Capítulo 2: Castigo

-Esto es humillante, no lo haré.

Juró Lucius Malfoy con sus ojos grises oscurecidos de rabia. La razón: que esa tarde tenían que cumplir su castigo por lo del comedor.

Para empezar le había tocado con Remus Lupin, cosa que casi lo hacía saltar de la torre de Astronomía, sin poderse creer su mala suerte. Y para terminar, su castigo era limpiar los baños del tercer piso sin magia.

-Claro que lo harás, Malfoy. Ni sueñes que yo haré esto solo.

-No lo haré.

Juró Lucius. Con un gesto de enfado, Remus se acercó al rubio y lo tomó de la solapa de la camisa.

-Mira Malfoy - Le advirtió en un tono de voz que no presagiaba nada bueno - Te lo pondré sencillo, o coges el estropajo y te pones a limpiar, o usaré tu sedoso cabello rubio como mapo para limpiar el suelo.

Lucius abrió los ojos ante eso y, tomando a Remus de la solapa de la camisa también, le dijo en un tono igual de amenazante.

-Inténtalo, y el que terminará como mapo para el piso serás tú, Lupin.

Pero Lucius había escogido un mal momento para su amenaza, pues estaban a sólo dos días de la luna llena, y el lobo interior de Remus no lo dejaba pensar con mucha claridad. Así que más tardó Lucius Malfoy en hablar, que Remus Lupin en pegarle. Pero Lucius Malfoy ni por todo el oro del mundo se iba a permitir dar, así que él también le pegó a Lupin.

Sí, como lo oyen, el gran Lucius Malfoy se rebajó a pelear con los puños, como cualquier vulgar muggle.

Y en menos de un minuto ambos jóvenes rodaban por el suelo, peleándose. Aunque más bien parecía un juego de forcejeo, pues después de los primeros ataques, ninguno volvió a tirar un golpe con verdadera fuerza.

Al final, Lucius terminó abajo y Remus sentado a horcajadas sobre él, aguantándole las muñecas a cada lado de su cabeza.

-Quítate de encima de mí, Lupin.

Le ordenó Lucius, aunque la verdad es que el rubio tenía que aceptar que, muy en el fondo de sí, se sentía cómodo así.

-Hazme quitarme de encima de ti.

Lo retó Remus divertido. Y Lucius se lo tomó como el desafío que era. Así que sin darle tiempo a Remus de que reaccionara, levantó su cabeza y atrapó los labios del licántropo con los suyos. La sorpresa de Remus lo hizo soltar al rubio y este giró, quedando esta vez Remus bajo él, pero en ningún momento se dejaron de besar.

Las manos de Remus se sujetaron a las suaves caderas del rubio, mientras que las de Lucius sostenían con suavidad la cara del oji-dorado.

El beso se hacía cada vez mas intenso, cada uno olvidándose de quién era el otro, hasta de sus nombres, sólo concentrados en aquel beso cuando de pronto.

-Creí que los mandé a lavar los baños, no a que retozaran en el suelo.

En la puerta estaba parada una furiosa Minerva McGonagall. Ambos jóvenes se separaron de un salto, poniéndose de pies, sonrojados.

****

-Esto es realmente asqueroso.

Chilló James Potter, escarbando en excremento de dragón con unos guantes, en busca de unas bolitas que habían en las heces y que servían para pociones.

Y por una vez en su vida, Thomas Riddle estuvo completamente de acuerdo con las palabras de James Potter, aunque ni muerto lo aceptaría.

-Cállate y sigue trabajando.

Fue todo lo que dijo el oji-verde, al oji-negro de cabellos rebeldes.

-Todo esto es tu culpa, Riddle.

Le soltó James.

-¿Mía?

Repitió Tom asombrado.

-Sí, tuya, por no detener a ese rubio esquizofrénico en el comedor, ahora estamos escarbando en mierda de dragón.

Le echó en cara James.

-Estás demente, Potter. ¿Qué piensas, que soy el padre de Lucius para poder detenerlo?

-Tú eres el líder de esa pandilla, bien que pudiste detenerlos.

Le siguió echando en cara James.

-Pues ya que estamos en esas Potter, ¿por qué no controlas tú a tu maldita pandilla?

Le dijo Tom con los dientes apretados empezando a perder los estribos.

-Porque la tuya comenzó.

Ante esas palabras Tom abrió la boca indignado, pero no replicó nada. Si no que cogió un poco de las heces de dragón en la que estaba trabajando con sus guantes, y con asombrosa calma se la plantó en la cara a James Potter.

James boqueó sorprendido y muy molesto, se quito el excremento de la cara y tomando a Tom del cabello sin darle tiempo a reaccionar, le estampó la cara en los que había en la mesa.

Tom saltó hacia atrás limpiándose la cara y saltó sobre James dispuesto a matarlo, pero ya James lo esperaba.

-Te voy a matar.

Le gritó Tom, mientras sus ojos se volvían rojos.

-Cómo, si golpeas como una niña.

Le gritó James, defendiéndose y pegándole.

Cuando el profesor Gordon entró al salón a ver cómo marchaba el castigo se vio en la necesidad de petrificar a sus dos alumnos, y estos sí se habían dado con ganas. Al extremo de ojo hinchado, labio partido, nariz rota y moretones varios.

***

Sirius, todo un experto en castigo, siguió barriendo el Gran Comedor con maestría y de lo más normal.

Pero el pobre Severus Snape estaba hecho todo un ocho. Ni siquiera sabía diferenciar el mapo de la escoba.

-Eres un inútil, Snape.

Susurró Sirius, dándole la escoba. Severus lo fulminó con la mirada pero no replicó, y él también empezó a barrer.

Cuando ya casi habían terminado, Sirius miró distraídamente a Severus. El Slytherin llevaba unos vaqueros azules y una camiseta negra.

Los vaqueros le envolvían las piernas y el trasero ajustadamente, haciéndole ver unas piernas largas de infarto, hechas para el sexo, para envolver las caderas de su amante mientras este le hacía el amor. Y eso por no hablar del apretado y bien formado trasero. El marcado pecho, el vientre plano, el cabello negro atado en una coleta y los ojos oscuros.

Severus Snape estaba como quería, lo único que lo mataba era su carácter, y que era un Slytherin. Eso, y el hecho de que había recorrido la cama de la mitad de los alumnos de Hogwarts, como se rumoreaba.

¿Sería cierto? Se preguntó Sirius. ¿Sería cierto que Severus Snape era un cualquiera?

-¿Qué me miras, Black?

Le preguntó Severus duramente volteándose a mirarlo. Sirius Black era sin duda uno de los alumnos más guapos de toda Gryffindor. Con sus ojos gris-azulados y su cabello negro.

-Nada Snape. - Dijo Sirius aparentando indiferencia.

Severus se encogió de hombros y siguió en lo suyo, mientras Sirius Black lo imitaba.

Continuará...