo que ya imaginaba.
Dos…
Escuchaba en segundo plano las voces del padre de mis hijos y de mi amigo… en ese momento solo oía mi agitada respiración junto a mis latidos. Sentía como si la vida me estuviera devolviendo el que me había quitado años atrás y, a su vez, me regalara un segundo. Pero había algo que no calzaba…
-Joe, hoy sangré… y tuve fuertes dolores. ¿Están ambos bien? – pregunté nuevamente preocupada.
Mi amigo se acomodó los lentes antes de responder:
-Es poco probable, pero no imposible que la mujer aun estando embarazada siga sangrando por su período. No veo desprendimiento de placenta… ni nada extraño en el utero – se acomodó en su asiento y me miró – Eso era lo que más me preocupaba en realidad. Cuando Yamato me llamó y me dijo lo que había pasado lo primero que vino a mi mente fue un aborto espontáneo – ouch! Era exactamente la palabra que había querido evitar desde que llegué. La sentí como un punzada directo en el pecho – pero después de ver la ecografía te puedo decir que ambos están muy bien.
-¿Pero y los dolores? … - insistió Yamato.
-Chicos, como les dije la ecografía se ve normal… bueno no tan normal si pensamos que hay dos en vez de uno – eso me sacó un sonrisa y pude ver que a Yamato también -. El estrés es un enemigo del embarazo. Si Mimi ha estado pasando por situaciones estresantes esto puede afectar a los fetos y es muy probable que aquello le hayan producido las fuertes contracciones. De todas formas, te voy a tomar todos los exámenes al respecto y quiero que vuelvas la próxima semana para una nueva ecografía – Joe golpeó suavemente la oscura pantalla – y por ellos Mimi, te voy a dar reposo completo por 2 semanas.
-No hay problema… - respondió Matt de inmediato – los voy a cuidar.
-Pero el restaurante… los… - Dios! ¿Cómo iba a dejar todo botado ahora que, al menos económicamente, me estaba yendo de maravillas?
-¿Quieres un fuerte motivo para guardar reposo? - me preguntó Joe interrumpiéndome al verme dubitativa.
Mi amigo de lentes movió una perilla desde la máquina y nuevamente deslizó la paleta en mi vientre. Demoro un par de segundos en encontrar una posición correcta y se quedó allí.
-Estos son tus motivos… - dijo y tras apretar un simple botón se escuchó por todo el cuarto el bombeo de 2 corazones.
Dejé de respirar para que ningún otro sonido interrumpiera lo que estaba oyendo en ese momento. Era lo más hermoso que había oído en mi vida.
Era un momento mágico, no noté cuando las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Era la primera vez que estaba en ese hospital y que lloraba de felicidad. Esto había perdido años atrás, había perdido esta posibilidad…esta alegría. No me iba a permitir perderla por mis tontos miedos, no iba a perder esto por los fantasmas del pasado.
Yamato me abrazó y al besar mi frente sentí que una de sus lágrimas había quedado prendada cerca de mi frente. ¡Que tonta había sido…! me estaba negando a volver a amar, me estaba negando a un hombre maravilloso que espero 4 años de su vida para estar conmigo y yo lo seguía rechazando aun estando enamorada de él.
Voy a amar a Taichi hasta el día que muera. Eso nada lo va a cambiar. Pero en mi corazón hay espacio para amar hasta ese mismo día a Yamato y a mis dos hijos.
-Prometo estar en reposo todo el tiempo que sea necesario – dije al fin.
-muy bien – sonrió Joe pasándome papel absorbente para que me sacara excesos del gel de mi estómago – ahora vamos por esos exámenes para que puedas irte a casa a descansar.
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Después de que me sacaran alrededor de 6 tubos de sangre, Joe me dijo que podría irme a casa para comenzar de inmediato con mi reposo. Recalcó una y otra vez que no me estresara y que me quedara tranquila.
-Me pueden llamar a la hora que sea – nos dijo mirándome tanto a mi como a Yamato – es en serio, llámenme por lo que sea a la hora que sea. Por tonto que les parezca – no pude evitar pensar que Joe se sentía en deuda conmigo.
"Perdóname… fue mi culpa… debí esperar más. Perdóname Mimi. Es mi culpa que Taichi se haya ido"
Me costó años entender que nadie tuvo la culpa. Me dolía en el corazón saber que mi amigo muy en el fondo, al igual que yo, le costaba aceptar que mi Tai ya no estaba más entre nosotros.
Porque siempre iba a ser MI Tai.
-Gracias por todo Joe – escuché decir a Yamato y le dio un abrazo – gracias por venir tan rápido.
-No, para nada.
Estábamos parados en la puerta que separaba la sala de espera y los box de la sala de emergencia. Yamato me había obligado a volver a sentarme en la silla de ruedas para que no estuviera de pie. No le discutí… no después de escuchar aquellos latidos. Había estado en todo momento acariciándome el vientre con los ojos perdidos en los recuerdos.
Eran dos… ¿Cómo habría reaccionado Tai al saberlo? Seguro habría hecho millones de bromas con respecto a su masculinidad haciéndome reír por horas.
Miré de reojo a Yamato que seguía conversando con mi amigo de lentes con respecto a unas vitaminas que me había recetado momentos atrás.
Ishida y Yagami… polos opuestos.
Dos relaciones totalmente diferentes.
Mis 3 años con Taichi habían sido intensos. En un principio discutíamos por todo, el nada se lo tomaba en serio… todo era motivo para realizar alguna broma, pero con el tiempo adoraba que me hiciera reír en lo más mínimo. Y sabía que si estaba serio, era porque algo grave sucedía… ¡Oh Taichi, como te extraño! Extraño que no me dejaras dormir porque justo cuando estábamos a punto de quedarnos dormidos te acordabas de alguna tontería del día y reíamos como niños.
En cambio… mi casi año con Yamato había sido muy diferente, si reíamos, pero él era mucho más serio. Culpa mía también debía de ser ya que no había logrado abrirme lo suficiente para dejarlo entrar y que fuese tal cual era. Atesoraba momentos hermosos, el día que lo besé bajo la lluvia de estrellas llevaba el primer lugar por lejos. Y ahora que íbamos a formar una familia… sabía que se iban a venir muchos más momentos.
-¿Vamos?
La voz de Yamato me sacó de mis nuevos pensamientos en donde una vez más había diferencias entre ambos.
Sabía que él no se lo merecía, ¡pero mi loca cabeza no lo podía evitar!
Mi cabeza pensaba… mi corazón sentía.
Podía pensar una y mil veces…. Pero sabía que me había enamorado de Yamato.
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El regreso a mi departamento, estuvo marcado por el silencio. No era un silencio incómodo, era un silencio bastante agradable.
Miraba las calles pasar a través de la ventana que iba totalmente abierta, de esa forma me llegaba más aire y las náuseas eran más fáciles de controlar. Iba en las nubes… después de años de confusión todo se había revelado de golpe. Tenía 2 corazones latiendo en mi vientre… y tenía a mi lado a un hombre que no había querido darle el valor que se merecía.
-El día que me besaste… hace 9 años atrás… - recordé de pronto ya que hasta el momento en mi mente solo contaba 4 años, pero en realidad Yamato había revelado sus sentimientos muchos años atrás.
-¿El día en que Taichi me golpeó? – me miró de reojo riendo.
Yo también reí. Tanto Yamato como mi Tai habían quedado con un ojo morado ese día.
-¿Por qué recuerdas ese momento ahora? – cuestionó el rubio.
-Pensaba en que si yo no hubiera estado con Taichi en ese momento, habríamos quedado juntos…
-¿Por qué lo dices? – me miró intrigado mientras detenía el auto en una luz roja.
-Porque me gustabas… me gustaba que te preocuparas por mi… que me pasaras tu chaqueta cuando hacía frío… - sonreí recordando.
-Pero Taichi se adelantó. Tenía la corazonada que la servilleta que te había pasado por debajo de la mesa tenía su intención. Ese mismo día empezó todo entre ustedes… – suspiró - … por más que traté, las giras, los conciertos… nunca logré olvidarte. Pero no podía hacer nada, era mi mejor amigo y eras tú…
-Te acercaste a mí ese día en el cementerio… cuando cantaba – le comenté mientras recordaba esa tarde de lluvia.
-Fui un tonto – dijo molesto – no debí haberlo hecho. Por eso me fui de gira nuevamente. Necesitaba estar solo, pero te extrañaba demasiado y tuve que volver.
-Entonces si volviste por mi… - murmuré recordando que Sora ya me lo había comentado en una oportunidad.
-volví sí, pero no era justo para ti que yo continuara insistiéndote, así que dejé el tiempo pasar.
-4 años…
-no me arrepiento del tiempo que demoré – se defendió.
-no, no Yamato… no es eso – le dije al sentir que lo había ofendido. – a lo que quiero llegar es que si estamos hoy aquí… los 4, es gracias a ti.
Lo vi sonreír.
-Gracias por insistir… - no sabía qué más decir. Quería decirle que lo quería. Jamás se lo había dicho. Pero de mi boca no salían esas palabras –…disculpa por haber desaparecido durante esta semana.
El no dijo nada.
No dijimos nada durante todo lo que quedaba camino a mi departamento.
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Continuará
Hola!
Los capítulos de esta historia son cortitos… se los advierto para que después de me digan que soy floja o algo asi jajajja. Los hago así, porque de esta forma los tenía pensado.
Espero les haya gustado y como dije anteriormente, Mimi ya se merece ser feliz así que sigue embarazada, pero la sombra de mi Taichi anda siempre rondando. Es que ese moreno exquisito es inolvidable jajajjaj
Gracias a todos los que leen y a los que dejan RR´s
Abrazoooos y nos leemos
