Pesadilla

Llovía. El cielo gris no hacía nada más que llorar al mismo tiempo que ella, sentada sobre los escalones grisáceos, se preguntaba que iba a ser de ellos.

Aquella mañana se había levantado de lo más contenta. Él la había abrazado y dicho lo mucho que la quería. Y después paso eso…

"– Hola, Cissy –la saludó un apuesto joven rubio de unos diecisiete años y se encaminó hacia ella para darle un beso.

Hola, Lucius –le respondió ella abrazándole.

El cielo estaba radiante, sin ninguna nube. Hacía un día perfecto para hacer cualquier cosa. Aunque fuese otoño, aún hacía bastante calor como para ir al lago y bañarse o ir al bosque a montar a caballo o, simplemente, tumbarse en la hierba y contemplar el cielo.

Lucius se separó de ella y la cogió suavemente de la mano mientras se encaminaban hacia la Mansión Malfoy.

Entonces el cielo se oscureció notablemente…"

Lucius estaba de pie en frente de su padre mientras este sacaba su varita del bolsillo de su pantalón. La palabra Crucio resonó por toda la estancia y, aunque Abraxas Malfoy estuviese apuntando hacia Lucius, este no emitió ningún sonido.

– Te lo dije, Lucius. Las mujeres no son para amarlas. Ellas nunca llegarán a amarte, solo distraen. Y ella solo quiere tu dinero…

El silencio invadió la sala. Una, solo una, silenciosa lágrima rodó por la mejilla de Lucius.

– Lo hago por tu propio bien, hijo, por tu propio bien… –repitió por enésima vez el señor Malfoy mientras intensificaba el hechizo.

El grito de Lucius se oyó hasta en el patio.

"– ¿Qué se supone que es esto, Lucius?– preguntó Abraxas Malfoy mientras sus ojos de un azul grisáceo centellaban de la ira al ver a su hijo con su prometida de la mano.

Padre…–intentó excusarse el joven; pero el señor Malfoy no dejó que acabara la frase, dándole una sonora bofetada y llevándoselo a su despacho sin que Narcissa pudiese hacer nada, sino deshacerse en lágrimas."

En el mismo momento en el que Narcissa oyó ese grito, supo que nada iba a ser igual.

Que ese era el principio de su sufrimiento. Del de él y del de ella. Un sufrimiento del que, probablemente, no llegarían a librarse nunca. De un dolor que iba a ser su ruina.

De una pesadilla.