Sus comentarios me motivan a escribir.
Cuento con su apoyo.
Hinata resopló indignada. Lo que le estaba pasando aquella mañana con el Uchiha no había sido nada agradable. Por culpa de aquel maldito arrogante egocéntrico deseó devolverse a su casa y ocultarse, para menos, en un armario sin salir de ahí de por vida. Pero no lo haría, claro que no. A pesar de todo Hinata era fuerte… corrección la vida la había hecho fuerte, enseñándole que los problemas no pueden rodearse si no que hay que enfrentarlos.
Si bien nunca se había hecho ninguna imagen personal de su nuevo verdugo, si le tenía cierto respeto por la brillantez que se hacía evidente cada vez que él se encargaba de someter un caso en las prácticas de Kakashi-sensei. Pero nunca pensó que él fuera de la clase de personas a las que gustase coaccionar y aprovecharse de los demás.
Pero no se hundiría por ello, ¡Claro que no! El único motivo por el que no había gritado sus cuatro verdades al morocho entre ellas incluidas que se lo podía decir a quien le apetezca, fue por el rubio de aquellos hermosos ojos.
Más a Hinata no le interesaba en lo absoluto la opinión de la gente.
¿Qué le iba a importar? Ellos no tenían la más mínima idea de todo lo que ella había tenido que vivir, perder y luchar por sobrevivir. Además contaba con su fiel amigo Shikamaru, sonrió levemente al pensar en él.
Shikamaru la había descubierto un día que fue allí a hablar de "ciertos negocios" con "ciertas personas" que no se había molestado en mencionarle. Como la mesa en que Shikamaru se había sentado estaba justo al frente del escenario, Hinata lo vio cuando hacía su último movimiento en el tubo, enredando sus piernas en lo alto para sostenerse sólo de ellas e inclinar su espalda hacia atrás.
Por poco se cae de la sorpresa.
Al día siguiente había seguido al morocho desde que entró en el aula donde tomarían Derecho Penal II para pedirle que no le contase nadie. Él sólo la miró de soslayo respondiéndole que eso era "muy problemático" como para comentárselo a alguna persona, y desde aquel día se habían hecho buenos amigos.
Y había otro motivo. En aquel lugar se reunían, de vez en cuando, los miembros del bufete al quería pertenecer, los Sabaku No. Ellos eran expertos en desmantelar compañías y negocios que se habían asentado de manera fraudulenta. Y sería con ellos que trabajaría. Sería con ellos que aprendería. Y algún día, tan pronto fuera lo suficientemente hábil, exigiría lo que por derecho le pertenecía, el imperio de constructoras Hyuuga, aquel que su padre con tanto esfuerzo había mantenido, herencia, a su vez, de su padre (el abuelo de Hinata) y que ahora estaba en manos de Danzo Shimura.
No pudo evitar la expresión de odio, asco y furia que ocupó fugazmente su rostro.
Porque Hinata no se creía capaz de odiar, hasta que sucedió aquello. Y odiaba profundamente a la persona que le había arrebatado todo, a la persona por la que había tenido que hacerse pasar por muerta, que le había quitado hasta a su preciada familia, la persona por la que tenía que esconderse y había tenido que escapar de Nagasaki, Kyushu, definitivamente Danzo Shimura era objetivo de cuanto odio y pensamientos negativos podían caber en Hinata.
Ya pasado el mediodía, Ino almorzaba en el café de costumbre con su pequeño hijo, que obstinadamente se había pasado toda la mañana tratando de hacer un retrato de su madre, era muy pequeño, pero ingenioso. Si bien no conseguía hacerla a ella aún, el dibujo de la tienda realizado por sus pequeñas manitas delataba a lo que sería un genio en el arte. Porque él amaba el arte, al igual que Sai. No pudo evitar la estela de tristeza que ocupó sus ojos por un instante. Sai, su difunto novio, que había conseguido un trabajo de chofer con la familia Hyuuga, aunque éste le requería bastante tiempo, le había dicho a Ino que sólo trabajaría allí por espacio de un año, para reunir el dinero suficiente para instalar su propio estudio de Artes Visuales.
En especial porque Ino se había enterado que tenía dos meses de embarazo e inmediatamente se lo hizo saber a su pareja, quien la abrazó sin poder disimular su alegría y puso manos a la obra en sus proyectos.
Pero a los dos meses pasó aquello.
Y su mundo se vino abajo.
Ino no tenía pelos en la lengua, por lo que desde que supo de estado se lo dijo a su padre a quien casi le da un infarto. Su madre había fallecido cuando ella apenas era una niña de 12 años, pero recordaba felizmente su infancia, aquellos días en la floristería de su madre donde había aprendido tanto.
Ella tenía los 18 recién cumplidos, a su ocupado padre, que era un detective privado, le cayó como un balde de agua la noticia. Ino tenía las maletas hechas y estas estaban en la sala, el pasaba muy poco tiempo en casa pues tras la muerte de su mujer se había enterrado en el trabajo. Cuando su padre llegó en el momento que Ino pretendía irse, fueron pocas las palabras que cruzaron el uno con el otro – Estoy embarazada de Sai, me voy a vivir con él- le dijo de sopetón –Ino…- no movió ni un músculo, no había sido buen padre y él lo sabía, pero es que la vida se le hizo tan difícil de afrontar tras la muerte de su amada esposa –Adiós padre-
Era una noche de tormenta e Ino sólo esperaba que su amado Sai llegara, él le había dicho que aquel día sólo llevaría a la familia Hyuuga al aeropuerto y regresaría a casa. Así que cuando tocaron la puerta pensó, equívocamente, que sería él, pero la imagen que recibió al abrir la puerta no era la de su amado artista, si no la de dos desconocidos, un chico y una chica empapados por la lluvia; él la miraba directamente a los ojos mientras la chica parecía un cuerpo sin alma.
Y su mundo se deshizo otra vez.
-Ino Yamanaka? – Preguntó el joven, escarbándola con la mirada-
-Hai- ella no se dejaría amedrentar por nadie-
-Tenemos que hablar sobre Sai – Se sorprendió, esperaba que no fuera nada malo, pero las circunstancias le gritaban lo contrario. Los invitó a pasar prestándole unas toallas para que se secaran y les hizo tomar asiento, el asunto aparentaba ser grave-
-No tengo tiempo, así que seré directo, Sai ha muerto- ¿Qué? Debía ser una broma, ¿Verdad?- Fue asesinado junto al matrimonio Hyuga y la hija menor. El carro en que iban explotó, la que está aquí a mi lado es Hinata-sama, la heredera Hyuga. Deben irse de aquí lo antes posible, serán el próximo blanco. – Ino se quedó muda, quieta. Se sentía desfallecer, su Sai, su amor, su esperanza, su vida había muerto de esa ridícula manera y le decían que debía irse del lugar en el que se suponía construiría junto a él su futuro. Sintió cómo sus ojos se desbordaban de lágrimas, ¡Pues que vengan y me maten!, se le ocurrió responder, pero se llevó instintivamente la mano derecha al lugar donde sabía crecía la evidencia del amor de los dos. Su pequeño niño crecía dentro de ella.
Su vientre apenas se había inflado muy poco por lo que no se notaba su estado, casi cuatro meses de embarazo. Miró decidida, aunque con los ojos inundados de lágrimas al joven que la observaba. Él también había tenido una gran pérdida, por lo que entendía era primo de la heredera Hyuuga, en sus ojos se notaba su parentesco- Dime qué debo hacer- Porque sí, se sentía morir, desfallecer, quería que la tierra se abriese y la llevase al mismísimo infierno si allí estaba Sai. Pero no. Ella tenía algo que proteger. Una vida. La vida de su hijo, y por él valdría la pena pasar a pie por el mismo infernal camino de la realidad, que, tal vez el destino, tal vez la desgracia, le había deparado.
El sentir la mirada del Uchiha clavada en su nuca sólo hizo que su día resultara bastante pesado. Así que se sintió como libre mariposa cuando, a las dos de la tarde tras recibir sus trabajaos Kurenai-sensei los despedía. Aquella era la última clase del día y fue en aquel momento que cayó en cuenta. Uchiha Sasuke compartía todas y cada una de sus materias.
Se puso rápidamente de pie. Cuanto desearía que su compañera Tenten también cogiera las clases de Derecho Administrativo con ella… pero no todo es como se quiere. Deprisa arreglo todos sus útiles en el bulto, que casi se le cae cuando el chico de sus sueños le dirigió la palabra.
-Estuviste genial Hinata- chan!- Le dijo el animado rubio, y bueno, era verdad. Había tenido toda una conferencia con su sensei en aquella clase.
-Gra-gracias Naruto-kun…- Le respondió bajando la mirada… es que el rubio era taaaaan lindo! En ese instante empezó a sonar un móvil, Hinata apenas se dio cuenta que el sonido provenía de uno de los bolsillos de su abrigo. Se disculpó con se amigo y se alejó, corriendo al servicio antes de tomar llamada-
- ¿Ha-hai? – Contestó dubitativa. Había una sola persona que podría llamarle a ese celular que siquiera le pertenecía-
-Te espero en la salida sudoeste, tienes cinco minutos- Abrió los ojos desaforamente antes de emprender carrera, si la gente del equipo de atletismo la hubiesen visto en aquel instante, definitivamente le habrían rogado porque se les uniera. La voz fría de la otra línea era demandante, Sasuke Uchiha.
Sacarse de arriba a Karin no había sido tan difícil como pensó. Lo que era ella y la pelirosa (es que sólo atraía a mujeres de pelo extraño?) Lo tenían hastiado. Le pidió que le fuera a comprar un refresco y él esperaría en el aula. Sonrió. Tan pronto como la pelirroja se había retirado animada a hacerle el favor, él salió dirigiéndose a buscar su motocicleta y esperar en una de las tantas salidas del campus. Entonces llamó a Hinata al celular que le había dado esa mañana.
Recién se mudaba a un nuevo apartamento y un poco de ayuda con la limpieza le vendría bien. Naruto quedó descartado desde el primer momento muy ruidoso, además casi podía asegurar que escuchaba el sonido de algunas de sus pertenencias más delicadas caerse, el rubio era bastante torpe. No pensó ni por un instante en Karin, su "novia" o Sakura, su amiga de la infancia que desde siempre había estado fielmente enamorada de él.
Miró desinteresado cómo Hinata llegaba agitada. Era evidente que había corrido todo el camino, no sudaba y se repuso rápidamente, lo que hizo concluir que ella estaba acostumbrada al ejercicio, pero a pesar de haberse repuesto sus mejillas no perdían el color sonrosado que delataba el esfuerzo hecho recientemente. Eso, o que el dobe estaba cerca.
Sin dirigirle la palabra le lanzó un casco que ella apenas pudo agarrar y prendió su moto, ella lo miró dubitativa.
-¿A qué esperas?
Suspirando para sus adentros Hinata se preguntó qué sería lo quería realmente aquel joven. Prefería no sacar conclusiones apresuradas. Se subió a la motocicleta y no pudo evitar estrechar al conductor entre sus brazos cuando éste aceleró sorpresivamente.
Ino tomó a su hijo en brazos de camino al apartamento, una vez allí se sentó en el mueble con él. Hacía ya una semana que el niño había preguntado por su padre y ella le respondió con la verdad: -Falleció antes de que nacieras, en un accidente. – Bueno, media verdad. Él se había abrazado a las piernas de su madre – Yo te protegeré mamá, así que no estés triste- La sorprendió gravemente la respuesta del pequeño, era extremadamente inteligente.
Su madurez innata y prematura no dejaba de sorprenderle día a día. Había algo más que contarle a su pequeño hombrecito.
-Inoue, quiero que mes prestes atención.
-Hai – el pequeño bromista le hacía un saludo militar-
-Sabes que tu tía Hinata y yo salimos varias noches a la semana –
- Jueves, viernes, sábado y domingo- le respondió el pequeño. A Ino casi se le desencaja la mandíbula. ¿De verdad iba a cumplir apenas cuatro años? Para empezar, había dicho sus primeras palabras antes de cumplir un añito y a los dos y medio hablaba sin gaguear. A pesar de ser muy vivo y animado era bastante obediente, y, recién se enteraba, aún más observador de lo había imaginado.
-Recuerdas a qué salimos?-
-A trabajar-
-Bien, es momento de que sepas en qué trabajamos – Definitivamente cualquier otra madre no le diría eso a su pequeño hijo de tres años, once meses y dos semanas. Pero ella no era cualquier madre y sabía que lo mejor era decirle las cosas antes de que él las descubriera, pues era inusualmente perspicaz. Se paró del mueble y fue a buscar la mini portátil. Entro a youtube y buscó un video de clases de Baile del Tubo, bastante formal y en que tanto las estudiantes como la entrenadora traían ropa normal en lugar de los provocativos conjuntos que ellas usaban de noche, cuando el video cargó se lo mostró al pequeño.- Tu tía Hinata y yo trabajamos bailando como esa chica – le explicó, mientras buscaba las palabras correctas para seguir la explicación, pero el niño la interrumpió-
-Sugoi! (increíble) apuesto a que mamá se ve aún más linda bailando! – le regaló una bella sonrisa que sólo hizo que Ino lo abrazara fuertemente-
-Te amo, Inoue – le dijo a su pequeño tratando de controlar el llanto.-
-Yo también mami – pudo escuchar las risas graciosas de su hijo-
Y es que había valido la pena, lo había valido todo. Estaba segura de que kami-sama había visto sus esfuerzos y como recompensa le dio un hijo como el que tenía. Porque Sai la dejó con el mejor legado del mundo, su bello, hermoso, inteligente (etcétera, no es sano querer escribir todos los adjetivos que Ino tiene para con su hijo) Inoue.
Hinata tenía una rutina. Cuando salía de la universidad iba y almorzaba en café que había cerca de del apartamento, que siempre era su próxima parada, jugaba un poco con su sobrino y hablaba con Ino, se bañaba y tomaba una siesta. Luego dejaban al niño donde Chiyo e iban al club a practicar por la tarde. Lo que ellas habían conseguido no era algo sencillo, pues se desenvolvían en un ambiente donde el sexo era lo más rentable. Los clientes que acudían al Konoha Nigth Club ella los dividía en: Los que van a hablar de negocios y ver el show, los que van a pasar un buen rato con sus amistades e ingerir considerables cantidades de alcohol y los que van en buscando sexo.
Las "damas de compañía" de aquel sitio se exhibían en los bailes, si eres una prostituta de profesión definitivamente Konoha Nigth Club es en lugar en el que querrías trabajar. Más Jiraiya-san (el dueño del local) era bastante exigente en cuanto a su personal de trabajo se trataba… Ino y ella eran las únicas que sólo se dedicaban a bailar, y ese era un lujo que sólo se podrían dar mientras siguieran siendo realmente buenas en lo que hacían.
Por lo que, a excepción de los martes (día que pasaban juntas con el pequeño Inoue) practicaban todos los días en la tarde. El oficio era en realidad bastante exigente y exigía mucho ejercicio. Ellas no hacían simples bailes meneando el trasero agarradas de un tubo. Hacían verdaderas exhibiciones artísticas tomando las poses más difíciles y combinándolas con movimientos sencillo para adquirir una rutina armoniosa. Y es que mantener el balance y el movimiento mientras sólo te agarras de una pierna o un brazo de un fuerte tubo metálico, no era trabajo para un cuerpo que no estuviese correctamente preparado.
Pero aquella tarde era diferente. En lugar de haber ido a comer y a realizar su rutina común, estaba en el lujoso apartamento de Sasuke trabajando cuál si fuera su mucama. La había hecho ir allí para ayudarlo a desempacar, limpiar y ordenar sus cosas sin siquiera pedirle su opinión o el favor.
-Sasuke-san, ¿Dónde coloco estos libros?
Hinata se esforzaba por todos lo medios no echarle en cara el repertorio de palabras inadecuadas que había aprendido de sus compañeras de oficio. Suspiró cansada al recordar que Shikamaru pasaría a buscarla por el local para acordar unos cuantos puntos de su trabajo de equipo. Y ella no estaría allí si no le dejaba claro a Sasuke que necesitaba irse a determinada hora.
Inoue le había insistido a su madre que lo llevara a verla bailando, tanto y tanto lo había hecho que Ino finalmente accedió. ¿Dónde estás Hina-chan? Y es que en aquel momento le habría venido realmente bien la ayuda de su amiga. Supuso que no sería de problema, a fin de cuentas a esas horas sólo estaba las personas que se encargaban del mantenimiento del local.
Había momentos en los que deseaba que Inoue tuviera más del carácter de su padre y no del suyo, como se le hacía evidente. Pero no todo puede ser color de rosa.
Cuando entraron al sitio Ino, que lo llevaba agarrado de la mano, saludó de modo simple a Gai-san, el encargado de seguridad. Guió a su hijo hasta el escenario central.
-Éste no es un lugar al que puedan entrar niños –rogó que él no le preguntara un por qué- así que únicamente te puedo traer en la tarde.
Inoue asintió mientras observaba a su madre subir al escenario y agarrarse de uno de los tres tubos metálicos que iban desde el suelo hasta perderse más allá del segundo piso. Ino empezó un baile premeditado, en el que eliminaba a propósito los movimientos sensuales y se enfocaba en las realizaciones más esculturales.
Ágilmente, como quien a ello se dedica, se sostuvo con ambas manos, subiendo ambas piernas quedando con la cabeza hacia abajo y las abrió cuán largas eran. Enroscó la pierna derecha en el tubo mientras soltaba ambas manos que se colocaron en una bella pose en dirección a la pierna libre, la izquierda. Moviendose con gracia cuál gacela en los campos prosiguió su nueva rutina antes los ojos maravillados de su único hijo.
Shikamaru bufó por lo bajo, había discutido (otra vez) con la problemática Tayuya, su autoproclamada novia; bueno, él no había dicho gran cosa mientras ella se afanaba en discutir en un extenso monólogo. Molesto por haber sido interrumpido de su descanso en el parque más apartado de la Todai, donde miraba calmadamente las nubes, decidió dirigirse a paso calmado al Konoha Nigth Club, donde, sabía, podría pasar sin percances a pesar de que no abría para el público aquel día, al ser ya una visita más bien común. Llegaría antes de lo acordado pero era mejor entrar a ver por primera vez a Hinata en su ensayo que quedarse a escuchar las quejas de Tayuya.
Saludó en un ademán a Gai quién lo dejó pasar mientras decía algo cobre la "Llama de la Juventud", pero a quién vio en el escenario central no fue a su amiga Hinata, si no a una graciosa rubia que realizaba un baile más bien artístico que sensual. Cada uno de sus movimientos demostraban gracia y habilidad natural, y su rutina era la personificación de un casto llamado a la atracción.
Tras haberse esforzado al máximo para terminar de ayudar al morocho de pocas palabras, Hinata lo encaró.
-Sasuke-san, ya debo irme-
Al contrario de lo que esperó sólo recibió una mirada, que, de hecho, no le decía nada.
-¿A dónde irás? – ¡¿Que acaso ahora se creía que tenía que darle explicaciones?
-A ensayar al club. Ino debe estarme esperando. –
-Bien, te llevaré – Hinata no cupo en su sorpresa. Pero en realidad le vendría muy bien la ayuda de que la llevara, pues no conocía el lugar en que estaban.
Llegaron sin mayor problema tras unos 20 minutos en la carretera.
-Procura contestar el celular- le dijo Sasuke que ya emprendía marcha para retirarse de allí. Quería pasar a ver a un conocido. Jiraiya, habían par de cosas que quería preguntarle-
-Hai…- respondió Hinata no muy entusiasmada.
Al entrar lo primero que vio fue la figura de su compañero a pocos pasos de la entrada.
-Shikamaru-san! –
-Hinata-
-¿Ha tenido que esperar mucho?
-En realidad no, acabo de llegar – Lo cual era una rotunda mentira, pues tenía unos veinte minutos en aquel lugar, de pie, observando a la rubia en cada uno de sus movimientos.–
Por otro lado Ino detenía su práctica, recibiendo en brazos al niño que iba corriendo hacia a ella.
El sonido de las suaves carcajadas del menor atrajo la atención del grupo. Hinata fue inmediatamente hacia ella, que ahora iba caminando con Inoue siguiéndola.
-Ino, qué…?- No puedo seguir al ver una simple sonrisa en su rubia amiga –
-Le expliqué en qué trabajamos e insistió en venir – Dijo como quien no quiere la cosa, encogiéndose de hombros. –
Inoue, ante la presencia del que venía se colocó protectoramente delante de su madre, hecho que notaron todos los presentes y provocó suave risas de las mujeres.
-Al parecer han pasado muchas cosas hoy – dijo Hinata, sin imaginar cuanta razón tenía-
- Continuará-
