Súbitamente, la atmósfera del lugar se tornó mucho más pesada, helada e incluso más oscura. De la nada, un frío cortante lo invadió todo, y la luz del sol que se filtraba por las copas de los árboles quedó eclipsada por una extraña y escalofriante niebla. A su alrededor, a la pareja le pareció escuchar susurros horripilantes de algo que poco a poco se acercaba…

—¿Qué…? ¿Qué está ocurriendo...?preguntó Senna, con el semblante torcido de repente, acercándose a Lucian por instinto.

—Esto no me gusta… No me gusta nada.declaró este, frunciendo el ceño. Acto seguido, acercó la mano al cinto para desenfundar su pistola arcana, que siempre debía acompañarle. Senna, ¿Llevas la tuya?

No hizo falta una respuesta, pues era obvio que la portaba, era su deber. Silenciosa, Senna deslizó la mano bajo su vestido y rescató su arma, que hubiera esperado no tener que empuñar. Aun así, pronto se percataron de que no tendrían más remedio. Las iban a necesitar.

Una horda de criaturas no-muertas hizo acto de presencia en el lugar, lo suficiente como para que Lucian y Senna se dieran cuenta de que estaban prácticamente rodeados. Se contaban por cientos, y eran parecidas a aquellos entes que poblaban las Islas de la Sombra. Su único aliento era la sed de sangre, que les impulsaba a atacar a todo ser viviente que se cruzara en su camino. Siempre que aparecían presagiaban un mal mayor…

—Solo nos queda una dirección en la que escapar, y es siguiendo ese camino, hacia el este.apuntó Senna, juiciosa, en posición defensiva mientras analizaba fugazmente el terreno.

Lucian asintió, corroborándolo, mortalmente serio. Su mirada se centraba más en aquellos monstruos a los que sabía que tenía que combatir.

—Siempre van en grupos de varios cientos… Son muchos.dictaminó la mujer, adoptando una actitud desafiante.

—Muchos, sí, pero no demasiados.refutó Lucian, dispuesto a tomar la ofensiva.Podemos con ellos. Solo tenemos que coordinarnos… Y ser rápidos.

Esa vez fue Senna la que asintió. Estaban de acuerdo y tenían un plan con altas probabilidades de funcionar. Como de costumbre, bastó un cruce de miradas para fijar la estrategia y enseguida los disparos de luz inundaron el campo de batalla. Lucian y Senna arremetieron juntos contra aquellas criaturas, que por suerte se volatilizaron con un impacto de bala. Lo que más les incomodaba era la enorme diferencia de número, pero fue cuestión de paciencia, dedicación y no permitir que les alcanzaran. Para ello, acompañaron sus disparos con una huida estratégica para ir esquivando a los no-muertos.

A pesar de ser guerreros entrenados y curtidos en muchas batallas, hubieran mentido si hubieran dicho que no notaban el hecho de no ir bien equipados. En especial, Senna tuvo algunos problemas para seguir el ritmo de la huida calzada con un par de zapatos tan delicados, y además, los finos guantes no amortiguaban el retroceso del arma como lo hacían sus mitones. No se quejó en ningún momento, sin embargo, y continuó luchando codo con codo con Lucian, haciendo lo imposible por mantener el nivel.

Al cabo de un rato que les pareció más largo de lo que realmente fue, Lucian y Senna contemplaron cómo lo único que había quedado de aquellos seres era la llama de su alma en pena, en forma de luz verdosa, diversos puntitos que llenaban todo el campo de batalla boscoso. Las armas gemelas dejaron de brillar, pues volvieron a sus respectivas fundas, por el momento. Misión cumplida. Se dieron las manos y analizaron el panorama que tenían ante sus ojos.

—¿Se acabó…?Lucian lanzó la pregunta al aire, como si se la estuviera formulando a sí mismo.

—No estoy segura. Estas criaturas no auguran nada bueno. Siempre que aparecen presagian que un mal mayor está cerca, y…

—No me gustaría que tuvieras razón esta vez, Senna. Eso significaría que tenemos a un enemigo por delante mucho más peligroso al que combatir.

—Por eso mismo no sabes bien cuánto me gustaría estar equivocada…

Sin dejarla continuar, un grito desgarrador cortó el aire del lugar. Provenía de cerca, siguiendo por el camino por el cual estaban huyendo, y parecía ser pájaro de mal agüero. No en vano, era un grito de horror y desesperación. Un grito humano.

—… Pero creo que el destino no va a tener ese detalle conmigo hoy.sentenció Senna, con un suspiro de resignación y frotándose la nuca.

Fue al hacer ese gesto que la mujer se paró a pensar en que ya no llevaba el velo nupcial puesto. En el fragor de la batalla, lo había perdido, junto con la tiara que lo sujetaba, y probablemente estuviera por los suelos hecho añicos. Las frágiles mangas de su vestido también presentaban alguna que otra rotura, y sin duda, los zapatos se habían resentido por tanto trote. Pues no, el destino no parecía tener ningún detalle con ella ese día…

—Tenemos que ir a comprobarlo.apuntó Lucian, con un brillo de dedicación en los ojos.Si tienes razón, puede que haya otro ser diabólico acechando por ahí, causando estragos.

—Y no podemos permitirlo. Pongámonos en marcha.atajó Senna, reuniendo fuerzas para articular una austera sonrisa que les alentara a ambos.

Dejando el bosque atrás, la pareja escuchó atentamente para adivinar cuál era el origen de los gritos y, rápidamente, empezaron a seguirlos para llegar cuanto antes. Se obcecaron tanto en ir a socorrer a quienquiera que necesitase su ayuda que no alcanzaron a percatarse de cómo todas aquellas almas tendidas en el espacio se desvanecían, todas en una misma dirección, recolectadas por una presencia oculta entre las sombras...

Lucian y Senna continuaron recorriendo el camino, que les llevó afuera de la espesura del bosque. Allí, encontraron una especie de poblado a la lejanía, un asentamiento de unas pocas casas que parecían pertenecer a una comunidad reducida que hacía allí su vida cotidiana, a las afueras de Demacia, donde se encontraban. Sea como fuere, era obvio que los gritos provenían de ese lugar, ya que, al acercarse más al núcleo habitado, observaron que los habitantes se habían congregado a causa de una situación poco natural que les preocupaba. La inquietud y el desasosiego imperaban en el ambiente.

Dispuestos a ayudar, los dos Centinelas no dudaron en abrirse paso entre el gentío para preguntar por el origen de sus preocupaciones. Casi de inmediato, los lugareños les condujeron hasta la que era la máxima autoridad entre los suyos, el aldeano jefe, una figura guía. En ningún momento mostraron hostilidad hacia los recién llegados, si bien su repentina presencia, en un atuendo poco ortodoxo, no les causó demasiada confianza de buenas a primeras.

—Verán, estoy convencido de que sus intenciones son buenas, de veras, pero ¿cómo podemos estar seguros de que no son ilusiones creadas por ese monstruo?

—¿Un monstruo?dijo Lucian, pensativo. Esa palabra le traía recuerdos.Nosotros podemos encargarnos de él. Somos Centinelas de la Luz, es nuestro deber.

—¿Ustedes son Centinelas de la Luz?inquirió el líder del poblado, como si lo dudara.No recuerdo que los Centinelas tuvieran esos atuendos, ¿pueden demostrar que lo son?

Aunque Lucian se mostraba algo fastidiado por la situación cuando obviamente acechaba un peligro mayor, Senna comprendió, en parte, que esas gentes tuvieran sus reservas; se estaban protegiendo, al fin y al cabo, y sabiendo de los malignos poderes de las Islas de la Sombra, entendía la lógica que les llevara a pensar que eran imágenes engañosas.

—Esto… No, obviamente no vamos vestidos como tales en estos momentos...admitió Senna, con cara de circunstancias.No estamos en ninguna misión, la situación nos ha surgido de improviso y hemos venido a prestar nuestra ayuda al escuchar sus gritos. ¿Cómo podríamos probarle nuestra identidad?

—Yo tengo una idea.y Lucian desenfundó su arma de nuevo, para tomarla con las dos manos, no para disparar.¿La reconoce? Es una pistola que dispara balas de luz arcana. Si sabe de los Centinelas de la Luz, sabrá qué armas llevamos. No tienen igual en todo Runaterra.

—Cierto, buena idea.Senna le imitó en su gesto.¿Lo ve? Cada uno portamos la nuestra. Son pistolas gemelas y únicas. Nos convendría ir directamente a dar caza a ese monstruo del que habla, pero si quiere le podemos hacer una demostración de nuestro potencial.

El hombre echó un profundo vistazo a ambas armas, según Lucian y Senna se las mostraron. Finalmente, llegó a su conclusión, asintiendo con la cabeza.

—No será necesario. Confío en ustedes y en que son los Centinelas de la Luz, y podrán ayudar a nuestro poblado. Por favor, acepten mis disculpas por haber dudado de ustedes. Entiendan que trato de proteger a los míos.

—Lo comprendemos. No se preocupe por eso, no serán necesarias las formalidades.finiquitó Senna. Dedujo que, al menos aquella vez, su compañero no estaba del todo de acuerdo, pero sabía que ambos estarían pensando en lo mismo: en ponerse en acción cuanto antes.

—Díganos, pues, ¿Qué es lo que ha sucedido?preguntó él.

—Hace un rato, una neblina inundó todo nuestro poblado. Al poco tiempo comenzamos a notar unos temblores en la tierra, señal de que algo se estaba aproximando. Fue entonces cuando pudimos ver a una criatura horrenda y enorme a lo lejos, cerca de aquellos bordes de tierra escarpados.

El guía de la aldea hizo una pausa en su discurso, para luego añadir algo, con un semblante mucho más abatido. Al parecer, sus preocupaciones iban más allá de la simple aparición de la criatura.

—Y sin embargo, mi prioridad ahora es asegurarme de que mis dos hijos se encuentran a salvo. Fueron a jugar temprano cerca de aquella zona, y todavía no han regresado. Como padre, temo que les haya pasado algo que nadie quiera…

—Cielos...a Senna se le heló la sangre solo de pensarlo.

—Iría yo mismo a por mis dos pequeños, pero entiendan que no puedo dejar a mis aldeanos solos, el terror ha calado en todos. Se lo ruego, traigan de vuelta a mis hijos…

—Pierda cuidado, Senna y yo los traeremos de vuelta, sanos y salvos. Y nos encargaremos de esa infame criatura que asola vuestra aldea.prometió Lucian, solemne.Usted encárguese de velar por sus conciudadanos y mantenga la zona desalojada por el momento, por seguridad.

La reticencia de los aldeanos de repente se había convertido en una gratitud infinita hacia la pareja de recién llegados. Todos depositaron su confianza ciega en ellos y les dieron ánimos. Lucian y Senna, entretanto, se dirigieron a la zona escarpada a toda prisa, antes de que fuera demasiado tarde, para acabar con el mal que se cernía sobre aquel lugar.

Ambos anduvieron un buen trecho atravesando la niebla, que se hacía más espesa a medida que se acercaban. Al parecer, supusieron que intercambiar unas palabras por el camino les daría fuerzas a los dos para luchar lo más implacablemente posible.

—Pues nada, parece que el descanso tendrá que esperar un poco más, ¿verdad?comentó desenfadadamente Senna, para destensar la situación un poco en lo que se dirigían a las grutas.

—Ya lo sabes, Senna. Descansaré cuando ellos estén muertos.contestó Lucian, desafiante aunque dirigiéndole una sonrisa.

Ella no pudo por menos que asentir. Estaba de acuerdo.

—Ahora solo queda por ver si podemos matarlos con estas pintas…

—¿Qué quieres decir con eso?

—Oh, no es nada, me refería sobre todo a mis zapatos, por ejemplo. No me permiten tanta libertad de movimientos, y… Y ya están un poco rotos…

Senna no pudo evitar una pausa incómoda, mientras dirigía la mirada a dichos zapatos. Por suerte, su atuendo era salvable, el vestido estaba prácticamente intacto, aunque empezaban a aparecer algunas roturas, lo que le hizo aparecer una especie de nudo en el estómago. Sacudió la cabeza de inmediato: no era el momento de pensar en semejantes nimiedades, y ella lo sabía a la perfección.

—No me hagas caso, anda. En lugar de eso, vayamos a buscar a esos dos niños. No deberían andar muy le…

La conversación no pudo durar mucho más, pues enseguida se toparon con un panorama completamente desolador que les dejó mudos a ambos por un instante. Ya en la zona escarpada, la luz del sol parecía no tener cabida en ese lugar, pues la niebla se mostraba más espesa que en cualquier otro punto, el aire volvió a sentirse cortante y frío y la oscuridad reinaba en el ambiente. En el aspecto sensorial, Lucian y Senna pronto pudieron escuchar los pasos dantescos del monstruo en cuestión, una criatura colosal y horrenda de forma inconcreta, cargada de putrefacción y maldad. Dicho monstruo comandaba otra horda de centenares de no-muertos, que aparecían siempre como tétrico séquito a los seres de las Islas de la Sombra. Los no-muertos, por su parte, rodeaban a la bestia y se extendían a lo largo de toda la explanada. Y lo peor de todo: algunos de ellos tenían retenidos a un niño y una niña pequeños, abrazados el uno al otro, el pánico en sus rostros llorosos al verse rodeados.

—¿Quién osa perturbar el ritual?murmuró una voz siniestra, a voz en grito, congelando la sangre de cualquiera que le escuchase.

—Venimos a perturbarte algo más que ese ritual tuyo.sentenció Lucian, con el ceño fruncido, amenazante.

—Ingenuos mortales… Os veo muy arrogantes para estar en clara desventaja… Bueno, tanto mejor para mí. Os voy a matar a cada uno de vosotros y me alimentaré de los sentimientos más oscuros y negativos de vuestra alma...amenazó la bestia, con una horrenda voz siseante.

Las monstruosas voz y apariencia del monstruo de las Islas de la Sombra achantaron todavía más a los pequeños, que temblaban de miedo, aterrados. Ellos no sabían a qué se enfrentaban, no como los Centinelas que habían venido a salvarlos.

—¿Y qué te hace pensar que vamos a dejar que te salgas con la tuya, ser inmundo?rebatió Senna, con una mirada tan fiera como la de su compañero.

—Pienso arrasar toda esa aldea de humanos inferiores… Arrancarles sus esencias vitales mientras me deleito escuchando sus gritos… Y luego haré lo mismo al llegar al corazón de Demacia, con todos sus habitantes. E incluso en toda Runaterra...no se le veía nada parecido, pero creyeron intuir una perversa sonrisa en la faz de la bestia.Empezando por estos dos pequeños rapaces de aquí, que parecen haberse presentado voluntarios… Je, je…

—¡S-suéltanos! ¡Déjanos en paz!vociferó la pequeña, aunque no se atrevía a abrir los ojos y ver lo que tenía delante.

—¡Qu-quiero irme a casa, ayuda!lloró el niño, con las manos echadas a la cara.

Antes de lanzarse a la acción propiamente dicha, y para no dar ningún paso en falso, Lucian y Senna observaron atentamente el panorama que se les presentaba para urdir su estrategia. Los no-muertos, moviéndose subrepticiamente por comando del monstruo gigante, amenazador, se encontraban ya peligrosamente cerca de los dos pequeños, que seguían atrapados, sin ningún lugar seguro al que huir, muertos de miedo. Debían salvarles y debían acabar con la amenaza: y debían hacerlo pronto.

—Lo prioritario es que no les pase nada.dictaminó Senna, mirando de reojo a los dos hermanos. Ella siempre veía a los niños como criaturas libres de todo mal, por lo que sentía inclinación a protegerlos.Es cierto que tenemos que acabar con estos seres infernales, pero no será lo mismo si hay que lamentar víctimas cuando estamos aquí para evitarlo.

—Cierto. No dejaremos que les toquen un pelo.Lucian coincidió con su criterio.Yo correré a por ellos y los pondré a salvo, soy más rápido ahora mismo.

—Por mis zapatos, sí, será lo mejor.asintió la mujer.Yo me quedo distrayendo a los no-muertos mientras tanto. No iré tan rápida siendo una sola persona, pero me las apañaré.

—Ten cuidado.

—Tú también. ¡Vamos!

Ese grito fue suficiente para que ambos, con sus tareas fijadas, se dividieran para comenzar la batalla. Senna deshizo el lazo de su cintura y se anudó la cinta a la cabeza, a modo de bandana, para poder pelear con más soltura, y abrió fuego indiscriminadamente contra los repugnantes no-muertos, que se acercaban vorazmente a ella para derribarla, viéndola como carne fresca. La superaban enormemente en número, así que se vio obligada a ir esquivando sus ataques mientras las balas luminosas de su arma esparcían la sangre oscura de aquellas criaturas inhumanas, que le fue salpicando la piel y la vestimenta.

Con Senna despejando el camino, Lucian tuvo más libertad para abrirse paso entre los no-muertos velozmente, acabando con algunos de ellos con ráfagas de balas luminosas de su arma, hasta llegar a los dos niños, que le miraban con asombro, los ojos como platos con restos de lágrimas de terror. El Centinela trató de tranquilizarlos como pudo y los apartó del campo de batalla, para llevarlos a un lugar mínimamente seguro y protegido, debajo de un árbol frondoso, lo que haría que los enemigos no pudieran verlos ni alcanzarlos.

Los niños apenas pudieron darle las gracias cruzando un par de palabras, pues tan pronto como allí los dejó, Lucian se vio obligado a volver a la pelea. Sabía que Senna no estaba luchando en las condiciones más óptimas, aun y confiando plenamente en sus aptitudes, y le horrorizó comprobar que llegó un momento en que los no-muertos comenzaron a acapararla. No en vano, estaba peleando ella sola contra cientos, incluso miles, de ellos, en un atuendo que no le confería libertad de movimientos para poder esquivar por completo. Así pues, se apresuró a acudir a su lado y despojarla de algunos no-muertos que se encontraban a un paso de abalanzarse sobre ella.

—¿Están a salvo?preguntó la mujer, a media voz, a causa de la extenuación, y por supuesto sin dejar de disparar.

—Sí, pierde cuidado. Ahora, acabemos con esto.

Y la pareja se valió de sus pistolas gemelas de luz para acabar con el doble de seres horrendos cada vez, cada vez más rápido, y protegiéndose mutuamente. La sangre corría por aquí y por allá, impregnando sus ropas, como lo hacía la lluvia que había decidido acompañar la escena, pero ni todas las inclemencias del tiempo juntas podían pararles cuando luchaban unidos.

—¿C-cómo…?dejó ir el monstruo, inusitado. Aquello no entraba en sus planes de conquista.

—¿Y bien, bestia horrenda? ¿Dejas de hacer el mal en Runaterra y te vuelves a las Islas de la Sombra de las que saliste…?

—¿O prefieres que te mandemos de vuelta nosotros mismos?

Esa vez, eran Lucian y Senna los que amenazaron al monstruo sombrío, y cualquiera que supiera de sus hazañas sabría que estaban dispuestos a cumplir con sus palabras. Contrariamente a su plan inicial, la criatura grotesca tuvo que reconsiderar un cambio en su estrategia… No en vano, en su lugar de origen ya circulaban rumores sobre quiénes eran los humanos que tenía delante…

—Así que resulta que sois vosotros… Esa pareja de simples mortales que osa invadir nuestras tierras para darnos caza… Menudo giro de los acontecimientos.

—Vosotros sois las abominaciones que traen el mal a Runaterra. Y mientras estemos por aquí, no vais a hacer de las vuestras.

—Ya estuvimos una larga temporada en las Islas, pero si insistís en venir a nuestro hogar a traer vuestra destrucción… Bueno… Todo el mundo merece una segunda bala.

No se podía decir que el monstruo de las Islas de la Sombra se hubiera imaginado toparse con los Centinelas de la Luz, y menos aún que sus planes serían frustrados. Sin embargo, a su juicio nada estaba escrito todavía. Solamente habían ganado una batalla, pero su propio ser seguía intacto, listo para el combate, y ahora que su horda de no-muertos les había debilitado, tocaba batirse en retirada estratégica para volver reforzado.

—Oídme bien, Centinelas simplones… Habéis podido ganar esta batalla, pero la guerra será mucho más fría y dolorosa. Preparaos… Vuestras almas serán las primeras que me lleve a casa. Y después de vosotros, caerán todos y cada uno de los habitantes que pueblan estas tierras que protegéis… Y me regocijaré en vuestro estrepitoso fracaso.

—¡Adelante, pues! ¡Lucha si no eres un cobarde!

—¡Tendrás tu merecido, nos encargaremos personalmente de ello!

—Considerad esto mi última advertencia. Hasta pronto, Centinelas. Disfrutad de la vida… Mientras la tengáis.

Los susodichos, juntamente con los dos niños, que poco a poco fueron saliendo de su escondite, pudieron fijarse en cómo ese ser amorfo fue desapareciendo progresivamente de sus vistas. No confiaban mucho, a pesar de todo, en que eso iba a suponer que dejaba de lado sus planes macabros. El dúo de Centinelas dedujo que probablemente se trataba de una retirada estratégica para recobrar fuerzas, pero continuaron dispuestos a erradicar el mal, desde su raíz si era preciso, así que planearon, después de devolver a los niños a su aldea, sanos y salvos, volver en busca del monstruo.

Y ni siquiera así había terminado demostrando que aquello solo acababa de empezar. Con los ánimos más tranquilos, los pequeños salieron de aquella especie de cueva en que se habían protegido para acercarse a sus salvadores, para poder agradecerles por fin su hazaña, bordeando un profundo acantilado propio de la zona escarpada en la que encontraban. Aunque Senna se distrajo un momento, con la mirada ausente hacia el suelo, sumida en sus pensamientos, Lucian sí se detuvo a observar cómo los dos hermanos pequeños se iban acercando. Por ello, fue el primero en darse cuenta de que, de repente, algo no iba bien.

El suelo comenzó a temblar de repente, provocando una especie de terremoto que deslizó parte de la tierra del lugar, debilitada por la acción de las recientes lluvias. El monstruo sombrío no se había retirado sin dejar antes una "sorpresa" no muy agradable, presagio de que pensaba volver. Por suerte para los Centinelas, la sacudida les encontró alejados de la zona de peligro de caída, pero los niños no tuvieron dicha suerte. Inocentes, no se esperaron en absoluto que algo más les fuera a pasar después del miedo que habían sufrido, y se toparon con otro episodio aterrador al verse a punto de precipitarse al vacío.

Debieron agradecer que Lucian hubiera estado atento. Y fuera rápido como el viento.

—¡Os tengo, tranquilos!gritó el Centinela, rodeando a cada uno de ellos con un brazo y dirigiéndolos como pudo hacia la zona segura.

La precariedad de la situación provocó que un rescate delicado fuera imposible en esas circunstancias, por lo que Lucian no tuvo otro remedio que empujar a los hermanos hacia adelante para que pudieran pisar suelo firme y correr hacia fuera del epicentro del terremoto, a salvo. Este cambio de posiciones acarreó que Lucian, aun y haber actuado tan ágilmente como sabía, quedara agarrado al borde del acantilado, una mano en la tierra y la otra sujetando su arma para evitar que cayera al vacío a toda costa.

En esos momentos de tensión, Senna sólo pudo ver ese instante vertiginoso sucediéndose ante sus ojos. Pronto tuvo que reponerse del estado de shock momentáneo para ayudar a su compañero. La virulencia con que los niños se precipitaron hacia adelante les hizo tambalearse en un suelo húmedo que estuvo a punto de costarles una dolorosa caída, de no haber sido por la rápida intervención de Senna. Corriendo con toda la fuerza de sus piernas, se abalanzó sobre ellos para caer de rodillas y poder rodear a los dos pequeños en su abrazo salvador.

—¡¿E-estáis bien?! ¿Estáis… Estáis heridos?les preguntó, agotada, con expresión de dolor. Todo aquello también les infligía dolor físico muy real.

—¡N-no, estamos bien!balbuceó la niña, temblando por acción del susto.¡Creíamos…!

—¡Creíamos que íbamos a morir!continuó su hermano, rompiendo a llorar de la impresión.

—No, chicos, no vais a morir… Ya acabó todo para vosotros...les tranquilizó Senna, articulando una austera sonrisa cansada.

Fue entonces cuando la mujer se dio cuenta de que alguien faltaba en esa conversación. Las punzadas de la caída hicieron que le fallaran las fuerzas por un breve instante, pero enseguida recuperó el aliento al percatarse de que su prometido estaba colgado de un acantilado.

—¡Lucian!gritó su compañera, con desesperación, echándose de nuevo al suelo.¡Dame la mano!

Primero de todo, Senna recogió el arma de Lucian y la puso a buen recaudo, cuando él mismo se la tendió, para así tener ambas manos libres y poder facilitar que la mujer le asiera hacia arriba haciendo acopio de cada molécula de fuerza que pudiera albergar su cuerpo. En mucho menos tiempo del que les pareció, Lucian estuvo de vuelta a la superficie, cayendo encima de Senna, para volver a levantarse y tenderle una mano para auparla a ella.

—Gracias, cariño…

Y ambos tuvieron el acto reflejo de abrazarse, como para decirse sin hablar que todo había pasado y que estarían bien, a pesar de que la amenaza no había desaparecido del todo. Un breve instante de paz y amor en medio de aquel mundo de locos.

(…)

¡Hola de nuevo! El segundo capítulo ya está listo, y espero que pronto lo estén los siguientes también :)

Quería dar las gracias a todos los que os hayáis pasado por aquí y le hayáis dedicado un tiempecito a mi historia, ¡significa mucho para mí! ^3^ Como siempre, estoy abierta a comentarios, sugerencias y demás.

¡Hasta pronto!

Talea Mirabilis